mercredi 6 mars 2013

María Cristina JURADO/ El mundo intimo de Siri HUSTVEDT y Paul AUSTER


El mundo intimo de Siri Hustvedt y Paul Auster
Por María Cristina JURADO

Dos días después de la tormenta Nemo, los novelistas y ensayistas, juntos desde hace 32 años, abrieron su casa en Brooklyn para compartir su universo privado. En un delicado esgrima intelectual, Paul y Siri repasaron su método, sus días de pobreza, el éxito y la rivalidad, su pasión por la escritura y ese apego afiebrado por el otro, que tres decenios no han desteñido.

- ¿Quieres una copa de vino?
Paul Auster abre la puerta de su casa Brownstone en Brooklyn –que en 1892 nació como una mansión de ladrillos y ventanas angostas – y camina hacia la alacena. Deposita la botella de Sancerre blanco sobre su mesa de laca bermeja. No espera la respuesta: la descorcha, sin sonreír. Auster es alto, apuesto, con ojos de gato que penetran al interlocutor sin piedad. Un hombre bello que irradia fuerza, como su escritura, traducida hoy a más de 40 idiomas. Su presencia intimida, llena la pieza y todas las piezas de esta que ha acogido a muchas familias a través de un siglo.

Por la antigua escalera, se escuchan los pasos de su mujer desde hace 32 años, premiada con el Gabarron 2012 y autora de los libros que este verano fueron la lectura de Michelle Bachelet en Caburgua.

Muy rubia, estilizada como una gacela, Siri Hustvedt, descendiente de noruegos, ensayista y escritora y, últimamente, cotizada conferencista en seminarios científicos, sonríe desde el rellano.
Son las cuatro de la tarde en Park Slope, Brooklyn. Afuera cae la nieve y el aire se congela a once grados bajo cero.

 La tarde se desliza sobre los tejados decimonónicos. Cónsul bullicio y sus letreros de neón, Manhattan vibra a los lejos.
Muy pocas veces los Auster han accedido a conversar juntos. Brillantes ambos, activos en su ping-pong intelectual y emocional, a veces ácidos y otras, militantes, el discurso de los dos escritores se entremezcla, compite, colisiona o se deja llevar, placido, frente a alguna materia en que por fin están de acuerdo. Y es ella la que, al principio de esta tarde, da la clave:
-Estamos chocando continuamente. Es parte del encanto de nuestro matrimonio. No siempre estamos de acuerdo, y muchas veces nos cuesta, pero ahí residen el interés  y el placer en la otra persona. Muchas mujeres, abrumadas, dicen: “Quisiera tener una esposa que me cuide”. ¡Pero yo no quiero eso! ¡Quiero a alguien que me desafíe, que me lleve la contra! Un hombre con quien conversar profundamente, un compañero, mi equivalente intelectual. Alguien con quien debatir, si es necesario, toda la noche. Muchas veces con Paul hemos vivido conflictos, pero jamás nos han paralizado. Estar en desacuerdo y polemizar es lo que ha hecho entretenido este matrimonio, ¡y ya son 32 años!

Paul Auster, escritor prolífico –casi un centenar de títulos entre novelas, ensayos, guiones de cine, libretos de teatro, memorias, relatos y poemarios-, multipremiado internacionalmente y cineasta de culto, uno de los grandes nombres de la novela estadounidense del siglo veinte, va mas lejos. Sus palabras resuenan en el antiguo comedor donde se acoda don su mujer, mientras la nieve cae, incesante:
-Una vez dije que conocer a Siri me salvo. Salvo mi vida, porque descubrí a la mujer que amaba. Ella me dio, por primera vez, un sentimiento de unión con otro ser humano. Es verdad hasta hoy. Para mis estos 32 años han sido una aventura permanente. Cada día con ella es una aventura. Solo puedo decir, después de tanto tiempo, so far, so good.

Golpea tres veces con sus nudillos en la mesa roja bebe el Sancerre en su vaso vidriado. No toma en copa, no usa computador, no tiene email. Mira a Siri con sus ojos de gato, que brillan bajo la lámpara de cristales y dice:
-Es verdad, Siri, nunca he tenido un mejor amigo que tu.

El silencio que sigue a sus palabras retumba en el salón. Nadie se atreve a romperlo. Con sigilo, el equipo de fotógrafos alista sus telones, desplegados sobre el piso recién renovado de los Auster. Hay velas rojas y blancas, traídas de Noruega, repartidas por todos lados.
Parecen las velas de un barco.

Hubo un día en que Siri Hustvedt y Paul Auster no vivían en esta casa de techos altos, caobas y alfombras persas. No existía la lámpara Tiffany ni la colección de porcelanas antiguas –regalos de la madrina de Hustvedt- que hoy preside el comedor en un aparador que alguien instalo hace mas de cien anos. Tal ves, y a lo mas, a Paul lo acompañaba su fiel hilera de maquinas de escribir en miniatura que hoy, en este invierno furioso en Nueva York, se desperdiga en cada rincón de los tres o cuatro pisos que la pareja habita. Eran tiempos duros. Tiempos de pobreza. El novelista, que acumula una docena de premios internacionales, entre ellos, el Médicis de Francia y el Príncipe de Asturias, recuerda esos brutales días de carencia. Sin emoción. Sin compasión:
-Yo fui pobre y pasé apreturas demasiados anos, de niño, de adolescente, de adulto joven. Era pobre y, cuando me casé con Siri y después nació, en 1987, nuestra hija Sophie, vivíamos en un departamento diminuto. A veces me preguntan qué es para mí el éxito. Es una pregunta difícil, que me obliga a plantearme al frente de mi obra como escritor, a mirarla desde afuera. Porque el éxito refleja como los demás te ven, no como uno se siente. Uno solo hace su trabajo. Mi primera novela fue rechazada por 17 editores y ahora esta publicada en 43 idiomas. Fueron 17 editores que no la entendieron –porque nadie la entendía-, pero yo sabía que ahí había algo. Tenía razón.

Ahora la encuentran genial. No sé como se mide el éxito, porque, si te miden, te conviertes en objeto y yo me resisto. Para mí el éxito es contestarme estas preguntas: ¿Puedo hoy ganar suficiente dinero para seguir trabajando? Eso es todo lo que me interesa, por eso para mi el dinero fue un gran tema durante anos. Me marco, porque sentía que tenía que escribir y más de alguna vez despaché rápido un texto para poder conseguir unos dólares y comer o pagar el arriendo. Puedo decirte que, cuando no se tiene dinero, solo se piensa en él. Es el único pensamiento que llena tu mente. Hasta que tuve 40 o 41 años, luché para sobrevivir y, por eso, los últimos 25 anos de mi vida han sido muchos mejores que los 40 anteriores. Aprendimos con Siri que lo mejor de tener dinero es no tener que pensar en él. Para ella, la gran independencia económica que le ha dado su escritura ha sido un regalo.

Época dura los ochenta. Ella evoca: “Éramos dos escritores oscuros que casi no habíamos publicado y nadie conocía en Estados Unidos”. La autora de “La mujer temblorosa” y “El verano sin hombres” –con media docena de novelas traducidas a 30 idiomas, además de ensayos y poemarios- también era pobre: había llegado desde Minnesota a Nueva York para estudiar en Columbia. Sobrevivía con pequeños trabajos:
-En la universidad trabajé muy duro para subsistir. Fue difícil, hacia mil trabajitos, lo que llegara. O no comía. No olvido mi pasado y por eso sé que el éxito sirve para ser libre. Hoy tengo independencia financiera gracias a mi trabajo y eso me otorga libertad. El éxito me  ha hecho independiente y libre, también de Paul. Por primera vez, los dos trabajamos tranquilos, sin sobresaltos.

Al nacer Sophie, quien hoy es cantante y actriz y vive en Tribeca, al sur de Manhattan, Auster emigro de su casa para poder escribir. Mantiene el hábito:
-Era tan diminuto nuestro departamento que, ahora que éramos tres, ya no cabía yo cuando escribía. Era imposible concentrarme por falta de espacio, entonces arrendé un pequeño estudio para poder trabajar. Escribí ahí varios anos y, cuando nos pudimos comprar esta casa, me trasladé con mi maquina de escribir al subterráneo. Pero cuando la hermana arquitecta de Siri le remodelo su propio estudio de trabajo, creo que sentí envidia. ¡Era tanta la luz, tan claro el espacio, algo fascinante!

Con Siri Hustvedt instalada en el piso superior –un estudio tapizado de libros con una luz brillante que rompe el invierno- Auster abandono su subterráneo y el comedor, en cuya mesa trabajo por anos, y arrendó un estudio vecino. Se convirtió en su espacio. Desde allí capto la atmosfera multirracial de Brooklyn que, junto a Manhattan, constituye uno de los nervios centrales de su obra.

Auster pertenece a Nueva York. Hoy se toma largas pausas entre libro y libro, lo que no hace su mujer. En ellas sale poco, se ha vuelto muy casero, dice su mujer con una carcajada. Él la interrumpe. Alega que nunca tanto, que no ha visitado su estudio porque, desde Navidad, no han parado de viajar. No están de acuerdo una vez más.
Se ríen, cómplices.

-José Donoso y Roberto Bolaño fueron dos ejemplos de escritores que arrendaban estudios para escribir. ¿Es una cosa de hombres?
Siri Hustvedt salta. Responde con ojos flameantes:
-¡No! ¡Te olvidas de Virginia Woolf! Ella fue la primera escritora que identifico la necesidad de un cuarto propio y lo defendió en “A Room of one’s own”. Dejo establecido que los hombres se sienten con el derecho natural a tener su propio espacio para crear, mientras que las mujeres tenemos que pedir permiso y perdón. Virginia nos enseño que, para una escritora o pintora o escultora, tomarse el espacio y el tiempo necesario para la creación es un derecho fundamental. Lo es para cualquier artista.

A Siri Hustvedt el feminismo le brota. No es novedad; como escritora y charlista, ha sido casi militante.
-Nos han preguntado- sobre todo al principio, ahora mucho menos- si, a pesar de nuestro sólido matrimonio, hemos sido una pareja de creadores afectada por celos profesionales. El caso es que, íntimamente, somos muy buenos amigos y nos apoyamos en esencia. Fue así desde el principio. La irritación que a veces siento no proviene de nuestra relación, sino de afuera, por comparaciones de nuestra obra, de nuestra fama o por presunciones sexistas, visiones que nos ponen como antagonistas. Eso es muy irritante. Hay algo claro: Paul era un escritor absolutamente oscuro cuando lo conocí. Nunca fui una mujer que se impresionara con su éxito o celebridad, simplemente porque en esa época ni siquiera lo conocían en Estados Unidos. Durante anos escuché lo contrario y siempre me indigno, era una presunción sexista. Yo nunca fui la pobre estudiante que se encandilo con el escritor famoso.
Paul Auster:
-Cuando nos conocimos, en los inicios de los 80, yo no era famoso. Solo había publicado poemas, ninguna novela aun y, a lo mas, tenia cien lectores en el mundo. Después de anos de traducciones y poesía, terminaba mi primer trabajo en prosa “La invención de la soledad”. Eso si, no olvido que empecé a escribir prosa a los 15, para después pasar a la poesía. En ese tiempo, como Nathaniel Hawthorne dijo antes de publicar “La letra Escarlata” en 1850, yo era “el mas oscuro escritor de las letras norteamericanas”.

Son las seis y media. La botella de Sancerre esta vacía. En un rato los escritores comerán en el Pen Club de Manhattan. Para prolongar la conversación, que la oscuridad de la ventana ha vuelto mas intima, ella cancelo una cita. Él continúa hablando con un discurso magnético. Siri Hustvedt y Paul Auster reconocen puntos de referencia comunes en su método de creación. Por ejemplo, saben que nadie escribe por conveniencia: un escritor no elige, es elegido por su escritura. Espontánea y suelta, esta nórdica criada en Estados Unidos sube, con risas, al baño. Al regreso dice:
-Hay algo en lo que ambos coincidimos profundamente. Ningún creador escribe porque lo eligió, la escritura te ha elegido. Es una urgencia, una necesidad en tu vida. Si no escribieras, te faltaría algo desesperadamente esencial.
Por eso, compartir 32 años ha sido tan gratificante para Paul y para mi, porque tu sabes en qué esta el otro, aunque no te lo diga. Hay una comunicación real y espontánea.

Paul concuerda. “Me han preguntado cien veces si ser ambos escritores me dificulta o facilita vivir con Siri. Siempre respondo igual: no veo lados negativos, jamás ha sido un problema, al contrario. Tengo la suerte de vivir con alguien que comprende lo que hago, y por qué lo hago. Y tengo a la lectora más inteligente a que podría aspirar en mi propia casa. Es un lujo. Ni una sola línea mía sale de aquí sin la venia de Siri. Es la crítica de mis libros que mas respeto en el mundo. Al revés, yo le leo cada silaba. Los editores casi no nos editan. Cuando reciben el manuscrito, ya es una obra terminada”.
La sorpresa en la vida diaria es un ingrediente fundamental para los Auster de Brooklyn. Es con los ojos llenos de entusiasmo que el escritor de 66 anos ahonda en el tema:
-Uno de los grandes placeres que vivimos es que continuamente nos sorprendemos con nuestra escritura. ¡Es un proceso fascinante! Leo algo tengo que correr a preguntarle: “¿De donde sacaste esto, como se te ocurrió? No, sabia que tenias esto adentro tuyo”.

Siri explica esta sorpresa a través de la mente humana. En los últimos anos, su interés por la ciencia y el cerebro, además de ser un motivo en sus novelas, la ha llevado a reinventarse como conferencista científica. Con 57 recién cumplidos, se declara una estudiante perpetua. El tema de la mente es una de sus fascinaciones. Recibe invitaciones de grupos de psiquiatras, psicólogos y médicos que requieren su palabra. “No tengo dudas de que en el trabajo literario, aflora la parte subliminal de una persona, como si la personalidad y los pensamientos se volvieran material de literatura. Es por esto que Paul y yo nos sorprendemos tan seguidos, porque no conocíamos esa parte de nosotros mismos. No nos imaginábamos que existía”.

-¿Puede ser que uno no se conozca después 32 años?
-¡Claro! Hay que tomar en cuanta que no solo la otra persona es un extranjero en nuestras vidas también lo somos para nosotros mismos. Esa dualidad no puede olvidarse. Todo trabajo creativo, no solo la escritura, también la plástica, la música, las matemáticas, emerge a veces como algo totalmente ajeno a su creador.
La mente trabaja en forma secreta e independiente. Es fascinante y es la causa de nuestra sorpresa. Particularmente, y esto es muy importante, porque solo nos leemos al final de nuestra escritura, cuando el libro esta terminado. Jamás nos mostramos un trabajo en proceso.

Paul Auster detalla la formula que inventaron para calibrar su producción literaria:
-Jamás nos mostramos ni discutimos un libro antes de terminarlo. No hablamos del terna, ninguno tiene idea de lo que el otro esta escribiendo, no hay atisbos a la producción del día a día. Es un misterio que se revela solo al final, es mucho más interesante. Nos hemos acostumbrado a respetar el silencio y la total privacidad del otro en su acto de creación. Esta es una actividad tremendamente solitaria y, si no te gusta estar solo, dedícate a otra cosa. Como escritor pasaras la gran parte de tu vida en soledad.

Siri, atenta a que no se desvirtúe su propia visión de los hechos –actitud que preside toda su conversación- interrumpe: “Es verdad. Pero también es cierto, y creo que Paul concordara, que cuando ambos cerramos el lapicero, la maquina de escribir y el computador  y nos preparamos para disfrutar nuestra noche –la comida, nuestra conversación-, dejamos de ser escritores, ya no trabajamos. Admito que, a veces, los personajes de una novela siguen danzando alrededor mío y me hablan en la cama. Pero hemos aprendido a hacer un corte, la comida es la comida y mi marido es mi marido, no Paul Auster el gran escritor, y yo soy solo Siri”.

-Tienes que hacerlo. He aprendido con los años que, una vez que cierras la puerta de tu estudio, no debes pensar más en ese libro. Ahí es cuando se pone a trabajar tu inconsciente. Él trabaja mientras tú comes, ajeno a todo. Es una maravilla y funciona como reloj, dice Paul.

-¿Su mente sigue trabajando en su novela?
- (Sonríe) Estoy convencido de que el inconsciente soluciona muchos problemas en la creación. Hay que dejarlo, darle espacio. Muchas veces dejo mi estudio en la noche, bien complicado, sin saber como resolveré la situación. Cierro la puerta y me pongo a hacer otra cosa, como o hablo con un amigo. Después me voy a la cama con la mente en blanco. Al otro día, en el 80% de los casos, sé exactamente como salir del embrollo. Mi inconsciente trabajo por mí mientras yo dormía placidamente. Con Siri, quien hablo de esto en “La mujer temblorosa”, sabemos que el trabajo subliminal no para en la vida de un escritor. Es así para todos.

Siri interviene: “Una vez, hace tiempo, un amigo científico me contó que tenia un problema con una formula, llevaba días. Se fue a dormir y sonó que X e Y eran hermanos. Al otro día tenia la solución. No solo el sueno resuelve problemas creativos, también ayuda a calmarse: el relax tiene una función aclaradora. Moverse es también importante. No hablo de correr cien metros planos, sino de subir una escalera, dar vueltas en una pieza, prepararse un café. La actividad motora suelta las ideas. Cuando yo estoy atrapada en mi escritura, bajo y me pongo a doblar la ropa recién lavada. Y veo claro. Escribir es una acción muscular, de ahí sube la idea. Paul, que lo retrato muy bien en “Diario de Invierno”, su ultima novela publicada, ha dicho que, para él, escribir es como hacer música, y la música es parte del cuerpo. Me gusta mucho citar a Einstein, cuando explico que su trabajo nada tenia que ver con ciencias, lingüística o matemática. Que era un proceso visual, muscular y emocional. Es la base de todo trabajo creativo.

Mientras la tarde se hace noche, coinciden en que no tienen ceremonia especial ni amuleto antes de empezar un nuevo libro. Ni pulsan la primera tecla vestidos con un suéter azul ni observan una fecha, como hace la Premio Nacional de Literatura 2010 Isabel Allende, para quien el 8 de enero es sagrado. Auster irrumpe con una precisión:
-Aunque los dos empezamos un libro solo cuando hemos terminado el anterior, mis dos últimas obras fueron comenzadas, por casualidad, un 3 de enero. “Diario de Invierno”, el 3 de enero de 2011, y éste, que será publicado este ano, el 3 de enero de 2012. Conclui “Report from the interior”, en Navidad. Son trabajos gemelos. “Diario de Invierno”  habla de cosas y hechos físicos que me ocurrieron o me ocurren. Este nuevo es sobre aspectos espirituales, emocionales e intelectuales. Ambos libros se complementan.

Paul dice que sus libros mellizos retratan el despertar de la conciencia cuando niño y después como adulto joven. “Por ejemplo, ¿Cuándo fue la primera vez que me di cuenta de que era un estadounidense? ¿Cómo respondí en mi infancia a la conciencia de que era judío? ¿Cómo evoluciono mi pensamiento? Tiene que ver con el despertar de la conciencia, mi ideas políticas, mis ideas morales”. Curiosamente, el premiado novelista no los ve como autobiográficos.

-De ninguna manera y es extraño. No son autobiográficos en el sentido clásico. Primero, están escritos en segunda persona y, segundo, pueden tratarse de la vida mía o de la de cualquier persona. Quise retratar y compartir mi experiencia de los hechos más banales en la vida de un hombre, como un ejemplo de lo que se siente al estar vivo. Eso es todo. Creo que un lector puede identificarse o usar estos libros como un catalizador para reflexionar sobre su vida y si mismo. Son trabajos fragmentarios, como partituras de una música.

-¿La memoria y la imaginación son importantes?
-¿Acaso hay alguna otra cosa? Son fundamentales. No solo para un escritor, para cualquier persona. La memoria es la que hace ser quienes somos, tener conciencia de existir. Es la base de referencia de haber vivido.

Siri Hustvedt también inicia el 2013 con un libro nuevo. Se llama “The Blazing World” (El mundo ardiente o abrasador), tiene muchos personajes que hablan en primera persona y se centra en una artista visual muerta. Igual que su marido, la escritora y ensayista lo entrego al editor en Navidad.

Cuando se habla de creatividad, a Paul Auster no le alcanzan las palabras. Comenzó escribiendo prosa a los 15, paso a la traducción y a la poesía. En algún minuto se sintió atrapado en su poemas, “como paralizado en un rinconcito de esta mesa, sin poder desplazarme al resto del mueble”; retorno a la prosa y ahí encontró su verdadera vocación. Un proceso de muchos años que lo ha llevado a la celebridad y a la tranquilidad. Siri Hustvedt también comenzó en la poesía y fue derivando a la prosa. Su marido explica:
-En un momento supe que ya no podría escribir poesía, era un terreno limitado. Comencé a repetirme, de las cosas peores para un escritor. Me tomé una pausa de un año –creo que escribí una novelita de detectives porque necesitaba desesperadamente dinero-, y cuando volví, fue en prosa. Ya no pude parar. Hay algo en todos los artistas que nos conecta directamente con la infancia y el juego. Los niños inventan juegos todo el tiempo; es parte de crecer. Los artistas seguimos haciéndolo el resto de nuestra vida. Solo nosotros somos capaces de convertir esa vocación infantil en nuestra profesión y la aplicamos al proceso creativo. Esa es, finalmente, la gracia de esto, el placer de crear. Reconozco que a veces digo que la escritura es una enfermedad. Porque el arte puede ser y es un proceso doloroso. Es contradictorio, te da inmenso placer, pero, para hacerlo bien, tienes que investir mucho y tener una gran fuerza emocional. Un escritor mira al corazón de las cosas.

Siri Hustvedt redondea la idea y aclara, mientras los fotógrafos guardan sus equipos y la cortina de nieve cae, cerrada, en los vidrios:
-Para convertirte en artista es fundamental aferrarte a la idea de una grandeza adaptada, sentirla adentro, en tu corazón y en tu mente. Significa tener un sentido muy firme y claro de que hay algo adentro tuyo que es valioso y que vale la pena compartir con los demás. Ese es tu impulso creativo, el que te hace perseverar. Estar convencido es la clave, porque nadie, nunca podrá remecerte. Paul siempre recuerda a Ingmar Bergman, cuando decía “Mi trabajo como director de cine es convencer a mis actores de que su trabajo importa. Porque todo lo que hacemos es de mentira, no existe”.

Si Hustvedt se ha reinventado como conferencista científica, Auster se concentra en la escritura. Pero añora hacer películas y es considerado un cineasta de culto, después de sus incursiones de los últimos quinces años.
-Adoro filmar. Pero hacer cine es muy caro: necesitas un millón de dólares para una película. Y el tipo de cine que me interesa –obras pequeñas, modestas, fuera del mainstreams- no encuentran financiamiento. No me cierro a la idea de volver a tomar una cámara. Solo que escribir es mucho mas razonable, porque también me encanta hacer novelas, se distribuyen rápido y llegan a millones de lectores, después las traducen en 40 o 50 idiomas… entonces el esfuerzo creativo ha valido la pena. Pero con Siri decimos siempre que uno nunca sabe a donde lo llevara la vida. Si tú no hubieras conocido hace 25 años, sabrías que hoy somos los mismos, pero también somos otros.

Articulo: http://www.mer.cl 26/02/2013

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