lundi 2 juillet 2012

Las ruinas de un texto


Las ruinas de un texto

El célebre escritor le plantea ahora al lector el quiebre de sus expectativas: esperaba una novela y le da un drama o lo que se asemeja mucho a uno.

Lo primero que sorprende en El Sunset Limited , del novelista norteamericano Cormac McCarthy, es la forma de la obra: un aparente drama en el cual dos personajes dialogan y los únicos vestigios de narración son las usuales indicaciones escenográfica o de dirección actoral que el autor hace muy de vez en cuando, destacadas en cursiva del resto del diálogo. ¿Es una pose acaso? El célebre escritor, autor de novelas memorables como Todos los hermosos caballos, Las ciudades de la llanura, No es país para viejos o La carretera, sólido narrador, por momentos brillante, ganador del Premio Pulitzer, candidato perseverante al Nobel, le plantea ahora al lector el quiebre de sus expectativas: esperaba una novela y le da un drama o lo que se asemeja mucho a uno. No hay anuncio, no hay prólogo, no hay ninguna indicación en la portada o contraportada, ni en las solapas. Se da simplemente por descontado el hecho como si diera lo mismo que un escritor que ha desplegado su talento como narrador de pronto se ponga a dramatizar, como si saltar de la novela a la dramaturgia fuese un pasaje menor, un ligero gesto que no reclama el más mínimo comentario. Puede ser una simple omisión de la edición, lo cual, por lo demás, no sería raro.

En efecto, porque lo segundo que sorprende en El Sunset Limited, y sorprende muy mal, es la traducción del señor Luis Murillo Fort. Es frecuente escuchar los reclamos de críticos y lectores por versiones que optan por el conato de ir de la jerga de un idioma a la jerga de otro, dando lugar para el lector que no maneja esa jerga una sensación de inverosímil, y hasta cómica, lejanía. En este caso, la "traducción" de El Sunset Limited produce fragmentos de castellano grotesco que, por cierto, no son atribuibles a Cormac McCarthy (que seguro se horrorizaría de que se perpetren estos crímenes contra un noble idioma como el castellano a pretexto de traducirlo), pero que ofuscan indefectiblemente la estimación de su obra, porque la traducción es el filtro a través del cual la apreciamos. Una perla entre miles: "Vaya. A saber qué se propondrá este chiflado de negrata. Igual va y me echa mal del ojo. Mejor que levante el culo y me largue de aquí. Es capaz de birlarme la cartera. Tengo que ir cagando leches a la estación, no sea que me ocurra algo. Ay, profesor, ¿qué vamos a hacer con usted?".

En tercer lugar, sorprende también el tema, la naturaleza del mismo y, sobre todo, su dimensión, su envergadura. El diálogo que lector leerá versa nada menos que acerca de la existencia de Dios y el sentido de la vida. McCarthy arriesga mucho, casi demasiado, porque las comparaciones surgen por cientos, y entre los textos y los autores que vienen a la mente de cualquiera cuando se tocan estos asuntos están las mejores cabezas y plumas de Occidente y también fuera de Occidente. McCarthy enfrenta dialécticamente la visión de un profesor universitario blanco, ateo y que ha perdido sus últimas ilusiones y reservas de sentido (los bienes de la alta cultura), intelectualmente refinado, con la creencia viva en Jesús y en Dios de un ex presidario negro, iletrado e ingenuo pero quizás más perspicaz que el primero. Se trata de un diálogo de sordos o, mejor dicho, de un diálogo en que, así lo muestra McCarthy, el creyente intenta inútilmente romper la sordera del ateo. No espere encontrar el lector la profundidad de ideas y la finura de pensamiento que hallará a raudales en El Fedón, El poder y la gloria o El diablo y el buen Dios, para citar tres obras que con distintos estilos y a partir de puntos de vista doctrinarios diversos han abordado el mismo tema que propone El Sunset Limited con una estructura de una polaridad demasiado básica, visible, simple y sin matices.

En lo que la traducción deja entrever del original -que es muy poco-, quizás lo que Cormac McCarthy se propuso es escribir una novela dramatizada cuyo argumento es el siguiente: un profesor universitario, que ha perdido las ganas de vivir, es salvado del suicidio por un negro que lo detiene antes de lanzarse bajo las ruedas del tren en la estación del metro Sunset Limited y, luego, en su precario hogar, trata de convencerlo de que no lo intente de nuevo. El relato, que emplea únicamente diálogos, se inicia en la segunda parte de la historia, cuando ambos personajes ya se encuentran en la casa del pastor negro y busca, más que construir un diálogo filosófico, elaborar una situación dramática real, encarnada en personajes verosímiles que no sean tan sólo un estereotipo alegórico. Pero esa lectura es casi una sospecha que pide leer la obra en su idioma original o reclama una mejor traducción.

El diálogo que el lector leerá versa nada menos que acerca de la existencia de Dios y el sentido de la vida. McCarthy arriesga mucho, casi demasiado, porque las comparaciones surgen por cientos.

Articulo: http://diario.elmercurio.com   01/07/2012

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