dimanche 13 janvier 2013

José Antonio EXPÓSITO/Moderno pastor de la belleza y el infinito


UN GRAN HALLAZGO LITERARIO
Moderno pastor de la belleza y el infinito
Por José Antonio EXPÓSITO 

Juan Ramón Jiménez protagoniza el comienzo del año con la aparición de ‘Idilios’. Es un poemario de 1912 que ve la luz y que guarda 38 inéditos sobre su amor a Zenobia Camprubí.

Entre un amor que no pudo ser y otro que sí quería serlo, se encuentran estos Idilios de Juan Ramón Jiménez (que la editoria1 La Isla de Siltolá publicará a principios de febrero), escritos a partir de 1912, anteriores por tanto a Diario de un poeta recién casado. Y aunque no llegó a editarlos, sí recogió bastantes poemas en sus antologías, repartidos en Idilios clásicos e Idilios románticos. JRJ (1881-1958) fue un creador incesante para el que lo verdaderamente importante no eran los libros sino su Obra. Prefería escribir a publicar, y así su Obra sobrepasó su vida con proyectos que aún duermen entre sus archivos.

Los manuscritos de estos 98 Idilios se hallaban dispersos entre Madrid y la Universidad de Río Piedras en Puerto Rico. La estudiosa Rocío Fernández Berrocal ha reconstruido, ordenado y editado con paciencia y convenientemente este libro, que se abre con luminoso y sensible prólogo del poeta Antonio Colinas y siempre alentado por la infatigable Carmen Hernández Pinzón, sobrina nieta de JRJ.

La aparición ahora de Idilios, cien años después de su redacción, confirma que las maravillosas novedades y los formidables hallazgos que trajo el Diario a la poesía española estuvieron jalonados por obras como esta o El silencio de oro, tanto tiempo inéditas. Son los necesarios eslabones recobrados entre las recargadas y afrancesadas estrofas de Laberinto y el inusitado verso desnudo de Diario. Sería inimaginable que tanto primor hubiese brotado sin estos aciertos previos. Hace dos años presentaba Caballero Bonald en EL PAÍS la hasta ahora última pieza inédita de JRJ, Arte menor: libro de poesía neopopular, pero sin el fácil acarreo popularista.

Idilios es poesía amorosa, sensual, en la estela de Libros de amor, aunque sin el erotismo de este. En la primera parte, Idilios clásicos, pasa la sombra de su idealizada Blanca Hernández Pinzón, “novia blanca” de su adolescencia, que finalmente se casó con quien no debía. Y también cruza la desconocida, elegante y fina norteamericana Luisa Grimm, malcasada con un rico boliviano borrachísimo que no entendía de poemas, pero que tenía dinero. En esas mismas fechas, JRJ y su familia perdieron todo su patrimonio cuando el Tribunal Supremo daba la razón al Banco de Bilbao y embargaba las propiedades de la familia Jiménez. JRJ sí entendía de poesía, pero no de dinero.

Los manuscritos se hallaban dispersos entre Madrid y Puerto Rico

Cuando conoció en Madrid el amor verdadero, Zenobia, su verso voló entonces hacia la crónica lírica, hacia el diario de ese otro “idilio romántico”. Donde fluye con naturalidad el momento sentido y el tiempo enamorado en ágiles y leves estrofas. No sorprende que algunos de estos poemas pasasen después a Diario de un poeta recién casado. Eran su silencioso embrión. JRJ huía del recargado alejandrino melodioso para recogerse en un verso sencillo, próximo, a veces, a la copla. El amor hizo esencial su poesía y la fue desnudando hermosamente desde Idilios hasta engrandecerla en Eternidades.

No hay pastores clásicos como en los Idilios de Teócrito. En estos breves y tiernos Idilios de JRJ, sí trato amoroso escrito mientras paseaba por el campo moguereño, pero también sentado en un solitario banco debajo del balcón de Zenobia en el Paseo del Prado de Madrid. JRJ, moderno pastor, enamorado y perdido en una ciudad sucia y bulliciosa, no dejaba de cantar la belleza, el amor y el infinito.

Este año, habrá más JRJ. La editorial Pre-Textos anuncia Vida, uno de sus magnos e imposibles proyectos. Una autobiografía que constará de varios tomos, en verso y prosa, y que comenzó a escribir a partir de 1940 en Miami. Antes, en los años treinta, se asustó cuando la editorial Atenea de Fernando Calleja le encargó a Pedro Salinas redactar una pretendida biografía del moguereño. Para combatir tanta tergiversación y tanta mentira con que quisieron lastrarlo sus enemigos, mejor hacerlo uno mismo que no dejárselo a otro. JRJ saldrá de nuevo, como la vida, desde su invierno hacia su primavera.
José Antonio Expósito es doctor en Filología y editor de Juan Ramón Jiménez.

***
ANÁLISIS
Los años prodigiosos
Por Antonio COLINAS

Antonio Colinas analiza los poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez que van a salir a la luz. Las composiciones están incluidas en el libro 'Idilios', que se publicará entre enero y febrero. El poeta y escritor subraya la importancia de la "decisiva" etapa entre 1908 y 1917.

Hemos venido afirmando que, quizá, Juan Ramón Jiménez sea el poeta español del siglo XX que mejor resiste la prueba del paso del tiempo. Ello es así, sobre todo, porque la amplitud de su obra sigue deparando sorpresas, tanto a sus estudiosos como a sus lectores; pero también porque poseyó el don de una voz propia que lo distingue –condición primordial para valorar la autenticidad de un creador– y porque su obra responde a un sentido universalista. El desenlace de este afán –extremado y bello como una música– serían sus últimos libros, en los cuales su sentir y su pensar se decantan con extremada pureza expresiva, quedando la palabra en los límites del silencio.

También constatamos que son varios los registros de esa voz suya y que, en consecuencia, son igualmente varios sus libros emblemáticos. Por ejemplo, se coincide en ver como decisivo el cambio estético que supuso el Diario de un poeta recién casado. Otros señalarían, y con razón, la última etapa, con cumbres como Espacio y Tiempo, en reciente y preciosa edición (Linteo, 2012); o, como raíz primera de su mundo, el sentimentalismo desbordado de Arias tristes o Jardines lejanos.

También es clave, al referirnos aIdilios, hablar de una etapa para mí central y decisiva –Rocío Fernández Berrocal la llama “encrucijada clave”–, que es la que va de 1908 a 1917. Década que tiene sus orígenes en los días de retiro en Moguer y que se cierra con el cambio radical que supuso el Diario de un poeta recién casado. Ahora –a la espera de la cuidada edición de Idilios – podríamos pensar que éste es el libro que resume esa década prodigiosa. Primero, porque al haber sido escrito entre 1912 y 1913 (entre esos dos polos decisivos en su vida que fueron Moguer y Madrid: el tercero fue América), es decir en el centro de esa década; luego, porque Idilios podría ser el fruto decantado, esencial, de esa etapa que ha sido reconocida con fulgurantes calificativos: la de los “libros amarillos”, los “borradores silvestres” o los “fastuosos tesoros”.

¿Por qué fue así? ¿Por qué esa intensidad en la emoción y esa emoción hacia lo puro? Porque el poeta dejó fluir en aquellos años (y en este libro concreto) su voz con naturalidad. Porque ni deja desbordar sus sentimientos, como en sus primeras entregas, ni “construye” los textos como en sus últimos libros. En esta etapa el poema fluye al utilizar, en grado sumo, medios que son muy de él: la emoción, la intensidad, la ternura, un lirismo finísimo, la conmoción en el sentir y los hallazgos en el pensar (poético), la sorpresa, la palabra ajustada, el fulgor de la concisión…

Reunido ahora el libro y estudiado gracias a la sensibilidad y a la laboriosidad de Rocío Fernández Berrocal, vemos que esta obra –hasta ahora dispersa como otras suyas–, se funde en una unidad preciosa que, a su vez, proviene de una dualidad: la de las dos partes que componen el libro: “Idilios clásicos” e “Idilios románticos”. Dualidad que, en principio señala una engañosa significación meramente “literaria”, cuando el significado último está en lo hondo de cada palabra, verso y poema.

La relación, ahora probada contundentemente, de esta obra con la esposa del poeta, Zenobia, enriquece enormemente el sentido de la misma (“el idilio eras tú”). Con dedicatorias, además, expresas, como la perturbadora que abre el libro: “In Memoriam/ Z. C. A/ muerta para el amor”. Mujer y amor –temas esenciales a lo largo de la obra de Juan Ramón–, adquieren en Idilios una significación muy especial. Pero lo importante se halla en ese afán de unidad que reúne todos esos medios y recursos de la palabra inspirada a que atrás hemos hecho referencia y del que puede ser bellísima y arriesgada muestra este poema:

"¡Dame tu carne! ¡Quiero
ir en ella, loco jinete,
al norte, al sur,
al este y al oeste!
 ¡Quiero cruzar el mundo
con tu cuerpo luciente,
derramarlo, un instante, más allá
de la vida y la muerte!"

Antonio Colinas es poeta, ensayista, novelista y traductor. Es autor del prólogo del libro Idilios, que incluye los poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez y que se publicará entre enero y febrero. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1982 y su último libro es Obra poética completa (2011).
  
Articulo: http://cultura.elpais.com 07/01/2013

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