jeudi 27 décembre 2012

Berta ARES/ Jaume CABRÉ: “Nadie es amo de los temas narrativos”


Jaume Cabré: “Nadie es amo de los temas narrativos”
Por Berta ARES

Jaume Cabré (Barcelona, 1947) es un escritor genuinamente europeo. Su estilo emocional e intuitivo, sus propuestas argumentales cultas, intrigantes y efectistas; su gestión casi alquímica del tiempo narrativo, sus imprevisibles cambios de punto de vista y de narrador, su continuada reflexión en torno al mal, y la creación de unos personajes con los que el lector convive aún días después de terminar el libro, hacen de él un escritor de gran personalidad. Es muy auténtico también, probablemente porque tiene muy claras sus raíces, que comunica en ese idioma universal que a fin de cuentas es la literatura.

Su bibliografía es, más que extensa, intensa. Su última novela, Yo confieso le ha llevado ocho años, y la anterior Las voces del Pamano, siete. Son años en los que el autor está inmerso en un mundo y atmósfera por él creados, en una historia que se construye sobre la marcha; “cuando escribo una novela no sé de qué irá”, comenta durante la entrevista.

Jaume Cabré es asimismo un escritor de enorme éxito en Cataluña y el resto de Europa. Sólo en Alemania se han vendido más de 500.000 ejemplares de Las voces del Pamano (Traducida de nuevo en 2012 en Destino y publicada en catalán en Proa -2004-). Yo confieso(Destino / Proa en catalán, 2011) lleva ya 70.000 ejemplares vendidos tanto en catalán como en castellano, 60.000 en alemán y 8.000 en italiano, y el número se multiplicará en cuanto salgan las ediciones de bolsillo.

Mantenemos una agradable conversación en su casa. Charlamos en el idioma que a cada uno le resulta más cómodo: él en catalán y yo en castellano. Las lenguas no son fronteras, son puentes.

El catalán es la lengua que habitas.

La lengua es un vehículo de expresión y es la manera de entender lo que pasa a tu alrededor, de entenderte con tu gente, de entender el universo y expresarlo. ¡Y va tan ligado! A veces, cuando escucho a una persona mayor, me lleva directamente a la infancia, porque, claro, las lenguas van evolucionando. O cuando voy a Olot, que ahí tienen una manera de hablar… ¡me encanta ir allí aunque sólo sea para escucharles!, o la manera de Lleida, o el valenciano, que me gusta muchísimo.

Con la lengua se transmite un mundo, una tradición. Eso implica mucha responsabilidad. En el momento en el que enseñas a tu hijo un idioma, estás adquiriendo una responsabilidad que ya viene de tus abuelos, de tus bisabuelos que no has conocido pero te lo han transmitido. George Steiner ya lo dice, “entendemos el mundo a través del lenguaje, pensamos a partir del lenguaje”.

El lenguaje además crea realidad. Me sorprende que te pregunten por qué escribes en catalán, precisamente eso genera riqueza en el universo literario.
Ya me gustaría a mí poder escribir en tres, cuatro o cinco lenguas. O sea, tener un dominio de varias lenguas literarias. Pero bastante trabajo tengo con la mía y bien que me cuesta mantenerla y usarla como herramienta de expresión, y de expresión de mi interior y del entorno y de la cosmovisión, como decíamos hace un momento.

Ha habido una evolución en esta pregunta de por qué escribo en catalán. Al principio, cuando me la hacían en los años 80, respondía de forma candorosa, haciendo pedagogía. A la quinta vez que me lo preguntaban ya me comenzaba a cansar de la pregunta. En los 90, que ya se aprecia más la democracia, ya no me hacen la pregunta, pero después, en el año 2000, cuando presenté en Madrid Las voces del Pamano acompañado de mi traductora me preguntaron “¿por qué no se traduce usted a sí mismo?”. “Perdone -dije- ya me gustaría a mí saber el castellano que sabe mi traductora”. “¡Si estamos hablando en castellano!”, me responde el periodista. Entonces, yo pienso que, o es mala leche, o es que es muy ignorante. No es lo mismo hablar castellano que escribirlo. Una cosa es tener una lengua de conversación y otra una lengua como elemento literario.

Igualmente, da la impresión de que escribes con total libertad. Ni el mercado, ni los lectores, ni la editorial parecen dictarte lo que tienes que escribir, ni en qué lenguaje expresarte. Te sumerges en tu universo literario durante 6, 7 u 8 años, y un día llegas y presentas tu obra. Bueno, no es así de simple, claro está. Además, en tu caso la creación es muy emocional. He leído en uno de tus libros de ensayo que te desmayas al acabar las novelas.

Sí, para mí es emocional. Y sí, me desmayo. Con esta última no me ha sucedido. Está relacionado con el hecho de vivir tanto tiempo y de forma tan intensa en ese mundo y atmósfera creados, y de tener que abandonar unos personajes con los que he convivido durante años, y que de repente ya no están… Entonces, llega la sensación de vacío.

Un día tienes que finalizar el libro. Si bien para mí no acaban. En Yo confieso, en el colofón, digo que doy por “definitivamente inacabada esta novela”. Si cuando comienzo no sé lo que estoy haciendo, cuando acabo tampoco. Lo que pasa es que llega un momento en que si intervengo más lo estropeo, por lo tanto, no escribo más. Pero, ¿se ha acabado?,  no sé; ¿es eso lo que quería escribir?, no lo sé. He llegado hasta aquí, pero no sé qué es lo que quería hacer. Un poco es esta sensación. Entonces la novela comienza a alejarse, y deja de ser mía.

Yo confieso recrea momentos dramáticos de la historia de Europa desatados por la Inquisición y el nazismo. El libro trata temas que afectan de lleno a la historia del pueblo judío. ¿Contempláis publicar la novela en hebreo?

De momento todavía no. Están trabajando. A mí me haría una ilusión inmensa, y en hebreo todavía no tengo ningún libro. La traducción al hebreo del libro es una de mis grandes ilusiones. Sobre todo de los dos últimos, o de cualquiera, pero sobre todo estos dos últimos. Me gustaría que lo hiciera una editorial potente israelí.

Mientras lo leía, me planteaba cuál sería la recepción de este libro en Israel.

Yo también me lo he planteado, la verdad, de la misma manera que también me lo he planteado desde el punto de vista de un alemán de ahora. Los alemanes se lo toman con muchísimo interés, porque tienen muy trabajado el tema de la responsabilidad colectiva.

También me he preguntado cómo lo puede recibir un lector israelí. A veces he pensado que me pueden considerar un intruso en la medida en que, que yo sepa, no soy judío -o sí, eso tampoco lo sé, porque muchos fueron expulsados pero otros muchos se quedaron, así que muchos quizá somos judíos y no lo sabemos-. Pero lo que está claro es que nadie es amo de los temas narrativos. Ni ningún pueblo lo es. Cuando tomas un tema bíblico no tienes que pedir permiso ni a Dios.

Alguna vez sí he pensado que me podrían preguntar por qué tengo este interés. Pues mira, toda mi vida he tenido interés por Israel, y me ha interesado mucho la valentía de rehacer un pueblo que la historia y la mala leche humana echaron de su casa. Y lo tienen dificilísimo, pero sabemos que la única manera de hacerlo es así. Nadie regala nada. También entiendo los problemas que supone la creación del Estado hebreo y también me enfado muchísimo cuando Netanyahu y otros se ponen en plan bordes.

Siempre me ha interesado el tema judío, y no sólo la narración de la Shoah, sino también en el sentido de qué es ser judío hoy en día. Además, y tomando la imagen literaria de Salvador Espriu, los catalanes muchas veces nos sentimos como el pueblo hebreo, desterrados en su casa, o menospreciados, o que somos culpables de todo, como históricamente le ha pasado al pueblo hebreo.

¿Cómo te planteaste abordar y escribir sobre la Shoah, y en general, Yo confieso?

La cuarta parte del libro comienza con una fusión de dos personajes: el inquisidor Nicolas Eimeric, un personaje histórico nacido en Girona en 1399, se convierte en Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz, nacido en Baden Baden en 1900. Eso es lo primero que escribí de la novela: “Nicolas Eimeric había nacido en Baden Baden el 25 de noviembre de 1900”.

Por tanto, comencé fundiendo dos personajes a los que les separaban 500 años, pero esta separación temporal para mí era pura anécdota, no tenía ninguna importancia porque en el fondo eran el mismo personaje, es decir, alguien sin empatía, frío y sin compasión por la víctima porque le amparaba una idea, y la idea es la Iglesia, la verdadera fe, la supremacía aria, lo que quieras. “Y Dios se lo recompensará, porque bienaventurados los que trabajan por la justicia”, estas son palabras de Eimeric, que me he molestado en leerlo, o el diario tan bestia y dramático del mismo Rudolf Höss, que escribió antes de morir.

Cuando escribo una novela no sé de qué irá, y por tanto, lo que hago es aprovechar los impulsos que tengo y ver adónde me lleva todo eso. Y como mis primeros impulsos fueron los que he comentado, así es como comencé.

De ahí parte la reflexión sobre el mal absoluto, reflexión que dejas en manos del protagonista Adrià Ardèvol.

El personaje de Adrià Ardèvol, protagonista de la novela, vino mucho después. Y una de las cosas que hace Adrià es reflexionar sobre el mal. Cuando busco ejemplos históricos del mal absoluto siempre voy a parar a la Shoah. Claro que ha habido muchas bestialidades y por desgracia habrá muchas más. Se ha dicho siempre que después del Holocausto no volvería a haber otro y mira lo que pasó en los Balcanes, mira Ruanda. ¿Es que no tenemos remedio?, ¡pues seguramente no! A eso también le da vueltas Adrià.

También me inspiró una cita de Vladimir Jankélévitch, que dice: “Padre, no los perdones, porque saben lo que hacen”. La cita procede de su ensayo sobre la imposibilidad del perdón judío (Lo imprescriptible, El Aleph, 1987). Es un ensayo muy duro, pero muy lúcido. Y a medida que lo leía -y esto lo hacía cuando estaba acabando Las voces del Pamano-, llegué a esta frase, y yo, que soy de cultura cristiana, veo que tomaba las palabras de Jesús en la cruz, pero que a la vez las decía de otra manera. ¡Eso, desde el punto de vista literario, te pilla! Porque aquí trastocó la frase y dijo otra verdad. Esta idea me gustó, me pilló tanto, que tomé la idea y la puse en una de las últimas cosas que escribí de Las voces del Pamano: la dedicatoria inicial, para que al abrir el libro lo primero que se viera fuera esta frase.

Y este es el eco que yo tenía cuando comencé a escribir el texto donde se funden Eimeric y Höss. Y estoy seguro de que la novela se rige por estas pautas. No tienen nada que ver un libro con el otro, pero existe este impulso.

En Alemania, ha vendido ya más de 500.000 ejemplares de La voces del Pamano. Yo  confiesolleva ya 60.000. Recientemente el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en una visita que hizo a Barcelona, tuvo interés por encontrarse con Jaume Cabré, un autor cuya obra admira. El presidente del Parlamento Europeo subrayó durante el encuentro, que había leído Yo confieso durante un viaje a Israel y quedó “afectado por su lectura”.

Tienes muchos y significativos lectores en Alemania. ¿Conoces las razones?

Ellos me dicen que hay tres razones, muy genéricas, por las cuales a los lectores en alemán les gustan mis libros, o digamos que me quieren como autor: una es la temática, porque les interesa mucho todo lo que es memoria histórica, y también la cuestión del fascismo y de la dictadura, que era el tema de Las voces del Pamano. La segunda razón es el carácter de los personajes, les interesan mucho el tipo de personajes que aparece en mis novelas. Y la tercera, es la manera de escribir, nunca habían visto este estilo y les gusta.

Se disfruta más tu literatura si se sabe de música. Por ejemplo, en La sombra del eunucorindes homenaje a Alban Berg y tomas la estructura del concierto que dedicó a Manon Gropius.

El personaje de este libro, Miquel Gensana, es un crítico literario y una persona culta, pero incapaz de crear. Es una persona poco fructífera, más bien estéril, en ese sentido se sentía un eunuco. Cuando escribí esta novela, me di cuenta de que -desde un punto de vista narrativo- explicaba lo mismo que su concierto de violín-orquesta A la memoria de un ángel, dedicado a Manon Gropius y que pasó a ser el Réquiem del propio compositor. Y tomé prestada la estructura del concierto para mi propia novela.
Además, tiempo atrás, antes de escribir la novela, yo había realizado una descripción literaria de una interpretación de este concierto que había escuchado en el Royal Albert Hall, en Londres. Esto lo hice sin saber que luego pasaría a ser una escena de la novela, que todavía ni siguiera había comenzado a escribir. En la descripción del final del concierto, que fue sublime, el intérprete hace una nota que parece imposible. Ya sabes, cuando te sientes impotente al final haces un salto estilístico. Cuando tomé la estructura de Alban Berg pensé que podía usar esta escena del concierto de violín. Todo fue cuadrando a partir de intuiciones. Son pequeñas magias que supone la creación, que no te das cuenta y que luego lo aprovechas.

Con La sombra del eunuco también “descubriste” un recurso literario que te identifica: el cambio de persona y punto de vista en la misma frase.

Comencé a hacerlo con La sombra del eunuco, y fue debido a que mi amigo y crítico literario Sam Abrams, tras leer unas páginas de la novela, me dijo “tú quieres escribirla en primera persona, pero la estás escribiendo en tercera persona”.

Estuvimos discutiendo mucho, pero luego me quedé pensando que tenía razón y reescribí la novela, que no sólo implica cambiar la persona verbal, sino mucho más. Y entonces me di cuenta de que este estilo me permitía la capacidad del zoom que supone el cambio de una persona a otra. Te acercas y subjetivizas y te alejas y objetivizas. Esta es la sensación que me daba y la vivía. Me parecía expresivo, y suena disonante. Pero la disonancia es bella, precisamente Alban Berg trabaja la disonancia. Vi que esta era la solución.

En Las voces del Pamano también me enfrenté a una nueva necesidad que tuvo como consecuencia un recurso estilístico que me permite relativizar los tiempos narrativos, de tal manera, que en la novela hay una frase que comienza en el año 2000 y acaba en los años 40. Estos recursos son marcas de fábrica de mi estilo, que voy incorporando a las novelas siguientes. Esta experiencia narrativa y expresiva acumulada me ha permitido unir en Yo confieso a un inquisidor del siglo XIV con un niño del Ensanche barcelonés de los años 40. En esta última novela, además, incorporo la idea de la ubicuidad, con la que tengo la pretensión de que el narrador y el lector estemos siempre presentes en todos los espacios de la novela.

Dices que el lenguaje literario se genera gracias al equívoco existente entre la realidad y el deseo.

La realidad y el deseo remiten a Cernuda, un poeta que he leído mucho. En su caso la realidad era la problemática de la homosexualidad, no aceptada por la sociedad de su época. Porque una cosa es lo que tú quieres y otra lo que tú puedes hacer. O como decía Tolstoi en su inicio de Anna Karenina, la felicidad es igual para todos. En cambio en el momento en que tengo una carencia o la herida es más profunda, entonces es cuando me surge la canción, el concierto, el poema, la novela. En cierta manera, el arte procede de esta carencia, de esta herida. Y cuando alguna vez se dice que es en momentos de dificultad social cuando surgen las obras maestras, en parte sí que es así.

¿Estos tiempos convulsos se reflejarán en la literatura?

¡Seguro!, lo que pasa es que ahora nos falta perspectiva para verlo. Pero habrá dejado como frutos una cincuentena o centenar de obras de todas las literaturas.

¿Quizá también la ansiada renovación de la novela?

Sí, es probable. De la mirada, seguro. Y la mirada es la base del arte.

Jaume Cabré es uno de los escritores que participarán en Kosmopolis 2013, la Fiesta de Internacional de la Literatura, que se celebrará en el CCCB, del 14 al 16 de marzo de 2013. Otros autores confirmados son Dave McKean, Andreu Buenafuente y Juan José Millás.

Articulo: http://www.revistadeletras.net 13/12/2012

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