samedi 10 novembre 2012

Jesús FERRERO/ Jean ROLIN, un explorador urbano


Jean Rolin, un explorador urbano
Por Jesús  FERRERO

El francés exhibe toda su capacidad narrativa en dos libros que mezclan la ficción, la crónica sociológica y la antropología de la ciudad.

Jean Rolin nació en 1943, en Boulogne-Billancourt, privilegiado municipio con el bosque de Boulogne al norte y el parque de Saint-Cloud al sur. Wikipedia (de la que se quejan Philip Roth y Vargas Llosa con bastante razón) cita algunos de los ciudadanos ilustres de la localidad: Patrick Modiano, André Glucksmann, Delphine de Vigan, Anna Gavalda, y algunos actores y raperos de cuyo nombre no me quiero acordar, pero no cita al más arriesgado de todos ellos: Jean Rolin. Omisión comprensible si pensamos en el star-system literario, en qué se basa y en quiénes patrocinan y alimentan su burbuja, que en estos momentos está estallando por todas partes, también en Francia, donde se ignora no pocas veces a los mejores escritores de cada generación, para ensalzarlos cuando están muertos (ver el caso de Julien Gracq). Como si en España (que peca de lo mismo) quisiéramos compensar las injusticias francesas, acaban de aparecer a la vez dos libros de Jean Rolin en dos de esas nuevas editoriales que están haciendo un esfuerzo heroico por divulgar buena literatura en este país de lectores guiados únicamente por las modas.

El primero de los libros tiene apariencia de novela, pero solo lo es vagamente. Me refiero a El rapto de Britney Spears. Se equivocará el lector que busque en El rapto de Britney Spears una narración sobre la célebre y desnortada estrella del pop. El libro habla de ella, cierto, pero sobre todo habla de la irredimible ciudad de Los Ángeles, y pertenece a ese género híbrido que Jean Rolin ha practicado desde el principio, a medio camino entre el reportaje, la crónica sociológica más que social, y la antropología urbana, y en sus mejores y peores momentos lo veo emparentado con el magnífico y novedoso ensayo de Douglas Coupland ‘Brentwood Notebook’, incluido en su libro Polaroids de los muertos, y que en España se tituló simplemente Polaroids. Pocos libros me han sumergido de forma tan incisiva, tan irónica y tan visceral en la locura de Los Ángeles como este rapto de Britney Spears, pero no lo considero una obra maestra. Sí que me parece sin embargo una obra maestra La cerca El libro se compone de dos narraciones que se van alternando hasta el final y que aparentemente nunca se juntan, como dos líneas paralelas. Una de ellas versa sobre la vida y los hechos del mariscal napoleónico Michel Ney, que participó en la invasión de Rusia, en la retirada, y más tarde en la batalla de Waterloo, para acabar fusilado; y el otro relato narra los recorridos exhaustivos y alucinantes del propio Jean Rolin por el bulevar periférico que lleva el nombre del mariscal: el bulevar de Ney. El método narrativo casi parece un juego a lo Georges Perec, y lo es, además de ser muchas más cosas; porque en esas travesías por una de las zonas más sórdidas, duras y devastadas de París, Jean Rolin vuelve a exhibir su increíble capacidad descriptiva, solo comparable a la de Robbe-Grillet, pero sin el manierismo del autor de La celosía, y que lo acerca mucho a la atmósfera y al mundo del libroParis insolite de Jean-Paul Clébert, muerto el año pasado.

La desolación de los bulevares periféricos, de sus bares, sus esquinas, sus eriales, sus ruidos permanentemente atronadores, su atmósfera sofocante y vil, sus mendigos, sus prostitutas y sus personajes de toda índole absorben como la mejor de las novelas, cuando nos guía la pluma incisiva, irónica y profundamente humana (sin dejar de ser distante) de Jean Rolin. Algunos personajes se quedan para siempre en la cabeza y otros aletean durante algún tiempo como lepidópteros con las alas quemadas por las luces de neón.

Al final, ¿el soberbio relato sobre el mariscal Ney y la travesía del autor por el bulevar Ney se juntan? Yo creo que sí, y se juntan cuando Jean Rolin describe el cuadro del fusilamiento del mariscal, titulado 'Le 7 décembre 1815, 9 heures du matin', que el lector puede encontrar con el buscador de imágenes de Google. Ese hombre ajusticiado y tirado en el lodo, ante una tapia de aspecto suburbial, que es observado de reojo por el militar que ha dirigido el fusilamiento y que cierra la comitiva del pelotón alejándose de la calle abandonada, conduce al lector a los bulevares periféricos que pueblan la mitad del libro, y comunica la misma desolación, el mismo resplandor sombrío y la misma tristeza que el bulevar Ney. Cuando cerré el libro a altas horas de la noche, no pude menos que sentir una gran admiración hacia este Ulises urbano tan lacerante y tan peculiar, que ha dedicado un libro inclasificable a los perros errantes del mundo (Un chien mort après lui), en ese género tan suyo y al mismo tiempo tan francés en el que se borran las fronteras entre el ensayo, el reportaje y la novela.

Articulo: http://cultura.elpais.com 09/11/2012