samedi 17 novembre 2012

Francisco Javier SANCHO MÁS/Ernesto CARDENAL: Mística del poeta revolucionario


XXI PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA
Mística del poeta revolucionario
Por Francisco Javier SANCHO MÁS 

Ernesto Cardenal es quien encarna mejor las dos naturalezas de san Juan de la Cruz: la de poeta y la de religioso

Si se mira bien, no hay otro poeta, de entre todos los clásicos castellanos, que haya influido tanto en la literatura contemporánea como san Juan de la Cruz. Pero aún se necesitan más estudios sobre la huella del autor de Noche oscura en obras tan importantes como las de T. S. Eliot, Paul Valéry, Juan Ramón Jiménez, José Ángel A. Valente o Juan Goytisolo, entre otros. Quizá, Ernesto Cardenal es quien encarna mejor las dos naturalezas de san Juan de la Cruz: la de poeta, y la de religioso y místico. Pero también la del enamorado, la del sensual, y la del perseguido político-religioso. La vertiente mística de Cardenal, mucho menos investigada que la de su compromiso religioso y revolucionario, resulta tan excitante e intensa como las imágenes de un encuentro erótico con Dios.

Después de haber recorrido a pie muchas leguas entre Castilla y Andalucía, cimentando la reforma carmelita, san Juan de la Cruz solicitó permiso para emprender el que con toda probabilidad sería su último viaje: fundar el primer convento descalzo en México. Las inquinas de algunos de sus hermanos y la enfermedad le impidieron realizar ese viaje. Agonizando ya en una celda de Úbeda, interrumpió los rezos por su alma y pidió que le leyesen, a cambio, el Cantar de los cantares, a pesar de los problemas que el epitalamio bíblico había causado a quienes osaron traducirlo al castellano del siglo XVI. Pero san Juan de la Cruz era un poeta que reivindicaba su relación erótica con Dios, así que no imagino palabras más apropiadas que estas de los primeros versos del Cantar para antes de morir: “Que me bese con los besos de su boca”.

Aunque el carmelita descalzo no llegó a pisar nunca tierra americana, hoy contamos con la obra de este discípulo aventajado, compatriota de Darío, su “paisano inevitable”, como lo definió Coronel Urtecho. La concesión del premio Reina Sofía de poesía iberoamericana a Ernesto Cardenal coincide este año con la publicación de un estudio esencial de Luce López-Baralt sobre la dimensión mística de la obra del poeta nicaragüense. La especialista en literatura mística ha sido clave para Cardenal, no solo como interlocutora, al estilo de las religiosas y seglares con las que san Juan de la Cruz dialogaba y a las que dedicaba sus versos más encendidos, sino porque López-Baralt le descubrió la enorme influencia de la mística sufí y de las lenguas semíticas en la obra del carmelita, siguiendo los primeros apuntes de Asín Palacios.

López-Baralt se adentra en las consecuencias de lo que le sucedió a Cardenal aquel 2 de junio de 1956. Por decirlo de un modo que quizá resulte demasiado simplista y burdo (siempre fracasaremos al tratar de decir lo indecible): después de aquel día, Cardenal pasa de hacer el amor con las mujeres a hacerlo con Dios. “Yo tuve una cosa con Él, y no es un concepto”, reclama. “Si oyeran lo que digo a veces / se escandalizarían. Que qué blasfemias / Pero vos entendés mis razones. / Y además bromeo. / Y son cosas que los que se aman se dicen en la cama”.

A partir de entonces, el corpus de su obra mística, aunque tiene presencia en casi todos sus escritos, se empieza a gestar enGethsemani, Ky., y en Salmos, pero se concentra principalmente en Vida en el amor (libro de fragmentos de tipo ensayístico tras su paso por el monasterio trapense de Merton); se eleva más tarde en su monumentalCántico cósmico (en particular en sus últimas cántigas); y es esencialmente en Telescopio de la noche oscura (que iba a ser parte del Cántico, pero se publicó independientemente) donde Cardenal describe en versos sensuales su encuentro radical con Dios, que empezó aquel 2 de junio. En Versos del pluriverso y en El origen de las especies se prolonga su canto místico y su diálogo permanente con los descubrimientos científicos. El interés por la ciencia (que también le vincula a los místicos) para él supone una magia añadida al misterio del Dios del bosón y de los astros. Y también al Dios de las células o el sexo: “Poeta, Dios está en el coño de las mujeres. / Está en todas partes dice el catecismo. / Pero no está lo mismo en todas partes”.

Se ha leído y atendido más al Cardenal del Exteriorismo, al de las influencias de Pound, Salinas o Neruda; al revolucionario de Solentiname, al de la bronca legendaria de Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua cuando lo tuvo delante (el único ministro sandinista arrodillado), o incluso al de los epigramas a sus antiguas amadas, el del “Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido”. Pero me temo que será su obra mística la que pasará el filtro del olvido. Ya es el principal exponente de la literatura mística de Latinoamérica, y eso lo dota de las virtudes duraderas de los clásicos. San Juan de la Cruz, tras un largo viaje de siglos, pisa tierra.

Francisco Javier Sancho Más es periodista, escritor y filólogo. Autor del libro de relatos Si estuvieras aquí (Icaria). Actualmente investiga la influencia de san Juan de la Cruz en autores de nuestro tiempo.

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Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925), poeta, escultor, polémico, sacerdote enfrentado al Vaticano, revolucionario, vade retro capitalismo y fama de gruñón vive estos días en España el homenaje y reconocimientos de una estrella del rock. Cardenal, látigo de lo que supuso el imperio español en América, recoge hoy jueves en el Palacio Real de Madrid, de manos de doña Sofía, el premio de poesía dotado con 42.100 euros que lleva el nombre de la reina y se concede desde 1992. El año pasado la premiada fue la cubana Fina García Marruz.

Este galardón ha motivado la publicación de la antología Hidrógeno enamorado; también, la salida de un disco-libro con versos convertidos en canciones y la edición ilustrada de su obra El celular y otros poemas, que incluye cuatro inéditos.

Por partes. Hidrógeno enamorado es un libro cuya cubierta muestra un retrato de Cardenal realizado por el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y que está editado por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, con motivo de la concesión del Reina Sofía. Esta edición recorre la obra de Cardenal con poemas elegidos por él mismo e incluye dos epigramas manuscritos. Uno de ellos dice así: "Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido: / yo porque tú eras lo que yo más amaba / y tú porque yo era el que te amaba más. / Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: / porque yo podré amar a otras como te amaba a ti / pero a ti no te amarán como te amaba yo".

En la introducción de esta antología la profesora vallisoletana María Ángeles Pérez López, de la Universidad de Salamanca, explica que en la obra de Cardenal se halla no solo a un poeta, sino además "al historiador, al antropólogo, al místico, al revolucionario, al científico, al que, en conjunto, aspira a nombrar una verdad colectiva cuya raíz es el amor". En sus versos está también la huella de sus vivencias, "de la lucha por la transformación política en su país, que lo llevó a enfrentarse a la dictadura somocista, a acompañar el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Popular en 1979, a ser ministro de Cultura del Gobierno de Reconstrucción Nacional hasta 1987 y, en la actualidad, a señalar sus fuertes discrepancias con el Gobierno de Daniel Ortega".

La profesora Pérez López recoge en su presentación las palabras con las que el autor de Salmos define su propia obra: "Poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos". De ese hacer poético, Pérez López destaca su "visión comprometida" y "el rico manejo de diversas tradiciones y diversos niveles de lenguaje", así como la "profunda originalidad" en el tratamiento de sus temas, desde los neutrones a la Revolución Sandinista pasando por la Teología de la Liberación.

Otro motivo para la consagración que disfruta estos días Cardenal fue la presentación, ayer miércoles, de su libro El celular y otros poemas (Del Centro Editores), con ilustraciones de Walter Canevaro. Se trata de una edición con una tirada única de 100 ejemplares numerados y firmados por este ilustrador. También estos días se celebra la reedición de una sus obras cumbre, Cántico cósmico (Trotta).

Por último, el martes se vivió el primero de los fastos que ha agasajado al autor de Oráculo sobre Managua (1973): la presentación del disco-libro Dos en uno —impulsado por la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Universidad Veracruzana de México—, en el que la compositora Inés Fonseca ha puesto música a once poemas que también interpreta (tres de ellos pueden escucharse en esta información).

Fonseca empezó a poner notas musicales a los versos de Cardenal en 2009, en una reunión en México de los componentes de la Red Internacional de Escritores por la Tierra. "Lo hice porque era un momento en el que él sufría especialmente el acoso del Gobierno de su país". Ahora, tres años después, ha incluido en el disco-libro composiciones de Canto cósmico. Fonseca, que ya sabe lo que es musicar versos de autores como José Hierro o Miguel Hernández, destaca de la palabra del poeta nicaragüense que es "muy clara, sencilla, directa". "No hay ninguna dificultad para interpretarlo porque no tiene un adjetivo de más, es muy preciso"; Fonseca califica su poética "como una superposición de imágenes con gran sonoridad".

El revolucionario de eterna boina negra y pelo y barba blanca ha dedicado, a sus 87 años, el Premio Reina Sofía "a los oprimidos y a los pobres". Y se vuelve para su tierra nicaragüense convencido de que "la revolución mundial es inevitable". Genio y figura.

Articulo: http://cultura.elpais.com 15/11/2012

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ENTREVISTA
Ernesto Cardenal: “Hace tiempo que Dios renunció a ser Dios”
Por Borja HERMOSO

Con 87 años, el premio Reina Sofía de Poesía jura que solo el presente le interesa.

No se fíen ustedes de las apariencias estéticas de la bonhomía, a menudo tapan volcanes. Y como volcán rumiando lava entra Ernesto Cardenal en la estancia, debajo de la boina calada, detrás de su barba blanca, dentro de su camisa blanca, los dedos de los pies nerviosos escapando de las sandalias de cura, aquejado esta tarde de un raro mal: esa mezcla de ansiedad y fatiga típica de las biografías sin desmayo. Sin duda, Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) es dueño de una de ellas. Poeta, sacerdote, teólogo, traductor, escultor, ministro de Cultura del Gobierno sandinista de Nicaragua entre 1979 y 1987, profeta irreductible de la Teología de la Liberación y de sus miserias y, por tanto, enemigo sin remedio del Vaticano y sus grandezas, el autor de El Evangelio en Solentiname enfila ya, a sus 87 años, la lógica consciencia del todo fue, aunque jura y perjura que solo el presente le interesa. No parece exagerado decir que su vida es una montaña rusa de euforias y desengaños: desengaño con la revolución perdida –“Daniel Ortega no es ni de izquierdas ni sandinista, traicionó la revolución”–, desengaño con sus jefes de Roma –“la Madre Iglesia traicionó el Evangelio”– y desengaño con la desidia y la resignación del mundo ante la injusticia –“¡estamos obligados a mucha más subversión!”–. Y de cuando en cuando, alguna pequeña alegría, como el reciente Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. La editorial Trotta acaba de publicar el libro El cántico místico de Ernesto Cardenal,de Luce López-Baralt, un replanteamiento crítico en torno a la dimensión mística del escritor. No hay ira en Ernesto Cardenal con respecto a su pasado, aunque el presente asegura que, en esta tarde calurosa de Madrid, el poeta anda cabreado.

Quería saber cuál es el estado de ánimo actual de Ernesto Cardenal ante las cosas, ante la vida. No entiendo.

¿Es capaz de mirarse desde fuera y hacerse un autorretrato con lo que fue, lo que es, lo que será…? Mmmm, no, no lo hago. No me gusta.

¿Mira al pasado? ¿Al futuro? ¿Solo al presente? Solo el presente.

¿Por qué? ¿Borró su pasado? ¿Lo aparcó y lo guardó en un armario? Esa pregunta es muy difícil, ¿por qué me la hace?

Las fáciles no suelen tener mucho interés… Bueno, sí, pero yo ya no estoy para preguntas difíciles.

No se preocupe, cambiamos de tercio. En 2009 recibió el Premio Pablo Neruda de Poesía, ahora le acaban de dar el Reina Sofía. ¿Le gusta eso de los premios? ¡Pues el primero que recibí en mi vida fue el Pablo Neruda! Así que cuando la presidenta de Chile me lo entregó en el Palacio de la Moneda, en el discurso dije que me consideraba el poeta menos premiado de la lengua castellana. Ahora ya no puedo jactarme de eso, porque he recibido dos premios. Bueno, tampoco son muchos…

¿Y eso le duele? No, bueno, me da lo mismo, no me interesa mucho recibir homenajes, más bien me molestan.
Cuando me dirigía a nuestra cita, venía pensando en lo mal que están las cosas para tanta gente. ¿Cabe decirle algo nuevo que sirva para darle esperanza? ¿Tiene usted alguna idea? Pues yo le diría lo que se ha dicho desde hace tiempo: el Evangelio, el anuncio del reino de Dios, del reino de los cielos en la tierra. Y recordar de nuevo lo que anunció el marxismo: una sociedad nueva, justa y sin clases. La sociedad comunista perfecta… que viene a ser lo mismo que el reino de Dios en la tierra. Yo no tengo otra cosa que predicar que el cristianismo y el marxismo, que para mí son la misma cosa.

La sociedad comunista perfecta viene a ser el reino de Dios en la tierra
  
¿Está la vigencia del marxismo intacta para usted en 2012? Si usted me pregunta si el marxismo fracasó, le diré que Chesterton, escritor, humorista, inglés y católico, dijo que el cristianismo no había fracasado… porque no se había puesto en práctica nunca. Yo digo lo mismo del marxismo, que nunca se puso realmente en práctica.

O sea, que ninguno de los dos principios fundamentales de su vida se han podido ver en marcha de verdad… ¡Ni de verdad ni de mentira! O puede que de mentira sí, pero de verdad no…

¿No cree usted que el marxismo incurrió en errores? O quienes lo trataron de llevar a la práctica… Sí, y el cristianismo también, que tuvo horribles versiones: las cruzadas, la Inquisición, los papas del Renacimiento…

¿Solo los del Renacimiento? ¿Y los de los últimos tiempos? Bueno, claro, esos son igualmente malos. Son malos. Algunos de ellos, no todos.

Y sin querer ser malo, de entre los malos, ¿cuál fue el más malo? Mmmm… no sé, puede que…

Entre Wojtyla, que le echó a usted la bronca nada más bajar del avión en su visita a Nicaragua, y Ratzinger, ¿con quién se queda?Bah, son iguales. Ratzinger ha puesto en práctica las mismas políticas pontificias del otro. Es igual que Wojtyla. O peor.

Revolución, Dios, poesía… ¿son una misma cosa en su vida? ¿O tres versiones de algo supremo? Para mí son lo mismo, sí. Revolución es lo mismo que predicaba Jesús. Hoy hay teólogos que dicen que el reino de Dios que él predicaba era una expresión semejante al concepto actual de revolución, es verdad. Una revolución subversiva, que en el caso de Jesús fue lo que le llevó a la muerte. Significaba también un cambio político y social. La juventud de hoy sigue diciendo “otro mundo es posible”, y yo también lo creo, como lo creyó Jesús. Es posible, y necesario. Y, como dice el obispo brasileño Casaldáliga, también otra Iglesia es posible. Hasta hay quien dice que otro Dios es posible.

¿Y usted qué cree? Que así es, claro.
Porque para usted Dios no es uno, unívoco, cerrado e indiscutible…Así es.

Pueden ser varios… Así es, sí. O puede no creerse en ningún Dios. Los ateos dicen lo mismo que decían los cristianos primitivos, que también fueron ateos.
Es relativamente fácil encontrarse con creyentes que preguntan que, si hay un Dios, ¿cómo es posible que permita todo lo malo que ocurre en la tierra, que es tanto? ¡Porque hace tiempo que Dios renuncio a ser Dios! Se apartó y nos dejó para que hiciéramos el cambio solos. Nos dejó en libertad y desapareció. Eso explica el Holocausto y las demás aberraciones de la creación del ser humano.

Ha dicho, hablando de Cristo, “subversión”. La subversión… ¿Falta eso en las sociedades modernas? ¿Estamos obligados a no conformarnos, aunque no hacemos otra cosa que aceptarlo todo sin protestar ni replantear? Claro que sí. Si lees la Biblia, verás todo el tiempo a un Dios subversivo. Jesús de Nazaret, lo mismo. Así que, en efecto, estamos obligados a la subversión, pero… en cuanto a lo de creyentes o no creyentes, pues no es solo eso que he estado diciendo antes de cristianismo y marxismo. También el Islam… mire, hay un teólogo sufí del siglo XIII que dice: “Para llegar a La Meca hay muchos caminos; si uno está en el Sur, La Meca está en el Norte. Si está en el Norte, La Meca consiste en ir al Sur. O al Este, o al Oeste. Pues para llegar a Dios, lo mismo. Hay muchos caminos.

Subversión, revolución, religión… esos ingredientes conformaron la experiencia de Solentiname. ¿Queda algo de aquello en pie? ¿Fue solo una utopía o Ernesto Cardenal de verdad creyó en aquel tiempo que se podían cambiar las cosas? La experiencia de Solentiname fue muy modesta. Acabó convertida en un mito, pero en realidad no era más que una pequeña comunidad, bueno, casi una comuna a la manera de los primeros cristianos. Éramos cristianos renovados de la Teología de la Liberación, con una orientación marxista, y así interpretamos el Evangelio. Una experiencia.

¿Por qué cree que la Iglesia, así, con mayúscula, se ha puesto tan nerviosa siempre que han surgido experiencias de ese tipo? ¿Es que le estaban tocando la finca más de lo debido? La que se autodenomina la Madre Iglesia ha traicionado el Evangelio. El Vaticano es algo muy diferente de lo que Cristo fundó con unos pescadores.

¿Es la revolución un concepto defendible en el siglo XXI? ¿La prefiere a la evolución? Y me refiero a una revolución que no descarte la violencia… La revolución no tiene por qué ser violenta, puede ser pacífica. En algunos casos no queda más remedio que recurrir a las armas. El papa Pablo VI, que no era ningún extremista, declaró una vez en Colombia que ante una tiranía evidente y prolongada era legítima la lucha armada. ¡Pero ya lo decía Gandhi! Dijo que su pacifismo no habría sido posible en la Alemania de Hitler, y animó a los hindúes a entrar en el ejército inglés para luchar contra el fascismo.

Es que la revolución pacífica, esa que consiste en convencer, es más complicada. Convencer al otro y que te convenza el otro, en estas nuestras sociedades tan seguras de sí mismas, es complicado, ¿no? ¡Y lo que me está preguntando usted también es complicado, y no quiero responder a cosas así de complicadas!

¿Qué recuerdos le quedan de su paso por el Gobierno sandinista de Nicaragua? ¿La deriva emprendida por el sandinismo de la mano de Daniel Ortega fue el gran desengaño de su vida? Aquello me ocasionó un gran sufrimiento. Yo lo he llamado la revolución perdida,título del tercer volumen de mis memorias. Lo que hay ahora en Nicaragua no es revolución, ni es de izquierdas ni es sandinismo. Es una dictadura personal de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos.
¿Aquella experiencia demuestra que quien tiene el poder por mucho tiempo se corrompe? No es inevitable, pero sí demasiado frecuente, y desde luego es el caso de Nicaragua.

¿Y en qué le ha ayudado a Ernesto Cardenal la poesía? Leí una vez una frase suya: “En mi poesía cabe absolutamente todo”. ¿Era una declaración de principios contra cierta poesía elitista, contra cotos cerrados de exquisitez? Todo parte de las enseñanzas de Ezra Pound, que es una gran influencia en mi obra, en el sentido de que en la poesía cabe todo y todo es posible… como en la prosa. Si hay alguna originalidad en mi poesía, radica ahí: en que me ha cabido todo.

Más allá del oficio del poeta, de que usted ha trabajado escribiendo versos y los ha publicado y esos libros se han vendido… ¿ha sido para usted la poesía una cierta vía de escape personal de los problemas y las angustias? De escape, jamás.

¿De salvación, o de búsqueda de la salvación? Ponga usted de búsqueda de la realidad.

Sin embargo, ya no lee poesía, porque dice que no encuentra voces nuevas. Prefiere la ciencia. ¿Por qué? Ya José Martí dijo eso: que prefería leer ciencia que poesía, y eso que en su tiempo no había los descubrimientos científicos que después hemos tenido. Sí, yo prefiero leer cosas relacionadas con esos descubrimientos que están cambiando nuestra vida. Esos libros me están descubriendo la realidad. Aunque la realidad cada vez es más misteriosa… ahora se ha descubierto que solo una pequeña parte del universo es visible para nosotros, algo así como el nueve por ciento, creo.

¿No debería eso convertirse en un antídoto contra la prepotencia de muchos poderosos y la creencia de que el género humano lo controla todo, siempre y en todo lugar? Sí, pero para los poderosos y para todos nosotros. Para cualquiera.

Usted ha llevado a cabo talleres de poesía con niños enfermos de cáncer. ¿Qué ha descubierto a través de ellos? ¿Qué le han dado? Curiosamente, la leucemia, a los niños, les produce un gran poder creativo y de expresión. Así que nos hemos puesto con estos niños a hacer poesía… no digo escribir, porque algunos de ellos casi no pueden moverse. Los que pueden escribir, escriben, y los otros dictan. Y han empezado a producir poesía muy, muy buena, que cualquier poeta adulto podría envidiar. Ya hemos publicado dos libros y preparamos el tercero. Además, esto supone una buena terapia para esos niños y su enfermedad.

El poeta revolucionario

Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925) recibió en 2009 el Premio Pablo Neruda de Poesía y recientemente ha sido galardonando con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. A sus 87 años solo atesora esos dos premios, aunque también considera que más bien le molestan los homenajes. Poeta, sacerdote, traductor, escultor… También fue ministro de Cultura con el Gobierno sandinista de Nicaragua entre 1979 y 1987 y profeta de la Teología de la Liberación.

Como tal profeta, el autor de El Evangelio en Solentiname ha sido enemigo sin remedio del Vaticano. “Ratzinger es igual que Wojtyla, o peor”, asegura en esta entrevista. También dio forma a la experiencia de Solentiname, una comuna a la manera de los primeros cristianos con una orientación marxista que les llevó a interpretar el Evangelio. Sobre su desengaño con la revolución sandinista, afirma: “Daniel Ortega no es de izquierdas ni sandinista, traicionó a la revolución”.

Articulo: http://cultura.elpais.com 01/07/2012