samedi 29 septembre 2012

Louis-Georges TIN/ El triunfo del amor cortés sobre la ética caballeresca


Anticipo
El triunfo del amor cortés sobre la ética caballeresca
Por Louis-Georges Tin 

La invención de la cultura heterosexual, que El Cuenco de Plata publicará en octubre, rastrea la trayectoria histórica de la pareja hombre-mujer hacia la cumbre del imaginario amoroso occidental. En este fragmento, un análisis del tema en la narrativa de la Edad Media

partir del siglo XII, gracias a los trovadores y juglares, el amor cortés se vuelve un tema recurrente, casi obsesivo en la sociedad medieval. Instaura una relación asimétrica en la que la mujer, la domina, se vuelve, por así decirlo, amo y señor de su amante. Pero en general las coacciones sociales, el marido o el malvado, el losengier (adulador), prohíben cualquier relación verdadera, y la frustración amorosa se sublima a través de fantasías exquisitas, conscientes y refinadas. En su forma absoluta, el amor cortés desemboca en el fin'amor, el perfecto amor, regulado por códigos precisos y rigurosos. Es una relación libre y por lo tanto forzosamente adúltera, ya que amar al esposo es amar por deber pero amar a un amante es amar por amor. Por eso el amante está sometido a pruebas iniciáticas [...], que finalizarán en el orgasmo que la dama dará o quizás no, ya que algunos consideran que el fin'amor debe permanecer casto y puro.

El amor cortés da lugar a una eflorescencia lírica en la que el poeta canta sus versos al son de los instrumentos: es la canso , donde se destacan por ejemplo Guillaume de Poitiers y Thibaut de Champagne. Mientras hilaban, las mujeres cantaban y contaban sus amores de manera galante, y la lírica occitana invade las regiones del norte. Leonor de Aquitania y su hija Marie aclimatan las nuevas costumbres en las respectivas cortes de Inglaterra y Champagne. Esta nueva tendencia invade el género novelesco y fundamentalmente la materia de Bretaña. En resumen, a partir del siglo XII la cultura del amor que surge en las regiones occitanas invade completamente Francia, antes de expandirse por toda Europa.

Jacques Le Goff dice al pasar, en su obra La civilización del Occidente medieval: "Hay sin embargo en esta época un sentimiento cuya transmutación parece decididamente moderna. Es el amor. El refinamiento de los sentimientos entre dos seres parece confinado, en la sociedad viril y guerrera de la época propiamente feudal, a la amistad entre los hombres". En La erótica de los trovadores, René Nelli agrega: "Los siglos XII y XIII vieron reinventarse al amor, reformularse amparándose en los ritos propios de la amistad, de sus magias e incluso de las concepciones filosóficas que la definen". Conocemos también los esfuerzos realizados por Denis de Rougemont por circunscribir el auge del amor en Occidente.

Habituados a la lógica de la cultura heterosexual, a la que perciben como natural, los comentaristas encuentran dificultades a la hora de evaluar la revolución que introdujo el amor cortés en la sociedad medieval. Esta nueva tendencia provoca una inversión inédita en el mundo feudal: tiende a suplantar las amistades masculinas por los amores heterosexuales. Algunos historiadores como Duby, Le Goff o Nelli han mostrado con idoneidad el auge de la sociedad cortés, pero en general han desestimado un aspecto esencial: prácticamente no han estudiado la transición (desde ya conflictiva) de la cultura feudal de las amistades masculinas a la cultura cortés de los amores heterosexuales. Dicho de otro modo, en general los historiadores no han analizado la heterosexualidad en sí: sin duda porque para ellos no constituía un problema.

La emergencia y el posterior auge de la cultura heterosexual en Occidente colocan a los hombres de guerra en una posición difícil. Atrapados entre la ética caballeresca que incita a la guerra -universo masculino- y la ética cortés que incita al amor -universo femenino-, se ven obligados a responder simultáneamente a dos órdenes conminatorias y contradictorias; su universo homosocial debía de ahora en más contemporizar con la cultura heterosexual. Así, los relatos de Chrétien de Troyes (hacia 1135-1183) tratan en gran medida de ese dilema e intentan responder de manera dialéctica: ¿cómo conciliar la ética caballeresca con la ética cortés? Érec y Énide , el primero de esos relatos, tuvo un gran éxito: fue retomado por Hartmann von Aue y también en laErexaga , prosa noruega. Érec, hijo del rey Lac, se casa con Énide. La quiere mucho, quizás demasiado. Deja de lado los torneos y se complace en las delicias conyugales. Se le critica entonces su récréantise , es decir, esa indolencia, ese amor, esa deferencia permanente por su esposa: en otras palabras, se cuestiona su virilidad. La propia Énide llega a lamentar que Érec haya abandonado por ella la gloria caballeresca, causando gran deshonor para ambos. Se lamenta en el silencio de la noche, habla en voz alta y Érec la oye. Herido en su orgullo, decide partir en pos de grandes hazañas, para reconquistar la estima de su esposa y demostrar a todos que su eminente valía caballeresca no va a la zaga de su dignidad cortesa. [...]

Las novelas de Chrétien de Troyes están totalmente atravesadas por el conflicto al que se enfrentan los caballeros entre la necesidad de adoptar la ética cortés sin perder el ethoscaballeresco. Pero estas exigencias son a menudo contradictorias. La guerra y la galantería implican cualidades opuestas en muchos aspectos, y no resulta fácil satisfacer ambas a la vez. Por eso los caballeros se ven forzados a adaptarse progresivamente al gusto del momento, a amoldarse si es necesario a la nueva moda sin por ello perder la virilidad y valentía indispensables para un perfecto caballero. En resumen, debemos mostrar con toda claridad hasta qué punto la irrupción heterosexual de la cultura cortés en un universo caballeresco, globalmente homosocial, podía ser vivida con mucha dificultad, incluso de manera traumática para algunos caballeros [...].

Esta tensión se hace sentir, y la mayoría de los relatos de la época la ubican en primer plano. Son muchos los autores que, a semejanza de Chrétien de Troyes, plantean esta situación de double bind . Para comprobarlo no es necesario hurgar en los rincones secretos de las bibliotecas. Basta con elegir cualquiera de las obras más conocidas, por ejemplo Tristán e Isolda: este relato puede con todo derecho considerarse el símbolo de la cultura heterosexual, pero también allí el verdadero interés radica menos en la afirmación de la cultura cortés que en la oposición manifiesta entre cultura cortés y cultura caballeresca.

El origen de la leyenda se remonta a una herencia mitológica cuyas huellas más remotas se encuentran en Cornouailles. A partir de allí se compusieron varios relatos desperdigados, que a partir del siglo XII algunos autores han intentado compilar. No hay uno sino muchos Tristán e Isolda. Las distintas versiones no narran siempre los mismos episodios y entre una y otra, por no hablar del estilo, a menudo aparecen diferencias considerables. En cambio se mantienen los versos de Béroul, compuestos de hecho antes de 1170, y los de Thomas, escritos hacia 1175. [...]

Las aventuras caballerescas, la pasión cortés, los episodios maravillosos constituyen el material de la leyenda inmersa en las fuentes de la fascinación y de la muerte. Los filtros, los venenos, la nave mágica, los encantamientos, los disfraces, los homónimos, los parecidos, las amistades, los celos, el azar, los signos, los símbolos, la fatalidad trágica, en fin, todos esos ingredientes célebres han inspirado a lo largo de los siglos la mitología del amor en Occidente. Sin embargo, basta comparar las distintas versiones para comprobar la aparición de esa tensión entre tradición caballeresca y modernidad cortés. En efecto, el texto de Béroul se presenta más épico, más acorde con las viejas tradiciones de los relatos de caballería. La narración es más escueta, procede a través de episodios entrecortados y de cuadros, algo similar a lo que ocurre en las canciones de gesta. El autor resalta las contradicciones entre la ética caballeresca y la ética cortés, ya que Tristán es al mismo tiempo vasallo y rival del rey. Por el contrario, la versión de Thomas es más lírica. No faltan los monólogos donde se despliegan los sentimientos y la pasión de los héroes. Incluso algunas veces se discuten problemas de casuística amorosa, al estilo de la poesía de los trovadores. Thomas hace prevalecer una ética cortés en la que sólo el amor es absoluto. Y por momentos evoca los délits y déduits , placeres de amor, entre Tristán y su drue , su amante.

Es por eso que al comparar las dos versiones queda al descubierto de manera elocuente la singularidad del dispositivo inventado en esta época. Por el tratamiento especial que concede al amor y sus manifestaciones, la versión de Thomas se corresponde más con lo que se podría llamar la cultura heterosexual. Se puede percibir de Béroul a Thomas una evolución propia de toda una época: la transformación de la ética caballeresca en cultura cortés. Un hombre y una mujer que se aman es en sí mismo un argumento suficiente para motivar todo un relato. Lo que genera la aventura ya no es la búsqueda religiosa, el ardor beligerante, o ambos a la vez, como en los relatos de las cruzadas; de aquí en más pasa a ser la búsqueda amorosa. Pero se puede percibir que esta cultura cortés no tiene nada de natural. En Béroul, el mismo tema es presentado de una manera menos lírica, menos exaltada y profunda. Para él la pasión es pretexto de aventuras y desplazamientos; para Thomas, la pasión es el texto.

Un episodio en particular muestra claramente la diferencia entre ambos autores. En Béroul la pasión es el resultado de un filtro, catástrofe que lleva a Tristán, muy a su pesar, a amar a la mujer que debía conducir ante su tío. La toma del filtro es aun más inoportuna, puesto que la pareja inicial del relato no era Tristán e Isolda sino Tristán y Marc. En efecto, tal como lo muestra al comienzo la versión de Eilhart von Oberg, el rey siente verdadero cariño por su sobrino, desea vivir con él y se niega a tener una mujer a su lado, enfrentándose por ello con todo su entorno:
El rey le tenía tanto cariño que por amor a él no quiso contraer matrimonio. Decidió considerarlo su hijo y someter su reino a su poder. Eso disgustó mucho a sus parientes, que lo censuraron por ello. Infinidad de veces lo presionaron para que eligiera como esposa una mujer digna de su rango. Siempre les respondía que no tenía la más mínima intención de casarse.

Es verdad que se necesitaba de una mujer para perpetuar el linaje, pero esta pasión del rey Marc por su sobrino no era en sí misma aberrante. Manifestaba el poderío social y afectivo del lazo de vasallaje, así como la importancia en la sociedad feudal de las relaciones avunculares (relativas al tío) que los historiadores modernos han resaltado más de una vez.

Al estar tan prendado de su sobrino, el rey no se decide a escoger mujer, pero presionado por sus barones encuentra una escapatoria. Dos golondrinas entran por la ventana, y dejan caer un largo y hermoso cabello dorado. El rey anuncia que se casará con la mujer a la que pertenezca dicho cabello, convencido de que nadie logrará encontrarla. Sin embargo, como los barones sospechan que Tristán está pergeñando una maniobra para apoderarse de la herencia del rey Marc, el joven se embarca a la búsqueda de la mujer en cuestión. Y en efecto la encuentra: se llama Isolda; y decide llevarla hasta el castillo del rey. Es en la nave que los trae donde se produce la catástrofe: los jóvenes beben el filtro. Este hecho provoca un conflicto entre la relación homosocial y feudal que une al rey con su sobrino, y la relación heterosexual y cortés que une de ahora en más al sobrino con la reina. El filtro bebido por error es la causa de esa desgracia; esta pasión sólo puede ser el resultado de un accidente. Además, al disiparse el efecto del filtro luego de tres años, Tristán se lamenta de no estar ya en el castillo junto a los demás caballeros, junto a su tío al que tanto ama.

No obstante, el filtro sólo aparece en la versión de Béroul; Thomas no lo menciona, y en su versión todo ocurre como si la pasión hubiera nacido del simple encuentro. Es el amor a primera vista, el flechazo. De allí que no haya necesidad de inventar un artificio; el amor es espontáneo, viene del corazón, en una palabra, es natural . En Béroul, una pasión semejante sólo puede explicarse por un maleficio; en cambio en Thomas se explica por sí misma, ya que proviene del propio ser. Esta diferencia es significativa: revela un proceso de interiorización y naturalización de la pasión amorosa, característico de la cultura heterosexual que surgía por ese entonces y que iba suplantando poco a poco a la cultura homosocial de antaño. En ese sentido, Tristán e Isolda, más que el mito del amor en Occidente, como afirma Denis de Rougemont, es el triunfo del mito del amor heterosexual sobre el amor homosocial.

Traducción: Lil Sclavo

LA INVENCIÓN DE LA CULTURA HETEROSEXUAL
Louis-Georges Tin 
El Cuenco de Plata

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 28/09/2012

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