dimanche 29 juillet 2012

Pedro GANDOLFO/Robert WALSER: El paseante eterno


El paseante eterno
Por Pedro GANDOLFO

El escritor suizo Roberto Walser viene ejerciendo merecidamente en las ultimas décadas su hechizo sobre un grupo creciente y refinado de lectores, entre los que se cuentan narradores esenciales de la literatura de los últimos cien años, escritores como Kafka, Musil, Hesse, Canetti, Benjamin, y, ahora, J.M. Coetzee. A todos ellos les resulta difícil y, finalmente, irreductible a palabras la admiración que suscita la obra de Robert Walser y, de ordinario, los comentarios se deslizan hacia su tortuosa y extravagante biografía, incluso en un autor por lo común tan analítico como el propio Coetzee.

La novela, que ahora reedita Editorial Debolsillo y, por ende, pasa a ser asequible a un publico mas numeroso que el de las usuales y lujosas Ediciones Siruela, es la primera (1906) del escritor suizo, Los hermanos Tanner, quizás la mas célebre de todas, y en ella se encuentran ya plenamente desarrollados los atributos tan singulares de su obras.

El argumento sigue las peripecias del joven Simon Tanner, un héroe muy particular, inestable, rebelde, vital y a la vez melancólico y turbiamente lucido y, en su ir y venir, describe los encuentros con sus hermanos –Kaspar, Hedwig, Klaus – y con otros personajes secundarios, todos trazados con mano magistral por Walser, en brevísimas descripciones. Simon –un alter ego de Walser, con cuya vida se pueden establecer visibles paralelismos – se niega a sentar cabeza, adquirir una formación completa, dedicarse a un trabajo estable. La novela enfrenta aquí a Simon con los valores de orden, estabilidad, disciplina y estudio, de decoro familiar y cautelosa preocupación por el futuro tan propios de a pequeña burguesía. Desde la perspectiva de ese mundo burgués, la vida de Simon es una mezcla incompresible de haraganeo y desfile de oficios diversos, sin carrera ni perspectiva futuras. El protagonista de la novela rechaza el camino tradicional y, a la luz del ultimo capitulo, parece que no ha aprendido nada y, tozudamente, persiste en su opción inicial por la aventura y la libertad, por prolongar su adolescencia, por dejar abierta indefinidamente su formación. Si la “novela de formación” es, precisamente, un género principal en la literatura en lengua alemana, Los hermanos Tanner resulta una suerte de inversión del género, porque en ella Walser construye un héroe que se empeña en quebrar risueñamente, pero con fuerte convicción, los parámetros convencionales de esa formación, no solo en el plano laboral, sino también en el sentimental y social, como si de aquella “formación” tan solo resultara en una infeliz “deformación”. Es posible que este tipo de héroe alocado tenga precedentes –sobre todo en el cuento popular alemán-, y que las ideas y opiniones que lo sostienen del mismo modo se inspiren en otros autores.

Sin embargo, Simon, al igual que el autor, es un gran paseante, y los rastros y pausas de su vagar marcan la ligera arquitectura de Los hermanos Tanner que, siguiendo los zigzagueos del protagonista, incurre en sorprendentes elipsis y saltos, deja historias sin concluir y abre otras de manera súbita. Esta forma muy suelta de narrar, que por momentos recuerda a Rousseau, Sterne o J.D. Salinger, no hace perder la unidad del relato (que se ciñe en torno a Simon y sus hermanos) y le confiere a su escritura esa cadencia andarina que es el equivalente artificial de una fluida conversación. El paseo, un tópico esencial en la obra de Walser, posee aquí un proyección casi ideológica: a contracorriente de la carrera (o carretera) predeterminada socialmente hacia el éxito, la obra propone el paseo azaroso como itinerario vital. Impresiona en este esquema la importancia que el relato otorga en todo momento a la unión –reunión o conjunción- entre los protagonistas y la naturaleza, concebida como una entidad casi religiosa, que el paseo posibilita.

La prosa de Walser –que escribía en un alemán culto, el idioma que aprendían los niños suizos en el colegio- se halla transcrita a un castellano correcto y, en ocasiones, armonioso y elevado por Juan José Solar, lo cual permite apreciar, al menos parcialmente, ese rasgo extrañamente ingenuo, esa luminosidad en apariencia naif con que Walser percibe su entorno, ese prisma que constituye su singular visión del mundo, su sello. Esa mirada, aplicada a cualquier objeto, persona o episodio, por minúsculo que parezca produce un efecto azorante de “desfamiliarizacion”, a través del cual las opiniones y valores habituales tiemblan agitados por un humor suavemente risueño. Simon, al igual que el narrador (el cual se encuentra focalizado principalmente en él), es un sujeto en una permanente actitud contra mundus, una curiosa y atractiva mixtura de la figura del vidente y santo, de un lado, con la del rebelde y haragán presumido, del otro.

Una obra  esplendida e inagotable, sin duda, para releer y paladear morosamente.

Los hermanos Tanner
Robert Walser
Traducción de Juan José del Solar
Editorial Debolsillo,
Barcelona, 2012, 277 paginas, $7.500, Novelas

Articulo: http://www.mer.cl 22/07/2012