dimanche 13 mai 2012

Silvia HERNANDO/ Soñar con libros que hagan soñar


Soñar con libros que hagan soñar
Por Silvia HERNANDO

La editorial infantil A Buen Paso marca un ejemplo de emprendimiento independiente en época de carestía

Los hay en forma del volante de coche, con ilustraciones desplegables entre sus páginas, diseñados con la silueta de uno de aquellos disquetes que ya forman parte del pasado remoto, otros con dibujos que componen narraciones... Y no solo importa la presentación, exquisita: la más agradable sorpresa reside dentro, en las historias. Todos y cada uno de los 26 libros-álbum infantiles que A Buen Paso ha editado desde el comienzo de su actividad en el año 2009 han sido pulidos cual joya en su forma y su contenido, tratados con el esmero y el cariño de quien está incubando una obra de arte. Porque ese es ni más ni menos el objetivo de esta pequeña editorial barcelonesa, nacida de la firme convicción de que, aunque en tiempos de crisis el hambre impone sus normas, no conviene poner freno a las ilusiones.

“Cuando uno publica libros para niños escucha muchas veces la pregunta de qué valores estás fomentando, pero el hecho de escribir literatura ya contiene en sí un valor de humanidad”. Con ese mensaje por lema, Arianna Squilloni, editora por cuenta ajena hasta 2008, cuando se vio sin trabajo pero con una pasión engarzada en la cabeza, se decidió a saltar al vacío y montar su propia empresa cultural en España, un concepto y un lugar que, de entrada, no auguran a día de hoy un desenlace feliz. Y sin embargo, ella sigue adelante. “Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, porque la vida es solo una”, dice con la suave y dulce cadencia de su italiano materno. A los tres años de su andadura —cuatro desde su fundación—, A Buen Paso es ahora un ejemplo de buen hacer y de afán por el detalle y la calidad. Aunque lo del dinero, sigue siendo un tema por resolver.

“Tengo otros trabajos, porque con la editorial no me mantengo”, explica. “Pero lo que no quiero hacer es limitarme simplemente a sobrevivir”. Y su tesón demuestra que, a fuerza de ponerle voluntad, se pueden sortear las coyunturas económicas. “Precisamente por la crisis estoy convencida de que el trabajo que hago es necesario, porque se suele pensar que, al haber necesidades más básicas, la cultura no es importante”. Su editorial, en cualquier caso, no puede rellenar sola todo el espacio que poco a poco se está vaciando de contenido a base de recortes y destrucción de empleos. Con unos nueve libros publicados al año, cada paso es milimétrico. Pero sirve para fomentar otras iniciativas.

Como según su rasero calidad gana a cantidad, Squilloni cuida cada elemento tanto como el conjunto, una tarea para la que cuenta con la ayuda del diseñador Miquel Puig. Aunque siempre, la misión más delicada es la de elegir a escritores e ilustradores, que en algunos libros son la misma persona. “Con algunos ya trabajaba desde hace mucho tiempo, a otros les he conocido en ferias o he recibido sus propuestas por email”, explica. Y la selección está empezando a dar muestras de que ha sido acertada: hace solo unos días, el autor-dibujante Iban Barrenetxea ha sido galardonado con el premio Libro Kirico del Año, que otorga una asociación de más de 90 librerías, por su obra El cuento del carpintero. Y ese no es el único nombre destacado en su catálogo. Oti Rodríguez Marchante, crítico de cine del diario ABC, por ejemplo, ha publicado Adiós a la tierra de los colores vivos, ilustrado por Pere Ginard, un cuento con cuatro historias iniciáticas jalonadas por descubrimientos y secretos, destinado a jóvenes adolescentes. La mayoría de los tomos publicados, no obstante, están dirigidos a niños más jóvenes, incluso bebés, ya que varios de ellos son relatos sin palabras. “Todos nuestros libros nacen de las pulsiones de sus autores, son historias que componen un canto a la vida, pero sin intención de aleccionar”.

La tirada de cada título, explica la editora, tiene de media 2.000 ejemplares que se distribuyen en toda España. Algunos, además, se han vendido al extranjero, a países como Corea, Taiwan, Brasil, Italia, Francia o Rusia. Para dos libros, la editorial ha conseguido una ayuda del Ministerio de Cultura, que ha cubierto el coste de 300 copias como parte de un programa de subvenciones a editoriales con más de dos años de actividad. El resto lo sufraga A Buen Paso. No queda otra. “Es la época que me ha tocado vivir”, dice ella sin un ápice de resignación. Al embarcarse en un proyecto de editorial independiente, uno ya debe ser consciente de dónde se está metiendo. Squilloni, por lo menos, sí lo era. Y está encantada. “Editar libros para niños es maravilloso. Gracias a la lectura, surge una chispa que hace que los pensamientos disparatados que tienes en la cabeza se unan para dar lugar a una idea genial”. Ella ya ha puesto la suya en marcha.


Ilustración de Pere Ginard para 'La tierra de los colores vivos', de Oti Rodríguez Marchante

Articulo: http://cultura.elpais.com 13/05/2012

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