dimanche 13 janvier 2013

Daniel FERMÍN/Adriano GONZALEZ: El escritor venezolano cumple hoy cinco años de muerto


El lenguaje de Adriano
El escritor venezolano cumple hoy cinco años de muerto
Por Daniel FERMÍN

Adriano González León le ganó la partida a la muerte y al olvido a través del lenguaje. Hace cinco años que el escritor venezolano (1931-2008) se quedó dormido para siempre mientras cumplía su ritual diario en un restaurante de Caracas. La literatura nacional recuerda a un autor cuya obra no se desvanece ni con el tiempo. 

El autor de País portátil fue mucho más que esa novela, que devolvió al país al panorama de letras internacionales. El trujillano fue un bardo que se hizo novelista. Basó su creación en el ejercicio del lenguaje. La estructura narrativa por encima de la simple anécdota. Su trabajo con la palabra está en sus cuentos, en sus novelas, en su poesía, en sus textos de géneros inclasificables que cada cierta ocasión recopiló. 

El sentimiento poético iba siempre por delante en su obra. Iba unido a su personalidad. "Creo que todo escritor, si no parte de la poesía, jamás podrá lograr nada importante. La poesía es la madre de los géneros, es la sustancia fundamental en la creación, hasta el punto de que hoy en día no establezco diferencia entre géneros", dijo el escritor en una de las tantas entrevistas que concedió. 

Tan importante era para Adriano González León el idioma que -recordó Óscar Marcano en una semblanza que publicó en Prodavinci en 2008- tenía un patrón para medir el valor de los textos que leía: "Hay un trabajo allí, pero al lenguaje le falta altivez", decía el también autor de Viejo (1995), una novela en la que cuenta mucho más el ritmo y el idioma que el propio argumento.

Hasta Gabriel García Márquez se refirió, en su momento, a ese libro del venezolano como la novela que a él (al Nobel) le hubiese gustado escribir. Un relato, publicado casi 30 años después de su primera obra extensa, sobre el paso del tiempo, sobre la memoria, que -decía el propio autor- se agota, se pierde en el silencio. 

La producción de Adriano González León sobrevive al olvido. Y eso que no fue un autor prolífico de obras. El valerano callaba si creía que no tenía nada bueno qué decir. "Parece que un escritor debiera publicar rigurosamente cada seis meses. Yo pienso que un escritor puede callar con legítimo derecho por el tiempo que quiera, no tiene la obligación de ser genio todos los días. Un libro es importante por razones que rebasan la publicidad", llegó a declarar al diario español El País. 

La discontinuidad de publicaciones hizo que el autor de Linaje de árboles no se considerara un escritor profesional. "Voy a la máquina cuando en verdad tengo una enorme tensión interior y necesito poner por escrito un poco de imágenes, de sueños, de fantasmas, de cosas que me han ocurrido en la existencia. Escribir una novela, un relato o poesía es el mismo esfuerzo que vivir". 

Quizás, también por eso, se dedicó a otras actividades: fue diplomático en varios países, profesor, promotor cultural. Siempre sin dejar de escribir. Una vez dijo que el personaje de su última novela no escribe para sobrevivir a su propia historia, sino para morirse. La escritura de Adriano González León -sus palabras, su lenguaje- le guardó un lugar en la memoria de la literatura. 

Articulo: http://www.eluniversal.com 12/01/2013