dimanche 7 octobre 2012

Sergio LLERENA/La última entrevista de Antonio CISNERO


La última entrevista de Antonio CISNERO

La revista Correo Semanal lo entrevistó hace menos de un mes y a continuación, a manera de homenaje, la compartimos con nuestros lectores.

Antonio Cisneros: "Quizás ya no esté tan entusiasmado por escribir"
Por Sergio LLERENA

Antonio Cisneros Campoy es tal vez el poeta peruano vivo más importante. A sus 69 años su obra poética es extensa y los premios que ha logrado gracias a su literatura son también considerables, sin embargo, esto parece importarle bastante menos que las cosas simples de la vida, las mismas que juzga de mayor substancia e importancia que el cúmulo de versos estupendos que ha podido componer.

Recientemente, Cisneros ha lanzado una nueva edición de su celebrado poemario Canto ceremonial contra un oso hormiguero de 1968. Miembro de la llamada Generación del 60, ve con distancia su oficio poético y reconoce que su mejor momento creativo ya pasó. Ahora ocupa sus días en una vida plena llena de trabajo, familia y amigos. Habla Cisneros.

¿Sigue escribiendo, Antonio? ¿Qué tan cerca está de la creación poética?
A veces escribo. Tengo un poema último inédito y varios que no valen la pena. Pensar en la creación no es lo correcto, cuan cerca de publicar sería en todo caso la pregunta porque cerca de la creación estoy siempre, y no sólo se trata de escribir. Mira, a mí no me interesa mucho escribir, en el sentido en que nunca me he desesperado porque venga la inspiración o las palabras para decir alguna cosa terrible. Si viene, bien, si no, también. Hay cosas mucho más importantes que la poesía: mis nietos, el fútbol, la comida, cosas mucho más interesantes. No soy de esos que se quedan mirando cómo cae una hoja o lloran cuando ven a un niño o un pájaro, ¡por favor, yo soy un caballero! Eso déjalo para los viejitos chochos o para los poetas jóvenes deslumbrados.

¿Siempre pensó así?
Toda la vida. Siempre ha habido prioridades antes que la literatura. La literatura es importante, pero no me come la vida como a algunos colegas que no saben cuánto cuesta el pan ni dónde para el ómnibus.

Es difícil que alguien haga buena poesía si no vive intensamente, ¿le parece?
Yo vivo intensamente, lo que pasa es que no me desespero porque todas mis cosas tengan que ser escritas o publicadas, por eso hay tanto adefesio en los libros, porque la gente no es estricta. Soy sumamente estricto conmigo mismo y sé cuándo una cosa vale la pena y tiene nivel para ser publicada, y si no ¡para qué llenar de libros el mundo! No tiene ningún sentido. Desde muy joven tienes que saber cuándo algo vale la pena, ya si alguien pasó los 25 años y me consulta por algún libro que ha escrito, yo le digo inmediatamente que es malo, porque a esa edad ya es malo no saber si algo es bueno o malo.

¿Su mejor momento poético fue durante su juventud?
Puede ser, eso pasa en general con los poetas. La primera juventud es ingenua, es literaria, escribes cosas literarias porque no tienes vida vivida. Creo que entre los 30 y los 40 años hay un buen desarrollo, la poesía es como una luz de bengala, pues, se apaga o se calma, y para "estar en poesía" no necesitas siempre estar escribiendo, la vida misma está llena de poesía, de grandes momentos, de grandes imágenes plásticas.

¿Y no se ha preguntado por qué cuando pasan los 40 el poeta ya no escribe lo mejor que puede?
No lo sé, sólo sé que en la historia de la poesía es así con casi todos. Ahora, tengo algunos poemas recientes muy intensos, pero quizás ya no esté tan entusiasmado por escribir. En general en todas las cosas de la vida hay un momento de culminación. Lo importantes es que todo es parte del proceso vital y de ningún modo hay que tomarlo a la tremenda.

Las cosas importantes van cambiando de acuerdo a los años entonces.
En el fondo no, porque la más importante de todas es el amor. El único valor que persigues en el fondo como padre, dentro de un grupo, en una pareja, con tus hijos, con tus nietos es el amor, el valor supremo. La gente nace, vive y muere siempre en torno al amor. Amar y ser amado es prácticamente la única finalidad humana en el planeta.

¿Siempre tuvo claro eso?
Creo que sí, tampoco he sido nunca un gran filósofo ni comentarista de cosas, pero supongo que sí.

¿Y cree que la gente lo tiene claro?
¡A mí qué me importa la gente, con toda franqueza! No hay que confundirme, yo no soy académico, no soy un patriarca que piensa en el mundo o la humanidad, ¡me importa un carajo el futuro de la juventud! Ya a partir de esas cosas conversas conmigo de hombre a hombre, no me preguntes qué pienso sobre si la humanidad se da cuenta del amor.

Se lo pregunté para que me diga precisamente lo que me ha dicho.
Bueno, pero tampoco es que yo sea una rata sino una persona común y corriente.

No le gusta cargarse de misiones.
No, ¡para qué! No me gusta ninguna certeza, soy profundamente escéptico, con gran capacidad para dudar. Para mí la gente que tiene las ideas claras, las grandes certezas, me llega francamente.

En todo caso puede ser más virtuoso vivir en la incertidumbre y, a pesar de eso, ser feliz.
Mira, en todo caso es la condición humana. Los hombres tenemos sólo una verdad axiomática y es que nacemos solos y morimos solos, todo el resto es dudoso. Nadie va a nacer por ti y nadie va a morir por ti, el resto son buenas voluntades, dogmas, iglesias.

Me estuvo hablando de la internet antes de la entrevista, ¿no le gusta?
No. La seudo democracia de las redes sociales donde todo el mundo habla, todo el mundo opina, y que además está llena de lugares comunes del tipo "madre sólo hay una", ¡huevadas! Ni siquiera se les ocurre algo inteligente. En fin, yo no ando metido en internet, yo soy un caballero, no ando en blogs ni mando twitters ni dialogo con Nadine Heredia, eso es para zonzos. Un montón de tristes vidas que se acompañan entre ellas, eso es las redes sociales.

¿Se considera un rebelde?
No, yo soy como soy, nunca me he dedicado particularmente a ser rebelde, irónico o sarcástico. Digamos que básicamente no me gustan las cosas solemnes, las verdades sólidas como catedrales, además el mundo está lleno de adefesios de los cuales puedes reírte, no se necesita ser muy inteligente para darte cuenta que el mundo está lleno de caca que puedes pisar en cualquier esquina, claro que no puedes evitar de vez en cuando pisar tu buena caca, pero en general hay que evitarlo.

¿Le molesta hablar de la vejez?
No, si es una verdad. Ojo, yo trabajo, yo no estoy retirado, me dan pena los poetas bohemios que se mueren de hambre, ¡pero que se pongan a trabajar, pues! El ser humano es sabio, ¿no? Conforme se va apagando biológicamente, también se va apagando psicológicamente, no quiere decir que vayas perdiendo la lucidez ni que te conviertas en una momia, pero tienes menos afán, menos ambición porque el cuerpo mismo lo pide. Ese es el ideal finalmente de la religión budista, el no tener deseo para vivir tranquilo. Bueno, cuando el cuerpo se va a acercando a la muerte empiezas a tener mucho menos ambición, te vas entrenando para la muerte. Claro, la vejez tiene sus cosas antipáticas, las enfermedades, los dolores, pero todo sucede poco a poco y entonces vas camino hacia el buen morir.

¿Se ha vuelto un tipo más solitario con los años?
No, simplemente uno tiende a partir de cierta edad a andar solo o con la gente que realmente disfrutas. Las patotas, los manifiestos poéticos de grupo son cosas de muchachos, los muchachos se sienten solos y necesitan armar su equipo de fútbol, se amparan entre ellos. Mi generación de Lucho Hernández, Javier Heraud, César Calvo, éramos amigos porque coincidíamos en la misma cantina, pero nunca hicimos manifiestos del tipo "unidos jamás seremos vencidos". ¡Bah!

¿Y qué sería para usted el buen morir?
Supongo que sería morir acompañado de la mitad de mis hijos y mis nietos porque para mí la familia es un valor fundamental: mi mujer, mis hijos, mis nietos, mi madre que está viva. Yo veo esos obituarios que dicen la esposa, los hijos y la madre tienen el dolor de comunicar la muerte de, ya pues, mi vieja se va para inmortal. Ella va a estar en mi obituario participando mi muerte, con seguridad.

¿Y le gustaría recibir homenajes póstumos?
¡Eso a mí qué me importa si no los voy a ver! Por ejemplo, mi concuñado, Jorge Santistevan, estupenda persona, un tipo importante, defensor del pueblo, ¡qué se iba a imaginar batir el récord de coronas de flores! Porque cuando falleció sus coronas llenaban todos los velatorios completos, había coronas encima de otras. Yo creo que eso no se lo hubiera imaginado jamás. Desde luego los homenajes son los homenajes y no te vas a poner a decir yo odio los homenajes, como tampoco vas a ponerte a decir yo odio los premios. ¡No seamos cojudos!

¿Y cuando escribía pensaba en trascender a través de su obra?
No creo que ningún escritor haya pensado en trascender. Uno escribe porque tiene una necesidad infinita de dar testimonio de uno mismo, del mundo que le rodea. Escribir es una forma de conocimiento de uno mismo, es una forma de comunicación con uno mismo, si de refilón te comunicas con los lectores, ¡en buena hora! Todas estas cosas ocupan muchísimo más al escritor que pensar si va a trascender o no.

Articulo: www.diariocorreo.pe  06/10/2012