samedi 31 mars 2012

Francisca ALLENDE CELLE/¿Evolución o Involución?


EDICION: 244 Años después de la publicación de su primer ejemplar
Fin de la Enciclopedia Británica impresa:
¿Evolución o Involución?
Por Francisca ALLENDE CELLE

La edición del año 2010 será la última publicación impresa de la Enciclopedia Británica, clásica obra de consulta que por más de dos siglos oficio una minuciosa síntesis del conocimiento universal. Este símbolo histórico del saber abandona los anaqueles para concentrarse en su versión digital. Académicos y personas ligadas al mundo de las letras entregan su visión ante estos nuevos patrones de consumo cultural.

La Enciclopedia Británica, la más antigua y monumental obra de consulta en idioma inglés, dejara de publicar sus ediciones en papel y emigrara a la Web, tras varios años de convivencia entre ambos formatos y a más de doscientos años de la publicación de su primera edición en el Edimburgo de 1768.

A pesar de haberse instituido en un símbolo del conocimiento universal, la rápida desactualizacion de sus contenidos llevo a que los editores de la británica decidieran decirle adiós al papel y trasladaran los 32 tomos de la obra al formato digital.

Con 58,5 kilos menos –pues ése era el peso de la enciclopedia-, la famosa fuente de inspiración de Jorge Luis Borges, que por siglos represento la síntesis del conocimiento universal, podrá ser consultada solo a través de su versión online, que por 70 dólares al año promete ofrecer contenidos constantemente actualizados por los mas de cien editores y miles de colaboradores de la publicación.

En un intento por competir con sitios como el de Wikipedia, publicación gratuita que funciona con editores voluntarios, la británica ha decidido que su decimoquinta edición sea su última publicación en papel.

Habiendo tenido que buscar nuevos mercados, mediante la producción de material didáctico para colegios y la elaboración de ediciones especiales para instituciones académicas, la británica se aventura en el formato digital con la intención de compensar la caída de las ventas de sus ediciones impresas. Las 120 mil colecciones vendidas en 1990, que marcaron el momento mas prospero de la gran obra, no pueden comparase con las solo 8 mil quinientas que se lograron vender en 2010.

Mientras la ultima edición impresa de 2010 se seguirá vendiendo hasta agotar las 4 mil copias que aun permanecen en las bodegas, su versión online en permanente actualización ya esta disponible para ser consultada en britannica.co.uk o en aplicación para el iPad.

Como puede imaginarse de una publicación bicentenaria, no son pocos los mitos y legendarios relatos que han surgido en torno a la Enciclopedia Británica, sobre todo si se piensa que entre sus muchos colaboradores se encuentran célebres personajes como Sigmund Freud, Albert Einstein, Marie Curie, León Trotsky, Harry Houdini, Sir Walter Scott, Thomas Malthus y Thomas Young.

Al revisar algunos artículos de su primera edición, confeccionada durante tres anos y con 2.670 paginas encuadernadas en tres gruesos volúmenes, pueden encontrase curiosas referencias. Así, mientras el estado de California de los Estados Unidos era descrito como “un gran país de las Indias Occidentales, del que se desconoce si se trata de un isla o una península”, otra de las entradas de la enciclopedia menciona que el sistema solar tiene seis planetas, puesto que Urano, Neptuno y Plutón todavía se habían descubierto.

La llegada de la monumental enciclopedia a Estados Unidos, en forma de una edición pirateada e impresa en Filadelfia en 1790, es otro de los singulares episodios de la vida de esta clásica obra de referencia. Entre los propietarios de esta versión apócrifa, se encontraban, nada menos que George Washington, Thomas Jefferson y Alexander Hamilton.

Considerada el pináculo del estilo de la Enciclopedia Británica, su un décima edición (1910-1911) también es continuamente destacada por muchos de los devotos lectores de la obra. Entre los colaboradores de esta edición se encuentran figuras como Bertrand Russell, Ernest Rutherford, J.B. Bury y H. Huxley.

Ha habido un cambio de formato o, si se quiere, de “envase”. La Enciclopedia seguirá siendo “la Enciclopedia”, y quizá hasta crezca en contenidos, pero es una pena que desaparezca en formato libro.

Aunque desconozco las razones precisas que ocasionaron el paso de ediciones impresas a ediciones digitales, imagino que han tenido que ver con los costos. Editar una enciclopedia así en formato libro, con la calidad que siempre ha tenido, es sumamente caro, por lo que su precio es asimismo alto. Por otro lado, pienso que las enciclopedias compiten hoy con los buscadores de Internet, todos gratuitos y rapidísimos, que en cierto modo han remplazado o sustituido el concepto original de Diderot y D’Alembert. Por lo mismo, hoy no existiría una valoración por el conocimiento acumulado en libros, estando Internet.

Internet es como una enciclopedia en si misma, nos guste o no. El problema es la confiabilidad de la información. Para chequear un nombre o una fecha es mas practico Google o Wikipedia; pero no para una referencia más compleja. Quizá haya allí una oportunidad para las bibliotecas. Imagino que la británica mantendrá su rigor, pero el problema es el usuario. Como decía, para un dato menor va no parecer ser “útil” una consulta enciclopedia en papel. Y puede ser razonable que así sea. Yo mas bien pienso que la gran pérdida va por el lado de la capacidad de búsqueda del usuario, de investigar, de saber leer un dato en un contexto mayor y, por cierto, de la terrible costumbre del copy&paste que después deviene en la cultura del plagio.

Evidentemente que la velocidad de los motores de búsqueda en Internet es una enorme ventaja, pero perdemos el contexto, el sentido, la ponderación y la valoración. Es el conocimiento versus la información. Diría, con cierta audacia, que para quienes “ya saben algo”, Internet y semejantes resultan herramientas extraordinarias. En cambio, para quienes “saben poco” o “no saben nada”, puede ser el caos, Babel otra vez… Nada más mortífero que el dato fuera de contexto.


“Se esfuma el cimiento final de toda ciencia”
Joaquín Fermandois, Historiador de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Una lastima el fin de la Enciclopedia Británica en su edición en papel. Su presencia distinguía a bibliotecas y a hogares que se la podían permitir. Sus artículos eran testimonio de rigor y elegancia, la información mas confiable que se podía consultar. Todo un clásico. El papel –el libro, en suma- ha sido toda una creación tangible de cultura, por lo demás más segura de permanencia material que los documentos digitales. Se puede palpar, permite una escritura, el subrayado, papelillos que marcan paginas, una mirada curiosamente más simultánea a un estante lleno de libros que lo es la pantalla. Ello desde antes de la imprenta, ya con los manuscritos, los incunables.

Se podría decir que estamos ante la misma transformación tan trascendente que significo el desarrollo de la imprenta. Se dirá que ahora vamos a experimentar algo parecido, que solo que se leerá de una manera distinta, se presume mas “dinámica” (¿?). Sin embargo, además de temor de tipo estético –algo no baladí-, existe otra desconfianza hacia el mundo digital, de que sencillamente sea un paso mas en la devastación de la lectura, reemplazada por el vértigo casi puramente físico de “estar conectado”, de brincar de uno a otro resumen, escribiendo en una jerga telegráfica que no admite “antipoesía” alguna. Se esfuma el ensimismamiento que se da en la lectura, base del pensar; en último término, el cimiento final de toda ciencia.


“En Editorial Sopena llevamos 15 años sin vender una enciclopedia de papel”
Alejandro Melo, Gerente general de Sopena Chile

El paso de lo impreso a lo digital se ha constituido en una regla hace ya muchos anos. En el caso de Editorial Sopena, llevamos aproximadamente 15 anos sin vender una enciclopedia de papel. El consumidor ya no es aquella persona que iba en búsqueda de libros, siendo capaz de gastar trescientos o quinientos mil pesos en una enciclopedia de veinte o veinticinco tomos, como la que vendíamos antiguamente.

Esta es la evolución natural del comercio digital de hoy, a pesar de que algunos sientan que con ello se pierde el romanticismo de aquellas épocas en que la gente compraba enciclopedias y las ponía en el living de la casa, con el objeto de “lucirlas”. Creo que el paso de lo impreso a lo digital no es una involución, en ningún sentido. Al contrario, pienso que es parte de la evolución natural de la época en que vivimos. Sin embargo, aquella inmediatez también nos puede marear. Es decir, de pronto podemos enfrentarnos a demasiada información, que no siempre se sabe conducir y canalizar bien. Este es uno de los peligros del paso que se esta dando.

En cuanto a información, lo digital es un aporte, no una involución. Hoy en día, las personas pueden obtener esa información por Wikipedia, con todos los reparos que puede tener dicho sito. Hay que ir dejando a un lado estos monstruos o elefantes blancos que eran las enciclopedias del pasado.


“El aprendizaje necesita una ordenación mental”
Enrique Vicién, Encargado marketing Larousse Editorial

Lo que ocurrió con la Enciclopedia Británica puede ser considerado como una evolución si atendemos al signo de los tiempos: los sistemas de almacenamiento online y las amplias posibilidades que ofrece el formato digital favorecen que las nuevas enciclopedias incorporen imágenes en movimientos, sonidos, animaciones y actualizaciones casi inmediatas.

Las enciclopedias tradicionales y su modo de comercialización tienen unos gastos que prácticamente se evaporan en la versión online: papel, fabricación, almacenamiento, comercialización “puerta a puerta”.
Sin embargo, también podemos apreciar rasgos involutivos. El aprendizaje necesita de una ordenación mental, de una categorización de los elementos, de una sumisión a un orden determinado. El mas claro es el orden alfabético, absolutamente arbitrario, pero comúnmente aceptado. En las enciclopedias y diccionarios se visualiza claramente: la B va después de la A, la T precede a la U. En una ventanita de consulta en una pagina de Internet, ¿como saber que la palabra “zapallo” esta al final porque empieza por la letra Z?

Existen otros factores que también pueden haber determinado el paso de los impreso a lo digital: la creciente sensación de que se pueden descargar contenidos culturales de la red sin pagar por ello, la importancia decreciente que la cultura ocupa en la lista de prioridades de una parte del publico, los nuevos usos sociales: casa mas pequeñas, muebles también mas reducidos y, en definitiva, menos espacio físico para obras que podían alcanzar decenas de volúmenes.


“La venta de libros digitalizados es ínfima”
Sergio Tanhunz, Gerente de publicaciones generales Ediciones SM Chile

La emigración de la Enciclopedia Británica hacia la Web, puede considerarse tanto una evolución como una involución. Es una evolución porque se adapta a las nuevas formas de lectura, sobre todo para este tipo de contenidos. Pero si nos salimos del caso particular y se ve este episodio como parte de una tendencia general, también se podría hablar de una involución porque se esta perdiendo la importancia del libro como objeto, algo que siempre será relevante para los bibliófilos. Es cosa de ver lo que sucede en la música donde los discos de vinilos están teniendo su revival.

Si bien este nuevo tipo de lectura para libros de consulta temática y académica, es decir, lectura en medios digitales, puede volverse la regla para el caso de las enciclopedias y textos académicos, aun no sabemos si será así, con la misma fuerza, para otros tipos de libros; o al menos, no sabemos cuando esto sucederá. En el caso de Ediciones SM Chile, en este momento nos encontramos digitalizando todos nuestros libros con derechos contratados para venta en formato e-book, lo que alcanza el 90 por ciento del catalogo nacional. Sin embargo, a pesar de que algunos ya se están vendiendo, lo hacen en una proporción casi inexistente en comparación con el libro impreso. Muchos chilenos, incluso compradores de libros, aun ni siquiera saben lo que es un e-book.


“Un impreso me proporciona un insight muy superior al de una pantalla”
Cristian Gazmuri, Historiador de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Creo que el fin de la versión impresa de la Enciclopedia Británica constituye una involución. Lo escrito en papel es algo que tiene una nobleza intrínseca, puede ser consultado en cualquier parte y, al menos en mi caso, me proporciona un insight muy superior al de una pantalla.

Por desgracia, estamos ante un caso que, por otra vía, esta llegando a un resultado parecido al de Fahrenheit 451, la famosa novela de Ray Bradbury. La civilización versus el libro. Ojala que no fuese así, pero me temo que, a corto o largo plazo, la revolución enciclopédica será absorbida por la de la lectura digital, transformándose en uno de los elementos fundamentales de una futura utopia negativa o antiutopía. Es importante que publicaciones impresas como la Enciclopedia Británica sigan existiendo. Las universalidades, se dice, son sus profesores, sus bibliotecas y sus alumnos. Al acabar con los libros y bibliotecas las estamos transformando, haciendo una revolución de alcances imprevisibles.

Ya la televisión dio un golpe terrible a la lectura, en especial la de los canales abiertos cuya programación, vulgar y estúpida, es una vergüenza destinada a gente con una madurez intelectual de un niño de unos 10 a 12 anos, nuevamente como en Fahrenheit 451. No entregan cultura, la quitan. El Internet ofrece de todo, mucho de bueno, pero también muchas veces una mala síntesis, cuando no una deformación del conocimiento, transmitiendo “no verdades”, por no decir falsedades. En la enciclopedia Británica y otras, eso no ocurre.

Articulo: http://www.mer.cl 25/03/2012

Juan Ignacio RODRIGUEZ MEDINA/28 disparos latinoamericanos de Vanguardia


RECOPILACIÓN Manifiestos y proclamas
28 disparos latinoamericanos de Vanguardia
Por Juan Ignacio RODRIGUEZ MEDINA

La escritora chilena Claudia Apablaza compilo 28 textos, desde el Ultraísmo hasta el Nadaísmo pasando por el Creacionismo, que revelan como este lado del mundo también quiso ponerse en la delantera de la literatura.

El disparo precursor lo dio Europa, Baudelaire más precisamente. Y ya mas en propiedad, en 1909, el Futurismo del italiano Marinetti, con su manifiesto que encumbro al “automóvil rugiente” (y luego al fascismo). Así, los primeros afanes vanguardias latinoamericanos intentaron “crear una estética propia demasiado subordinada a la herencia de los pioneros”, según escribe Jordi Corominas i Julián en el prologo de Manifiestos vanguardistas latinoamericanos, un volumen que recoge – anote – al Vedrinismo, Ultraísmo, Estridentismo, Martinfierrismo, Creacionismo, Atalayismo, Nadaísmo… y otro 21 “ismos” de este lado del mundo.

Detrás de la recopilación –publicada en España por Barataria y que por ahora se puede conseguir en Amazon.es, además de Casadellibro.es y Buscalibros.cl –esta la escritora chilena Claudia Apablaza, quien explica que el volumen se inserta en la colección de vanguardias latinoamericanas que coordina en la misma editorial “Hemos publicado ya a Juan Emar, Marta Brunet, Macedonio Fernández, Norah Lange, César Vallejo, Martín Adán y a Lorenzo García Vega. En algún momento pensé que seria bueno contextualizar un poco más este movimiento y entregar a los lectores los manifiestos y algunas proclamas que fundaron las vanguardias en Latinoamérica, y que la colección no quedara tan despojada de ese eslabón. Así nació la idea de rescatar los textos que dan sentido y fundamento a las nuevas estéticas”.

Respecto de los criterios de selección, Apablaza señala que intento abarcar la mayor cantidad de manifiestos en distintas publicaciones y, en cuanto a las proclamas, se ciño, principalmente, a las que dicen relación con los autores publicados o que se publicaran en la colección; era la forma de limitar un libro que, de lo contrario, habría tenido “dos mil paginas o mas”.

Nuevo mundo

Una estética demasiado subordinada a la herencia de los pioneros, se leía en la introducción. Un juicio que apunta especialmente al periodo que se enmarca entre 1912 y 1926, entre el Vedrinismo del dominicano Otilio Vigil y su arte por el arte –“todo titulo debe  ser bello, poco importa que no diga nada”- y el Estridentismo mexicano, del que se incluyen cuatro manifiestos.

Recién con el Postumismo de Andrés Avelino, en Puerto Rico, se abren los fuegos para superar a Europa: “Porque no podemos seguir siendo súbditos de una aristocracia intelectual que no nos pertenece”.

Lo mismo buscó el Martinfierrismo argentino, de Oliverio Girondo, y el Manifiesto Bandera disparado en Perú. En medio de esa euforia, la pausa, reflexiva la pusieron César Vallejo y el Creacionismo de Huidobro: “Huidobro demuestra ser una referencia mundial en su Manifiesto de Manifiestos, donde pone los puntos sobre las íes al surrealismo”, reseña Coromias. Surrealista es, a todo esto, La Mandrágora (1938), el grupo de los chilenos Braulio Arenas, Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres también compilado.

Al final de los veinte emerge una serie de manifiestos que se mueven entre el antiimperialismo, la reivindicación de lo autoctono y popular, y la afirmación de una poesia nacional. Asi, por ejemplo: el Minorismo en Cuba, la Antropofagia en Brasil y el Atalayismo y la Anti-Academia nicaragüenses. Claudia Apablaza cita tambien el Segundo Manifiesto Euforista, ademas del Afrocubanismo y Afroantillanismo, de Nicolas Guillén, quien en su “Canto Negro” escribe:

¡Yambambo, yambambé!
Repica el congo solongo,
Repica el negro bien negro;
Congo solongo del Songo
Baila yambo sobre un pied.

El ultimo disparo de esta recopilación lo percuta el Nadaismo colombiano (1958): “El Movimiento Nadaista no es una imitación foranea de Escuelas literarias o revoluciones estéticas anteriores. No sigue modelos europeos. Él hunde sus raices en el hombre, en la sociedad y en la cultura colombiana”, se lee en el primer manifiesto escrito por Gonzalo Arango.

Se entiende, entonces, que Apablaza prefiera hablar de un dialoguo entre vanguardias americanas y europeas, antes que de una subordinación de éstas a aquéllas: “Son movimientos contemporaneos, en donde el vinculo entre artistas y escritores latinoamericanos y europeos fue muy fluido.

Tienes el caso de Borges y el Ultraísmo, un movimiento, un movimiento que se dio en ambos lados del charco, con Borges de este lado y con Rafael Cansinos Assens del otro. Tambien el Creacionismo de Huidobro. Ademas, al mirar las fechas de los manifiestos son contemporaneos, por ejemplo, el caso del Vedrinismo (1912); o el Panedismo y Pancalismo en Puerto Rico (1913); Los Nuevos en Colombia (1915), surgen en fechas similares. El Futurismo es de 1909, el Dadaismo de 1916, el Surrealismo de 1920, aproximadamente”.

-Qué elemento propiamente latinoamericano se puede identificar en estas vanguardias?
-La defensa de lo local y el indigenismo. Lo local en tanto naturaleza, lenguaje, geografia, etc… Por ejemplo en el Diepalismo de Luis Palés Matos y su Orquestracion Diepalica, se imitan los sonidos de las aves y animales de Puerto Rico, para despojarse de la retorica y representar la naturaleza de la forma mas objetiva posible: “Guay ¡ Au-au, au-au… hummmmm… /La noche. La luna. El campo…. Hummmmm… /zi, zi, zi, zi, zi, co-quí, co-quí, co-quí…» .

Manifiestos Vanguardistas
(Compiladora)
Claudia Apablaza
Ediciones Barataria
2011, 254 paginas
En Amazon.es

Articulo: http://www.mer.cl 25/03/2012

Patricio TAPIA/ AMPUERO & ALLENDE: El pasado sigue vivo


SU ULTIMA NOVELA: “El último tango de Salvador ALLENDE”
Ampuero y Allende: El pasado sigue vivo
Por Patricio Tapia

El escritor Roberto Ampuero había novelado los últimos días de Neruda. Ahora escribe sobre el último año de Salvador Allende, visto desde la perspectiva de un amigo de entonces y de un extranjero 25 años después, quien busca desentrañar un misterio y saldar un compromiso.

No siempre el pasado es un país extranjero. Hay veces en que no se separa en él porque se ha internalizado como un paisaje muchas veces visto. Pero basta una perspectiva distinta –una fotografía desconocida, un secreto revelado, una carta- para que se imponga en su extrañeza y su apremio.

En El último tango de Salvador Allende, Roberto Ampuero cuenta –un recurso que ya había usado antes- una historia dentro de otra.

En una, un amigo de juventud de Salvador Allende (compañero en las clases del zapatero anarquista Juan Demarchi), se encuentra con él en 1972. Como el desabastecimiento –él cree que el país “va al despeñadero” e insiste en las carencias- le impide llevar su panadería, le pide trabajo a su antiguo amigo. Allende lo contrata para labores menores en su casa, pero de a poco va adquiriendo importancia: desde encargos mínimos llegas a ser su cocinero y a veces consejero e incluso lo acompaña en una gira al exterior. También, de tanto escuchar tango, va contagiándole al político ese gusto. El modesto panadero, Rufino, se transforma en testigo privilegiado de la vida del Presidente y de todo ello va escribiendo un diario.

Sin embargo, si el lector puede acceder a tal diario es porque estaba en poder de una mujer estadounidense, quien le ha pedido en su lecho de enferma terminal de cáncer a su padre que entregue sus cenizas a un hombre llamado Héctor Aníbal (es el único dato que da para ubicarlo, mas una fotografía), supuestamente su gran amor. El padre llega a Chile con las cenizas de su hija. Es 1995: uno y otra habían estado en Chile en los anos turbulentos de la Unidad Popular. Ella como estudiante; él, como espía. Era un agente de la CIA llevando a cabo acciones para desestabilizar al país. Ahora esta retirado. Ambos relatos –la búsqueda del amante y el diario del panadero- se van entrelazando, así como las dudas: ¿lograra el padre hallar ese amor de su hija? ¿Por qué tenia ella el diario?

El ex agente se encuentra con sus amores antiguos y alguno nuevo. En su indagación viaja dentro y fuera de Chile (Santiago, Leipzig, Bruselas, Valparaíso, San Pedro de Atacama). Se encuentra con una organización secreta, el “Circulo de Leipzig”, de ideólogos chilenos que fundamentaron teóricamente la política de insurrección militar contra Pinochet y que aun estarían en activo (una visión menos mitológica esta en las memorias de Orlando Millas).

Grandes frases

El diario de Rufino, que el ex espía debe traducir para entenderlo mejor, refiere el desanimo y aislamiento crecientes de Allende, sus dilemas tanto personales –sus amantes (la “Payita”, Inés Moreno, Gloria Gaitán)- como políticos.  Como una forma de distraerse, Allende escucha los tangos que le trae su amigo, quien le enseña a bailarlo e incluso logra sacarlo disfrazado para una noche tanguera en Santiago y Valparaíso.

Rufino es un panadero singular. Lee a Homero y tiene angustias metal iterarías (“si alguien llegarse a leer estas paginas un día, ¿las leería como verdad o como fantasía, como diario personal o como novela?) Además de arranques poéticos. Así describe a Allende bailando arrobado: “Su chaqueta oscura se convirtió en el plumaje del cóndor que planea con las alas desplegadas sobre las cimas de los Andes…”.

Pero no es el único con grandes frases. El ex espía se vincula con una joven, hija de exiliados, quien le lee el Tarot y le dice: “Esta carta nos recuerda que el pasado sigue vivo, aunque lo creamos muerto, y que determina nuestro presente”. Ambos ven en el bar la Unión Chica a Jorge Tellier, Francisco Coloane y Gonzalo Rojas y ella le explica quiénes son, él comenta que parece que los grandes de este país no son de Santiago. Otro personaje afirma que no hay más paraísos que los perdidos.

-¿Cree que, como dice la lectora del Tarot, el pasado sigue vivo y determina nuestro presente?
-Por lo general las personas hablamos de lo que nos ha ocurrido, que se articula como memoria individual o colectiva. Y hablamos también, aunque en menor grado, de lo que pretendemos hacer, es decir, de nuestros sueños, aspiraciones y utopías. En ese sentido, el pasado individual y colectivo siempre sigue vivo. A menudo las personas y los países intentan librarse del peso comprometedor de la historia para proyectarse hacia el futuro. Pero no hay futuro inteligente sin conciencia del pasado, y esto es valido para individuos y países. Tampoco hay que ser ilusos: conocer bien el pasado no garantiza que como individuo o nación no volvamos a incurrir en los mismos errores. El mundo esta lleno de individuos y naciones que tropiezan con la misma piedra.

-Después de muchas memorias, entre ataques y respetos, Allende ha resulto ser un sujeto histórico escurridizo. ¿Cual es su visión de él?
-El Allende de mi novela no es el Allende político que encontramos en la mayoría de los textos, sino un personaje construido a partir de su relación con su cocinero, con un ser sencillo y alerta, que esta a su lado en momentos cruciales de nuestra historia y que lo conoce desde la juventud en Valparaíso. Es una ficción sobre un Allende privado, que ama, suena, teme, disfruta, sufre la soledad y afronta interrogantes inquietantes sobre su condición como persona. Mi novela imagina a un Allende del cual nunca hablamos pero que, en mi imaginación, existió. La fuerza del novelista radica en que no tiene que manejar ni las fuentes ni técnicas objetivas de un historiador, pero, gracias a su imaginación, puede proyectar a personajes bajo circunstancias que probablemente se dieron. ¿Qué pensó Allende en sus últimos minutos de vida? No lo sabremos nunca, pero la literatura puede aventurar hipótesis plausibles basándose en la autoridad de la ficción. Cuando la historia es irrecuperable, se refuerza la autoridad de la ficción novelista para postular lo que pudo hacer ocurrido.

-Supongo que le gustan los tangos…
-Me gusta la música clásica, el jazz, los boleros, el rock, la música del Magreb, cierto tango. En mi vida la música es central, soy un músico frustrado. En esta novela, la clase de tango que el modesto Rufino le imparte a Allende en la residencia presidencial de Tomás Moro 200, une a ambos amigos de la juventud y vincula al Presidente con el sentimiento popular, que Rufino tiene por su extracción social y que Allende busca conocer pues por su origen social creció apartado de esas claves.

-¿Por qué siempre menciona marcas (vinos, autos, etc.) y nombres de los lugares (café Tavelli, los restaurantes Agua y Carámbano, etc.)?
-Tengo una visión grafica, de camarógrafo, de la vida y por eso mis novelas son visuales. Los espacios concretos (ciudades, aeropuertos, cafés, restaurantes o librerías) son importantes para mí a la hora de escribir. Los espacios son en mis novelas tan importantes como los personajes. Pero lo esencial no son los nombres, porque a mis lectores chinos o alemanes no tienen por qué decirles algo los nombres que usted menciona, pero si le dicen mucho los espacios y atmósferas que yo recreo y que acogen a los lectores como si fueran reales.

-El ex agente de la CIA afirma que “mas que un paisaje, Chile es un estado de ánimo”. Lo mismo dijo usted en una columna. ¿Hay alguna identificación?
-Si la pregunta es si el ex agente y yo somos parecidos, no, en absoluto. Ahora si se trata de mezclar realidad y ficción, a veces algunos personajes piensan como yo y al instante siguiente, nada que ver. No soy la medida de todos mis personajes. Nicanor Parra dice que Chile es un paisaje, yo creo que somos mas bien un estado de ánimo. Hay un tema de identidad nacional en relación con esto. Dependemos demasiado de cómo nos ven de afuera y nuestra percepción del país cambia rápidamente, pasamos rápido de la euforia a la depresión. Tendemos a vivir no en el Chile real, sino en el estado de ánimo que construimos con respecto al país que habitamos. Y esto es de vieja data: basta con pensar en que en un momento nos sentirnos los jaguares de la región y después necesitamos campanas como “Piensa positivo”. Transitamos de la euforia de sentirnos los number one del universo a estar a punto de arrojar todo el país y sus instituciones por la borda, y al rato volvemos a comernos el universo. Estoy convencido de que nos falta un punto de equilibrio como nación, es algo que dice relación con nuestra identidad y nuestra seguridad en nosotros mismos.

Panaderías y paraísos

-El personaje del panadero defiende una y otra vez la libertad, la posibilidad de no ser un asalariado. ¿Es una especie de “emprendedor” proletario?
-Rufino, el panadero que es un viejo amigo de Allende y que termina siendo su cocinero presidencial, lamenta que el desabastecimiento bajo el gobierno de su amigo frustre su sueño de ser su propio patrón. Como millares de chilenos que se enorgullecen de no tener patrón, porque creen y aman su propia pequeña iniciativa, Rufino estima a su amigo y patrón transitorio, pero sueña con volver a ser pequeño panadero independiente, y teme que el triunfo del modelo económico de su amigo de juventud liquide definitivamente su sueño privado. Rufino acompaña al Presidente Allende en su gira por Cuba y la Unión Soviética, y allí se da cuenta que no hay espacio en esos modelos para su oficio independiente, que lo define como ser humano. No sé si eso lo convierte en un emprendedor proletario, aunque el término me parece bien creativo.

-¿Cuál es el sentido de los capítulos del piloto que atacara La Moneda?
-Según mis investigaciones y el sentido común, a ningún piloto de guerra lo adiestran para bombardear el espacio gubernamental del país al que sirve. Mi novela, y esa es la fuerza de la ficción, me permite explorar en los sentimientos de quienes el 11 de septiembre de 1973 se encontraron con el orden de atacar La Moneda. Mi novela explora esas circunstancias humanas que no conocemos en detalle, pero que tienen que hacer ocurrido. Allí esta la fuerza de la literatura, indaga mundos posibles con verosimilitud, haciendo plausible lo fantasioso.

-¿Considera usted que los grandes de este país no son de Santiago?
-Los grandes de este país son los grandes con independencia de donde vengan…

-¿Es un homenaje a México a porque existe una “traducción” (por el ex espía) que Pinochet saborea una tostada con “aguacate”?
-Vivo desde 1973 más bien fuera de Chile, y créame que en el mundo se usa más la palabra aguacate que palta para referirse a ese manjar originario de los mayas.

-¿Piensa que no hay otras paraísos que los paraísos perdidos?
-Desde el momento en que un líder o un partido político declaran que su pueblo esta construyendo el paraíso, ese pueblo comienza a construir su pesadilla. El horizonte más bello es el que no se alcanza nunca, pero nos inspira desde la distancia y la deliciosa vaguedad. En cuanto el poder político lo codifica e incorpora por decreto en nuestras vidas perdemos nuestra libertad.

Articulo: http://www.mer.cl 25/03/2012

Pedro Pablo GUERRERO/ La odisea de Miguel CASTILLO DIDIER


TRADUCTOR CHILENO: Orden al Mérito Pablo Neruda
La odisea de Miguel CASTILLO DIDIER
Por Pedro Pablo GUERRERO

En una habitación al fondo de una casa de sinuosos pasillos en la calle San Francisco, en el mismo sitio donde alguna vez funciono el “Colejio Rosa del Sagrado Corazón para Señoritas”, que dirigía su bisabuela materna, esta sentado el profesor Miguel Castillo Didier.

Junto al órgano de tubos con el que pago la viuda de Kazantzakis su traducción de la “Odisea”, hay un piano vertical, un armonio, un clavicordio y un clavecín, pequeños bustos de Beethoven y Wagner, un retrato de Bach y muchas fotos familiares, entre las que destaca la de Jorge, su hermano sacerdote, fallecido hace diez años, el mayor de los siete hermanos Castillo Didier.

“Nuestros hermano-papa”, lo llama Miguel Castillo. “Él enseño también griego y latín. Los jesuitas en ese tiempo estudiaban mucho. Fueron campeones de los estudios clásicos. Ahora han dejado el latín y el griego; estudian inglés.

Miguel Castillo nació en una familia de cultura humanista. Su madre tocaba el piano y cantaba en casa. Su padre, profesor de filosofía, era un gran lector, aficionado a estudiar idiomas. El les transmitió a todos sus hijos el gusto por los libros. Fue también la persona que, a mediados de los años 50, puso en sus manos un volumen que no iba a olvidar nunca: la primera traducción al español de “Cristo de nuevo crucificado”, de Nikos Kazantzakis. Miguel Castillo ya estudiaba Pedagogía en Castellano y se había iniciado en el aprendizaje del griego clásico, en los cursos libres que dictaba el profesor Fotios Malleros en Universidad de Chile. Con los años Castillo llegaría a ser director del Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos que lleva el nombre de su maestro.

De Kavafis oyó hablar por primera vez en la conferencia sobre poesía neohelénica que dicto en Santiago Jorge Razís, un funcionario del consulado de Grecia en Valparaíso. Razís leyó sus traducciones de tres poemas de Kavafis. Deslumbrado, Castillo le pidió mas textos, pero estaban en griego moderno, idioma que no dominada. Fue entonces cuando se decidió a aprenderlo, para decepción del profesor Malleros, quien tenia la esperanza de verlo convertido en un filólogo de griego clásico. Sus primeras traducciones fueron poemas de Odiseo Elytis –pioneras en español- y de tres autores neohelénicos –Seferis, Kavafis, Palamas- que coloco en el diario mural de Escuela de Leyes de la Universalidad de Chile, donde estudiaba Derecho en forma paralela.

Miguel Castillo nunca se recibió de abogado, pero ha llegado a ser, según los entendidos, el mejor traductor al español de Kavafis y Kazantzakis y uno de los mayores helenistas del mundo, reconocido dos veces por el Gobierno de Grecia. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua, traductor de la poesía completa de Constantino Kavafis (Tajamar Editores), y autor de una biografía sobre el poeta alejandrino que se publicara este año, el profesor Miguel Castillo se apresta a recibir este martes, a las 19:00 horas, la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda Luciano Cruz-Coke.

“Cuando me pregunto el porqué de este reconocimiento, llego a la conclusión de este lo que he hecho es aprender la vida entera, y ensenar la vida para compartir lo que uno ha recibido. En el aula he tenido maestros maravillosos. Desde el Colegio Hispanoamericano, tanto sacerdotes como laicos. Después en el Pedagógico, para qué decir: Ricardo Latcham, Eleazar Huerta, Ambrosio Rabanales, el doctor Rodolfo Oroz. Grandes, grandes. Y en la Escuela de Leyes. Álvaro Bunster, un profesor extraordinario, y Jaime Eyzaguirre, Alamiro de Ávila… En el conservatorio también fueron muy buenos mis profesores, así que he tenido esa gran suerte. He tratado de aprender de todos. De mi familia, de todos los profesores, los colegas, de mis alumnos; ¡uno aprende tanto de los alumnos!”

-¿Ensenar y traducir son vocaciones indisociables?
-“Claro, y de hecho yo he estado traduciendo siempre para alumnos, porque he traducido bastante mas de lo que se ha publicado. Poetas posclásicos, helenísticos, que son menos conocidos. Lo he hecho sin mayores pretensiones, no ya para publicar ni para organizar: así que han estado la traducción y la investigación totalmente enlazadas con la docencia”.

-¿Cuál de sus traducciones es la que mas lo satisface?
-“Es casi imposible responder eso. Pasa mas o menos lo que pasa cuando a uno le preguntan por su músico preferido. Al final cada uno entrega una forma de belleza, todos con su personalidad distinta, pero igual de conmovedora. Con los poetas ocurre algo parecido. Es imposible que Kavafis y Kazantzakis no aparezcan como los cumbres, pero son distintos y las dificultades también son muy diferentes”.

-¿Cuál es la obra que mas le ha costado?
-“La «Odisea» de Kazantzakis, sin duda, fue la mas dificultosa. Si no hubiera tenido la ayuda por carta de la viuda, yo creo que nunca hubiera terminado. Fueron seis años de trabajo. Kazantzakis utiliza elementos lingüísticos, dialectales muy amplios del griego moderno, sobre todo de Creta, y muchísimas palabras que él mismo formo y que no estaban en ningún diccionario. Además, no había diccionarios de griego moderno-castellano hasta hace recién tres o cuatro años, así que había que batirse con textos ingleses y franceses. Lo otro es la inmensidad y la complejidad de lo que va ocurriendo: hay tal cantidad de sueños, de cantos, de historias dentro de otras historias, que hay momentos en que uno esta medio perdido”.

-Se ha dicho que traducir es como interpretar una pieza musical. Usted que sabe hacer ambas cosas, ¿lo ve así?
-“No me parece mal la comparación. En el caso de la música hay una parte básica, que es técnica: hay que leer las notas tal como están puestas, el ritmo, la velocidad. Todo eso es un aspecto que podríamos llamar mecano. Lo que viene después es la interpretación. Ahí verdaderamente uno tiene que tratar de ponerse en la mente del artista, del creador: como interpretaba él, con los medios que tenia, lo que esta escrito. En la traducción también hay una parte básica, que es saber bien el significado de todas las palabras, pero en seguida viene un problema que ya esta en otro nivel: los medios expresivos de cada lengua son distintos, en algunos casos muy distintos. Uno tiene que pensar la manera en que quiso un poeta expresar algo, con los medios que tenia en su lengua. Yo debo tratar de imitarla y buscar los medios mas aproximados que mi lengua tiene”.

-¿Hay contactos entre la poesía chilena y la poesía griega moderna?
-“Es una pregunta para especialistas de la literatura, sin embargo hay algunos síntomas. Se hizo en Grecia hace unos diez anos, un tomo con poemas que ellos llamaron Kavafoyení; o sea, nacidos de Kavafis, que de alguna forma tienen su punto de origen en un verso, poema o idea del autor. Mandaron preguntar a varios países. Resulto que entre los alumnos que yo tuve, Alejandro Zambra presento un poema. Otro alumno Kurt Folch, lo mismo. Y así se fueron juntando siete autores chilenos, dos de ellos mujeres, que habían escrito poemas con algún motivo kavafiano. Me parece que todos esos jóvenes han seguido admirando y leyendo a Kavafis”.

-¿Percibe en Kavafis un afinidad con Parra o Neruda?
-“Con ninguno de los dos. Quizás con Parra en cuanto al uso de la lengua coloquial, pero no al de la ironía al grado en que la ha utilizado Nicanor Parra. En cambio, hay un poeta que desgraciadamente es menos conocido, Yanis Risos, que si tiene muchas semejanzas con Neruda en cuanto a la inmensidad de su obra, verdaderamente oceánica, y eso es lo que dificulta, precisamente, la traducción y el ser difundido. Él también fue una persona de izquierda. Durante la dictadura de los coloneles estuvo relegado en la isla de Samos y durante la guerra civil estuvo en un campo de concentración. Si su obra fuera más traducida habría estudiosos que harían la comparación. Es como el Neruda de la lengua griega”.

-“Nunca faltan las personas que dicen que los estudios antiguos no sirven para nada”, afirmo usted hace unos años. ¿Todavía se encuentra con estas opiniones?
-“Si, mas de alguna persona lo dice a veces, y no hay mucho que responderle. Si realmente lo siente así, casi hay que compadecerla. El hecho de que en el Centro Fotios Malleros tengamos todos los anos entre 20 y 27 alumnos, muy buenos, que vienen con sacrificio después de una jordana de trabajo o de estudio, el solo hecho de que haya jóvenes que tengan ese interés y se acerquen al mundo griego antiguo, indica que esa literatura responde al sentimiento y a inquietudes de esta época. Yo, mientras mas enseño, mas me convenzo de que Homero, los trágicos, son absolutamente actuales, nos dicen tanto, nos hacen reflexionar tanto, que es evidente que no van a pasar nunca. Por supuesto que en una sociedad como la actual, con este modo de vivir tan apresurado, tan urgido, y tan terriblemente presionado por el consumismo y esta propaganda inmensa que llega por todos lados, es evidente que no puede ser una afición mayoritaria; eso es imposible. Además, los medios en Chile y América Latina no contribuyen para nada”.

-¿Es partidario de que se repongan las lengas clásicas en la enseñanza media?
-“Eso realmente ya es casi imposible. Pienso que fue una gran perdida la supresión del latín, que se complico con las controversias entre la Iglesia, el anticlericalismo y el laicismo. Desgraciadamente fue así, pero a estas alturas, después de casi un siglo y medio, es muy difícil reponer las lenguas clásicas, porque cada vez los niños tienen que estudiar mas cosas. Hay una imagen física de ese recargo: las mochilas. ¡Cuantos kilos cargan los pobres niños! Es difícil que algún colegio pueda reponer las lenguas clásicas. Tendría que suprimir algo, acomodar horas. En Venezuela, en el tiempo que yo estaba, había algunos colegios que enseñaban latín”.

Destierro en Venezuela

-¿Por qué usted se exilio en Venezuela trece años?
-“Tuvimos que salir de Chile por fuerza después de que mi esposa estuvo en manos de la DINA. No sé por cuantos milagros –y según las personas creyentes, fueron varios- ella fue una de las sobrevivientes de Villa Grimaldi. La tomaron detenida el 23 de julio de 1976. Yo no volví más a la universidad desde ese día, hasta quince años después. Ahí comienzo la odisea de arrancar, y luego de esconderse cuando la soltaron. Caímos en Venezuela por circunstancias increíbles. Una de mis hermanas, en su desesperación, fue a la embajada de ese país. A los tres años del golpe ya no se asilaba a nadie, y entonces la recibió el segundo funcionario en jerarquía. «Mi hermano es profesor, ha traducido a autores griegos, como Kazantzakis», le dice mi hermana. El señor va a un estante, toma la edición de la «Odisea», que recién había llegado de España, y le responde: «Yo soy un gran admirador de Kazantzakis, y voy a sacar a la familia aunque me cueste el puesto»”.

-¿Cómo llego a hacer el catalogo de órganos de las iglesias de Venezuela?
-“Allá estuve un año entero sin trabajo ese tiempo nos ayudaron dos griegos: un señor que tenia un cafecito, y otro que tenia un bazar. Nosotros no teníamos nada. Un día, desesperado porque no podía seguir recibiendo plato para comer, fui al Palacio de Miraflores, en Caracas. Pedí una entrevista con el historiador José Luis Salcedo-Bastardo, que era ministro asesor de Cultura del Presidente Carlos Andrés Pérez. Le pregunté si me podía ayudar a conseguir trabajo. Tomo el teléfono y empezó a llamar. Le había gustado mi idea de catalogar los órganos de las iglesias que yo había estado mirando y eran muy valiosos. Me hicieron un contrato, y después ingresé al Instituto Latinoamericano de Investigaciones y Estudios Musicales Vicente Emilio Sojo. Me dieron una credencial para ir a las iglesias, que nunca necesité. Llegaba, hablaba con el párroco, y él me decía: «mira, chico, no sé lo que hay adentro, tu encarámate y ve». Otro mundo, ¡una espontaneidad! Aquí le diré que hacer el catalogo de los órganos de Santiago me costo muchísimo, por la desconfianza que había”.

Reivindicación a Francisco de Miranda

Durante su exilio, Miguel Castillo se intereso en la figura del intelectual y patriota venezolano Francisco de Miranda (1750-1816). El ano pasado publico el libro “Miranda escritor” (Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile/Asociación Internacional Andrés Bello), con el objeto de reivindicar en nuestro medio la figura de Miranda, destacando su faceta de helenista y su relación con el Abate Molina, Bernardo O’Higgins y Andrés Bello.

“La ignorancia sobre Miranda es fomentada, en parte, por el culto a Bolívar, que ha sido arrasador. Muchos siguen repitiendo que entrego Venezuela y que capitulo frente a los españoles, cuando fue el Gobierno venezolano et que, por unanimidad, trato de salvar la situación cuando ya era insostenible. Lo dicen grandes historiadores como Tomas Polanco, José Luis Salcedo-Bastardo y Caracciolo Parra-Pérez, que desgraciadamente no son leídos. Incluso personas tan serias como Iván Jaksic, que tiene ese libro magnifico sobre Andrés Bello, tranquilamente afirma que Miranda capitulo y fue derrotado”.

Miguel Castillo hace notar que en Chile no hay un monumento al héroe venezolano. “Solo existe un busto de Chillan, y había otro en la Universidad de la Republica. No sé qué fue de él. Los masones reivindican a Miranda como masón y la verdad es que no hay elemento documental alguno que permita afirmar que lo fuera. Su gran mérito esta en la lucha por la libertad y los derechos humanos tanto en Francia como en America”, sostiene.

Articulo: http://www.mer.cl 25/03/2012

Vive la Pepa, a los 200 años


Vive la Pepa, a los 200 años

El día de San José se cumplen 200 años de la promulgación en Cádiz de la primera Constitución española

Morales Moya, Sosa Wagner y Carlos Malamud celebran la Constitución de 1812, un grito de libertad en nuestra historia

Traducidos con rapidez a las principales lenguas, adaptados, casi calcados, en Italia, Portugal, América, los 384 artículos del primer texto constitucional español, discutidos y redactados en la Cádiz asediada por la artillería francesa,ejercieron un poderoso y pertinaz influjo en la historia de España y del mundo. Aquellas Cortes gaditanas, aquel milagro de soberanía que el caos de la invasión napoleónica abrió en una esquina de Europa en 1810, concluyeron el 19 de marzo de 1812, día de San José, su titánica tarea al promulgar nuestra primera Constitución, tan ambiciosa en libertades como adalid de igualdades. Y pudo entonces gritarse “¡Viva la Pepa!”. 

En El Cultural conmemoramos su bicentenario con los análisis de los historiadores Antonio Morales Moya, que celebra la efusión de soberanía de aquellos días pero también advierte contra la asimilación del país por la causa liberal; Francisco Sosa Wagner, que disecciona con precisión el articulado, sobre todo en lo que respecta a la organización territorial del Estado, y Carlos Malamud, que se ocupa del ascendiente de la Pepa sobre la ya muy inquieta América española. Y conocemos a algunos protagonistas de aquellos febriles días.

La nación soberana
Por Antonio MORALES MOYA  

El historiador celebra la efusión de soberanía de aquellos días pero también advierte contra la asimilación del país por la causa liberal
  
Las Cortes de Cádiz consumarán la revolución liberal española. Una revolución que supondría, junto a la construcción de un nuevo régimen o sistema político -soberanía de la nación frente a la del monarca, derechos de los ciudadanos como fundamento y finalidad del orden estatal y límite a su acción, división de poderes y principio de legalidad-, la configuración, frente al viejo orden estamental, de un nuevo tipo de sociedad, a través de una serie de medidas legales, lógicamente articuladas, que subvierten los fundamentos de la sociedad tradicional. 

El 19 de marzo fue la fecha escogida: “debiendo el día de la promulgación del Código Constitucional hacer época en los fastos de la nación” al ser aniversario del que “por la espontánea renuncia de Carlos IV subió al trono de las España su hijo el rey amado de todos los españoles Don Fernando VII de Borbón, y cayó para siempre el régimen arbitrario del anterior Gobierno, abriendo un largo campo a las esperanzas de la Nación y a los heroycos hechos de su lealtad y patriotismo”. La Constitución de 19 de marzo de 1812, replica liberal y patriótica del Estatuto de Bayona, siquiera se vea influida decisivamente por el iusnaturalismo racionalista y el pensamiento constitucional anglofrancés, constará de diez títulos y trescientos ochenta y cuatro artículos y alumbra, como se ha dicho, una nueva organización política, fundada en un conjunto de principios revolucionarios, rigurosamente opuestos a los que estructuraban el Estado del absolutismo y, a su frente, el de la soberanía de la Nación. 

El principio de la soberanía nacional, formulado primeramente en el Decreto de 24 de septiembre de 1810, se recoge en el art. 3 de la Constitución: “la soberanía reside esencialmente en la Nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales”. La Nación, “reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” (art.1°) es “libre e independiente y no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona” (art. 2°) y “está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen” (art. 4°). De acuerdo con el criterio del grupo liberal de las Cortes, la Nación se concibe como ente ideal, carente de realidad empírica, mero sujeto de imputación del poder. En la Nación recae la soberanía -facultad originaria, permanente, indivisible, inalienable e ilimitada- sin que el Monarca, las leyes fundamentales o las propias Cortes puedan restringirla, correspondiéndole en plenitud al poder constituyente. 

Mas el carácter ilimitado de la soberanía de la Nación sólo podía compatibilizarse con un Estado de Derecho distinguiendo entre la titularidad de la misma y su ejercicio delegado que corresponde a los distintos órganos -el supremo, las Cortes- del Estado. Sistema representativo, división de poderes y, en consecuencia, derechos individuales asegurados, configuran de esta forma el Estado constitucional. El texto del 19 de marzo de 1812 se conforma, pues, con el clásico modelo liberal de Constitución. 
Finalmente, el principio de soberanía nacional no era, en plena guerra de la Independencia, un mero concepto doctrinal impuesto por una minoría radicalizada, sino el reconocimiento “de un hecho palmario: el levantamiento espontáneo del pueblo español [...]. 

De seguir siendo rigurosamente monárquico, habría que reconocer como Rey de España a José Bonaparte” (Luis Díez del Corral). Concluye, por tanto, el poder absoluto de un monarca, sometido ahora a una Constitución que debe jurar guardar y hacer guardar al acceder al trono (art. 173). Una última consideración: el primer liberalismo español fue revolucionario, radical no democrático, capaz de mostrarse a la altura de unas circunstancias difíciles, defendiendo la libertad tanto frente a la invasión francesa como frente a los “serviles” (Varela Suanzes-Carpegna). Su influyo en el constitucionalismo español del siglo XIX fue escaso, por su inadecuación a la realidad política, notable, sin embargo, su expansión por Europa e Hispanoamérica, y siempre una referencia para los demócratas españoles. Mas su merecida conmemoración no debería llevar al error en que se está cayendo: identificar la nación española con la nación liberal soberana que nace en Cádiz. Quizás sólo en España disputemos por rebajar la densidad histórica de nuestra nación. 

Los orígenes medievales de la Nación española son plausibles, su existencia en los siglos XVI y XVII indudable y en el siglo XVIII, el reformado Estado español dará un fuerte impulso a la “nacionalización” del país centralizando, uniformizando, racionalizando las estructuras política-administrativas, las leyes, las costumbres, los lugares, en fin la geografía y la historia, puestas al servicio de una conciencia nacional. Ni en 1808 ni en 1812, nace, por tanto, la Nación española mas sí es el momento en que la vieja Nación, fortalecida en la centuria anterior y desaparecido el Estado, se manifiesta en toda su fuerza. 

***
Cádiz contada por los vientos
Por Francisco SOSA WAGNER 

Sosa Wagner disecciona con precisión el articulado, sobre todo en lo que respecta a la organización territorial del Estado

Si Cádiz tiene hoy el honor de haber sido el escenario donde se representa la primera escena de la revolución liberal es porque fueron los suaves vientos atlánticos de la bahía, aires que revuelan y alborotan, los encargados por la Historia de aventar las miasmas del Antiguo Régimen. 

Esos vientos nos trajeron el Estado que todavía hoy conocemos, y nos dejaron, como niños recién nacidos, a los municipios y a las provincias, y depositaron entre nosotros el humus de la centralización administrativa sin cuyos instrumentos no hubiera sido posible empezar el desescombro de las estructuras políticas y administrativas del pasado. 

Ni hubiéramos podido concebir la división de poderes pues fue entonces cuando comenzamos a balbucir la distinción entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial, aún hoy santo y seña de un régimen constitucional digno. Al primero correspondía -nos explicarán los tratadistas de la época- tomar las medidas generales acomodadas a todo el país y al segundo toca actuar por medidas particulares. De la misma manera que la legislación ha de encargarse a muchas personas mientras que la ejecución es asunto de pocos, cuantos menos, mejor. Los legisladores se deben reunir de forma intermitente pero el poder ejecutivo debe actuar sin descanso. El judicial por su parte tiene, en estos momentos natalicios, sus funciones limitadas a dirimir las contiendas entre los particulares y castigar los delitos ya que en la mente de los constituyentes gaditanos solo existen las jurisdicciones civil y criminal. Habrán de pasar algunos años para que veamos empinarse en su cuna lo que acabaría siendo la jurisdicción contencioso-administrativa, especializada en las contiendas entre los particulares y la Administración. Nuestro modelo -adoptado por los moderados- será el francés con el Consejo de Estado como centro. 

Estos vientos gaditanos serán especialmente inclementes con las estructuras territoriales que habían llegado hasta finales del siglo XVIII y a las que era preciso poner cerco pues que en ellas anidaban los restos de los viejos poderes señoriales y feudales, cuya destrucción era justamente la tarjeta de visita con la que se presentaba en el nuevo siglo el pensamiento liberal. 

Y así la nueva distribución del mapa municipal se monta sobre la supresión de las divisiones del Antiguo Régimen y de la desaparición de los señoríos, desmantelados por un Decreto anterior a las propias Cortes -de 6 de junio de 1811- y que deja reducido el poder del señor al de propietario de las tierras (produciéndose el paso, como se ha escrito, del señor al señorito). 

Otro de los objetivos revolucionarios fue la creación homogénea del escalón provincial, dirigido contra la heterogeneidad de la división del espacio durante el Antiguo Régimen. Tras varios proyectos -de 1813, 1821, 1822- resultó como definitiva la de 1833, formulada por Javier de Burgos, todavía hoy vigente. 

Esos mismos vientos nos traen la representatividad en los escalones municipal y provincial. Aunque montada sobre bases censitarias, supone la supresión del régimen de la perpetuidad de oficios y de los privilegios de la nobleza. Los municipios se componen de vecinos iguales ante la ley, que eligen a los alcaldes y regidores en elección de dos grados; los cargos son gratuitos, se renuevan cada año los alcaldes y la mitad de los concejales. En el ámbito provincial, a la supresión de corregidores y alcaldes mayores, sigue la creación de la figura del jefe político, nombrado por el Gobierno como máxima autoridad en la provincia, sin perjuicio de la creación simultánea de un órgano parcialmente electivo, la Diputación, a la que se encarga el fomento de los intereses provinciales. 

Las competencias que se atribuyen a los Ayuntamientos son, entre otras, las relacionadas con la administración de bienes de propios y los arbitrios, los establecimientos de beneficencia y primera enseñanza, la construcción y reparación de caminos y obras públicas, la vigilancia y explotación de los montes... La necesidad centralizadora de incorporar las tareas municipales a la acción general del Estado se consigue poniendo a los Ayuntamientos bajo la supervisión de la Diputación Provincial, que es presidida por el jefe político. Asume funciones de fomento y la aprobación del reparto de las contribuciones generales entre los pueblos de la provincia. 

Toda esta reforma hay que entenderla en el marco de la situación económica de penuria que viven los nuevos municipios debida a causas variadas, entre ellas su número excesivo (más de ocho mil ¡que aún hoy subsisten!) y el consiguiente fraccionamiento de su patrimonio. El telón de fondo es el empobrecimiento general del país, fruto amargo de la guerra contra Napoleón, que obliga a las ventas de bienes de propios, autorizadas por las Cortes. 

En relación con la Iglesia, aunque se declara la religión católica como “la propia de la Nación española”, se suprimió el Santo Oficio y se reformaron las órdenes religiosas. De otro lado, se sabía, desde los ilustrados del siglo anterior (y aun desde los novatores), que la única medida útil para salvar la deuda nacional (¿suena este asunto en nuestros días?) y poner en circulación bienes estancados era la venta de bienes nacionales y por ello en septiembre de 1813 se encarga a una Junta la venta de tales bienes, es decir, los confiscados a traidores, los pertenecientes a conventos y monasterios, fincas de la Corona, la mitad de baldíos y realengos ... Lástima que el suave viento gaditano se convirtiera en un huracán cuando Fernando VII se sentó en el trono. Con él todo el esfuerzo revolucionario se derrumba chorreando sangre, “triunfando en fin la Religión de ese monstruo horrendo de la impiedad” en palabras de un fogoso predicador. 

La Constitución fue abolida dejando una sombra de esqueletos. Pero quedará como bandera y nuevos vientos la agitarán siendo su mástil faro de las mejores quimeras. 

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De Cádiz a América, libertad contagiosa
Por Carlos MALAMUD

Carlos Malamud se ocupa del ascendiente de la Pepa sobre la ya muy inquieta América española

El artículo 1° de la Constitución de 1812 señala que “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Con este solo enunciado se comenzaba a modificar radicalmente el entramado institucional del imperio americano, al situar en pie de igualdad a la metrópoli y sus colonias. Es más, los territorios americanos dejaban de ser colonias para convertirse en provincias, con iguales derechos que las peninsulares. Pese a todo, la duda que permanece es si esos gestos fueron, o hubieran sido, suficientes para acabar con una relación colonial de más de tres siglos. 

De todos modos, las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 tuvieron un gran impacto en América, no sólo allí donde se aplicó la Pepa (comenzando por los virreinatos de Perú y Nueva España), sino también donde la evolución de la emancipación hizo que ésta nunca se aplicara, como el Río de la Plata. Su impronta se observa en la expansión de las libertades, en los posteriores textos constitucionales, en la construcción de la ciudadanía y los sistemas democráticos y en el desarrollo del liberalismo. 

Más allá de lo recogido en la Constitución y del peso que América tuvo en las discusiones parlamentarias, éste no fue un tema sencillo ni fácil de resolver. Había muchas cuestiones en juego, comenzando por la definición de soberanía y de nación, continuando por el papel de la monarquía y los derechos del monarca (especialmente sobre los territorios americanos) y terminando en el conjunto de instituciones que debía ser el eje del nuevo país que se quería construir. Desde esta perspectiva, la labor de los diputados americanos fue ardua y compleja, ya que no constituían un todo homogéneo, ni ideológica ni regionalmente (representaban territorios con intereses contradictorios) y, además, los diputados peninsulares no habían alcanzado un consenso sobre el papel de América en la nación española. 

Se ha insistido en que los representantes americanos expresaban los intereses criollos y que las independencias, o revoluciones políticas que las acompañaron, fueron impulsadas por los criollos. Al margen de ser una cuestión más compleja, que admite en ambos bandos la participación de peninsulares e indígenas, amen de negros y extranjeros, los intereses de los criollos de Buenos Aires, Caracas o Santiago poco tenían que ver con los de Lima o México. A esto se agrega el tratamiento de la cuestión indígena en las Cortes y sus repercusiones posteriores, ya que al presentarse la independencia como un fenómeno criollo, por defecto se está excluyendo a los indígenas. Una de las consecuencias más visibles en México fue la creación de centenares de ayuntamientos constitucionales por parte de los indígenas, un tema muy bien documentado por Antonio Annino. 

Un caso interesante es el de Dionisio Inca Yupanqui, representante peruano de origen indígena, activo en las dos primeras legislaturas.Nacido en Lima y educado en el colegio de Nobles de Madrid, Yupanqui defendió los derechos indígenas y la igualdad de representación para “todos los hombres libres”, incluyendo negros, indígenas y mestizos, un pedido que, según sus palabras, “escandalizó el Congreso”. En una discusión reclamando derechos para los indios y mejoras de su situación social, acusó a las Cortes de desconocer lo que ocurría en América (“La mayor parte de sus diputados y de la nación apenas tiene noticia de ese dilatado continente”), y fue mucho más allá al señalar que: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”. 

Si bien los liberales de ambos continentes se cobijaron bajo la misma definición, no defendían intereses similares. Es insostenible decir que los liberales españoles se alegraron en su día de la independencia americana por estar en contra del absolutismo de Fernando VII. Al igual que en Gran Bretaña, Francia o Portugal, los liberales españoles eran tanto o más colonialistas que los conservadores. Por eso, pese a igualar en derechos a los españoles de ambos hemisferios o declarar que no había más colonias, no se acabó con el imperio. Desde 1811 los liberales peninsulares se propusieron la recuperación por las armas de las colonias más díscolas. Si bien en Cádiz se intentó desmontar el tributo, la encomienda, la mita, el reparto y las matrículas de mar, o abolir el tráfico de esclavos, no sabemos cuál hubiera sido el final de la historia de haber sobrevivido el imperio. Un punto de fricción entre americanos y peninsulares fue la sobrerrepresentación de estos últimos, pese a que el decreto de la Junta Central del 22 de mayo de 1809 que convocaba a Cortes reafirmaba la igualdad de la América española con su metrópoli. En la sesión inaugural de las Cortes de Cádiz participó casi un centenar de diputados, y sólo 29 en la representación americana. Todos, menos el puertorriqueño Ramón Power, eran suplentes. La idea de elegir suplentes, que ocuparían sus escaños hasta la llegada de los electos, permitió una aceptable presencia americana. Para seleccionarlos se acudió a americanos de nacimiento residentes en las provincias peninsulares no ocupadas por los franceses. 

La discusión sobre la soberanía nacional fue una de las grandes contradicciones entre americanos y peninsulares. Según Manuel Chust, las Cortes proyectaron “todo un planteamiento autonomista hispano al considerar los territorios americanos como parte integrante de la monarquía en igualdad de derechos”. Desde esta perspectiva cambió el concepto de soberanía, que dejó de ser la del rey para convertirse en soberanía nacional. En lo que a América respecta, un motivo de la oposición regia a la Constitución es que le privaba de sus territorios y súbditos. 

Mientras la mayor parte de los liberales peninsulares abogaban por un estado monárquico y centralista, los americanos pensaban en una soberanía divisible y compartida. De ahí la importancia atribuida a instituciones constitucionales, como las diputaciones provinciales, que podían representar a provincias y ciudades junto al estado nacional. La cuestión de fondo era asimilar la pertenencia o la identidad españolas a las americanas. Para los diputados ultramarinos, como el novohispano José Miguel Ramos de Arizpe, las provincias debían ser la base del autonomismo económico y de la soberanía política. Abogaban por tres niveles de soberanía: municipal, provincial y nacional. 

Otro problema fue la división territorial. Inicialmente se pensó en 19 territorios peninsulares y sólo 15 en las extensas posesiones americanas. La protesta de los representantes americanos pospuso la solución hasta la resolución de las crisis a ambos lados del Atlántico. La situación se agravó al privarse de la ciudadanía, y del voto, a las castas. En tanto el sufragio era proporcional se reducía el padrón electoral en 5 o 6 millones y se garantizaba, al menos, un número equiparable en los electos peninsulares y americanos. 

América y los diputados americanos jugaron un papel central en las cortes, tal como queda reflejado en la Constitución. Gracias a ello la lucha por las libertades en lo que había sido el imperio español conoció un impulso determinante. Sin embargo, no se trató de un camino fácil. Eran muchos los intereses en juego y los actores afectados como para no sentir las múltiples influencias contradictorias. Ahora bien, pese a todas las dificultades, la Constitución de 1812 permitió que en la América española se comenzara a hablar de democracia y ciudadanía, se comenzara a votar y se establecieran regímenes republicanos de gobierno mucho antes que en otras vastas partes del planeta. 

***
Doceañistas memorables
Algunos protagonistas de aquellos febriles días

Los protagonistas de la Pepa fueron sin duda aquellos memorables doceañistas que confluyeron en Cádiz desde toda España y Ultramar. Diputados liberales comoAgustín de Argüelles (1776 - 1844), de sobrenombre El divino ganado a golpe de oratoria, electo por Oviedo, redactor en primera persona de la Constitución, donde abogó con vehemencia por la abolición de la esclavitud y el fin de la tortura (entonces llamada “tormento”). 

O como el muy erudito sacerdote, y enemigo de la Inquisición, el extremeñoDiego Muñoz Torrero (1761 - 1829). El mismo día de inicio de las Cortes, el 24 de septiembre de 1810, juró el cargo como diputado y pronunció tal vez el discurso más importante del periodo constituyente gaditano, el que sentó las bases de la futura Pepa, modelada en torno a la siguiente afirmación irrevocable: “los diputados aquí presentes encarnamos a los únicos y legítimos representantes de la Nación, cuyo soberano es Fernando VII”. 

No menos brillaron moderados como el guipuzcoano Miguel Antonio Zumalacárregui (1773 - 1867), hermano de quien luego sería famoso general carlista, e hiperactivo diputado: secretario de las Cortes, presidente de turno de las mismas y miembro activo de numerosas comisiones, con un papel relevante en la redacción de la Constitución. Fue además defensor ante la bancada del general José Imaz, rendidor de Badajoz. 

Pero además de los diputados, por Cádiz se paseaban toda clase de personajes apasionados y excéntricos aquellos días de política y asedio. Como la periodista servil María Manuela López de Ulloa, llamada también Madame Leticia o La Española, beligerante defensora de la tradición desde sus colaboraciones en el periódico El Procurador General y muy atacada por la prensa liberal que la reprochaba, según ella, que fuera absolutista pero, sobre todo, mujer. 

Uno de los forasteros que más impresión causó en aquella Cádiz asediada fue el único diputado de ascendencia indígena de las Cortes, el peruano Dionisio Inca Yupanqui. Y es que aún resonaban los ecos de su celebradísimo discurso el 16 de diciembre de 1810 en el que, “como inca, indio y americano”, defendió la igualdad entre españoles y nativos del nuevo mundo porque “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”. 

Pero no todo era política, o no casi todo. Frasquita Larrea, nacida en la misma Cádiz en 1775, lectora de Shakespeare y Mary Wollstonecraft, de Kant y Descartes, abrió en pleno 1811 la más famosa tertulia literaria romántica de las Cortes, la cual, según testimonio de Alcalá Galiano, representaba al círculo de reunión realista de la ciudad, frente a la jerezana Margarita de Morla y Virués que acogería el activismo liberal en su propia tertulia. A finales de diciembre de ese año sale finalmente del país para reunirse con su marido y su familia en Alemania. 

Entre los parlamentarios llegados de Indias destacó así mismo el teniente de navíoRamón Power, representante de la Capitanía General de Puerto Rico, enemigo de la tiranía monárquica y del sistema colonial y único diputado americano propietario en la apertura de las Cortes Extraordinarias en 1810. 

La Pepa no habría hallado un feliz alumbramiento sin los militares heroicos que defendieron la ciudad del acecho de las tropas napoleónicas. Tal vez Diego de Alvear y Ponce de León fuera el más importante de todos ellos. Al mando de la artillería, se hizo cargo de la defensa de la localidad contando entre sus logros conseguir que la flota francesa de Rosilly, internada en la bahía de Cádiz hasta entonces (apenas mes y medio antes Francia era aliada) se rindiese en Junio de 1808. Amén de reorganizar las milicias de Cádiz con un cuerpo de dos mil voluntarios popularmente conocidos como los "Voluntarios distiguidos de Cádiz". 

En el día a día de aquellos tres años en los que, como tantas veces se ha contado, los sitiados, asistidos por mar por los ingleses, vivían mejor que los sitiadores, los gaditanos de a pie defendieron con sus propias pertenencias la villa, tal y como recoge un dietario de la época: “En la secretaría de gobierno de Cádiz, se ha recibido por parte del señor D. Antonio Sánchez, panadero de esta ciudad, un donativo de treinta pares de zapatos y catorce camisas de lienzo para las tropas del general Ballesteros”. 

Desde Valencia, donde le sorprendió el levantamiento contra Napoleón, José Canga Argüelles (1770-1842), marchó a Cádiz y allí, avalado por su prestigio como jurista, reorganizó las finanzas de un Estado al límite de la quiebra, fue nombrado secretario de Estado y del Despacho de Hacienda, se responsabilizó del primer presupuesto público de las Cortes y redactó catorce memorias económicas en apenas dos años. 

Collage de Jorge Galindo realizado para El Cultural con motivo del bicentenario de la Constitución de 1812

Articulo: http://www.elcultural.es 30/03/2012