dimanche 13 janvier 2013

Verónica CHIARAVALLI/ Erotismo en playas rioplatenses


Final abierto
Erotismo en playas rioplatenses
Por Verónica CHIARAVALLI 

Efectos secundarios benéficos de un éxito editorial: entre la afluencia de novelas "románticas" con mayor o menor grado de osadía en la descripción de las escenas eróticas que se espera para este año, fruto de un boom de la ficción hot impulsado por la serie de Grey, Planeta anuncia que en los primeros días de febrero se publicarán dos libros de impronta rioplatense que abordan el tema con humor, inteligencia y sinceridad. Uno reúne diez relatos de jóvenes autoras argentinas; el otro, tres nouvelles de un experimentado escritor uruguayo.

Las chicas le dieron un guiño risueño a su título. No hay allí Cincuenta sombras liberadas sino Cuarenta grados a la sombra. Gabriela Bejerman, Mercedes Halfon, Mariana Chaud, Violeta Gorodischer, Lola Arias, Flor Monfort, Virginia Cosin, Fernanda Nicolini, Domitila Bedel y Daniela Pasik fueron convocadas por Julieta Bliffeld con la consigna de que cada una escribiera "un cuento porno, entendiendo por porno lo que ellas quisieran". Y el atractivo está, precisamente, en los resultados de esa interpretación: un panorama de la sexualidad femenina en el que, con minuciosas pinceladas, se develan los mecanismos del deseo, el temor, las fantasías y los matices infinitos de la sensibilidad. La frescura del libro lo vuelve singular, aunque el prólogo en que Bliffeld explica el origen del proyecto permite ponerlo en relación con las novelas de E. L. James, clasificadas como " mummy porn " (género en que toda posible aspereza erótica es convenientemente pulida hasta hacerla aceptable para un público más convencional). Bliffeld cuenta que ha publicado en su blog relatos de su autoría "un poco subidos de tono" porque "por ese entonces había nacido mi tercer hijo y una de las formas que encontré para luchar contra el estereotipo de la madre anulada como objeto de deseo y sujeto deseante fue escribir sobre sexo".

La obra de Ercole Lissardi (Montevideo, 1951) transcurre en una atmósfera completamente distinta. El cuerpo de los amantes no es principio y fin sino excusa, transitorio punto de anclaje para el alma trastornada por el amor y el deseo. En el contexto de la literatura erótica, el título El centro del mundo puede inducir asociaciones equívocas. Pero Lissardi despeja el malentendido desde el comienzo de la nouvelle que da nombre al libro y al mismo tiempo define el vasto territorio -hecho también de hondonadas fantásticas y cuasi policiales- donde desplegará su imaginación: "El centro del mundo es el cadáver. Así dice un antiguo proverbio del lugar del que provengo. Con cada hombre que expira se acaba un mundo, y el cadáver -efímeramente magnífico en su belleza y pletórico de significados para quien deba leerlo- es el punto de fuga por el que ese mundo se abisma y desaparece. El cadáver es el instante de esplendor de un mundo que colapsa. Su supernova". El centro se convierte así en el origen de una aventura literaria y amorosa.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 11/01/2013

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