samedi 17 novembre 2012

Patricio TAPIA/ El arte de la lectura de Alberto MANGUEL


ENTREVISTA:
El arte de la lectura de Alberto Manguel
Por Patricio TAPIA

Si leer es un arte, no todo el mundo es artista. El escritor argentino-canadiense si lo es. Estará en Chile participando en el Festival Puerto de Ideas y en la Feria del Libro.

Hace más de cuatro milenios, el escriba egipcio Dua-Jeti le decía a su hijo Pepi que llegaría a amar los escritos más que a su madre, que son “como un barco en el agua”. Desde entonces hasta ahora, los escritos han constituido la esencia misma de la civilización y sigue habiendo quienes los aman. Alberto Manguel es uno de ellos, y ha hecho de sus propios libros una declaración de ese amor.

El placer de leer

En la mayoría de las sociedades actuales la lectura es una actividad cotidiana y prosaica: se leen los avisos callejeros, las fechas de vencimiento de los comestibles, las instrucciones de un medicamento. Pero la lectura que se tiende a recordar es la excepcional: un libro, un poema, una oración incluso, que nos conmueve, nos estremece, que nos cambia.

Buena parte de los libros de Alberto Manguel son un registro de ese tipo de lecturas, las suyas, claro, que somete a escrutinio y a la compleja red de alusiones que el leer implica.

Manguel, por otra parte, conoció de joven a Borges (y leyó para él ya ciego). Ha seguido su idea de la lectura hedonista, el leer por placer. En cuanto a escribir, lo plantea casi como una excrecencia de la lectura (aunque también ha escrito algunas novelas). Sus lecturas son variadas. Incluyen a Homero, a quien ha dedicado un libro entero –allí cuenta de las famosas tres preguntas de Tiberio para ridiculizar a los eruditos, la ultima de las cuales era sobre qué canción cantaban las sirenas-, hasta los infantiles (o que supuestamente lo son), como Pinocho o los libros de Alicia, de Lewis Carroll, u otro clásico inglés de literatura infantil, El viento en los sauces, de Kenneth Grahame.

Desde Gilgamesh a la literatura actual, desde la pintura hasta el cine, sus libros son mezcla de análisis y recuerdos, de datos o anécdotas sutilmente escogidas hasta la evocación de su vida. Son como una pequeña biblioteca alimentada por la gran biblioteca del propio Manguel, en una antigua casa parroquial de piedra en Francia, desde donde responde.

- ¿Cómo definiría usted su dedicación principal?
- Soy lector, lo he sido casi desde que tengo memoria. Cuando escribo, lo hago a partir de ese otro oficio. Podría dejar de escribir, pero nunca de leer.

- ¿Se considera un lector extremadamente puntilloso?
- No. Solo en los casos en los que el libro lo requiere. No todos los textos merecen una atención meticulosa. Solo un loco leería puntillosamente a Dan Brown.

- ¿Tiene a la lectura por un arte?
- Toda actividad humana es un arte, hasta en el sentido etimológico. La lectura es un arte que nos ayuda a imaginar y a reflexionar: claro, aun los lectores más empedernidos no siempre lo hacemos. Pero eso es culpa del arte de la lectura.

- En su ensayo “Espacio a la sombra” señala que no sintió el impulso de escribir sino tardíamente, en lo que llegaría a ser su primera novela. Pero había publicado libros antes, ¿a qué respondían ellos?
- Eran antologías, o informes de lectura, o confesiones de lector. Noticias del extranjero fue el primer libro que respondió a una necesidad consciente de escribir.

- ¿Cómo catalogaría sus novelas dentro de su obra: como titulares o como notas al pie?
- Cada libro, aun el mas trivial, es titular en el sentido de que tuvo su importancia durante su creación. Negar lo que no nos sale como quisiéramos seria negar todo lo que hacemos. Al menos para mí, nada sale precisamente como lo imaginé.

- ¿De verdad usted cree que las palabras en una pagina dan al mundo coherencia?
- Por supuesto. Un ejemplo. La primera vez que, adolescente, tuve una desilusión amorosa, el mundo, que ya era confuso y amenazante, se volvió absolumente incomprensible y espantoso. Y entonces leí: “Abandonado como los muelles en el alba. / Es la hora de partir ¡oh abandonado!” y supe que ese verso había sido escrito para mi, y que, si bien nada podía en ese momento consolarme, al menos esas palabras daban un nombre a mi primer desasosiego.

- En “Lecturas sobre la lectura” menciona un par de veces lo intrigante que le resulta el lema del escudo chileno…
- Es terrible, ¿no? Decir “Por la razón o por la fuerza” es declarar una falta de fe en el dialogo, en las palabras, en la posibilidad de un entendimiento. Claro, a veces parecerá necesario recurrir a la fuerza para defenderse o para defender a alguien. Pero aun en esos casos me parece que es una admisión de derrota. El uso de la fuerza, como lo saben los dictadores, es siempre una confesión de inferioridad.

- ¿Sintió alguna vez la llamada de la selva?
- No.

- ¿Qué significo Borges para usted?
- Borges fue quien me dio la bendición para hacer lo que yo quería hacer y ser quien yo quería ser. Para un adolescente, que un adulto respectable le diga “haces bien, continua” es un aliciente enorme.

- ¿Cuál es su peor recuerdo de Borges?
- Si lo hubo, lo he olvidado.

- ¿Qué canción cree que le cantaban las sirenas a Ulises?
- El silencio, que los marineros llenaban de sus propios secretos y deseos.

- Tiene usted unos “Apuntes hacia una definición de la biblioteca ideal”. ¿Hay alguna real que se le acerque? Por “Biblioteca de noche” parece ser la de Aby Warburg…
- Si, la de Warburg es quizás la que más se acerque a una biblioteca ideal porque fue construida según los sistemas de su propio pensamiento. Porque, al fin y al cabo, toda biblioteca trata de ser la sombra de su lector.

- Aconseje un autor que no sea muy conocido y que, sin embargo, considere fundamental.
- En Chile, Arturo Fontaine; en Argentina, Edgardo Cozarinsky, en los Estados Unidos, John Hawkes, en Francia, Alexandre Vialatte, en Gran Bretaña, James Hanley, en Irán, Sadeq Hedhayat, en Italia, Ennio Flaviano, En Israel, Dan Tsalka, en Hungría, Magda Szabo…

- ¿Cree que los libros se comunican entre ellos?
- Por supuesto. Leer, ser lector de veras, significa saber prestar atención a estos diálogos. Somos nosotros quienes separamos los libros por nacionalidades (como acabo de hacer), por fechas, por orden alfabético de sus autores. Para cada libro no existe una última o una primera pagina. Cada libro comienza en otros libros y continúa en otros libros.

- ¿De qué novela le habría gustado ser personaje?
- De El viento en los sauces –cualquiera, salvo el Sapo.

- ¿Es usted optimista o pesimista respecto del futuro del libro?
- No pienso en el futuro del libro sino en el nuestro. Los científicos nos han dado una fecha límite para efectuar los cambios necesarios para que podamos sobrevivir. Si no los efectuamos, los libros seguirán existiendo, esperando a sus lectores sobre las estanterías, con infinita paciencia, como siempre. Espero que a la especie que nos suceda (dicen que serán las hormigas) le guste la lectura. Si es así, la envidiaré desde el polvo.

Articulo: http://www.mer.cl 03/11/2012