dimanche 10 février 2013

Laura MARTÍN/200 años de Orgullo y prejuicio


200 años de Orgullo y prejuicio
Por Laura MARTÍN

La novela de Jane Austen, hoy un clásico de pleno derecho, puso de manifiesto el apocamiento de la burguesía rural del siglo XIX y levantó tantas críticas como alabanzas.

Hace exactamente 200 años, un 28 de enero de 1813, Thomas Egerton publicó la primera edición de Orgullo y prejuicio, una novela que en origen iba a llamarse Primeras impresiones y que se convertiría en la obra más conocida y reconocida de Jane Austen. La autora la escribió en un año, tras una estancia en Kent, en la casa de su hermano Edward y su mujer, y sin contar con esa habitación propia por la que clamó Virginia Woolf más de un siglo después. Austen no firmó su libro. En lugar de su nombre rezaba “por la autora de Sentido y sensibilidad”, que a su vez había rubricado como “una dama”. 

La recepción fue positiva, aunque la literatura de Austen tuvo defensores y detractores por igual. Entre aquellos que se inclinaban ante su talento, su sutileza y su ironía estaba Sir Walter Scott, alabador de su “toque exquisito”. E. M. Forster llegó a reconocer que su amor por las novelas de Austen le volvía “ligeramente imbécil”, y Rudyard Kipling escribió “cuanto más la leo más la admiro y respeto y reverencio”. Incluso redactó una pequeña historia, The Janeites, como homenaje. Por el contrario, Charlotte Brontë manifestó su decepción ante Orgullo y prejuicio. Mark Twain gustaba de burlarse de lo que él consideraba ñoñería, y Henry James despreciaba sus historias, aunque ambos abordaran el tema de las solteronas decimonónicas, cada uno a su manera: Austen desde la sátira, James desde la amargura.

Más que una historia de amor, aunque también, Orgullo y prejuicio es un retrato incisivo de una sociedad en la que el único objetivo de una mujer es conseguir un buen marido. O un marido a secas, si empieza a ser demasiado mayor. De ahí la abrumadora preocupación de la señora Bennet, madre de nada menos que cinco hijas (que no podrán heredar la hacienda de la familia por su condición femenina) a las que tiene que colocar como buenamente pueda. Esta mujer histriónica, rozando la caricatura, refleja hasta qué punto era necesaria la presencia de un hijo varón en una casa. Y, sin embargo, como en el resto de la obra de Austen, el happy end está garantizado: las protagonistas se emparejan con sendos esposos que, por supuesto, poseen una cuantiosa fortuna. La autora inglesa sienta precedente de la chick-lit con heroínas que, a pesar de los obstáculos, consiguen la vida que siempre habían soñado. Valeria Ciompi, editora de Alianza, califica Orgullo y prejuicio de "chick-lit atemporal". "Refleja las reglas del perfectobestseller", comenta a El Cultural, puesto que, "a pesar de estar encuadrado en un momento histórico concreto, las emociones y los sentimientos siguen vigentes, y se puede trasladar a las historias románticas de la época actual". La propia Austen no se casó nunca. 

Orgullo y prejuicio es, probablemente, la obra maestra de Austen, y desde luego su novela más divertida. El espíritu pragmático de la autora se deja ver a lo largo de toda la obra, mano a mano con su visión romántica. El constante duelo de ingenio entre los dos protagonistas, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, no tiene nada que envidiar a algunos secundarios delirantes, como el señor Collins y su mujer Charlotte, la mejor amiga de Lizzie, cuyo matrimonio de conveniencia se sostiene gracias a los constantes esfuerzos de Charlotte por mantenerle ocupado, preferiblemente en otra habitación. Austen retrata a la crème de la crème de la aristocracia y la burguesía rural sin escatimar en ironías y dardos envenenados, para poner en evidencia a una sociedad un tanto irracional. 

Es una verdad universalmente conocida que todo libro con una historia susceptible de atraer al público será convertido en película. Dos adaptaciones cinematográficas de Orgullo y prejuicio son dignas de mención, aunque hay más: la de 1940, dirigida por Robert Z. Leonard e interpretada por Greer Garson y Laurence Olivier, con el dudoso título en español Más fuerte que el orgullo, y la realizada en 2005 por Joe Wright, con Keira Knightley y Matthew Macfadyen. Aunque quizás la más aplaudida sea la miniserie que realizó la BBC en 1995, con un inolvidable Colin Firth como Mr. Darcy y Jennifer Ehle como Elizabeth Bennet. Asimismo, ha dado pie a numerosas revisiones, desde La muerte llega a Pemberley de P. D. James hasta Orgullo y prejuicio y zombis, un relato calcado del original con ocasionales referencias a muertos vivientes de Seth Grahame-Smith. Sin olvidar El diario de Bridget Jones. 

Las editoriales angloparlantes han tirado la casa por la ventana ante la efeméride, y las españolas no han querido desaprovechar la ocasiónpara lanzar reediciones de este clásico. Planeta presenta un pack que incluye el libro y el DVD de la BBC. Alba Editorial y Debolsillo han publicado una edición conmemorativa del bicentenario, igual que Alianza Literaria, que además cuenta con la traducción de José Luis López Muñoz, Premio Nacional de Traducción, y dÉpoca ha colocado en las estanterías la primera edición íntegra de todas las cartas que se conservan de la autora, más de 160, traducidas al español y comentadas.

***
El "querido hijo" de Jane Austen

Bajo estas líneas se puede leer un fragmento de la carta que Jane Austen envió a su hermana Cassandra al día siguiente de la publicación de 'Orgullo y prejuicio', de las 'Cartas' de la autora publicadas por Ediciones dÉpoca.

Cassandra Austen, de Chawton a Steventon
Viernes 29 de enero de 1813

Espero que la noche del miércoles recibieras de J. Bond mi pequeño paquete, mi querida Cassandra, y que estés dispuesta a tener noticias mías de nuevo el domingo, pues siento que debo escribirte hoy mismo. Tu paquete ha llegado sano y salvo y todo será entregado como es debido. Gracias por tu nota. Dado que en ese momento no habías tenido noticias mías has sido muy buena escribiendo, pero pronto ya no estaré en deuda contigo. Quiero decirte que he recibido mi querido hijo de Londres [la primera edición de Pride and Prejudice publicado en Londres el día anterior a la presente carta].

El miércoles recibí un ejemplar, enviado por Falknor, con tres líneas de Henry para decir que le había dado otro a Charles, y enviado un tercero en la diligencia a Godmersham; justo los ejemplares que estaba menos ansiosa por enviar. Le escribí inmediatamente para pedirle otras dos copias, a menos que estuvieran dispuestos a tomarse la molestia de enviarlos directamente a Steventon y Portsmouth, pero no tengo idea de si ya han salido de Londres a día de hoy; por lo que me dices de todos modos se fue antes de escribir la carta. El único problema es la demora, no se puede hacer nada hasta su regreso. Explícales que iba a ser de este modo a James y Mary, con mis saludos afectuosos.

Por tu propio bien estoy muy contenta de que haya ocurrido así, pues podría haber sido incómodo para ti estar en el vecindario en el momento del primer impacto del asunto. El anuncio aparece hoy por primera vez en nuestro periódico, dieciocho chelines. Pedirá una libra y un chelín por los dos próximos y una libra y ocho chelines por el más estúpido de todos los que he escrito. Le escribiré a Frank para que no se sienta descuidado.

***
Los chicos de Austen
Orgullo y prejuicio es mucho más que un folletín "de chicas"
Por Juan SARDÁ

Lo confieso. Me llevó 34 años de mi vida leer Orgullo y Prejuicio. En realidad, cualquier novela de Jane Austen. Lo vuelvo a confesar, el motivo es que de una u otra forma, pensaba que era una novela "de chicas", un folletín qualité con consejos sobre cómo afrontar la vida sentimental para mujeres casaderas escrito, suponía por su éxito en el tiempo, maravillosamente pero al fin y al cabo, "de chicas", y no lo digo en plan machista porque tampoco me gustan las cosas que percibo como "de chicos", o sea, más pendientes del público al que se dirigen que de crear una verdadera obra de arte.

Finalmente cayó en mis manos Orgullo y prejuicio y a pesar de lo segundo no tuve más remedio que devorarlo en cuanto pasé de la primera página. Jane Austen es una escritora maravillosa. Tiene una prosa sencilla y ágil, consigue expresar emociones y pensamientos muy complicados sin recurrir a artificios ni a palabras que no se entienden. Ahí radica quizá su éxito imperecedero, todo lo que cuenta Austen lo puede entender cualquiera tanto por la pasmosa facilidad con la que parece escribir sin esfuerzo (¡qué difícil es eso!) como porque habla de forma profunda y conmovedora de cosas que nos afectan a todos: el amor, el desengaño, la madurez, los clichés sociales. En realidad, siempre he pensado que sus novelas, de una forma u otra, suelen hablar siempre de la libertad, de la dificultad para poner de acuerdo los deseos íntimos con nuestras posibilidades reales.

En estos tiempos en que triunfa el cinismo en lo público y en los que es el arte se decanta generalmente por la ambigüedad moral, por ese "no juzgar" a nadie que se le supone a los escritores modernos (David Leavitt ha hablado mucho de eso) además de su prosa, lo que más me cautivó fue también el moralismo, en el mejor sentido de la palabra, de la novela. La heroína, la inolvidable e icónica Elizabeth Bennet, posee una sensacional capacidad para captar y distinguir entre el bien y el mal, y lo expresa sin trucos ni rodeos de ninguna clase. La fascinación por el mal, tan propia de la literatura y el arte de la última parte del siglo pasado, brilla por su ausencia. No hay ni rastro de ruindad ni de pasión por el poder, Elizabeth simplemente espera casarse con "un buen chico", y eso es maravillosamente sencillo y profundo.

Orgullo y prejuicio también tiene algo de libro de autoayuda en el mejor sentido de la palabra. Las situaciones a las que se enfrenta la heroína le plantean constantemente dilemas morales cotidianos perfectamente reconocibles y para los que la novela ofrece siempre la respuesta correcta y más sensata. Alentada por una madre mediocre y vulgar, Elizabeth se equivoca con sus prejuicios respecto al bello y riquísimo Darcy no por causas innobles sino perfectamente razonables, desconfía de la verdad en su corazón. Madurar, para Austen, significa ver las cosas tal como son, sin pensar ni en la fama ni el dinero ni las apariencias. Es un proceso por el cual los humanos nos hacemos humanos reconociéndonos en los otros y sabemos perdonarles y de paso perdonarnos a nosotros mismos. Esa humanidad hace de Orgullo y prejuicio una de las mejores novelas de la historia, un fiel amigo al que uno puede recurrir siempre que quiera.

***
Tengo una cita
por Manuel Hidalgo

Jane Austen y el futuro de las mujeres
26/09/2012

Los Watson (Nórdica) es una pequeña novela inacabada de Jane Austen (1775-1817). Se lee con total satisfacción y aprovechamiento, ya que, si bien su trama no llega a su completo desarrollo y desenlace, sí adquiere su pleno significado, y más cuando el libro concluye con una nota de James Edward Austen-Leigh, sobrino y biógrafo de la escritora inglesa, que desvela los planes que Austen tenía respecto al destino final de los principales personajes.

Los Watson no tiene la envergadura de las, al menos, cuatro obras maestras que Jane Austen publicó en vida: Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1814), Mansfield Park (1814) y Emma (1816). Sin embargo, participa esencialmente de sus constantes estilísticas y temáticas: la ironía crítica y la fina observación a la hora de describir las cuitas de mujeres con personalidad, un tanto rebeldes, pertenecientes a la burguesía rural británica, cuyo ambiente familiar -el único que conoció en profundidad la escritora- se recrea magistralmente.

Emma Watson, la otra Emma de Jane Austen, es una muchacha que regresa a su poco boyante hogar, tras haber sido educada por unos tíos de posición más desahogada, y tiene que enfrentarse a la problemática de tantas heroínas de la autora: manejar su futuro personal y económico por los inciertos vericuetos del amor y del matrimonio. Jane Austen, que murió a los 42 años, permaneció soltera.

La chica es invitada a un baile ofrecido por una familia más potentada, ocasión de oro para que oriente sus pasos, al tiempo que es advertida de que será objeto del acoso de un tal Tom Musgrave, galán depredador e informal que ya ha causado estragos entre sus hermanas. La inexperta Emma sabrá manejarse con más soltura y habilidad de las previstas, lo cual no quiere decir que su porvenir deje de ser incierto.

¿En qué consiste el porvenir de una muchacha de su clase y de su tiempo? En casarse con un joven lo más adecuado posible, lo cual significa que el candidato ha de disponer de suficientes recursos económicos. No hay otra salida para las mujeres que, en su tiempo, carecían de la independencia que solo proporcionan una capacitación profesional y un trabajo remunerado. El ambiente social no les asignaba otro papel que el de esposas y madres a buen recaudo, excepción hecha de la opción por la soltería, cuidar de los viejos padres y de los hermanos pequeños.

Elizabeth, hermana de Emma, le explica así su punto de vista acerca de sus aspiraciones ante un horizonte tan poco estimulante: "Ya sabes que no tenemos más remedio que casarnos. Yo me arreglaría muy bien sola; con unos pocos amigos y un agradable baile de vez en cuando me contentaría, si una fuera a ser siempre joven. Pero nuestro padre no puede asegurarnos el porvenir, y es muy triste envejecer, ser pobre y que se rían de ti".

La vejez, claro, es el gran inconveniente, el gran fantasma. Y más para una mujer pobre y soltera. Así era, hasta hace nada, el panorama que atisbaban muchas mujeres excluidas, por una cosa o por otra, del matrimonio, una solución y una condena. El mundo ha cambiado. Las mujeres han cambiado. El mundo ha cambiado a las mujeres y las mujeres han cambiado el mundo.

Articulo : http://www.elcultural.es 28/01/2013

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...