dimanche 16 septembre 2012

María Teresa CARDENAS/ Óscar HAHN y su particular modo de estar en el mundo


PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2012|Poeta iquiqueño:
Óscar HAHN y su particular modo de estar en el mundo
Por María Teresa CARDENAS

Este lunes, el poeta, ensayista y profesor de literatura hispanoamericana se sumo a la lista de autores reconocidos desde 1942 con el Premio Nacional de Literatura. La votación del jurado fue unánime, y la satisfacción de críticos, escritores y lectores, también. Incluso taxistas y conserjes festejaron la noticia.

Los candidatos estaban avisados. Entre las tres y las cinco de la tarde podrían recibir la llamada. Óscar Hahn se instalo en su sofá, frente al televisor y a un reloj que parecía marcar con mas lentitud que nunca los minutos. Nerviosismo, veía, una película: “Scoop”, de Woody Allen. De repente no aguanto más y se paro a buscar un vaso de leche tibia para relajarse. Volvió en el preciso momento en que, en la pantalla, Scarlett Johansson traía su propio vaso de leche, con el mismo propósito. “Para mi, esas coincidencias, o sincronías, como las llamaba Jung, con los signos que mandan los prefantasmas para decirnos que están aquí”, explica el poeta, quien desde Mal de amor (1981) dejo entrar en su obra a los fantasmas. En La primera oscuridad, publicado en 2011, toman plena forma otros seres que ya venían insinuándose desde Apariciones profanas (2002): son los prefantasmas, los fantasmas anteriores a la gestación biológica del ser humano.

Así, con la misma naturalidad con la que habla de ellos y de la manera en que se expresan, Óscar Hahn reconoce que ya esta tranquilo, pero que aun no asume completamente la noticia que todos los diarios publicaron este martes y que La Estrella de Iquique llevo en la portada: “Iquiqueño Óscar Hahn gano Premio Nacional”.

Aunque también vivió en Rancagua, y 38 años en Estados Unidos –primero en Maryland y desde 1977 a 2008 en Iowa-, al agradecer el galardón dijo: “Para mi, es motivo de orgullo ser el primer poeta que le da el Premio Nacional de Literatura al Norte Grande”. Incluía así a Arica, donde empezó a hacer clases después de estudiar en el Instituto Pedagógico de la U. de Chile, donde conoció a Neruda, donde se caso y tuvo a su primera hija, donde fue arrestado el 12 de septiembre de 1973, y desde donde partió al exilio, en 1974.

-Antes eras reacio a hablar de este premio. ¿Qué sientes ahora, que ya lo ganaste?
-Yo creo que los premios son importantes, son un estimulo, un reconocimiento, y toda persona cuando es reconocida siente un impulso a seguir adelante con lo que esta haciendo. Pero el centro del escritor es la obra, ese objeto que llamamos poema, novela, cuento. Es ahí donde uno tiene que concentrar toda la energía.

-¿Qué fue lo que mas te impresiono después de recibir la llamada?
-La reacción de los conserjes de este edificio, que me abrazaban, gritaban, literalmente. También los taxistas que se paran todos los días al frente y que ya me conocen se bajaban de los autos a felicitarme. De hecho, el que me llevo al Ministerio de Educación me contó que su hija era lectora de mi poesía y que iba a estar feliz solo de saber que su padre me había llevado al ministerio en su taxi. Te fijas, esas cosas a mi me emocionan –y se emociona de verdad- mucho mas que la cosa oficial, del ambiente literario, en el cual yo no estoy ni he estado nunca. No es mi carácter. Yo soy más bien retraído, estoy siempre en mi departamento, y me ocupo de cosas comunes y corrientes, como el futbol, por ejemplo. Soy hincha de la U, desde luego. Ceachei grito ahora que gané el premio.

-Un premio que le dedicaste a tu madre. Aparte de la imagen que conservas de ella como lectora, ¿te apoyo también en tus inicios en la poesía?
-Absolutamente. Ella copiaba a maquina los poemas que yo quería conservar y publicar. Me tenía una fe ciega como poeta. Me dio un consejo de oro: “Escribe siempre pensando en la calidad de los poemas y e nada mas. Cualquier otra cosa es prescindible; la calidad de los poemas, no”.

-¿Qué otra persona fue importante entonces?
-En esos años vivíamos en Rancagua. De hecho mi primer poema lo escribí en un banco de la Plaza de Los Héroes. Más que una persona en particular, recibí el apoyo de un grupo literario que tenía el desafiante nombre de “Los Inútiles”. Siempre me sorprendió que siendo mucho mayores que yo tomaran en serio a un chico de 17 años.

-En tu poema “Designios” (“La primera oscuridad”) escribes: “Cuando ese hombre era niño/ no sabia que la extraña figura/ medio oculta/ entre las sombras de la pared/ era su propia imagen/ que lo observaba desde el porvenir”. ¿Cómo ves ahora al niño que fuiste?
-La mayor parte de mis recuerdos de infancia están relacionados con Iquique, ciudad donde nací y viví hasta los 13 años. Aunque mi padre murió cuando yo tenia 4 años y eso me afecto bastante, de alguna manera pude sobreponerme y mis recuerdos de ese periodo son mas bien felices y están ligados al juego: en las playas, en el Cerro Dragón y escalando las áridas montañas que presiden la ciudad. Éramos exploradores innatos. Explorábamos cada rincón de la ciudad y sus alrededores, sin excluir ni el cementerio. También era nadador, y competí en los campeonatos de la ciudad.

-En esa época, además, se encuentra el origen de tu poema “Visión de Hiroshima”.
-Así es. Yo tenia 7 años, y en una conversación de sobremesa de los adultos escuché hablar de la bomba atómica y de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, y eso me impresiono muchísimo. Tenía pesadillas con explosiones nucleares. Después, cuando me inicié como poeta, todo eso empezó a aparecer en mis poemas sin que yo me lo propusiera.

-Siempre tus poemas surgen de “apariciones”. ¿Recuerdas cual fue la primera?
-La recuerdo muy bien. Fue en 1955. Yo tenía 17 años y estaba en cama, con fiebre. De pronto empezaron a aparecer en mi mente los versos que después constituirán “Reencarnación de los carniceros”, un poema raro, pesadillesco, claro, pero ahí esta presente por primera vez mi preocupación por el peligro de una guerra apocalíptica.

-Tú dices que no te relacionas mucho con poetas, pero Enrique Lihn y Pedro Lastra han sido tus grandes amigos e incluso escribieron un libro en torno a ti. ¿Cómo se inicio tu amistad con ellos?
-A Pedro lo conocí en el Pedagógico en 1958. Éramos compañeros de curso. Es una amistad que ha durado más de 50 años. Hasta ahora mismo mantenemos un dialogo muy enriquecedor, porque Pedro es una verdadera enciclopedia. La amistad con Enrique empezó en 1969, cuando él estuvo de paso en Arica. Durante la dictatura nos veíamos en Estado Unidos, generalmente en la casa de Pedro. Y cuando yo venia a Chile, Enrique era la primera persona a la que llamaba por teléfono.

-¿Cuál es tu principal recuerdo de tu amistad con Enrique Lihn?
-Cuando lo conocí, él ya era un poeta consagrado y de mucho prestigio. Yo era 11 años  menor que él y casi un desconocido. Por eso me sorprendió mucho cuando se intereso en mis poemas. Tanto es así que le propuso a Pedro Lasta que hicieran ese libro, Asedios a Óscar Hahn. Yo les dije que me parecía un dislate, que debía ser un libro sobre Enrique Lihn. Todavía recuerdo la respuesta de Enrique: “No se me apequeñe, maestro”. Además de gran poeta, Enrique era un intelectual brillante, así que hablar con él era una fiesta.

-También Neruda se intereso en tus poemas.
-Neruda fue muy paternal, muy cariñoso. Cuando él me pidió que le mostrara algunos poemas, yo llegué con seis, en una carpeta. Uno era “Visión de Hiroshima”. Él estaba sentado frente a mi, los leyó, y luego dijo: “con cada uno de estos poemas tu podrías hacer algunos del mismo tipo y tendrías seis libros” Y yo, con todo el respecto que él me merecía, pensé que no podía hacer eso. Que yo prefería que cada poema fuera una entidad autónoma, independiente, y no el principio de una serie. Si salían espontáneamente, bien, pero no proponérmelo, que era en cierto modo lo que él hacia. No seguí su consejo.

-Al margen de Neruda, ¿debe haber sido difícil para ti seguir un camino propio considerando a otros poetas, como Lihn o Parra?
-Lo que pasa es que, cuando estoy escribiendo, solo pienso en el poema y no en otros poetas. Dejo que me salga lo que me salga no más. Harold Bloom habla de “la ansiedad de la influencia”. Pero no recuerdo haber sufrido este tipo de ansiedad. Las ansiedades mías son otras.

-¿Qué te parece que Nicanor Parra haya cumplido 98 años esta semana?
-Pienso que tenemos que sentirnos privilegiados de que él todavía esté entre nosotros. Imagínate como se sentirían los españoles si salieran a la calle y pudieran ver caminando a Antonio Machado, o a García Lorca, o a Miguel Hernández, bueno, y resulta que los chilenos tenemos el privilegio de ir a la casa de Nicanor Parra si queremos, o verlo caminando en alguna parte. Él esta en contra de los monumentos, y su longevidad lo ha protegido de eso, o más bien lo ha convertido en un monumento viviente.

-¿Qué opinas de la originalidad en la poesía?
-Yo creo que el problema reside en que el concepto de originalidad esta mal planteado, porque se toma la palabra original como si fuera sinónimo de nuevo, o de novedoso. Pero resulta que, como lo plantea Heidegger, lo original no tiene que ver con lo nuevo, necesariamente. Originalidad es un modo de ser en el mundo. Dos figuras que no son para nada despreciables, como Neruda y Vargas Llosa, cuando caracterizan mi poesía coinciden en eso, en la originalidad.

-En tu poesía incorporas distintos lenguajes y tradiciones.
-Si, y tiene que ver con el pluralismo, que hace que convivan un lenguaje barroco con uno simple, uno coloquial con otro un poco mas sofisticado. Todos nosotros tenemos una pluralidad de lenguajes; nadie habla siempre en forma coloquial o siempre en forma sofisticada. La pobreza reside justamente en hablar en forma unidimensional; esa “multidimensionalidad”, si existe la palabra, es lo que yo trato de poner en mis poemas.

-También te declaras pluralista en política.
-Lo mismo. En el sentido de que no creo en el partido único, como tampoco en el proyecto literario único.

-¿Cuánto han cambiado tus ideas desde que saliste de Chile, en 1974?
-Yo diría que no se han transformado, sino que básicamente tenían que ver con una postura ética respecto de la sociedad, vale decir, la desigualdad es algo contra lo cual uno tendría que estar siempre, no importa como se llame el partido en el cual esté militando.

-Ahora que ya tienes el premio, ¿te interesa influir con tu opinión para que éste vuelva a ser anual?
-Totalmente. El premio empezó así y después se cambio a cada dos años, lo cual complica extraordinariamente las cosas, porque al ir alternando además entre narradores y poetas, significa que cuando una persona no es premiada, tiene que esperar ¡cuatros! Años, lo que es un tiempo excesivo. Es bueno que se vaya alternando, pero tendría que ser anual; así se evitarían muchas rencillas y situaciones angustiantes para los escritores, sobre todo para los que no tienen solidez económica.

-El lunes recordaste especialmente a Enrique Lihn entre quienes habían muerto sin recibir el Premio. ¿Sabias que ese día, precisamente, él habría cumplido 83 años?
-¡No! Yo lo veo entonce como una coincidencia casi fantástica, porque puedo decir que el premio es también un regalo mío para Enrique en el día de su cumpleaños.

***
Una poesía versátil, ocurrente y lúdica
Por Ignacio Valente

Por fin ha recibido Óscar Hahn el dichoso premio. Una visión global de su obra poética sugiere de partida dos observaciones. La primera y mas obvia es ya un tópico: la pluralidad de las corrientes, los influjos y manantiales diversos de los que ella brota como producto histórico: el Siglo de Oro español, el modernismo, las vanguardias y las posvanguardias, la antipoesía… Hahn es un sincretista y un ecléctico, en el mejor sentido –quizá el único bueno- de estas palabras; su voz ha dado unidad y timbre propio a todas aquellas voces de tiempos y lugares distintos.

Una segunda observación se refiere a ciertas cualidades típicamente suyas, de las cuales detallaré tres. Por una parte esta el ingenio verbal, la astucia formal, la habilidad artesana de sus versos. La ingeniosidad de Heine, Michaux o Parra (a quienes, por lo demás, poco se parece): los recuerda por su ligereza juguetona y por su espíritu lúdico; porque ellos y él son muy “ocurrentes” (lo que constituye un talento poético escaso y superior). Escribir poesía de calidad como si se estuviera jugando no es poca cosa. En seguida, muchos de sus poemas son dados a lo fantástico, no en el sentido en que el género lo es de suyo como obra de la imaginación creadora, sino en aquel otro aspecto al que alude la expresión “literatura fantástica” (a cuyo estudio se ha dedicado Hahn en su actividad académica): en su poesía hay muertos vivos, personificaciones de la muerte, carniceros reencarnados, seres espectrales en las habitaciones (todos ellos, eso mi, mas de juego que de terror).

Las tres cualidades mencionadas –ingenio, juego, fantasía- no están por igual en cada poema, como es natural, pero rara vez faltan. Así, por ejemplo: “Estuve toda la noche parado frente a tu puerta/ esperando que salieran tus sueños/ A la una salio una galería de espejos/ A las dos salio una alcoba llena de agua/ a las tres salio un hotel en llamas/ a las cuatros salimos tu y yo haciendo el amor/ a las cinco salio un hombre con una pistola/ a las seis se oyó un disparo y despertaste”…

Los núcleos temáticos de esta poesía son principalmente el amor y la muerte, lo que no parece muy original, pero tampoco pretende serlo: simplemente es así, como en tantos poetas; entre nosotros, por ejemplo, Eduardo Anguita y Gonzalo Rojas. El amor en la obra de Hahn esta más cargado a la libido que al sentimiento, como ocurre también en el caso de Neruda, solo que aquí con más procacidad, lo que refleja el paso de una generación a otra en materia de sexo.

En torno a la muerte giran varios poemas de Hahn. Algunos reflejan una experiencia lucida –y también lúdica-, como éste del quirófano: “Levántate y anda al hospital me dijo la voz/ Soy el fantasma anterior a tu nacimiento/ Aun no es tiempo para el otro fantasma/ Tu muerte te afectaría profundamente/ Jamás podrías recuperarte de tu muerte/ Me pusieron en una camilla y me metieron al quirófano/ Al otro lado se ve el infinito qué miedo/ Tengo un hoyo en el alma/ por el cual se me escapa el cuerpo”… Pero otras veces el hablante exhibe una actitud no ya solo lúdica sino más bien presuntuosa, que, tratándose de la muerte, tiene algo postizo y rebuscado: “Yo tuteo a la muerte. Hola, Flaca, le digo. ¿Cómo estái?”. Fallido en si, este lenguaje lo es también como palabra poética.

He hablado de dos temas centrales, pero Hahn es un poeta muy versátil, y tan rico en asuntos como en lenguajes. No solo en la formal, también en lo temático es un autor de “varios niveles”. A veces aprovecha con maestría la contingencia de cualquier situación trivial; así en “Televidente”: “Aquí estoy otra vez de vuelta/ en mi cuarto de Iowa City/ Tomo a sorbos mi plato de sopa Campbell/ frente al televisor apagado/ La pantalla refleja la imagen/ de la cuchara entrando en mi boca/ Y soy el aviso comercial de mi mismo/ que anuncia nada/ a nadie”.

Otras veces –pocas- incursiona Hahn en la polis, y lo hace mejor cuando aborda el problema –los desaparecidos de la dictatura militar, por ejemplo- en forma indirecta, anecdótica y oblicua, como en este excelente “Hueso”, que comienza así: “Curiosa es la persistencia del hueso/ su obstinación contra el polvo/ su resistencia a convertirse en ceniza”, para terminar con la muda delación: “es una tibia un fémur unas cuantas costillas/ una mandíbula que alguna vez hablo/ y ahora vuelve a hablar/ Todos los huesos hablan penan acusan/ alzan torres contra el olvido/ trincheras de blancura que brillan en la noche/ El hueso es un héroe de la resistencia”. A la política y al problema nuclear habría que agregar la ingeniosa y suave critica de la vida, como en este “Posmodernos”: “Antiguamente éramos personajes/ del gran teatro del mundo/ Ahora no somos mas/ que actores secundarios/ de una mala película”.

Entre los muchos timbres formales de Hahn, es muy notable el que recrea la voz perenne del Siglo de Oro español. Difícil es encontrar, en esa línea, uno superior al célebre soneto “Gladiolos junto al mar”, tantas veces citado, y con razón, tantas veces citado, y con razón, del que reproduzco el primer cuarteto y ultimo terceto: “Gladiolos rojos de sangrantes plumas/ lenguas del campo llamas olorosas;/ de las olas azules olorosas/ cartas os llegan: pálidas espumas”/ (…)/ Y en cada dulce flor de sangre inerte/ la muerte va con piel de sal entrando/ y entrando van las flores en la muerte”.

Algo de Garcilaso y algo de Quevedo, bien pasados por el siglo XX, hay en este poema. Y algo de Shakespeare, pasado por muchos ismos y también por Borges, y lleno de ingenio, habilidad y fantasía, es este clásico “Meditación al atardecer”, que me permito citar entero por su belleza casi intemporal: “¿En qué piensa la ultima rosa del verano/ mientras ve desfallecer su color/ y evaporarse su perfume?/ ¿En qué piensa la ultima nieve del invierno/ mientras mira esos rayos de sol/ que se abren paso entre las nubes?/ ¿Y en qué piensa ese hombre/ a la hora del crepúsculo/ sentado en una roca frente al mar?/ En la ultima rosa del verano/ En la ultima nieve del invierno”.

En un tiempo de escasa poesía castellana de valor, Óscar Hahn figura en el primer rango del género, con pocos nombres que le acompañen en America Latina.

Articulo: http://www.mer.cl 09/09/2012

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