dimanche 9 décembre 2012

Encarnación GARCIA DE LÉON/ Chuck PALAHNIUK: Lenguaje transgresor que desata el humor negro.


“Pigmeo”, de Chuck PALAHNIUK:
Lenguaje transgresor que desata el humor negro
Por Encarnación GARCIA DE LÉON 

Nada más preciso se puede aportar que los calificativos que vienen definiendo a este escritor que representa la literatura independiente estadounidense: feroz, brutal, impactante, incisivo, desquiciante, perverso, ácido, delirante, cáustico…, y todos ellos juntos aún se quedan cortos para definir el hábil manejo al que somete el lenguaje.

Gran parte del acierto se lo debemos atribuir al traductor, Javier Calvo, que es capaz de captar la esencia del “terrorismo verbal” de Palahniuk, de identificar el simbolismo de sus palabras y de transmitirlas al lector español con toda la fuerza de la perversión del lenguaje original.

Aunque los contenidos de sus novelas dejan K. O. al lector y sus personajes son perturbadores, la mayor fuerza reside en la habilidad con el lenguaje, transgresor hasta el límite. Ajeno, muy ajeno a los best-sellers convencionales, el escritor ha conseguido un éxito de ventas imparable. Pigmeo, publicada en 2011, ocupó ya en su primera semana de ventas el tercer puesto en la lista de ventas del The New York Times.

“Pigmeo” es el apodo con el que se nombra al protagonista de la novela, el agente 67, dada su escasa talla. Es un personaje pequeño, en apariencia flojo, de quien los demás se burlan, y que llega a Estados Unidos, con un grupo de compañeros, en un aparente simple intercambio de estudiantes, aparente porque detrás hay una concienzuda y exhaustiva preparación terrorista de este grupo de adolescentes, destinados a llevar a cabo un atentado masivo, “Operación Estrago”, una vez que estén integrados en la sociedad americana.

A lo largo de treinta y seis comunicados (capítulos), el protagonista -agente infiltrado-   narra con detalle su experiencia en el entorno de la familia de acogida e intercala, retrospectivamente, datos y detalles precisos de su  brutal formación como terrorista. El ingenio de estructurar la novela en Comunicados que van informando de lo acaecido y de lo observado, trae a la mente la novela de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb, con sus minuciosos informes que detallan las horas y minutos en que sucede cada evento, informes enviados por el extraterrestre desde la Tierra a su lejano planeta. Sin embargo el humor directo y divertido de los informes de quien busca a Gurb en Mendoza, es humor caústico y perverso en los comunicados de Pigmeo en Palahniuk, quien utiliza con frecuencia expresiones como “para que conste en acta”, repetida en todos los comunicados, que confiere un matiz de falsedad a la actuación cotidiana de los agentes.

Desde el Comunicado 1º, Palahniuk va desgranando un retrato perverso de la sociedad americana, sustentado en pilares como los centros comerciales, la iglesia o “punto de distribución al público de propaganda religiosa”, los transportes públicos de masas, el supermercado o “centro de distribución de productos de venta al público de la ciudad”, la estructura doméstica de la familia de acogida, celebraciones familiares como el “Día de Acción de Gracias”, la educación estructurada obligatoria en la institución pública, en la que incluye aceradas anécdotas como las fiestas de los estudiantes que él denomina “Ritual de apareamiento de los estudiantes”, una sesión de Educación Física, parodia del ritual denominado “esquivar la pelota”, etc.

Entre estos Comunicados va insertando los que se refieren a los recuerdos de la infancia miserable del agente, su aislamiento a los cuatro años de su familia para ser educado por el Estado, su brutal adiestramiento, el recuerdo de los solemnes desfiles militares, etc. El gobierno los va a educar “para alcanzar la gloriosa edad adulta”. Es una educación ideológica bajo el lema: “…tenéis que abrir vuestro cráneo a la estimada sabiduría que os ofrecen Lenin, Mao y Perón. (…) Tenéis que vaciar vuestro cráneo para dar la bienvenida a la reverenciada guía de Hitler, Stalin y Trotski”. (Comunicado 22º). Las máximas de estos modelos ideológicos servirán a Palahniuk como estribillo repetido a lo largo de la novela, como un eco insistente y machacón de las bases de la educación estatal, que jalonan la narración y retratan el resultado descalabrado de dichas enseñanzas. Todo ello envuelto en el humor negro y el cinismo del que hace gala el escritor. Las citas, a modo de estribillos, contienen el nombre de su ideólogo solo en la primera aparición en la novela para, posteriormente, repetirlas como recalcitrantes recuerdos que constituyen una toma de postura del agente-yo ante otros personajes y justifica con ellas sus actos. Y casi siempre como una voz secreta que repite el protagonista en su cabeza:

“En secreto, la máquina de pensar del agente-yo cita al violento cínico defensor del socialismo Johann Most, dentro de su cabeza: “Aquel que mire a América verá que la nave se mueve a fuerza de estupidez, corrupción o prejuicios”” (Comunicado 19º).

“La voz del agente-yo habla en el interior de su cabeza, citando al benévolo emperador y timonel jovial Benito Mussolini: “La historia de los santos es principalmente la historia de la gente demente”” (Comunicado 21º).

“En secreto, los labios del agente-yo citan dentro de su cabeza al implacable líder y despiadado tirano Adolf Hitler: “No es verdad lo que importa, sino la victoria””(Comunicado 26º).

Los adjetivos valorativos que acompañan el nombre de los personajes citados, despiden un sarcástico tufo.

El discurso de sus instructores es manipulador. Así traen a colación la idea del “totalmente vil tirano y brutal rey Adolf Hitler” y dice: “No veo por qué el hombre no debería ser igual de cruel que la naturaleza”, para justificar la crueldad del experimento con el ratón en el laboratorio: “La acción compasiva es un insulto a la deidad. (…) La deidad superior ordena que todas las criaturas vivas sufran -consumidas por enfermedad o gritando con cobertura corporal de sangre-, y que luego llega un día en que todas tienen que morir. (…) Si un agente da patadas frecuentes  a un perro… si golpea con bofetones de mano a la compañera reproductiva… si ese agente asesina con puñal a un compañero, eso imita la lección correcta de la deidad” (Comunicado 5º).

Los agentes son educados en la estricta obediencia y respeto, y así lo muestran en su veneración a la entrada a clase de cada instructor, a quien reciben con una única voz: “Saludos, muy estimado y reverenciado educador. Acepte, por favor, nuestro agradecimiento por la sabiduría que nos imparte”.

Se contrapone esta educación a la debilidad de la americana, en cuya exposición Palahniuk no escatima la prolijidad crítica en su lenguaje. En algunos casos echa mano de un exacto realismo, como cuando relata que en un partido de balonvolea, le pide al agente-yo que le rompa un brazo para no hacer un examen que tiene a continuación y de este modo se describe: “los puños del agente golpean con fuerza, bam-blam, la Patada Mortal de la Cigüeña Gigante, y parten el cúbito del delegado, efectuando una fractura compuesta para que el hueso emerja de la piel perforada del antebrazo del joven”.

El contraste también lo consigue mediante la ridiculización agudizada con un uso distorsionado de la tipología textual, elementos jurídico-administrativos, como la reiteración en cada comunicado de la expresión “para que conste en acta”.

La educación es uno de los fundamentos del sueño americano. Por ello el autor da dentelladas con sus comentarios sarcásticos puestos en boca del agente. Considera que la educación americana humilla a los jóvenes y degradan su dignidad y autoestima, despreciando la potencial brillantez de estos estudiantes, sometidos a cantar en el “Coro juvenil” canciones “llenas de idioteces sin sentido”. Critica las letras absurdas de canciones tontas que les lavan el cerebro, y el lenguaje sin valor de la poesía occidental “corrupta”. Considera que con ello olvidan la finalidad clave de la educación: abrir las puertas a un futuro de “resplandecientes armas nucleares, trigo abundante y relucientes fábricas”.

En varios de sus comunicados, el agente pone de relieve el hecho de que la estructura educativa americana solo responde a la función primaria de presentar a los compañeros de reproducción, y descarga su verborrea contra estos “rituales de apareamiento” escamoteados bajo la fachada de fiestas en las instalaciones escolares. Considera pues una auténtica tortura la observación a diario de la realización de tareas inútiles como “fabricar poesía”, “participar en partidas de esquivar pelota”, “torturar un violín o piano”, etc.

Y no se queda ahí la visión destructiva del sueño americano, sino que carga contra otros muchos aspectos como la riqueza americana construida “encima de los espinazos de los esclavos americanos”, el genocidio de pueblos nativos, el lujo absurdo en las instalaciones de defensa, la fiesta de Acción de Gracias que celebra la victoria sobre los aborígenes de Norteamérica, las guerras imperialistas y sus víctimas, y todo aquello ante lo que el grupo de agentes participan como observadores de excepción. Por ello es comprensible que el agente-yo desprecie la intención de ser adoptado por parte de su familia de acogida, porque no quiere “ser absorbido por el culto americano del individuo”, que denomina diversidad cultural, al hecho de fracturar los grupos religiones, razas o familias distintas para aislar al individuo que así pierde su poder.

El uso de la lengua en la descripción es la mejor baza del escritor. Fuertes contrastes, sinónimos, nombres definitorios, aposiciones, descripciones hiperbólicas, subjetivas unas y otras objetivas e incluso terminológicas, onomatopeyas, uso coloquial, uso jurídico, etc., hacen de la novela un compendio de elementos caústicos.

Desde el comienzo de la novela, juega con contrastes hiperbólicos. Ya en el Comunicado 1º leemos cómo el encargado de validar el pasaporte al cruzar la línea de los visados, da la bienvenida al agente -“Bienvenido al mejor país del mundo”-, mientras el agente-yo, narrador, proyecta su antitético pensamiento, al narrar que está a punto de “violar la seguridad del degenerado nido de serpientes americano. La guarida del mal. El cubil de corrupción”.

Enseguida conocemos a la familia de acogida de los agentes que acaban de infiltrarse. El agente-yo será la voz narrativa que bautiza a cada uno de los miembros de la familia de acogida con nombres definitorios, degradados en su identificación con animales: “el enorme padre-vaca jadeante”, “el hermano perro-puerco”, “la madre-pollo”  y “la hermana-gata”.

Estas denominaciones significativas se amplían  en ocasiones con una amplia gama de  sinónimos del mismo referente.  En el Comunicado 8º, por ejemplo, se demora en una enumeración prolija de sinónimos, cuando el agente-yo, “Pigmeo”, recibe del hermano-huésped, que le invita a salir a “recolectar peras”, una interesante aclaración de lo que quiere decir. Explica como las glándulas mamarias reciben otras coloquiales y metafóricas denominaciones: peras, ubres, melones, domingas, mamellas, lecheras, zeppelines, flanes, brevas, botellones, peritas, montículos, conos, magdalenas, botijos, pechugas, mamas…

A partir de ahí, precisa los significados ilustrándolos con los personajes femeninos que les rodean: Señora Pelotas de Playa, Señorita Botijos, Señorita Relleno de Jersey, Señorita Domingas, Señorita Mamellas Zeppelines, Señorita Brevas en Dulce, Señorita Melones de Huerta, Señorita Ubres Suizas, Señorita Globos Aerostáticos, la muy gloriosa señora Globos Inflables, la exuberante señora Airbags Delanteros, etc. Todos los sinónimos seleccionados tienen un punto de coincidencia: connotan, para desatar el humor negro, un sentido hiperbólico del aspecto externo del elemento descrito.

En la línea de esta prolijidad verborréica construye las aposiciones que retratan al personaje con sus expresionistas metáforas hiperbólicas. Por ejemplo, la vieja Doris Lilly que regenta el supermercado (Wal-Mart) es “la esclava ataviada con blusón rojo… el esqueleto reseco cubierto de pellejo partido por infinitas fisuras, la estimada ciudadana anciana, el muy respetado cadáver en descomposición (…)venerable momia de carne muerta”  (Comunicado 19).

Son descripciones sin nexos de unión, en una ágil presentación de un personaje. Palahniuk tiene cierta preferencia por el personaje colectivo, descripción que resulta más perversa por la acumulación de características negativas. Los viajeros de un autobús son “caldo de cultivo del proletariado, fuente musculosa de trabajo corporal, olla a presión de un resentimiento de clase que solo aguarda el liderazgo de un cerebro activista. Hedor a transpiración combinada con colonia barata. Atuendos de colores sosos que reflejan diversos climas adversos. Pantalones del color del agua que se acumula en las alcantarillas. Blusas y blusones del color de las nubes sucias” (Comunicado 15). Los periodistas son “parásitos mediáticos congregados”, “manada de carroñeros sedientos de sangre” (Comunicado 15), “sabuesos labradores, buitres volando en círculos, hienas husmeantes…” (Comunicado 17).

En otras ocasiones la descripción se consigue mediante un rodeo o perífrasis dando lugar a ciertas descripciones iconoclastas. En el centro de distribución de propaganda religiosa (la iglesia) se adora una “estatua en yeso del falso individuo masculino muerto por falsas torturas sobre dos palos cruzados, con sangre falsa de pintura roja en manos y pies” (Comunicado 30). El deseo que siente el agente-yo respecto a la hermana-gata se reduce a “cometer la Maniobra del Coito de Conejo, chof-chof, y vaciar el contenido de los testículos para inundar sus óvulos viables americanos” (Comunicado 15).

La hipérbole en la caracterización de los personajes dotan dicha descripción de fuerte subjetividad, sobre todo cuando degrada a los personajes animalizándolos como si de un esperpento se tratara. De este modo, el encargado de visar los pasaportes “es un vetusto animal enjaulado que se está muriendo por culpa de ser demasiado alto, la sangre espesa se le acumula en las venas de las piernas”. El padre-huésped “tiene aspecto de enorme vaca jadeante, que expulsa un aliento pútrido de carne sacrificada en el matadero y vocifera soltando tufo a Viagra”.

En otros casos, y con una retorcida objetividad, detalla de modo casi técnico lo que su cerebro conoce, en una huida clara de cualquier manifestación de los sentimientos. Este tipo de descripciones se extiende a todo elemento:
. Un ser humano: “A juzgar por la flexión de los tejidos del dedo índice, la resistencia de los tendones y la fricción térmica, calculo que la madre-pollo tiene un 6,3 por ciento de grasa corporal. Presión sanguínea 182/120. 93 pulsaciones en estado de reposo. Edad 42’3 años. Dentro de seis años, presa fácil de derrame cerebral y muerte” (Comunicado 1º).

. El mundo vegetal: un personaje escapa por la ventana de la “cámara de dormir” haciendo equilibrios por la rama de la “Castanea dentata”, escalando por la rama de la “Quercus rubra”, hasta llegar a la rama lateral de la “Juglans nigra” (Comunicado 15).

. Una receta química: “Receta del ácido pícrico…- Digo-: Veinte aspirinas, media taza de alcohol puro, ácido sulfúrico robado de batería de automóvil, tres cucharaditas de nitrato de potasio…” (Comunicado 5º).

. Los equipos de un desfile militar: “Por entre los tanques de batalla sin fin desfilan las piezas de artillería antitanque de 90 milímetros Kanonenjadpanzer, originadas en Alemania. Los impresionantes cañones antitanque tipo ISU-152 con cañón de 152 milímetros, originados en la antigua Unión Soviética. También los  morteros autopropulsados 2S4 Tyulpan soviéticos con 240 milímetros de calibre” (Comunicado 14).

. Un objeto: un paquete que contiene una camiseta.  “Los dedos del agente-yo se cierran en torno al paquete, el papel rojo es suave al tacto. Tiro  del oro falso del lazo florido, con cuidado de no rasgar el papel ni romper la ligadura. Este agente deconstruye el paquete con el mismo cuidado que si fuera un obús de ignición retardada de cañón turco de artillería pesada T-155 Panter” (Comunicado 1º).

Son datos realistas que dan verismo a la caracterización. Es curioso como en el último ejemplo citado rompe con la sintaxis, en un curioso juego de las personas verbales. Con esa ruptura el narrador se distancia y se acerca al lector. Este verismo detallado no está solo en las descripciones directas sino que se impone en toda la narración con la excusa de que el agente-yo desconoce el idioma: “¿dónde se vende aquí ametralladora fabricación china tipo 81-S con motor de gasolina y cerrojo giratorio que dispara cincuenta proyectiles por minuto?” (Comunicado 2º).

Aprovecha esta excusa el autor para poner en boca del narrador, en lugar de ciertas palabras, su explicación desarrollada, que contiene una ideología que destruye lo convencional: el  “punto de distribución al público de propaganda religiosa” (capilla), la “estatua de yeso de falso individuo masculino muerto, a causa de falsa muerte por torturas en dos palos cruzados, con sangre falsa pintada en rojo en manos y pies” (imagen de Cristo), el “astuto títere de la superstición (…) marioneta de Satanás” (el reverendo Tony).  El agente se permite estas desviaciones porque con su ingenuo aspecto hace creer a los demás que no sabe inglés, necesita practicarlo. Y en ocasiones así lo parece, cuando el desarrollo del vocablo pierde su maldad implícita: los ojos de Trevor “emiten agua ocular”, se retira a la “cámara de dormir”, la masa encefálica contenida en el cráneo es un “pastel de carne gris”, el autobús es un “transporte público de masas en ruta”, las flores son “genitales cortados de formas de vida vegetal”, las velas son “cilindros de parafina blanca que encierran cordeles en llamas, generando muchos fuegos diminutos”, los balones son “vejigas de goma, vejigas infladas”, etc.

Otro elemento lingüístico interesante es la frecuencia en el uso de onomatopeyas, con las que el narrador pretende representar más que sonidos literales, percepciones o representaciones afectivas que son las que realmente siente y que manifiestan la violencia de su educación y de sus impulsos, hasta ahora controlados. Obviamente, las onomatopeyas hacen mucho más efectiva la descripción.

Acometida de Lince precisa, fii-crunch. Maniobra del Coito de Conejo, chof-chof. Vocifere un aaa-chís húmedo. La Patada del Canguro, pata-pam. El Salto del Lince, cata-pumba. El Puñetazo del Panda, bam-blam. Retorcimiento de Cuello del Ala de Pájaro, ñic-ñac. Los músculos de sus piernas salen disparados, zip-bang.

Junto a las onomatopeyas, en este desarrollo de la violencia destaca el uso del condicional, utilizado para verbalizar las ideas que al agente-yo le llegan ante la presencia de determinadas personas o situaciones en las que despiertan sus violentos deseos y la aplicación directa de su cruel educación:
“Sería posible que el puño de hierro del agente-yo generara un estallido enorme, patapum. Y atacara con la maniobra Muerte Rápida por Golpe de Cobra para hundirle la tráquea al hombre. Dejándolo muerto fulminado en el acto”.

“Podría limitarse a dar sendos golpes afilados con los codos en el pecho del padre, uno-dos, catacrac, la maniobra del Águila Voladora, y al cabo de tres días, para el día después del día siguiente de hoy, el padre estaría vomitando los dos pulmones deshecho en hemorragia masiva, muerto”, “Sería posible practicar con los dientes, raca-taca, el Ataque de la Piraña, abrir túnel enorme de sangre con una dentellada salvaje en la tráquea”.

El lenguaje tiene como hiperbólico referente un extravagante mundo que escapa a la normalidad cotidiana y resulta absolutamente desquiciante. Es el mundo en el que la madre de la casa de acogida tiene una colección de vibradores que los propios hijos le regalan para que los deje en paz y que utiliza constantemente quitando las pilas a todos los aparatos de la casa. Hay pues, una crítica a esas mujeres que lucharon por sus derechos y han caído por una pendiente de estupidez.

El padre tampoco sale mejor parado con su adicción a páginas de ninfómanas menores de edad en Internet. Y los hijos tienen a los padres dormidos con somníferos, orinándose encima y dejando escurrir hilos de baba, mientras ellos se deleitan en contemplar en la pantalla cómo revientan las cabezas de los delegados en el atentado terrorista.

Y las relaciones descritas entre los jóvenes de ambos ambientes chocan sin duda. El agente se dirige  a una chica para ligar y le espeta claramente: “Estimada señorita Botijos… Solicito que me muestre la anatomía superior como condición para recibir generoso depósito de semilla viva masculina. Y al momento siguiente, pata-plaf, la bofetada de la hembra caucasiana impacta contra la mejilla facial del agente-yo…” (Comunicado 8º).

Elementos sensoriales como el olor manipulan la caracterización de los personajes de un modo delirante. El olor está presente en toda la novela, de modo insistente, con una extraordinaria variedad de palabras y expresiones que hacen referencia al mismo. “La madre está sudando por todos los poros, emitiendo un fuerte olor a estofado mezclado con café helado al moca y la vainilla más combinado de Zoloft y Xanax. Tufo a suplemento de estrógenos. Hedor a lanolina que le sale de cara arrugada por culpa de exceso de pastillas de ácido fólico”. Abundan estos sustantivos repletos de significación negativa, que suponen una profunda manipulación a través del lenguaje.

El agente, en el primer encuentro con la familia de acogida, agita la banderita americana que le han entregado para “alejar el tufo que rodea a la familia-huésped. Hediondez a grasa de mantequilla. Efluvio de jabón químico para el pelo. Pestilencia inmunda de dinero en metálico americano” (Comunicado 1º).

Y no solo huele la gente, individual o colectivamente, sino también los lugares, los ambientes en los que se mueven. Así dice del “spa” al que le conduce el hermano-puerco: “está envuelto de una peste hedionda como la del restaurante de los animales bebés. Hedor a demasiados aminoácidos con base de azufre. Dieta sobrecargada de carne muerta. Refresco de cola de benzoato sódico se combina con el ácido cítrico dentro del intestino para crear benceno hasta desencadenar cáncer. Peste a intestino canceroso. Hedor a colon impactado de heces” (Comunicado 2º).

Terminamos recordando cómo en la novela actual hay cierta carencia de descripciones, hecho que parece extraño cuando el cine y las series televisivas reproducen tantos detalles que consideran necesarios. Palahniuk sostiene Pigmeo precisamente con la fuerza del lenguaje, a todos los niveles. No podemos obviar el hecho de que es capaz de armonizar, o desarmonizar según se mire, expresiones coloquiales y argot de los personajes, al lado de recursos como metáforas o metonimias o tantos otros que a lo largo de este trabajo hemos desgranado. Desde luego es un lenguaje absolutamente transgresor.

Podemos concluir con la misma afirmación de la que partíamos: es feroz, brutal, impactante, incisivo, desquiciante, perverso, ácido, delirante, caústico, una forma iconoclasta de “terrorismo verbal”.

Articulo: http://www.revistadeletras.net 06/12/2012

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