dimanche 21 octobre 2012

Constanza ROJAS VALDÉS/ Elizabeth SUBERCASEAUX y el pasado no resuelto


Escritora chilena Nueva publicación
Elizabeth Subercaseaux y el pasado no resuelto
Por Constanza ROJAS VALDÉS 

Una mujer desaparece y, en su lugar, regresan conflictos que parecían olvidados. Más cerca del drama que del humor con el que ha retratado a la clase alta chilena, la escritora publica ahora La última noche que soñé con Julia. 

Los ojos estarían puestos sobre ella. Julia daría una fiesta en su nueva casa en El Arrayán, con su nuevo marido, Luciano Orrego, para celebrar su nueva vida. A las diez y media de la noche, cuando era hora de pasar a las mesas, cayeron en la cuenta de que la anfitriona había desaparecido.

La última noche que soñé con Julia (Suma de Letras) parte de este hecho, para luego ahondar en todo lo sórdido que hay tras él. Cuarenta años antes, el hermano de Luciano violó a la madre de Julia, Teresa Montes. Quien, a su vez, es de la "rama pobre" de la familia Orrego. Julia además ha dejado a Jonás, un ex marido cargado de rabia y despecho.

La escritora Elizabeth Subercaseaux vive en Estados Unidos hace 23 años, pero La última noche que soñé con Julia es una novela con personajes y escenarios chilenos. De hecho, muchos de ellos podrían ser parte de su serie "Barrio Alto" ( Vendo casa en el Barrio Alto y Compro lago Caburga ). Está el poderoso político conservador y su imperio de influencias. Está la casa en Zapallar y la familia tradicional. Están los colegios del sector oriente y la imagen que cuidar.

"Todas mis novelas tienen que ver con el ámbito que mejor conozco. No podría escribir algo de la clase obrera, porque no conozco bien ese mundo. Independiente de eso, tengo una actitud muy crítica hacia mi círculo. Prácticamente de eso se trata ser escritor", explica Elizabeth Subercaseaux, quien se encuentra en Chile también por una pérdida, pero esta vez personal. Raquel Correa, quien murió el mes pasado, fue su íntima amiga durante cuarenta años: "No se puede hacer este duelo desde lejos, necesitaba ver a la familia. Y me ha hecho bien", señala.

-¿Cómo se mantiene en contacto con Chile, viviendo afuera?
-Paso cinco meses al año en Chile. Acá están mis hijos, mis nietos, mis amigos, toda mi familia, menos John, mi marido, que está en Estados Unidos. Y me hice un propósito firme cuando me fui hace 23 años: no perder los lazos con mi país y, en lo posible, tratar de profundizarlos. Ese es uno de los motivos por los cuales hasta ahora me he metido sólo con temas que tienen que ver con Chile.
Si bien la mayoría de los personajes se asemejan a los de "Barrio alto", el tono no es el mismo. En La última noche que soñé con Julia no está el humor como telón de fondo, sino el drama. La tragedia, las reflexiones, el peso de lo inconcluso.

-La novela sugiere que lo no solucionado siempre regresa.
-Estoy de acuerdo, y eso ocurre en Chile. Cuando hay un pasado de conflicto, si no se resuelve, siempre va a volver. Es lo natural. Creo que aquí hay un conflicto que ocurrió el 11 de septiembre de 1973, y muchas cosas no se resolvieron.

-¿Es una analogía de la violación de la madre de Julia?
-Por supuesto. Para empezar, nunca se habló. Si ha habido un conflicto en la familia y nadie lo aclara ni explica, va a seguir intacto, como un cáncer. Es lo que pasa en Chile en cierta medida; aquí no está el cáncer entero, pero quedan ciertas células cancerosas.

La novela se narra fragmentariamente, con constantes viajes al pasado. A los personajes se los presenta en distintos tiempos, y prácticamente todos convergen en una red que ilustra lo pequeño que es el mundo santiaguino. La endogamia que impera en él.

Elizabeth Subercaseaux, además, propone una sociedad en la que hay ganadores y perdedores. Entre estos últimos está como ancla la figura de Jonás. "¿Tú crees que es posible vivir junto a un hombre que es un rehén de un país que ya no existe, que tal vez sólo estuvo en tu imaginación y que, desde luego, nunca va a volver?", le dice Julia, tras recriminarle que su ideología y, a la vez, apatía, no le permiten ni siquiera arreglar los cajones de la cocina. Todos los personajes de la novela se abordan en tercera persona, menos Jonás, quien narra con su propia voz.

-¿A qué obedece esto?
-Quería que Jonás contara la historia, porque él es el foco de todos los conflictos. El de la pareja y el conflicto social. Por eso elegí que fuera la primera voz, y me costó mucho. Quería que se notara que él estaba hablando, que estuviera su rabia, su frustración, su soledad, su fracaso.

-Se lo muestra como un izquierdista trasnochado.
-Ése era su problema, y creo que es un problema serio que debe haber tenido en su momento la propia Concertación. Porque una cosa es ser izquierdista en el siglo XXI y otra en el comienzo de la revolución cubana. Ahí llevas todas las de perder, porque no progresaste.

Buscando a su abuelo

Hace cinco años y después de más de veinte libros publicados, Elizabeth Subercaseaux decidió escribir por primera vez acerca de un tema que no fuera Chile. Se trata de una biografía novelada del compositor alemán Robert Schumann y su señora, Clara Wieck. Sus tatarabuelos.

"Elisa Schumann, hija de ambos, era abuela de mi mamá, y muy cercana a ella, porque vivieron juntas en Holanda cuando era chica. No es una familia con la cual nunca hubiéramos tenido contacto, sino todo lo contrario", explica.

En este tiempo ha leído todo lo que encontró en inglés acerca de los Schumann, fue a Alemania, visitó sus casas y museos. Compró un piano, y tomó clases: "Llegó un momento en el que me di cuenta de que tenía que aprender, no podía seguir metiéndome en el mundo de la música sin tocar yo misma. Estoy totalmente involucrada. Pienso todo el día en eso".

La escritora asegura que, para ella, será la novela más importante de su carrera. Sin duda, la más ambiciosa. Ya comenzó a escribirla, y en ésta los personajes hablarán en primera persona: "Ellos mismos van a contar su historia", asegura. 

Articulo: http://www.mer.cl 21/10/2012

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