samedi 19 mai 2012

Etgar KERET, el escritor que no quería ser Dios


LITERATURA
Etgar Keret, el escritor que no quería ser Dios
EL UNIVERSAL

"Me gusta escribir historias sobre el estado de ánimo de la gente antes de tomarse el primer café de la mañana y leer el periódico", cuenta en una entrevista con motivo del Festival de Escritores de Jerusalén.

Jerusalén.- A diferencia del conductor de autobús de uno de sus breves relatos, Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) no aspira a ser Dios, pero sí se ha convertido en una de los principales plumas de la literatura israelí con una prosa mezcla de cotidianeidad, humor y surrealismo.

"Me gusta escribir historias sobre el estado de ánimo de la gente antes de tomarse el primer café de la mañana y leer el periódico", cuenta a Efe en una entrevista con motivo del Festival de Escritores de Jerusalén.

Desde "Tzinorot" (1992) hasta "Pitom Dfiká Badelet" (2010), sus compilaciones de relatos han ido cautivando a público y crítica, que reconoce su capacidad para resultar a la vez banal y profundo y mezclar el hebreo de la calle con referencias bíblicas.

"Brillante" para Salman Rushdie, un "genio" según "The New York Times", Caballero de las Artes y las Letras de Francia... Keret quita importancia a los reconocimientos e insiste en que "lo más importante es la relación íntima entre libro y lector".

Su estilo, generación y ciudad de residencia le unen a otra escritora "posmoderna", Orly Castel-Bloom, y le separan de los grandes popes de la literatura israelí actual, como Amos Oz, David Grossman o A.B. Yehoshua, con una prosa más intelectual y florida.

"El asunto que más me preocupa en mi escritura es la identidad. Es una tradicional pregunta judía, pero la mayoría de escritores israelíes no se la hacen. Generalmente abordan el conflicto, la narrativa nacional... pero la pregunta es: ¿qué significa ser yo?, ¿ser israelí?, ¿ser judío secular?", explica.

En el caso del cómic y del cine, ha codirigido con su mujer Shira Geffen ("cuando trabajamos juntos es cuando menos discutimos", confiesa) el largometraje "Meduzot", premio Cámara de Oro a la mejor ópera prima del Festival de Cannes de 2007.

En política, se define como un "liberal de izquierdas" contrario a la ocupación de los territorios palestinos, si bien suele dejar el conflicto fuera de sus relatos porque prefiere diseccionar la "fragilidad humana" a hacer una "declaración política".

Entiende y está acostumbrado a que le pregunten por su postura al respecto ("Si fuera un escritor de Alaska, mucha gente me preguntaría si hace frío", bromea) como ciudadano de un país que "lleva sesenta y pico años en estrés postraumático".

"La gente no puede ir al Ejército, echar abajo puertas, ver cómo disparan a un amigo y luego volver a casa, escuchar una ópera y sentir como si vivieran en Europa", argumenta.

"¿Cuál es el pensamiento que más puede asustar a los españoles? ¿Qué os conquiste Francia?", ironiza, "No tenéis esa idea que los israelíes tienen cada día de que la lengua que hablan puede no hablarse en la Tierra dentro de 20 años y, para mí, no es un pensamiento ridículo".

A su juicio, judíos y palestinos "son los dos grandes aspirantes al papel de víctimas definitivas de los tiempos modernos", lo que les genera una falta de empatía hacia el sufrimiento del otro que dificulta el diálogo.

Su rictus de cuarentón que no se toma a si mismo demasiado en serio desaparece cuando se le pregunta sobre la campaña pro-palestina de boicot cultural a Israel.

"Para mí el término es un oxímoron porque boicotear no es cultural. Siento que es esa arma del día final que se usa casi exclusivamente contra Israel. No veo boicots culturales contra Irán, Siria o Sudán. Tampoco conozco a nadie anti-España, anti-Bélgica o antimujeres rubias", se queja.

Toca hablar del Barça, retoma la sonrisa y el aire despreocupado: "Soy un conformista, para mí un segundo puesto también está bien. Si siempre ganasen la Liga y la Champions sería aburrido, ¿no?".

Articulo : http://www.eluniversal.com 18/05/2012

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