samedi 29 septembre 2012

Andrea AGUILAR/ Secretos de escritorio


ENTREVISTA
Secretos de escritorio
Por Andrea AGUILAR 

Un mueble imaginado, heredado de un joven poeta chileno desaparecido, es el eje de 'La gran casa', la nueva novela de la escritora estadounidense Nicole Krauss, finalista del National Book Award y aclamada por los lectores y la crítica. Desde Nueva York, Londres e Israel, cuatro voces construyen una trama sobre la pérdida, la extrañeza y la nostalgia

Privilegiada es un adjetivo que a menudo le aplican a Nicole Krauss (Nueva York, 1974) en los círculos literarios neoyorquinos. Efectivamente procede de una acaudalada familia y creció en los suburbios de Long Island, en una casa considerada una joya arquitectónica, pero este comentario no resulta del todo pertinente en una ciudad donde se concentra un considerable número de millonarias fortunas. Quizá el término aluda a una veta de recelo o soslayada envidia, ese feo vicio contra el que no está vacunada ni la comunidad literaria, ni la ciudad de Nueva York.

 Krauss se formó en las aulas de Stanford y Oxford. A los 27 años publicó su primera novela con una excelente acogida crítica y notable éxito comercial, y con su segunda, La historia del amor, quedó consagrada como una de las voces más dotadas y respetadas de su generación. Si en Llega un hombre y dice, su primera obra de ficción, se adentró en la incertidumbre que rodea la pérdida de memoria, en su siguiente libro hiló una trama en la que se cruzaban las vidas de una adolescente y un anciano exiliado, un manuscrito perdido y un romance truncado por la guerra y el exilio. Ha vendido cientos de miles de ejemplares, cuenta con una legión de admiradores, está traducida a más de treinta idiomas y con su tercer libro, La gran casa (Salamandra y La Magrana), que ahora llega a España, quedó finalista en el prestigioso National Book Award.

Puede que sea su timidez, su elegante belleza o un aura de misterio y discreción que rodea su vida privada lo que subyace tras ese recelo. Casada con el novelista Jonathan Safran Foer, es madre de dos niños. La pareja representa el relevo generacional del lado más glamuroso del Brooklyn literario desde que se instalaron en una espectacular casa en las proximidades de Prospect Park, o al menos así es como a la prensa le gusta referirse a la vivienda y al matrimonio. La gigantesca mesa empotrada en la que Krauss trabaja y que heredó del antiguo propietario está extrañamente relacionada con la génesis de La gran casa: hizo un cuento sobre un inmenso escritorio con 19 cajones que una novelista recibe en préstamo de un joven poeta chileno.

Ese mueble imaginado pasó a convertirse en el eje sobre el que gira su nueva novela, la peonza en torno a la que se arremolinan las cuatro voces que construyen La gran casa desde Nueva York, Londres e Israel. Nadia, una escritora de mediana edad, desgrana los pormenores de cómo encontró en su oficio un refugio para escapar de la vida; Arthur, un don de Oxford, intenta reconciliarse con el enigma que durante décadas ha rodeado a su esposa, Lotte, una escritora alemana judía; Aaron, un anciano israelí, habla con desgarro de la distancia que siempre ha sentido hacia su hijo, y una muchacha americana describe su encuentro y enamoramiento con el hijo del temido anticuario Weisz. En torno a estos monólogos sobrevuela un sentimiento de pérdida, de extrañeza y de nostalgia, se habla de una novela nunca terminada sobre un tiburón que absorbe las pesadillas de aquellos que están conectados a él por medio de tubos y cables; de la historia de la destrucción del segundo templo de Israel y de la diáspora; y, también, del perpetuo ansia de reconstrucción de un espacio arrebatado, en busca de un tiempo ya perdido.

Krauss y su esposo guardan con celo su intimidad y la cita para la entrevista tiene lugar en un café. La escritora viste un sencillo traje blanco de algodón con tirantes, sandalias planas y unos discretos pendientes largos de los que cuelga un adorno pequeño de coral. Se expresa con determinación en un tono de voz dulce, y cuando se azora contesta con una pregunta y una sonrisa, como para tomar aire antes de lanzarse a responder.

PREGUNTA. Nadia, una de las voces protagonistas de su novela, habla con nostalgia de un tiempo en el que su ambición como escritora estaba intacta. ¿Cómo ha cambiado la suya en esta década?
“Al principio solo anhelaba escribir. Tras publicar mi primera novela empecé a pensar qué libro era el que solo yo podía hacer”
RESPUESTA. Al principio solo anhelaba una oportunidad para dedicar mi vida a escribir. Tras publicar mi primera novela empecé a pensar qué libro era el que solo yo podía hacer. A la altura de La historia del amor esto se convirtió en la verdadera búsqueda. Ahora tengo sentimientos distintos, me importa cada vez menos la recepción que tendrá el trabajo, el mundo fuera de mi escritorio y de mi ordenador.

P. ¿Era esto lo que más le importaba?
R. Cuando publiqué mi primer libro me sentía atrapada por la pregunta sobre cuántos lectores justifican lo que de otra manera podría parecer autocomplaciente. Porque si escribes y no mucha gente te lee, quizá deberías hacer otra cosa que fuese más útil para el mundo. Esto es algo de lo que habla Nadia y que traté con Leo en mi anterior libro, un personaje que decía literalmente que escribía para sí mismo. La escritura te permite ser querido como no ocurre en la vida real, porque muestras en la página algo que no puedes enseñar en ningún otro espacio de la vida. Con el tiempo, no piensas en los demás, sino en ti misma, en qué debes hacer para sentir que no estás perdiendo el tiempo.

P. ¿Es entonces cuando arranca una conversación con otros autores? En La gran casa, parece que Roberto Bolaño es uno de los convocados.
R. No tengo una conversación con alguien en particular. Pero sí siento un afecto por determinados libros o autores, y la manera en que me han afectado aparece en mi trabajo. Les celebro. Cada vez que escribo pretendo defender la literatura.
Krauss pasa a hablar de su primer encuentro con Nocturno de Chile, de Bolaño, en 2003, de cómo quedó fascinada y no dejaba de recomendar su lectura a todo aquel con quien se cruzaba. La popularidad de la que goza hoy el novelista chileno entre el público estadounidense siente que le ha robado algo de intimidad —su nombre ya no es un secreto—, pero como escritora este es el tipo de encuentros que ansía tener. “En la juventud ocurren con más frecuencia”, reflexiona, “luego pasa menos, pero sigues necesitando esa apertura, pensar que es posible hacer cosas de una manera totalmente distinta. Un sonido, una música o un ritmo que nunca antes habías oído, circula en tu cabeza y te lleva a algún sitio. Es un poco de viento que te empuja en una dirección y luego haces descubrimientos que son tuyos”.

Los escritores y la escritura son un tema recurrente en la obra de Krauss —“mi idea es más de ratón de biblioteca que la que ofrece Bolaño con esos escritores rebeldes, marginales y súper cool”— y sin duda es un asunto sobre el que medita también fuera de la página. Puntúa su conversación con comentarios sobre Philip Roth, cuya manera de escribir sobre su padre la fascina, o Sebald, de quien admira su distancia narrativa. Al hablar del dilema que supuso la introducción de un artículo en el título de su novela hace una broma, eso no es en absoluto, eso no es lo que yo quería decir en absoluto, citando el verso de T.S. Elliot.

“Soy americana, mi madre es inglesa, mi padre israelí y mis abuelos de cuatro países; en la adolescencia me preguntaba, ¿dónde está el lugar del que procedo?”

A los 14 decidió que esta sería su profesión, sintió que en la escritura podría construir su hogar, un concepto que no acababa de ubicar —“soy americana, pero mi madre es inglesa, mi padre israelí y mis abuelos eran de cuatro países distintos; me preguntaba, ¿dónde está el lugar del que procedo?”—. También como introvertida adolescente encontró en los libros un refugio seguro. “La gente habla de la escritura como un medio de expresarte, para mí se trata de una oportunidad de autocreación. Te ofrece la posibilidad de engrandecerte y tener más vidas”, explica. Ella entiende su profesión como un infinito espacio de libertad que permite abrir puertas nuevas, ajenas a las constricciones que la vida impone.

Se refiere a los “escritores como raza o especie” para apuntar el rechazo que muchos sienten a admitir influencias, a diferencia de lo que ocurre con los músicos. Ella está en desacuerdo. “Los escritores cristalizan muy lentamente en una solución de tiempo y experiencia, pero puede ser que eso ocurra a través de la lectura de algo a lo que no habrías llegado por tu cuenta”, afirma. A ella le pasó con Bolaño y más adelante con Bernhard, en cuya prosa encontró una musicalidad exquisita y distinta que apeló a su oído de poeta. Porque Krauss hasta los 25 no quería ni oír hablar de una novela, era poesía lo que ella hacía y compartía, entre otros, con su mentor Joseph Brodsky. “Acababa de empezar la universidad cuando vino a dar clase. El último día le entregué una carta con mis poemas y me llamó a la mañana siguiente. Pasamos ocho horas hablando. Me enseñó mucho sobre escritura. Estuvimos en contacto hasta su muerte cuatro años después”, recuerda.

“La tercera persona me parece artificial, quiero escaparme para llegar a otro nivel de autenticidad”

Al regresar a Nueva York procedente de Oxford fue cuando se lanzó a escribir una novela, y dice que analizaba cada frase buscando la fórmula perfecta. Ahora se siente más libre y apela a su curiosidad creativa para explicar su búsqueda de nuevos retos. Pero tras los cambios de estilo y búsqueda de nuevos andamios y estructuras yuxtapuestas, tras su creciente rechazo a las fórmulas narrativas más clásicas —“la tercera persona me parece artificial, quiero escaparme para llegar a otro nivel de autenticidad”—, Krauss identifica dos temas que recorren sus novelas: la reacción ante una pérdida y el solipsismo.

P. La literatura aísla completamente a Nadia, su personaje, ¿es eso un peligro?
R. Con Nadia trataba de ver un caso extremo. El aislamiento de la escritura es algo que me importa a medida que me hago mayor y mi vida está más estructurada en torno a la familia. Esta disminución de experiencias puede suponer un problema, pero me encanta visitar sitios nuevos y viajar, salir de mi mundo. Soy bastante solitaria por naturaleza, así que intento empujarme a hacer esas otras cosas que también necesito. Con mis personajes, tengo curiosidad, quiero saber qué pasa en ese mundo, en esa vida y algunas de las preguntas que se hacen son mías, otras no, y puede que conozca la respuesta en lo que a mí se refiere, pero me resulta interesante plantearlas bajo otra luz.

P. El personaje también habla sobre la apropiación de historias ajenas.
R. Yo no lo he hecho, pero a medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que me interesa más la vida real. A lo mejor esto tiene que ver con estar más presente en el mundo que me rodea debido a mis hijos. El vampirismo de Nadia me resulta extraño, porque para mí la escritura es un gigantesco acto de empatía. Pero todos los escritores en algún momento se plantean esta pregunta sobre cuánto de su vida o de las vidas que les rodean usarán, cuánto pueden empujar o dónde está la línea. Todos tenemos un límite.

P. ¿Hay algún estereotipo de escritor en el que odiaría caer?
R. Uno tiene que ser increíblemente serio y esto a veces es cargante. Cada día tener que sentarte y empujar y cavar para encontrar algo es agotador. Esa es la fuente de una seriedad reconcentrada que no es buena en la vida, porque a todos nos gusta la gente ligera.

En La gran casa, el joven poeta chileno Daniel Varsky se indigna ante la mención a Neruda y clama contra el monopolio que parece tener sobre cualquier verso procedente de ese país. ¿Siente Krauss que hay alguna escritora americana que tenga un monopolio parecido? La novelista se turba, mira inquieta su reloj, dice no comprender la pregunta, ofrece pagar la cuenta del café y en un suspiro desaparece por la puerta, con la misma rapidez con la que lo haría al final de un párrafo un personaje de ficción.

La gran casa / Casa gran. Nicole Krauss. Traducción de Rita da Costa / Maria Llopis. Salamandra / La Magrana. Barcelona, 2012. 352 / 368 páginas. 19 / 21 euros. nicolekrauss.com/

Nicole Krauss intervendrá el próximo miércoles, día 26, en el Hay Festival Segovia: Nicole Krauss en conversación con Pepa Bueno. 19.00 horas. Biblioteca Pública de Segovia.www.hayfestival.com/segovia/

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Cultura, aún con austeridad
El Hay Festival cumple 25 años en Segovia con más de 60 actos culturales
Por Ana MARCOS 

Maneras de imaginar el mundo hay tantas como individuos. En estos tiempos grises donde se impone la austeridad hasta en el pensar, algunos reinventan el futuro en los libros, la arquitectura, el periodismo, incluso el más valiente se atreve a hacerlo a través el fútbol –aunque últimamente también el deporte rey esté triste-. Durante cinco días más de 60 actos celebrarán el poder inspirador de la cultura en el Hay Festival que hoy retoma su programación hasta el domingo en Segovia.

“Nadie es igual después de leer un libro”, dice Evelio Rosero. “Es un modificante de conciencia en la medida en que toda literatura lo es, cuando es auténtica”. El escritor colombiano, ganador del premio Tusquets de Novela y el Independent Foreign Fiction Prize con Los ejércitos,charlará el sábado sobre el acto literario de la concienciación sin caer en el activismo político. “Son muchas las respuestas que la novela ha generado, y no solo en Colombia, también en otros países, donde esta misma cruenta realidad es causa de asombro, de perplejidad, como si se tratara de un cuento fantástico”.

Tras la inauguración oficial de ayer, los encuentros y talleres arrancan al día siguiente con la escritora estadounidense Nicole Krauss que presenta su reciente novela La gran casa. “La verdad es que no sé muy bien en qué consistirá mi intervención, en estos casos siempre estoy a merced del interlocutor”, dice riendo Krauss al otro lado del teléfono. Experta en citas literarias –“viajo por el mundo gracias a este tipo de encuentros”, asegura- cree que la mejor parte reside en el encuentro con el público: “Es una de las pocas oportunidades que un escritor tiene de establecer este tipo de contacto. La otra alternativa es escribir un libro en soledad, publicarlo y esperar a las críticas y reseñas”.

El tercer libro de la autora, finalista en el prestigioso National Book Award, llega a España de la mano de Salamandra y La Magrana con una historia a cuatro voces desde Nueva York, Londres e Israel. A la espera de descubrir lo que Krauss contará esta tarde, le invade, como en cada cita, ese sentimiento entre la culpa y la disculpa. “Los lectores que acuden a los festivales esperan conocer a su autor preferido y terminan frente a un escritor”, argumenta la escritora. “El autor es la persona a la que se supone que lees, la que ha leído de todo, que medita incansablemente cada palabra que incluye en su trabajo. El escritor es aquel que accidentalmente consigue hacer algo que funciona y trata de continuar haciéndolo. No ha leído la mitad de las cosas que se ha propuesto y posee grandes desiertos en su conocimiento”.

La presencia de Rosero, como la de la escritora estadounidense Nicole Krauss o la del argentino Eduardo Sacheri dan el relevo generacional a las voces dominantes de sus países con sus formas literarias aclamadas por la crítica y los lectores. “Estuve en el Hay de Zacatecas en México y en el original de Gales y tuve la impresión de estar en un lugar de intercambio muy interesante con lectores, que eso es lo mejor que le puede pasar a un festival”, plantea Sacheri. El autor de la novela La pregunta de sus ojos, llevada al cine como El secreto de sus ojos, acude a la cita cultural el viernes para charlar sobre el fútbol con el periodista colombiano Daniel Samper: “Es un acto cultural muy trascendente y muy complejo y muy rico para conocer. Sobre todo si uno va a eso libre de prejuicios”.

La programación del Hay Festival tiene la habilidad de traspasar de un lado a otro las artes. Mientras Gerard Mortier, responsable artístico del Teatro Real charle sobre la música y la vida (jueves 27); Philippa Gregory, una de las autores más vendidas de novela histórica presentará su último trabajo La reina roja (viernes 28); Thomas Heatherwick, una suerte de Leonardo da Vinci de esta época, autor del pebetero de los últimos Juegos Olímpicos tratar de enfocar la barrera entre el diseño, la arquitectura y la sociedad (viernes 28); o Jon Lee Anderson devolverá la luz sobre el oficio del periodista con sus crónicas sobre África recogidas en La herencia colonial y otras maldiciones.

Los escritores españoles Juan José Millás, Antonio Muñoz Molina, Javier Moro y Matilde Asensi, entre otros; William Boyd, Antony Beevor, del Reino Unido; Mariusz Szczygiel de Polonia y Karl Ove Knausgård de Noruega, plantearan también sus maneras alternativas de entender la realidad.

Los estudiantes de la IE Escuela de arquitectura y diseño de la Universidad de Segovia crearán junto al Acueducto, con madera ytulipwood estadounidense, una réplica de casi tres metros de altura de una sección del monumento romano de Segovia. Los segovianos podrán participar en el desmontaje de la pieza formando una cadena humana desde la terraza de Santa Columba hasta la Casa de los Picos, donde cada piedra de masera se irá recolocando en una nueva estructura.

Durante toda la semana podrá seguir lo que suceda en el Hay Festival en la web de Cultura de EL PAÍS. Consulte aquí toda la programación.

Articulo: http://cultura.elpais.com 22-25/09/2012

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