EDICION: 244 Años después de la
publicación de su primer ejemplar
Fin de la Enciclopedia Británica impresa:
¿Evolución o Involución?
Por Francisca ALLENDE CELLE
La edición del año 2010 será la última
publicación impresa de la Enciclopedia Británica, clásica obra de consulta que
por más de dos siglos oficio una minuciosa síntesis del conocimiento universal.
Este símbolo histórico del saber abandona los anaqueles para concentrarse en su
versión digital. Académicos y personas ligadas al mundo de las letras entregan
su visión ante estos nuevos patrones de consumo cultural.
La Enciclopedia Británica, la más antigua
y monumental obra de consulta en idioma inglés, dejara de publicar sus
ediciones en papel y emigrara a la Web, tras varios años de convivencia entre
ambos formatos y a más de doscientos años de la publicación de su primera edición
en el Edimburgo de 1768.
A pesar de haberse instituido en un símbolo
del conocimiento universal, la rápida desactualizacion de sus contenidos llevo
a que los editores de la británica decidieran decirle adiós al papel y
trasladaran los 32 tomos de la obra al formato digital.
Con 58,5 kilos menos –pues ése era el peso
de la enciclopedia-, la famosa fuente de inspiración de Jorge Luis Borges, que
por siglos represento la síntesis del conocimiento universal, podrá ser
consultada solo a través de su versión online, que por 70 dólares al año
promete ofrecer contenidos constantemente actualizados por los mas de cien
editores y miles de colaboradores de la publicación.
En un intento por competir con sitios como
el de Wikipedia, publicación gratuita que funciona con editores voluntarios, la
británica ha decidido que su decimoquinta edición sea su última publicación en
papel.
Habiendo tenido que buscar nuevos
mercados, mediante la producción de material didáctico para colegios y la
elaboración de ediciones especiales para instituciones académicas, la británica
se aventura en el formato digital con la intención de compensar la caída de las
ventas de sus ediciones impresas. Las 120 mil colecciones vendidas en 1990, que
marcaron el momento mas prospero de la gran obra, no pueden comparase con las
solo 8 mil quinientas que se lograron vender en 2010.
Mientras la ultima edición impresa de 2010
se seguirá vendiendo hasta agotar las 4 mil copias que aun permanecen en las
bodegas, su versión online en permanente actualización ya esta disponible para
ser consultada en britannica.co.uk o en aplicación para el iPad.
Como puede imaginarse de una publicación
bicentenaria, no son pocos los mitos y legendarios relatos que han surgido en
torno a la Enciclopedia Británica, sobre todo si se piensa que entre sus muchos
colaboradores se encuentran célebres personajes como Sigmund Freud, Albert
Einstein, Marie Curie, León Trotsky, Harry Houdini, Sir Walter Scott, Thomas
Malthus y Thomas Young.
Al revisar algunos artículos de su primera
edición, confeccionada durante tres anos y con 2.670 paginas encuadernadas en
tres gruesos volúmenes, pueden encontrase curiosas referencias. Así, mientras
el estado de California de los Estados Unidos era descrito como “un gran país
de las Indias Occidentales, del que se desconoce si se trata de un isla o una península”,
otra de las entradas de la enciclopedia menciona que el sistema solar tiene
seis planetas, puesto que Urano, Neptuno y Plutón todavía se habían
descubierto.
La llegada de la monumental enciclopedia a
Estados Unidos, en forma de una edición pirateada e impresa en Filadelfia en
1790, es otro de los singulares episodios de la vida de esta clásica obra de
referencia. Entre los propietarios de esta versión apócrifa, se encontraban,
nada menos que George Washington, Thomas Jefferson y Alexander Hamilton.
Considerada el pináculo del estilo de la
Enciclopedia Británica, su un décima edición (1910-1911) también es
continuamente destacada por muchos de los devotos lectores de la obra. Entre
los colaboradores de esta edición se encuentran figuras como Bertrand Russell,
Ernest Rutherford, J.B. Bury y H. Huxley.
Ha habido un cambio de formato o, si se
quiere, de “envase”. La Enciclopedia seguirá siendo “la Enciclopedia”, y quizá
hasta crezca en contenidos, pero es una pena que desaparezca en formato libro.
Aunque desconozco las razones precisas que
ocasionaron el paso de ediciones impresas a ediciones digitales, imagino que
han tenido que ver con los costos. Editar una enciclopedia así en formato
libro, con la calidad que siempre ha tenido, es sumamente caro, por lo que su
precio es asimismo alto. Por otro lado, pienso que las enciclopedias compiten
hoy con los buscadores de Internet, todos gratuitos y rapidísimos, que en cierto
modo han remplazado o sustituido el concepto original de Diderot y D’Alembert.
Por lo mismo, hoy no existiría una valoración por el conocimiento acumulado en
libros, estando Internet.
Internet es como una enciclopedia en si
misma, nos guste o no. El problema es la confiabilidad de la información. Para
chequear un nombre o una fecha es mas practico Google o Wikipedia; pero no para
una referencia más compleja. Quizá haya allí una oportunidad para las
bibliotecas. Imagino que la británica mantendrá su rigor, pero el problema es
el usuario. Como decía, para un dato menor va no parecer ser “útil” una
consulta enciclopedia en papel. Y puede ser razonable que así sea. Yo mas bien
pienso que la gran pérdida va por el lado de la capacidad de búsqueda del
usuario, de investigar, de saber leer un dato en un contexto mayor y, por
cierto, de la terrible costumbre del copy&paste que después deviene en la
cultura del plagio.
Evidentemente que la velocidad de los
motores de búsqueda en Internet es una enorme ventaja, pero perdemos el
contexto, el sentido, la ponderación y la valoración. Es el conocimiento versus
la información. Diría, con cierta audacia, que para quienes “ya saben algo”,
Internet y semejantes resultan herramientas extraordinarias. En cambio, para
quienes “saben poco” o “no saben nada”, puede ser el caos, Babel otra vez… Nada
más mortífero que el dato fuera de contexto.
“Se esfuma el cimiento final de toda
ciencia”
Joaquín Fermandois, Historiador de la
Pontificia Universidad Católica de Chile
Una lastima el fin de la Enciclopedia Británica
en su edición en papel. Su presencia distinguía a bibliotecas y a hogares que
se la podían permitir. Sus artículos eran testimonio de rigor y elegancia, la
información mas confiable que se podía consultar. Todo un clásico. El papel –el
libro, en suma- ha sido toda una creación tangible de cultura, por lo demás más
segura de permanencia material que los documentos digitales. Se puede palpar,
permite una escritura, el subrayado, papelillos que marcan paginas, una mirada
curiosamente más simultánea a un estante lleno de libros que lo es la pantalla.
Ello desde antes de la imprenta, ya con los manuscritos, los incunables.
Se podría decir que estamos ante la misma
transformación tan trascendente que significo el desarrollo de la imprenta. Se dirá
que ahora vamos a experimentar algo parecido, que solo que se leerá de una
manera distinta, se presume mas “dinámica” (¿?). Sin embargo, además de temor
de tipo estético –algo no baladí-, existe otra desconfianza hacia el mundo
digital, de que sencillamente sea un paso mas en la devastación de la lectura,
reemplazada por el vértigo casi puramente físico de “estar conectado”, de
brincar de uno a otro resumen, escribiendo en una jerga telegráfica que no
admite “antipoesía” alguna. Se esfuma el ensimismamiento que se da en la
lectura, base del pensar; en último término, el cimiento final de toda ciencia.
“En Editorial Sopena llevamos 15 años sin
vender una enciclopedia de papel”
Alejandro Melo, Gerente general de Sopena
Chile
El paso de lo impreso a lo digital se ha
constituido en una regla hace ya muchos anos. En el caso de Editorial Sopena,
llevamos aproximadamente 15 anos sin vender una enciclopedia de papel. El
consumidor ya no es aquella persona que iba en búsqueda de libros, siendo capaz
de gastar trescientos o quinientos mil pesos en una enciclopedia de veinte o
veinticinco tomos, como la que vendíamos antiguamente.
Esta es la evolución natural del comercio
digital de hoy, a pesar de que algunos sientan que con ello se pierde el
romanticismo de aquellas épocas en que la gente compraba enciclopedias y las ponía
en el living de la casa, con el objeto de “lucirlas”. Creo que el paso de lo
impreso a lo digital no es una involución, en ningún sentido. Al contrario,
pienso que es parte de la evolución natural de la época en que vivimos. Sin
embargo, aquella inmediatez también nos puede marear. Es decir, de pronto
podemos enfrentarnos a demasiada información, que no siempre se sabe conducir y
canalizar bien. Este es uno de los peligros del paso que se esta dando.
En cuanto a información, lo digital es un
aporte, no una involución. Hoy en día, las personas pueden obtener esa
información por Wikipedia, con todos los reparos que puede tener dicho sito.
Hay que ir dejando a un lado estos monstruos o elefantes blancos que eran las
enciclopedias del pasado.
“El aprendizaje necesita una ordenación
mental”
Enrique Vicién, Encargado marketing
Larousse Editorial
Lo que ocurrió con la Enciclopedia Británica
puede ser considerado como una evolución si atendemos al signo de los tiempos:
los sistemas de almacenamiento online y las amplias posibilidades que ofrece el
formato digital favorecen que las nuevas enciclopedias incorporen imágenes en
movimientos, sonidos, animaciones y actualizaciones casi inmediatas.
Las enciclopedias tradicionales y su modo
de comercialización tienen unos gastos que prácticamente se evaporan en la versión
online: papel, fabricación, almacenamiento, comercialización “puerta a puerta”.
Sin embargo, también podemos apreciar rasgos
involutivos. El aprendizaje necesita de una ordenación mental, de una
categorización de los elementos, de una sumisión a un orden determinado. El mas
claro es el orden alfabético, absolutamente arbitrario, pero comúnmente
aceptado. En las enciclopedias y diccionarios se visualiza claramente: la B va
después de la A, la T precede a la U. En una ventanita de consulta en una
pagina de Internet, ¿como saber que la palabra “zapallo” esta al final porque
empieza por la letra Z?
Existen otros factores que también pueden
haber determinado el paso de los impreso a lo digital: la creciente sensación
de que se pueden descargar contenidos culturales de la red sin pagar por ello,
la importancia decreciente que la cultura ocupa en la lista de prioridades de
una parte del publico, los nuevos usos sociales: casa mas pequeñas, muebles
también mas reducidos y, en definitiva, menos espacio físico para obras que
podían alcanzar decenas de volúmenes.
“La venta de libros digitalizados es
ínfima”
Sergio Tanhunz, Gerente de publicaciones
generales Ediciones SM Chile
La emigración de la Enciclopedia Británica
hacia la Web, puede considerarse tanto una evolución como una involución. Es
una evolución porque se adapta a las nuevas formas de lectura, sobre todo para
este tipo de contenidos. Pero si nos salimos del caso particular y se ve este
episodio como parte de una tendencia general, también se podría hablar de una
involución porque se esta perdiendo la importancia del libro como objeto, algo
que siempre será relevante para los bibliófilos. Es cosa de ver lo que sucede
en la música donde los discos de vinilos están teniendo su revival.
Si bien este nuevo tipo de lectura para
libros de consulta temática y académica, es decir, lectura en medios digitales,
puede volverse la regla para el caso de las enciclopedias y textos académicos,
aun no sabemos si será así, con la misma fuerza, para otros tipos de libros; o
al menos, no sabemos cuando esto sucederá. En el caso de Ediciones SM Chile, en
este momento nos encontramos digitalizando todos nuestros libros con derechos
contratados para venta en formato e-book, lo que alcanza el 90 por ciento del
catalogo nacional. Sin embargo, a pesar de que algunos ya se están vendiendo,
lo hacen en una proporción casi inexistente en comparación con el libro
impreso. Muchos chilenos, incluso compradores de libros, aun ni siquiera saben
lo que es un e-book.
“Un impreso me proporciona un insight muy
superior al de una pantalla”
Cristian Gazmuri, Historiador de la
Pontificia Universidad Católica de Chile
Creo que el fin de la versión impresa de
la Enciclopedia Británica constituye una involución. Lo escrito en papel es
algo que tiene una nobleza intrínseca, puede ser consultado en cualquier parte
y, al menos en mi caso, me proporciona un insight muy superior al de una
pantalla.
Por desgracia, estamos ante un caso que,
por otra vía, esta llegando a un resultado parecido al de Fahrenheit 451, la
famosa novela de Ray Bradbury. La civilización versus el libro. Ojala que no
fuese así, pero me temo que, a corto o largo plazo, la revolución enciclopédica
será absorbida por la de la lectura digital, transformándose en uno de los
elementos fundamentales de una futura utopia negativa o antiutopía. Es
importante que publicaciones impresas como la Enciclopedia Británica sigan
existiendo. Las universalidades, se dice, son sus profesores, sus bibliotecas y
sus alumnos. Al acabar con los libros y bibliotecas las estamos transformando,
haciendo una revolución de alcances imprevisibles.
Ya la televisión dio un golpe terrible a
la lectura, en especial la de los canales abiertos cuya programación, vulgar y
estúpida, es una vergüenza destinada a gente con una madurez intelectual de un
niño de unos 10 a
12 anos, nuevamente como en Fahrenheit 451. No entregan cultura, la quitan. El
Internet ofrece de todo, mucho de bueno, pero también muchas veces una mala
síntesis, cuando no una deformación del conocimiento, transmitiendo “no
verdades”, por no decir falsedades. En la enciclopedia Británica y otras, eso
no ocurre.
Articulo: http://www.mer.cl
25/03/2012





