dimanche 9 décembre 2012

Daniel SWINBURN/ Christopher DOMINGUEZ Michael rinde homenaje al “inigualable” siglo XIX


ENTREVISTA:
Christopher Domínguez Michael rinde homenaje al “inigualable” siglo XIX
Por Daniel SWINBURN

El reconocido crítico mexicano reúne en su nuevo libro “Los decimonónicos”, sus ensayos literarios sobre más de cuarenta autores ineludibles de la centuria en la que comenzó todo, o casi todo. Sin plan predefinido, ni tampoco ofrecer una guía histórica, el autor muestra aquí sus personalísimas preferencias, hechas de notorias omisiones y argumentadas aficiones.

Tal vez la única forma posible de navegar en el océano sin orillas que puede llegar a ser la literatura del siglo XIX sea a través del cultivo de un género, el ensayo literario, que pueda dar cuenta de la totalidad de un fenómeno que se resiste a cualquier acercamiento parcial. Si no de dicha totalidad, el ensayo por lo menos nos da la ilusión de una visión mas amplia, capaz de incluir no solo aquellas consideraciones directamente vinculadas al fenómeno creativo, sino todo aquello que lo rodea y que forma a la cultura que hay detrás de cada gran autor, de cada obra maestra: la biografía, la historia social y política, la critica contemporánea, el juicio de la posteridad y por supuesto la propia opinión estética, entre otros aspectos. Christopher Domínguez Michael (1962), critico y miembro del consejo editorial de la revista Letras Libres, de México, lo intenta con mucho talento en su libro Los decimonónicos, (Ediciones Universidad Diego Portales), una edición ampliada de una primera versión aparecida en México con el titulo “El XIX en el XXI” (2010). Anteriormente, la misma editorial chilena había publicado, de Domínguez, La sabiduría sin promesa. Vidas y letras del siglo XX.

Domínguez Michael, quien comenzó su oficio en la mítica revista Vuelta, fundada y dirigida por Octavio Paz, y que tuvo en el Premio Nobel a su maestro decisivo, no se lanza a la empresa imposible de fijar un canon de la literatura del siglo XIX, que tenga sentido en el siglo XXI.

Pero imagina una taxonomía: románticos, reformadores, decadentes y casi contemporáneos. Una clasificación lo suficientemente amplia y libre para incorporar a figuras que van de Tolstoi a Sainte-Beuve; de Eça de Queiroz a Dickens, de Galdós a Baudelaire, de Oblomov a Gérard de Nerval, de su admirado Chateaubriand a Henry James… Tarea titánica, pero placentera como pocas. No todos lo autores de este gran siglo sobreviven el paso del tiempo con la misma lozanía, otros han sido injustamente olvidados y desplazados a los territorios marginales de las librerías de viejo; pero en este libro hay multiplicidad de miradas para rescatar a autores muy diversos entre si.

Domínguez Michael es autor de varios libros sobre narrativa mexicana, dos antologías de la obra de José Vasconcelos y de un libro sobre Borges (Para entender a Borges, 2010). Como novelista, publico en 1997 William Pescador, mientras que en 2004 fue premiado por su estudio biográfico Vida de fray Servando.

-Julien Gracq escribe en el epígrafe de su libro que el siglo XIX comienza con Chateaubriand y termina con Proust “un poco más allá de sus fronteras históricas”. Pero en su selección no figura Proust. ¿Quién es la culminación de este siglo de oro para la literatura, según usted?
-Un libro como Los decimonónicos se forma caprichosamente. Estuve muy lejos de pretender la hechura de un vademécum o de una guía histórica, así fuese breve. Las aficiones y las omisiones se van juntando, así extrañamente. Es verdad que debí terminar con Proust para ser fiel a lo indicado por Gracq en el epígrafe. Ya tengo tarea: ya no puedo evadir empezar un nuevo libro con Proust. Quizá hablando, por qué no, del Proust de Alone… La culminación va cambiando con los tiempos de cada lectura. Pero tiene razón Gracq, el XIX culmina en Proust.

-Es curioso el articulo que da comienzo a esta compilación, la trágica historia del delfín Luis XVII –muerto a los 11 anos en 1795 durante la revolución francesa- y la rehabilitación que hace de su figura Deborah Cadbury, en un libro donde narra las acciones realizadas a finales del siglo XX, para dar con la autenticidad de su corazón, mediante exámenes de ADN a sus restos. ¿Quién quiere significar con este inicio?
-No significa nada de particular. Me tinco para usar una expresión que me gusta mucho, que el tono del libro lo daba ese pobre niño que debió ser Luis XVII. Murió en el siglo XVIII pero creo que nos prepara muy bien, en las modestas dimensiones de un libro de ensayos y reseñas decimonónicas escritas en el siglo XXI por un critico mexicano, para el pedazo de drama que yo quería hacer leer, mirar y ver.

-“No solo se lee a Tolstoi y Dostoievski, sino que se cree en ellos”, escribe George Steiner. A su juicio, solo los autores rusos y estadounidenses del siglo XIX, y no lo europeos, recuperan las dos formas de la gran literatura: la épica y la tragedia. Dice luego que ambos géneros se refugian en la opera y el teatro europeos de ese siglo, pero no en su literatura, que es mas bien gótica. ¿Esta usted de acuerdo con ese juicio?
-Tendría que releer lo que dice Steiner… ¿Incluye a los Estados Unidos por Melville y Moby Dick? ¿Es trágico o es épico el libro ballenero? Pero creo que, en efecto, por lo menos hasta mi generación, no leíamos a Dostoievsky, creíamos en él. Pero de que es un santo que nos acerca a lo sagrado, no me cabe duda. Y como lo explico en el ensayo dedicado a él en Los decimonónicos, hay mucho en Tolstoi que es repulsivo por monstruoso y viceversa. Fue una de las personas más desvergonzadas e inconsecuentes de la historia universal. Lo cual lo hace, como es obvio, imprescindible.

-Un ausente en su “canon” es Flaubert, al menos no tiene un capitulo exclusivo. ¿Quién lugar ocupa Flaubert en su canon decimonónico?
-Quizá omití a Flaubert –las omisiones son lógicas en un libro que nada tiene de catálogos razonado ni de canon- porque “la nueva critica” acabo por convencernos de que es un autor del XX. Además, tiendo a pensar, con E.R. Curtius, que Flaubert era demasiado neurótico para ser un genio, prefiero la salud portentosa aunque pasajera de Balzac. Finalmente, ya en decidida vena antiflauvertiana, creo que nuestra opinión sobre Flaubert se deriva mas que de los escrito por él en sus novelas, del magnifico y eficaz mantenimiento que les dio como critico de si mismo en su Correspondencia. Sin esta, bebedero de los críticos del XX, quizá hoy día Flaubert seria tan no-moderno, tan inactual, como Fromentin.

-Con Sainte-Beuve usted insiste en hacer una crítica biográfica de los grandes autores de la literatura y así mantener viva una vieja tradición romántica y, sobre todo, periodística. ¿Es una nostalgia decimonónica? ¿Es posible un renacer del ensayo literario en los medios actuales?
-Decir crítica biográfica es mucho decir. Solo creo, con Chejov, que poco interesa el crimen sin el criminal. Y lo de que Sainte-Beuve hacia (o solo hacia) critica biográfica es un cliché derivado de la lectura, a la vez corrosiva y deplorable, que hizo Proust de Sainte-Beuve.

En cuanto al ensayo, que solo a veces es periodístico, no esta en condiciones de renacer pues no ha muerto. Es un género vigoroso, y si me es dado calificar a mi propia época, la definiría como la de la gloria en majestad del ensayo. Están vivos y escribiendo ensayistas como Calasso, Savater, Steiner, Lopate, Zadie Smith, Magris, Fumaroli, Lepenis, Piglia… Todos ellos disfrutan, además del privilegio de poder ser leídos en papel o en la pantalla, libres de opinar y de jugar con la verdad.

-Literatura y periodismo tuvieron en el siglo XIX una tradición de relaciones promiscuas, se alimentaron mutuamente y contribuyeron a definir los géneros dominantes en ambos mundos. ¿Cree que el periodismo narrativo que se cultiva hoy intensamente es un genuino sucesor de esta tradición?
-Es periodismo es hijo de la literatura moderna, quizá el mas querido y el mas legitimo. El buen periodismo siempre ha sido narrativo, desde Voltaire, y lo fue durante el siglo XX. Muchos novelistas actuales (Vargas Llosa, Edwards, Paul Theroux, Naipaul, el finado Gore Vidal) han escrito, cada uno, reportajes inolvidables y comprometidos que han difuminado las fronteras entre el periodismo y la ficción. El gran periodismo siempre es buena literatura aunque no toda la gran literatura es ciertamente periodismo…

-Su fascinación por Chateaubriand, ¿es su admiración por el romanticismo” que no ha cesado su expansión como la verdadera materia de la modernidad”?
-Si. El gran poeta y ensayista mexicano Tomas Segovia decía que nosotros –se refería a los lectores de la segunda mitad del siglo pasado- estamos más cerca de Nerval que lo que éste estaba de Voltaire. En mi caso tiene razón, y ese acaso la encuentren expuesta los lectores en Los decimonónicos.

-Eça de Queiroz merece mejor suerte que la que ha tenido hasta ahora. Lo mismo puede decirse de Machado de Assis. ¿Qué explica a su juicio la indiferencia hacia ellos y la dificultad de incorporarlo al canon decimonónico?
-Difiero. El siglo XXI esta resultando ser el siglo de Eça y de Machado de Assis. Se publican en varias lenguas y se leen con admiración hasta profesoral. Hasta hay una elucubración teórica marxista sobre el escritor neocolonial basada nada menos que en Macado de Assis… En fin, esa doble celebridad, bien merecida, es una sorpresa muy bondadosa que le ha regalado el XIX al XXI.
  
Articulo: http://www.mer.cl 08/12/2012 

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