dimanche 27 mai 2012

Gabriela CABEZON CAMARA/Entrevista a Jonathan FRANZEN


LITERATURA
Jonathan Franzen: “La riqueza de un país y su creación de literatura realista están ligadas”
Por Gabriela CABEZON CAMARA

El autor de “Las Correcciones” y “Libertad”, cuenta su vida de escritor, Sus iras políticas y explica cómo hace para crear sus complejos personajes.

"Es una una situación incómoda, pero la verdad es que a mí las cosas me están yendo mejor justo cuando al país le van peor”, termina de decir, levanta la vista –porque la baja, en un gesto reflexivo y calmo, mientras responde cada pregunta– y sonríe Jonathan Franzen. Está descalzo, sentado a la mesa, de espaldas a la cocina, en su departamento del Upper East Side de Manhattan, un barrio próspero dentro de la isla próspera, a pocas cuadras de Central Park: todo hermoso.

Franzen recibe a cronista y fotógrafa, descalzas también, son las reglas de la casa, y ofrece té, café, agua. Y se sienta. Y empieza a hablar. Franzen es el escritor que se hizo famoso en 2001 con su novela Las Correcciones, y el que fue considerado autor de la primera gran novela americana del Siglo XXI con Libertad. Fue tapa de la revista Time –legendaria y prestigiosa– en agosto de 2010. Era la primera vez en diez años que la revista le dedicaba la tapa a un escritor. Titularon así: “Gran Novelista Americano. No es el más rico ni el más famoso. Sus personajes no resuelven misterios, no tienen poderes mágicos ni viven en el futuro. Pero su nueva novela, Libertad, nos muestra la manera en que vivimos”.

Las Correcciones se publicó por primera vez en septiembre de 2001. Una semana después, una ecuación inusitada cambiaría la política internacional: fueron dos aviones estrellados y dos torres caídas en esta isla bonita, lo que mostró las fisuras del poder de Estados Unidos. Y también su fortaleza: la de su enorme aparato militar en las guerras “contra el terrorismo” en Afganistán e Irak.

Acaba de reeditarse en nuestro país Las Correcciones (Edhasa). Pasaron once años desde su primera edición en Estados Unidos. De esos años hablaba Franzen al principio de esta entrevista, que empezó con esta pregunta.

-¿Qué cambios fueron más importantes, a tu criterio, en tu país y en tu vida en esta década? 
-En lo que se refiere a mí, estoy menos enojado, aunque en términos políticos sentí mucha ira durante la era Bush. Pero me hice famoso con Las Correcciones y no me pareció propio de alguien tan afortunado como yo estar tan enfadado– se ríe. Y sigue: La verdad es que aún me cuesta creer que haya escrito ese libro. Y me resulta extraña la ira que tiene. No es que haya cambiado de opinión ni que haya menos motivos para estar enojado, al contrario. Y ya no puedo escribir con ese humor, porque el humor tiene mucho que ver con la agresión: no me divierte más la forma en que mis personajes se enojan con el mundo. Respecto de los cambios en el país, el más importante para mí es que la gente es más destructiva de lo que era en 2000; nos autodestruimos constantemente y mientras tanto estamos el día entero enganchados a Facebook, Twitter. Por otra parte, el país está en una posición mucho más débil, económica y estratégicamente, que hace 11 años. La situación medioambiental empeora y sin embargo, tengo la sensación de que es mucho más fácil no pensar en eso, porque estamos todo el día jugando con los nuevos aparatos electrónicos.

-¿Antes se pensaba más en términos políticos? 
-El 11S fue interesante porque en todas partes se discutía sobre el tema, qué había pasado, cuál sería la respuesta adecuada. Ahora es muy difícil tener una conversación adulta y racional sobre cualquier cosa. Todo lleva a la distracción, las imágenes repetidas una y otra vez en televisión, Internet. Todo lo que parece haber es sombra y destrucción. En los 90 yo sentía que era el único que se daba cuenta de lo que estaba mal y que tenía luchar contra eso. Ya no, es un alivio, ahora siento que mi responsabilidad es solo hacer compañía a los lectores que me preocupan.

-Tus muchísimos lectores ¿te hicieron sentir acompañado también políticamente?
-Sí, saber que había muchos otros que también estaban enojados con lo que pasaba me hizo sentir menos solo. Esa debe ser una de las ventajas del realismo. 

-¿Por qué elegiste esta corriente literaria? 
-En este país el realismo nunca murió: pasó por una cara posmoderna, en la que ciertos escritores privilegiados hacían un trabajo no convencional, pero siempre se produjo ficción realista seria. Siempre hay personas como Toni Morrison, Alice Munro, Norman Mailer. En parte, creo que esto sucede porque este es un país enorme, educado y rico: podés vivir de escribir, hay un gran mercado. Si estás en un país donde la literatura es principalmente para las élites, que es lo que, creo, pasa en la mayor parte del mundo, entonces se vuelve atractivo el hecho de hacer una literatura muy difícil. Parece haber algún tipo de conexión entre la riqueza de un país y su producción de literatura realista, eso opino, aunque no lo puedo probar. Pero la novela surgió y empezó a tener su forma en economías en expansión, cuando se empezaron a vender libros para las clases bajas y medias.

-¿Y cómo empezó tu relación con la literatura? 
-Mi padre me leía cada noche, libros básicos que los chicos americanos solían leer: Tom Sawyer, La Isla del tesoro, Los viajes de Gulliver, y rápidamente me empezó a gustar leer. Mis padres eran bastante mayores y estaban ocupados, tenía amigos, pero solo podía verlos a la tarde, así que simplemente leía, constantemente. Libros de divulgación científica, ciencia ficción, de todo. Aunque no creo haber tenido una buena educación en la escuela pública. Recién en la universidad empecé a entender algo. La mía no era una familia de lectores y mucho menos de escritores. Creían en el valor de la lectura como elemento de formación y nada más. Mi madre incluso pensaba que la ficción era deshonesta, que inventaba mentiras. Ellos no alentaron en absoluto mi carrera de escritor, pensaban que no era práctico, querían que fuera médico o ingeniero, que tuviera alguna profesión útil.

-¿Llegaron a ver lo bien que te va? 
-No.

-Qué lastima.
-Sí, la verdad que sí.

-¿Cómo decidiste ser escritor? 
-Soy una persona competitiva. Ya en el colegio me di cuenta de que siempre había alguno mejor en matemática o en física. Pero no había nadie tan bueno en inglés como yo, así que eso fue una señal. Cuando tenía 17 escribimos y publicamos un texto con un amigo y nos pagaron 100 dólares y nos dieron ejemplares. La idea de hacer algo tan divertido y además ganar dinero fue irresistible. Después, en la universidad, tomé la literatura como una religión, me volví muy ambicioso, probablemente porque sentí que tenía que tener un gran éxito para que mis padres vieran que había elegido bien no siendo médico o ingeniero. Además, quería ser el mejor, jugar en lo más alto.

-Te salió bien.
-Sí, parece que sí.

-¿Es cierto que cuando te jugaste por la literatura te la pasaste años a pizza porque no tenías plata? 
-Nunca comprábamos pizza, la hacíamos, que es más barato. Pensé que me llevaría solo dos años escribir una novela y venderla, y poder decirles a mis padres que estaba todo bien, pero tardé seis. Aunque en aquel momento pareció una eternidad, visto más ampliamente fue bastante rápido. Empecé el libro a los 22 y estaba publicado a los 28 (habla de La ciudad veintisiete). Me casé, tuve un trabajo de media jornada, nunca salíamos a comer, éramos muy pobres y solitarios, y eso se convirtió en un problema después, pero en aquellos años trabajaba 8 horas, después cenábamos, a lo sumo con una cerveza barata, luego leía 4 o 5 horas, seis noches a la semana, y con todo ese tiempo leyendo durante cinco años, realmente llegás a saber lo que se ha hecho en novela. De vez en cuando íbamos a ver una película, porque había un cine que pasaba dos películas por dos dólares. Fue un buen momento, pero nunca volvería a estar tan aislado. Tengo amigos, responsabilidades familiares, trabajo.

-Tanto “Las Correcciones” como “Libertad” son novelas que cuentan historias de familias, ¿por qué? 
-No estoy muy seguro de que sean novelas familiares. En Las Correcciones, la familia entera sólo se junta una vez Sí, pero es una novela de familia, como Los hermanos Karamazov.

-¿Los hermanos Karamazov es una novela de familia?
-No hay demasiado sobre dinámicas familiares en ese libro. Tenés todos esos personajes que están emparentados, y eso solo te hace saber mucho de ellos: tomemos por ejemplo a Dimitri, él es hijo y hermano, siempre hay sentimientos fuertes asociados con ser un chico, un hermano, un padre, pero la mayor parte de lo que vemos de él no tiene nada que ver con su hermano, sale con la chica, va a terribles fiestas… Es la historia de una familia, de todos modos. Y es una elección: hay muchas novelas que hacen eje en otro tipo de vínculos.Creo que poner a los personajes en una relación de familia les suma mucho. EnLas Correcciones, por ejemplo, mayormente vemos a los personajes aislados del resto de su familia. Solo están juntos en una escena de una página; los vemos cuando eran chiquitos, pero ni siquiera ahí interactúan mucho. Ponés un padre, una madre y un hijo y enseguida te preguntás cuánto se parece a cada uno, qué conflictos entre los padres afectan al chico: estas preguntas se te ocurren casi automáticamente. Solo con especificar la relación, hay un valor añadido. Y tomo valor añadido de donde sea que lo encuentre. Es difícil crear valor literario, es difícil crear textos con mucho significado, y la familia es una forma rica y fácil de hacerlo, no entiendo por qué no la usan muchos más escritores.

Porque no es tan fácil… 

-No, no lo es, pero creo que Las Correcciones más que una novela familiar, es una novela donde la historia central es que un hombre mayor se está desmoronando y ni sus hijos ni su mujer quieren aceptarlo. Todo el mundo huye de las verdades horribles.

Franzen vive solo y dice que no le interesa tener hijos. Tal vez por eso cierra así: “Las dinámicas psicológicas profundas entre hermanos y padres e hijos me interesan mucho, pero el día a día de una familia no me interesa demasiado”.

Articulo: http://www.revistaenie.clarin.com 25/05/2012

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