dimanche 6 mai 2012

Francia FERNANDEZ/ Retratos del fin del mundo


Lugares / Mirada personal
Retratos del fin del mundo
Por Francia Fernández  

Con Últimas noticias del sur, crónica de viaje y recorrido por el alma de la Patagonia profunda, el escritor chileno Luis Sepúlveda y el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski rinden tributo a la región más austral

Para leer Últimas noticias del sur, de Luis Sepúlveda y Daniel Mordzinski, no estaría mal sentarse al calor de un fogón y adoptar la postura ceremoniosa que despliegan frente a las palabras la gente de Tierra del Fuego. Porque allí, donde el paisaje tiene otro color y nada brota con facilidad, saben que hasta lo que se dice corre el peligro de ser congelado por el viento frío e indómito.

La idea de "confeccionar" este libro, que acaba de editar en la Argentina Ediciones de la Flor, surgió una tarde de 1996, mientras el escritor chileno y el fotógrafo argentino tomaban unos mates en París. Juntos habían hecho numerosos viajes por encargo para diferentes periódicos y revistas. Cansados de responder a un determinado tema, a cierto número de páginas o de fotografías, o a las voluntades de quienes los contrataban, decidieron narrar y registrar por su cuenta aquello que realmente les interesaba: la Patagonia.

Las razones fueron "estrictamente sentimentales", según detalla Sepúlveda, desde Gijón, España, donde reside actualmente. "Yo ya había publicado Mundo del fin del mundo (1994) y Patagonia Express (1995), y quería volver a ese sur lejano del que me siento parte. Daniel, mi socio, no conocía el territorio austral y también quería saber qué se siente al sur del paralelo 42. Era, además, el bello desafío de hacer algo juntos."

Mordzinski, por su parte, parafrasea desde su casa en París "el bolero famoso", y dice que esta colaboración conjunta "es la historia de un amor como no hay otro igual. O mejor dicho, de varios amores: el de Luis Sepúlveda por los territorios de la aventura; el de un escritor y un fotógrafo por el sur del sur, que es el sur de América y el sur del mundo, y, sobre todo, la crónica de una amistad inquebrantable, de más de 20 años".

El viaje "largo y accidentado" que realizaron tuvo tres partes. Comenzó en 1996, sin pasajes de regreso y con un ambicioso plan: ir unos dos mil kilómetros rumbo al sur, desde San Carlos de Bariloche, donde un concesionario de Renault los "esponsorizó" con un auto, con "la única condición de devolverlo bien viajado". Al cabo de un mes, sólo habían avanzado 200 kilómetros, porque a cada paso y en cada lugar se cruzaban "con gente extraordinaria y con una realidad que cambiaba a gran velocidad y que había que entender con calma". Un mes y medio más tarde regresaron a Europa con muchas fotos y unas cuantas libretas Moleskine repletas de apuntes, pero les faltaba algo? De ese modo volvieron al sur en 2000, con el rodaje del film Tierra del Fuego , del trasandino Miguel Littín, como excusa. Luis era el guionista y Daniel estaba a cargo de la fotografía del set. "Le robamos tiempo a la película y volvimos a lanzarnos al camino", admite Sepúlveda.

Recién en 2007, durante un tercer viaje, encontraron lo que les faltaba, es decir, cómo contar la historia. "No podía ser un libro de viajes o una serie de crónicas, el narrador y el fotógrafo tenían que hacerse a un lado y dejar que fueran la Patagonia y su gente las que contaran esas ?últimas noticias del sur' que nosotros vimos, recorrimos y conocimos", señala el escritor sobre una obra repleta de encuentros fascinantes, personajes encantadores y pequeñas historias. "En lo que a mí respecta, tuve la gran respuesta en una pulpería cerca de Trevelin. Ahí nos unimos a un grupo que jugaba truco y hablaba de todo y, de pronto, uno de los que miraban a los jugadores se agarró de lo que uno de ellos dijo y preguntó si le permitían contar una historia. Le respondieron que sí, y agregaron: ?No la contés como un doctor, contala como un poeta'."

Lenguaje conjunto

Visualmente, el libro también les planteó un desafío. "Queríamos saber si éramos capaces de establecer un lenguaje conjunto, con nuestras diferencias, pero que evitara lo que caracteriza muchos libros de fotos con textos, en los que el texto repite lo que muestra la foto, o la foto es una insistencia absurda de lo que cuenta el texto", explican los autores.

Del cúmulo de fotos que sacó, Mordzinski (conocido como "el fotógrafo de los escritores", porque retrata el mundo literario desde hace 30 años) le mandó copias tamaño 10 x 15 a su compañero, al regreso de cada viaje. "Cuando Luis le puso punto final al texto, nos encerramos en mi casa de París, hice una primera selección en copias chiquitas que íbamos poniendo y sacando como en un rompecabezas, hasta sentir que habíamos logrado el mejor diálogo posible. Fue como crear una tercera dimensión en la cual texto e imagen se entrecruzaban para contar la misma historia", dice el fotógrafo argentino.

La mayoría de las tomas están en blanco y negro. "Sentí que se adaptaba mejor a la historia de un mundo en transformación, ya que nuestra propuesta poco tenía de paisajística o folklórica. Con una segunda cámara saqué unas pocas fotos en color. Y con la Polaroid hice las imágenes que le regalaba a la gente y que me permitían romper distancias", agrega Mordzinski, y decide que, en adelante, sea su socio, como escritor del proyecto, quien dé las respuestas.

Sepúlveda, autor de títulos como Un viejo que leía novelas de amor (1992) e Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar (1996), dice que sus libros "se ordenan solos". Y Últimas noticias del sur no fue la excepción. "Aunque resulte extraño, con Daniel nunca hablamos del libro, jamás me preguntó cómo iba, si me faltaba mucho, si estaba estancado, pero en mi casa tengo un gran lujo que es el rincón de los asados, con una mesa para veinte comensales y, ahí, entre asado y asado, nuestras familias y muchas amigas y amigos escucharon las historias de nuestras andanzas por la Patagonia -relata-. Daniel nació un 29 de febrero, así que sus cumpleaños son espaciados; el 28 de febrero del año pasado, cuando coincidimos en un maravilloso festival literario que se hace en Póvoa do Varzim, en Portugal, le entregué un sobre con el manuscrito como regalo de casi cumpleaños. Lo abrió y su ?no me jodás' todavía resuena en mis oídos."

Tortas fritas y Patagonia Profunda

Durante el trayecto, unos 3500 kilómetros, en total, Sepúlveda y Mordzinski se alimentaron de mate y tortas fritas, y de corderos "convidados", en diferentes lugares. Dormían en albergues o en hoteles sencillos, en casas de profesores, y hasta bajo las estrellas. "La mayor parte del viaje conduje yo, para que Daniel tuviera siempre las cámaras al alcance de la mano, y porque soy pésimo copiloto, y no me fío de nadie al volante", señala Sepúlveda. De fondo, siempre sonaba Jorge Cafrune y su "Río de los pájaros", porque el auto en que viajaban tenía casetera y ellos, un solo casete.

Montados en auto, en tren ("La Trochita") y hasta en una frágil avioneta, que daba tumbos sobre el estrecho de Magallanes, lo que la dupla encontró fue, desde Bariloche hasta El Maitén, Esquel y El Bolsón, hasta el Cabo de Hornos chileno y la isla de Chiloé, "el fin de una época en el Sur del mundo, una región que ya no existe como la conocimos". Una Patagonia "sometida a los cambios violentos de la economía" y la globalización, y cada vez más apreciada por multimillonarios, que al estilo de Ted Turner, fantasean con comprarse un "pedazo".

Bajo la pluma de Sepúlveda, la Patagonia también aparece como una tierra asombrosa, en que etnias que no se extinguieron, como tehuelches y mapuches, han resistido y sobreviven, a pesar de todo? Y también como una especie de Far West por el que han pasado expedicionarios de turno, cazadores de minas y de aborígenes, y hasta, según cuenta la leyenda, fugitivos como Butch Cassidy y Sundance Kid.

"Yo he estado en la península de Labrador (en Canadá) y con los samen en el Círculo Polar Ártico, he vivido en la Amazonia, he recorrido varios países de África y algunos asiáticos, y en ninguno de esos lugares he sentido el cielo tan bajo, tan al alcance de las manos como en la estepa patagónica y, sin embargo, no es una sensación que oprima -comenta el escritor-. El contraste entre la parte argentina y chilena es enorme, de una parte es la estepa y de otra, los bosques, fiordos, islas, glaciares... Y, además, está la gente, con esa manera de hablar lenta, mesurada, clara, esa gente que no saluda con un ?buenos días' sino con un ?¿tenés tiempo?'. La vida en la Patagonia, a los dos lados de la baja cordillera de los Andes, es dura, todavía es de pioneros. Vivir ahí es mucho más que un verbo."

-En el libro, usted dice que éste fue como un "viaje feliz de la memoria". ¿Lo escribió de una sola vez?
-Soy de escritura lenta, me gusta trabajar sintiéndome un artesano y este libro fue de una escritura particularmente lenta? Desde que empecé a trazar las primeras líneas se convirtió en un rincón feliz, cálido, con el olorcito de los leños ardiendo en un fogón del sur del mundo. Cada vez que abría el manuscrito (me gusta escribir a mano hasta que siento que el asunto tiene forma de libro) me parecía escuchar a cualquiera de las personas retratadas preguntándome "¿tenés tiempo?", y respondía que sí, y dejaba que la Patagonia me contara esas últimas noticias. En medio, escribí y publiqué varias novelas y libros de relatos y crónicas, pero fui intensamente feliz cada vez que volvía a sus páginas. El libro tardó lo que tenía que tardar. Y me costó poner el punto final.

-De todo lo que vieron, ¿qué les impresionó más y por qué?
-La gente, desde luego, sobre todo, lo gente más humilde. Un paisaje puede ser muy hermoso, pero no deja de ser un conjunto de accidentes geográficos, de bosques o de lagos, pero sin presencia humana que la explique, que la cuente, no es nada. Todo lo verdaderamente importante tiene un relato y es la gente la que lo hacen.

-¿Hubo algún personaje que les robó el corazón?
-Sería injusto detenernos en un solo nombre. Personalmente, me marcó la despedida de unos gauchos a los que conocimos durante la fiesta de marcar el ganado. Nunca los habíamos visto antes, llegamos sin ser invitados y fuimos bienvenidos, compartieron con nosotros su asado, su pan, su vino, en un acto de fraternidad sacramental, y cuando nos retiramos, su despedida con abrazos y con un "que les vaya bien, hermanos", me hizo sentir rabiosa y orgullosamente del sur.

-¿Y qué les dolió más?
-Nos dolió y conmovió la entrega de los maestros rurales, que durante años recibieron la mitad de sus sueldos miserables en "patacones", en esos billetes de Metrópolis canjeables solamente en negocios de allegados al poder, y que, sin embargo, seguían impartiendo enseñanza. Costeando ellos mismos los desayunos escolares que para muchos chicos era la única comida caliente del día.

-¿El viaje tuvo algo de realismo mágico? Por ejemplo, ¿el encuentro con el "Tano" que buscaba un violín, en medio de la nada, camino a El Maitén?
-La realidad está llena de magia, por darle ese nombre a lo extraordinario. Todo es cuestión de saber mirar. Hace veinte años, en el espacio que separa los parques naturales de la Patagonia andina no había nada, era tierra yerma, pero un día, un tal Lucas Chiappe, de Epuyén, juntó con un grupo de chicos, los llevó a un parque natural, y con la colaboración de unos mapuches les enseñó a identificar especies de árboles, a recolectar semillas; con ellas hicieron viveros. Esos mismos chicos se convirtieron en monitores de otros, en un esfuerzo voluntario que recorrió toda la Patagonia andina y, así, hoy las fotos satelitales nos muestran la línea verde de árboles autóctonos que une gran parte de las reservas y parques naturales. Sin ayuda ni del gobierno ni de nadie más que de ellos mismos plantaron más de un millón de árboles. Y eso sí que es realismo mágico.

-De lado chileno se cruzaron con un campo minado. ¿Qué otros vestigios hallaron del conflicto pasado entre chilenos y argentinos?
-Nunca hubo un conflicto entre chilenos y argentinos, lo que hubo fue una casi guerra en la que intentaron meternos esos hijos de remilputas que son los milicos de los dos países. Por desgracia, en el género humano a veces sobran los tarados, los cretinos que no se preguntan si a los pingüinos de las islas del canal de Beagle les importa ser chilenos o argentinos. Son pingüinos.

-Como trasandinos, de lado y lado, ¿el haber recorrido juntos esta zona posee algún simbolismo?
-Daniel es argentino y francés, es judío y es polaco, es mi amigo y es mi hermano. Yo soy chileno y soy alemán, soy mapuche, andaluz, vasco e italiano, soy su amigo y soy su hermano. Los dos somos latinoamericanos y europeos. Tal vez esto tenga un enorme simbolismo para las Naciones Unidas, pero a nosotros nos importa un carajo.

-El libro habla de un "inventario de pérdidas", porque la Patagonia ha sido de cierto modo la tierra de la desolación y ahora de la privatización. En ese sentido, ¿qué reflexión hacen?
-La única reflexión posible apunta hacia la gente que habita el sur del mundo, a su esfuerzo, a su dignidad, y a la creciente convicción de que habitan en una región muy singular, que debe preservarse, porque es parte del patrimonio de la humanidad.

-¿Habrá una segunda parte o repetirán la experiencia en otra parte?
-Eso nunca se sabe, pero tenemos ganas de volver a hacer algo juntos y en el próximo asado en mi casa tiraremos algunas líneas.

CON SABATO Y UN GATO CIEGO

Tanto Sepúlveda como Mordzinski preparan nuevos proyectos. El chileno está corrigiendo una breve historia para niños, que narra la relación entre un gato ciego y un ratón. "Ambos establecen una forma de amistad basada en la consecución de intereses comunes", adelanta el escritor, que también trabaja en una novela "dura", negra, titulada Kosak . El fotógrafo argentino, por su parte, afina los detalles de Al otro lado del túnel , muestra-homenaje con los retratos que le tomó a Ernesto Sabato a lo largo de 15 años, que se inaugurará en Buenos Aires, el próximo 24 de junio. La exposición, que cuenta con el apoyo del ministro de Cultura Hernán Lombardi, aún no tiene lugar definido..

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 04/05/2012

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...