dimanche 29 juillet 2012

Carles GELI/ Muere la editora Esther TUSQUETS


Muere la editora Esther TUSQUETS
Por Carles GELI

La escritora fallece a los 75 años en Barcelona de una pulmonía, padecía párkinson
Dirigió durante casi 40 años la editorial Lumen

“Tengo sensación de final y quiero empezar a ir ligera de equipaje. A mi edad, uno se lo puede permitir todo”. Hace apenas poco más de dos años que la editora y escritora Esther Tusquets (Barcelona, 1936) justificaba así que se hubiera acentuado levemente su siempre latente irreverencia, que dejó en negro sobre blanco en sus últimos libros de memorias, como en Confesiones de una vieja dama indigna (2009). Ese viaje que intuía ha acabado hoy a los 75 años en el hospital Clínico de Barcelona por una pulmonía, punta deiceberg de un párkinson que padecía desde hacía años. Este martes será enterrada en Cadaquès (Girona), el mismo mar de (casi) todos sus veranos.

“Lo que sé del mundo y de la vida lo he aprendido en las novelas”, aseguraba hace un año para justificar así que en el último traslado a un piso más pequeño abandonara todo el ensayo de su biblioteca. Curioso: nunca fueron su vocación pero su vida fueron los libros. Durante 40 años dirigió la editorial Lumen, destacado sello de la particular santísima trinidad que en la Transición formó junto a Tusquets Editores y Anagrama.

Como en muchas cosas en la vida de Esther Tusquets, fue un proceso un poco azaroso. Su padre, Magí, compraría en 1960 la editorial religiosa fundada en Burgos 20 años atrás para su hija, de siempre una niña difícil, hechizada por el teatro pero poco sociable, angustiada y triste, como se autorretrató; pero que con 23 años y licenciada en Filosofía y Letras tras estudiar con inusual brillantez en el rígido Colegio Alemán, aceptó el reto: “No tenía vocación de editora pero me gustó enseguida”.

La biblioteca familiar de casa haría las veces de despacho donde, con su hermano Óscar (éste, arquitecto, al frente del diseño y con el que este mismo año contrastaron a cuatro manos sus recuerdos en Tiempos que fueron) empezaría a construir una editorial que arrancó encargando narraciones infantiles a autores consagrados en magníficas ediciones, quizá porque tenía en la cabeza la gran colección de libro infantil del XIX que atesoraba. Como Ana María Matute había acabado de ganar el Premio Nadal, ella fue la primera y el suyo el primer libro que publicó bajo su mandato: El saltamontes verde.

Inmediatamente vendrían colecciones como Palabra e Imagen, combinación de textos y fotos que le proporcionaron su primer best-seller, Izas, rabizas y colipoterras, con textos de Camilo José Cela e imágenes de Joan Colom sobre el barrio chino de Barcelona. Para la literatura de creación destinó Palabra en el tiempo, a la que puso al frente a un antiguo profesor suyo, Antonio Vilanova. Así fueron apareciendo Beckett, Styron, Woolf, Joyce, Céline…, siempre autores de calidad (algunos nunca antes editados en España, como Susan Sontag) y que en el caso español a veces eran descubrimiento personal, como ocurrió con Gustavo Martín Garzo, que pasó de publicar en un sello local a ganar el Premio Nacional de Literatura con El lenguaje de las fuentes. En otros casos, y consecuencia de su generosidad, sus descubrimientos fueron para otros, como cuando animó a Álvaro Pombo a presentarse al primer premio Herralde de novela, de la que ella fue jurado. También creó una excepcional colección de poesía nada rentable en aquella época, así como, con los años, la ya emblemática Femenino Singular, colección sólo para mujeres escritoras. “Podría decir Joyce o Woolf, pero hoy estoy orgullosa de haber editado a Bassani”, sorprendía a quien le preguntaba por ello la que la superagente Carmen Balcells bautizó como “la gran dama de la edición”. Ella no la escogió de representante porque “me parece arbitraria”: otra indigna confesión…

La apuesta por la calidad no fue barata: Lumen perdió dinero los siete primeros años de su mandato. Necesitó de un segundo éxito como las tiras de una niña díscola argentina, Mafalda, de Quino. A ella le gustaba mucho y empezó gestiones para incorporarlo a su catálogo, pero los derechos pertenecían a Carlos Barral, que vía su esposa, Yvonne, se los cedió. Hizo exactamente lo mismo con un semiólogo italiano, Umberto Eco. “Si Barral se hubiera quedado con Quino y Eco, de otro manera le hubieran ido las cosas”, reconocía ella misma.

Eco simboliza el tipo de relaciones que mantuvo con sus escritores, basadas en una fuerte amistad personal que sellaba fidelidades infinitas. Quizá por eso se limitó a poner como anticipo 500.000 pesetas de la época cuando Eco terminó el que sería su gran best-seller mundial, El nombre de la rosa.

Asentado el sello en las librerías pero también dentro de casa (en 1969 marchaban su hermano y la esposa de éste, Beatriz de Moura, que fundaron Tusquets tras el inevitable choque de trenes de personalidades entre ambas mujeres), la estabilidad pareció despertar la vocación escritora de Tusquets, que en 1978 se tradujo en la publicación de su primera novela, El mismo mar de todos los veranos, a la que siguieron El amor es un juego solitario (Premio Ciudad de Barcelona, 1979) y Varada tras el último naufragio, que integran La trilogía del mar. Para no volver, Con la miel en los labios, ¡Bingo!, dos volúmenes de relatos (Siete miradas en un mismo paisaje y La niña lunática y otros cuentos), que reunió Fernando Valls en Carta a la madre y cuentos completos, fueron configurando su siempre delicada pero muy fluida prosa. En cualquier caso, ella siempre salvó como su mejor libro Correspondencia privada.

A mediados de los 90, cuando la edición ya entró de lleno en la industria del ocio, se hacía difícil que una editorial trabajara con un ambiente tan familiar que sus adorados perros juguetearan entre originales o que no dedicara ya más tiempo a los números que a la literatura en sí. “No encontraba a nadie que llevara bien el negocio y por eso decidí venderla”. La afortunada sería, en 1996, la multinacional Bertelsmann, a través de Random House Mondadori, a la que vendió el 80%. Como en ella, todo rocambolesco: fue hablando con el representante de la firma alemana en el transcurso de una partida de bridge, juego que le enseñó su padre y que, junto al bingo y el póquer, acabarían generándole una a veces descontrolada ludopatía.

“No añoro mi etapa de editora; no volvería por nada del mundo; es un negocio muy complicado: el azar es la mitad del oficio”, declaraba hace poco, pero sí que tras jubilarse creó en 2002 un pequeño sello con su hija Milena, RqR. Aparcada esa vertiente, renació la de escritora, pero esta vez ya con esa famosa sensación de ir dejando lastre, que impregnaba su literatura pero que acentuaría centrándose directamente en recuerdos y memorias: Confesiones de una editora poco mentirosa,Habíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna. “Es una escritora proustiana que utiliza la memoria como arma de conocimiento. Con ella realiza un espléndido ajuste de cuentas con las costumbres de la España del último medio siglo”, decía de ella Ana María Moix, una de sus mejores amigas (“era tan racional y certera como apasionada”) y con la que pactó que, de fallecer la otra, no escribirían su necrológica. Esther Tusquets ya hizo la suya con los libros redactados y editados.

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Los fraternales desencuentros de Esther y Oscar Tusquets
Por Rosa MORA
21/02/2012

Los hermanos, él arquitecto y artista y ella editora y escritora, publican 'Tiempos que fueron'. Se trata de unas memorias familiares a cuatro manos. Un retrato de la Barcelona cultural de la posguerra

Oscar (“Sin acento, por favor. No me gustan los acentos en las mayúsculas”) Tusquets ha criticado a su hermana, Esther Tusquets, por sus libros de memorias. "No es cierto todo lo que cuentas de nuestra familia", le recriminó  él un día. "Pues escribe tú", contestó ella. Oscar aceptó el envite y decidieron hacerlo a cuatro manos, correo electrónico viene correo electrónica va. El resultado esTiempos que fueron (Bruguera, también en catalán). En este libro de recuerdos de infancia y juventud se desnudan hasta tal punto que sorprende. Está lleno de fraternales desencuentros y de alguna pasión compartida que reviven en este diálogo en un hotel de la Platja d'Aro, en Girona, donde pasaron 13 veranos. Miembros de una familia destacada de la sociedad y la cultura barcelonesa.

Esther Tusquets (Barcelona, 1936) dirigió durante casi 40 años la editorial Lumen, que compró su padre. Publicó en 1978 su primera novela, El mismo mar de todos los veranos, a la que siguieron El amor es un juego solitario y Varada tras el último naufragio, que integran La trilogía del mar. Para no volver, Con la miel en los labios, ¡Bingo!, dos volúmenes de relatos (Siete miradas en un mismo paisaje y La niña lunática y otros cuentos), reunidos por Fernando Valls en Carta a la madre y cuentos completos. Es autora, entre otros títulos, de tres libros de memorias:Confesiones de una editora poco mentirosa, Habíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna.

Oscar Tusquets (Barcelona, 1941) es arquitecto, diseñador, pintor y escritor. Socio fundador del disuelto Studio Per, realizó con el arquitecto Lluís Clotet buena parte de sus proyectos hasta 1984. Con Bd Barcelona Design se inició como diseñador de muebles y objetos. Algunas de sus piezas forman parte de las colecciones del MOMA de Nueva York y del Georges Pompidou, de París. Entre sus obras arquitectónicas, destacan la ampliación y remodelación del Palau de la Música de Barcelona y el Auditorio Alfredo Kraus de Kraus de Las Palmas de Gran Canaria. Ha publicado, entre otros libros, los ensayosMás que discutible, Todo es comparable, Contra la desnudez y Dalí y otros amigos y Anna. En la actualidad dedica el 50% de su jornada a la pintura y tiene proyectos como la construcción de una estación de metro en Nápoles y una exposición de Dalí en el Pompidou.

“Un día mi padre me dijo que no entendía cómo tenía dos hijos tan talentosos. Mi madre se indignó. ‘Son mis hijos’, dijo. “Quise mucho a mi madre y para lo bueno y para lo malo he heredado su talento artístico”, afirma Oscar.

Esther explica en Tiempos que fueron que su madre estaba convencida de que sería traductora y novelista. “Me parece que había decidido también que tú serías artista: arquitecto o pintor. ¿No te parece increíble que hayamos hecho exactamente lo que ella quería?”.

El mar es una de esas pasiones compartidas de los hermanos Tusquets. Por eso han elegido el Hotel Platja d’Aro , en Platja d’Aro (Girona) para hablar de su libro. Pasaron en él 13 veranos, casi solos, con una criada. Los padres solo iban los fines de semana. “Fue determinante, por lo excepcional y por la edad que tenía”, dice Oscar. “A nuestros padres les gustaba mucho el mar. Nos marcó para siempre”, añade Esther. El mar de Platja d’Aro es protagonista de su trilogía.

Oscar confiesa haber tenido terror a las “arbitrarias criadas”, bajo cuyos cuidados pasaron infancia y adolescencia. “Asesinaron a nuestra perra caniche. Una de ellas me decía: ‘Cuando dé la vuelta la tortilla les cortaremos el cuello a tus padres. Otra me encerró con llave en la habitación del Platja d’ Aro. Otra me pegó un bofetón porque había perdido un zapato”. A lo que Esther replica: “Las criadas no eran todas unas bestias dictatoriales y sádicas como tu describes. Hubo de todo”.

Tiempos que fueron está trufado de anécdotas. El día que Esther quiso vender a su hermano por un duro o cuando él le tiró “un cubierto”, no, un cuchillo”, rectifica Esther, con el que le rompió un trocito de diente porque se reía de él que lloraba ante un plato de espinacas hervidas. Esther no se chivó.

Que los niños pasaran las vacaciones en un hotel con una criada es insólito. Esther y Oscar hablan entre sí, casi como en el libro. Los textos son fácilmente distinguibles: los de Esther en letra azul, de cuerpo más pequeño, y los de Oscar, en negro.

Oscar: “Entonces no nos parecía extraordinario, era lo normal. Lo que me extraña es por qué no les explicamos a nuestros padres lo de las criadas”.
Esther: "No estoy muy segura, pero creo que no querían oírnos".

Oscar: "Eran muy especiales. Las memorias suelen ensalzar a los padres. Nuestros padres eran muy contradictorios: no estuvieron con nosotros, pero nos lo permitieron todo: colegios fantásticos y muchos medios para todo".
Esther estudió Filosofía y Letras. Oscar, Arquitectura y dibujo. No tuvo ninguna dificultad con sus "dispersiones": (química, radiofonía, aeromodelismo, trenes eléctricos…). Esther a los 15 ya viajaba sola al extranjero, clases de equitación y ballet.

Oscar: "Te pagaron clases para montar a caballo, ¿por qué lo dejaste?"
Esther: "Cogí miedo. Mi torpeza física siempre ha sido tremenda. Nunca he sabido dar una voltereta".

Coinciden en que a sus padres no les gustaban los niños.
Además de las vacaciones en el hotel Platja d’Aro, los hermanos disfrutaron de los fabulosos viajes de Semana Santa: Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda, Bélgica, siempre en dos coches, con primos, amigos y el amante de la madre.

Oscar: "Esther, a ti la familia te ha interesado mucho más que a mí. En habíamos ganado la guerra, cuentas eso de que la familia recibió a las tropas nacionales con banderitas, bueno; pero lo que dices de tía Blanca o de tía Sara, ¿a quién le va a interesar? Claro, vendiste siete ediciones…".
Esther: "Nunca escribo pensando en los lectores, ni en las feministas".

La figura de la madre, según el relato de los hermanos, es fascinante, aunque las relaciones que mantuvieron son extrañas, como casi todo en esta peculiar familia. Oscar dice que estuvo enamorado de ella y Esther está convencida de que mamá no la quería.
Oscar: "El 80% de tus libros gira en torno a nuestra madre. Mamá quería que fueras tan elegante y sofisticada como ella".
Esther: "Cuanto más insistía ella, más me fastidiaba a mí y reaccionaba peor".

Esther explica en el libro que su madre hizo lo que quiso hasta el final, cuidada por dos o tres empleadas y que ellos formalmente se portaron bien con ella y procuraron que no le faltara nada. "Pero ambos fuimos muy crueles con ella. Dejamos que muriera sola".
Oscar: "Mi padre estaba bien. Un día se fue a dormir y a la mañana siguiente estaba muerto. Pero mi madre tuvo una decadencia muy dura y no, no fui a verla en los últimos días. Era difícil de digerir. Victoria, mi mujer de entonces, se pasaba el día con ella".
Esther: "Yo estaba en París y no adelanté el regreso. Cuando volví, de madrugada, me dijo la enfermera que estaba en coma. Me fui sin verla. Yo vivía en el piso de abajo. Luego me dijeron que había muerto. Creo que no me quería".

Uno de los desencuentros más constantes entre los hermanos es si su familia vivía o no en la opulencia.
Oscar: "Esther, no es cierto lo que cuentas en tus memorias anteriores, eso de que vivíamos rodeados de lujo. La riqueza es relativa. Si me comparaba con mis condiscípulos de la Llotja (donde estudiaba dibujo) el abismo era enorme. Si lo hacía con los de la Escuela Alemana, el nivel era parecido, pero si lo hacía con algunos amigos del Club de Tenis Barcelona nuestro nivel era inferior".
Esther: "No éramos ricos si nos comparábamos con las familias del Tenis Barcelona o con las del Golf de El Prat, pero teníamos palco en el Liceo".

Oscar: "Sí, pero se alquilaba. No pertenecíamos al Círculo del Liceo ni al Ecuestre".
Esther: "He decidido que la riqueza no está bien".

Oscar afirma en el libro que ha perdido todo interés por "multitud de temas ideológicos, solidarios, de identidad nacional y no digamos políticos". Critica a Esther por el "buenismo zapateril" que, según él muestra en Pequeños delitos abominables.

Oscar: "Te lo dije antes de que cayera Zapatero, pero tú nunca has dicho que fuera listo".
Esther: "Presumo de ser de izquierdas".

Ambos coinciden en algo: saben cómo les gustaría morir. Oscar ha hecho testamento vital y Esther ha tomado también algunas medidas. Ella quiere morir en su "pisito de la calle Muntaner" o junto al mar. "No quiero que me ingresen en un hospital. No quiero un final feo y sórdido". Él desea que Eva, su mujer, organice una gran fiesta.
Oscar: "No temo a la muerte, pero sí al sufrimiento. Pienso en las cosas que dejaré de hacer, otro edificio, otra pintura, ver crecer a mis hijos".
Esther: "El año pasado creí que iba a morir, no tuve miedo, pero sí pensé en el futuro de mis perras".

Oscar: "¿Cuántas veces me llamaste? Muchas. ‘Oscar, ¿me quieres? Me muero".
Esther: "Solo te llamé dos veces".

Oscar: "Bueno, solo dos".
Esther: "No quiero que me incineren".

Oscar: "No me digas que tienes miedo al fuego".
Ester: "Quiero que me construyas un panteón cerca de Vicenza".

* Tiempos que fueron. Esther Tusquets y Oscar Tusquets. Bruguera. Barcelona, 2012. 265 páginas. 17,10 euros

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ENTREVISTA:UN CAFÉ CON... ESTHER TUSQUETS
"Me indigna lo mal que se enseña el castellano"
Por Agustí FANCELLI
06/12/2007

"Sí, habíamos ganado la guerra, no es verdad que la hubiéramos perdido todos, como se nos ha querido hacer creer. Y éramos también catalanes, franquistas catalanes. Es la verdad. Y la verdad, a veces, no es revolucionaria".

Esther Tusquets, de 71 años, cita en el Café de la Ópera, frente al Liceo de Barcelona. El lugar parece obvio, visto que el libro que acaba de publicar, Habíamos ganado la guerra (Bruguera), lleva en la portada una fotografía de Pérez de Rozas de una soirée liceísta de los años cincuenta, el Salón de los Espejos resplandeciente con caballeros de etiqueta y damas escotadas con guantes por encima del codo. Un capítulo entero está dedicado a este teatro, una constante en la vida de Tusquets, que se confiesa más amante de las temporadas de ballet que de las operísticas. Por si todo ello no bastara, aduce otra razón para justificar el lugar del encuentro: "En Barcelona no quedan cafés. Sólo éste y el Bauma".

La escritora catalana describe en un nuevo libro su pasado falangista

"El Liceo es el símbolo de una burguesía que había ganado la guerra y que hacía lo que le daba la gana, desde maltratar al servicio hasta conseguir todo tipo de prebendas". La memoria de Esther Tusquets abarca en este libro desde la primera infancia hasta los 18-20 años, cuando sufrió una crisis de misticismo justiciero que la llevó a militar en el falangismo más utópico e izquierdista. "Mis amigos se quedaron atónitos. Era un error, naturalmente, de haber habido otra guerra jamás esos falangistas se habrían puesto al lado de la izquierda. Tenía yo muy poca información política, era muy ingenua y este libro es un libro ingenuo. Todo es como lo viví".

Una toma de conciencia. De ahí a dirigir Lumen, editorial religiosa ultraconservadora que ella transformó en progresista a base de publicar a autores como Umberto Eco, media la vida de esta mujer fatigada. "Envejecer es horrible, una verdadera masacre, creo que eso lo decía Thomas Bernhard. Escribiendo te quedas más tranquilo". Escupe sapos Tusquets en su escritura, ludopatías, bulimias, errores, incertidumbres, odios, terrores, obsesiones, desamores. Un capítulo se titula Tocando fondo: quizá podría valer para su obra completa. Y sin embargo, la literatura se le cuela en cada página, mujer lectora mucho antes que escritora. Hay, por ejemplo, un retrato de Sant Pol de Mar a principios de los años cincuenta tremendamente proustiano, perfumado por el bienestar y el orden, como el Vilassar de Mar de Eduardo Mendoza enUna comedia ligera. "Todo estaba en su lugar en Sant Pol, las torres de veraneo, las casetas de baño, los toldos de cañizo, la zona de las sombrillas para los no habituales. Recuerdo cómo se vestían y maquillaban las mujeres para ir a la estación a recibir a sus maridos que llegaban de Barcelona los sábados".

No es fácil hacer literatura de la victoria, la épica siempre cae del lado de la derrota. Tusquets parece habérselo tirado todo a la espalda. "Cada vez me siento más contenta de ser catalana, por lo poco que nos entienden fuera. Pero no soy nacionalista. Y en Cataluña me indigna lo mal que se enseña el castellano en las escuelas. Éste es un país bilingüe. Pero ya le decía que soy muy ingenua. En realidad no soy experta en nada".

Uno diría que es experta en vivir. Y lo confirma cuando la última pregunta de la entrevista la pone ella al periodista: "¿Juega usted al póquer?". Hay que escabullirse rápido: aunque finja perderla, siempre acaba ganando la guerra.

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ENTRE LA MEMORIA Y EL AZAR
Una editora particular
Por Maria Luisa BLANCO
20/01/2007

ESTHER TUSQUETS empezó su carrera como editora en los años sesenta cuando su padre compró una pequeña editorial en la que proyectaban publicar no más de seis libros al año. Aunque esa cifra pronto se elevó hasta treinta, nunca sobrepasó el tamaño que le permitía leer personalmente la totalidad de su catálogo y relacionarse de forma atípica, casi doméstica, con el equipo de profesionales que siempre trabajaron con ella.

"Empecé con muchísimo miedo porque la editorial me cayó de las nubes, no tenía vocación de editora", recuerda ahora. "Mis amigos daban por descontado que no duraría más de dos años. Tuve suerte y mi mérito fue saber aprovecharla. Cuando tengo una buena mano de póquer le saco partido. Y Mafalda y El nombre de la rosa fueron dos buenas manos", dice refiriéndose a los títulos que asentaron definitivamente aquella aventura. Esther Tusquets dirigió Lumen durante casi cuarenta años y su trayectoria estuvo caracterizada por la calidad de autores frecuentemente descubiertos por ella. Fue el caso de Gustavo Martín Garzo, que pasó de publicar en un sello local a ganar el Premio Nacional de Literatura con El lenguaje de las fuentes. Además, fue pionera en dar a conocer a escritores nunca antes editados en España (Susan Sontag, por ejemplo) y en crear colecciones de literatura infantil magníficamente ilustradas, cuando ese género era aquí casi inexistente. También creó una excepcional colección de poesía nada rentable en aquella época y la ya emblemática Femenino Singular, una colección sólo para mujeres escritoras. Cambiar, el panorama editorial, sostiene, no ha cambiado tanto desde entonces: "Lo que está mal ahora es lo mismo que estaba mal en mi época, y es que se edita diez veces más títulos de lo que se debería. Las multinacionales lanzan un título a ver qué pasa en tres meses: o se convierte en un pequeñobest seller o se destruye y se quita del catálogo. Es lo contrario del editor vocacional, que hace poco a poco un buen catálogo del que nunca se tacha un autor. Y si salen cinco al año, salen cinco". Sobre las cifras de venta, matiza: "Son muy falsas. Quizá se venden más libros que antes, pero se venden los best sellers, los libros de calidad se venden menos. Eso es grave. Lumen vendía no sé cuántos miles de El nombre de la rosa, pero yo hubiera preferido que fueran menos y vender cinco mil de cada título de la colección Fantaciencia". Esther Tusquets se adelantó a su tiempo y con su estilo sereno contribuyó decisivamente a la cultura cosmopolita de la Barcelona que fue un referente cultural para todo el país en las décadas de los sesenta y setenta. Cuando a finales de los noventa las cifras del negocio amenazaban con obligarla a dedicar más tiempo a los números que a la literatura vendió el 80% del sello a una multinacional (Random House Mondadori), que la jubiló poco tiempo después, hace ahora diez años. Pero ni siquiera la jubilación la sumió en la nostalgia: "Comparado con el disgusto que tuve cuando murió mi último perro, el disgusto de vender Lumen no tiene color", declaraba en aquel momento, y esa declaración retrata muy bien la escala de valores de la editora, para la que disfrutar de lo que la vida le ofrece implica dedicar también su tiempo, y no en menor medida, a sus hijos, sus amigos, sus perros o sus viajes. Paralela a la edición, Tusquets desarrolló una brillante carrera como escritora que comenzó en 1978 con El mismo mar de todos los veranos y cuya última entrega es¡Bingo! Entre uno y otro, más novelas, relatos, ensayos y memorias como Prefiero ser mujer y Memorias de una editora poco mentirosa(ambos publicados por RqueR, el sello que montó con su hija al dejar Lumen). Finalmente, a caballo entre la autobiografía y la ficción, un libro excepcional, Correspondencia privada (Anagrama, 2001). Allí se reúnen cuatro cartas de la autora -una a su madre y tres a cada uno de sus amores- que constituyen un modelo de literatura introspectiva y el alumbramiento de toda una ética. Una auténtica joya y la demostración de que la buena literatura es la que habla de lo que le pasa a uno, de lo que nos pasa a todos.

Articulo: http://cultura.elpais.com 23/07/2012