samedi 29 septembre 2012

Alicia RINALDI/ Fernando VALLEJO: “América Latina es el continente de la libertad”


ENTREVISTA|Escritor nacido en Colombia
Fernando VALLEJO: “América Latina es el continente de la libertad”
Por Alicia RINALDI

Próximo a cumplir 70 años, el autor de “La virgen de los sicarios” habla de la soledad y la muerte, de su peculiar método de escritura, y cuenta que planea escribir un libro titulado “El desastre”.

Polémico y provocador, Fernando Vallejo (Medellín, 1942) hizo de la diatriba un arte, un regodeo de su manejo del español, con el cual apunta en su obra la ira contra Colombia, las religiones, con espacial esmero la Iglesia Católica, los políticos o la superpoblacion mundial.

Con igual vehemencia defiende la vida de los animales, es vegetariano desde 2003 y sentencia que “no puede haber una moral que no los incluya como nuestro prójimo”. Se enoja porque tampoco lo hicieron Cristo, un “personaje mítico”, ni Mahoma, un “sanguinario”, en el cristianismo y Islam. Consecuente, dono el dinero de los premios Rómulo Gallegos y de la FIL a asociaciones protectoras de perros abandonados.

Atractivo central del Festival Internacional de Literatura que se acaba de desarrollar en Buenos Aires (Filba), un Vallejo sonriente, apacible y calido dialogo con “El Mercurio” sobre los temas que atraviesan hoy su escritura y sus desvelos.

Después de estudiar filosofía, biología y música, el narrador ha publicado diez novelas, tres biografías y varios ensayos. Egresado de Cinecittà en Roma, hizo tres películas pero se desilusiono de ese “género menor” que asegura “va a acabar” pronto.

-¿Cómo vive el proceso creativo de sus obras?
-Cada vez que acabo un libro no quiero volver a escribir mas; con el tiempo vuelvo a caer en el pecado, a planear otro, a pensar, y un día, de repente, empiezo a escribir y sigo hasta que lo termino en unos cuantos meses, sin para.

-¿Tiene algún método?
-Escribo todos los días, varias horas hasta que me canso y nunca miro para atrás, nunca releo. Apenas lo escribo le doy un vistazo de un día para otro, pero nunca vuelvo a corregir. Es una costumbre que adquirí cuando no había computador, sino maquina de escribir; como mis novelas no están divididas en capítulos, dejaba el texto limpio mecanografiado y ya no volvía atrás. A veces quedaban con contradicciones o repeticiones, pero se las dejaba.

-¿Esta escribiendo en estos días?
-Estoy planeando otro libro, pero el problema es que los géneros literarios son muy estrechos para lo que quiero decir. Me he dado cuenta de que tengo que hacer un género que  no sea novela, biografía ni ensayo de tesis, sino un libro simplemente. Voy a escribir uno que se llame “El desastre”. La vida es un desastre y ahora le sumamos el derrumbamiento económico, ecológico, demográfico y de todo tipo que se viene; es inminente.

-¿Cómo surgió ese yo excesivo y exagerado de sus novelas?
-Nunca quise escribir en tercera persona porque es un género del pasado sin razón de ser, absurdo, puesto que no podemos estar en la mente de otro. Solo podemos estar en lo nuestro, no podemos reproducir conversaciones, no andamos con una grabadora por la vida.

-Cuando se refirió a la literatura iberoamericana como “pobre y sosa”, ¿hablaba de ella en su conjunto o de las nuevas generaciones?
-Hablo al cálculo porque no leo, no tengo interés de leer literatura desde hace mucho tiempo, no me interesa lo que me vayan a decir; sospecho que no me van a revelar nada y no quiero saber más de lo que ya sé y de lo que he descubierto por mi mismo. Ojeo libros y digo “éste no sabe escribir” porque es pobre sintáctica y lexicográficamente, es manido. Es muy fácil ojear un libro por cualquier parte y ver si estas ante un escritor bueno o no.
¿Quién esta escribiendo una gran prosa como Mujica Lainez o Azorín?, muy pocos. Además, a los jóvenes les toco un idioma en bancarrota y paupérrimo.

-¿Cómo ve a América Latina en cuanto a la libertad para expresarse y crear?
-América Latina es el continente de la libertad. Nuestros países son los únicos donde se puede hablar libremente temas de religión que en otro lado serian tabúes o nos podría costar la vida, por la simple razón de que nunca tuvimos guerras religiosas. Europa se desgarro en las guerras de la Reforma y la Contrarreforma; es un cuento que Francia y Holanda sean países muy libres, son países casi musulmanes. Es como si no hubieran tenido el Siglo de las Luces, los enciclopedistas; las luces están apagadas. Las cosas que digo acá en Argentina, o en Chile, no las puedo decir en Francia ni Holanda. En un país musulmán tampoco, porque me matan.

-Pese a su crítica feroz a Colombia y a que lleva 40 años viviendo en México, toda su obra transcurre en su país. ¿Necesita volver a sus raíces?
- Si, yo nunca me liberé; he seguido siendo colombiano, conservé el acento y nunca rompí los vínculos, siempre he estado yendo y volviendo. Solo he escrito sobre Colombia en las novelas y las tres biografías son de personajes colombianos. Es que uno nunca se va, el país lo acompaña, la infancia sigue pesando sobre uno, la juventud y lo que vivió. Entonces uno se va física pero no espiritualmente, que es lo que cuenta.

-En sus últimas novelas, “Entre fantasmas”, “La rambla paralela” y “El don de la vida”, habla de la vejez y la muerte. ¿Le preocupan esos temas?
-Claro. La vida es un desastre desde que nacemos y cada momento tiene problemas distintos; uno solo resuelve algunos y siempre le caen otros. Va viviendo cosas diferentes y las que yo vivo ahora son que la gente que me acompaño en el planeta se me ha muerto, familias, amigos. Me voy quedando solo. Tengo la fortuna de ser escritor y tener relaciones con los jóvenes, pero los viejos están arrumbados en la basura de la sociedad. La gente se va quedando sola después de los 50, 55 años. También el tiempo va corriendo a una velocidad asombrosa. Es un tema que la literatura no ha logrado captar.

-¿Cree que haber escrito libros es una forma de alcanzar la inmortalidad?
-No, nada va a quedar, todo se olvida rápido. La gente se muere y va al cementerio o al crematorio y al olvido. Antes había posibilidad de quedar, en el siglo XIX o parte del XX. Ahora cada vez menos, porque la gente, los libros, las películas, los políticos, los cambios son demasiados. La memoria no tiene espacio para cargar con tanto nombre y tanta gente. No hay posibilidad de inmortalidad.

-En 2005 decía que quería morir en México, pero en 2007 prefería Medellín.
-Pues, pienso morirme en Medellín. La casa donde nací esta tal cual, he vuelto varias veces, la vi muy estrechita. El tiempo, la vida, dirá donde termino, pero seguro en uno u otro país, no en un tercero.
  
Articulo: http://www.mer.cl 23/09/2012