dimanche 2 septembre 2012

Dwight GARNER/ Jardín de notas de George ORWELL


EDICIÓN EN INGLÉS|Diarios escritos entre 1931 y 1950
Jardín de notas de George Orwell
Por Dwight Garner

Por la primera vez se publican en un solo volumen los once Diarios del escritor británico.

Mi detalle biográfico favorito sobre George Orwell podría ser que cuando murió de tuberculosis, en 1950, a los 46 años, sus cañas de pescar preferidas estaban en un rincón de su habitación en el hospital de Londres. Esperaba poder volver a usarlas, y pronto.

El Orwell que hemos llegado a conocer a través de sus novelas, ensayos y periodismo es agudo e ingenioso, pero también a menudo aterrador y remoto. Para la imaginación publica siempre será el hombre que declaro: “Si quieres hacerte una idea de como será el futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano incesantemente”.

Entre las cosas vivificantes de sus Diarios (edición de Peter Davidson, Liveright), publicados ahora en un solo volumen por primera vez, es como le dan cierta carne y hueso en primera persona a lo que podría parecer una cabeza sin cuerpo. Muestran a un Orwell casi jeffersoniano en su pasión por la política y por el mundo natural, no solo por la pesca, sino por el cultivo instruido y fervoroso de hortalizas, árboles frutales, animales y flores.

Orwell fue un diarista intermitente. Los escribió durante casi dos décadas, desde 1931, cuando tenía cerca de 30 años, hasta su hospitalización poco antes de morir, en enero de 1950.

El primero de estos diarios cubre sus experiencias cosechando lúpulo con trabajadores itinerantes en Kent. El segundo, trata sobre su investigación para El camino a Wigan Pier (“The Road to Wigan Pier”, 1937). Otro lo lleva  Marruecos, y otro tres son sus impresiones sobre la Segunda Guerra Mundial y sus comienzos. Otros hablan de los años durante los cuales vivió en una remota granja en la isla escocesa de Jura, enferma y desolada tras la muerte de su mujer, Eileen. Allí pesco, atrapo langostas y escribió 1984, su obra maestra. Otro diario que narra sus experiencias luchando en la Guerra Civil española – donde recibió un balazo en el cuello disparado desde el lado fascista – le fue incautado a Orwell y su esposa, y se cree que esta en los archivos de la policía secreta de Moscú.

Orwell se muestra lúcido respecto de los temas que lo obsesionaron en casi todas sus obras: la política, las clases sociales, la pobreza y el lenguaje. El movimiento Occupy le sacara buen provecho a estas líneas del 3 de junio de 1940, cuando Orwell respondió en su diario a una carta del “Daily Telegraph” lamentándose de que los ricos tendrían que partir con sus cocineros durante la guerra: “Por lo visto, no hay nada que pueda enseñarle a esta gente que el restante 99 por ciento de la población existe”.

Pero hay docenas de otras frases que valen la pena, muchas de ellas sobre la degradación del lenguaje, y otras muy cómicas. Hay, además, hábiles cameos. El critico Cyril Connolly aparece lo suficiente como para observar, con Orwell, parte del bombardeo alemán sobre Londres en 1941 desde una azotea y declarar: “Es el fin del capitalismo. Es un juicio sobre nosotros”.

Gran parte de lo escrito en estos diarios trata, sin embargo, de la agreste magia de la jardinería en serio, a la que Orwell se dedico con entusiasmo en Marruecos, en una casa de campo que arrendó con su mujer en Wallington, en las afueras de Londres y en el Jura.
Con esto no quiero decir que esto diarios sobre jardinería sean fascinantes en cada página. Muchas de las anotaciones son concisas, factuales, como telegrama.
Probablemente estos Diarios no sean un Orwell para principales. Su mejor prosa esta más concentrada en otras obras. Incluso Christopher Hitchens, cuya introducción al libro es supuestamente el último escrito que termino antes de su muerte, en 2011, considera que los diarios son “ocasionalmente cansadores”.

Orwell rara vez menciona a su mujer, a su hijo adoptivo o a algún otro ser humano en estas paginas y solo muy ocasionalmente se refiere a sus libros o a otros proyectos de escritura. A pesar de la afirmación de su editor en la sobrecubierta, este bello libro “no llega a ser un volumen tan penetrante como la autobiografía que nunca escribiría”.
Sin embargo, claramente no es suficiente el trabajo académico que se ha hecho acerca de Orwell y la jardinería, la pesca, el desollado de conejos y la observación de aves. Acá lo vemos ocupándose de docenas de tipos de flores, árboles frutales y hortalizas. Se extiende sobre la mejor manera de manear vacas, cocinar conejos, hacer carbón, conservar huevos y atar pinzas de langosta.

También hay dibujos suyos de tornos, taladros, arados guadañas, redes de pesca, estribos y braseros de carbón. Cura pieles, caza conejos y hace jalea de manzana con fruta que ha tirado el viento. Una anotación bastante común (divertida en un hombre que escribió la frase “Cuatro patas si, dos patas no” en “Rebelión en la granja”) es la siguiente: “Me pasé alrededor de dos horas intentando sacar a una vaca de un pantano”.
Las labores de Orwell adquieren una potente dimensión moral. Esperaba no ser jamás lo que en alguna ocasión describió como un “maniático de la comida”. Le gustaban las cosas simples. Estos diarios lo muestran con las manos cubiertas de tierra fresca, trabajando duramente, en sintonía con las estaciones, curioso acerca de todo lo que existe bajo el sol, ocupándose de lo que necesitaba y agradecido por la belleza como también por el sustento. Muestran a un hombre en su totalidad.

Articulo: http://www.mer.cl 02/09/2012

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