dimanche 13 mai 2012

Terrence RAFFERTY/ POE, una eterna provocación para los cineastas


Poe, una eterna provocación para los cineastas
Por Terrence RAFFERTY 

Aunque murió casi medio siglo antes de la invención del cine, las películas reconocieron a una alma gemela y de inmediato empezaron a agitar las cenizas y los huesos del escritor.

Es probable que pueda asumirse que Edgar Allan Poe no descansa en paz en la tumba de Baltimore en la que yace desde 1849, cuando tenía cuarenta años. En las obras que lo hicieron famoso –poemas como "El cuervo" y "Annabel Lee", cuentos como "La caída de la casa Usher" y "Ligeia"–, la muerte nunca es el fin: algo sobrevive, pero no con felicidad.

Poe murió casi medio siglo antes de la invención del cine, pero las películas reconocieron a un alma gemela en cuanto lo vieron, por lo que de inmediato empezaron a agitar las cenizas y los huesos del escritor. D. W. Griffith realizó un cortometraje titulado "Edgar Allan Poe" en 1909 y cinco años después el gran cineasta dirigió un largometraje, "La conciencia vengadora", que se basa en "El corazón delator".

El trabajo de Poe –violento, aterrador, romántico y a todas luces perturbado– parecía hecho para el cine, y lo sigue pareciendo. Los tiempos han cambiado, pero persiste la fascinación de los cineastas por el arte sensorial de Poe. "El cuervo", de James McTeigue, que se estrenó en América del Norte el 27 de abril y lo hará en todo el mundo hasta junio, es la adaptación número 241 para cine o televisión de una obra de Poe.

En esta última producción, el propio escritor (John Cusack) persigue a un asesino serial cuyos métodos se inspiran en sus relatos. Los admiradores de Poe reconocerán motivos de "Los crímenes de la calle Morgue", "El barril de amontillado", "El extraño caso del Sr. Valdemar", "El entierro prematuro" y muchos otros.

Es probable que las películas más conocidas sobre textos de Poe sean ocho adaptaciones de bajo presupuesto que dirigió Rober Corman entre 1960 y 1964. Sin embargo, cuando Corman se muestra razonablemente fiel a los relatos, los ritmos parecen funcionar mal y ser demasiado solemnes y deliberados para el estilo narrativo vertiginoso de Poe.

El trabajo de Poe, que rebosa muerte, locura y fantasmas, resulta irresistible a los cineastas debido a sus imágenes audaces y su fuerte impacto emocional. A pesar de ello, Poe no es tan cinematográfico como parece su escritura. Un gran problema es que escribió casi exclusivamente en formatos breves y sus efectos están en extremo concentrados. Diluido, un relato como "La máscara de la muerte roja" puede parecer trivial. "La conciencia vengadora" es muy efectiva a pesar de la brecha que separa la decadente sensibilidad de Poe del apasionado humanismo de Griffith.

El realizador ni siquiera trata de recrear la atmósfera gótica de "El corazón delator". Se limita a tomar el núcleo del relato ­un hombre muerto, cuyo corazón parece seguir latiendo, está enterrado bajo el piso de la habitación de su asesino- y lo usa como símbolo de la culpa del criminal. "La conciencia vengadora" no parece una película de terror y, por más extraño que resulte, funciona. Griffith trata la historia como un drama moral, por lo que la película tiene más convicción que muchas de las adaptaciones de Poe que intentan reforzar el carácter escalofriante del más escalofriante de los escritores.

Dario Argento es uno de los pocos cineastas cuya sensibilidad se acerca a una imaginación tan macabra como la de Poe. En "Los ojos del diablo" (1990), Argento hace gala de un estilo dinámico adecuado para la adaptación de Poe, y el tono de su película es decadente.

Eso es todo lo que se puede pedir, en términos generales, y es más probable que proceda de directores europeos. Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini compusieron una antología llamada "Los espíritus de los muertos" (1968). "William Wilson", de Malle, resulta memorable. Pero la película más macabra que se haya hecho a partir de los relatos de Edgan Allan Poe es "La caída de la casa Usher" (1980), de quince minutos de duración, obra del animador checo Jan Svankmajer.

No hay seres humanos; tan sólo una casa de aspecto abandonado en medio de un paisaje que parece replegarse sobre sí. Las palabras de Poe, que se leen en la banda sonora, llenan los espacios vacíos con algo que parece vivo. El ritmo de la película es enloquecedor e inequívoco. Es el latido de su horrendo corazón.

Articulo: http://www.revistaenie.clarin.com 13/05/2012

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