dimanche 14 octobre 2012

Joaquín MARCO/ La transición de Dionisio RIDRUEJO


La transición de Dionisio Ridruejo
Por Joaquín MARCO

El crítico y catedrático Joaquín Marco repasa la trayectoria literaria e ideológica del autor en su centenario

La figura de Dionisio Ridruejo, nacido en El Burgo de Osma (Soria) en 1912 y fallecido en Madrid en junio de 1975, constituye uno de los escritores comprometidos de más difícil clasificación. Sin embargo, tal vez por ello, los estudios sobre sus textos se han multiplicado hasta hoy. Su prosa ejerce un enorme atractivo: dúctil, sencilla, vitalista o polémica. Va de lo familiar, en sus recuerdos de infancia, a lo político y doctrinal. Su paso del falangismo a una socialdemocracia liberal le convirtieron en uno de los más complejos y radicales modelos de transición.

Su vocación primera fue la poesía. Ya en 1935 publicó Plural, donde compiló poemas que llevaba escribiendo desde 1929. Se situó junto a Vivanco, Agustín de Foxá, Panero o Rosales en un formalismo clasicista, no tan alejado, en los sonetos, por ejemplo, de poetas de la anterior promoción, como Rafael Alberti o el mismo Federico García Lorca. A lo largo de su producción advertiremos la influencia de Gerardo Diego y Manuel o Antonio Machado, de quien realizó la primera edición de sus Poesías completas, muy incompletas, en la más inmediata posguerra. Cuando publicó otra entrega poética fue ya en 1939: Primer libro de amor y siguió editando libros de poesía; hasta dos en un mismo año. 

Pero, entre tanto, su personalidad se había decantado hacia la política. Participó en la composición del himno de la Falange, Cara al Sol, conoció y quedó deslumbrado por la personalidad de José Antonio Primo de Rivera y, convertido en uno de los oradores de la falange castellana, vivió la guerra y pasó a ocupar el cargo de Consejero Nacional y Director General de Propaganda en 1938. Nunca llegó a concluir unas memorias, pese a que las tenía en marcha y, recuperadas, debían publicarse en la editorial Planeta. Sin embargo, jóvenes estudiosos como Jordi Gracia y Jordi Amat han dado a conocer parte de su prosa, su epistolario con abundantes referencias personales, parte del que iba destinado a un grupo de amigos o las más íntimas, en las que muestra su honestidad intelectual: Cartas íntimas desde el exilio (1962-1964) (Madrid, 2012). Sin embargo, Ridruejo se creyó esencialmente antes que escritor, poeta. 

Reunió Poesía en armas (1940) y, junto a "Cuadernos de Rusia", una nueva edición en 1944. Sus inquietudes, tras renunciar a sus cargos oficiales e incluso a la codirección de la revista Escorial, le llevaron paradójicamente a integrarse en la División Azul y a empuñar el fusil en el frente ruso. En “Explicaciones”, incluido en Casi unas Memorias (reeditadas y reordenadas por Jordi Amat en 2007) puede seguir el lector las peripecias del personaje hasta 1961, desde su propia perspectiva, año en el que reunió también la más divulgada de sus colecciones poéticas: Hasta la fecha. 

Durante uno de sus primeros destierros llegó a Cataluña y conectó con el grupo de la revista Destino, aliadófilo, burgués y liberal, que ejercería gran influencia sobre la evolución de su pensamiento y no sólo desde la perspectiva política. Participó en el llamado por el Régimen “Contubernio de Munich”, el IV Congreso del Movimiento Europeo. Fue un primer encuentro entre miembros de la oposición a Franco del exilio y del interior sin presencia de los comunistas. Por ello permaneció en el exilio dos años, situándose en París, centro de sus actividades, apoyado por el “Congreso por la Libertad de la Cultura”, financiado, entonces en secreto, por la CIA. 

Con anterioridad había permanecido en la Italia postfascista, que abrió sus inquietudes democráticas. Pasó por la cárcel. Profesó también en los EE.UU. Gracia le dedicó su libro La vida rescatada de Dionisio Ridruejo (2009) y Francisco Morente, Dionisio Ridruejo. Del fascismo al antifranquismo(2008). También del 2008 es la valiosa edición de Escrito en España, de Jordi Gracia, así como el epistolario: El valor de la disidencia (2007). Hoy advertimos en el personaje, un conspirador, las luces y las sombras. Pero nadie como Ridruejo ejemplifica mejor el drama de una determinada España del siglo XX. En tres ocasiones fue recibido por el Caudillo y en una de ellas se atrevió a proponerle un plan de democratización. “Yo no estoy aún desesperado de España. Ni las conveniencias ni el tirón de los afectos han podido convertirme en desterrado o inhibido en mi propia patria. Sin la menor causa de resentimiento, sin la menor codicia de poder o de brillo, he vuelto a la actividad que, a mi juicio, me viene exigida por mi simple conciencia de ciudadano solidario. Y esto es todo”, escribiría en 1961. 

***
El Dionisio Ridruejo del exilio y el llanto, al desnudo
La Fundación Banco Santander presenta sus Cartas íntimas desde exilio
Por Nuria AZANCOT 
Publicado el 25/06/2012

El Instituto Cervantes acoge este martes en su sede madrileña la presentación de las Cartas íntimas desde el exilio de Dionisio Ridruejo, publicadas por la Fundación Banco Santander y que apadrinan Víctor García de la Concha, Borja Baselga -director de Fundación Banco Santander-, Santos Juliá, Álvaro Pombo y los antólogos Jordi Gracia y Jordi Amat. Un acontecimiento que mezcla historias olvidadas, detalles íntimos, confidencias y mucha soledad, en la línea de aquellos versos en los que hablaba de cómo “el tiempo de mi esperanza/ es como tiempo pasado”. 

Falangista de primera hora y combatiente en la División Azul, Dionisio Ridruejo (Burgo de Osma, 1912-Madrid, 1975) no tardó mucho en descreer del franquismo, y fue implacable con el régimen y consigo mismo. Tras la terrible experiencia y el desengaño, escribió, avergonzado: “Conviví, toleré, di mi aprobación indirecta al terror con mi silencio público”.

Pero Ridruejo hizo mucho más: en 1962 participó en lo que se dió en llamar el Contubernio de Munich, una reunión de fuerzas antifranquistas que se plantaron frente al régimen y exigieron libertad. Después, el poeta no se atrevió a volver. Sabía que le esperaba la cárcel o el destierro, y se refugió en París dos años, entre 1962 a 1964. Desde allí escribió una treintena de cartas íntimas, que ahora ven la luz, así como artículos y entrevistas que RBA publica al tiempo, en Ecos de Munich, para completar el retrato de unos años turbulentos.

Según los antólogos de las cartas inéditas, Jordi Gracia y Jordi Amat, la mayoría de las 30 misivas que han reunido en este volumen “se escriben desde París: la primera es del día 14 de junio de 1962 y la última está redactada el 22 de abril de 1964, al día siguiente de su regreso a Madrid.Había pasado las primeras horas escondido, al parecer, en casa nada menos que de su viejo jefe de la División Azul, y en ese momento vicepresidente del Gobierno, Agustín Muñoz Grandes. Obviamente, ni es un conspirador típico ni es un exiliado normal ni la rectificación de su pasado fascista es fácil de trazar en dos prontos”. 

Desde allí escribía a su mujer, Gloria del Río, “sin público y sin cálculo político”, impelido por la “necesidad de contarle su vida”, o de saber de los estudios de su hijo.... Era, explican J. Gracia y J. Amart, la “crónica íntima de una aventura imprevista que empieza como empiezan las aventuras: tan accidentadamente que tanto él como sus acompañantes estuvieron a punto de no llegar ni siquiera a Múnich”, y que estuvo repleta de desencuentros y soledades.

Las cartas -explican los editores- “se van convirtiendo inevitablemente en el sismógrafo de la añoranza, de la preocupación por sus hijos y el estado de ánimo de Gloria, ya azacaneado y muy alicaído tiempo antes del exilio de Ridruejo. En las cuartillas garabatea con letra a veces indescifrable su día a día y descubre el territorio solitario en el que la lucha política se transmuta en responsabilidad personal, un espacio en el que tramar encuentros posibles y retomar la charla siempre pendiente sobre las motivaciones de un proyecto de vida arriesgada”. 

Así, en la primera carta, escrita el 14 de junio de 1962, confiesa que “Lo que se ha hecho es lo único que puede dar confianza a la gente sobre el porvenir y yo no cejaré hasta llevar las cosas a sus mejores consecuencias. Esta es la razón por la que no me apresuro a volver ni a aceptar la residencia en Fuerteventura -que es una isla dura pero preciosa- o en Carabanchel. Tengo mejores cosas que hacer por el momento. Cuando estas cosas estén hechas, volveré a España seguramente y que ellos tomen la responsabilidad. Pero por debajo de todo esto me preocupo mucho por ti. No me atrevo a pensar sobre tu estado de ánimo. ¿Te vas a sentir desamparada?”.

En la segunda (mucho más practica), le recomienda “usar la totalidad del dinero que quedó en el sobre 1°. Lo del otro dinero no lo sueltes entre tanto no te lo pidan. Si los amigos te ofrecen ayuda, acéptala sin reparos. Sin embargo, escribo a varias personas [...] para ver de poner en orden las cosas que teníamos entre manos y para que se encarguen de todo sin que tengas que preocuparte. Como tampoco me sería imposible ayudarte desde aquí, dime lo antes posible cómo están las cosas”. A lo largo del volumen sus desvelos se multiplican: se angustia por los estudios de sus hijos tanto como llega a recriminar a su esposa que intente disculparle ante el régimen. 

Sólo el 19 de marzo de 1964, en la última de las cartas del volumen puede escribir a su esposa:

“Querida: 

Me he ido retrasando por el deseo de comunicarte noticias precisas. Estas no lo son aún ni pueden serlo hasta el momento justo. En principio los amigos que deberían visitarte por la Pascua se retrasarán algo porque tienen proyectos turísticos más complicados. Te confirmo, por lo tanto, que dispongas de tus vacaciones sin ningún cuidado. [...] Desde mi vuelta -llegué hace una semana- no he parado. He estado en la habitación horas contadas con todo el sueño del día por dormir. Por eso no he podido sentarme a la mesa incluso para decirte «hola» en espera de concretar las cosas. Tengo un inmenso deseo de abrazaros. Besos. 

Dionisio!

Finalmente, el poeta regresó en 1964: 10 años después fundó la Unión Social Demócrata España, pero la España del posfranquismo y la transición, tan desmemoriada, le dio la espalda. Murió en el 29 de junio de 1975, y la recuperación de su palabra se hizo esperar, aunque ahora existan al menos tres recopilaciones de sus epistolarios, varias biografías y algunos volúmenes de artículos y reflexiones.

***
La vida rescatada de Dionisio Ridruejo
Jordi Gracia
Anagrama, 2008. 320 pp., 24 euros

Por Octavio RUIZ-MANJÓN
Publicado el 30/01/2009 

Una excursión por los últimos 33 años de la biografía intelectual y política de Dionisio Ridruejo (Burgo de Osma, 1912- Madrid, 1975), de la mano de su mejor conocedor. 

Jordi Gracia (Barcelona, 1965), que ya había trazado el mapa de los caminos de la crítica al franquismo desde mediados de la pasada década, se centraría posteriormente en la figura de Dionisio Ridruejo, el falangista que rompió con el régimen de Franco en los años 40, hasta llegar a convertirse, desde comienzos de los 60, en una de las personalidades más destacadas de la resistencia al sistema. Escrito en España significó, en la primavera de 1962, el más temprano testimonio de un colaborador de Franco que se retractaba, y la participación de Ridruejo, unas semanas después de la aparición del libro, en aquella reunión del Movimiento Europeo que intento ser descalificada por el régimen franquista con el calificativo de “contubernio de Munich” confirmó la profundidad de aquella ruptura. 

El autor, que ya nos había ofrecido valiosos materiales para la biografía del político y poeta soriano (2005), así como un cuidado epistolario (2007), nos ofrece ahora una larga meditación sobre la vida de Ridruejo, basada en su profundo conocimiento del personaje. Un relato que carece de notas, incluso de capítulos, como en un deliberado intento de subrayar la continuidad del relato, que se extiende a lo largo de 300 páginas de un texto muy denso y, a veces, enrevesado por los usos de la puntuación y los abusos de los largos periodos. Gracia, que admite que pudo acometer el texto “por la pura virtud de la admiración” hacia su biografiado, reconoce que la familiaridad con él ha contribuido a hacerle “mejor persona”. Un libro descaradamente no académico y acometido, según le aconsejó un colega, con la sana intención de divertirse. 

El hilo de la narración lo toma Gracia en octubre de 1942, cuando Ridruejo ha vuelto de la División Azul y ha iniciado su rompimiento con el régimen con una carta a Franco que le valdrá un destierro de medio año en Ronda. La nueva vida que empezaría a partir de entonces, matrimonio incluido, se orientaría a la actividad periodística, con la corresponsalía de Arriba en Roma y la dirección de Radio Intercontinental, propiedad de Serrano Súñer, que trataba de protegerle en la medida de lo posible. Las críticas al régimen se acentuarían desde mediados de los 50 y llevaron a una primera detención tras los sucesos de febrero de 1956. Después vendría su informe para la Junta Política de Falange y las declaraciones a la revista Bohemia, que le reportarían nuevas detenciones y causas judiciales. Se desencadenaría así un proceso en el que Ridruejo asumiría los errores de su pasado fascista, para empeñarse en una tarea de rectificación que guiaría la actuación de los años siguientes. De las páginas de J. Gracia surge la imagen de la “excepcionalidad ética y literaria del escritor”, aunque el autor advierta del peligro de quienes pretendan presentar esa excepcionalidad como coartada para la justificación de la docilidad condescendiente de los espinazos curvos de los que habló Juan Ramón Jiménez. 

Tanto la nota, como la cronobiografía y el índice onomástico con el que se cierra el libro son instrumentos que se agradecen por quien se haya aventurado en la navegación por la peripecia vital de este “iluso tan saturado de razón y fe en su juventud fascistas”, que terminaría por convertirse en un “demócrata sin democracia”. Una aventura intelectual y política de extraordinario valor para comprender la vida cultural y política española de los 30 años largos que recorre este ensayo lleno de reflexión y sugerencias. 

La gran biografía académica, si es que todavía es necesaria, quedará para otro momento. 

***
El valor de la disidencia. Epistolario inédito de Dioniso Ridruejo. 1933-1975
Jordi Gracia
Planeta, Barcelona, 2007 588 páginas. 29 euros

Por Rafael NUÑEZ FLORENCIO 
Publicado el 28/06/2007

Jordi Gracia es uno de los mejores especialistas en la cultura española bajo el franquismo, principalmente en su vertiente literaria.

Con una interesante producción a sus espaldas, pero sólo conocida en ámbitos de especialistas, su nombre saltó al gran público con motivo de la concesión en 2004 del premio Anagrama de ensayo a La resistencia silenciosa. A raíz de ese éxito se rescató dos años después su tesis doctoral de 1996, Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo. En ambas obras, y también en la menos conocida pero francamente estimable La España de Franco. Cultura y vida cotidiana (Síntesis, 2001), escrita con M. A. Ruiz Carnicer, se dedicaban varias páginas y múltiples referencias a la figura deDionisio Ridruejo, un intelectual por el que Gracia parece sentir particular querencia. De hecho, ya en 2005 aparecía Dionisio Ridruejo. Materiales para una biografía y ahora, aparte de este libro que vamos a comentar, Gracia anuncia que está trabajando en una nueva biografía del poeta, que vendría así a añadirse a las dos que aparecieron no hace mucho: la de su secretario, Manuel Penella (D. Ridruejo, poeta y político, 1999) y la de Francisco Morente (D. Ridruejo. Del fascismo al antifranquismo, 2006). Esta última, en mi opinión, el mejor retrato de conjunto de la trayectoria de aquel paradigma de intelectual comprometido que fue el personaje que nos ocupa.

Este libro es un epistolario o, mejor dicho, una cuidada selección del apabullante número de cartas que escribió y recibió Ridruejo. Teniendo en cuenta las dimensiones del volumen, y que Gracia advierte al principio que se ha situado en el polo opuesto a la exhaustividad, es difícil soslayar el chiste fácil acerca de cómo tuvo tiempo el escritor para pergeñar otra cosa que no fueran misivas. Frivolidades al margen -en este caso nunca mejor dicho, porque se ha marginado casi toda la correspondencia íntima y familiar-, lo que el lector curioso puede encontrar en estas páginas es un impresionante cuadro de la intrahistoria literaria y política bajo el régimen franquista. Con el valor añadido, dada la naturaleza del personaje y su evolución ideológica, que aquí están todos, los fascistas puros como Serrano Súñer, los franquistas -empezando por el propio Franco, al que Ridruejo escribe por ejemplo una carta interesantísima en 1954 (pp. 278-280)-, los amigos (de Tovar a Torrente, de Valverde a Vivanco), los grandes novelistas del momento (Cela, Benet) los filósofos (Julián Marías, Aranguren), los socialistas del exilio como Llopis y hasta los izquierdistas del interior que aparecían entonces como más radicales, caso de Enrique Múgica o Tierno Galván. Y me dejo en el tintero otros nombres imprescindibles como Laín o José Luis Cano, y múltiples proyectos colectivos, como los que se aglutinaban en torno a las emblemáticas revistas de la época, de Escorial a Destino.

Frente a la opción fácil de la mera acumulación epistolar -una carta tras otra-, Gracia se ha decantado por una esquematización razonada y diáfana que representa la alternativa opuesta. Ha estructurado el libro en seis grandes apartados que siguen un estricto orden cronológico, empezando por las “fiestas fascistas” de los años treinta y terminando por el último quinquenio de vida del literato, “Víspera del gozo, 1970-1975”. Todos los capítulos constan de un prólogo que es en realidad mucho más que eso, un breve pero cabal estudio introductorio que sitúa perfectamente a Ridruejo en su triple faceta de maduración personal, búsqueda de una expresión literaria más auténtica y, cómo no, su evolución política; al mismo tiempo se establecen las grandes líneas del ambiente del momento, con una particular atención a lo literario y a la deriva del régimen, los dos grandes rieles por los que discurre la vida del protagonista. Aunque, hablando de protagonismos, no hay más remedio que asentir a lo que argumenta el mismo Gracia en el pórtico de la obra: de las dos posibles lecturas del volumen, la que ilumina una vida particular (la del propio Dionisio) y la que esclarece una dimensión colectiva (un tiempo, un país), es esta última la que sale ganando; porque es verdad que el libro proporciona una información tanto o más sugerente sobre aquella sociedad que sobre el interlocutor de las cartas aquí reunidas. 

Articulo : http://www.elcultural.es 12/10/2012