dimanche 27 mai 2012

Juan CRUZ/Claudio MAGRIS: “Ni pesimismo ante el futuro ni nostalgia del pasado”


“Ni pesimismo ante el futuro ni nostalgia del pasado”
Por Juan CRUZ 

El escritor italiano Claudio Magris inaugura las actividades culturales de la Feria del Libro. Asegura que hay "una guerra mundial económica".

Claudio Magris (Trieste, 1939) es una potencia intelectual, una inteligencia que comprende literatura, historia y política y "un verdadero europeo", como dijo de él su amigo Jorge Semprún. Ayer llegó a Madrid poco antes de la hora en que debía inaugurar, con un discurso, la Feria del Libro de Madrid que este año tiene a Italia como huésped de honor. Cuando todavía se recuperaba de los estragos del viaje junto a los directivos del Instituto Italiano de Cultura que lo agasajaron, el autor de Danubio glosó los versos que Bertolt Brecht escribió sobre su versión de Antígona, de Sófocles, que fue el tema de su disertación en la fiesta del libro. Dijo Brecht: "Por los sacrificios bárbaros/ de un gris tiempo primordial, la humanidad/ se levantó grande".

Se puede decir ahora de Europa, está en un tiempo gris, ¿es posible que se levante grande? Él cree que los tiempos de Brecht (que también dijo que se podía cantar en los tiempos oscuros) estaban las cosas mucho peor. "Yo no hubiera querido vivir en aquellos tiempos. Estoy contento de vivir ahora. Es evidente que la literatura no es una crónica, pero debe contar los tiempos tristes que estamos pasando, ha de reflejar nuestras preocupaciones. Pero a largo plazo yo no me siento pesimista".

Ha superado Europa muchas barreras. La segunda guerra mundial; la tercera (que ganó el bloque occidental en 1989). Y ahora estamos en la cuarta, dice Magris, "que es una guerra mundial económica" en la que el dólar quiere derribar el euro, "y en la que se juega el predominio económico del mundo". Pero la idea de Europa, que él ha defendido en libros, en declaraciones, en conferencias, y hasta caminando para deshacer fronteras, se diluye, como si tuviera un gusano dentro que se la come. "Y sólo se levantará y se hará grande si se convierte Europa en unos verdaderos Estados Unidos de Europa, se acaba con la unanimidad, que no es un proceso democrático, se proyecta una auténtica soberanía y se ocupa de todos los problemas de los países desde una sola perspectiva, la perspectiva europea".

La crisis económica lo ha desorientado, "pero como a cualquier ciudadano", y como cualquier ciudadano del común "yo no me siento un individuo especializado capaz de lanzar juicios indecorosos sobre lo que sucede. No entiendo la situación de Europa, no la conozco. Sé, por lo que ha pasado en Italia, que las viejas formas políticas están en crisis y que se ha creado un clima inquietante en las instituciones europeas".

Le inquieta a Magris cómo se está resquebrajando el sistema tradicional y siente "como si se estuviera acabando una época". Pero se resiste a hablar de ello como un experto. "Los cirujanos se dedican a intervenir a los enfermos que necesitan ser operados, y saben de ello. Si un cirujano se pone a contar historia de la medicina es posible que el enfermo no resista… Y lo mismo pasa con las ideas que estoy diciendo: soy un hombre que hace historia, no entiendo de veras qué debe hacerse".

Pero es optimista a largo plazo. ¿Y con respecto a la cultura del libro? Está aquí en una feria que lo celebra. ¿Comparte la inquietud de Mario Vargas Llosa sobre la banalización de la cultura escrita y de la cultura en general? "Creo que el criterio de evaluación cultural ha cambiado. Nadie pensaba que un día se iba a equiparar cantidad con valores, y eso lo está poniendo en pie lo que yo llamo ´la lumpenbourgeoisie`…, que no es sino una burguesía de las formas y que ha decidido que mucho es igual a interesante. Pero no, no estoy preocupado por la cultura, y no estoy tampoco preocupado por la cultura del libro. Y sobre todo, no tengo nostalgia del pasado. ¡Nada de nostalgia del pasado!"

Articulo : http://cultura.elpais.com 24/05/2012

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Claudio Magris
"Hay poco que celebrar, pero yo he sido afortunado"

La Feria del libro regresa al Retiro para retar a la crisis que no cesa. Desde hoy y hasta el 10 de junio libreros y editores se batirán en cantidad, con 356 casetas, siete más que en 2011, y en calidad, con un invitado de excepción, Claudio Magris, embajador de la literatura italiana, gran protagonista de la cita, y al que entrevistamos 'nel mezzo del cammin' entre su Trieste natal y el Turín que le hizo escritor, trayectoria que recoge una reciente antología italiana de sus escritos publicada en la colección Meridiano. Además, Gabriele Morelli repasa la literatura actual del país vecino y presentamos a su nueva generación de narradores.

Turín. James Joyce celebra en una conferencia la Irlanda de los santos y de los sabios. Umberto Saba fuma en pipa. Italo Svevo entra en el edificio de la Bolsa, le reclaman los deberes comerciales. Cuando se tienen dieciocho años, ¿cómo no pensar que la vida es otra cosa, cómo no querer huir de una dimensión angosta, museística? 

El mito habsbúrgico, primer libro de Claudio Magris y una de las piezas que se acaba de volver a publicar en la colección Meridiano, debe no poco a la intolerancia juvenil: “Fue así como tomé distancia de Trieste, mi ciudad y llegué a Turín para iniciar estudios universitarios. Bajo la Mole, la nostalgia me llevó a atender a las glorias locales, hasta entonces ocultas tras Dostoievski, Proust, Tolstoi. Frecuentándolas en los libros (y en carne y hueso), me remontaría al mundo habsbúrgico, el tema de mi tesis de fin de carrera preparada con Leonello Vincenti. Finalmente comprendía el sentido de la literatura austríaca. Sin Turín yo no habría escrito”. 

El café triestino San Marco es la colmena de Claudio Magris. Unmicrocosmos en forma de ele, una clepsidra que, puntualmente, renueva su pacto con el tiempo, un ágora de silencio, de billetes que se confían al fantasmagórico camarero, de conversaciones que respiran tregua, ilusionando a los clientes habituales inmersos en sus futuras obligaciones. 

El San Marco es una de las oficinas del autor, quizá la más importante. Día tras día, garabateando. Como garabateaban los bohemios del vienés Café Central, defendiendo, “irónicos y desilusionados, un margen extremo de irreductible individualidad, las astillas de un encanto...”. La casa de Peter Altenberg, “el poeta sin casa”, es un pasaje de Danubio (Anagrama, 2004), aquel inventario de civilización que, advierte Magris, “exige tres agradecimientos en particular: a Marisa Madieri -fue ella quien tuvo la primera idea, conduciéndome, con nuestros hijos, a perder el tiempo paseando por la orilla del río más amarillo que azul, hasta el Mar Negro-, a Alberto Cavallari, entonces director de Il Corriere della Sera -me invitó a pasar unos días en Viena y me exigió volver- y a Paolo Bozzi, compañero de viaje que me ha enseñado a ver las cosas. Pero cada libro debe a muchas personas. Por ejemplo, Jole me eliminó una página que estropeaba el final de A ciegas (Anagrama, 2006). Yo lo sabía, muy en el fondo, pero no quería admitirlo”. 

Tras Italo Svevo y Umberto Saba, Claudio Magris es el tercer triestrino que publican en la colección Meridiano. Se suceden, una tras otra, las cervezas en el San Marco. Como en la parisina Brasserie Dauphine de Maigret y, quien sabe, quizá también de Joyce. Algo como en “Después de la tristeza', el poema delCancionero: “Y de las cervezas disfruto lo amargo”. “Svevo, ninguno como él -recuerda Magris- comprendió la transformación que le espera al hombre, la caída en el abismo nihilista. Zeno se percata de que el peligro no está en ser infeliz, sino en no desear la felicidad. Y Saba, es decir, la capacidad para decir todo, más allá del bien y del mal: aquello que Nietzsche quería ser. En él no hay moral, como tampoco la hay en el niño y en la vida, cuando quienes mandan son la felicidad o la infelicidad. 

Trieste y más allá. La Grado (la ciudad) del poeta Biagio Marin. Un verso suyo sella Danubio: “Haz que mi muerte, Señor, sea como la corriente de un río hasta el gran mar”. Parece que no es generosa la musa propia con Magris. “A mi dialecto triestino, que hablo siempre, incluso discurriendo sobre Kafka, sólo recurrí literariamente en La exposición (Anagrama, 2003), una obra de teatro, en la parte en que se da voz a la destrucción, al grado cero”. 

En la recopilación de Meridiano el teatro tiene su lugar en el monólogo Stadelmann, el secretario de Goethe que nunca consiguió comprender “qué fiesta hay que disfrutar”, a diferencia del Poeta, al que “no le importaba que nada, ni siquiera la poesía, turbara la fiesta de la vida”. “Me inclinaría por Goethe -Magris no duda-. Aunque haya poco que celebrar, reconozco que he sido, que soy, un hombre afortunado”. 

Del artificio creador de Fausto a Thomas Mann -el Panteón alemán como espejo- que retrata al artista como un ser no moral, “aunque sí estético”. “La literatura no tiene por qué obedecer a una obligación ética, si bien, en ciertos casos parece obligada a ello. Da cuenta más bien de la existencia humana, con su comedia y su inaceptable tragedia. Ya en el Evangelio -Magris acude a San Mateo- se anuncia que el sol brillará sobre los malvados y sobre los buenos, sobre Mengele y sobre Primo Levi”. 

Trieste y más allá. La Gorizia de Carlo Michelstaedter. El filósofo de La persuasión y la retórica, toda una tesis de licenciatura elevada a categoría de brújula del siglo XX, acabará matándose en 1910. “Es el testimonio del presente el que estamos destruyendo continuamente, incapaces de vivirlo, enfrascados como estamos en el momento sucesivo, o prisioneros de aquel que nos precede. Se distingue por la fuerza con la que nos advierte de que el pensamiento occidental está penetrado por un drama similar”. 

Trieste y Trieste. Bobi Bazlen, embajador en Italia de la literatura centroeuropea que fomentará dede el catálogo de la editorial Adelphi. “Nunca tuve un encuentro con él -Magris deja entrever un gesto de extrañeza, que disimula alzando la mirada sobre las máscaras del San Marco- Pero no creo que tuviéramos mucho que ver. Deduzco que, en su caso, existía una leve distancia entre inteligencia y comprensión”. 

Sólo, tal vez, en una ocasión Magris conversó con Bazlen, en Lejos de donde(Eunsa, 2004) llevando la contraria a Joseph Roth que, en sus cartas, maltrataba a Thomas Mann, “cuyo espíritu no está a la altura de su talento. En resumen, como diría luego Bobi Bazlen, dotado de más Leistung que de Substanz. 

Lejos de donde. Roth y el exilio judío. “En realidad -puntualiza Magris- es Isaac Bashevis Singer el rostro del exilio. La tradición judío-oriental es para Roth una realidad perdida. Para él es un epígono. A diferencia de Singer, que ve en ella la posteridad viva. De Singer brilla un cuento, en los años sesenta, una especie de Paolo y Francesca yidissh. Le hice llegar mi entusiasmo”. 

Van y vienen las nubes en el cielo de Trieste. ¿Por qué no celebrar el Meridianode Magris - un espíritu que ve sin ser visto, imitador de Bashevis Singer- escuchando en tu corazón la lírica voz griega del poeta véneto Virgilio Giotti?: “Lluvia torrencial. Paraguas negros / Derechos, torcidos, en coro. Escampa. / El hombre se ha parado / bajo un paraguas”. 

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Claudio Magris
"Hay poco que celebrar, pero yo he sido afortunado"
Por Alberto OJEDA

Venía Claudio Magris (Trieste, 1939) con un pequeño regalo por el Paseo de Coches del Retiro. Lo llevaba en una carpeta blanca. Eran unas pocas páginas impresas con un texto. 

Al autor italiano, il Professore, como se le conoce en su tierra, casi con veneración, le tocaba en esta calurosa tarde de mayo inaugurar la 71 ª edición de la Feria del Libro de Madrid. Entró en el atestado Pabellón del Banco Sabadell, en buena parte ocupado por compatriotas suyos, a las siete y media de la tarde. Acababa de aterrizar a las cinco y en un hombre de su edad esas premuras temporales le habían fijado en su rostro la huella del cansancio (“Estoy muy fatigado”, reconocía a Elcultural.es tras su lectura en un charla breve que ha precedido a la cena organizada por la Embajada de Italia en su sede en honor del escritor). 

Antes de leer las páginas citadas, Magris prefirió entrar en materia con otro texto, de título llamativo Si el luto de Antígona se adapta al Caribe. Magris ha recordado el conflicto entablado por el rey de Tebas Creonte y por Antígona, que quiere dar digna sepultura a su hermano Polinices contra la orden del primero, que ha ordenado que, por traidor, su cadáver quede en las afueras de la ciudad expuesto a las aves carroñeras. Entre ambos se tensa la dialéctica de la conciencia frente a la ley, de la ética contra el derecho positivo. 

Para Magris, esa dicotomía en dos polos opuestos "debe ser solventada por la política". "Ella es la que debe mediar para hacer que las normas que rigen nuestra convivencia sean lo más humanas posibles y se acerquen, cuanto más mejor, a los dictados morales de los hombres". Una teoría que suscribe junto con pensadores (y juristas) como Bobbio y Ascarelli. Pero Magris se ha llevado esta batalla teórica al Haití de los años 50, en el que el autor de esta isla antillana Morisseau-Leroy escribió su propia versión de la tragedia griega de Sófocles, en lengua criolla, que mezclaba el francés con vocablos y estructuras de ascendencia africana, patrimonio de los esclavos negros. 

“La frase que caracteriza a Antígona, tras el edicto de Creonte contra su hermano, es 'Te digo que no'; y lo que hace a un negro un hombre en el Haití de esa época es también su capacidad de decir no”, advertía el autor triestino, catedrático en Lengua Alemana, aunque también confesaba que nunca se podría plantear la escritura italiana en esta lengua. 

Lo suyo es el italiano, y en esta lengua, asentada, cuya raíz más profunda hay que ir a buscarla seguramente a la región de Toscana, Magris está escribiendo la que será su próxima novela. En la carpeta blanca traía una especie de relato sucinto de lo que es un proyecto más ambicioso. Era un texto inédito que ha leído ante una expectante concurrencia. La historia, que, por supuesto, tiene sus licencias literarias, parte de la figura de Diego de Henríquez, un triestino de origen español que durante la II Guerra Mundial se le ocurrió crear en su ciudad natal (también la de Magris) un museo dedicado a la guerra. Durante años, casi cuatro décadas, acarreó armamento, uniformes, banderas, escudos hasta el edificio donde albergó el que, a posteriori, el ayuntamiento de Trieste denominó y oficializó como el Museo de la Guerra por la Paz. 

De Henríquez parecía tener la ingenua creencia que, en alguna medida, retirando esas armas de la circulación se aseguraba que nunca más se utilizarían para matar a persona alguna. De ahí que la contradictoria nomenclatura del museo tenga su sentido. Él murió en un incendio que se declaró en el mismo museo, en uno de sus depósitos. Lo que para algunos fue un simple accidente, para otros fue un asesinato. Se piensa que De Henríquez podía estar en posesión de algunos documentos comprometedores. En fin, la 'dietrología' clásica italiana (detrás de cada caso no cerrado con pruebas definitivas y contundentes afloran las teorías conspiranoicas). Magris confiesa que está empeñado en esta historia, aunque no parece todavía tenerlas todas consigo: “Estoy escribiendo un poco instintivamente, de manera salvaje,lo hago siempre así, hasta que renunció o veo que lo que llevo escrito merece verdaderamente la pena”. Y remacha: “Ahora estoy todavía en esa fase en que no sé si la criatura será niño o niña”. Ríe Magris mientras lo arrancan de su asiento. Hay prisa. La cena espera. A presto... 

Articulo: http://www.elcultural.es 25/05/2012

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