dimanche 24 février 2013

Felipe FERNANDEZ/ Sustancia de sueños


Literatura argentina
Sustancia de sueños
Por Felipe FERNANDEZ 

Los cuentos de El último joven, primer libro de Juan Ignacio Boido, oscilan entre el clima onírico y la evocación

Cinco cuentos componen El último joven, primer libro de Juan Ignacio Boido. "Todos tienen algo con su nombre" habla de un chico que va a un cuarto de la biblioteca del colegio donde se le aparecen "los recuerdos perdidos" de las personas, "los recuerdos que nadie quiere". Este amago de rumbo fantástico se detiene en una posible metáfora a medida que la historia del chico y de una novia de la adolescencia se interna en una zona romántica, signada por una nostalgia desesperada.

"Y lo demás escrito en las estrellas" comienza con el sueño de una mujer en el cual ella le es infiel a su esposo y continúa en una playa del sur de México. Allí, recuerda el marido de la mujer, conoció a un hombre que, a partir de la predicción de una gitana, empezó a tener pesadillas relacionadas con su esposa. El final, abierto, deja la sensación amenazante de que el tenebroso mundo de los sueños terminará destruyendo la armoniosa convivencia de la vigilia.

El clima onírico persiste en otros dos cuentos. "Lo que dejamos atrás" trata de un chico que se pasa las noches pensando en lo que sueñan los demás y descubre que posee el poder de visitar los sueños de los otros. El protagonista de "Poco después de abandonarlo todo" se despierta a la noche y se pone a leer su "diario de sueños". "Era el diario de todos los sueños que había tenido -dice acerca de su cuaderno-, y también de todos los que iba a tener."

Boido trabaja como periodista. Nació en Buenos Aires en 1975 y es licenciado en Letras de la UBA. En El último joven propone ideas imaginativas, aunque no siempre se interese en desarrollarlas con plena fluidez narrativa y prefiera diseñar estructuras más sueltas que permiten pequeñas digresiones temáticas. De todos modos, estos desvíos no empañan la lectura, porque más allá del desenvolvimiento de cada argumento se disfruta de una escritura atenta a la elección de palabras y a la precisión en la exposición conceptual. Hay una sensibilidad poética preocupada por afinar la expresividad de la prosa mediante comparaciones que sintetizan la hondura de un sentimiento ("giraba alrededor del recuerdo de su mujer como un satélite alrededor de un planeta que ya no existe") o intensifican el valor de una descripción ("El pelo recogido era como una tormenta escondida en el aire de un día diáfano").

"Teddy Hernández entra en la literatura" ocupa más de la mitad del libro, constituye el relato más destacado y podría ser definido como una micronovela. A través de Inés, la madre de un amigo suyo, Juan conoce a su tercer marido, Teddy Hernández. Meses después Teddy lo invita a pasar unos días en su casa de Ascochinga. El momento culminante de esta visita -que contiene veladas referencias a "la violencia latente que había en el mundo de Teddy"- es una representación teatral. Sin necesidad de que ocurran hechos insólitos, sin necesidad de un desenlace contundente ni de una trama compleja, Boido consigue aquí transmitir -desde la sutil perspectiva de Juan- una atmósfera de encantamiento que impregna lugares, personas y objetos.

Este cuento, al igual que la mayoría de los que integran El último joven, parece sugerir que el sentido de lo vivido sólo termina de consumarse en el recuerdo o en la palabra escrita, que en la memoria y en el lenguaje se encuentra la verdadera sustancia de la realidad: un antídoto del intelecto contra lo efímero y lo inasible. Un antídoto gracias al cual incluso "el olvido no nos despoja de nada, sino que vuelve lo olvidado definitivamente nuestro".

Las palabras de Ashbery A los 85 años, el poeta John Ashbery no deja de escribir. Hace poco más de un mes publicó Quick Question, su último libro (el primero, Some Trees, se remonta a 1956). En una reciente entrevista para The Spectator, Ashbery muestra que su lucidez sigue intacta. Dice allí: "El vínculo entre lenguaje y comunicación, que para algunos es inexistente porque consideran que son la misma cosa, es algo que me preocupa. El lenguaje tiene su propio sentido, que es diferente del sentido de la comunicación; por lo menos así me parece?".

EL ÚLTIMO JOVEN
Juan Ignacio Boido
Seix Barral
197 páginas
$ 79

EL EXTRANJERO
Las palabras de Ashbery

A los 85 años, el poeta John Ashbery no deja de escribir. Hace poco más de un mes publicó Quick Question, su último libro (el primero, Some Trees, se remonta a 1956). En una reciente entrevista para The Spectator, Ashbery muestra que su lucidez sigue intacta. Dice allí: "El vínculo entre lenguaje y comunicación, que para algunos es inexistente porque consideran que son la misma cosa, es algo que me preocupa. El lenguaje tiene su propio sentido, que es diferente del sentido de la comunicación; por lo menos así me parece."

Articulo : http://www.lanacion.com.ar 15/02/2013