samedi 17 novembre 2012

Berta ARES/ Amin MAALOUF: “Si eres insensible a la política, tú serás la primera víctima”


Amin Maalouf: “Si eres insensible a la política, tú serás la primera víctima”
Por Berta Ares 

Poner etiquetas nacionales a Amin Maalouf (Beirut, 1949) no sólo es difícil, es contraproducente, no ayuda a comprenderle. “Nací en un planeta, no en un país” dice Adam, el protagonista de su nueva novela, y bien podríamos pensar que quien así se expresa es el propio Maalouf (“Adam es alguien muy cercano a mí, diría que su mirada está muy cercana a la mía”, señala en las entrevistas).

El escritor vive y conoce bien dos grandes culturas, Oriente y Occidente, y de alguna manera ambas se encuentran y reconocen en su nuevo libro Los desorientados (Alianza Editorial, 2012, con traducción de Maria Teresa Gallego Urrutia). Es la primera novela de ficción que publica en diez años, y confiesa que le ha costado muchísimo escribirla. Es personal, emotiva, y condensa mucha verdad. Además, ¿quién dijo que mirar atrás fuera un ejercicio fácil de memoria?

Los desorientados es una novela intimista, sincera, que relata una historia de exilio y amistad. Es ficción, pero el argumento es sabio. Parte del topos del viaje, del retorno a un tiempo -el de los ideales y la amistad- y a un lugar sin nombre que remite a Beirut, aquella ciudad que un día fue capital intelectual del mundo árabe. “Es la historia de nuestra época, de sus ilusiones, precisamente, y de sus extravíos”, escribe Adam en sus notas. Una época marcada por una conciencia de clase media en la que hoy los europeos podemos encontrar muchos puntos en común. Pero la guerra lo trastocó todo: los amigos, la conciencia, la clase media, y un modelo de civilización levantina que había tenido una experiencia de vida secular en común. “Nosotros que nos jactábamos de voltairianos, de camusianos, de sartrianos, de nietzscheanos o de surrealistas, volvimos a ser cristianos, musulmanes o judíos, un martirologio nutrido y los píos aborrecimientos que entran en ese lote”. El viaje de Adam parte de un deseo: “recuperar de golpe la antigua complicidad en el mismo punto en que se hallaba antes de la maldita dispersión”, porque “nada sustituye el afecto de una pandilla de amigos”.

Amin Maalouf ha visitado Madrid (Casa Árabe) y Barcelona (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) para presentar su último libro y a él nos hemos acercado periodistas y ciudadanos como a un oráculo. Todos queremos saber cómo ve la situación de Líbano, de Siria, cómo acabará el proceso que se inició con la Primavera árabe, cómo ve la independencia de Cataluña. Prudente, Maalouf responde. Su pronóstico sobre la Primavera árabe no es muy alentador. Cree que en el Líbano y Siria la situación se agravará. Sobre el independentismo en Cataluña no se pronuncia. Pero lo que tiene claro y dice sin dudar es que la Humanidad podría estar perdiendo el norte. Sus palabras no resultan muy alentadoras, y sin embargo, tras ellas se intuye una nostalgia, una aspiración, por renovar los ideales.

Hace cuatro años, no hubiéramos escuchado de forma complaciente sus malos augurios. Es más, nos hubiéramos incluso rebelado a sus palabras. Más allá de la economía, ¿ha cambiado algo en la conciencia de los ciudadanos europeos?

Pienso, efectivamente, que algo ha cambiado. Yo soy un europeo convencido. Siempre puntualizo que lo soy no a pesar de mis orígenes, sino a causa de mis orígenes. Procedo de una región que debería haber hecho como Europa: reconciliarse y encontrar una fórmula para construir algo conjuntamente, en lugar de destruirse hasta el final. La experiencia europea es una de las más importantes hoy en día, para los europeos y para el mundo entero. El problema es que esta experiencia requería en su comienzo de una gran visión y de una serie de decisiones esenciales que no se han tomado.

Además, se gestiona sobre la marcha. Todavía no hemos decidido si lo que queremos realmente es una gran nación europea construida con todas las naciones que la comprenden o bien permanecer en una suerte de mercado común. Durante mucho tiempo dijimos “ahora hay cosas que hacer, más tarde podremos elegir”. Desafortunadamente, la historia no sucede así. No se pueden retrasar indefinidamente determinadas decisiones. No se puede decir “primero abordaremos la unificación de la moneda, después unificaremos la economía y luego la política”, porque unificar la moneda cuando se tiene una política económica y fiscal diferente es absurdo. Y esta ausencia de coherencia es la que ha retrasado la toma de decisiones fundamentales. Europa se ha pensado sobre la marcha y sin una visión global.

Y hoy verdaderamente lo notamos, comprobamos que no hemos construido un sentimiento de pertenencia europeo en el verdadero significado del término. No hemos logrado construir este sentimiento por el que los ciudadanos dicen “estos son mis compatriotas”, ¡esto es esencial!, y no se construye sólo con economía. Se construye primero con la cultura, que es la que conforma un sentido de pertenencia común. El hecho de no haber construido la Europa de la cultura es lo que hace que lleguemos con retraso a la creación de un sentimiento de pertenencia, y esto quiere decir que no nos sentimos solidarios los unos con los otros, que no estamos preparados para pagar los unos por los otros, y además ponemos en peligro todo lo que se ha construido hasta ahora.

Aquí tienes lo que ha cambiado.  Tenemos delante de nosotros los resultados de la Europa que dejó de lado importantes decisiones.

¿Y ahora qué?

Creo que actualmente todavía tenemos una opción. Existe la sensación de que la experiencia ha fracasado y cada país va a la suya, pero esto sería un desastre para todos, sin excepción. Tenemos que apoyarnos en esta crisis para dar un verdadero salto hacia una Europa federal, con instituciones federales, hacia una Europa que construye un verdadero sentido de pertenencia, en todas las dimensiones. Y repito, particularmente en la de la cultura. Pienso que todavía podemos elegir. Podemos elegir salir de la crisis por la puerta grande, o por la puerta pequeña.

“A largo plazo, todos los hijos de Adán y Eva son niños perdidos”, escribe Adam en su diario. Esos hijos que hoy forman la Humanidad crearon relatos y mitos para suplir la falta de respuestas. ¿Quizá comenzar por el paraíso fue un error de partida en el relato?

Todos los relatos míticos comienzan por una edad de oro, esta edad de oro es importante para el futuro. Pero esta idea de que ha habido un momento en el que todo era perfecto la hemos perdido. Y tenemos que tratar de recuperarla. Hemos de situarnos en esta edad de oro para mirar el futuro con esperanza, porque el espíritu humano funciona de esta manera. Tenemos que apoyarnos sobre este comienzo.

¿Ha merecido la pena llegar hasta aquí, aunque no nos vaya tan bien?

Yo estoy fascinado por la aventura humana, encuentro que es una aventura entusiasta. Soy un feliz observador diario de los logros que la Humanidad va alcanzando en el campo de la ciencia, de la medicina, en comunicación, conocimiento. Pienso que no sólo la aventura humana es fascinante, sino que nuestra época es la más fascinante de todas. Yo no vivo en la nostalgia de otra época, la nostalgia que yo siento es por otro tipo de relación entre los hombres, que hemos perdido en nuestro camino, y que me gustaría poder recuperar…

Me ha impactado una frase de su libro: “Europa está llena de Atilas que sueñan con ser ciudadanos romanos y que acabarán por volverse invasores bárbaros”.

Efectivamente, este es un sentimiento que tengo. Es una de las razones por las que me interesa a mí mismo el personaje de Atila, y que en el libro atribuyo a Adam. Pero, efectivamente, es un interés que tengo a título personal. Tengo estantes de mi biblioteca llenos de libros sobre Atila. Uno de los aspectos que me apasiona de este personaje es que es el arquetipo del emigrado. Un emigrado que tiene un sueño real, no sólo de convertirse en ciudadano romano, sino también -probablemente- en emperador romano, y que finalmente se convierte en su destructor, porque tiene el sentimiento de que no obtendrá lo que espera con otros medios.

Muchos emigrados sueñan sencillamente con integrarse, con ser aceptados y acogidos en un país, para que éste se convierta en su país, por el cual incluso podrían morir. Y poco a poco se sienten rechazados, vigilados, sienten desconfianza hacia ellos, y van transformando sus deseos de integración en rabia. Desde luego, no pienso que todos los emigrantes lleguen con el proyecto de integrarse, pero cuando una persona decide emigrar la idea de integración está implícita, sino no daría el paso. En la persona del emigrante existe una receptividad a la idea de ser integrado, pero desafortunadamente, a menudo se encuentra en una situación en la que por un lado es rechazado, y por otro es recuperado por una especie de gueto en el que la gente le dice que no tiene que integrarse, que deje de intentarlo. Finalmente, el deseo de integración se frustra.

Con todo, esta novela tiene algo de femenino, me parece a mí.

Es cierto que me siento, siempre me he sentido muy cómodo en un ambiente femenino. Hubo un período en el que dirigía un periódico en el que fundamentalmente estaba rodeado de mujeres en la redacción, y siempre he tenido amigas mujeres. Mi personaje de Semiramis en la novela, si bien no es el espíritu de una sola persona, sí es bastante sintomático de mi relación con las mujeres. Este personaje se va convirtiendo poco a poco en el pilar de la novela. Semiramis se las arregla para conciliar las dos cuestiones que parecen contradictorias e irreconciliables en los demás. Tenemos a Adam, que se aleja del país y preserva su conciencia, Mourad, que se queda en el país y se traiciona, y Semiramis, que se queda en el país y mantiene la conciencia limpia.

Pienso que hay una capacidad mayor en las mujeres -en tiempo de guerra también, y sobre todo en tiempo de guerra- de mantener y preservar lo que hay de humano. Porque la guerra tiene la particularidad de trasformar a los hombres en bestias, pero sobre todo a los hombres. En período de guerra, las mujeres son las que mantienen todavía lo que hay de humano, y por lo general, son mucho más las víctimas.

Para cerrar, me quedo con una cita del libro: “Tened cuidado: si no os metéis en política, la política se mete con vosotros”.

Esta cita la leí hace mucho tiempo. Se atribuye a una figura del período de la Revolución Francesa, y he tardado tiempo en comprender todo el sentido que hay en ella. De hecho, no quiere simplemente decir que aunque no te ocupes de la política, la política se ocupa de ti, es una evidencia. Lo que en realidad significa es que si eres insensible a la política, tú serás su primera víctima, eres la víctima ideal. Porque cuando te implicas en política, sabes cómo comportarte en períodos difíciles, pero si eres totalmente insensible a la política y te encuentras en una situación de guerra eres la víctima ideal, eres el que se sacrificará de primero.

Hubo muchos casos durante la guerra, cuando se producía una liquidación de cuentas entre aldeas o barrios vecinos. En un momento dado, la gente de un pueblo o de un barrio invadía el otro barrio. El más militante, el que mataba y combatía, se retiraba de inmediato. El que quedaba por la calle, circulando tranquilamente de un barrio a otro, era el que no se metía jamás en política; eran siempre los inocentes, porque los combatientes no cruzaban la calle jamás de esta manera. La cruzaba así el que tenía la conciencia tranquila, el que decía “yo no me he metido en nada, nunca he combatido, no me puede pasar nada”. Pues, ese era la primera víctima.

***
En su novela está muy presente la reflexión en torno a la religión, las implicaciones éticas de nuestros actos, el perverso poder transformador de la guerra, que sumado a la gran plasticidad de la naturaleza humana nos convierte en bestias, y también que los dramáticos acontecimientos del siglo XX han marcado una muy distinta evolución de la conciencia de Oriente y la conciencia de Occidente. La experiencia del Holocausto es determinante de la ética contemporánea de Occidente. Sin embargo, el conflicto con Israel desconectó a los árabes de esta conciencia del mundo occidental.

Tiene usted toda la razón en insistir sobre este aspecto que para mí es esencial. Y pienso que no se le presta la atención que se merece en el mundo actualmente. Nos metemos tanto a analizar los aspectos políticos que a veces no posamos nuestra mirada sobre estos que usted comenta, y que a mis ojos son fundamentales.

Uno de los mayores problemas del mundo árabe-musulmán es que está desconectado de la conciencia moral de Occidente y del resto del mundo, y esto un elemento extremadamente peligroso para todos. A través de la historia, podemos comprender por qué se encuentran desconectados. Efectivamente, una de las principales razones procede de la insensibilidad en el mundo árabe hacia la tragedia del pueblo judío. Esta percepción del pueblo judío, no como víctima sino como aquél poseedor de una armada triunfal se puede comprender, porque era y es realidad política, pero oculta completamente el otro aspecto que es omnipresente en la conciencia occidental, porque ha estado en el corazón de la tragedia del siglo XX.

Uno de los dramas procedentes del mundo musulmán es que los que son más militantes no tienen ninguna percepción de la historia del resto del mundo, por eso asistimos a acontecimientos como el del 11S, y todo los que le siguieron. Nacen de una perspectiva que no toma en cuenta más que una única visión en el mundo, y que conduce a un comportamiento que no sólo es atroz, criminal en sí mismo, sino también suicida. Pero no sólo suicida en el sentido estricto de la palabra, sino históricamente suicida, porque compromete al mundo musulmán en una guerra contra América, contra Europa, contra todo Occidente, contra Rusia, contra China, contra la India, contra el mundo judío, ¡contra todo el mundo, de hecho! Es una visión del asediado, es la visión del Sansón bíblico, que  quiere destruir el mundo y matarse al mismo tiempo. Pienso que ésta es una visión mórbida, que le ha costado muy caro al mundo musulmán y continuará costándole muy caro.

Hoy en día, asistimos a una situación en la que cada uno en el mundo tiene su propia percepción de la realidad y es incapaz de percibir con la visión del otro. Hay que comenzar a reconstruir, y es cierto que hay que comenzar por la reconstrucción de la percepción del mundo, que toma en cuenta las tragedias de los otros. Creo que necesariamente el mundo árabe tiene que tomar conciencia de la tragedia del pueblo judío. Y es necesario que Israel comprenda que no puede gobernar durante las próximas décadas un territorio tratando a las personas como objetos, como ciudadanos que no existen, tiene que comprender que hay un impasse moral en la ocupación.

Teóricamente se puede resolver el conflicto. Usted y yo podemos imaginar una solución viable. Pero hoy en día, en realidad, esa solución no es factible. En el mundo árabe, la idea misma de una reconciliación con Israel no existe. Existe en el lenguaje diplomático, pero en la realidad y apelando al sentimiento de la gente es algo que ha desaparecido. En Israel también ha desaparecido. En realidad, nunca se ha estado más lejos que ahora de una solución, y pienso que también, entre el mundo árabe y Occidente jamás ha habido tanto distanciamiento. Hubo un breve momento al principio de los levantamientos en el mundo árabe en el que Occidente comenzó a decir “quizá tenemos algo en común con el mundo árabe. Quizá compartimos valores, las mismas aspiraciones”. Esto duró tres meses, al principio del año 2011. Llegamos a decir “¡ahí está, también aspiran a la libertad!”. Pero esto desapareció. Después hubo violencia, aparecieron ciertos movimientos que nos preocuparon, y sobre todo -y esto ha jugado un papel importante- hemos visto cómo en las elecciones daban la victoria al partido islamista. Hemos dejado de comprenderles, y hemos dicho “bueno, esta gente es definitivamente irrecuperable, es otro universo”.

Pienso que, en el fondo, la gente ha considerado definitivamente irrecuperable esta parte del mundo.

Articulo: http://www.revistadeletras.net 09/11/2012

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