lundi 2 juillet 2012

Pedro Pablo GUERRERO/70 años de madurez & cambios


Aniversario: Premio Nacional de Literatura
70 años de madurez & cambios
Por Pedro Pablo GUERRERO

Creada en 1942 por una ley que promulgo Juan Antonio Ríos, la máxima distinción de las letras chilenas ha sido objeto de varias reformas en su historia. Hay quienes opinan que ya es tiempo de pensar en otras.

Apoyar la obra de artistas y escritores por medio de un reconocimiento publico fue una de las promesas de Pedro Aguirre Cerda en las elecciones de 1938. Al asumir la Presidencia, y pese a los esfuerzos presupuestarios que demando el terremoto de 1939, no abandono esta idea, que se discutió en círculos intelectuales, universidades y a través de la prensa.
La iniciativa estaba a punto de ingresar a Congreso cuando el Mandatario falleció el 25 de noviembre de 1941. Los escritores Rubén Azocar, Manuel Rojas y Joaquín Edwards Bello retomaron el proyecto, que fue impulsado por el diputado radical Exequiel González Madariaga y los parlamentarios Eliodoro Domínguez, Astolfo Tapia Moore y Julio Barrenechea, todos del Partido Socialista.

La moción se aprobó sin mayor debate. El 9 de noviembre de 1942, el Presidente Juan Antonio Ríos promulgo la Ley 7.368 que creaba los Premios Nacionales de Literatura y Arte. Designaba como jurados del primero al rector de la Universidad de Chile, a un representante del Ministerio de Educación y a otro de la Sociedad de Escritores de Chile (SECh). El premio consistía en 100 mil pesos y se especificaba que los fondos necesarios para provecer este monto salieran – lo que son las cosas – de un impuesto especial a la cerveza.

El Premio Nacional de Literatura se entrego anualmente hasta 1972, cuando el Gobierno de la Unidad Popular decreto que, en adelante, se otorgara cada dos años. La Junta Militar modifico la composición del jurado excluyendo a la SECh. Una reforma de 1992 integro a un miembro de la Academia Chilena de la Lengua, un representante del Consejo de Rectores y al ultimo escritor galardonado.

Balance optimista

La historiadora Myriam Duchens, asesora cultural del gabinete del Ministerio de Educación, y encargada de Premios Nacionales, ha estudiado los orígenes y el sentido de este reconocimiento. “Desde su creación hasta el año 2010, un total de cincuenta personas lo han recibido. En esta nomina se encuentran, en general y sin perjuicio de algunas omisiones difíciles de justificar, los mas importantes escritores y poetas que ha producido el país. Desde esta perspectiva, el balance es positivo”, asegura. 

El Premio Nacional se otorga en la actualidad a once disciplinas que se fueron incorporando con el tiempo. Que la literatura fuera la primera en ser reconocida se puede atribuir a varios factores. Hacia 1940, según constada Duchens, el campo literario ya contaba con una serie de premios, certámenes e instituciones. Destaca al respecto la formación de Ateneos a partir de 1888, año del surgimiento del primero, en Santiago. Gran impacto tuvieron los Juegos florales literarios, organizados en 1914 por la Sociedad de Artistas y Escritores de Chile, que premiaron los “Sonetos de la muerte” de Gabriela Mistral. En 1921, Pablo Neruda gano el concurso de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, con “La canción de la fiesta”. En la década de 1930 se instauro el Premio Municipal de Santiago.

Hubo también razones conmemorativas. La cercanía de los centenarios de la Generación de 1842 y de la fundación de la Universidad de Chile, en 1843, ameritaban celebraciones institucionales. Pedro Aguirre Cerda no podía tener una mejor disposición para aceptar la propuesta de la Sociedad de Escritores de Chile, fundada en 1932, de crear un premio estatal que junto con laurear la trayectoria literaria, recompensara económicamente a sus ganadores; incentivo estimable para un gremio cuyos integrantes provenían, mayoritariamente, de las clases medias y bajas.

El hecho de que el primer galardonado, Augusto d’Halmar, cumpliera 60 años precisamente en 1942 hizo que algunos considerasen que el Premio Nacional había sido su torta de cumpleaños, creado prácticamente ad hoc para mejorar su precaria situación. Sin embargo, de acuerdo al académico Ricardo Loebell, investigador de la vida y obra del escritor, esto no es mas que un mito. “Se premio la trayectoria, la capacidad y el compromiso ininterrumpido de crear, investigar e influir en su género. D’Halmar fue un gran transmisor de la literatura extranjera, una especie de Google o Bolaño de la época. Tradujo a escritores franceses y estudio a escandinavos, rusos y alemanes, aunque lo hizo desde el francés, que era la lengua de su padre. Ellos no solo influyeron en su propia obra sino en la de sus contemporáneos de la generación del 900. Juntos orientaron el programa político-cultural del Estado para el Centenario de la Republica en 1910, en temas como el de la alfabetización de todos los chilenos”, destaca Loebell.

Omisiones y discriminación

El Premio Nacional de Literatura ha recibido criticas por distinguir, en setenta años, a solo cuatro mujeres: Gabriela Mistral (1951), Marta Brunet (1961), Marcela Paz (1982) e Isabel Allende (2010). Apenas cuatro de cincuenta laureados. Tampoco reconoció el aporte de escritores como Vicente Huidobro, María Luisa Bombal, Enrique Lihn y Jorge Teillier, incorporados hoy al canon literario.  En 1922, el poeta de Altazor y la autora de La amortajada fueron las exclusiones mas mencionadas en una encuesta que realizo “El Mercurio” entre escritores que si obtuvieron la distinción.

A pesar de estas ausencias, Myriam Duchens asegura que el objetivo central del premio – “destacar a los mayores exponentes de la creación literaria local” – se ha mantenido a través de los años. “Obviamente – precisa -, la forma en que se concreta lo anterior posee muchos elementos subjetivos y hay aspectos circunstanciales que influyen al momento de otorgar el Premio. Esto queda claro cuando se revisan las discusiones publicas que se dan durante  las semanas que anteceden y suceden a cada una de las entregas. Sin embargo, si se repasa desapasionadamente la lista de los premiados, se vera que ella contiene a las máximas cumbres de la literatura nacional durante este periodo. Ciertamente hay omisiones, algunas mas graves que otras, o hay casos difíciles de explicar, como el de Gabriela Mistral, que recibió en 1945 el Premio Nobel de Literatura y solo en 1951 el Premio Nacional. Pero, si se toma una cierta distancia de la contingencia, es claro que el objetivo del Premio Nacional de Literatura se ha cumplido”.

Ricardo Loebell se muestra mas critico. “El actual Premio Nacional apenas hace hincapié en la obra – señala -. Ya no se orienta al trabajo del autor, como fue el caso de José Santos González Vera, cuya escueta obra refleja su compromiso con el proceso cultural de la nación”. 
A su juicio, mas que conceder una jubilación de facto, el Ministerio de Educación debiera difundir los libros del ganador haciéndolos mas asequibles: ediciones de tiradas generosas, que circulen en Chile y el extranjero, a través de vínculos con agentes literarios y un fondo de fomento para su traducción, tal como el que existe en otros países.

Tal vez sea mucho pedirle a un ministerio que enfrenta problemas mas urgentes, dicen algunos. Desde hace años, permanece estancado en el Congreso un proyecto de ley que transfiere al Consejo de la Cultura y las Artes varios Premios Nacionales. Iniciativa que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de caer en el olvido, tal como varios escritores que recibieron el máximo galardón de las letras chilenas.

Articulo: http://www.mer.cl 03/06/2012

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