lundi 2 juillet 2012

Patricio TAPIA/ David FOSTER WALLACE: Autor de “La broma infinita”


Escritor estadounidense: Autor de “La broma infinita”
David FOSTER WALLACE, algo supuestamente divertido que también es serio
Por Patricio TAPIA

Muerto por mano propia en 2008, David Foster Wallace era considerado uno de los escritores mas brillantes de su generación. Actualmente están disponibles sus obras porque se han publicado o reeditado casi todos sus libros.

A pesar de su pirotecnia estilística, su tono irónico y sus técnicas de vanguardia post-estructural, David Foster Wallace aspiraba también a una seriedad moral de viejo cuño. En un ensayo sobre Dostoievski, en Hablemos de langostas, se lamentaba de la falta de seriedad de la narrativa actual y que las personas se burlaban ante problemas internos planteados seriamente: “Pero no se reirían (no podrían) si una obra de ficción moralmente apasionada y apasionadamente moral fuera también una narración ingeniosa y radicalmente humana. Pero ¿Cómo conseguir eso?”

Narraciones ingeniosas y morales

Sus intentos por conseguirlo mezclaban contorsiones argumentales y energía verbal. Son escritos exuberantes, desmesurados, sobrepoblados de hechos, datos, digresiones, tecnicismos, desvíos filosóficos, copiosas notas a pie de pagina y notas finales. Su estilo es obsesivo, repetitivo, articuladísimo y sarcástico, con referencias que pueden ser rebuscadas o triviales. Lejos del minimalismo, escribe largas, larguísimas, oraciones en narraciones interminables y fragmentarias.

La primera novela que publico, muy joven, refleja tanto sus influencias de los escritores mandarines estadounidenses como sus intereses filosóficos. La escoba del sistema (1987, no traducida al castellano) es una novela tributaria de Thomas Pynchon que intentaba presentar algunas ideas del filosofo austriaco Ludwig Wittgenstein: un personaje decide comer hasta llenar el mundo; otro es una mujer que teme no ser sino un personaje en un relato, y su novio la tranquiliza contándole historias que son una suerte de alegorías de su relación.

Las dos novelas siguientes – una la publico en vida y estaba trabajando en la otra cuando se suicido en 2008 – demuestran una mayor madurez y una marca mas personal, así como su gusto por la extravagancia y el exceso. La broma infinita (1996) – que adquirió un carácter emblemático para los lectores jóvenes – es de dimensiones colosales (mas de mil paginas) y su narración toma varias líneas: una es la historia de los hermanos Incandenza: un promiscuo jugador de futbol americano, un enano y, el mas importante, un atormentado prodigio del tenis; los tres bajo la sombra de su padre suicida. Otra línea es la de un ex adicto al Demerol. Y, finalmente, la de un grupo separatista quebecano, que intenta conseguir una copia de la extremadamente escasa película “La broma infinita” para usarla como arma terrorista, pues ella es capaz de matar de placer.

Si La broma infinita presentaba un país obsesionado con la diversión, particularmente a televisión, su novela póstuma, El rey pálido, lo presenta como el paraíso del tedio. Las historias (o fragmentos) giran en torno a la Agencia Tributaria Federal, de un pueblo de Illinois, con su monotonía y reglas burocráticas. El autor no renuncia a los trucos de sabor posmoderno: aparece una versión del propio Foster Wallace (hay una parte que figura como una memoria); hay un agente con poderes psíquicos que puede obtener datos triviales de quienquiera solo con mirarlo; otro cuenta compulsivamente las palabras mientras habla y otro logra tal concentración y calma que puede levitar mientras trabaja. Hay además en esta novela sugerentes consideraciones sobre la moralidad de los sistemas impositivos.

Aunque las explosiones del absurdo suelen estar barnizadas de melancolía, hay que señalar que, además, ambos libros son un retrato de la cultura postindustrial y del miedo de las personas que la habitan. Ambas novelas son una atendida exploración de Estados Unidos como el centro de las adicciones: desde las drogas a la entretención, desde el aburrimiento al desamparo.

El rey pálido, en realidad, es una novela finalizada por el editor. Al morir, Foster Wallace dejo unas doscientas paginas terminadas y una serie de fragmentos dispersos que su editor recopilo y ordeno.

Gracias y desgracias

Nacido en 1962, hijo de profesores universitarios, Foster Wallace ya de niño comenzó a jugar tenis y llego a ser bueno, figurando en los ranking de las divisiones juveniles. “Entre los doce y los quince años fui un jugador de tenis juvenil casi formidable”, afirma en uno de los ensayos de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Llego al college de Amherst, dedicándose a las matemáticas y la filosofía: su tesis sobre el libre albedrío ha sido recuperada recientemente como Fate, Time and Language (Columbia UP, 2011).

Pero un día se sentío tan mal que necesito volver a casa. Fue a ver a un psiquiatra que le prescribió como antidepresivo Nardil. Decidió que no seria filosofo: “Tuve una especie de crisis de la mediana edad a los veinte, lo que probablemente no era un buen augurio de mi longevidad”, señalo en una entrevista. Entonces comenzó a escribir ficción. Regreso a los estudios, ahora de escritura creativa, y a leer compulsivamente. Se dejo el pelo largo y comenzó a usar un pañuelo en la cabeza (según dijo mas tarde en las revista Rolling Stone, lo usaba para que su cabeza no explotase).

Después de terminar sus estudios en 1987, enseño por un tiempo en Amherst. Comenzó a beber en exceso. Regreso a Illinois. Una noche intento suicidarse con píldoras. Sobrevivió y entro a un centro psiquiátrico donde fue sometido a terapia electro convulsiva. La experiencia lo horrorizo pero pensó que le había servido.

En Harvard le ofrecieron ensenar, pero también allí sufrió una crisis psiquiatrita. Decide luchar contra sus adicciones y participa en programas de rehabilitación de narcóticos y alcohol.
Combinando enseñanza con escritura, logra vivir y publicar. Realiza también trabajo periodístico: asistiendo desde una feria agrícola hasta la premiación anual de la industria estadounidense del porno, sigue la campaña del candidato republicano a la presidencia John McCain el año 2000, va a un crucero de lujo por el Caribe, escribe sobre libros y sobre tenis. Parte de ese material esta recogido en los libros Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (1997) y Hablemos de langostas (2005). También en esas piezas se escondían preguntas morales. Por ejemplo, cuando asiste al Festival de la langosta de Maine la pregunta fundamental la deja caer en algún momento: “¿esta bien hervir a una criatura viva y sensible solamente para nuestro placer gustativo?”.

Por esos años su vida parecía estar bien. Se caso con la pintora Karen Green en 2004. tenia éxito y trabajaba en su próxima novela. En 2007 dejo el Nardil por sus consecuencias estomacales, de presión y, sobre todo, porque en algún momento pensó que estaba interfiriendo con su evolución creativa, silenciando o bloqueando sus emociones. En septiembre de 2008 se suicido en el patio de su casa, colgándose. Había estado por meses en una profunda depresión.

Sinceridad

En el cuento “La persona deprimida” de Entrevistas breves con hombres repulsivos, el narrador señala: “Paxol, Zoloft, Prozac, Trofanil, Welbutrin, Elavil Y Metrazol en combinación con terapia electro convulsiva unilateral (durante un tratamiento voluntario con hospitalización requerida dos semanas en una clínica regional para Desórdenes Afectivos), Préñate tanto con sales de litio como sin ellas y Nardil tanto con Xanax como sin él. Ninguna de ellas había proporcionado ningún alivio significativo de la angustia y los sentimientos de aislamiento emocional que convertían cada hora de la vida de la persona deprimida en un infierno indescriptible, y muchas de las medicinas habían causado efectos secundarios que a la persona deprimida le habían resultado intolerables”. Foster Wallace nunca publico nada sobre su propia enfermedad mental. 

En El rey pálido aparece uno de los agentes que recuerda que en el colegio comenzó el miedo de llamar la atención y sus ataques de sudor incontrolable que lo obligaban a correr al baño donde el papel con que se secaba llegaba a desintegrarse por su copiosidad.

D. T. Max en su articulo del New Yorker, que sirvió para que se embarcase en una biografía que aparecerá en agosto de este año, cuenta que en el colegio Foster Wallace comenzó a llevar una toalla consigo para secarse la copiosa transpiración que le producían los ataques de ansiedad; llevaba también le preguntara por la toalla.
La personalidad de Foster Wallace esta presente en sus escritos – que según algunos definieron el talante y las inquietudes de su generación -, así como su oblicua confesión. Era un autor, a la vez, sofisticado e ingenuo, en que convivían ironía y sinceridad. 

Sin embargo, reseñando la biografía de Borges escrita por Edwin Williamson, Foster Wallace cuestionaba la tendencia común de las biografías de extraer de las vidas de los escritores las claves para entender sus obras, y viceversa. Los hechos vitales de Borges, señalaba, son irrelevantes para esos fines. Aunque, discutible, si eso fuera valido para la vida de un escritor, debería serlo también para su muerte.

Articulo: http://www.mer.cl 17/06/2012

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...