samedi 19 mai 2012

HOMENAJE: Ha muerto Carlos FUENTES


Ha muerto Carlos Fuentes
El novelista mexicano fallece a causa de problemas cardiacos a los 83 años
Por ELCULTURAL.es 

Un paro cardiaco ha acabado con la vida de Carlos Fuentes (1928), uno de los grandes protagonistas del boom, novelista y ensayista excepcional. Su muerte en el Hospital Ángeles del Pedregal ha conmocionado al mundo intelectual hispanoamericano, porque el escritor acababa de participar en la Feria del Libro de Buenos Aires, en la que había desvelado sus últimos proyectos, un libro recién terminado, titulado Federico en su balcón y otro que ya tenía en mente,El baile del centenario. 

Constante (él también) candidato al premio Nobel, esquivaba los olvidos de la Academia sueca y aseguraba sentirse reconocido con el conquistado en 1982 por su íntimo amigo García Márquez: "Cuando se lo dieron a él me lo dieron a mí, a mi generación, a la novela latinoamericana que nosotros representamos en un momento dado. De manera que yo me doy por premiado", afirmaba y disfrutaba además de los más importantes en lengua española: obtuvo el Cervantes en 1987 y el premio Príncipe de Asturias en 1994, además del Rómulo Gallegos en 1977. 

Diplomático que hizo de la amistad un verdadero arte, apadrinó a multitud de jóvenes autores que le admiraban y provocaban al mismo tiempo, y jamás rehuyó el debate político, social o cultural por espinoso que resultara, y sin medir las consecuencias. Sus últimas declaraciones, por ejemplo, cuestionaban la talla de los candidatos a la presidencia de México...

En el más de medio siglo transcurrido desde su primer libro, el volumen de cuentos Los días enmascarados (1954), Fuentes desmenuzó la historia, la actualidad y el futuro de México, y opinaba desde sus columnas sobre todos los temas posibles.

De él Octavio Paz, su espejo y rival, aseguró que era "escritor apasionado y exagerado, ser extremoso y extremista, habitado por muchas contradicciones, exaltado en el país del mediotono", cuando el autor de Terra nostra ganó el Cervantes.

Fuentes publicó por primera vez un texto a los 11 años en Santiago de Chile, uno de los destinos de su infancia errante, pero se dio a conocer a los 26 con el libro de cuentos Los días enmascarados y tres años más tarde se consagró como novelista con la publicación de La región más transparente, donde la figura central es la Ciudad de México.

"La lectura de esa novela me trajo a México. Han pasado 40 años y no me he ido. Creo que la Ciudad de México sigue igual que entonces, menos en la transparencia, en todas las transparencias", dijo García Márquez en 1998 en una fiesta de danzón y copas para celebrar las cuatro décadas de la obra.

Autor de obras tan destacadas como La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962) y Terra Nostra (1975), sus últimos años reflejan una actividad creadora incesante y una también incesante desolación: su vida personal estuvo marcada por la tragedia de la muerte de los dos únicos hijos que tuvo con su segunda esposa, Silvia Lemus: su hija Natascha apareció sin vida a los 29 años en un barrio de Ciudad de México conocido por la venta de drogas y su hijo Carlos, hemofílico, falleció a los 25. 

Como él mismo escribió, "la muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es".

Personalidades de la cultura y la política, entre ellas el presidente mexicano Felipe Calderón, acudieron este miércoles a la casa del escritor en el barrio de San Jerónimo, en el sur de la capital. Por allí pasaron autores como el poeta y filósofo Ramón Xirau o el escritor Ignacio Solares. Tras el velatorio privado, su cuerpo ha sido trasladado al Palacio de Bellas Artes, donde se celebra un acto de homenaje. 

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La gran novela latinoamericana
Por Joaquín MARCO 
Publicado el 16/09/2011

Carlos Fuentes
Alfaguara. 439 pp., 18'50 e.

La gran novela latinoamericana pasará a convertirse en libro de referencia, aunque conviene no confundirlo con un manual. Bien es verdad que Carlos Fuentes (Panamá, 1928) ha descartado nombres destacados como Marechal, Sábato, Monterroso, Puig o Bolaño; Cabrera Infante y Arguedas, Fogwill o Jordi Soler, Piglia y otros muchos.

Conviene, pues, no buscar ausencias más o menos justificadas, sino entender el amplio texto como el fruto de una tesis que alcanza la narrativa en castellano (con ausencia de autores españoles contemporáneos, salvo Juan Goytisolo). Pero se plantea desde una hipótesis iberoamericana y personal, puesto que Fuentes ha partido de tres formas que entiende que caracterizan al Continente y que derivan de libros fundamentales renacentistas: Tomás Moro (1516), Erasmo de Rotterdam (1511) y Nicolás Maquiavelo (1513), que coincidirían con “el deseo del ser”, del “deber ser” y de “lo que no puede o no debe ser” (p. 437). Fuentes sabe que él también se encuentra en el núcleo fundador de la “gran novela latinoamericana” y puede dar testimonio de ello. Por justas razones históricas y ambiciones comunes, tampoco puede olvidar la figura de la gallego-brasileña, tan afín al grupo, Nélida Piñón; no así a Jorge Amado, aunque aluda a Guimaraes Rosa. Por otra parte, nadie como Fuentes posee tan sólida idea continental y a la vez histórica del fenómeno americano, paralela, aunque diferenciada de Octavio Paz. Se inclina por los autores mexicanos (y pide disculpas por ello), pero bucea desde la Conquista y la Independencia para descubrir los mitos que perduran hasta hoy. 

El libro esgrime erudición, excelente conocimiento de otras literaturas en diferentes lenguas (tal vez sea demasiado duro con la novela española desde Cervantes a Clarín) y ancla su exposición en el fenómeno de la lengua común y su traslación al Nuevo Mundo, tema también de uno de los relatos de Carolina Grau. Tampoco resulta nueva la relación que admite entre la poesía latinoamericana, algo avanzada en el lenguaje y la modernidad, respecto a la novela. No se espere de este libro la espesa prosa académica. En sus análisis, logra momentos de gran eficacia expresiva, de una perspicacia privilegiada. Tal vez su ensayo más académico sea el dedicado a García Márquez; uno de los más sugestivos, el dedicado a Cortázar, “la sonrisa de Erasmo”. 

Rayuela sería “una épica decidida a burlarse de la imposible circularidad trágica, sustituyéndola por una circularidad cómica” (p. 212). Pero será en Borges en quien advertirá al gran renovador. Que el volumen es atrabiliario en su concepción y ordenación lo demuestra el hecho de que, al tratar de Jorge Edwards, analice su último libro y en dos apéndices despache algunas piezas de autoras y autores últimos, especialmente mexicanos. 

La vinculación de la nueva novela con Cervantes se reitera una y otra vez, así como el papel de España en la colonización. La mayor aportación que observa será la de una lengua creativa y común en una amplia diversidad geográfica. Pero tal vez no tome en consideración el papel de puente de la edición española, porque no es cierto que “la novela hispanoamericana hoy se queda en su gueto nacional” (p. 296). Sólo es necesario repasar la lista de autores de algunas de las editoriales literarias españolas más consideradas. No he visto mencionado siquiera el nombre de Carlos Barral, pero el volumen carece de índice de nombres. Como otros libros de Fuentes, éste lleva camino de arrastrar polémicas. Pero su contenido y sus destellos críticos habrán de llamar la atención de los lectores: no permanecerán indiferentes. 

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Carlos Fuentes: "Seguir escribiendo me da la vida"
Por Vis MOLINA 
Publicado el 02/09/2011

El veterano escritor alumbra dos obras radicalmente distintas entre sí, el ensayo La gran novela latinoamericana y el libro de cuentos Carolina Grau.

De blanco impoluto, como el hacendado pudiente que pasea por su cafetal, Carlos Fuentes (Panamá, 1928) se abrocha con coquetería los puños de una camisa de corte impecable al descubrir que ondean sueltos por su propio descuido. Bronceado y sonriente, con el recuerdo del sol caribeño todavía en la piel, el escritor y diplomático aparece cómo un orgulloso padre ante un doble alumbramiento. En este caso el embarazo gemelar ha dado a luz dos obras que Fuentes acaba de publicar en Alfaguara, Carolina Grau (un conjunto de ocho relatos que transitan entre lo real y lo fantástico con el que el autor regresa al relato breve) y La gran novela latinoamericana (un mapa personal en el que Fuentes establece su propio cánon acerca de la literatura hispanoamericana desde la época colonial hasta nuestros días). 

"Escribir hace que me sienta muy vivo. Mientras haya lectores que se interesen por lo que les cuento yo seguiré inventando historias", explica el autor mientras aclara que hacía años que no publicaba relatos aunque ése es un género que le interesa mucho. "Carolina Grau -continúa- representa a todas las mujeres que han estado presentes, de una u otra forma, en mi vida; su función narrativa es recordarme a todas aquellas féminas que he olvidado y hacer que me anticipe a las que aún están por llegar. Es una figura esencial que aparece en todos los relatos y encarna a ese personaje femenino que en ocasiones resulta ser una promesa, una sombra, una ilusión o una tabla de salvación". 

Y, mientras que la imaginación es el denominador común a esos relatos escritos con una prosa brillante que tan pronto habla de sueños fragmentados como de terribles realidades, en la segunda de sus obras recién publicadas, La gran novela latinoamericana, el protagonista absoluto es el ensayo literario e histórico que reflexiona sobre pasado, presente y futuro. "Éste no es un libro académico -aclara Fuentes-, ni pretende educar o adoctrinar al lector. Se trata de una selección muy personal, con mis amores, mis desamores y mis olvidos deliberados que no pienso desvelar pero que ahí están para que los interpreten los lectores. La novela hispanoamericana de finales del siglo XIX y principios del XX tiene títulos muy mediocres, en su afán por alejarse a cualquier precio de la literatura española y su intención de aproximarse a la novela europea de corte romántico y naturalista. Luego apareció lo que se ha llamado el boom de la literatura latinoamericana, que tuvo como consecuencia un claro efecto boomerang. Y ahora el abanico de la oferta literaria contemporánea es rico, variado e inabarcable por muy curioso que uno sea". Por sus páginas desfilan de modo destacado los grandes novelistas del siglo XX, sobre los que Fuentes realiza una profunda crítica literaria. Desde Juan Rulfo hasta Jorge Luis Borges, y desde Alejo Carpentier hasta Juan Carlos Onetti y Julio Cortázar, sin olvidar a Juan Goytisolo "que es español pero está muy cerca, por pensamiento y estilo literario, a nuestra América Latina, de ahí que lo haya añadido a este volumen". 

Confiesa su placer inmenso cuando se sienta a escribir, aunque reconoce ignorar cuáles son los ingredientes clave para que una novela interese al lector. "Los temas y arquetipos literarios son muy viejos y siempre los mismos. Lo que cambia radicalmente es la manera en que el autor se enfrenta a ellos. Y lo que cuenta no es el tema sino la manera de narrar, igual que ocurre en el cine. La literatura es un gran misterio, yo cada noche anoto en un papel las ideas sobre las que trabajaré al día siguiente. Luego me duermo, y al despertarme me pongo a escribir sobre cosas completamente diferentes". Y le augura una larga vida al papel por mucho que sus detractores se empeñen en afirmar que el libro electrónico ganará la batalla: "El libro ha sobrevivido a todo, y también lo hará al libro electrónico. Yo, cómo tantos otros, disfruto de la sensualidad que me transmite un ejemplar bien editado. Me gusta tocar su papel, oler la tinta de sus páginas, acariciar su portada, darle la vuelta entre mis manos para apreciar lo cuidado de su edición... Los libros me dan placer y eso es insustituible e irremplazable por un texto en una pantalla. Además, el libro electrónico no puede leerse en la playa y a mí me encanta estar tumbado perezosamente al sol mientras devoro las páginas de una buena historia".

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Carlos Fuentes: "Despenalizar la droga es el método más eficaz contra el narcotráfico"
Por Alberto Ojeda
Publicado el 21/05/2010

El autor mexicano se adentra con Adán en Edén en las cloacas de la lucha política frente a los narcos mexicanos
  
Carlos Fuentes concibe su obra como una especie de árbol del que brotan diversas ramas. A este árbol lo denomina La edad del tiempo, y en realidad es un gran fresco de sus inquietudes literarias, plasmadas en una vasta obra que abarca más de medio siglo, desde que se diera a conocer con La región más transparente, en 1958, hasta nuestros días. En ella concurren las obsesiones más personales e íntimas, las reflexiones metaliterarias, la fantasía y la magia, las parábolas de resonancias bíblicas y los conflictos sociales y políticos. 

A esta última rama pertenece Adán en edén, la nueva novela del escritor mexicano. Fuentes penetra con su pluma en los fétidos intersticios de la lucha contra el narcotráfico en México, tan cruenta en los últimos tiempos y, a su juicio, “tan poco eficaz”. Demasiada sangre y muy pocos resultados. Estos, según el autor de La región más transparente, sólo llegarán a través de dos posibles vías, directas y radicales ambas: “o la alianza de los servicios secretos que luchan en la sombra y en los mismos terrenos que los narcos o la despenalización de las drogas”. Fuentes no se anda por las ramas en este asunto. 

En Adán en Edén, vuelve a desplegar una panoplia de personajes que viven al margen de patrones morales, para lo bueno y para lo malo. El a priori más perverso de todos es Adán Góngora, un militar al que acaban de nombrar responsable de la seguridad nacional. Un tipo rudo y ambicioso, que vende humo a los políticos que han confiado en él. Le da igual encarcelar y torturar a un inocente, si luego puede hacerlo pasar por miembro de alguna trama delictiva. Lo importante es ofrecer pragmatismo en su lucha. El escritor mexicano reconoce que protagonistas así son los que le dan sustancia a la literatura: “los que le dan sabor al caldo”. 

Pero en su camino se cruza otro Adán, Adán Gorozpe, hombre ascendido desde los estratos más humildes de la sociedad mexicana a los más pudientes gracias a un braguetazo. Sabe que si no quiere ser víctima de Góngora, debedesactivarlo. Algunos de los pasajes y situaciones planteadas pueden remitir a hechos ocurridos en México. Fuentes es un lector voraz de prensa: “Me gusta entintarme las manos por las mañanas”. Y de ahí mana su ficción. Traciona las reglas de la crónica periodística para trascenderla y transformarla en literatura. “Esa traición es lo que más me interesa cuando escribo”, confiesa. 

México y sus demonios vuelven al primer plano en la obra de Fuentes. El estado actual del país le preocupa: “Es el momento de que se produzca un nuevo contrato social, un new deal que sirva para modernizar las infraestructuras, demasiado envejecidas”. Las circunstancias actuales hacen el que el futuro del país sea imprevisible. Cree que los pilares del crecimiento de México, las remesas de los inmigrantes en Estados Unidos, las reservas de petróleo y el turismo, están todos “en crisis”, y que hay 60 millones de mexicanos menores de 30 años y sin apenas oportunidades que pueden ser como una bomba que incendie el horizonte social del país. 

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Carlos Fuentes
"Pregúnteles a Hitler y Stalin si son peligrosos el lenguaje y la imaginación"
Por Blanca BERASÁTEGUI 
Publicado el 09/10/2008

Una cabeza flotando como un coco a orillas del Pacífico. La cabeza cortada número mil en lo que va del año en México. Ha sido a machetazos. Acaba de dejar de sangrar y el cerebro ya no controla los movimientos de un cuerpo al que ya no encuentra. Es la cabeza de Josué, cuya única preocupación ahora es no morderse la lengua, para poder hablar y contarnos su historia. Josué es el protagonista de 'La voluntad y la fortuna' (Alfaguara), la última novela del mexicano Carlos Fuentes, que hoy se pone a la venta. El escritor llega este fin de semana a España para recibir un homenaje, en vísperas de su 80 cumpleaños.

Carlos Fuentes ha construido un intenso y trágico mural de tonos violentos y hombres turbios. Otra vez. La voluntad y la fortuna es una novela turbadora, con continuas resonancias bíblicas y un México omnipresente y atroz. Es, sobre todo, una novela política en la que el escritor toma el mito de Caín y Abel, la fraternidad convertida en rivalidad, para retratar sin piedad las pasiones de la condición humana y los problemas de su país. He hablado por teléfono con Carlos Fuentes, desde Londres, en vísperas de su viaje a España, así que la conversación no ha tenido el tono, la cadencia y la puesta en escena que acostumbra el escritor, como buen actor que es también. Una pena. Ha faltado, quizá, la guarnición pero no la carne escueta de su palabra.

-Esa cabeza cortada flotando que narra la historia... es un comienzo impresionante...
-No, no espere que lo explique. Ahí está. No hay explicación previa. No voy a razonarlo porque se vendría abajo todo el edificio con un razonamiento, no lo haré.

-Cuéntenos entonces el proceso de escritura del libro, ¿por qué la voluntad y por qué la fortuna?
-Bueno, yo me baso en tres principios de El Príncipe de Maquiavelo, la voluntad, la fortuna y la necesidad. No podía poner “la necesidad” en el título porque quedaba muy feo, así que me quedé con la voluntad y la fortuna, que son dos de los pilares del pensamiento político de Maquiavelo. A partir de ahí, comencé la escritura, que me ha llevado tres años. Tengo muy clara la idea de que no hay realmente temas nuevos en literatura, la novedad es cómo los tratas, y yo he querido retomar aquí el mito de Caín y Abel, uno de los más viejos de la Biblia, pero desarrollándolo en el México actual. Le va bien el mito a México porque es un país enfrentado a sí mismo, muy dividido.

-¿Para escribir La voluntad y la fortuna ha sido necesario que escribiera antes La región más trasparente o La muerte de Artemio Cruz, por ejemplo?
-Por supuesto, por supuesto, todos mis libros descienden de libros previos para formar una familia. Yo creo que es una puesta al día, en cierto modo, de La región más trasparente, en el sentido de que es una novela política también, que trata de la vida de la ciudad, de la polis, y de la voluntad y de la fortuna de los personajes. Es la ciudad de México que retraté en 1958 y la ciudad de México de 2008, la ciudad tiene un rol protagónico en ambas novelas.

Narcoterrorismo y crimen

- Han pasado casi cincuenta años, y el paisaje que dibuja es aún más desolador, y la crítica más dura.
-Mire, la del escritor es una pulsión crítica. La misión del escritor no es aplaudir, es oponer reservas, oponer críticas, trazar alternativas, esto es lo único que yo pretendo hacer, y si la situación del país es una situación mala porque nos inventamos la novedad del narcoterrorismo y del crimen organizado, tenemos que encontrar la manera de combatir estos dos azotes, teniendo en cuenta que en el narcoterrorismo hay una gran responsabilidad de parte de los Estados Unidos porque la droga que sale de México finalmente se consume en los Estados Unidos. Quiénes son los capos americanos nadie lo sabe, pero hay que llegar a un acuerdo con ellos para actuar conjuntamente contra este terrible azote y, de ser posible, despenalizar el uso de las drogas.

-Narcoterrorismo y crimen organizado. ¿Son éstos, a su juicio, los mayores problemas que tiene que resolver hoy México? 
-Yo creo que, al menos, han tomado prioridad sobre muchos otros problemas que tenemos, hay una lista muy larga, pero estos han asumido un papel protagónico en la vida de México de hoy.

- Aunque La voluntad y la fortuna nos hable de emociones humanas, de pasiones, de personajes, al final lo que resulta es un retrato desolador de su país, un país armado de rencor, “que es una tradición constante mexicana”, dice. ¿Está tan presente hoy el rencor en la vida cotidiana mexicana?
-Sí, es un rencor que se demuestra en la animosidad política, en el rencor del criminal, en el rencor de las bandas de narcos, que son movidas por un rencor social espantoso también, de manera que es una sociedad permeada de rencor, necesitada de estar contenta consigo misma. Que por lo menos sepa vivir consigo misma, tarea que tenemos por delante para poder celebrar estos centenarios y bicentenarios que nos vienen, y que son una oportunidad para revisar nuestra historia, quiénes somos y qué queremos ser.

-Sin embargo dice que no ha querido hacer una crítica de su país... 
-No, no es lo que he buscado. Yo creo que la obligación es escribir buenos libros y dejar constancia del vigor del lenguaje y de la imaginación. Yo siempre digo, bueno, ¿la imaginación y el lenguaje no son importantes?, pregúntale a Hitler, pregúntale a Stalin, que lo primero que hicieron fue prohibir libros porque tienen una imaginación y un lenguaje que no son los del poder.

La memoria y la imaginación

-Tal vez por eso pone en boca de su personaje que “hubiera querido darle a la memoria el sobrenombre de la imaginación”.
-Sí, verá. Todos tenemos memoria, pero la memoria no es a veces la imaginación, es decir, la memoria la guardamos en el pasado como hechos pretéritos y no le dotamos de la imaginación que le damos al futuro. Estamos en función de la imaginación de lo que queremos ser mañana, pero no le damos la imaginación necesaria a lo que fuimos ayer, es lo que quiero decir.

-Son constantes en la novela las referencias a la religión y a la fe. A la trascendencia, más allá de la muerte, a ese “ser lo que somos porque somos lo que fuimos y lo que seremos”...
-Bueno, yo apelo a esa gran definición de la fe, creo que de Tertuliano, “es cierto porque es increíble”. Eso es la fe. Éste es el secreto de la religión, que apela a ese sentimiento de misterio que todos tenemos y que todo lo sacraliza. El problema es que la religión está tomando hoy un protagonismo que no le corresponde. Es la causante y el refugio de muchos conflictos.¿Por qué? Porque han fracasado las ideologías políticas y como la gente tiene que creer en algo, empieza a creer más en la religión que en la ideología, pero a mí ni la religión ni la ideología me parecen soluciones buenas.

-¿Dónde están las buenas?
-En el uso de la razón, en la politica, en la imaginación, en la cultura, todo lo que es propio de la creación humana, incluyendo, claro, la religión, pero no como protagónica, lo mismo que la ideología. Lo malo es cuando la ideología o la fe se vuelven protagonistas y desplazan a todo lo demás. Entonces se nos olvida que está la razón, la inteligencia, las pasiones, la imaginación y que hay la cultura.

-¿Qué pasa ahora en México en el terreno cultural? ¿Existe relevo para usted mismo, para Octavio Paz...?
-Desde luego, hay una generación muy vibrante de nuevos escritores mexicanos, el llamado “Crack”, con Cristina Rivera Garza, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Xavier Velasco, hay escritores excelentes, y ya son escritores de entre treinta y cuarenta años, y vienen nuevos y excelentes escritores detrás de ellos.

-¿Quién le interesa especialmente?
-Todos, yo soy amigo de todos, los leo a todos. Admiro a todos.

El Atlántico es muy ancho

-¿Y sigue la literatura española actual?
-Hasta cierto punto, porque el Atlántico es muy ancho, se ha vuelto muy ancho, ¿sabe? Pero lo sigo con mucho interés desde siempre porque considero que formamos parte de un solo universo literario, que es el de la lengua española

-¿Está al tanto de la política española actual, de las polémicas lingüísticas, por ejemplo?
-Sí, pero no la comento jamás en España.

-Vayamos a América, pues. Hábleme de ese populismo creciente en determinados países, que para unos es la gran amenaza de las democracias latinoamericanas, y para otros la gran esperanza
-No, cada país tiene su destino y hay realidades de poder. El país de verdadero peso en América del Sur es Brasil, su presidente es Lula y sabe cómo tratar a los demás países vecinos, es decir, a casi todos, salvo al Ecuador, de manera que hay que tener confianza en Lula respecto al trato con los vecinos, que van evolucionando cada uno de acuerdo con su política nacional.

-En la novela, uno de los protagonistas advierte que no hay que tenerle miedo a una revolución de las de antes: “Ténle miedo, dice, al tirano que llega al poder con el voto y se convierte en dictador electo”. ¿En quién estaba pensando?
-Bueno, a mí me parece que hay que dejar muy claro que tenemos regímenes democráticos, democracias en los que hay valores innegables, porque hay elecciones libres, parlamentos, prensa independiente, organizaciones obreras, pero la gente dice, ¿y cuándo como? Y en esa mitad de la democracia, que es la democracia social, la democracia económica, la democracia del alimento y del trabajo, es donde estamos fallando, y eso da lugar a la aparición de regímenes populistas que dicen que van a resolver esos problemas. No los resuelven pero llegan al poder. Por eso es indispensable que los gobiernos democráticos atiendan el reclamo social de la mitad de la población de América Latina.

-Habla mucho en la novela de las emigrantes mexicanos en Estados Unidos, “que tiene que desafiar las balas de los guardias, las alambradas y los muros”. A nuestro país llegan en pateras, quiero decir que el dolor del desterrado está en todo el mundo. ¿Ve alguna ventana clara, hay esperanza?
-Hay algunas ventanas muy claras. Por una parte, asegurar el desarrollo político, social y cultural de los países de emigración, que no tengan que irse de su país los trabajadores porque tienen trabajo, educación, cultura y bienestar en su propia patria. Ése es el más grande desafío que tiene este siglo. Luego van a seguir saliendo miles de expulsados por la pobreza, por la ignorancia, por la persecución, van a seguir saliendo muchas gentes de África a Europa, y de México y de América Latina al norte, de manera que ahí está un problema que tenemos que resolver nosotros, con la ayuda de la comunidad internacional.

-Con la de Estados Unidos, especialmente, tan recurrente en su obra. 
-Estados Unidos va a tener que cambiar de régimen ya... porque es tan grande el fracaso de Bush y de sus políticas de Estado.... Es preciso un cambio a fondo de la política económica y de la política social de Estados Unidos, como pasó con Roosevelt tras el crack del 29.

Gordimer, Goytisolo, Roth...

-Confía en que gane Obama, está claro. ¿Cree que cambiarían sustancialmente las relaciones de Estados Unidos con México, tan importantes, si ganase las elecciones?
-No es que confíe, es que quisiera, porque creo que todos los ciudadanos del mundo deberíamos tener derecho de votar en las elecciones norteamericanas. En ese caso ganaría sin duda Obama. Y sí, creo que mejorarían las relaciones porque darían la oportunidad de que el presidente Calderón y el presidente Obama se sentaran a tratar los problemas bilaterales que nos aquejan, que no son problemas de México solamente, ni creados por México, sino que tienen una realidad bilateral méxico-norteamericana.

-Me gustaría que volviéramos a la novela, a los resortes que le han movido para escibirla, a sus anclajes tan profundos en la Biblia y a su largo aliento, tan alejado de la banalización rampante de tantos libros de hoy. 
-Bueno, hay una constelación de novelistas en el mundo que se ocupan de asuntos muy importantes y lo hacen con la imaginación y el lenguaje propios de la gran novela, de la gran tradición novelística. Son gentes como Gordimer, como Goytisolo, como Günter Grass o Philip Roth, y esos son sólo algunos... Siempre se han escrito folletines, melodramas, pero pasaron sin pena ni gloria. Los que quedaron, y quedarán, son esos grandes escritores. 

-Por La voluntad y la fortuna pasean también Artemio Cruz, Barroso, Federico Robles, algunos personajes que han aparecido en otras novelas suyas.
-Sí, yo soy muy balzaciano en eso, y recuerdo constantemente el eterno retorno de los personajes de Balzac; también en las novelas de Faulkner. En todos los casos le da gran resonancia y espesura a las novelas que se relacionan entre sí, y evocan su propio pasado y la dinastía de los personajes que voy creando a lo largo del tiempo.

-Me parece que La voluntad y la fortuna es la novela de un hombre desencantado y escéptico, incluso cínico. 
-Bueno, es una novela escrita por una cabeza cortada, qué te parece... Pero sí,soy un pesimista ilustrado, mejor dicho, un optimista ilustrado, lo cual me convierte en un pesimista.

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Los cinco soles de México
Por Joaquín MARCO 
Publicado el 26/04/2000

Carlos Fuentes
Seix Barral. Barcelona, 2000. 430 páginas, 2.800 pesetas

La última obra de Carlos Fuentes no es una novela ni una historia de México, aunque puede leerse como la novela de las novelas de su autor. Sin embargo, hay mucho más tras el género de ficción

La literatura y el pensamiento hispanoamericanos comparten los españoles la preocupación por su naturaleza, por su identidad nacional o continental, por su “ser” o “estar” en el mundo. El nuevo libro del mexicano Carlos Fuentes podría entenderse como una desordenada “antología” cronológica de su ya extensa y celebrada obra. Y, sin embargo, desde sus primeras líneas el lector adivinará que la ambición del novelista y del ensayista es mucho mayor. Bien es cierto que el libro está formado por capítulos, fragmentos o escenas de sus obras, elegidos, sin embargo, con una deliberada intención. Lo que Carlos Fuentes se plantea no es aquí exactamente una novela, ni siquiera un ensayo; la intencionalidad de Los cinco soles de México consiste, como hicieran, entre otros, Alfonso Reyes u Octavio Paz, descubrir la esencia de este país que descubrimos en los mitos mexicanos, en las pirámides mayas y que, tras la Conquista, constituye una sociedad compleja y fraccionada, levanta bandera revolucionaria y avanza hacia la Modernidad con el espectro de Chiapas a sus espaldas. Fuentes recorre y recurre a la Historia, a sus protagonistas reales y a los imaginarios, al mundo que ha ido surgiendo de su obra narrativa, de personajes que nunca tuvieron voz, hasta que el narrador se la otorgó; de escenarios de muerte y de sangre, pero también de amor; de incomprensiones y explotaciones, de la lucha por la justicia.

El “Prefacio” inicial constituye una declaración de principios: tras la llegada de los españoles “por cada pica española puesta en suelo de México, hay una pica mexicana puesta en suelo de España”. Es lo que el autor calificará de “Contraconquista”. Religión, lengua, cultura son fruto del mestizaje. Se perdió la mitad del territorio nacional “en una guerra injusta iniciada por los Estados Unidos de América”, pero se rechazó la aventura imperial austríaca. “Las grandes cabalgatas de los hombres de Pancho Villa desde el Norte y de los guerrilleros de Emiliano Zapata desde el Sur, son una revancha contra la muerte del Quinto Sol que mató con su movimiento al universo indígena”, anticipa. Pero las tesis del autor se encarnan en significativos fragmentos de sus obras. Se inicia con el capítulo Chac Mool, que procede de su primer libro de relatos, Los días enmascarados (1954). La novela más utilizada es La región más transparente, publicada en 1958, aunque no falten textos procedentes de La muerte de Artemio Cruz (1962), Cantar de ciegos (1964), Terra Nostra (1975), Gringo viejo (1985), Cristóbal Nonato (1987), Los años con Laura Díaz (1999), etc. En un solo caso (El espejo enterrado) se indica que el texto ha sido ampliado. Aparecen los temas fundamentales de un México en formación. Durante la Conquista el problema de la lengua, a través de Jerónimo de Aguilar (quien nos habla después de su muerte) y sus recelos respecto a la Malinche, la traductora de Hernán Cortés. El parto de la Malinche es un monólogo interior, donde se justifica el mestizaje. Martín I y Martín II, los hijos de Cortés, ejemplificarán los primeros desencuentros de España con México. Los primeros criollos tratarán de descubrir su naturaleza no sin violencia. El anticlericalismo determinará la escena del fusilamiento de la Virgen de Guadalupe (cuya mítica se ha analizado con anterioridad). El diálogo entre el cura Anselmo y Baltasar responde a la contradicción entre la fe primitiva frente a la Ilustración: “Yo en cambio adoro a los cristianos encabronados como tú; no ganas nada con ser un católico sin problemas, un creyente simple, un hombre de fe que ni siquiera se da cuenta de que la fe es absurda y por eso es fe...”. Las escenas revolucionarias, pese al aliento épico que contiene el desarrollo histórico de la narración, se observan, a través de sus personajes, con un deje de escepticismo. Abundan los efectos dramáticos, como el asesinato de Rubén Jaramillo y su familia, o alguna escena de amor, donde se confunde la verdad narrativa con la invención tolerada. Y pasan los tiempos postrevolucionarios con la justificación del enriquecimiento por la necesidad de crear un México capitalista y moderno. La masacre de Tlatelolco, en 1968, procede de La historia de Laura Díaz. Pero el final del trayecto será Chiapas, un texto de 1999, donde Fuentes defiende los caminos democráticos y condena la injusticia. Aquí descubrimos el orgullo mexicano: “Es propio de las revoluciones crear instituciones. Todas lo han hecho (...) Pero no todas las revoluciones crean ciudadanos. La nuestra sí”. Un Epílogo titulado “El rostro de la creación” contempla el país desde el aire. Advierte su geografía y sus volcanes amenazantes, sus desiertos y la obra de sus pobladores, desde los indígenas hasta hoy. México se sostiene gracias al Sol de Viento, que el narrador compara con el texto de su libro de geografía, una cornucopia plena de dones. El mito del agua en llamas es de origen maya. “El Sol de Fuego, que anuncia la muerte, no se agota en ella, aunque la actualice” y los antepasados “están en la fuente del presente”. De la obra de Carlos Fuentes nacen seres vivos y figuras históricas dispersas. Su autor las ha ordenado en un friso histórico, dotándolas de un sentido. No es una novela ni una historia de México, aunque puede leerse como la novela de las novelas de su autor. Sin embargo, hay mucho más tras el género de ficción.

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Los años con Laura Díaz
Por Joaquín MARCO 
Publicado el 09/05/1999

Carlos Fuentes
Alfaguara. Madrid, 1999. 470 páginas, 2.800 pesetas

Apunta en la página final de la novela Carlos Fuentes que “las mejores novelistas del mundo son nuestras abuelas y a ellas, en primer lugar, les debo la memoria en que se funda esta novela”.

A sus 71 años, el novelista emprende una de sus más ambiciosas propuestas narrativas por su extensión y su cronología, ya que trata de ofrecer una síntesis del último siglo de la historia de México a través de una mirada femenina, la de Laura Díaz. Pero el país no ha permanecido al margen de la Historia y además de sus conflictos internos (sindicalismo, PRI,...) se integran en ella la guerra civil española, el nazismo, la emigración intelectual española, con notas sobre Cernuda, la interdependencia del Sur de los EE. UU. y México y el papel de Los ángeles como nueva Babel. Todo ello se expone a través de los múltiples personajes que desfilan ante los ojos de Laura Díaz, fruto de una familia emigrada de Alemania a finales del XIX. La mujer será entendida, como lo fue en Cien años de soledad, como “fundadora”; de ahí que, al margen de la presentación de Laura, surgida de uno de los frescos que Diego Rivera pintó en los EE.UU., el primer símbolo que iniciará la dinastía será el asalto que sufre Cósima Kelsen en 1870 por el bandido y antiguo oficial del ejercito de Maximiliano, “el guapo de Papantla”, éste le cortará los dedos de un machetazo. La anécdota se inspira, según el escritor, en lo que le ocurrió a su abuela Clotilde. Sin embargo, el personaje de ficción no guardará rencor al bandido.

La familia que formará Cósima en Veracruz, casada con Felipe, cuya madre era francesa, estará formada también por otras tres mujeres: Hilda, Virginia y Leticia, la madre de Laura. Los años iniciales que corresponden a la etapa anterior a 1930 son, a mi juicio, los mejor resueltos. Influirá en ello el exotismo tropical, la hacienda familiar de los Kelsen, “La peregrina”, que tras su decadencia será restaurada en secreto por uno de los hijos de Laura, un inmisericorde hombre de negocios a quien sus progenitores dieron el nombre de Dantón (otro signo). Con el objetivo de alcanzar la “totalidad”, Fuentes es capaz de integrar en el relato hasta las figuras de Marx y Lasalle, con sus significativas diferencias, junto a escenas que cabría considerar próximas al realismo mágico.

En este ambiente poscolonial se funden fórmulas y estilos. Tras el fusilamiento de su hermano Santiago (otro símbolo más que irá repitiéndose, incluso en el nombre), éste será enterrado en el mar. Y Fuentes no tiene empacho en utilizar el monólogo interior del muerto mientras se hunde en las aguas. Cada capítulo viene introducido por un año y una población, pese a que la acción no se desarrolla puntualmente y los períodos acotados varíen por lo general de los cinco a los dos años. El fluir de la historia, a partir del matrimonio de Laura con el sindicalista López Greene, se centrará en la ciudad de México, tras haber pasado por San Cayetano y Xalapa (recordaremos la belleza de la prosa dedicada a su cocina, pág. 63), porque todo cabe en este magma novelesco. Lateralmente surgirán algunos de los nombres de los escritores de la revolución, como Mariano Azuela, pero principalmente los del grupo de “Los Contemporáneos”, al tiempo que aparecerán las figuras de los muralistas mexicanos. Laura, una vez separada de su marido, se sentirá muy próxima a Frida Kahlo. Antes, sin embargo, conocerá a Orlando Ximénez y entablará amistad con Laura Riviére que habrá de ser la amante de Artemio Cruz, protagonista de la novela de Fuentes, de 1962, que le catapultó a la fama. La estructura de novela histórica ha de permitirle ofrecer crónicas de la sociedad mexicana en cortes sincrónicos con el objetivo de incrementar su valor documental. La visita con Orlando a un barrio marginal y su repertorio de seres deformes nos recordará a Donoso. Hay múltiples guiños literarios. La relación entre Frida, Diego Rivera y Laura constituye uno de los ejes narrativos de esta segunda parte. El aborto de la pintora mexicana, sus delicadezas espirituales, sus problemas físicos a consecuencia de un accidente son tratados con potencia narrativa. El gobierno de Lázaro Cárdenas coincide con su relación con un diplomático republicano español, Jorge Maura (poco que ver con Jorge Semprún, salvo algún que otro guiño), enamorado de la judía católica alemana Raquel, exterminada en el campo de Buchenwald. La guerra española ha de permitirle también relatar el episodio del fusilamiento de la nacionalista Pilar Méndez (que no será tal). La visión de la guerra de España resultará tópica, aunque permitirá a su autor desarrollar su idea sobre la relación entre ambos países con su moderación característica. Más inverosímil ha de resultar la posterior visita de Laura Díaz a Lanzarote, donde Jorge Maura vive como cenobita, junto a un convento. Las reflexiones religiosas resul-
tan, desde aquí, en ocasiones tan oscuras como ambiguas. Si los episodios de la muerte de Juan Francisco o la de su hijo, en páginas magistrales, dejan a Laura en soledad, ahora se refugia en la fotografía, tras otro amor de senectud con el norteamericano Jarry Jaffe, víctima de la caza de brujas, lo que le permite trazar un cuadro de los refugiados yanquis en Cuernavaca. Son páginas prescindibles, mientras que la novela recobra aliento épico ante la revuelta de Tlaltelolco y el asesinato de los estudiantes, entre ellos el nieto de Laura, el hijo de Dantón, otro Santiago, que vive con su abuela, aunque su hijo recién nacido hará brotar otra esperanza. Será en parte la de Los ángeles, en el año 2000, ya tras la muerte de Laura, que visitó por última vez “La Peregrina”, descubriendo allí su ansiada muñeca china. Con ella descubrimos un mundo en crisis constante y un México ecológica y socialmente desbordado.

Articulo : http://www.elcultural.es 15/05/2012

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