dimanche 29 juillet 2012

Daniel FERMÍN/ Leonardo PADRÓN o el retrato de un imposible


ENTREVISTA
Leonardo Padrón o el retrato de un imposible
Por Daniel FERMÍN

"A mí me cuesta mucho llamarme poeta. Prefiero una palabra más genérica, que es escritor... Ya estoy cansado de las telenovelas. No creo que haga muchas más. Eso tiene su techo", señala Padrón.

A Leonardo Padrón (Caracas, 1959) le gusta explorar múltiples registros en la escritura. Va de la telenovela a la poesía; también a la literatura infantil. O a la entrevista, un género en el que retrata vidas ajenas. Su proyecto Los imposibles, que ya tiene cinco temporadas en sus distintas versiones, es un confesionario por el que han pasado personajes que resultan imposibles de ignorar. Como el propio escritor caraqueño.

-A los escritores se les pregunta por qué escriben. A usted habría que preguntarle para qué entrevista, ¿para mantener el oído abierto para la escritura o para rozar lo humano y encontrar personajes verosímiles? 
-La premisa inicial de la incursión en el género fue para reinventarme. Cada cierto tiempo ensayo una cabriola distinta para explorarme a mí mismo. El segundo punto, que está muy cocido al anterior, es descubrir a personajes que se han escrito a sí mismos. A mí, que tengo más de 25 años escribiendo personajes, me pareció llamativa la posibilidad de entrevistar a gente que califica como personaje. Indagar sobre su ética personal. Porque toda vida, por más modesta que sea, tiene una ética personal. 

-Usted es mediático: poeta, guionista, entrevistador, tuitero, autor de telenovelas, de libros infantiles... ¿Se considera un intelectual? 
-Yo no tengo muy claro lo que es un intelectual. Se que, a veces, lo que llaman la inteligencia estigmatiza a todo escritor que adquiera una nombradía que exceda la clásica resonancia que tienen los escritores. Yo me considero un oficiante de la escritura en sus distintos registros. Más allá de eso, no aventuro a ponerme etiquetas. Con el hecho de ganarme la vida con la única habilidad que ejerzo con cierta destreza es suficiente satisfacción. O poder escribir poesía, que es mi territorio sagrado de creación. 

-Hay quienes menosprecian su labor literaria por pertenecer al mundo televisivo. ¿Privilegia la escritura como un arte o como una forma de ganarse la vida? 
-La privilegio como un arte, pero sí con eso también puedo ganarme la vida, por qué no. A Cabrujas lo satanizaron cuando cruzó hacia la televisión. Ahorita, que está muerto, hablan maravillas de su labor. Es el clásico desdén por la cultura de masas. Incursionar en la televisión ha sido, para mí, un aprendizaje sobre la verdadera piel del país. Ahora, yo no escribo poemas para televisión, escribo telenovelas para televisión. Son cosas distintas. Son clanes verbales distantes con intenciones contrarias. 

-Escribir telenovelas es la antítesis de la poesía. Uno es un producto que va a las masas; lo otro, es un acto íntimo, casi catártico. ¿Cómo escribe sus poemas? ¿Espera a que llegue la inspiración o es un acto de disciplina?
-La escribo sin prisa, sin urgencia, cuando me asalta la necesidad de hacerlo. Yo he llegado a pasar siete años sin publicar un libro. La poesía responde a una necesidad íntima que posee su propio tiempo. Siempre estoy anotando ideas, imágenes que son la semilla de un poema. Lo voy asentando en un cuaderno de notas que después se trabaja con la disciplina que se tiene que trabajar cualquier episodio lingüístico. Tiene una dinámica mucho más libre que la escritura para televisión, que es implacable. Ahí no puedes excusarte con que no llegó la inspiración, tienes que entregar libretos y punto. Eso genera una extraordinaria disciplina con el oficio de escribir. 

-Hay quienes desconocen que usted formó parte del taller literario Calicanto. ¿Qué queda de aquel tiempo? 
-Queda el tatuaje de una zona de esplendor. Calicanto fue vivir una experiencia gratificante. Por ahí pasamos varias generaciones de escritores, de artistas plásticos o fotógrafos. Propiciamos una propuesta estética que tenía mucho que ver con la ciudad y una cantidad de elementos que en ese momento no estaban dentro de la literatura venezolana: incorporar a la poética la cotidianidad, el sentimentalismo, que hoy está en la obra de muchos. 

-Cito uno de los versos de su último libro: "Mi mayor obra han sido los poemas que nunca he escrito". ¿Qué le falta o qué le gustaría hacer a Leonardo Padrón? 
-Eso, poemas que nunca he escrito. Creo que, en el fondo, no hay lugar más honesto que un poema. Cuando escribí esa línea era porque uno siempre siente que la poesía es más grande que lo que uno haya hecho dentro de ella. La poesía es una zona por conquistar. De hecho, a mí me cuesta llamarme poeta. Prefiero una palabra más genérica, que es escritor. Y lo único que me atrevo a decir es que escribo poemas. 

-Usted se inició en la televisión como asistente de producción. Dijo que se asomó ahí para saltar al cine. ¿Qué fue lo que le hizo enamorarse de ella para seguir? 
-Escribir televisión tiene su pasión. Te da esa posibilidad de echar un cuento nacido en las cuatro paredes de tu cuarto, que empiece a rebotar por otros cuartos del país. Ningún escritor desdeña el poder de esa vitrina. Creo que eso es lo primero: sentir el poder de la escritura. La telenovela es el lenguaje de las emociones. Lo que pasa es que es un oficio tan público que todo el mundo se siente con autoridad de evaluarlo. El trabajo de un odontólogo lo evalúa el paciente; pero el de un escritor de televisión, desde una señora que cultiva hortalizas hasta un banquero. 

-¿Nunca ha llegado a cansarse de ella, decir ya me basta con 10 telenovelas? 
-Ya estoy cansado. No creo que haga muchas más. Eso tiene su techo en términos de energía. Ahorita abro otros flancos de intereses creativos. Todos los escritores hemos pasado por momentos de euforia con el género, también de desgaste. La televisión venezolana ahora vive un vía crucis notable. Y en esas condiciones es más cuesta arriba escribir. 

-¿Y qué necesitaría la televisión venezolana para volver a ser la que fue? 
-Otro contexto sociopolítico, otras reglas de juego económico. Ha habido un éxodo masivo de anunciantes, hay una ley resorte que tiene gangrenada la creatividad de los oficiantes de la televisión. Hace falta poder respirar oxígeno limpio. 

-María Fernanda Palacios dice que hay que ver la vida privada de un autor como la trama secreta de la obra. De usted se dice que hace de su musa, su pareja. ¿Qué podría interpretarse de ello? 
-Mi musa es la condición humana. No es, como dicen, determinada actriz. Creo que son circunstancias personales que ocurren. Lo extraño sería que te involucraras afectivamente con alguien que no está en tu ámbito laboral. Lo que pasa es que aquí entra el morbo de ese mundo mediático. Eso, en el fondo, es intrascendente. 

Para terminar, ¿qué es lo peor que han dicho de Leonardo Padrón? 
-Demasiadas cosas. Desde Mario Silva hasta ciertas páginas de farándula: un particular catálogo de descalificativos. Ya aprendí a lidiar con eso. 

Articulo: http://www.eluniversal.com 29/07/2012