dimanche 7 octobre 2012

Homenaje a Antonio CISNEROS


Poeta
Antonio Cisneros Campoy falleció hoy a los 69 años de edad

Al borde de los 70 años, el poeta Antonio Cisneros Campoy, falleció hoy sábado seis de octubre del 2012.

Sin duda se trata de uno de los más importantes poetas en la historia del Perú, sus poemas han sido leídos por millones de personas en todo el planeta, gracias a innumerables traducciones.

Además el Premio Interamericano de Cultura Gabriela Mistral en el año 2000, que entrega la Organización de Estados Americanos (OEA), en 2004 el Premio Iberoamericano de Letras "José Donoso", que otorga la Universidad de Talca (Chile) y el Casa de las Américas en 1968 (Cuba).

En 2004, también fue condecorado como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno Francés.

El estilo de su obra ha sido caracterizado por toques de "ironía e inteligencia" y con "un carácter muy sensible a la contemporaneidad", según el jurado del Premio Neruda.

Sus obras más conocidas son Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Comentarios Reales de Antonio Cisneros, Agua que no has de beber, Como higuera en un campo de golf y Las inmensas preguntas celestes, entre otras.

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La partida de Toño
Por Federico de Cárdenas

Pesar. Antonio Cisneros (1942-2012), uno de los más reconocidos poetas peruanos, sucumbió a un cáncer pulmonar. La cultura de nuestro país pierde a uno de sus referentes del arte y a un protagonista del debate cultural de los últimos 50 años.

El poeta peruano Antonio Cisneros, ganador de diversos premios nacionales e internacionales, falleció ayer a los 69 años tras una breve enfermedad.

Cisneros, quien se desempeñó además como periodista, guionista y catedrático, era considerado el más importante exponente de la Generación del 60 de la literatura peruana y obtuvo importantes galardones como el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2010, la más alta distinción que otorga el gobierno chileno a un poeta de la región.

También ganó el Premio Interamericano de Cultura Gabriela Mistral en el 2000, que entrega la Organización de Estados Americanos (OEA); en el 2004 el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, que otorga la Universidad de Talca (Chile); y el Casa de las Américas en 1968 (Cuba). En el 2004, también fue condecorado comoCaballero de la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno Francés.

El estilo de su obra ha sido caracterizado por toques de “ironía e inteligencia” y con “un carácter muy sensible a la contemporaneidad”, según el jurado del Premio Neruda.

El poeta inició estudios en 1960 en la Pontificia Universidad Católica –publicó su primer poemario, Destierro, en la colección de poesía que dirigía Javier Sologuren, caracterizada por sus primorosas ediciones en una impresora artesanal– pero debió trasladarse a la universidad debido a haber manifestado en un documento su solidaridad con la revolución cubana. Postura que revisaría decenios más tarde.

Concluidos sus estudios, partió a Gran Bretaña para seguir un doctorado y durante unos años fue profesor en la universidad de Niza. Esta estadía en Europa, donde vivió los años de la gran efervescencia intelectual y artística que fueron definidos como los del swinging London, y su compromiso político, alimentarían buena parte de su poesía de los años 60 y 70.

RETORNO A LIMA

De regreso al Perú, el poeta ejerce la docencia en la Universidad de San Marcos y practica con asiduidad el periodismo, colaborando con los principales diarios y revistas nacionales.

Debido a sus simpatías de izquierda, el poeta participa en la fundación del Diario de Marka y asume la edición de su suplemento semanal, El Caballo Rojo, que se convierte rápidamente en la más importante de las nutridas publicaciones culturales que circularon en los años 70 y 80.

ÚLTIMOS AÑOS

Sus poemarios más conocidos son Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Comentarios Reales, Agua que no has de beber y Las inmensas preguntas celestes. Un viaje a las islas Galápagos motivó su más reciente y notable libro.
Al mismo tiempo, y desde hace más de un decenio, el poeta dirigió el centro cultural Inca Garcilaso, dependiente de la Cancillería, y dirigió una gran promoción y difusión cultural.

Cuando, en agosto pasado, le fue diagnosticado un cáncer pulmonar avanzado e inoperable, el poeta aceptó la situación con la serenidad y humor que siempre lo caracterizaron. Ha fallecido rodeado del afecto de su esposa, hijos y nietos, a quienes acompañamos en este momento de dolor. Se va una de las grandes voces poéticas en lengua castellana y un espléndido ser humano. Nos queda el consuelo de su obra.

EN EL 62 LAS AVES MARINAS HAMBRIENTAS LLEGARON HASTA EL CENTRO DE LIMA

Toda la noche han viajado los pájaros desde la costa –he aquí / la migración de primavera: /
las tribus y sus carros de combate sobre el pasto, los templos, / los techos de los autos. /
Nadie los vio llegar a las murallas, nadie a las puertas / –ciudadanos de sueño más pesado que jóvenes esposos– /
y ninguno asomó a la ventana, y aquellos que asomaron /
sólo vieron un cielo azul-marino sin grieta o hendidura entre su / lomo /
–antes fue que el lechero o el borracho final–y sin embargo /
el aire era una torre de picos y pellejos enredados, /
como cuando dormí cerca del mar en la Semana Santa /
y el aire entre mi lecho y esas aguas fue un viejo gallinazo de / las rocas holgándose en algún patillo muerto /
–y las gaviotas-hembra mordisqueando a las gaviotas-macho / y un cormorán peludo rompiéndose en los / muros de la casa.
Toda la noche viajaron desde el Sur. /
Puedo ver a mi esposa con el rostro muy limpio y ordenado / mientras sueña /
con manadas de morsas picoteadas y abiertas en sus flancos por / los pájaros.

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Antonio Cisneros: el canto y el viaje

Antonio Cisneros no está ya entre nosotros. Para quienes lo queríamos y tuvimos el privilegio de estar entre sus amigos más cercanos, será muy difícil aceptar esa ausencia. Cuando alguien como Toño se va, no ocurre solo que una existencia se apaga: la vida, siente uno, tiene menos brillo.

Es la de Cisneros, sin duda, una de las obras más altas de la poesía contemporánea en lengua española. Su importancia en la literatura peruana es también incuestionable. Desde Destierro (1961) hasta Un crucero a las islas Galápagos (2005), la poesía de Antonio Cisneros se descubre, en sus varias escalas, como la crónica lírica de una experiencia cuyo signo es el viaje. De la distancia y los encuentros, así como de los hallazgos y los extravíos, da cuenta de una escritura que se orienta en las aguas –con frecuencia agitadas– de la historia comunitaria y personal.

“El puerto/casi ha llegado/ hasta los barcos” declaraba, con discreta melancolía, la voz poética en el libro del noviciado. Cincuenta y cuatro años más tarde, un hablante febril y clarividente dice, en el primer poema en prosa de Un crucero a las islas Galápagos: “No es en esos meandros, donde viven los peces de agua dulce, que yo el gran capitán broadcaster destajero, con cien pesos al mes mientras navego y ciento treinta cuando estoy en tierra, he sentido terror por lo que resta de mi ordinaria vida”.

Significativamente, entre los escenarios principales de la poesía de Antonio Cisneros están los litorales y las riberas: límites cambiantes que unen y deslindan, márgenes donde se deciden los destinos y se realizan los balances. Los puntos de partida y de llegada propician el examen de una identidad que nunca es fija, porque el tiempo es su cauce y el tránsito es su signo. Esto se reconoce ya en los títulos mismos de “Entre el desembarcadero de San Nicolás y este gran mar” y “Medir y pesar las diferencias a este lado del canal”, dos poemas capitales de Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), que ganó el Premio Casa de las Américas, de Cuba, cuando ese galardón era el más prestigioso para la poesía en castellano.

La poesía lírica es, como se sabe, el discurso de una primera persona. Sin embargo, en la obra de Cisneros, la voz es una y es múltiple: a través del monólogo dramático y de un amplio reparto de presencias, el poeta amplía la órbita de su expresión. La forma flexible y abarcadora de su escritura –vitalista y culta, coloquial y arcaizante, épica y confesional, cosmopolita y arraigada en la realidad peruana– le permite al poeta moldear materiales disímiles y en apariencia opuestos.

Admirablemente, la variedad formal y la riqueza temática se manifiestan sin perder nunca el sello del estilo propio. Esto se muestra, con modulaciones diferentes, en los libros ya mencionados y también en Comentarios reales (1964), Agua que no has de beber (1971), Como higuera en un campo de golf (1972), Crónica del Niño Jesús de Chilca (1981), Monólogo de la casta Susana y otros poemas (1986) y Las inmensas preguntas celestes (1992).

Ya en David (1962), el rey bíblico se nos presenta como un ser complejo y, por eso, irreductible a una sentencia o una sola definición: héroe, adúltero, monarca y, sobre todo, poeta, el personaje despierta, según los roles que cumpla, la identificación o la crítica. La simpatía o el sarcasmo tiñen la crónica del rey, pero la dimensión más plena del David de Cisneros (o, si se quiere, de Cisneros en David) se revela cuando este toma la palabra, como en “Canto al Señor”: “Estoy acostumbrado al amor,/sin embargo conozco tu silencio”.

Esa confesión me remite uno de los libros más bellos de Cisneros, El libro de Dios y de los húngaros, que da cuenta de la alegría –serena o exaltada, pero siempre profunda– de la conversión religiosa del poeta. En ese poemario se encuentra “Domingo en Santa Cristina de Budapest y frutería al lado”, que para mí es el poema más hermoso –por su tersa dicción, por el modo en que sostiene un tono jubilosamente solemne y por la impecable luminosidad de las imágenes– que haya escrito Antonio Cisneros: “Porque fui muerto y soy resucitado, / loado sea el nombre del Señor,/sea el nombre que sea bajo esta lluvia buena”.

La poesía de Antonio Cisneros le pertenece a su tiempo. Ella, como su creador, es también ahora de la posteridad.

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Nadine Heredia recuerda y agradece al poeta Antonio Cisneros

Cisneros, uno de los poetas peruanos más importantes y cuya obra ha sido premiada internacionalmente, falleció el sábado a consecuencia de un cáncer de pulmón, informaron sus familiares.

La primera dama de la Nación, Nadine Heredia, recordó hoy sábado al poeta Antonio Cisneros, quien falleció esta mañana a los 69 años, al publicar uno de los poemas más conocidos del escritor peruano a través de su cuenta Twitter.

"'En este país un perro negro sobre un gran prado verde es cosa de maravilla y de rencor.' Gracias Antonio Cisneros x tanta poesía. Descansa", escribió en la popular red social.

El fragmento publicado en el Twitter por la Primera Dama corresponde al poema "Un perro negro" del libro Las inmensas preguntas celestes, publicado en el año 1992.

Como se recuerda, el poeta peruano Antonio Cisneros, obtuvo diversos premios nacionales e internacionales y se desempeñó además como periodista, guionista y catedrático. Fue uno de los más importantes exponentes de la "generación del 60" de la literatura peruana.

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Ministro de Cultura: “Deceso de Antonio Cisneros es una gran pérdida”

El deceso de Antonio Cisneros es una "gran pérdida" para el Perú, afirmó hoy el ministro de Cultura, Luis Peirano, quien se declaró muy apenado por la partida de uno de los mayores poetas del país.

Cisneros, cuya obra ha sido galardonada con diversos premios internacionales, falleció a los 69 años a consecuencia de cáncer al pulmón, según informaron sus familiares.

Peirano resaltó que el autor del celebrado "Canto ceremonial contra un oso hormiguero" (1968) tuviera una larga trayectoria literaria, que inició desde muy joven, y que, además, destacara también en otros campos, como el periodismo.

“Es una tristeza muy grande, estoy muy apenado”, comentó al conocer la noticia de su deceso.

Adelantó que el Ministerio de Cultura despedirá a Cisneros "con los honores que merece” y que se promoverán actividades para que su nombre se mantenga vigente para las nuevas generaciones.

No descartó nuevas ediciones de la obra de Cisneros, quien recientemente fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2010.
“Estoy seguro que su deceso dará pie a mucha actividad y a mucho trabajo creativo en su memoria”, añadió Peirano.

El funcionario comentó que Cisneros era uno de los candidatos fuertes para los premios de Cultura que se han convocado para este año, luego de mucho tiempo.

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Recuerdo

Antonio Cisneros: Yo vine al mundo con la camiseta de 'Sporting Cristal' puesta. A continuación compartimos la crónica de Antonio Cisneros en la cual revela cómo nació su amor por el cuadro celeste. El texto fue tomado de: "El libro del buen salvaje, crónicas de viajes", editado por Peisa.

Yo vine al mundo, es decir al gramado, con la celeste puesta. Una década después nació Cristal. Mi padre, sus hermanos y todas las dinastías de mi casa eran hinchas del Sporting Tabaco. Y en el poblado santoral de mi más tierna infancia, tenían un sitial de privilegio Eugenio Zapata, Germán Colunga, Alfredo Cavero, Ernesto Villamares, Faustino Delgado, Vicente Villanueva, Leonidas Mendoza, alias “Tundete”, y el gran Condemarín. Ángeles y demonios a la vez.

La felicidad de los domingos eran esas tribunas de madera y color terracota en el Estadio Inglés. Siempre con mi padre y mi tío Paco y mi primo Nicolás. Por entonces sólo se jugaba con la luz del día. En el 52 se inauguró el Estadio Nacional. El mejor iluminado de Sudamérica, según decían.

Aún recuerdo la primera noche del Sporting Cristal. Era mi equipo de siempre y no era el mismo. Usaban unas camisas de satén en vez de camisetas y el celeste había cedido al azulino. Para mi tranquilidad, la mayoría de los tabacaleros seguían en la escuadra. Allí estaban gloriosos bajo los reflectores y el confeti. La novedad era la terna de uruguayos Sacco, Zunino y Acuña. Un equipo poderoso había nacido y ese mismo año campeonó. Fue en 1956.

El Tabaco nunca tuvo gran hinchada. Tampoco en sus orígenes el Cristal. Aunque, a diferencia de sus modestos predecesores, los cerveceros y sus recursos millonarios despertaron muy pronto las envidias de los eternos intocables, el Alianza y la U. Era natural. Por lo demás, la popularidad de la celeste me tenía sin mayores cuidados. Al fin y al cabo, el Cristal (como antes Tabaco) era casi una tribu familiar.

(Dicho sea de paso, creo que mi primo Nicolás guardó esa soledad toda su vida. Marino mercante entre el Callao y Yokohama, murió a los cuarenta años en un pueblo de Texas apartado del mar).

Nadie en el barrio o el colegio codiciaba la casaquilla del Cristal. De modo que entre los dos asumimos la gloria del equipo completo. Ismael Soria que venía de triunfar en Millonarios, el diablo Gallardo, Del Solar, Asca por supuesto, el granítico Chumpitaz y hasta el watusi Arizaga, que con su sola presencia levantaba los abucheos del estadio. Cuando Alberto Gallardo, con un salto felino, le rompió el alma a un par de matones de Boca en la misma Bombonera, Nicolás y yo nos consagramos para siempre. O todo el verano por lo menos.

Creo que mi amor por las buenas bodegas de italianos tiene que ver con el fútbol. Esas noches nubladas, a la salida del estadio, con frecuencia acompañaba a mi papá y a su grupo de amigos al viejo Malatesta. Cervezas heladas y queso gorgonzola. Una coca-cola para mí. Animoso al principio, terminaba dulcemente aburrido entre charlas y risas que casi no entendía.

A lo largo de mi viajera vida, el corazón celeste me ha acompañado por varias latitudes. Ahí, donde sentaba mis reales, solía procurarme algún equipo que de alguna manera recordara al Cristal. A la camiseta del Cristal. Celeste era, por ejemplo, la del MTK de Hungría, representante de las fuerzas armadas y colero perpetuo. Celeste era también la del Southampton Regal en Inglaterra, un bodrio de excepción. Cosas del fútbol como dicen.

Aunque ahora voy poco al estadio hay un hincha maravillado que siempre vive en mí. No he perdido la costumbre de empezar la lectura de los diarios por la última página y los programas deportivos, junto con las películas de terror inglesas, son mis favoritos en la televisión. Hasta hace pocos años, solía toparme con el gran Rafael Asca por los alrededores de la calle Shell en Miraflores. Qué placer saludarlo, agradecido, con un ceremonioso “Buenas, don Rafael”, en nombre de ese niño solitario y feliz.

Articulo: www.larepublica.pe  06-07/10/2012

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