dimanche 19 août 2012

Fernando DÍAZ DE QUIJANO/ El legado de Miguel HERNÁNDEZ llega a Jaén


El legado de Miguel Hernández llega a Jaén
Por Fernando DÍAZ DE QUIJANO 
Publicado el 14/08/2012

5.000 documentos del poeta serán estudiados y expuestos en la provincia andaluza tras la disputa de los herederos con el Ayuntamiento de Elche

Las numerosas cajas que atesoran el legado poético de Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) han salido hoy de Elche rumbo a su nuevo hogar, la provincia de Jaén. Las desavenencias con el consistorio ilicitano han llevado a los herederos del autor de El rayo que no cesa a buscar un nuevo emplazamiento para los 5.000 documentos que su viuda, Josefina Manresa, depositó hace 27 años en la localidad alicantina. “Todo este tiempo han estado encerrados en una habitación con cuatro cerraduras”, se lamenta al otro lado del teléfono Lucía Izquierdo, nuera del poeta. 

En 2010, Izquierdo firmó un contrato con el anterior alcalde de Elche, el socialista Alejandro Soler, para prorrogar durante 20 años la cesión del legado de Hernández. Pero a cambio, el ayuntamiento debía poner en marcha un proyecto cultural para estudiar los documentos y ponerlos a disposición del público, lo que costaría 150.000 euros anuales. Tras las elecciones de 2011, la nueva alcaldesa del PP, Mercedes Alonso, rompió el acuerdo alegando que el ayuntamiento no podía hacer frente al compromiso adquirido por el anterior equipo de gobierno debido a la crisis económica.

Ante esta situación, la Diputación de Jaén, el Ayuntamiento de Quesada (tierra natal de la esposa del poeta) y la Junta de Andalucía han dado un paso al frente y han asumido los costes del proyecto. El acuerdo se ha hecho oficial hoy en un acto al que han acudido representantes de estas instituciones, así como Izquierdo y los nietos del poeta, María José y Miguel Hernández. Parte del legado del poeta de Orihuela se quedará en el Instituto de Estudios Giennenses, en la capital de la provincia. Son más de 1.400 manuscritos que, en palabras del catedrático José Carlos Rovira, constituyen “el sorprendente taller de escritura de Miguel Hernández”, que permiten conocer, a través de tachaduras y anotaciones, la manera en que el autor construía sus poemas. 

Izquierdo ha revelado que aún quedan nueve cajas de material inédito por analizar y catalogar, una tarea que comenzará a partir de septiembre. El resto, formado por efectos personales, pinturas, cartas y una biblioteca personal de más de 1.000 volúmenes, se expondrá en un museo creado ad hoc en la localidad de Quesada, en un recinto anexo al Museo del pintor Rafael Zabaleta. El nuevo proyecto, explica Izquierdo, incluye además laceración de la Fundación Miguel Hernández-Josefina Manresa, que será la entidad encargada de coordinarlo, así como un sello editorial propio y acuerdos con la Universidad de Jaén y otras de Andalucía. Según Izquierdo, la familia del poeta ha dado un plazo de dos años para poner en marcha este ambicioso proyecto cultural, que prevé incluso becas de investigación para buscar en Rusia el material audiovisual que dejó constancia de su visita a la URSS como representante de la República.

“No vamos a cobrar absolutamente nada”, recalca Izquierdo, que asegura que los herederos sólo percibirán lo que corresponda por los derechos de autor que generen las publicaciones relacionadas con el proyecto. De esta manera, la nuera del poeta desmiente que hayan roto con Elche por motivos económicos, tal como asegura la alcaldesa de la localidad. No obstante, la familia del poeta ha demandado al consistorio ilicitano, al que reclama 3,2 millones de euros por daños y perjuicios por la ruptura del acuerdo que habían suscrito.

Tanto para la nuera del autor de las Nanas de la cebolla como para el catedrático Rovira, el motivo del traslado no es económico sino ideológico: “La actitud del Ayuntamiento de Elche muestra la enorme incomprensión ideológica de la importancia de la figura de Miguel Hernández, un poeta que ha sido conmemorado como nadie no sólo en España, sino también en Latinoamérica y Europa”, asegura Rovira a elcultural.es, que fue el máximo responsable del Año Hernandiano en 2010, cuando se cumplieron cien años del nacimiento del poeta.

“Estamos tristes porque el legado de Miguel Hernández se va lejos, pero a la vez estamos contentos porque allí le quieren mucho”, afirma Izquierdo. Jaén, en efecto, no fue un lugar cualquiera para el poeta del pueblo. Su esposa era natural de Quesada, y el autor combatió con el bando republicano en la provincia y llegó a dirigir El altavoz del frente, el órgano de propaganda que insuflaba moral a sus tropas. Aquellas tierras le inspiraron su famoso poema Andaluces de Jaén, que será desde hoy, como parte del acuerdo de la Diputación Provincial de Jaén con los herederos, el himno oficial de la provincia. 

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La familia de Miguel Hernández proyecta trasladar su legado a Quesada este año
Por ELCULTURAL.es 
Publicado el 26/06/2012

La nuera del poeta afirma que las conversaciones con la poblcación jienense están "muy avanzadas"

Los herederos de Miguel Hernández proyectan trasladar los 5.000 documentos, manuscritos y objetos personales del artista de Orihuela al municipio de Quesada (Jaén), tierra natal de la esposa del poeta, Josefina Manresa.

La nuera de Miguel Hernández, Lucía Izquierdo, ha confirmado a EFE que las negociaciones con el ayuntamiento de Quesada se hallan "muy avanzadas" y que la población jienense (unos 6.000 habitantes) ha diseñado un proyecto cultural "ambicioso" que incluye un museo dedicado al poeta y a su mujer. El legado de Miguel Hernández está depositado en la caja fuerte de un banco desde noviembre de 2011, cuando la familia lo sacó del Archivo Municipal de Elche (ciudad donde había estado el último cuarto de siglo).

Esto se produjo después de que el recién entrado equipo de gobierno local, del PP, que sustituyó al PSPV-PSOE, rompiera el convenio con los herederos que conllevaba el pago de 3 millones de euros durante 20 años, 1,6 para la familia y el resto para el desarrollo de una fundación cultural para promover y difundir la obra.

Izquierdo ha explicado que el principio de acuerdo con el alcalde de Quesada, el socialista Manuel Vallejo, no prevé "un sólo euro" para la familia, que en todo caso cobrará por los derechos de autor. La nuera de Miguel Hernández ha insistido en la relevancia del proyecto cultural propuesto por Quesada, que prevé dedicar el museo al poeta y a Josefina Manresa en un "extraordinario" edificio junto al centro expositivo del pintor Rafael Zabaleta.

Además, ha señalado que estarán implicados la Diputación Provincial de Jaén, la Junta de Andalucía y la Universidad jienense, al tiempo que se creará la Fundación Miguel Hernández-Josefina Manresa. El proyecto está a falta de algunos trámites jurídicos y burocráticos, y aún no se ha cerrado el periodo de vigencia del convenio, aunque Izquierdo ha señalado que en este punto "no va a haber ningún problema".

También debe acometerse el acondicionamiento interior del futuro museo para albergar el legado, lo que de esta forma permitirá que la comunidad científica vuelva a tener a su disposición los documentos del poeta de Orihuela. Para Izquierdo, el proyecto cultural es "más amplio" que el que se había contemplado en un principio con el ayuntamiento de Elche.

La nuera ha puesto de manifiesto que Quesada ya cuenta con numerosas referencias a Miguel Hernández, como una plaza dedicada al poeta y a su esposa. Aunque Manresa, hija de un guardia civil, nació en Quesada, conoció al poeta en la ciudad natal de éste último, Orihuela.

Izquierdo, vecina de Elche, ha incidido que Andalucía era para Miguel Hernández su "segunda patria", como lo prueba su obra literaria, a pesar de lo cual ha expresado su "mucha tristeza" por que "Miguel se tenga que volver a ir de su tierra".

"Al cabo de tantos años de nuevo Miguel queda desterrado, pero creo que era lo mejor para todos que se quede en Andalucía, tierra a la que tanto admiró y quiso, y que inmortalizó", ha repetido la nuera, quien atribuye a razones "políticas" la falta de acuerdo para retener el legado en Elche o en otras poblaciones de Alicante. 

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Miguel Hernández. Estos inéditos imprevistos
Por José Carlos Rovira
Publicado el 28/10/2010

Para la libertad, Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) sangró, luchó y aún pervive. Mañana, el poeta alicantino, tantas veces umbrío por la pena, hubiese cumplido cien años, y es seguro que él mismo sería el primero en reírse de las peregrinaciones que se hacen por sus paisajes, o de la manipulación torticera de sus versos.

El Cultural recupera este viernes sus últimos inéditos, gracias al catedrático José Carlos Rovira, responsable del Año Hernandiano, que explica a continuación las peripecias que rodearon su descubrimiento. Además, también mañana en las páginas del suplemento, Juan Bonilla recrea su vida; Jorge Urrutia, máximo especialista en Miguel Hernández, analiza su obra poética; Agustín Sánchez Vidal arranca algunas de las máscaras del mito que hoy es Miguel Hernández, mientras que Gabrielle Morelli descubre su relación con el 27, y Francisco Díez de Revenga estudia su teatro. Además, Ricardo Senabre da cuenta de las novedades aparecidas este año en torno al poeta que escribió: “moriré como el pájaro: cantando,/ penetrado de pluma y entereza”.

Su propietario me los puso delante en noviembre de 2009. Se trata de seis pequeñas hojas de 12x19 cm., con doce caras escritas y con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre; tienen los bordes envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción anticipo ya que son hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco. El texto está formado por cuatro relatos infantiles y tienen por su cronología posible la condición de ser los últimos escritos del poeta, que había llegado al Reformatorio de Adultos de Alicante, desde el penal de Ocaña, a fines de junio de 1941. Es el último viaje de Miguel Hernández quien, en sus cartas de este período, tiene dos obsesiones claras: el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel a quien, con dos años y medio, lleva un año y medio sin haber podido abrazar. 

Desde junio de 1941 al 28 de marzo de 1942, cuando muere, pasan casi ocho meses en los que sabemos que a fines de noviembre inicia Hernández un combate final e imposible por la supervivencia: alojado en la enfermería de la cárcel, con tuberculosis, hay una serie de acontecimientos a su alrededor que, más que con la literatura, tienen que ver con la historia universal de la infamia: acosado por las visitas de tres sacerdotes (Almarcha, Vendrell y Dimas), que buscan su conversión y la abjuración de sus ideas, Hernández resiste a aquel caritativo infierno negando sobre todo su retractación política, lo que impide, seguramente por acción del principal de esta tríada infernal, Luis Almarcha, que se le traslade a la última posibilidad de supervivencia, el sanatorio antituberculoso valenciano de Porta Coeli. 

En esta situación, el poeta ya no escribe, su estado físico lo mantiene postrado en una cama y, sin embargo, prepara con la ayuda de alguien un libro de cuentos para su hijo. Lo anticipa en una carta a su mujer, que supongo de diciembre de 1941 o enero de 1942 donde, tras pedirle que le haga llegar alimentos -éste es el sentido principal de la correspondencia última de un hombre que sabe que está muy enfermo- le dice: “Si hace mal día no vengas, que el médico me ha dicho ayer que debiera esperar dos o tres días. Pero yo quiero ver a mi hijo y a mi hija y dar al primero un caballo y un libro con dos cuentos que le he traducido del inglés. Bueno, nena, hasta luego. Está haciéndose de día, y creo que hará sol. Besos para mi niño. Te abraza, Miguel”. 

Josefina Manresa contó el mismo episodio en sus Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández: “Transcurrió un mes así hasta que por fin lo pude ver. Lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido del brazo y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran dos cuentos para su hijo que él había traducido del inglés. Al terminarse la comunicación quiso darle él por su mano el libro al niño y no lo dejaron, como era su deseo. Así me lo decía en una esquela. Un guardia se lo tomó y me lo dio a mí”. 

Edité en facsímil aquellos cuentos en 1988, hace 22 años por tanto. Los acompañaba un pequeño volumen en donde, entre otras reflexiones, supuse la paternidad hernandiana de la confección material del libro, mediando su relación con el dibujo a lo largo de su obra. La caligrafía se me resistía por lo que dejé abiertas varias posibilidades. Ahora sé que me equivoqué en 1988. Primero, en algo que hoy me parece obvio: Hernández estaba lo suficientemente mal para que no pudiera hacer un trabajo que es muy bello en su factura material, una encuadernación y unos dibujos. Lo hizo un compañero que estaba en la enfermería llamado Eusebio Oca Pérez, maestro nacional y buen dibujante que, por aquellos días, preparaba un volumen similar, con otro relato, para su hijo llamado Julio Oca Masanet que tenía un mes menos que Manuel Miguel, el hijo de Hernández. 

Eusebio Oca Pérez construyó aquel libro y por los mismos días envió a su hijo un libro muy parecido titulado “Petete Pintor”, que se diferencia del otro en que los dibujos están repetidos para ser coloreados, pero el trazo, los personajes y sobre todo la letra los hacen producto de la misma mano. Recibió como regalo un humilde conjunto de hojas que contenían los dos cuentos que convirtió en un librito, titulados “El potro obscuro” y “El conejillo”, más otros dos que han permanecido inéditos y se titulan “Un hogar en el árbol” y “La gatita Mancha”. 

Son cuentos infantiles muy sencillos. Cuando edité los dos primeros hice notar que, al margen de su condición anunciada de traducciones del inglés, Hernández lo había llenado de versos infantiles, como en el primero en el que dos niños, un perro blanco, una gatita negra y una ardilla gris, quieren ir a lomos del potro obscuro a “La gran ciudad del sueño”, y le dicen al caballito cosas como: 

Llévame caballo pequeño 
a la gran ciudad del sueño; 

hasta que, al final del cuento, “Todos estaban dormidos al llegar el potro obscuro a la gran ciudad del sueño”, por lo que, aparte de cuento para dormir a un niño, había en esa ciudad un espacio liberador que se acrecentaba en la metáfora del otro relato, donde un conejito se metía en un cercado, se hartaba de comer hortalizas; al engordar el estómago, no podía ya salir del encierro y era amenazado por un perro hasta que conseguía salir por otro agujero mayor. 

Los dos inéditos de ahora cuentan dos historias que coinciden en algo con los primeros: “Un hogar en el árbol” es la historia de una familia de pájaros observada por dos niños, desde la incubación hasta que nacen cuatro pequeñuelos, que quieren volar muy pronto y caen al suelo, de donde los salvan los niños, hasta que, ya mayores, mamá y papá pájaro se los llevan a volar, mientras los niños les despiden gritando: 

Hasta la vuelta, pequeñuelos
Y que no os vayáis a perder
en las estrellas de los cielos.
Venid siempre al atardecer. 

“La gatita Mancha” es una traviesa gatita que se mete en un costurero donde ha visto un “ovillo muy grande y muy rojo”, y cae al suelo con el costurero y se enreda con el ovillo cada vez más al intentarse liberar de él, hasta que la familia en cuya casa está, tras reír porque cada vez se enreda más, la libera, y sale corriendo asustada, hasta que una moraleja, versillo con el que recrea un refrán, cierra el relato: 

Porque el gato más valiente,
si sale escaldado un día,
huye del agua caliente,
pero también de la fría. 

Por tanto, hay metáforas de encierro y libertad en los cuatro breves relatos, y por eso tengo la sensación ahora de que no son traducciones, sino juegos para su hijo en los que ha querido plasmar una metáfora ingenua, una metáfora de libertad para el niño, como las que construyó con rigor para todos nosotros en tantos otros poemas de la etapa final, en lo que conocemos como Cancionero y romancero de ausencias. 

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Miguel Hernández, la dignidad de un poeta sobre papel higiénico
Por Alberto OJEDA 
Publicado el 04/10/2010

Publican los cuentos que escribió desde la cárcel en este material con motivo de la exposición de la Biblioteca Nacional que conmemora su centenario

La literatura, como la vida, tiene sus paradojas. Miguel Hernández, preso en la cárcel de Alicante, con la tuberculosis carcomiéndole los pulmones y desesperado por la derrota de sus ideales en la guerra civil, escribía a su hijo unos cuentos sobre el único papel que tenía a mano: el papel higiénico de la enfermería. En total escribió cuatro relatos de esa precaria manera. “Son metáforas de la libertad”, explica José Carlos Rovira, experto en la obra del poeta oriolano. Dos de ellos, Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el Ovillo Rojo, no se habían editado nunca hasta ahora. La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) ha puesto fin a esa laguna, con una edición facsímil de ese testimonio de rebeldía frente a la clausura impuesta. Lo ha hecho con motivo de la exposición instalada en la Biblioteca Nacional, que conmemora el centenario de su nacimiento (el 30 de octubre de 1910) y que lleva por título La sombra vencida, tomado de uno de sus versos (Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida). 

Así pues, esas letras furtivas -aunque de trazo legible y claro-, escritas a salto de mata sobre un material tan indigno, hoy, al cabo de casi siete décadas del desastre, son la pieza de mayor relumbrón de la muestra inaugurada esta mañana en la sede de la institución encargada de velar por nuestro patrimonio bibliográfico. Al acto ha asistido María Teresa Fernández de la Vega, la vicepresidenta del Gobierno. En su intervención se atrevió a recitar unos versos del poeta: “Dejadme la esperanza, dejadme la esperanza cuando el odio se amortigua detrás de la ventana...”, para añadir acto seguido que“sobre esa esperanza a la que cantó nos despojamos de la España doliente encerrada y ensimismada y nos convertimos en un pueblo con las mismas ilusiones que las democracias mas avanzadas de nuestro planeta". Además, De la Vega anunció que en el próximo Consejo de Ministros el Ejecutivo aprobará la creación del Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Miguel Hernández. Por su parte, Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura, destacó la supervivencia de su obra gracias a que sus lectores “no consintieron nunca que la borrasen”. 

De esa obra y también de su vida, tan fundidas la una con la obra en el caso del autor de Perito en lunas, da cuenta la exposición de la Biblioteca Nacional. Su comisario, José Carlos Rovira, las ha dividido en cuatro etapas. La primera refleja su niñez, con diversas fotografías del parvulario Nuestra Señora de Monserrate y de las escuelas para pobres del Ave María y con libro con de sus calificaciones escolares. Su formación quedó truncada por el designio paterno de involucrarlo cuanto antes en las tareas del campo. A los 15 años tuvo que dedicarse al pastoreo, pero siguió cultivando su pasión por la literatura de forma autodidacta. La figura del canónigo Luis Almarcha fue clave en la perseverancia de la lectura pues le prestaba los libros de su biblioteca. En ese tiempo se acuñó el mito que le acompañaría ya para siempre, el del poeta-pastor. Miguel Hernández nunca rechazó esta etiqueta. Incluso llegó a escribir: “Leer y hacer versos e inclinarse sobre la tierra, o sobre las cabras, son la misma cosa”.

Luego vino Madrid (segunda escala de la exposición). “Esta ciudad es fundamental para él, porque cambia su manera de escribir al entrar en contacto con la vanguardias artísticas”, explica Rovira. En la exposición está la maleta desgastada que utilizó para el viaje hacia su sueño de ser un poeta con todas las consecuencias. Pero los comienzos en la capital fueron muy duros. Hambre, pobreza y frió mermaron su vocación por un tiempo, hasta que Neruda y Aleixandre relanzaron su figura. En la Biblioteca Nacional pueden verse algunas primeras ediciones de sus poemarios Perito en lunas (1933) yEl rayo que no cesa (1936), aliñados con pinturas de Maruja Mallo, Ramón Gaya, Gutiérrez Solana...

Entonces estalló la guerra y Miguel Hernández no quiso esconderse en la retaguardia. Podemos ver su ficha de alistamiento al célebre 5° Regimiento. También se afilia al Partido Comunista. Batalla en Madrid, Andalucía, Extremadura... Con fervor y confianza al principio, arengando a sus compañeros en el frente. Viento del pueblo (1937) recoge ese sentimiento de rabia contra fascismo y esperanza en la victoria. Pero los acontecimientos poco poco le van arrebatando la fe en el triunfo. El hombre acecha, escrito en los últimos compases del conflicto civil, trasluce ya de manera manifiesta su pesimismo. De estos días de trinchera y desvelos queda un documento de valor incalculable, milagrosamente conservado por su mujer, Josefina Manresa. Son los manuscritos del Cancionero y romancero de ausencias. Ver esos escritos, tan de cerca, con toda la carga dramática de historia política y literaria que poseen, es una experiencia emocionante. 

Intentando huir de la represión es detenido al sur de Portugal. Empieza ahí su calvario por distintos penales de toda la península (cuarta y última etapa). En la Biblioteca Nacional se exhiben el puchero y el cuenco con el que le pasaban la comida sus familiares. De poco sirvieron sus atenciones. El cerrilismo de sus carceleros impidió que se le diera la asistencia sanitaria debida para su enfermedad y poco a poco toda su ansia vital se fue marchitando entre los barrotes de su celda. La poca fuerza que le quedaba la utilizó para garabatear unos trozos de papel higiénico. Se acordaba de su hijo y sólo así podía estar cerca de él. Tristes guerras, tristes, tristes. 

Articulo : http://www.elcultural.es 14/08/2012