mardi 10 juillet 2012

Blas BRÍTEZ/ Leopoldo BRIZUELA y la misma noche repetida del miedo


Leopoldo BRIZUELA y la misma noche repetida del miedo
Por Blas BRÍTEZ

El ganador del Premio Alfaguara 2012 estuvo en Asunción. Y aunque no pudo presentar su novela UNA MISMA NOCHE en la Libroferia (por la situación generada por el juicio político a Fernando Lugo), conversó con el Correo Semanal acerca de su obra, que relaciona la inseguridad actual con la época de la dictadura.

"La novela juega con la idea de que nunca es posible recordar solo"

Leopoldo Brizuela ahora engrosa la lista de escritores de renombre continental que han ganado el Premio Alfaguara, con la novela Una misma noche. A su paso por Asunción, habló con Última Hora.

Miedo. Esa era la palabra que los medios de comunicación más repetían, o nombraban tácitamente, el viernes 22 de junio, en Asunción, antes del juicio político a Fernando Lugo. A la venida de los carperos a la Capital, a las huestes "violentas" de la izquierda, según la histeria mediática, nada inocente tampoco en la generación de ese "miedo". "Pero ¿por qué se tiene miedo, si yo veo la ciudad tranquila?, me pregunta off the record el escritor argentino Leopoldo Brizuela, mientras bajamos por la calle 15 de Agosto hacia el Parlamento. "Prejuicios", le digo. "E intereses", abundo. Su novela Una misma noche, ganadora del Premio Alfaguara 2012, habla de un miedo mucho más real que el que Brizuela no percibía esa mañana asuncena en que, una vez más, la política influiría sobre la realidad cotidiana, de la misma manera que su novela es furibundamente contemporánea en su lectura política de la realidad argentina.

El escritor conversó con el Correo Semanal sobre una novela que mezcla, de una manera profunda, las muchas caras de la inseguridad política y la inseguridad económica, desde la dictadura a la democracia, y viceversa.

--¿Por qué esta novela hoy?
--Porque la realidad te propone eso. Yo confío mucho en que las cosas surgen cuando tienen que surgir. Sin pensar demasiado en los lectores o en lo que van a decir. Como decía Doris Lessing: "No hay que preocuparse por el lector, porque uno es muy parecido a los demás". Si a uno le interesa algo, seguro habrá otras personas interesadas en leerla. Pero hay motivaciones muy concretas, que tienen que ver con los motivos reales, anécdotas reales de las que surge la novela, y a partir de las cuales se dispara la imaginación. El asalto del 2010, es cierto, con otras características. La idea de que la policía pueda seguir asaltando de la misma manera es algo que me impresionó mucho. Y después el recuerdo de lo que había pasado en el 76, un asalto parecido, y que yo fuera la única persona en el barrio que podía unir las dos cosas, porque los que eran viejos en esa época, o están muertos o muy viejitos, y los jóvenes no se acuerdan de nada. A partir de ahí imaginé todo un mundo distinto.

--¿Hay límites entre lo que son sus recuerdos personales y lo que escribe como ficción?
--Límites, no sé; al contrario: yo elijo la ficción para que no haya límites. Si no fuera así, hubiera habido muchos más límites y hubiera sido una novela periodística. De lo que te puedo hablar es de las diferencias.

--Sí, sería interesante saber esas diferencias.
--Más allá de que son muchas, es decir, ninguno de esos vecinos son mis vecinos, son procesos muy distintos. Leonardo Bazán y yo somos autores distintos. Aparentemente en una primera lectura, en esa especie de turbulencia permanente que vive el narrador, parece que le fuera bien, pero hay una cosa muy ambigua, no se sabe si está encontrando una verdad o gira el loco en su propia cosa. La novela juega con la idea de que nunca es posible recordar solo. Tampoco se puede hacer solo todo el trabajo de detective, no se puede ser a la vez juez. Él siente un poco esa desesperación. En cambio, para mí el proceso de la novela fue de mucha felicidad. Una cosa rara. Una felicidad que tiene que ver con muchas más cosas que la alegría. Yo sentía que esa historia me elegía a mí para contarla.

--Se trata, por una parte, de una fracción de la historia argentina, siempre difícil de contar, la de la dictadura.
--Mi sensación es de que me hizo bien hacerlo, y a mucha gente también le hizo bien la novela, que resume historias que son, si no igualmente tremendas, sí tan traumáticas para la gente que me ha contado experiencias pequeñas que, sin embargo, las ha guardado toda la vida, y que son experiencias casi ejemplificadoras. La diferencia es entre quien escribe y quien lee. Igual depende del tipo de lector. Alguien me preguntó en España algo que me gustó: "¿Qué hubieras hecho si no hubieras escrito tus recuerdos de esa época?". Yo le dije que la verdad que no sé. Tal es mi locura, que mi pregunta es ¿qué hace la gente que no escribe sobre esa época? Una de las respuestas que me daba es que tal vez para eso sirve la literatura (que aparentemente no sirve para nada); sí sirve para que cada uno trabaje, como decían los griegos, la catarsis.

Repetición, historia y memoria

--La novela, originalmente, se llamaba La repetición. Es, tal vez, más descriptivo de lo que sucede en ella.
--Ahí tiene que ver más con tocar el piano y cómo se aprende, y esas cosas que uno aprendió repitiendo, y hasta tal punto lo aprendió, que piensa que eso no pudo haber sido de otra manera.

--Veo una relación con lo que Bazán le dice, agobiado por sus propios miedos, a su madre, quien también le repite todo el tiempo la misma cantilena sobre la inseguridad reinante: "¡No repitás más"!
--¡Sí! ¡Qué lindo, qué copa- do eso! La novela, una vez que comenzó, fue tomando un camino que no imaginaba; pero sí a las primeras páginas yo tenía idea de que estaba haciendo una especie de arqueología de los gestos de la gente en esa misma noche, porque son cosas reales: yo, durante un asalto, quise encerrarme, que es lo más común; pero lo más sorprendente para mí era pensar por qué no se me cruzó hacer otra cosa.

--Identifico como tres dimensiones narrativas en el texto: hay una parte que es más un thriller, otra que parece más testimonial, más fuerte, digamos, en los hechos narrados; y, finalmente, una más onírica, más poética si se quiere. ¿Como trabajó eso?
--Yo voy trabajando mucho con el cambio de atmósferas, y me parece que cada vez es más denso, si es lo que querés decir. Por otro lado, es curioso que me digas eso, porque a Diana Kuperman no le suceden las cosas que le sucedieron a otra gente. Las declaraciones que puse no son solo de una persona, sino de varias. Ella "simplemente" estuvo presa. Sin embargo, te agradezco que me digas que igual se siente esa densidad. Yo trato siempre dos cosas: de cuidar el suspenso, y para mí el desafío técnico-literario que más me satisface es cómo se puede contar tantas veces una cosa y que, sin embargo, siga teniendo interés. Y eso me dicen que pasa con la novela. Thriller quiere decir estremece, y me parece que es una novela que va en estremecimiento.

--Novela, Memoria, Historia y Sueño se llaman las cuatro partes en que está dividida la obra. ¿La novela se te planteó así, o esa organización es posterior?
--Salió así. Como que los datos que me iba dando el personaje iban construyendo otra historia. Al principio, lo que quería hacer es una cosa mucho más complicada, que era contarla en diversos géneros literarios, que un poco tiene de eso; pero hubiera sido muy forzado. Al principio es una especie de novela familiar, después es una especie de memoria... Luego lo que pasa es muy de principio de la democracia, en que uno empezó a darse cuenta de que el drama individual no era solo de uno. Uno sabía que en tal casa había pasado algo, pero en un momento nos dimos cuenta de que a todos nos había pasado algo, y eso fue un clic. Eso es lo que le pasa al personaje.

--¿Le parece que hay una nueva mirada narrativa sobre las formas de encarar la literatura sobre la memoria?
--Lo cierto es que cuando te acordás de lo que pasó, no te acordás de lugares comunes. Ninguna de las anécdotas. Ya te digo que todas son reales. Ninguna de ellas constituye un lugar común: el vecino de al lado, por ejemplo, desaparece pero vuelve. No son los lugares comunes de la dictadura.

El prestigio de la víctima, la simbología y referencia a Conrad

--¿Cómo tratar cuestiones que tienen que ver con la víctima en historias como la suya?
--Una cosa muy tremenda que tiene que ver con la novela es el prestigio de la víctima. Yo pensaba en eso que te decía de por qué la gente no contaba determinadas cosas muy pequeñas, y no las contaba por pudor, porque te parecía menor a lo que le había pasado a otra gente. Como si ser víctima fuera un privilegio. También eso es terrible. Porque, además, esto se vuelve como una especie de aristocracia del sufrimiento.

--El niño Leonardo Bazán toca el piano al mismo tiempo en que los esbirros de la dictadura entran a su casa. ¿Es importante, como él mismo se pregunta, a instancias simbólicas por lo menos, saber si en ese preciso instante estaba tocando Bach o una milonga?
--Ahí lo que quería ver es el increíble poder de la escritura ligada a la memoria. Si te preguntan por determinada escena oralmente, yo no me acuerdo, no puedo ver la escena, las fechas; en cambio, si te ponés a escribirla, sí. Puse esas dos músicas totalmente distintas, por lo menos para que el lector las distinguiera; pero, al mismo tiempo, para ver cómo esos pequeñísimos detalles pueden abrir un mundo distinto.

--En la novela está muchas veces escrita la palabra horror, tanto que terminé pensando en alguna alusión al apocalipsis conradiano. Al final me encuentro con que Bazán "sueña" con Conrad. ¿Hay un guiño allí?
--(Ríe) Era mi gran maestro cuando era chico. Me lo hicieron notar. Eso es hermoso, porque yo no me doy cuenta, como no me doy cuenta de la enorme presencia de Borges en toda la novela. Después me decía que sí, no por el horror, sino por el peso de la culpa, como Lord Jim.

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Articulo: http://www.ultimahora.com 30/06/2012