dimanche 13 janvier 2013

Pablo GIANERA/ Notas de un sobreviviente del jazz


Música
Notas de un sobreviviente del jazz
Por Pablo GIANERA

Las crudas memorias del saxofonista Art Pepper constituyen no sólo un testimonio de su arte sino también un documento único de la vida de un músico entre las décadas de 1940 y 1980.

El género autobiográfico tiene una particular carta de ciudadanía en el mundo del jazz. Dizzy Gillespie, Miles Davis, Charles Mingus, Duke Ellington, Chet Baker cedieron a la tentación de explicarse a sí mismos. Sin embargo, las memorias de Art Pepper son, entre las de todos ellos, completamente idiosincrásicas, un poco como el sonido que consiguió en el saxofón alto. Tal vez el título Una vida ejemplar sea una versión libre de Straight Life (con su alusión al tema musical del propio Pepper), pero en todo caso mantiene la ironía del original. Si hubo una vida no regular fue justamente la suya, aunque acaso haya sido "ejemplar" en el sentido, lejano de las normas de conductas al uso, de su honestidad estética y biográfica y de su estatuto representativo del ambiente que habitaba un músico de jazz entre las décadas de 1940 y 1970.

Habría que decir primero dos palabras sobre Art Pepper. En el panorama del saxo alto inmediatamente posterior a Charlie Parker y los años heroicos del bebop , el estilo de Pepper, acuñado en la Costa Oeste, tiene un brillo singular: fue menos epigonal y más refinado que Sonny Stitt, más intenso que el arquitectónico Lee Konitz y mucho menos profuso que Jackie McLean, a quien lo une no obstante el interés por la avant-garde jazzística. Pero los registros discográficos de Pepper resultan, en comparación, escasísimos. La tragedia de Pepper fue su vida, y sin duda no debe de haber sido fácil para él vivir con la información de que su madre había intentado interrumpir el embarazo con el alambre de una percha.

Es probable que exista una relación, todavía no del todo explorada por la semiología musical, entre la pericia para organizar un relato y el arte de trabajar una línea melódica. Acaso por eso todo músico de jazz inteligente puede ser un excelente narrador oral; bastaría pensar en el propio Davis o en Paul Bley. Pepper es el más inteligente de todos. ¿Existe por ejemplo una lectura melódicamente más inventiva de standard "Come Rain or Come Shine" que la suya incluida enIntensity ? Es esa maestría la que Laurie, su cuarta mujer, quien lo vio morir prácticamente en sus brazos, logró preservar al transcribir, con partes iguales de devoción y curiosidad sociológica, las conversaciones que están en el origen de este libro. Aunque se mencionan con generosidad los años en los grupos de Benny Carter y Stan Kenton, Una vida ejemplar no es una autobiografía musical; la música es más bien aquello tácito, una posibilidad realizada siempre a medias. La certeza de la excepcionalidad artística parece aquí inseparable de su despilfarro.

La noticia de haber sido un hijo no deseado convirtió a Pepper, ya muy temprano, en un individuo solitario. Para matar las horas de soledad, que fueron la mayoría, inventó, lo mismo que Jack Kerouac, un béisbol de mesa cuyo resultado estaba librado al azar de los dados.Ese juego no se limitó al tiempo de la infancia; mucho después, en su primera estadía en una clínica de desintoxicación, el internado asombraría con el tablero y los dados a una enfermera incrédula. Muy chico, desarrolló también una incorregible obsesión por el sexo que, por efecto mismo del pudor del solitario, no derivó jamás en el donjuanismo y la seducción compulsiva, aunque se resignó a intrincadas variedades del voyeurismo. Algunas consecuencias de esa obsesión se sitúan entre la comicidad y la pena.

El itinerario vital y artístico de Peper admite dividirse dos partes. Hasta 1945, era una estrella en ciernes, pero siempre nervioso, ligeramente alcohólico, dominado por una inquietud malsana y golpeado por los servicios prestados en la Segunda Guerra; luego, hacia 1950, en una gira con Kenton, una cantante le hizo probar por primera vez heroína: "Sentí una paz que era una especie de calor interno... La mía era una tranquilidad imperturbable [...] En eso me convertí entonces. Eso es lo que sigo siendo. Y así voy a morir: como un yonqui". Vendría entonces el previsible dédalo de los dealers , las detenciones, los asilos psiquiátricos, los robos y las temporadas en las cárceles de Fort Worth y San Quintín. Uno de los milagros de Pepper es cómo, aun en las condiciones más adversas (o tal vez a causa de ellas mismas), no grabó un solo disco defectuoso. Las páginas de estas memorias dedicadas a las circunstancias que rodearon el registro de Art Pepper Meets The Rythm Section(1957) satisfacen cualquier protocolo de verosimilitud acerca de este punto. Una mañana, Diane, la segunda mujer de Pepper, le comunicó que al rato tenía una sesión de grabación. Ella había arreglado la fecha a escondidas con el productor Les Koenig, de Contemporary Records. "La" sección rítmica del título -el artículo determinado no es casual- era la del quinteto de Miles Davis de la época; es decir, el pianista Red Garland, el contrabajista Paul Chambers y el baterista Philly Joe Jones. Pepper llevaba meses sin tocar. Cuenta: "Saqué el saxo del armario, con su estuche, lo puse sobre la mesa y me lo quedé mirando largo rato, como si fuera un desconocido. Daba la impresión de ser un vestigio de otra vida". La sesión fue memorable y su solo de "You'd Be So Nice to Come Home to" es un tour de force porque el saxofonista no recordaba del todo bien la melodía y la "mejoró" con su imaginación.

Es claro: a Pepper hay que buscarlo más bien en un solo como el que tocó en ese tema que en cualquier otra parte. Pero quien logre abrirse paso en la espesa selva de regionalismos ibéricos que inflige la traducción, encontrará en Una vida ejemplar algunas explicaciones de esa música y descubrirá quizás el documento más desnudo que haya dejado un músico de jazz.

UNA VIDA EJEMPLAR
Art y Laurie Pepper
Global Rhythm
Trad.: Antonio Padilla
554 páginas
$ 130.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 11/01/2013

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