samedi 5 janvier 2013

Hugo BECCACECE/ Teoría literaria en la madrugada


Crónicas de la selva
Teoría literaria en la madrugada
Por Hugo Beccacece 

En una charla de esquina surge la figura de Borges como precursor involuntario de Manuel Puig y la integridad de Thomas Mann es evocada en un brindis de fin de año.

Esquina de Peña y Azcuénaga por la madrugada. Juan Ignacio Boido, el autor de El último joven, y Claudio Zeiger, el novelista de Redacciones perdidas, discutían de pie un hipotético mapa de la literatura argentina. Para los dos, en esa comarca todo cambió en el pasado, pero también en el futuro con la aparición de Borges. Esa conjetura no es una novedad. En cambio, sí fue una novedad lo que sugirió Boido en cierto momento. "Borges, con sus cuentos y ensayos, le devolvió prestigio a la novela de aventuras. Rescató a Stevenson y Kipling, a los que no se les daba toda la importancia debida, como grandes escritores. Y con eso, habilitó la maniobra de Manuel Puig que utilizó otros géneros menores: el folletín, la novela romántica, todo lo que es kitsch." Zeiger se sintió obligado a precisar: "Sí, claro, eso es cierto pero siempre que uno piense la literatura argentina como si se la contemplara desde la eternidad. Porque uno no se lo imagina a Puig consultando las obras de Borges para pedirle permiso y escribir La traición de Rita Hayworth o Boquitas pintadas ". Los dos se rieron. "No, claro -continuó Boido-, esa conjetura uno la hace como si tuviera la historia nacional toda terminada y viera los hilos ocultos que tejen la trama." Era curioso y, al mismo tiempo, apasionante ver cómo los dos amigos trazaban nuevos recorridos, algunos muy ingeniosos y acertados, entre los autores nacionales. Pero el modo en que lo hacían estaba marcado precisamente por el espíritu de Borges o de algún filósofo alemán de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Era como si un espíritu absoluto hubiera manejado a las criaturas de inquietudes literarias nacidas en el triángulo final de América Latina, a la manera de títeres o de peones en una partida de ajedrez.

En la conversación, tampoco estuvo ausente la relación entre Borges y Bioy Casares. "Era una amistad rara -dijo Boido-. Pensá que Borges detestaba la novela psicologista y Bioy, después de los primeros libros, después de La invención de Morel, hizo novelas psicologistas. ¿Qué hubiera dicho Borges del Borges, de Bioy? ¿Habría hablado como habló de saber que todas las noches, después de la comida que compartían con Silvina Ocampo, Adolfito iba a su escritorio y escribía todo lo que habían dicho? ¿Le habría pedido que no lo hiciera? ¿O acaso se lo imaginaba y no le importaba?" De pronto, surgió una tercera voz, hasta entonces muda, que sugirió: "Quizá sospechaba que Bioy lo hacía y hablaba como hablaba, como quien le dicta sus epigramas o su correspondencia a un secretario sin marcarle las comas; de ese modo, el secretario piensa que también él es autor de esas obras."

Noche de Año Nuevo en el jardín de Magdalena Ruiz Guiñazú. Un gran círculo de amigos charlaba alrededor de una mesa. Estaban, entre otros, Josefina Robirosa, Natalio Botana, Manuel Antín, Marta Bianchi, Carlos Gorostiza, Sergio Renán. Antín acababa de regresar del sur de Francia. "Estuve en Valence, a unos cien kilómetros de Lyon, no muy lejos de Aix-en-Provence. Es una región muy linda. Me instalé en esa zona porque mi hijo Juan está filmando allí y quería pasar un tiempo con él. Hace una película de animación. Empezó con ese proyecto en la Argentina, pero aquí es muy difícil concretar algo de ese aliento. Le llegó una propuesta para realizar la película en Francia y aceptó. Por ahora, se llama ?Dioses de lata', pero quizás el título cambie. Es una historia relacionada con la conquista de América. Los ?dioses de lata' son los conquistadores, a quienes los indios ven como divinidades armadas y protegidas por ?latas', es decir, las armaduras."

Josefina Robirosa estaba contenta porque había vendido una serie de pájaros colgantes, aquellos que exhibió hace unos meses en el Centro Cultural Recoleta, a un hotel de la calle Rodríguez Peña, cerca de Libertador. Los pájaros van a colgar de una especie de bóveda de vidrio en el lobby. "Ese motivo aéreo va a hacer que la gente mire hacia arriba y vea las aves recortadas contra el cielo, bajo esa espléndida cúpula transparente. Además, lo bueno es que por allí pasan extranjeros de todas partes del mundo, lo que va a permitir no sólo que mi obra se difunda, sino que también el arte argentino les despierte interés, curiosidad."

Sergio Renán y Natalio Botana charlaban sobre Thomas Mann. Natalio había visto hace poco la miniserie televisiva Los Buddenbrook . "La complejidad de ese libro hace imposible llevarlo al cine o a la televisión. Es la obra que mejor retrata lo que fue la burguesía del siglo XIX en Alemania. Hay pocas obras tan monumentales en la literatura." Después Botana y Renán pasaron a hablar del empeño que Mann puso para convertirse no sólo en un gran escritor sino además en un faro moral para Europa cuando el régimen del Tercer Reich se abatió sobre todo un continente. De allí, pasaron a evocar el período de la Ocupación y la lista de las figuras del mundo del espectáculo que fueron acusadas de colaboracionismo al término de la guerra: Maurice Chevalier, Arletty, Sacha Guitry, Jean Cocteau... "Siempre me interesó el período de la Ocupación y de la República de Vichy -dijo Renán-. Ahora estoy leyendo obras de Maurice Sachs, el autor de El Sabbat y La década de la ilusión. Me impresiona el cinismo, la inteligencia y el estilo con que escribe. Era un ser sin escrúpulos, brillante, pero absolutamente amoral. Fue colaboracionista, pero terminó en las celdas de la Gestapo por no querer delatar a un jesuita. Después los mismos nazis lo mataron. Parece un castigo pensado por un novelista.".

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 04/01/2013

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