samedi 24 novembre 2012

Érik VELASQUEZ GARCIA/Todo en calma para el 4 Ajaw 3 K’ank’iin


LA GACETA

Estemos más que tranquilos, nos dice en este cuidadoso ensayo uno de los mayores epigrafistas del México contemporáneo, que aquí describe cómo la Cuenta Larga de los mayas alcanzará un momento singular el próximo 23 de diciembre, pero nada más. Al desmontar aquí toda posible profecía, Velásquez García (doctor en Historia del Arte, es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, de la UNAM) expone el fascinante modo de contar el tiempo entre los mayas y nos vacuna contra la charlatanería. Artículo publicado en La Gaceta.

Todo en calma para el 4 Ajaw 3 K’ank’iin
Por Érik VELASQUEZ GARCIA

Durante los meses recientes ha crecido una serie de mitos y creencias populares en torno a la existencia de una supuesta “profecía” maya para diciembre de 2012, concerniente a un imaginado límite de la Cuenta Larga, a un temido “fin del mundo” o, según una visión más optimista, a la llegada de una presunta “nueva era” de paz, fraternidad, entendimiento y conciencia superior entre los hombres.

En mi calidad de mayista y experto en la escritura jeroglífica de aquella civilización amerindia, desmentiré tales ideas, que en mi opinión no son sino extrapolaciones posmodernas al pasado mesoamericano, que nada tiene que ver con nuestros propios miedos, prejuicios, esperanzas o fantasías milenaristas, pues de hecho la cultura maya poseía una visión del tiempo y del futuro completamente ajena a la nuestra.

A manera de preámbulo necesitamos primero entender lo que es la llamada Cuenta Larga de los mayas,  un  cómputo  ininterrumpido  de  días  que  se hunde en las profundidades del pasado mítico y que al  mismo  tiempo  se  adentra  en  el  futuro  distante  y arcano. Este sistema de cómputo fue descubierto al menos desde 1886 por el gran bibliotecario de Sajonia Ernest Förstemann, al estudiar las páginas del Códice de Dresde. Él denominó tales fechas con el nombre de “números largos” y se percató de que respondían a una lógica vigesimal y posicional, además de que partían de una fecha base, que en ese códice estaba escrita como 4 Ajaw 8 Kumk’uh.1

 No obstante,  fue  apenas  en  1905  cuando  el  investigador  estadunidense Joseph T. Goodman, al reconocer que los “números largos” también estaban presentes en las inscripciones de piedra, formuló los cimientos de la correlación entre los calendarios maya y cristiano más aceptada por los mayistas. Dicha correlación tiene como punto de partida una “fecha ancla” que se encuentra escrita en la página 66 de un documento maya del siglo XVI, conocido como Crónica de Oxkutzcab, según la cual cierto día específico del año 1539 corresponde a 5 Ajaw 17 Sek. De acuerdo con Goodman, la base de los “números largos” descubierta por Förstemann, o sea 4 Ajaw Kumk’uh,  correspondía  en  el  calendario  gregoriano  al  9  de  agosto  de  3114  a.  C.,2 es  decir,  a  la  fecha juliana 584 280.3

Esta correlación fue revisada en 1926 por el mayista yucateco Juan Martínez Hernández, en 1935 y 1950 por el británico J. Eric S. Thompson y en 1978 por el estadunidense Floyd G. Lounsbury, quien a través de datos astronómicos procedentes de los códices mayas logró precisar que el día de arranque o “fecha era” no era el 9, sino el 13 de agosto, y que la fecha juliana más apropiada era 548 285.

La  base  de  la  Cuenta  Larga  es  un  día  entero  de 24 horas o k’iin, que en las inscripciones calendáricas mayas normalmente se escribía usando un punto. Dos puntos corresponden a dos k’iines, tres a tres de ellos y así hasta cuatro. Para escribir cinco k’iines se usaba una barra. Una barra con un punto significaba seis k’iines y así sucesivamente hasta diecinueve, representado mediante tres barras y cuatro puntos.

Para plasmar el veinte los mayas escribían un número “cero” y dejaban un espacio ortográfico en la parte superior del mismo a fin de colocar un punto. En esta segunda posición, un punto ya no tenía el valor relativo de 1, sino de 20 (1 × 20), mientras que la barra valía 100 (5  ×  20). Esta posición era conocida con el nombre de winal,  pero  lo  máximo  que  se  podía  escribir  no  eran  19 winales, sino 17, debido a lo siguiente: la lógica del sistema exigiría que un punto en la tercera posición tuviera el valor de 400 días (20  ×  20), pero en realidad no es así, pues los escribas indígenas desearon acercar el valor de esta posición a la duración del año. De este modo, un punto en la tercera posición tan sólo tiene el valor de 360 (20  ×  18), mientras que una barra equivalía a 1  800 días  (360  ×  5).  En  los  documentos  coloniales  escritos en idioma maya yucateco, el nombre de la tercera posición era tuun, “piedra”, pero gracias al avance de la epigrafía 4 hoy sabemos que los mayas antiguos del periodo Clásico (250-900 d. C.), quienes escribían en una antigua lengua cholana, lo llamaban haab’, “año”.

El máximo de haab’s que se podía escribir era 19. Al llegar a veinte  tuunes o  haab’s se completaba un  k’atuun,  que  era  el  nombre  de  la  cuarta  posición. El valor de un punto en esta última era de 7 200 días (360 × 20), mientras que una barra valía cinco k’atuunes o 36 mil días (5 × 7 200). La palabra k’atuun,  “atadura  de  piedra”,  era  tan  sólo  el  nombre que a este ciclo le daban los mayas yucatecos de la época colonial. En las antiguas inscripciones del Clásico dicho periodo recibía el nombre de winikhaab’, “veinte años’” Al llegar a veinte  k’atuunes  esta posición  se  completaba  mediante  un  “cero”  y  se  escribía un punto en la quinta posición.

En esta última, un punto equivalía a 144 000 días (7  200  ×  20), mientras que una barra valía 720 mil (5  ×  144  000).  En  los  documentos  mayas  yucatecos
del siglo xvi no existen vocablos para designar este ciclo, posiblemente porque en la época de la Conquista española estaba en desuso. Por tal motivo, los mayistas de principios del siglo XX lo bautizaron como  b’aak’tuun,  “cuatrocientas  piedras”.  En  años recientes los epigrafistas han podido determinar que el nombre antiguo de este periodo era pik, “ocho mil”, o más probablemente  pikhaab’,“ocho mil años”.

Esta  quinta  posición  se  volvía  a completar con veinte  b’aak’tuunes o pikhaab’s, momento en el que se convertía en un periodo de 2 880 000 días (144  000  ×  20), bautizado por los mayistas como  piktuun, “ocho mil piedras”, aunque su nombre antiguo jeroglífico por el momento es desconocido.El sistema de la Cuenta Larga permite múltiplos de veinte  piktuunes  (kalab’tuun, “ciento sesenta mil piedras”), de veinte  kalab’tuunes(k’inchiltuun, “tres millones doscientas mil piedras”), de veinte  k’inchiltuunes (alawtuun, “sesenta y cuatro millones de piedras”) y así ad infinitum. No obstante, se trata de nombres inventados por los mayistas 5 y de periodos muy inusuales, ya que una fecha maya por lo común requería tan sólo de cinco posiciones. Por ejemplo 9.17.5.0.0 quería decir 9  b’aak’tuunes  (9  ×  144  000), 17  k’atuunes (17  ×  7  200), 5  tuunes (5  ×  360),  0 winales (0  ×  20)  y  0 k’iines (0 × 1), es decir 1 420 200 días después de  la  “fecha  era”  4  Ajaw  8  Kumk’uh, que en el calendario juliano corresponde al día 2 004 485 (25 de diciembre de 775 d. C.).6

Es preciso advertir que, hasta donde  sabemos,  este  sistema  se  utilizaba exclusivamente para escribir fechas. También es importante decir que los datos arqueológicos hasta ahora conocidos sugieren que no fue inventado por los mayas, sino por sus vecinos que habitaban al poniente, en la región del istmo de Tehuantepec, quienes no eran hablantes de idiomas mayances, sino mixezoqueanos. Dicha cultura prehispánica, posiblemente descendiente directa de la olmeca, es conocida actualmente con el nombre de istmeña y a ella debemos los ejemplos de Cuenta Larga más tempranos: la Estela 2 de Chiapa de Corzo (7.16.3.2.13, 8 de diciembre de 36 a. C.) y la Estela C de Tres Zapotes (7.16.6.16.18, 3 de septiembre  de  32  a.  C.).  Aunque  por  el momento no se ha descubierto ningún ejemplo de Cuenta Larga istmeña que contenga expresamente la cifra “cero”, es justo mencionar que dicho signo, así como el valor posicional de los numerales, es condición  sine qua non para la existencia de semejante sistema de cómputo del tiempo.

Por contraste, la primera fecha de Cuenta Larga maya conocida de las tierras bajas centrales se encuentra grabada en la Estela 29 de Tikal (8.12.14.8.15, 8 de julio de 292 d. C.), mientras que del lado mexicano la inscripción con Cuenta Larga más precoz es la Estela 2 de Caandzibantun (8.18.0.0.0, 8 de julio de 396 d. C.), en el sur de Campeche. Este sistema estuvo vivo por lo menos hasta principios del siglo X, como lo testifica la fecha de Cuenta Larga labrada en el Monumento 101 de Toniná (10.4.0.0.0, 20 de enero de 909 d. C.), si bien en el manuscrito del siglo XV conocido como Códice de Dresde podemos hallar varias fechas de Cuenta Larga retrospectivas.

En  términos  de  la  Cuenta  Larga  la  “fecha  era” 4 Ajaw 8 Kumk’uh correspondía a la posición 13.0.0.0.0 (13 de agosto de 3114 a. C.), lo que en realidad equivalía, para cuestiones prácticas, a un hipotético 0.0.0.0.0, pues un día después sería 13.0.0.0.1 (14 de agosto de 3114 a. C.), uno después 13.0.0.0.2 (15 de agosto de 3114 a. C.), etcétera, mientras que un b’aak’tuun después de la “fecha era” no fue 14.0.0.0.0, sino 1.0.0.0.0 (15 de noviembre de 2720 a. C.). De tal modo que la “fecha era” 13.0.0.0.0 funcionaba de forma análoga a nuestro sistema para medir las horas, donde las 24 horas de un día equivalen a las 0 horas del siguiente.

De acuerdo con la correlación más aceptada, que coloca  la  “fecha  era”  en  el  día  juliano  584  285,  trece  b’aak’tuunes  se  completarán  nuevamente  el  día 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012,7 pero  nada  sugiere que se trate del fin de la Cuenta Larga o de una nueva llegada al hipotético 0.0.0.0.0, pues todo indica que la “fecha era” 13.0.0.0.0 4 Ajaw 8 Kumk’uh (13 de agosto de 3114 a. C.) es una posición única en la infinita serie del sistema, donde los  b’aak’tuunes se completaban en 13 por motivos numerológicos.

No obstante, la cuenta de los mismos proyectada hacia el futuro no se acaba en 13, sino que continúa hasta 20, siguiendo una lógica estrictamente vigesimal, lo que equivale de facto a un piktuun. Prueba de ello se encuentra en algunos textos jeroglíficos mayas, como aquel aniversario de la “fecha era” pintado  en  el  muro  norte  de  la  recientemente  descubierta Estructura 10k-2 de Xultún (17.0.1.3.0, 4 Ajaw 8 Kumk’uh, 1 de marzo de 3591 d. C.), en el Petén guatemalteco, o la completitud de un piktuun pronosticada en el Panel Oeste del Templo de las Inscripciones de Palenque (1.0.0.0.0.0, 10 Ajaw 13 Yáaxk’iin, 15 de octubre de 4772 d. C.). Ninguna de estas menciones futuristas contiene profecía alguna. Solamente son afirmaciones impersonales y predecibles por todo el mundo, como la del propio ejemplo de Palenque mencionado, que simplemente dice:  ju’n …pik uto’m, “un piktuun habrá terminado”. Conviene observar que tanto 3591 d. C. como 4772 d. C. ocurrirán mucho después del año 2012, lo que ya de por sí garantiza que los mayas nunca concibieron que su calendario se acabaría en este último año.

Prueba de que sólo en la “fecha era” la posición de los b’aak’tuunes se completó en 13, y que eso no volverá a ocurrir, pues en lo porvenir se completará en 20, se encuentra en la Estela 1 de Cobá, que contiene dicha fecha escrita de forma entera, con veinte posiciones de la Cuenta Larga superiores al k’atuun, pero todas completadas en el número sagrado “trece”: 13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.0.0.0.0 4 Ajaw 8 Kumk’uh, 13 de agosto de 3114 a. C. Se trata obviamente de una cifra con simbolismo numerológico, pues el 20 y el 13 son los múltiplos básicos del ciclo adivinatorio de 260 días (20 × 13).8
Tanto esta inscripción de Cobá, como otras varias del periodo Clásico, contienen versiones abreviadas de un mito cuya variante más completa se encuentra en  la  Estela  C  de  Quiriguá,  cuya  traducción  dice  lo siguiente: “[en] 4 Ajaw 8 Kumk’u’ el fogón fue sustituido; las tres piedras fueron atadas. Los Dioses Remeros hincaron la piedra; ocurrió en Nah Ho’ Chan; la  piedra  de  trono  de  jaguar.  Ihk’  Naah  Chak…  hincó la piedra; ocurrió en Kab’ Kaaj; la piedra de trono de tiburón. Entonces ocurrió la atadura de piedra de Itzamnaah Kokaaj Muut; la piedra de trono de agua. Ocurrió en la orilla del cielo; Lugar de las Primeras Tres Piedras. Trece b’aak’tuunes de terminaron por Wak Chan Ajaw.”

El sentido de este mito es que el mundo fue reordenado por los dioses. Dicho ordenamiento comenzó con la sustitución de un hogar o fogón de cocina que tenía la forma de tres piedras, pues al parecer el universo era homologado con una choza de campesinos, donde los cuatro horcones simbolizan los árboles sagrados que sostenían el cielo, representado a su vez por la techumbre tejida de la casa, hecha de palma. Cada dios o grupo de deidades se encarga de colocar una de las tres piedras del fogón en determinadas locaciones cósmicas, aunque al final se dice que el hogar completo se encontraba en la orilla del cielo y que el agente último de todo era el dios del maíz, llamado aquí Wak Chan Ajaw.

Otras versiones complementarias del mito asociado con la “fecha era” se encuentran en el Vaso de los Siete Dioses (k2796) y en la Caja de los Once Dioses (k7750),9 aunque todo indica que, a diferencia de la narrativa anterior, se trata de mitos locales o de la región de Naranjo, en la parte nororiental del Petén. De acuerdo con esas vasijas, una deidad anciana, señor supremo de la Creación anterior a la presente, conocida por los mayistas como Dios L, convocó en la oscuridad a una reunión de seres numinosos, quienes comenzaron a ordenar el mundo. El cruce de diversos datos procedentes de otros testimonios, tanto iconográficos como jeroglíficos, sugiere que el  universo  que  precedió  al  presente  fue  destruido por un gran diluvio o inundación que derribó el cielo sobre la tierra y todo lo desordenó, de manera que en estas vasijas asistimos al momento preciso en que los dioses se juntaron para reorganizar todo.

Es necesario advertir que la “fecha era” 4 Ajaw 8 Kumk’uh de ningún modo representa el inicio imaginario  de  la  Cuenta  Larga,  pues  existen  muchos textos jeroglíficos que se remontan miles e incluso millones de años hacia el pasado mítico. Algunos de esos cómputos descomunales hacia al pretérito se encuentran en las aún enigmáticas narrativas mitológicas de Quiriguá. Otras, mejor comprendidas, se ubican en el Altar 1 de Naranjo, que fecha la entronización del primer gobernante de la dinastía en una fecha que tuvo lugar 875 mil años en el pasado, pues en las crónicas y anales dinásticos de los mayas no se hacía distinción entre lo mítico y lo histórico. Ambas dimensiones,  la  divina  y  la  humana,  se  ubicaban  en un solo continuo temporal. Incluso en las llamadas páginas de los números de serpiente del  Códice de Dresde (pp. 61-62, 69) el epigrafista Carl D. Callaway ha podido identificar los mitos referentes a la formación de los grandes ciclos cronológicos de la Cuenta Larga, que fueron construidos miles de años en el pretérito profundo.

Pero, ¿qué hay de la fecha futurista 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’in, 23 de diciembre de 2012? Los epigrafistas más conservadores calculan que existen alrededor de 5 mil inscripciones jeroglíficas mayas. De todas ellas sólo dos contienen un registro explícito de semejante fecha, es decir, el 0.04 por ciento, dato que nos habla con elocuencia de la importancia que los mayas antiguos le otorgaron a la hoy famosa fecha de diciembre de 2012.

Durante décadas la única inscripción maya conocida que contenía esa fecha fue el hoy denominado Monumento 6 de Tortuguero, en el municipio de Macuspana,  Tabasco.  Un  fragmento  de  dicha  inscripción fue reportado por Heinrich Berlin desde 1953, mientras  que  en  1962  el  ya  mencionado  Thompson publicó las fotos de otros dos. En 1978 el epigrafista alemán Berthold Riese dio a conocer un dibujo completo de toda la inscripción conocida, hecho por el artista Ian Graham. Riese lo bautizó con el nombre de Monumento 6, argumentó que no se trata de una estela, sino de un panel o tablero que se encontraba empotrado en el muro interior de un edificio desconocido y, lo más importante, observó que contenía un aniversario o jubileo de la “fecha era”: 13.0.0.0.0 4 Ajaw, aunque no 8 Kumk’uh, sino 3 K’ank’iin.

A grandes rasgos puede decirse que el tema central de la inscripción son los ritos de consagración, dedicación o activación ritual del templo o edificio que alguna vez albergó a este tablero, llevados a cabo por el gobernante en turno de la ciudad, llamado B’ahlam Ajaw, el 16 de enero de 669 d. C. Dicho templo recibe el nombre de Wak Haab’ Naah, “Casa de Seis Años”, y buena parte de la inscripción se concentra en actividades ceremoniales que apenas comenzamos a comprender, ya que este género ritual, donde los dioses interactúan con los gobernantes en  su  propio  presente  narrativo,  es  un  ámbito  semántico poco entendido por los epigrafistas. Como es común en múltiples textos jeroglíficos mayas, los eventos contemporáneos centrales que celebran las propias inscripciones casi siempre son ritos de consagración de edificios o esculturas, cuya importancia se subraya al encuadrarlos en un relato donde son precedidos por diversos acontecimientos divinos y humanos, o sucedidos por eventos futuristas de final de algún periodo, aunque evitando de forma prudente todo tipo de pronóstico o profecía.

De este modo, el texto del Monumento 6 incluye la mención de otros sucesos del pasado, tales como la  propia  entronización  de  B’ahlam  Ajaw  (9  de  febrero de 644) y una serie de victorias bélicas que tuvieron lugar entre el 4 de junio de 644 y el 23 de diciembre de 649 d. C. Obsérvese que la fecha de este último triunfo coincide intencionalmente con la completitud de 13  b’aak’tuunes que tendrá lugar en 2012. Y no es casualidad, pues se trata de la guerra más importante que parece haber ocurrido en el reinado de B’ahlam Ajaw, cuyo enemigo fue la cercana ciudad  de  Comalcalco.  De  hecho,  en  el  Monumento 6 B’ahlam Ajaw celebra su victoria con una escalofriante frase: naahb’aj ch’ich’, witziij jol, “la sangre se convirtió en mar, los cráneos se hicieron montañas”.

Entre los acontecimientos del pasado homologados se encuentran dos que, aunque los epigrafistas no los han podido descifrar satisfactoriamente, evidentemente remiten a los mismos sucesos: uno ocurrió el 11 de marzo de 353 y el otro el 11 de diciembre de 647, ya dentro del reinado de B’ahlam Ajaw. Otro intento de este gobernante por afirmar que su proceder reafirma la conducta de los ancestros es su interés por mostrar que la colocación de esta misma inscripción dentro del templo (16 de enero de 669) se asemeja a otro acontecimiento igual, realizado por un ancestro suyo el 9 de diciembre de 510.

Acto  seguido,  la  narrativa  jeroglífica da un salto descomunal hacia el futuro, hasta llegar al jubileo o aniversario  de  la  Creación  del  mundo, que tendría lugar en 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’iin, 23 de diciembre de 2012. Pero no menciona ninguna profecía para esa fecha. Igual que en el ejemplo palencano antes mencionado, se trata de una afirmación ineludible, que todos conocen, semejante a algo como “el 31 de diciembre de 2100 el siglo XXI habrá terminado”, sólo que en esta ocasión está en cholano clásico: tzutzjo’m u[h]uhxlaju’n pik[haab’], Chan Ajaw k’in(?) Uhx Un[ii]w u[h] to’m, “el décimo tercer  b’aak’tuun habrá terminado, [el] día(?) 4 Ajaw 3 K’ank’iin habrá ocurrido”.

Tres cartuchos jeroglíficos erosionados y dañados cierran la inscripción  en  su  parte  final,  mismos que al parecer retornan a la fecha central  de  la  inscripción,  cuando ésta fue consagrada, es decir, al 16 de enero de 669, en lo que David S. Stuart ha llamado “boomerang” narrativo. La sección mejor conservada dice  yema[l] B’alun Ookte’ ta…, “es el descenso [del dios] B’alun Ookte’ a…” Aunque el nombre del lugar a donde baja el dios se encuentra muy dañado, puede apreciarse la presencia de un silabograma hi,10 lo  que  apoyaría  en  parte  la  idea  de Stephen D. Houston11 en  el  sentido de que el sitio a donde baja es el propio edificio que contenía la inscripción, tal vez porque de hecho era un templo dedicado a esta deidad, quien no coincidentemente se encuentra entre las que acudieron a la reunión convocada por el anciano Dios L en la “fecha era” a fin de reordenar el mundo, según se desprende de las vasijas de Naranjo antes mencionadas. No obstante, Sven Gronemeyer y Barbara MacLeod 12 sostienen una visión diferente sobre estos tres últimos cartuchos jeroglíficos, pues los ven como un pasaje que los mayas dejaron ambiguo de forma intencional, ya que se refiere tanto a la fecha de 669 como a la de 2012, aunque nunca lo contemplan como una “profecía” catastrofista, sino simplemente como la presencia de uno de los dioses supremos que participaron en la Creación (13.0.0.0.0, 13 de agosto de 3114 a. C.) en el aniversario de la misma (13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012).

Entre abril y mayo del propio 2012 fueron descubiertos los restos de una importante escalera jeroglífica  en  la  Estructura  13r-10  de  La  Corona,  sitio ubicado en el poniente del Petén guatemalteco y que está siendo investigado actualmente por los arqueólogos Marcello A. Canuto y Tomás Barrientos Quezada. En el bloque número v de ese monumento, conocido ahora como Escalera Jeroglífica 2,  el  ya  mencionado  epigrafista  Stuart descubrió, entre otras cosas, la segunda mención conocida en el corpus maya de la célebre fecha 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’iin, 23 de diciembre de 2012.

El uso que los escribas mayas le dieron a esa fecha tiene grandes analogías en ambas inscripciones, pues mientras que en el Monumento 6 de Tortuguero se enlaza con la consagración del edificio y del propio panel  jeroglífico,  ocurrida  el  16  de  enero  de  669,  en el  Bloque  v  de  la  Escalera  Jeroglífica  2  de  La  Corona se liga con la activación ritual o consagración de la propia inscripción, que tuvo lugar el 3 de febrero de 696. De acuerdo con su texto jeroglífico, esta fecha fue elegida para coincidir con la visita a La Corona del poderoso gobernante de Calakmul Yuhkno’m Yihch’aak K’ahk’, un suceso verdaderamente notable para Chak Ak’ach Yuhk, señor local, en virtud de que Calakmul era por entonces la ciudad más poderosa y hegemónica de las tierras bajas mayas.

Del mismo modo que B’ahlam Ajaw de Tortuguero enfatizó la importancia de la consagración de su edificio y la inscripción que contenía, trayendo a colación sucesos del pasado a fin de legitimar e insertar este acto en la tradición de sus ancestros y en el gran orden cósmico del calendario, Chak Ak’ach Yuhk de La  Corona  ligó  la  activación  ritual  del  Bloque  v  con acontecimientos pretéritos mencionados en la propia inscripción, que tuvieron para él gran importancia política: 1] una lid en el juego de pelota de Sak Nikte’ (nombre antiguo de La Corona), que tuvo lugar el 16 de febrero de 635 y donde participó el legendario gobernante  Yuhkno’m  Ch’e’n  de  la  dinastía  Kanu’l, artífice y fundador de la hegemonía de Calakmul (ca. 636-736 d. C.); 2] el posible establecimiento de la dinastía  Kanu’l  en  Calakmul,  acaecido  oficialmente el 11 de abril de 635, dado que esa familia de gobernantes mayas probablemente procedía del sur de Quintana Roo;14  3]  un  acontecimiento  de  naturaleza  desconocida,  pues  el  jeroglífico  de  su  verbo  está totalmente erosionado en la misma inscripción del Bloque v, si bien conservamos la fecha, que convertida al calendario gregoriano es 12 de abril de 635.

Asimismo, igual que le ocurriera a B’ahlam Ajaw de Tortuguero, quien asoció la consagración de su edifico (Wak Haab’ Naah) y su texto jeroglífico con la fecha futurista y aniversario de la Creación 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012, Chak Ak’ach Yuhk de La Corona ligó la activación ritual del Bloque v con dos importantes cierres de b’aak’tuun que aún no habían ocurrido y estaban lejos en el tiempo: 10.0.0.0.0, 15 de marzo de 830, y 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012.

Y del mismo modo que B’ahlam Ajaw de Tortuguero, luego de hablar de la fecha de 2012, ejecutó un “boomerang” narrativo, pues aparentemente vuelve a referirse a su propio presente (669 d. C.): Chak Ak’ach  Yuhk  de  La  Corona  sólo  menciona  la  fecha futurista de 830, pero no dice nada sobre ella, pues lo que viene a continuación es la frase i yuxul k’an tuun tahn ch’e’n Sak Nikte’ Chak Ak’ach Yu[h]k ajaw yi[taaj] Yu[h]k[no’m] [Y]ihch’aak K’ahk’, uhxlaju’n winikhaab’ ajaw, “entonces el señor Chak Ak’ach Yuhk labró la piedra preciosa en el centro de la ciudad de Sak Nikte’ con [el gobernante] Yuhkno’m Yihch’aak K’ahk’, señor de trece k’atuunes”, lo que obviamente tuvo lugar en su propio presente (696 d. C.).

Una última analogía entre ambas inscripciones reside en que cuando se refieren al jubileo de la Creación que tendría lugar en 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012, ninguna contiene profecía alguna. En el caso del Bloque v de la Escalera Jeroglífica 2 de La Corona sólo se menciona lo siguiente: ha[l]jo’m u[h] to’m  ta  Chan  Ajaw  k’in(?)  Uhx  Un[ii]w, “un tiempo largo habrá sido, habrá ocurrido en el día(?) 4 Ajaw 3 K’ank’iin”.

¿Por qué los mayas desearon asociar la construcción de sus inscripciones y edificios con importantes cierres de k’atuun y de b’aak’tuun que tendrían lugar en el futuro? Parte de la respuesta parece residir en las ya mencionadas páginas de los números de serpiente del  Códice de Dresde, donde la creación de los grandes ciclos calendáricos fue designada con el mismo verbo pat, “formar” o “construir”, que en las inscripciones se usaba para consignar la edificación de estructuras arquitectónicas y monumentos de piedra. Según parece, los antiguos mayas veían el orden calendárico de la misma manera que concebían el espacio organizado a través de la acción de sus escultores y arquitectos. Más aún, conviene tener en cuenta que sus edificios e inscripciones  eran  de  piedra  y  que  este  material  fue concebido como la encarnación del tiempo, pues en las mitologías del mundo “la piedra se considera un lugar eterno, durable, capaz de soportar inundaciones, vientos y terremotos”.15

Pese a no existir ninguna profecía sobre el fin del mundo para diciembre de 2012, conviene decir que los mayas de la época colonial, al igual que casi cualquier sociedad, tuvieron sus propias ideas sobre la forma como se destruiría el espacio en el que habitaban, dando lugar a un nuevo proceso de regeneración, si bien no especificaron fecha alguna. Así, por ejemplo, entre 1555 y 1559 fray Bartolomé de las Casas refiere que, entre los q’ekchi’s de Verapaz, “había […] noticia de un diluvio y de la fin del mundo, y llámanle Butic, que es nombre que significa diluvio de muchas aguas y quiere decir juicio, y así creen que está por venir otro Butic, que es otro diluvio y juicio, no de agua, sino de fuego, el cual dicen que ha de ser la fin del mundo, en el cual han de reñir todas las creaturas”.16

Semejante al anterior es un pasaje contenido en la Relación geográfica de la ciudad de Mérida (1579), el cual confirma la creencia de los mayas yucatecos en diluvios sucesivos de agua y fuego, como también  en  un  caimán  que  simbolizaba  la  inundación y la tierra: “Tuvieron también noticia de la caída de Lucifer y del Diluvio, y que el mundo se había de acabar por fuego, y en significación de esto hacían una ceremonia y pintaban un lagarto que significaba el Diluvio y la tierra, y sobre este lagarto hacían un gran montón de leña y poníanle fuego y, después de hecho brasas, allanábanlo y pasaba el principal sacerdote descalzo por encima de las brasas sin quemarse, y después iban pasando todos los que querían, entendiendo por esto que el fuego los había de acabar a todos.”17

Para terminar este artículo, sólo deseo agregar que en los textos legados por los mayas antiguos sí existe una curiosa profecía sobre el fin del mundo, misma que incluso fija una fecha precisa, aunque nada tiene que ver con el año 2012. Ésta se encuentra en el folio 41 anverso del Chilam Balam de Ixily fue escrita en 1658: “en ciento veintinueve años se  acabará  el  mundo,  así  lo  dijo  Beroso  por  el  incremento  [de  la  población]  del  mundo.  En  1787  se acabará por lo mucho que aumentará la descendencia en la tierra.”18

Hasta donde sabemos ningún cataclismo de dimensiones apocalípticas tuvo lugar en 1787. Si esta profecía maya jamás se cumplió, ¿por qué habríamos de creer lo que sostienen los modernos “iniciados” de la posmodernidad  new age, nada apegados, por cierto, a los testimonios mayas antiguos?


Érik Velásquez García, doctor en Historia del Arte, es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, de la UNAM.

1[1] 4 Ajaw es la fecha correspondiente en el calendario adivinatorio de 260 días, mientras que 8 Kumk’uh es su equivalente en el año vago de 365 días. La combinación de ambos tipos de fechas, como por ejemplo 4 Ajaw 8 Kumk’uh, se repetía cada 52 años y recibe el nombre de Rueda de Calendario.

2[1] En algunas publicaciones sobre la cultura maya el lector podrá encontrar esa fecha como –3113. La razón de esta aparente discrepancia es que 3114 a. C. representa el cómputo histórico, sistema donde nunca existió el año “cero” (3 a. C., 2 a. C., 1 a. C., 1 d. C., 2 d. C., 3 d. C., etcétera), mientras que –3113 es el cómputo astronómico, que sí admite un año “cero” (–2, –1, 0, 1, 2, 3, etcétera). Luego entonces, debemos entender que en realidad 3114 a. C. y –3113 es el mismo año.

3[1] Toda fecha juliana es el número de días que han transcurrido desde el mediodía del 1 de enero de 4713 a. C., o –4712, momento establecido en 1582 por el sabio francés Joseph Justus Scaliger de Leiden, quien, con base en el estudio de la historia antigua de Babilonia, Egipto, Israel y Persia, logró fi jar el principio de una cuenta de tiempo continua.

4[1] La epigrafía es el estudio de las inscripciones jeroglífi cas, cuneiformes o alfabéticas de cualquier cultura del mundo, aunque en el caso de los mayas el término se ha extendido al estudio no sólo de las inscripciones, sino de los textos pintados sobre cuevas, muros, vasijas o códices, por considerar que se trata de un mismo sistema de escritura, de tipo logosilábico, con independencia de su soporte o plataforma.

5[1] Nuestros conocimientos vigentes sobre la escritura jeroglífi ca maya sugieren que el nombre antiguo del  k’inchiltuun era  utzutzpik, “completitud del ocho mil”, y el del  kalab’tuun era simplemente  tzutzpik,“completitud-ocho mil”, mientras que el del  alawtuun pudo haber sido …k’anhaab’, “años preciosos…”.
6[1] 29 de diciembre de 775 d. C. en el calendario gregoriano.

7[1] El mito popular insiste en que esa fecha es el 21 de diciembre de 2012, usando una fórmula juliana para ubicar la “fecha era”. La razón de emplear semejante día juliano en vez del que es más socorrido por los mayistas académicos obedece simplemente a que el solsticio de invierno cae el 21 y no el 23.

8[1] El trabajo etnográfi co realizado por Iván Canek Estrada Peña entre los k’ichee’s contemporáneos, quienes aún utilizan el calendario adivinatorio de 260 días (cholq’ij), sugiere que los números sagrados 20 y 13 tenían un fundamento antropométrico, pues 20 correspondía a la suma de los dedos de las manos y los pies, mientras que 13 a las coyunturas principales del cuerpo.

9[1] Fotos de ambas vasijas se encuentran disponibles en línea, en la página del fotógrafo Justin Kerr: research.mayavase.com/kerrmaya.html.

10[1] El silabograma hi puede intervenir en la composición de la palabra naah, “casa” o “estructura arquitectónica”.

11[1] Stephen D. Houston, “What Will Not Happen in 2012”, en Maya Decipherment. A Weblog in the Ancient Maya Script, 2008, disponible en línea: decipherment.wordpress.com/2008/12/20/what-will-not-happen-in-2012.

12[1] “What Could Happen in 2012: A Re-Analysis of the 13-Bak’tun Prophecy on Tortuguero Monument 6”, en Wayeb Notes, 2010, disponible en línea: wayeb.org/notes/wayeb_notes0034.pdf.

13[1]  Cfr. David S. Stuart, “Notes on a New Text from La Corona”, en Maya Decipherment. A Weblog in the Ancient Maya Script, 2012, disponible en línea: decipherment.wordpress.com/2012/06/30/notes-on-a-new-text-from-la-Corona.

14[1] Muy posiblemente de Dzibanché, tal como he argumentado en algunos artículos que publiqué en la década pasada;  cfr. Érik Velásquez García, “Los posibles alcances territoriales de la infl uencia política de Dzibanché durante el Clásico temprano: nuevas alternativas para interpretar las menciones históricas sobre la entidad política de Kan”, en Rodrigo Liendo Stuardo (ed.), El territorio maya: memoria de la Quinta Mesa Redonda de Palenque, México, inah, 2008, pp. 323-352.

15[1] Mircea Eliade, Tratado de historia de las religiones, traducción de Tomás Segovia, 11ª ed., México, Era, 1996, Biblioteca Era, p. 201.

16[1] Bartolomé de las Casas,  Apologética historia sumaria cuanto a las cualidades, disposiciones naturales, policías, repúblicas, manera de vivir e costumbres de las gentes destas Indias Occidentales y Meridionales cuyo imperio soberano pertenece a los reyes de Castilla, editado por Edmundo O’Gorman, México, iih (unam), 1967, vol. ii, p. 507.

17[1] Mercedes de la Garza Camino (coord.), Relaciones histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán, México, cem (iifl, unam), 1983, vol. I, Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya 1, p. 72.

18[1] Laura Caso Barrera, Chilam Balam de Ixil. Facsimilar y estudio de un libro maya inédito, México, Artes de México-inah-cnca, 2011, p. 237.

Articulo: http://www.elboomeran.com  15/11/2012

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