dimanche 10 février 2013

Carlos REVIRIEGO/ HITCHCOCK, el gran masturbador


Hitchcock, el gran masturbador
Por Carlos REVIRIEGO

Parecía improbable un retrato que hiciera justicia a las psicopatías de Hitchcock, el más influyente de los cineastas. El retrato de Sacha Gervasi, centrado en la gestación de 'Psicosis', solventa el reto con inteligencia y encanto.

El cineasta sabio y orondo, en el foyer del cine, administrando como un director de orquesta las reacciones del público. Sus aspavientos marcan con precisión el ritmo y la intensidad de los gritos. Por algo es el más perfecto sabedor de aquello que inquieta, aterra y complace al espectador. La escena tiene lugar casi al final de Hitchcock, en la noche de estreno de Psicosis, y aparte de hacerse eco de un fragmento de las famosas conversaciones entre Alfred Hitchcock y François Truffuat -“Dirigía a los espectadores como si estuviera tocando el órgano”- emerge como eficaz metáfora de la alquimia cinemática del mago del suspense (y del terror y del melodrama), su estatuto como hechicero de la psicología colectiva frente a la pantalla. Hitchcock: el gran masturbador (y manipulador) de las psiques del siglo XX.

No es una mala decisión centrar este retrato con doble fondo del autor deVértigo en el proceso de producción de Psicosis, su filme más popular, determinante punto de giro no solo en la filmografía de Hitchcock -financiado personalmente por él, bajo un sistema y una estética paratelevisiva, ante el rechazo de Paramount a implicarse en una historia barata de terror-, también en el curso del cine moderno. Psicosis se estrenó el mismo año en que Antonioni conmocionó el cine europeo con La aventura. Hay algo muy audaz, insólito en 1960 (y aún hoy) que hermana ambas películas: sus protagonistas -a la sazón, Janet Leigh y Monica Vitti- desaparecen cuando la historia acaba de empezar. Incluso antes de que empiece. La película de Sacha Gervasi da cuenta de ello con transparente devoción hacia el instinto y el genio del creador que se propone retratar, al tiempo que perfila algunos de los rasgos más inquietantes y reveladores de su secreta intimidad.

La forzada transformación de Anthony Hopkins en la figura icónica de Hitch, al igual que el conjunto del filme, puede precipitarse en ocasiones hacia el manierismo, pero finalmente el personaje y la película respiran autenticidad. Al menos una clase de verdad que nos satisface: la construcción resulta tan artificial y elocuente como las propias películas del genio de Leytonstone. Cuando el filme no se entrega con encanto y diversión a los clichés de la mitología hitchockiana -el voyeur, el bebedor, el tímido patológico, el control freak, el amante de las rubias, el genio sin medida...-, o a los tópicos del anecdotario cinematográfico -las negociaciones con la censura, las escenas de la ducha y las escaleras, el despiadada trato a Mera Viles, etc.-, su humanidad termina por revelarse a través de la relación con su mujer y colaboradora creativa, que la historia (o los créditos de las películas) ha arrinconado en las sombras, pero que acaba emergiendo como la vertiente troncal, y más estimulante, del filme. 

Hitch y Alma Reville (Helen Mirren) podían dormir en camas separadas y llevar vidas distantes, pero los éxitos del primero no se explican sin las inspiraciones de la segunda. Detrás del gran hombre había desde luego una gran mujer. Evidentemente, con Hitchcock no nos adentramos en las sombras que se ciernen sobre gritos de pánico o en el morboso limbo en el que muerte y sexo se retroalimentan, pero sí encontramos esa suerte de inteligencia, humor y sofisticación británicos que caracterizan los filmes del genio más examinado del siglo XX, en competición directa con Pablo Ruiz Picasso. Aún más, logra extraer significados insospechados de lo meramente circunstancial, como que el gran terror de Hitch pasaba por la infidelidad. En apariencia, no hay nada que conecte el anterior filme de Gervasi con éste. Pero si la deliciosa Anvil. El sueño de una banda de rock (2008) era un documental que parecía una ficción surrealista, Hitchcock invierte los términos para construir una ficción que se quiere un documental de febril surrealismo. 

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Fiebre de Hitchcock
Por Laura MARTÍN

La gran y la pequeña pantalla se han puesto de acuerdo para homenajear al director y a dos de sus películas más emblemáticas, Los pájaros y Psicosis.

Nadie se había atrevido hasta ahora a revivir en la pantalla a uno de sus grandes maestros. La silueta más reconocible del cine, ese perfil hitchcockiano que no disimulaba ni la papada ni la barriga, promete inundar cines y televisiones con dos biopics sobre los rodajes de Psicosis y Los pájaros, para cine y televisión respectivamente, y una serie que profundiza en el desequilibrio psíquico de Norman Bates. 

En una colaboración conjunta, la HBO y la BBC lanzaron The Girl, que pudo verse en Estados Unidos en octubre y en el Reino Unido la semana de Navidad. La película se centra en la obsesión de Hitchcock con Tippi Hedren, una desconocida a la que convirtió en estrella con Los pájaros y Marnie la ladrona. Toby Jones interpreta a un Hitch inseguro, traumatizado por su impotencia y su obesidad. El director no tarda en sucumbir ante la rubia que sustituye en su pedestal a Grace Kelly, ya casada con Rainiero de Mónaco. ¿Qué tiene ésta que no tengan otras?, se pregunta Alma Reville, esposa de Hitchcock, intentando reprimir los celos. “Le hace sentir que, por mucho que la ataque, no puede hacerle daño”, responde la secretaria, la verdadera confidente del director según esta versión.

Y es que el realizador Julian Jarrold, responsable también de La joven Jane Austen y Regreso a Brideshead, ha desplazado a un segundo plano la influencia de Alma sobre Hitchcock, aunque sin relegar la importancia de las opiniones de ella en sus películas. El protagonismo lo acaparan Tippi Hedren, interpretada por Sienna Miller, y los mecanismos del director por hacerle la vida imposible a lo largo de ambos rodajes en los que trabajaron juntos. En particular, la escena en la que Hedren es atacada por pájaros de verdad, en vez de maquetas, como se le prometió. Jarrold apuesta por una visión un tanto sádica y perturbada de Hitchcock, sin duda influenciada por las declaraciones de la propia Hedren en cuanto a la pesadilla que supuso trabajar con alguien que le exigía “estar sexualmente disponible para él”, y por el retrato de Donal Spoto en su biografía El lado oscuro de un genio, en la que le describía como un pervertido que se odiaba a sí mismo y estaba obsesionado con sus rubias. El reparto lo completan Imelda Staunton como Alma, Penelope Wilton como Peggy, la secretaria de Hitch, y Carl Beukes, que encarna a Jim Brown, asistente de dirección.

La versión de Hollywood puede presumir de contar con un reparto aún más espectacular. Anthony Hopkins y Helen Mirren dan vida al matrimonio Hitchcock, y , al menos a juzgar por el cartel, sí se refleja la importancia de Alma Reville en las películas de su marido. La idea de matar a la protagonista de Psicosis a la media hora fue suya. A diferencia de la cinta de la HBO, que muestra a una pareja rota, Hitchcock reafirma los sentimientos de respeto y afecto entre sus protagonistas, aunque salpicados de tentaciones y celos ocasionales. La película se enmarca en un guiño a la serie Alfred Hitchcock presenta, en la que el propio personaje de Anthony Hopkins comenta, al principio y al final, algunos aspectos del filme. 

A las órdenes del casi debutante Sacha Gervasi, guionista de La terminal, Scarlett Johansson interpreta a Janet Leigh, Jessica Biel a Vera Miles, James D'Arcy a Anthony Perkins y Toni Colette a Peggy Robertson, secretaria del maestro. Llama la atención que Gervasi haya decidido omitir a Patricia, única hija de los Hitchcock, quien además figuraba como personaje en la Psicosisoriginal. La película se estrenará en España el próximo 1 de febrero, y se posiciona como una de las favoritas para la ceremonia de los Oscar. 

Por último, la tercera propuesta hitchcockiana, esta vez en formato serie, es Bates Motel, una precuela de Psicosis que pretende contextualizar a Norman Bates y su locura. Freddie Highmore, ya crecido desde Charlie y la fábrica de chocolate y Descubriendo Nunca Jamás, dará vida al Norman adolescente, atormentado por su perturbadora relación con su madre, encarnada por Vera Farmiga. Tras una misteriosa tragedia, madre e hijo se trasladan a un pintoresco pueblo y abren el famoso motel en un intento de empezar una nueva vida, pero el desarrollo de los acontecimientos promete oscuridad y suspense. La fecha de estreno en Estados Unidos está prevista en marzo, aunque aún no se conoce el día concreto. De momento, habrá que conformarse con el adelanto:

Bates Motel (A&E) Trailer

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El extraño caso del Dr. HITCHCOCK y Mr. BUÑUEL
Por Jesús PALACIOS 
15/04/2011

La exposición Escenas fantasmáticas, recién inaugurada en el Centro José Guerrero de Granada, muestra, plano a plano, las afinidades cinematográficas entre Hitchcock y Buñuel, dos genios que exhibieron en la pantalla pasiones muy similares.

¿Qué pueden tener en común el mago del suspense y el mago del surrealismo cinematográfico? ¿El hombre que llevó a la pantalla novelas de misterio de Robert Bloch o Daphne Du Maurier, con el que mejor adaptó a Galdós? ¿El genio del mejor cine comercial con el genio más autoral? Tal como muestra estos días la exposición Escenas fantasmáticas. Un diálogo secreto entre Alfred Hitchcock y Luis Buñuel, de Jesús González Requena, que tiene por escenario privilegiado el Centro José Guerrero de Granada, mucho más de lo que la mayoría podíamos imaginar.

Evidentemente, tanto Hitchcock como Buñuel conocían mutuamente sus diferentes obras y aproximaciones al lenguaje cinematográfico. Como buen surrealista, siempre desde su posición absolutamente personal, Buñuel había de mirar las retorcidas intrigas hitchcockianas con ojo de psicoanalista avezado, descubriendo en ellas los fantasmas libidinales y pesadillas arquetípicas de un imaginario digno del Marqués de Sade. Por su parte, como refinado esteta de los miedos que alientan en la psique del espectador, Hitchcock no podía ignorar el rico universo onírico, grotesco y erótico de Buñuel (el interés de ambos en colaborar con Dalí así lo demuestra...). En definitiva, tanto uno como el otro, son cirujanos del alma, que llegan hasta los rincones más secretos del deseo y el temor humanos, por estratagemas distintas, pero por un mismo medio: el cine.

Se trata de un desdoblamiento más allá de lo meramente anecdótico, que nos descubre, como aquella vieja fórmula cabalística, que lo que está arriba -el cine de la Alta Cultura: Buñuel- es como lo que está abajo -el cine de la Cultura Pop: Hitchcock-, y que los extremos, más que tocarse, se funden y confunden, cuando están en juego personalidades tan brillantes como carismáticas. Hitchcock utilizó el arsenal del género popular -el misterio, el thriller, el romance, la comedia...-, para asaltar la realidad de sus personajes (y espectadores), burgueses biempensantes. Luis Buñuel utilizó el arsenal del surrealismo y otros ismos propios (sabroso buñuelismo), para llevar a sus personajes (y espectadores) alienados y zarandeados, a la ruptura con la realidad. Ambos, Hitchcock y Buñuel, amaban la novela gótica (Rebeca y Abismos de pasión), las rubias frígidas (Marnie la ladronay Bella de día), las psicopatologías criminales (Psicosis y Él), las pasiones necrófilas (Vértigo y Viridiana), los crímenes de la imaginación (Pero... ¿quién mató a Harry? y Ensayo de un crimen)... En definitiva, son tantas las cosas que les unen, que hasta que Jesús González Requena no nos las ha puesto delante de las narices, era casi imposible que percibiéramos su indudable parentesco.

Hay una gran diferencia: Hitchcock se movió siempre en las aguas del cine comercial, sus pesadillas paranoicas volvían también siempre al remanso del orden tranquilizador. Buñuel, por el contrario, nadaba en las procelosas aguas del cine autoral, sin ajustarse casi nunca a los márgenes de la industria, y sus pesadillas obligan al espectador a enfrentarse con el caos último de sus propios fantasmas irresueltos… Pero no siempre es así. A Buñuel quizá le hubiera gustado ser Hitchcock, rodeado de éxito y popularidad, y a éste ser Buñuel, libre para filmar sus fantasías, quizá sin darse cuenta de que ambos ya eran uno y el mismo: véanse, si no, El ángel exterminador de Buñuel y Los pájaros de Hitchcock. A buen entendedor...

Articulo : http://www.elcultural.es 01/02/2013

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