samedi 10 novembre 2012

Felipe HERNÁNDEZ CAVA/ Enciclopedia erótica del cómic


Enciclopedia erótica del cómic
Luis Gasca y Román Gubern
Cátedra. Madrid, 2012. 452 páginas. 35 euros
Por Felipe HERNÁNDEZ CAVA

Gasca y Gubern, adictos compulsivos a la imagen, han elegido para su diccionario el cómic porque desde finales de los 60 ha dado muestra de una imaginación más rica y desbordante que otros medios.

Es mucho lo que los estudiosos de la historieta les debemos a estos dos autores, miembros de una generación de notables pioneros en la investigación y dignificación de un medio para el que reclamaban su condición artística y adulta (Antonio Martín, Ludolfo Paramio, Antoni Segarra, Iván Tubau, Terenci Moix, o el tristemente desaparecido Antonio Lara). Tras dos apasionantes indagaciones sobre en el lenguaje del medio (Diccionario de onomatopeyas del cómic y El discurso del cómic, para esta misma editorial) han firmado una nueva incursión en equipo en uno de los temas que, a juzgar por trabajos precedentes de ambos, más les ha interesado siempre: el del erotismo gráfico. Amparándose en el descomunal archivo de Luis Gasca, que era ya mítico para muchos de nosotros en los años de la dictadura, han articulado su discurso sobre una amplísima serie de términos mediante los que acotar el vasto campo de las relaciones sexuales, de algunos de los cuales yo no tenía ni siquiera noción, y que han rastreado en las publicaciones científicas preocupadas por estas conductas, algunas tan novedosas y polémicas en su momento como Las minorías eróticas del médico sueco Lars Ullestam. 

Antes de que los psicólogos se preocupasen por nuestros vicios privados, nadie como la Iglesia, tan buena conocedora de los hábitos de culturas lejanas, en el tiempo y en la geografía, como de las debilidades humanas, sabía tanto acerca del inmenso abanico de los hábitos con que mujeres y hombres hemos buscado satisfacer nuestras pulsiones eróticas. 

Gasca (San Sebastián, 1933) y Gubern (Barcelona,1934), adictos compulsivos a la imagen, podían haber optado para hacer este diccionario por muy diversas iconografías a título de ejemplo, pero han preferido hacerlo por la de un cómic que, desde finales de los años 60, ha dado muestras de una imaginación más rica y desbordante que la de otros medios y que, en estos asuntos de la conquista de libertades, se merecía también una vindicación semejante. 

Tendríamos que acudir a dos polos geográficos muy diferentes para encontrar esta eclosión libérrima, fuera de los antecedentes minoritarios y clandestinos para erotómanos que siempre hubo, y de los que era un exquisito degustador nuestro siempre recordado Luis García Berlanga: el cómic underground estadounidense, con Robert Crumb a la cabeza (obsesionado con esas mujeres de inmensas formas tan similares a las venus prehistóricas), y el cómic europeo que, al calor de mayo del 68, postuló un erotismo pop y sublimado, con autores como Pellaert, Forest, Gigi o Crepax (uno de los ídolos de los autores, y, a mi juicio, más interesante por sus aportaciones gramaticales a esta forma narrativa que por la sensualidad de sus heroínas). 

Alguien dijo que la persecución de alguna forma y otra de placer sexual, ya sea hetero, homo o auto, es la más común de todas las actividades humanas, aparte de comer y beber. Y los tebeos, condenados a ser vistos durante décadas como un vehículo para el entretenimiento infantil, fueron siempre víctimas de unos códigos de censura que limitaron la posibilidad de reflejar esa parte sustantiva de lo que somos. Por no hablar de ciertas relaciones de esos personajes de papel que se querían ver teñidas, de manera a mi juicio un tanto forzada, por algo inconfesable (broma maligna de Gasca y Gubern en esta obra el que Pedrín, el eterno acompañante de Roberto Alcázar, figure en una viñeta para ilustrar el concepto “ambigüedad”, mientras le vemos barrer canturreando “¡limpio mi casita, la lará larita…!”). 

Hubo que esperar entre nosotros al advenimiento de un underground castizo y a la buena acogida que tuvo El Víbora para encontrar algo de esa desinhibición gracias a autores como Pons o Laura, el uno excelente retratista de nuestros pensamientos más heterodoxos y la otra aventajadísima intérpretedel mejor erotismo, aquél que decía Henry Miller que se creaba para los dioses, a diferencia de la pornografía, que encontraba destinada a los cerdos. Hasta entonces, reconozcámoslo, lo más que podíamos hacer era polemizar acerca de la capacidad de Pepe González (y aprovecho para recomendarles la biografía-homenaje que le está tributando Carlos Giménez en su obra más reciente) para dibujar mujeres tan voluptuosas como estereotipadas. 

Y entramos así en un espinoso terreno, que guarda relación con la banalización que preside a diario una iconoesfera dispuesta a democratizar todo lo divino y humano: ¿cuándo una imagen es erótica y cuándo es pornográfica? A Gasca y Gubern, obviamente, y a tenor del planteamiento científico de su obra, éste es un asunto que no les preocupa (de ahí la abundante presencia de dibujos de Leone Frollo, por ejemplo), pero a los que pensamos, como Gore Vidal, que una de las características más intrínsecas de la pornografía es que su frecuentación sólo conduce al consumo de más pornografía, sí nos inquieta que cierta estética visual, que comporta por descontado una ética, pueda eclipsar la naturaleza emocional y pasional que hombres y mujeres compartimos sobre el sexo. 

Quizá por eso disfruto tanto del contrapunto satírico que hay en los dibujos del maestro Georges Pichard, como en su día de los trabajos de Harvey Kurtzman, y tan poco del aclamadísimo Milo Manara. El erotismo, en manos de un artista, y en el cómic hay unos cuantos, es lo que diferencia nuestra sexualidad de la de los animales (pensamiento de Bataille que Gasca y Gubern nos recuerdan en su prólogo). Alex Varenne o la citada Laura son de los pocos creadores que poseen el don de captar esa esencia. Y a unos y a otros los pueden encontrar en esta obra. Felipe Hernández Cava.

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Román Gubern
"El sexo en el cómic es mucho más libre que en el cine"
Por Marta CABALLERO
21/09/2012

El escritor e historiador acaba de publicar junto a Luis Gasca en Cátedra la 'Enciclopedia erótica del cómic'

De la A de Acrofilia a la Z de Zooerastia, el historiador Román Gubern y el coleccionista y estudioso del cómic Luis Gasca se han propuesto analizar la mayor cantidad de perversiones -"mejor parafilias", corrige Gubern-, que pueden practicarse en materia sexual. El cómic, arte que el catedrático lleva analizando desde los años 70 con toda la seriedad que merece, ha sido un gran expositor de todas ellas a lo largo de la historia, una fuente de información para el amante y un canal para dejar volar la imaginación del lector. El tándem Gubern-Gasca, en su tercera colaboración con la editorial Cátedra, con la que han publicado otros volúmenes como el clásico El discurso del cómic, plantea en esta ocasión un recorrido visual detalladamente explicado con la sapiencia lingüística de Gubern que, asegura el autor, debe quedarse en la mesita de noche de las parejas, que encontrarán en sus páginas desde las prácticas más prosaicas a las más extravagantes. Todo, con la libertad gráfica que aporta el soporte, mucho más atrevido que el cine o la de la fotografía. 

Pregunta.- Lleva varias décadas empeñado en que el cómic deje de considerarse un divertimento y se perciba como el arte que es. 
Respuesta.- Sí, y desde hace unos años y por fortuna se está consiguiendo. El concepto de novela gráfica, aunque sólo sea por su nomenclatura, ha hecho mucho. Mi libro El lenguaje del cómic, el primero que escribí sobre este tema, se publicó en el año 71. Con El discurso del cómic, de 1984, hice mi primera colaboración con Luis Gasca, que es dueño de la mejor colección de cómic de Europa y que incluso tiene ya un museo con ella. En aquel libro, en el más reciente Diccionario de Onomatopeyas del cómic y en este último, Enciclopedia erótica del cómic, él me sugiere las imágenes y yo escribo los textos. 

P.- El sexo, tema que abordan en el nuevo tomo, tuvo la culpa de que el cómic dejara de considerarse un pasatiempo de niños. 
R.- Sí, durante años tuvo ese estigma de ser un género infantil pero en los años 60 con el underground de Estados Unidos y las heroínas fantaeróticas de los cómics de países como a Italia pasó a ser un género para adultos. Este libro, que en principio era mucho más amplio, se basa en el concepto de las minorías eróticas, que está aceptado desde principios los 60. Exponemos muchas de las parafilias, antes llamadas perversiones, que se muestran en el cómic. Berlanga, por ejemplo, era un coleccionista de tebeos sadomasoquistas, ¿lo sabía? Yo no soy sexólogo profesional, pero leo a Freud desde que era muy jovencito y, aún así, he aprendido mucho. 

P.- ¿Y qué ha aprendido?
R.- Una de las conclusiones del libro es que el sexo no está entre las piernas sino en la cabeza, es algo evidente tras su lectura. Otra es que el sexo en el cómic es mucho más libre y creativo que en la fotografía y que en el cine. A través de las imágenes clasificadas por temas que me enviaba Luis Gasca he descubierto muchas prácticas que desconocía, sobre las que me he documentado mucho, y conocerlas me ha resultado muy placentero, aunque ya sea yo algo mayor. 

P.- ¿Recomendaría el libro a aficionados al cómic? ¿Al sexo? ¿Al arte? ¿A las palabras?
R.- El Diccionario planteó una serie de problemas antes de publicarse. ¿Debía por su contenido venderse enfundado en condón como las revistas X? Pero no. Es un libro que puede interesar a mucha gente, a parte de a muchas parejas, que con él descubrirán nuevas prácticas. Es un libro para tener en la mesita de noche, así pueden echarle un vistazo y decir, oye, pues esto nunca lo hemos hecho. Hasta donde yo sé, este el primer libro que se publica en el mundo sobre el erotismo en los cómics a modo de enciclopedia. Da como para hacer un segundo tomo y está teniendo una estupenda acogida. 

P.- ¿Qué prácticas sexuales ha descubierto que le hayan llamado más la atención?
R.- Lo que más me ha turbado es el uso de máscaras en los ritos sadomasoquistas. Me asombró que una de sus funciones fuera no ver la expresión de dolor de la otra persona, porque así puedes ser más coercitivo al no ver el sufrimiento ajeno. Hoy todas estas cosas se respetan. Si te gusta el ondinismo, lo que se conoce como lluvia dorada, estupendo, es algo que se anuncia en los clasificados del periódico. Toda relación sexual entre adultos que lo consienten está bien. Lo cual no significa que no haya un origen de esto relacionado con traumas infantiles. En cualquier caso, aparecen también prácticas muy normales, como la postura del misionero, que es muy funcional por el contacto corporal y porque permite ver la cara y besar a la pareja. 

P.- El índice temático que cierra la obra, dividido por sentidos (del gusto, del tacto...), no tiene desperdicio.
R.- Sí, el diccionario tiene dos formas de uso, la alfabética, que va de Acrofilia la temática, donde aparecen todos estos nombres tan interesantes que muchas veces vienen del griego y del latín. 

P.- ¿Será el último de su colaboración con Luis Gasca o sigue habiendo temas interesantes?
R.- Este pone el listón muy alto. El anterior, el de las onomatopeyas, también. Al poco de salir me llamaron del Departamento de Lingüística de la Universidad de Chicago para que fuera a presentarlo y sé que se emplea en muchas universidades porque tampoco había nada así, ha sido un hallazgo. Umberto Eco publicó una excelente crítica del libro en Italia. El reto es ver cuál va a ser el siguiente. Se me ocurren cosas, hay una exposición en Barcelona de cómic y arquitectura, y está bien, es bonito el tema, pero no tiene el impacto que tiene el erotismo. Este un libro goloso.

P.- Acaba de publicar también una novela con un seudónimo, La confesión de Carmen (Pre-Textos).
R.- Y también es erótico. Llevaba años pensando cómo habría sido la obra de Mérimée si la confesión hubiese sido de la propia Carmen en primera persona. Lo escribí hace 4 ó 5 años como divertimento y lo tenía en un cajón. Una amiga que lo leyó me invitó a publicarlo y le dije que lo haría si alguien con criterio podía defenderlo científicamente. Darío Villanueva, el secretario de la RAE, lo hizo con un prólogo espléndido. Lo firmé con seudónimo aunque en la solapa interior figura como versión de Román Gubern sobre los manuscritos de Mérimée. Hago algo que él no pudo hacer, escribir con la libertad del siglo XXI, así que está en el linde entre el erotismo y la pornografía y completa la Enciclopedia erótica del cómic. 

Articulo: http://www.elcultural.es 09/11/2012