mercredi 6 mars 2013

Ramón SAMPEDRO/ Cartas desde el infierno


Cartas desde el infierno
Por Ramón SAMPEDRO

Biografía
Ramón Sampedro nació el 5 de enero de 1943 en Xuño, una pequeña aldea de la provincia de La Coruña. A los 22 años se embarcó en un mercante noruego, en él trabajó como mecánico. Con él recorrió cuarenta y nueve puertos de todo el mundo. Esta experiencia formó parte de sus mejores recuerdos. El 23 de Agosto de 1968 cayó en el agua desde una roca. La marea había bajado. El choque de la cabeza contra la arena le produjo la fractura de la séptima vértebra cervical. Durante treinta años vivió su tetrapléjica soñando con la libertad a través de la muerte. Su demanda jurídica llega hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sin que llegase a prosperar. En los medios de comunicación reivindicó su derecho a una muerte digna y en enero de 1998, en secreto y probablemente asistido por una mano amiga, consiguió su propósito.

PROLOGO DE ALEJANDRO AMENABAR
Este libro no es, en el sentido estricto, la base literaria o dramática de lo que luego seria la película Mar Adentro. En realidad, es mucho más que eso. Es el complemento intelectual y poético, el pilar filosófico que dio pie y sentido a todo nuestro trabajo posterior. Tras más de veinte años de reflexión, de lecturas, conversaciones y escritos, Ramón decidió publicar estar Cartas con un objetivo muy claro: hacer valer su individualidad y su libertad. Pero al mismo tiempo, Ramón consigue situarnos frente al abismo de la muerte, colocarnos junto a esa línea divisoria, la que separa este mundo del “otro”, quizá, lanada. Y nos dice: «Dejadme cruzar la línea dejadme saltar». Yo personalmente, no he estado nunca demasiado cerca del abismo- a los 12 años, quizá, cuando caí por una pequeña cascada y, como Ramón, estuve a punto de partirme el cuello- pero creo que, apoco que caminamos por el mundo, tenemos que enfrentarnos más tarde o más temprano a eso que, inconscientemente, acabamos apartando de nuestros pensamientos. Ramón nos ayuda, es más, nos anima a reflexionar sobre ello, sin miedo, porque para él la muerte no es más que una parte del proceso natural de la vida. Su prosa en este aspecto resulta contundente. Otras veces, cuando se detiene a describir su propia situación se vuelve amarga, dolorosa. Pero siempre hay en todo un fondo escrupulosamente racional, la razón de su conciencia, un afán por debatir y argumentar sin dejar cabos sueltos. Y para los que aun así piensan que su discurso es injustificable, Ramón exige en última instancia la no intromisión, harto de sufrir el prejuicio, la compasión, el paternalismo o directamente la descalificación.
Alejandro Amenábar


DEDICATORIA
Con todo mi afecto y gratitud, dedico este libro a Manuela, mi cuñada. Ella es verdaderamente la maestra ejemplar en humanidades. En su corazón no hay lugar para la intolerancia y la mezquindad porque ella es la generosidad y el respeto. A la memoria de mi madre, que no tuvo la oportunidad de hacer de diosa. A mi padre, que junto con mi hermano y sobrino hicieron algo más soportables los rigores del infierno. Al recuerdo de James Haig, tetrapléjico británico que, después de muchas y humillantes súplicas, tuvo que quemarse vivo porque la justicia le negó el derecho y la libertad para morir de un modo más humano. A mi querida amiga y escritora Laura Palmés, sin cuyos persuasivos consejos y ayuda este libro nunca habría tomado forma.
Ramón Sampedro

PROLOGO PARA “CARTAS DESDE EL INFIERNO”
El día 23 de agosto de 1968 me fracturé el cuello al zambullirme en una playa y tocar con la cabeza en la arena del fondo. Desde ese día soy una cabeza viva y un cuerpo muerto. Se podría decir que soy el espíritu parlante de un muerto. Si hubiese sido un animal, habría recibido un trato acorde con los sentimientos humanos más nobles. Me habrían rematado por que les habría parecido inhumano dejarme en ese estado para el resto de la vida ¡A veces es mala suerte ser un mono degenerado! Dicen los técnicos de la medicina y se lo confirman políticos, jueces, juristas y demás castas asociadas para formar el inhumano estado de derecho y bienestar- seria más coherente llamarle del revés y malestar-, que un tetrapléjico es un enfermo crónico. Si se utilizase el lenguaje con precisión, sería menos engañoso afirmar que un tetrapléjico es un muerto crónico. ¡No me gusta hacer el papel de muerto crónico en esta comedia del vivir para sobrevivir en función de la picaresca del lenguaje técnico! Considero que un tetrapléjico es un muerto crónico que tiene su resistencia en el infierno. Allí-con el fin de evitar la locura- hay quien se entretiene pintando, rezando, leyendo, respirando o haciendo algo por los demás. ¡Hay gustos para todo! Yo me he dedicado a escribir cartas. Cartas desde el infierno. Que nadie busque una línea metódica en esos escritos. Todos son como variaciones sobre un mismo tema. Una idea sola. Una sola pasión. Me interesan, sobre todo, la libertad del ser humano y todo cuanto gire al alrededor de la vida, el amor y la muerte. Así como los tres sentidos que psicológicamente determinan nuestra existencia, las creencias, el pensamiento y la conducta: el placer, el dolor y el temor. El día que la ciencia dio por imposible curarme la parálisis, pensé, con la desesperación del animal atrapado en la trampa infernal de algún cruel y despiadado cazador, en la bondad de la muerte. ¡La caridad bien entendida comienza por uno mismo! Pero este principio moral parece que sólo lo entienden políticos, jueces, religiosos, médicos, cuando se trata de aumentar sus salarios para cobrar el bien que hacen por la humanidad. Al principio, solo piensas en liberarte. Sólo hay dos alternativas: convertirte en un ser absurdo, ser lo que no deseas ser, un habitante del infierno; o ser coherente con la utopía de la vida. Liberarse del dolor, buscar el placer a través de la muerte. Me decidí por la liberación, no como lo negativo sino como lo positivo: buscar algo mejor. Lo primero que expresaron mis padres cuando les dije que deseaba la muerte fue que ellos me preferían así perderme para siempre. No hay forma de escapar, la gente no quiere tocar el tema. La ley prohíbe. Y el ¡yo no soy capaz de prestarle la ayuda que me pides! Prevalece como la voluntad de una ley invisible sobre la personal. Ésa fue la primera vez que me encontré con el muro impenetrable del paternalismo bienintencionado. No quiero decir que mis padres familiares y amigos no sientan lo que afirman, lo que digo es que no tienen el derecho de que prevalezca su deseo y voluntad sobre los míos. A principios de 1990, consigo la colaboración para una eutanasia discreta. Pero ante la evidencia, sale a relucir el autoritarismo. Entonces, ya no es: ¡yo no puedo!, ¡A mi no me lo pidas!, Sino: ¡Yo no quiero!, ¡Yo lo prohíbo!
Acudí entonces a los jueces y sucedió otro tanto: <> ola falta de forma. Al final, el insulto de los dogmáticos fundamentalistas de la creencia ciega en el sufrimiento purificador: ¡Cobarde, si quieres morirte muérete, pero déjanos en paz y no ofendas a Dios! Parece que nunca se les ocurrió pensar que ellos son el fracaso de la razón, y no yo. En abril de 1993 tomé la determinación de reclamar la eutanasia como un derecho personal. Nunca me había imaginado tanto terror y supersticiones ocultas. Parece como si se hubiesen conjurado todos los necios de la tierra para hacerme desistirse seguir por ese camino. Según ellos, voy errado. No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija. Son los enemigos naturales de la vida y los responsables de la destrucción del hombre como individuo. Dice uno de sus colaboradores: esto es nuestro fracaso, no supimos darle motivos para vivir. Unos se sienten ofendidos porque rechazas el ofrecimiento de la protección de su dios. Los otros, porque les desprecias sus paliativas e inútiles ciencias. Después de haber oído cosas tan absurdas como las siguientes, solo nos queda escribir Cartas desde el infierno. ¿Quieres sanarme?, Pregunta uno. Claro que sí, respondo. Pues ruégale a Dios, que si lo haces de verdad te sanará.  Pero, si Dios ya sabe que lo deseo de verdad, ¿Por qué tengo que pedírselo? Yo te aprecio mucho, dice alguien. ¿Me crees? Sí, ¿y qué tiene que ver que me aprecies mucho o muchísimo, y yo también a ti, si eso no cambia la realidad? Tú renuncias a vivir. Eres negativo, destructivo, asegura el sabiondo. Esta mentalidad entre dominante y lacayuna resulta tan ridícula que sólo a un ser absolutamente degenerado puede resultarle natural ese comportamiento humillante. ¡Si no fuese por vuestras taras, no seríais lo mismo! ¿Serías tú lo mismo si no fueses tetrapléjico? ¿Habrías reflexionado sobre las mismas cosas? Claro que no, el individuo es siempre él y sus circunstancias. Pero si necesitas la visión, o vivencia, del horror para elevarte y crecer espiritualmente, humanizarte y ser ética y moralmente superior, mírate a ti mismo. Tú puedes estar incapacitado para amar, pero no justifiques por ello el horror de los demás. ¡Para entender el dolor no es necesario vivirlo! ¡Solo una garrapata se le ocurrirá decir que el deber de su perro es sufrir! El autoengaño del ser humano ante la muerte lo h a llevado a tan sinrazón que la niega racionalmente. No se le enseña el sentido de la muerte. Y la estrategia dominante de los maestros se ha convertido en una forma de cultura parasitaria. Está bien que alguien no quiera oír hablar de la muerte, pero hacer creer que la persona, o personas, que piden el derecho a decidir el final de sus vidas, lo que en realidad están pidiendo es que les demuestren cariño, sólo pone de manifiesto que son los maestros del engaño los que se están engañando a sí mismos. Lo que éticamente cabría hacer seria concederle a cada persona la libertad que reclama. Es decir: pedid y se os dará. Si llevan a cabo lo que dicen desear, no hay autoengaño, y si no lo hacen, sí. Esta sería la única forma de no manipular la verdad. De no crear infiernos desde donde la única libertad que nos queda es la de escribir cartas, que pueden ser dramáticas y aterradoras u optimistas y de autoengaño. Y así el condenado se distrae pensando que el infierno, a pesar de todo, no se pasa tan mal.

PRIMERA PARTE

Había mar de fondo. Hacía resaca en la costa. Estaba de pie al borde del pozo natural que formaban las rocas de la playa. Ensimismado, penaba en el compromiso de la noche. La chica me iba a presentar a sus padres. Creo que me estaba entrando el temor a la idea del compromiso matrimonial. Sin saber cómo me vi cayendo hacia el agua. No me había lanzado voluntariamente. Cuando iba por el aire me di cuenta que la resaca había retirado el agua. No había remedio. En la vida jamás se puede volver atrás. Choqué con el mar. Toqué con las dos manos la arena del fondo, pero no bastó la reacción para frenar la inercia. Vi la arena. No era posible evitar el choque de la cabeza. Con el ángulo que llevaba de entrada en el agua, lo lógico era tocar con la cara, pero un reflejo instintivo me hizo inclinar la cabeza hacia delante. La cabeza pegó en la arena. El cuerpo quiso dar el tumbo, pero la presión del agua lo impidió. Sonó un chasquido, como el romperse de unas ramas al pisarlas. Como un pequeño y desagradable calambre recorrió mi espina dorsal y el cuerpo entero. A continuación nada. Se había cortado para siempre la comunicación entre mi cerebro y su cuerpo. Me acababa de fracturar la espina cervical por la séptima vértebra. Después del choque me quedé en el fondo, como un muñeco de trapo y los brazos y las piernas colgaban hacia abajo. El cuerpo comenzó a ascender hacia la superficie. Despacio, muy despacio. Yo intentaba moverlos, pero ellos seguían inermes, como si nunca me hubiesen pertenecido. Mi cuerpo alcanzó la superficie.
Cesó todo movimiento. Sólo me quedaba el pensamiento, que se movía por un espacio infinito y en blanco. Mis ojos miraban la imagen del cielo azul, claro y limpio. Llevaba manteniendo la respiración desde el instante que me había caído al agua. Empecé a pensar que iba a ahogarme. Pasaban los segundos. Era como si el tiempo se deslizase con celeridad y el pensamiento quisiera llevarse grabado en la memoria, antes de morir, la historia del tiempo vivido. Dicen, a veces, que cuando las personas sienten que van a morir les pasa por la cabeza como una película a gran velocidad todo lo acontecido, todo aquello que les ha marcado para siempre. Ésta fue, desde entonces, la frase que definió lo que estaba por llegar: para siempre. Yo era marino mercante y las primeras imágenes que llenaron mis recuerdos fueron las de los puertos que había recorrido. Y la figura que destacaba por encima de todas ellas era la de la mujer que había penetrado, que me había poseído y que nunca más, nunca más, formaría parte de mi historia, o quizá sí, pero tomando el cuerpo etéreo de que están hechos los recuerdos. Entre tocar el fondo y llegar a la superficie pasaron 30 segundos. Y un minuto y medio fue el tiempo que transcurrió en la superficie expulsando lenta, muy lentamente, el aire acumulado en los pulmones. En aquel instante - yo no lo sabía, pero dicen que la persona que se ahoga, después de expulsar todo el aire de los pulmones, tiene una muerte instantánea, muy dulce-, si hubiese intuido la vida que me esperaba, habría inspirado la tantas veces acariciada agua de mar. Y de repente aparecieron los puertos de Holanda, Maracaibo, Nueva York, y se fundieron, dolorosamente, las mujeres que había amado, y surgieron los recuerdos de mi infancia. Aquellos que habían contribuido a hacerme hombre. ¿Hombre? – me pregunto ahora, pero ahora han pasado 27 años-. Aparecieron los verdes de mi tierra, las va quiñas mansas, el rostro tan dulce de mi madre, la autoridad paterna y la ternura de mi tía y de mi abuela. Recordé su paciencia, sus caricias, y también apareció el rostro de aquel profesor que en la escuela nos pegaba. No hay palabras para definir todas las imágenes que recorrieron mi mente en aquel minuto y medio. Es como si la facultad de recordar saliese del cuerpo, anduviera sobre volando todos los lugares amados: el prado, el río, la gente, la niña con la que jugabas entre el maizal, el recodo del río donde te bañabas desnudo. Tal vez fuese el deseo del hombre de toparse de nuevo, de poder sentir y tocar la naturaleza. No sé a qué se deberá esa extraña sensación, quizá al deseo de la materia de volver siempre al principio. De repente noté que alguien sujetaba mis cabellos y me levantaba la cabeza para preguntarme:-¿Qué te pasa? Se llamaba Manuel.-No sé, sácame de aquí- respondí. Cuando me sacaron del agua mi primera sensación fue la de que mi cabeza pesaba enormemente. No entendía nada. Me tumbaron boca arriba y contemplaba el cielo azul que antes se me había pasado por los recuerdos. Nita de Vilas me pellizcaba las piernas y las manos, y me preguntaba: -¿No sientes nada? Esa fue la primera vez que comencé a ver a los seres humanos desde abajo. Me metieron en un coche y me llevaron al circuito medico y continué viendo como fantasmas las caras de las personas. Desde abajo. Desde la camilla. Desde la cama. Ahí es donde empecé a contemplar el mundo desde el infierno. Parece que siempre veía a la gente allá arriba... Uno quiere levantarse, ponerse a su altura, en el lugar que había abandonado unas horas antes. Y tomas conciencia de que eso nunca jamás podrá ser. Después de 3 meses de deambular por entre vericuetos de la ciencia, buscando el equilibrio perdido, pasa el tiempo y tomas conciencia de que no puedes encontrarlo. Nunca jamás. Ni puedes morirte, ni volver atrás.

¿Y COMO HABLO DE AMORSI ESTOY MUERTO?

¿Y cómo hablo de amor si estoy muerto?
Si los muertos no tenemos pasiones,
Ni de humanos afectos sentimientos
Sólo somos de los vivos el espanto.
Todo es incoherencia y contradicción
Para un muerto entre los mortales.

No lo excitan la luna, ni la flor, ni la hembra,
Porque no tiene carne para reproducirse.
¿Hay cosa más absurda que escuchar a un cadáver
hablar apasionadamente como un humano,
si no puede sentir el calor ni el frío
ni el placer ni el dolor o el llanto?

Es horrible ser un muerto entre los humanos.
Ser el muñeco con quien representan una parodia absurda
Los psicópatas esquizofrénicos vivos
Que disfrutan con la visión de cadáver putrefacto.
Embadurnado de excrementos, babas y locura
Al que con asco y saña, impertinentes, siguen limpiando.

Y pide liberarse, el cadáver, de entre los vivos locos,
Pero éstos no entienden los silenciosos gritos de los muertos.
Y con patético ensañamiento lo siguen animando:
Cuenta, muerto, tú historia de lo que estás pasando;
Parece que eres uno de nosotros, los vivos,

Aún aparentas algo de ser humano.
En vano les digo, ¡que no!, ¡que estoy muerto!,
Que ya no puedo hablar igual que ellos
Porque me resulta absurdo hablar igual que los humanos.
Y no me dejan ser ni muerto ni vivo
Estos locos y alucinados desquiciados.

Querida Martha:
He leído la carta que has enviado a DMD –España-, en la que expresas tu voluntad de liberar a la vida del mal, del sufrimiento del dolor, como tú dices, matando el cáncer el día 24 de septiembre. Me ha conmovido tu sereno y ejemplar testimonio de cómo la razón debe imponerse a lo absurdo. Creo que uno de los graves errores del cristianismo es no saber, o no querer, darle otro sentido a la muerte a la que nos referimos todos los que hablamos eutanasia, considerada como un bien, la que tiene como único fin liberar a la vida del dolor sinsentido racional. Yo me considero agnóstico. Pero entiendo que si la utopía de todo ser viviente es conseguir librarse del olor, entre ellos el humano, ésa tiene que ser la utopía o voluntad el hipotético creador. El mal que los cristianos ven en la eutanasia es, sino falso, erróneo, pues el mal no está en el acto en sí, sino la intención. Los mismos cristianos esperan que venga un liberador a ex terminar el mal de la faz de la tierra, cuando debería entenderse que es el deber moral de los hombres hacerlo. Suele argumentar que el sufrimiento purifica al hombre. ¡Esa sería la idea de cualquier buen tirano! Si el ser que tiene conciencia ética necesita experimentar el dolor en su propio cuerpo, verlo en un ser querido o en cualquier ser viviente para humanizarse, es porque está incapacitado para amar –o lo han incapacitado unas costumbres culturales insensibles ante el sufrimiento porque errónea, o astutamente, se da por supuesto que es lícito explotarlo para el bienestar de los dominantes, poderosos o más fuertes-. De ahí es lógico derivar a una aberrante interpretación de que el todopoderoso creador de la vida pueda enfadarse y castigar a quien se le ocurra renunciar a la vida para renunciar al sufrimiento. Pienso que sólo la conciencia ética de una razón pura puede liberar a la persona-y con ella a la vida- de lo absurdo. Cristo enseñó muchas cosas, entre ellas a liberarse del temor al dolor y a la muerte, y a no dejare intimidar por las amenazas del poderoso, ya que esos dos temores no racionalizados culturalmente son el arma más eficaz de la que se valen los tiranos de todo tipo para dominar. El día 23-8-1968 me fracturé el cuello –c7- al lanzarme al agua en una playa para bañarme. Después de salir del hospital, convertido en un tetrapléjico para el resto de mi vida, algo me decía que ese era mi tiempo de morir. Siempre pensé – y pienso- que después de la muerte hay otro equilibrio. Nada en el universo es caótico, todo es armónico, puro equilibrio. La materia vuelve siempre al equilibrio, o a un equilibrio: después de la primera explosión cósmica, retorna el equilibrio. Después del orgasmo, el equilibrio. Después de la muerte, el equilibrio. Y pienso que el mismo acto de renunciar a la vida para destruir al dolor destruyendo la causa, cómo tú dices, matando al cáncer, si te liberas de todo temor, si crees verdaderamente en esa lógica universal, ese tránsito, o transmutación material, tiene que resultar placentero. Lo que falla es el método racional humano que falla es el método racional humano y humanizado del levarlo a cabo, es decir, vencer al temor, tener la certeza de que no habrá sufrimiento en ese instante de soltar las amarras de la vida. Creo que eso es lo que realmente atemoriza a los apologistas del sufrimiento como un deber moral, por eso reprimen esa libertad. Si el individuo-persona se libera del temor al dolor y a la muerte, podría ser indomesticable. ¡Antes morir que ser esclavo de ningún sufrimiento injusto! Después del hospital, regresé a casa de mis padres. Al cabo de los años, conseguí el modo de llevar a cabo mi deseo de morir de esa forma racional y humana -eutanasia-, pero una persona de mi entorno familiar se niega a colaborar de ningún modo, y además amenaza con denunciar el caso a la justicia. Harto de condescender con tanta hipocresía y mezquindad, decidí llevar el caso ante esos tribunales de justicia para que me respondiesen si debe ser castigada la persona que me preste ayuda. Me lo rechazaron por un defecto de forma, tanto en España como en el Tribunal de Derechos Humanos. Ahora está de nuevo en el juzgadote primera instancia de La Coruña –ése era el defecto formal: que la demanda había sido presentada en Barcelona en lugar de La Coruña. Espero que en el plazo de un año, más o menos, haya una sentencia definitiva del Tribunal Supremo Constitucional. Después de este proceso kafkaiano, tanto si la sentencia es positiva como negativa, espero que nos encontremos, no sé cómo o dónde, y se repita como se repite por aquí tan a menudo: ¿De qué nos conocemos? ¿Dónde nos hemos visto antes? Aunque, para mí, primero tendrán que dar la cara los juzgadores y responsables de denegar legalmente la libertad y el derecho a la única muerte que, como consecuencia de un acto de la razón humana, puede considerarse ética y moralmente justificable. Si el fallo fuese favorable, habrá triunfado la razón. Si triunfase la razón en este país mío, cada ciudadano que en él habita tendría el privilegio de elegir, como tú, su tiempo de amar, todo bajo el sol, sin que la razón pueda actuar éticamente e n cada caso, convertiría al racional en un absurdo. Si fuese negativa, será el fracaso de la razón, y también una condena formal y moral a una muerte por inanición como sutilmente me sugieren ciertos pastores y muchos corderos. Según estos “apóstoles” del bien, ésa es la forma más ética porque no compromete a nadie. No hacerlo así dicen, es de cobardes. Como puedes ver, a dios no le importa –según sus intermediarios- que uno muera de inanición, pero sí con unas cuantas pastillas. Morir es siempre renacer, querida Martha, sólo los necios no se lo creen. Solamente el malvado y el necio temen al infierno...Ya que la razón ha triunfado en tu país, o has tenido la fortuna de haber ido aparar a un lugar bajo el sol donde la razón se ha impuesto a superstición, te felicito y te deseo un buen viaje hacia el cielo.¡Siempre está el cielo después de la muerte para los que han amado la vida! Espero que nos encontremos a doblar alguna esquina del universo. Cuando la semilla de la liberación nace en la conciencia del ser humano, toda fuerza opositora, todo sofisma o fundamentalismo fanático y represor que se oponga a que germine y fructifique es sufrimiento y dolor que se va acumulando sobre la tierra como la gestación de un monstruo que parirá inexorablemente un Apocalipsis. Quienes, en nombre del conocimiento y de la ciencia, ocultan criminalmente esta constante histórica evolutiva, son unos malvados porque asesinan la esperanza. Y, si no pueden o no quieren verlo, son unos necios irresponsables. La semilla de su auto liberación ha nacido en la conciencia del individuo, ya forma parte de lo eterno, nunca se podrá detener. Un cariñoso y fraternal abrazo.

ENSUEÑO DE UN PIRATA

Su cara representa el universo: mientras me habla, contemplo el cielo. Ensimismado, convierto su cabello en nube. En lucero sus ojos. Su palabra en viento. Cuando aspira vital oxígeno, me transformo en átomo, para poder llegar hasta su misterio. Penetro en su sangre y dejo en cada glóbulo un verso que dice: “yo también estoy enamorado del amor, y lo firmo con un beso”.Recorro una tras de otra todas sus neuronas paridas de ácido desoxirribonucleico vibrando anhelantes con cada impulso eléctrico, más fuerte cuando pronuncia las palabras hijo, amor, ternura, Eros, Eros, Eros. He sido un pirata por unos instantes. Un intruso violador de los más recónditos y hermosos secretos. Sólo hallé tormentas en su corazón. Deseo y pasión en cada latido...big-bang... la memoria, el reflejo, del principio y del fin de todo universo. En un alveolo me quedé dormido. ¡De repente, un trueno penetra en mi oído!¿Qué pasa, por qué no me hablas? Por nada, por nada. Estaba distraído. ¡Mentira! Estaba pensando que soy un pirata por haber viajado por mares prohibidos. Estaba pensando: Cuánto duele ser humano y hombre y escuchar a una mujer decir que, para ella, amar a los hombrees fue un tiempo perdido. Querida sirenita, sonríe y piensa: el pasado no existe, tampoco la muerte, y si crees que el amor perdura, en el futuro está la buena suerte.

Querida Aurora:
He recibido tu abrazo y el diálogo que lo acompañaba dentro de la carta que me enviaste desde Tortosa. Me son gratos, tanto el simbólico abrazo como el real y sugerente diálogo sobre el equilibrio del individuo.¿Qué deseo? El placer:¿Qué no deseo? El dolor. Abrazo y diálogo son el ideal de los amantes, y por tanto el del amor y la vida. Su deseo sería dialogar eternamente abrazados, pero el equilibrio exige separarse de vez en cuando para recuperar energías; trabajar para alimentarse, vestirse y refugiarse, porque si no fuese así se morirían de hambre y de amor – de placer- mientras buscan el sentido de su existencia. Es decir, para mantener el esfuerzo desagradable – de dolor: Me decías, cuando te leí la carta para M. A., que yo me refería a los grandes equilibrios. Dabas a entender - o así lo entendí- que es más importante para el ser humano el equilibrio de su universo personal, espiritual, psicológico: los pequeños equilibrios. Si formamos parte del todo, el todo y la nada deben ser lo mismo, y participar del mismo abrazo. Si el universo abraza a las galaxias, las galaxias a sus estrellas, el sola nuestra tierra, nuestra tierra a los seres vivos, el ser vivo a sus propios átomos y el átomo a sus electrones, todo se abraza, o mantiene el equilibrio por medio de unos brazos invisibles de la gravedad, o relatividad, de una ley inexorable que, por ahora, sólo podemos deducir según los datos que poseemos. ¡Confiar o no depende mucho de los maestros! No hay grandes ni pequeños equilibrios, todo es uno. El psicólogo está regido – y debe estar relacionado con todo- por esas tres leyes: placer, dolor y temor. El temor sería como una gravedad que mantiene el equilibrio de la vida con su protector abrazo. Siempre nos abrazamos, o nos abrazan, tanto física como psicológicamente, ante un dolor real o posible -también como muestra afectiva, claro -: El niño con sus padres, los padres a un padre superior. Con respecto a la eutanasia, creo que este es el dilema que las castas dominantes no quieren, o no saben resolver, tanto jurídica como moralmente por causa de un inmaduro paternalismo protector de la vida. El fin del crecimiento psicológico, racional, espiritual, ético, moral, no es buscar un protector al que abrazarnos para que nos libere del temor, el fin es liberarnos del temor para liberarnos del dolor.¿Cómo liberarnos del temor? El sufrimiento nos da la pauta a seguir por una razón ética. Todo sufrimiento provoca una especie de salto psicológico hacia delante... ¡No quiero el dolor! Pero hay sufrimientos lógicos, y hay sufrimientos absurdos. Sólo en lo irremediable el salto es verdad, el deseo es verdadero. No es error. Volviendo a la lógica ley de los grandes equilibrios, si la tierra o un planeta cualquiera se sale de su órbita, no se pierde ni se destruye, perderá su forma pero encontrará otra forma de equilibrio. El planeta se dejará llevar por la ley del universo.
 Chocará con algún otro cuerpo que lo absorberá o se desintegrará, pero se entregará sin temor al juego de la vida. No se resiste a la ley. ¡A la lógica!¿Por qué la razón si? Por un interesado y erróneo cultivo del temor. Cuando el ser humano pierde el equilibrio, rompiéndose el cuello, por ejemplo, lo primero que desea es recuperarlo. Lo mismo sucede con cualquier enfermedad en su proceso irreversible hacia la desintegración material del cuerpo, la muerte. Pero el deseo de recuperar el equilibrio es irrealizable. Nuestro raciocinio lo confirma. Sin embargo el deseo es puro, no engaña. ¡Si no queremos eso, obviamente, deseamos lo otro! Aquí es donde la conciencia tiene –más que el derecho- la obligación de decidirse por el bien o el mal, el libre albedrío, la libertad. Y como regresar atrás no es posible, sólo queda trascender, soltarse del abrazo con el que el temor nos tiene atrapados, dejarse llevar por el deseo de no sufrir, La razón se impone así al instinto, al deseo de abrazarnos desesperadamente a una madre-vida que nos quiere mucho pero que no puede liberarnos del sufrimiento que nos afecta. ¡Es amoral! Sólo es la voluntad personal la que puede liberarnos soltándonos de ese asidero instintivo y dejándonos llevar por la corriente del río de la vida, por la muerte racional. Hasta aquí, es una forma de explicar una lógica intuitiva más que racional. En lo que respecta a mi equilibrio personal dentro de lo absurdo, como tú dices, sólo podré hacértelo comprender -espero- con el símil del animal domesticado. Para domesticar a un animal, es decir, someterlo psicológicamente a la voluntad del humano, se le atemoriza y demostrándole que puedes vencerlo físicamente o/y que puedes matarlo de hambre o sed, en definitiva, que puedes causarle dolor si no obedece.¡O se resigna o lo destruyen! Por terror, el animal acaba entregándose a un amo. También se le puede seducir afectivamente, claro, pero ése es otro tema. Después del accidente, y con el diagnostico de los técnicos confirmando la imposibilidad científica de devolverle el equilibrio entre cerebro y cuerpo- ese dualismo que armoniza deseo y voluntad-, lo primero que pensé fue que era mejor la muerte. Es decir, no al dolor absurdo, sí a otro equilibrio. El técnico triunfador, psico amaestrado por su casta para negar su ignorancia, dirá que pasé por las diferentes etapas de la negación, tregua, negociación, aceptación. Sólo se escuchan e interpretan a sí mismos. Cuando me negué a perder el pudor y la dignidad, me vi dando manotazos como un animal al que tratan de domesticar.¿Qué quiero decir con “manotazos”?Un día mi madre me dijo “Yo no soy la culpable” Cierto, pensé, resultaría absurdo que pagasen inocentes por culpables. Dejé de dar manotazos para evitar la locura; se podría decir que les entregué mi cuerpo a los domadores. Pero nunca les entregaré mi conciencia. Nunca me harán creer con sus fundamentos de derecho que proteger la vida humana en contra de la voluntad persónale un acto noble, racional, humano, justo y bueno. ¡Y no es porque no trate de entenderlos, es porque cuanto más conozco, más absurdas me resultan sus razones! Cuando estos domesticadores profesionales califican de trastornada a cualquier persona que se niega a aceptar la realidad del deterioro físico o psíquico irreversible, ellos mismos se están contradiciendo, ya que esa misma acusación podría hacérsela a ellos, pues médicos, juristas, teólogos, filósofos y legisladores contrarios a la eutanasia se niegan a aceptar que la práctica de la medicina tiene que llevar consecuentemente ala implantación de un nuevo derecho: el de la persona a renunciar a ciertos estados de decrepitud humillante que se prolongan artificialmente como consecuencia de un erróneo concepto de lo que proteger –la vida- significa. 
Los mismos que hablan de protección se niegan a aceptar que están imponiendo aquello que no desean para sí mismos; es decir, no aceptan su incoherencia o su ignorancia. Se niegan a aceptar su fracaso. Mi equilibrio –si lo es-consiste en saber que se puede sobrevivir domesticado en el infierno, pero sin olvidarse jamás de que es absurdo permanecer en él. Como digo en un párrafo de la carta a M. A., lo que falta es el medio deliberarse. Eso es lo que demando de los supuestos protectores de la vida, pero ellos siguen empeñados en negar la evidencia de la sinrazón y en demostrar que en realidad deseo otras cosas. O que la vida es una cosa abstracta, es decir, que el individuo no existe. Lo paradójico es que eso lo fundamentan unos seres humanos que se consideran a sí mismos sabios. En fin, tratan de negar la superioridad de la razón sobre el instinto y la creencia. Y para confirmarlo aseguran que quien desea morirse de verdad, puede hacerlo de hambre y de sed, por ejemplo. Al parecer, esa irresponsabilidad psicológica, esa idea simplista, les está dando buen resultado, pues más de un amigo ya se ha sumado a e ella. No importa; trataré de mantener el equilibrio mientras mis temerosos e inmaduros protectores filosofan gravemente sobre la moralidad o inmoralidad, o de la conveniencia de soltarme del abrazo de sus brazos jurídicos, teológicos, deontológico o demagógicos. ¡Espero aguantar hasta que decidan tan peliaguda cuestión! Un abrazo.

EQUILIBRIO

Siento que soy tú, y quiero en este instante
Que se pare el tiempo
Para que lo hermoso tenga eternidad
Ahora que mi deseo es igual al tuyo,
Ahora que amor, vida y muerte son pura verdad,
Ahora que todo es placer y el dolor no existe,
Ahora que principio y fin son exactamente igual.
Ahora que mi deseo es igual al tuyo,
Ahora que mi voluntad es tu voluntad

ILUMINACIÓN

Tus senos son rosas cuyo aroma aspiro.
Olas, blanca espuma meciendo mis besos.
Rumor de caracolas susurrando en mi oído
La eterna afirmación que desvela el misterio.
Mientras mis labios vuelen
A posarse anhelantes sobre tus tibios pechos
Como la mariposa anhelante persigue el dulce de la flor.
Mientras clame encendida de pasión tu materia,¡quiero morirme ahora!
El equilibrio existe porque entiendo el sentido del placer y el dolor
Mujer, mientras tu nombre exista, el cielo está seguro
Pues tú eres la certeza que derrota al dolor y al temor.
Mientras tu nombre exista, el cielo está seguro
Porque estará seguro para siempre el amor.

LA PALOMITA ENJAULADA

Begoña Bóveda es una chica de veinticinco años que lleva veinte en una silla de ruedas sufriendo ataques epilépticos. Sueña eternamente con un novio, espera.
Ay, Begoña, Begoñita,
Palomita que se agita
Calvadita en su sillita
Como queriendo escapar
De su jaula –esa silla,
Que la vida al parecer
Se la clavó por la espalda
Y allí la dejo sentada
Veinticinco primaveras.

¡Hostia! ¡mierda! –dice ella
cuando sus piernas se agitan,
pero lo dice bajito
como temiendo ofender
a un invisible fantasma
que se está burlando de ella.

¡Grita fuerte, Begoñita!
¡Hostia! ¡Mierda! ¡Hijo de puta!¡Desclávame de este asiento
y no tires de esos hilos invisibles,
que no soy tu marioneta!

¡Grita, Begoñita, grita
para que te oigan en los cielos!
Que alguien tendrá que pagar
Semejantes atropellos.

<>, dicen ellos:
<>.
Porque no están como tú,
Begoñita, en los infiernos.

(para Begoña Bóveda, mi compañera en el infierno)

Querida Vilma:
Acabo de recibir tu enternecedora carta. No creo que la tolerancia sea un síntoma de debilidad en una persona. Creo más bien todo lo contrario. La tolerancia es una virtud reservada a las éticas y moralmente superiores. Ya sé que no tenderé otra oportunidad de sentir ese dulce y misterios o entusiasmo que experimentan nuestros sentidos cuando nos acarician los ojos, los labios y todo el ser. Alguien que nos susurra tiernamente “te amo”.Sé que no volveré a tener otra oportunidad de oírle decir a la vida que me ama con todo el ser de una mujer que me ama con todo el ser de una mujer. Sé que renuncio a disfrutar de tu compañía, generosidad y ternura. Tal vez cometa un acto de egoísmo al no acceder a una relación en la que todas las ventajas estarían de mi parte, y de la tuya sólo los inconvenientes. Ya sé: para ti es suficiente. Pero como ya te dije muchas veces, no lo es para mí. Es decir, o se cumplen tus deseos o los míos. Hay en tu última carta un tono de reproche, pienso que contra el destino, pero que parece hacerme a mí también en algo responsable de tu tristeza. ¡No sabes cuanto lo siento! ¿Sabes, Vilma?, piensa que tú y yo estamos hablando porque nos conocimos a consecuencia de una determinada circunstancia. Es decir, si yo no hubiese planteado una demanda judicial nunca nos hubiésemos conocido. Somos los seres humanos los que debemos marcar nuestro propio destino de acuerdo con la razón y no con la creencia y superstición. Tú dices muy a menudo que el mundo es una mierda. No, lo que sucede es que los que hacen de maestros han convertido una gran verdad en una gran mentira. ¡Cuándo el ser humano traiciona su conciencia todo se convierte en mierda! Yo tomé un camino, y en una dirección concreta es sólo esa meta la que deseo alcanzar y no otra. Si cambiase de idea demostraría que no había tenido en cuenta que lo que deseaba era encontrar el amor de una mujer en lugar de defender un principio que considero verdad universal. Desde que tomé ese camino hay tanta gente empeñada en seducirme con toda clase de proposiciones, que tengo la sensación de que me han tomado por un niño al que hay que consolar, y cuando no hace caso lo insultan llamándolo caprichosos, soberbio, ignorante, cobarde. Sé que no encontraré una mujer que me quiera con ese amor leal, fiel y verdadero que tú me demuestras, pero nuestro encuentro fue debido a una circunstancia cuyo propósito tenía, desde antes de conocerte, prohibido modificar. Me entristece que tú también me hagas reproches y me digas que te alegras porque parte de aquellos que yo considero responsables de la mentira universalmente pagada. La vida, querida Vilma, tiene leyes muy precisas. Podemos hacer de niños mientras somos niños, pero cuando alcanzamos la madurez psicológica, sólo debemos hacer de hombres o de mujeres. Quiero decir que ningún hombre o mujer quiere verse reducido a la condición de tetrapléjico; un hombre o mujer, niño-a, al que mamá, o papá Estado, o familia, asea, mima y cuida con ternura. La vida nunca da marcha atrás. Las personas que se dejan llevar y aceptan la condición de bebés, lo hacen porque no les enseñaron algo tan elemental como ir hacia delante. Quien se queda en un lugar que no le gusta, es obvio que le da miedo abandonarlo.
Tú siempre has ido hacia delante. Siempre has tomado aquellas decisiones que creíste debías tomar. A veces habrás sentido que acertaste y otras veces que no. Con respecto al hecho de dejarte llevar por un sentimiento de amor hacia mí, creo que nunca has hecho un análisis realmente serio de algo tan complejo. Ya sé, el amor no se puede razonar, o se ama o no se ama, como tú dices tan a menudo. Lo que pasa es que yo tengo la manía de buscarle a todo un por qué. Pienso que hay en toda mujer un instinto maternal superior a su raciocinio, Y por mucho que tú me asegures que me amar como a un hombre, yo nunca estaré seguro de cuánto de idealización de un hombre con una sensibilidad que siempre has deseado encontrar y no has podido, o no ha durado. Sí, claro, se puede decir:¿Y qué más da si eso es lo que yo quiero? Como tú dices, siempre hay dos partes en el amor. No es que yo no te quiera, es que me niego a querer así. Mientras somos niños, es lógico que la mamá proteja al niño, pero cuando alcanzamos la edad de adultos, si te alegras porque no se cumpla mi voluntad, es porque así se cumple la tuya. Sé que me lo dices con la mejor intención demostrarme tu afecto, pero deber reconocer que es una forma de amar bastante dudosa. Mientras el ser humano no acepte su propia muerte, y la de los demás como un acto racional y de generosidad, no será un ser psicológica y humanamente formado. Sí Vilma, todos los días tengo un pensamiento de gratitud para ti, pero nunca diré que me alegro de estar vivo. Estar vivo para mí significa ser tetrapléjico. Pero tú dices:”vive porque tu amor me hace sobrevivir” Hay en tu deseo algo incoherente. Nuestra relación afectiva –en el caso de que se diese una relación así- tendría un sentimiento meramente espiritual o sentimental, es decir, tú necesitas sentirte útil y necesitada para sentirte viva. Yo podría representar el ideal de figura masculina que has idealizado, una sensibilidad que encaje como la otra mitad de la tuya femenina, una incógnita que complementa tu incógnita espiritual. Dime, Vilma, ¿Para qué me necesitas físicamente? Al fin y al cabo, ¿qué más da que me tengas a tu lado o que me lleves en tu corazón como un recuerdo inmortal? Me acusan muy a menudo de pensar sólo en mí mismo. Es posible, pero de lo mismo podría acusar yo a los demás. Dices que cuando se ama se da todo y se pide todo, y cuando esa entrega no es posible es mejor dejarlo. También dices –creo- que el verdadero amor es aquel que lo da todo a cambio de nada. Pues démonos toda nuestra amistad sin pedirnos nada más a cambio. De este modo no nos haremos ningún reproche, porque el amor del amigo es el menos egoísta de todos. Tú sabes, querida Vilma, que tienes en mi corazón un lugar muy especial, ése que nos hace esbozar una sonrisa cada vez que recuerdo tu nombre.¡Gracias por tu fidelidad, AMIGA!

AMADA MAR

Amada mía:
Tu calma serena y tranquila me embelesa cuando la luna en la noche tropical ilumina tu cara. Me trastorna tu sonrisa blanca y rizada; y embobado sonrío también. Me enloqueces cuando te agitas y ruges apasionadamente. Sobre tu ondulado vientre me arrullas y meces como el huracán. Pareces una erótica y frenética bailarina. Yo me dejo querer como un vanidoso amante por tus tiernas caricias. Quisiera penetrar en ti para adorarte eternamente, mi seductora amante, la mar.

LA SIRENA Y EL NAUFRAGO (Cuento)

Arribó a una isla una sirena herida y allí estaba un náufrago, varado y herido también. Ella lo miró, y le dolió tanto su melancolía que rompió a llorar lágrimas saladas de pena por él. El viejo marino que siempre soñara con una sirena de rubios cabellos, de hermosa figura y dulce mirar, al verla tan triste se olvidó un momento de sus desventuras y empezó a contarle fabulosos cuentos de una sirenita y un lobo de mar: Las sirenas sueñan, dijo el marinero, de la tierra amores, sueñan los marinos, como las sirenas, amores del mar, soñar lo imposible es la religión de los soñadores. Para las sirenas y para el marino la vida es soñar. Dice la leyenda que, si una sirena encuentra un marino, tiene prohibido por el dios del mar quedarse junto a él. Solo de mirarlo, robarle la calma y seguir su ruta porque si se queda, la sal de los mares se volverá hiel. Dicen que se debe tan grave castigo, porque al gran Neptuno se le fue su amada con un marinero que escuchó cantar. Desde aquel entonces está prohibido que marino alguno vea a las sirenas. Y si lo imprevisto hace que se encuentren, que sea su encuentro, como una condena, eterno penar. Dulce sirenita que vienes herida, no te cause llanto mi melancolía. Cuando te hayas ido, no pienses que siento por ello dolor. Un día seremos tan sólo materia como en un principio, morirá Neptuno, morirá su hechizo, y al final de todo triunfará el amor. Cuando en las tormentas el mar enfurece y brama rabioso y arrastra los barcos con los marineros al fondo del mar, es el despechado y feroz Neptuno dando manotazos de amante celoso porque una sirena y un marinero se han vuelto a mirar.

EL NAUFRAGO

Apareciste, como aparecen en el horizonte la esperanza de una vela o el dorado y reluciente sol del amanecer. Saliste al paso en la noche de mis sueños, pero yo era el náufrago, mujer. Quiso llamarte mi alma. Quiso gritar mi cuerpo desde el fondo del tiempo y del espacio. Mi brazo quiso alzarse para tocar tu orilla. Pero brotó del cielo el rayo y el relámpago del dios castigador que lo paralizaron. Y el trueno furibundo acalló de un soplido mis delirios de náufrago. Tiñe el silencio en torno de mi alma su brazo helado y negro. Como un lazo de piedra alrededor del cuello, la noche eme ahoga con su oscuro y lúgubre abrazo. Vuelve el grito al silencio de donde quiso huir. Y sólo queda una imagen fugaz, blanca y dorada, grabada en mi retina de náufrago solitario. Sé que no apareciste, fue una alucinación de náufrago a la deriva que te vio aparecer en la luz de un relámpago.

LOS ENSUEÑOS

Mar adentro, mar adentro,
Y la ingravidez del fondo,
Donde se cumplen los sueños,
Se juntan dos voluntades
Para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida
Con un relámpago y un trueno,
Y en una metamorfosis
Mi cuerpo no era ya mi cuerpo;
Era como penetrar al centro del universo:

El abrazo más pueril,
Y el más puro de los besos,
Hasta vernos reducidos
En un único deseo:

Su mirada y mi mirada
Como un eco repitiendo, sin palabras:
Más adentro, más adentro,
Hasta el más allá del todo
Por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto
Para seguir con mi boca
Enredada en sus cabellos.

Querida Belén:
Ninguna de tus cartas me ha parecido algo inútil o equivocado. Me gustaría que hubiésemos tenido la oportunidad de hablar cara a cara durante algunas horas para que las miradas limpiasen nuestro espacio comunicativo de todo prejuicio, o de la mayoría de ellos. Yo no necesito ni más ni menos apoyo moral del que precisa otro ser humano cualquiera. Todo lo contrario. En mi situación prefiero dar apoyo moral que recibirlo, Tengo mucho tiempo para hacer un análisis crítico de la realidad que nos envuelve. También a mí, y a la sociedad, en esa relación de interdependencia. Te aseguro que no es soberbia ni orgullo mi respuesta. Creo que lo que más necesita el ser humano es tiempo para la reflexión. Y no lo tiene. Al finalizar cualquier tipo de educación, la persona debería disponer de otros tantos años de ocio para desprenderse de los prejuicios éticos y morales que los demás le impusieron en función de muy variados intereses, no siempre honrados. Te equivocas en una cosa cuando dices: “No te he escrito, porque tengo la sensación de que te molesta lo que haga.” No, no me molesta, todo lo contrario. Me encanta, pero debes entender que yo escribo con un bolígrafo entre los dientes. YT eso me cansa mucho. Cuando empiezo a responder una carta me extiendo un poco, pero eso no quiere decir que me sea fácil. No puedo contestar a todas las cartas, sólo a aquellas que me descubren una persona necesitada de ternura. Aunque ese deseo nos es común, no creo que necesites que yo te escriba. Percibo en tu carta un cierto tono de reproche. Te aseguro que no es indiferencia, pero entiende que nunca te voy a responder carta por carta. ¿Necesitas que te escriba, Belén? Si es así, dímelo y haré el esfuerzo encantado. Si a ti te gusta escribirme no lo hagas por el prejuicio de que puedo necesitar apoyo moral. ¡Soy bastante fuerte! Belén, desear la eutanasia no es, precisamente, estar desesperado, triste o necesitado de cariño. Es buscar la sensatez en la razón humana. La razón humana es lo que debe prevalecer. En tu última carta me preguntabas por qué te escribía No suelo contestar a cartas de personas que estén en contra de la eutanasia. ¿Por qué? Pienso que es un diálogo absurdo. Entrar en esa polémica es abrir un diálogo de sordos que no lleva a ninguna parte. Lo hice contigo porque me parecía, y me sigue pareciendo, que una gran generosidad y bondad personal afloran en ti. Con mis repuestas quería transmitirte la forma que yo tengo de ver la vida y hasta dónde me parece digna de ser vivida, al margen de todo prejuicio de carácter religioso, o de otro interés que no sea el personal. Al Estado, la religión u otros grupos profesionales que tiene poder de imponerme su autoridad ética o moral sólo les concedo el derecho de prohibirme cualquier acto que atente contra la libertad, la dignidad o la vida de otra persona o grupo. Entiendo que me trasmitas tu apoyo y tu cariño. Te lo agradezco. Sé que hay millones de seres humanos que piensan y sienten igual que tú. Yo pienso y siento lo mismo por cualquier persona que se halle en una situación dramática. Pero yo siempre defenderé la voluntad personal si la muerte es la única salida que tiene para liberarse de esa situación. Belén, yo no pienso como un enfermo, no actúo como un enfermo, pero siento como un enfermo. Siento, pienso y actúo como un ser humano ante la dramática visión de un semejante convertido en un tetrapléjico. 
Se da la circunstancia de que, también, soy un tetrapléjico, y reclamo para mí – solamente para mí- la libertad de dejar de serlo. Como no creo que te hayas enamorado de mí –disculpa la broma-, y supongo que al escribirme lo haces con el noble y generoso propósito de llevarle un poco de consuelo y distracción a un enfermo del que la gente piensa, erróneamente, que está desesperado. Lo entiendo. Lo que no me parece bien cuando somos mayores y pedimos libertad es que quieran que miremos hacia otro lado. Parece que fuéramos niños a quienes les tocan un sonajero para distraerlos. Me exigías en tu última carta que respetase tus creencias. ¡Cómo no! Pero te recuerdo que en una de las primeras cartas que me enviaste me decías que yo no podía llevar a cabo lo que quería – y quiero- hacer. Es decir, tú estás del lado de la doctrina religiosa. Lo que opinan las autoridades religiosas a propósito de mi derecho personal lo considero un delito. Cuando te decía que dudar es de sabios, quería decir que siempre nos debemos guiar por el criterio personal. Si nos fiamos de lo que nos dicen los demás acabamos siendo sus esclavos. Si tú me dices que no me pueden aplicar la eutanasia, yo te puedo responder que deberías poner en duda tus afirmaciones. Ahora tendría que entrar en un análisis crítico de toda la religión y sus nefastas consecuencias en la civilización de la humanidad. Seguro que ya se habrá despertado tu espíritu de réplica. Te diré que pienso que una razón pura y científica es el espíritu puro. Sería lo que tú pudieras llamar la conciencia de dios. Yo digo que morirme voluntariamente, ésa, Belén, es la voluntad de dios. Lo que dice la religión como principio doctrinal es un sofisma que lo único que pretende es mantener el principio de autoridad. Quien nos salva y nos libera de todo temor, de toda condenación y de toda esclavitud, esa nuestra conciencia. Yo no te voy a pedir que me escribas. Si tú necesitas un amigo a quien contarle tus alegrías y tristezas, cuenta conmigo. Ahora bien, si necesitas a un enfermo con quien practicar alguno de los mandamientos de cualquier religión, mejor que no lo hagas. Si no me equivoco, querida Belén, te gustaría acabar con el dolor y el sufrimiento del mundo a mí también. La eutanasia es una forma racional y humana de ayudar. Sólo a personas sin criterio propio y aterrorizado con el mito del padre se les puede hacer creíble tamaña barbaridad: sacralizar el sufrimiento me parece la forma más cruel de esclavitud. Mi cuerpo sobrevive gracias a los fármacos modernos, y a una sonda para poder orinar, además del esfuerzo y sacrificio de una o dos personas que se ocupan de mantenerme con vida, limpio y alimentado. Creo que hay un miedo natural en todo ser vivo, no tanto por la muerte en sí, como por el dolor. Sin embargo, no debe utilizarse ese temor natural para que las personas se sometan a la voluntad de ninguna autoridad moral. Cuando dejamos de ser niños, todos somos autoridades morales en lo que respecta a la vida, la muerte y el amor. Me gusta hablar con las personas querida Belén, pero el tema que yo planteo es la eutanasia como un derecho humano, Supongo que sabes que eutanasia significa buena muerte. Un cariñoso y cordial saludo.

 LA ALTERNATIVA DE LA MUERTE

La calidad de la vida consiste en una conformidad placentera, una percepción armónica del cuerpo y de la mente con el todo al que están condicionados y sujetos los sentimientos personales. Cuando no se sobrevive por simple temor a la muerte, la muerte es la única alternativa racional para liberar a la vida del sufrimiento. Cuando no hay calidad de vida, cuando el caos es total no hay más alternativa que la desintegración de la materia para renacer.

AMIGA

Amiga, ¿Quién impide que ese cumpla los sueños de remontar el vuelo más allá del temor, a quien ya no pregunta de la vida el sentido sino para qué sirve en la vida el dolor?
Más allá del temor se comienza de nuevo.
Lo eterno es siempre, siempre, un nuevo comenzar.
Comenzar a vivir, comenzar a morir,
Y entre certeza y duda comenzar a soñar.

Soñando comenzamos a creer en la vida.
Amando comenzamos a creer en la muerte.
Y todo amante piensa en buscar el amor
Más allá de la vida cuando su amor se pierde.

YA VES

Cuando me habló, estaba triste;
Me preguntó la causa de mi tristeza.
Mujer, la causa de mi mal siempre es la misma:
Que yo adoro lo bello y tú eres la belleza.

A menudo yo soy como el Quijote:
Te idealizo dueña de mi locura
Pero no se me olvida nunca que es sólo sueño.
La causa de mi mal, ¡ya sabes!,
Es la cordura.

INCRÉDULA

Anhelante afirmas que crees en dios
Y que además tu dios siempre puede hablarte.
Yo no creo en dios y sin embargo afirmo:
Porque existes tengo para creer bastante.

Soy afortunado y rico con el sueño
Porque mi espíritu es capaz de acariciarte.
Tú desconsolada lloras porque no tienes dueño.
Ingrata, porque quieras tenerlo, dios puede castigarte.

Tú habitabas en un mundo de secretos,
Del prejuicio y del dolor encadenada
Y con todos los sentidos predispuestos.
Anhelantes acogieron mis sentirse tus palabras.

Tú eras agua, fresca lluvia, yo desierto, ¿
o eras tú el desierto, y yo el agua deseada?
Qué más da, si desde entonces nacen flores en tu pecho,
Qué más da, si desde entonces le han nacido al mío alas.

Incrédula, ¿Por qué tiemblas aterida de temores y de culpas cuando tu pecho florece y al mío le nacen alas?
Cuando el pecho reverdece con las lluvias del amor,
Sólo el que no tiene fe puede pensar cosas malas. Incrédula, no te aflijas porque no
puedas coger la luna dentro del agua, antes hay que transformarse en luz para penetrarla.

Hola, María:
Sí te imaginaba una chica encantadora, algo tímida, tal vez algo retraído pero curioso y, por lo tanto, candidata a inteligencia despierta. Espero que todos tus compañeros de curso sean partidarios de mantener en armonía su cuerpo y la mente. Si así es, puedes mostrarles mis valiosas epístolas. ¡Espero que entiendas mi mal sentido del humor! No tengo inconveniente en que muestres mis cartas a tus compañeros. La idea fue del profe, ¿verdad? Yo era mecánico y trabajaba en barcos de una compañía naviera que se dedicaba al transporte de petróleo. Estando de vacaciones en casa de mis padres –desde donde te escribo- un día me fui a bañar a la playa y al tirarme al agua toqué con la cabeza en el fondo, que era de arena, y me fracturé la columna por la séptima vértebra cervical. Esta fractura produce una parálisis de todo el cuerpo –tetrapléjica-. Nunca hay que tirarse de cabeza donde haya poca profundidad de agua. ¿Qué hago para distraerme? No distraerme. A ver si me aclaro en la siguiente carta. Cuando somos niños y estamos en la cuna, lloramos para que nos cojan en brazos. Supongo que nuestro deseo es sentir el movimiento, la libertad. Pero nos ponen un chupete en la boca para que olvidemos nuestros propósitos y miremos a otra parte, para que se haga la voluntad del que nos coloca el chupete. Sencillamente, porque no quieren cargar con nosotros. Cuando nos distraemos, alguien se aprovecha de nuestros despistes. Dices, María, que no entiendes de política. Pues no te distraigas. Si te despistas, cuando reclames libertad, justicia e igualdad te van a responder que hables de otras cosas, que mires a otra parte, o que te pongas a rezar. Ya sé que lo que quieres preguntarme es cómo teniendo catorce o quince horas de tiempo por delante, para ocuparlo, o para no hacer nada, consigo no aburrirme. Eso era lo que quería decirte: no me distraigo pensando siempre en lo mismo. Tengo que imponerme una disciplina mental. No me levanto, como haces tú. Me despierto a las ocho y media de la mañana. Escucho noticias o música hasta las nueve y media o diez. Desayuno, y luego tengo unas horas determinadas para leer, escribir lo que se me ocurra. Mientras me van cambiando de postura cada tres horas – más o menos- voy observando lo que las autoridades se inventan para que los pueblos y las masas miren hacia donde ellos quieren. La comedia, el drama o el melodrama, resulta aterrador. Los seres humanos están dispuestos a creerse resultados del malvado propósito de anular su voluntad y su espíritu crítico. Por ejemplo, me parece tremendo que los chicos digan: “paso” Me suena como una consigna de muerte. Otra de las consignas malvadas que andan por ahí sueltas es la de que a las masas hay que darles lo que quieren ver y oír a través de los medios de comunicación. El fin es entretenernos. Luego, ya vendrán los pícaros a ofrecernos sus protectoras religiones, con todo tipo de sectas y dioses diversos. Lo que deberían enseñarnos, desde que nacemos, sentido crítico. Deberían explicarnos la teoría del origen de la vida y la evolución de las especies. Seríamos mejores creyentes. Seríamos más humildes y bastante más humanos. No soy ningún experto, pero creo que la etapa evolutiva del ser humano como creyente tiene que dar el paso siguiente –ya lo está dando- hacia una razón crítica, pura y científica que supere toda superstición. Entre ellas la del tabú y terror a su mortalidad. 
Opino que los humanos tienen el deber de conocer. Es la mejor forma de distraerse y de liberarse del aburrimiento. Y –como tú dices- de pensar siempre en lo mismo. La razón crítica y pura será la próxima religión, eso que llama la ciencia con conciencia. Y para conseguirlo tenéis que empezar, desde ahora mismo, a prepararos. Por el momento, todo conocimiento que se ha obtenido de ha utilizado con el propósito de dominar y esclavizar. Cuando digo que debéis comenzar ahora, quiero decir que no cometáis los mismos errores que han cometido vuestros padres. ¿Cómo nos educaron? Pues como les indicaron que debían hacerlo. Tomando el chantaje emocional, el deseo del premio y el temor al castigo como base. Claro que debe existir un método de educar y sociabilizar a las personas, pero no se puede ser contradictorio en su aplicación. Primero se nos induce a creer ciegamente en los progenitores, y más tarde, cuando llegamos a cierta edad, se nos exige queseamos decididos, valientes y triunfadores. Y lo único que podemos ser es una copia mala de las taras y virtudes de nuestros educadores. Dices que no sabes lo que hay ahí arriba. Lo que hay es siempre nuestra propia conciencia. Si le preguntamos, siempre responde con justicia y verdad. Querida María, si buscamos el conocimiento, entenderemos lo que hay ahí arriba, porque te entenderás a ti misma. Si curioseamos por los rincones de la ciencia, llegamos comprender la vida, la muerte, el amor, la religión y la política. Tú te preguntas con la conciencia limpia de todo prejuicio moral e interés personal, de casta o poder dominador, que no entiendes por qué me prohíben la muerte. Es normal que no lo entiendas. Cuando queremos comprender algo siempre tenemos que retroceder a la génesis, al origen. ¿Recuerdas lo que decía Sócrates cuando afirmaba en El banquete de Platón, que, así como a él no le gustaría que su esclavo se quitase la vida sin su permiso, a dios tampoco le gustaría que él hiciese lo mismo?.En España, el rey practica la religión católica y –como es lógico-por encima de él sólo está dios. Según el dogma de esa religión, sólo dios puede quitar la vida. Por tanto, si él se somete a la voluntad de la suprema ley, sus esclavos –los súbditos-estamos obligados a someternos a las leyes de su reino terrenal. Y para mantener este principio de autoridad existe la amenaza psicológica de que todo aquel que me preste ayuda sufrirá el dolor de la cárcel. El terror al dolor que nos puede imponer el poderoso, es su mejor arma para tenernos sujetos. No hace falta más que observar los movimientos terroristas para entender cómo funciona y ha funcionado –ha sido utilizado- el miedo a lo largo de la historia de la humanidad por los más feroces y astutos. Hoy ninguno de ellos quiere perder el control o la posibilidad de administrar el temor que las personas sienten ante la idea de la muerte y el dolor. Los médicos quieren controlar el dolor, y los curas la muerte. El rey es el cabecilla ejemplar. Pero, claro, él se somete a sus leyes por interés personal. ¿Y los que no aceptamos ser esclavos de la ética de los médicos, la moral de los curas, o de la terrorífica y amenazante protección del todopoderoso papá-Estado, que hacemos? Al llegar a la mayoría de edad cualquier individuo debe tener el mismo peso en la balanza de una conciencia ética y moral. Como ejemplo, puestos a discusión en el caso de la eutanasia, la voluntad moral y ética de la persona deben prevalecer sobre las teorías y las leyes. Cualquier ser medianamente racional entiende que no se defiende a la persona y su dignidad sino el reparto de poder entre los grupos diferentes. No se juega en función de la racionalidad sino en función de los conocimientos científicos que cada persona posea. Y también del   os prejuicios que tengan en relación a la forma de morir. 
Defiende, María, el sistema político democrático. Pero para ello tendréis que comenzar por vosotros mismos, después proseguir en vuestras futuras familias con vuestros propios hijos. En un sistema democrático, el concepto igualdad significa –o debería significar- que la conciencia del esclavo de Sócrates tendría la misma autoridad moral que la de su amo. En lo que respecta a la libertad de poner fin a su vida lo único que habría que juzgar es si la mayoría de los ciudadanos consideran racional la decisión del esclavo, y no el interés de su amor por la utilidad de su mano de obra. Pero para que una democracia sea verdadera hay que empezar por el hábito de la crítica analítica, la tolerancia y el respeto. El hábito que no se aprende de niño no se practica de adulto. Supongo que conoces algunos chicos o chicas que tienen problemas de falta de entendimiento con sus padres y maestros; ¿Cuáles son las causas? Por lo que yo observo, casi siempre se debe a que quieren mantener el principio de autoridad de un modo antidemocrático. Para defender la democracia, María, no olvidéis que hace falta criticar buscando las causas y el origen de todo aquello que nos parece irracional e injusto. Como puedes ver, querida María, ésta es mi forma de distraerme. Un cariñoso abrazo para ti y tus amigos de la foto.

HACIA LA VIDA

Yo voy en una sola dirección: hacia la vida. Me expando y soy en cada instante aquello
que mi voluntad desea y manda. Mi voluntad desea y manda también mi muerte con el universal propósito de recrearme.
Yo soy, porque quiero ser, la primavera. Me nazco y me muero cada instante del día y de la noche. Sin barrera alguna y sin reproches.
Me expando y me contraigo en cada latido. Voy al límite del universo y vuelvo al centro. Se acarician tus átomos y los míos en cada recoveco del camino –del eterno retorno-. Y sin ningún prejuicio, engendramos en cada beso un infinito número de hijos nuevos.
Yo soy la hez, la escoria del fruto que alimentó tus átomos con su energía. Ya he cerrado el círculo. Y soy color, calor, agua, luz, materia viva. La eterna primavera, muerte y vida en cada latido de la tierra.
Voy hacia la vida. Me subo y me bajo cuando me apetece para recrearme. El fines superar el dolor y el miedo para buscar el placer, el equilibrio. Para nacer de nuevo.

SÓLO POR ESO

Yo me expandiré tanto para poder acariciarte que se volverá átomos invisibles mi carne mortal y cuando sientas, sin saber por qué, de pasión un temblor será porque te envuelve, aunque no lo comprendas, este amor ideal.
Desde que vi tus ojos, ¿recuerdas cuando miré tus ojos la última vez?, No se han vuelto a cerrar desde ese instante los ojos míos –te veo en sueños-, pero me ruboriza acariciarte con la palabra y no comprendo bien el porqué.
Sólo por eso, sólo por eso quiero morirme, porque me ruboriza soñar contigo, y sé porqué: porque soy hombre y tú mujer.

 LA GAVIOTA

Este pobre marino algo ingenuo e idiota que mira a una gaviota y se embarca en el viento a recorrer el mar.

Y aunque no tiene cuerpo,
Echa a volar el alma
Atada al pensamiento,
Que es su forma de amar y caminar.

Yo ya te conocía
Y tú también a mi;
No sabía tu nombre
Pero estaba seguro
Que andabas por ahí.

No importa que te vea,
No importa que me llames,
Ese dios que tú tienes
Y ese otro que yo tengo
Nos parieron iguales.

Por eso yo ya te conocía,
Por eso nos queremos
A pesar de todos los pesares.

SÍ QUIERO
(Cuento para Gené)

Al principio fue el sueño, como en todo principio.
Al final será el sueño, como en todo final.

Quien teje sentimientos de paciencia y respeto
Será recompensado con el conocimiento,
Con la sabiduría, la suerte y la verdad.

Sí, quiero, pero no fue el verbo en el principio,
La vida, lo mismo que la muerte, es siempre verdad.
El verbo puede esconder una mentira,
Pero no el deseo y la voluntad.

Ya cerrados los ojos y el alma de par en par abierta.
Liberada, al fin, del dolor absurdo la humanidad,
Quedará la razón como la llave de abrir la puerta
Que desveló el misterio que esconden el anhelo y la voluntad de amar.

Sí, quiero, y celebró sus nupcias del mar en el fondo,
Dijo la materia y comenzó a pensar.
Desde entonces prosigue inexorable cu camino en busca del sueño,
Reiterando siempre el ceremonial.

Miró fuera del agua y dijo el pez: sí, quiero;
Quería ir más deprisa, más lejos, más allá,
Y le crecieron alas para alcanzar el cielo,
Se cumplió su deseo, se hizo su voluntad.

Miró el ave al espacio y se dijo: sí, quiero;
Quería ir más deprisa, más lejos, más allá,
Le creció el pensamiento, se transformó en humano,
Ya llega con la idea hasta la eternidad.

Vio el hombre el sufrimiento y dijo, no lo quiero,
No quiero la injusticia, deseo la bondad.
Pensó en la buena muerte y no encontró pecado,
Se cumplió su deseo, se hizo su voluntad.

Ya liberado al fin del sufrimiento absurdo,
Se oye al pelotillero profeta salmodiar:
“Padre, tú que lo sabes todo, perdona nuestras culpas,
castiga mis pecados, sea tu voluntad”

Renunció a su conciencia el falso adorador,
No quiere formar parte del evolucionar,
Por eso se hace esclavo, por ser irresponsable
;Pero no habrá perdón para su crueldad.

Explícame: ¿En qué ley de la vida se refleja lo absurdo,
Tú, ser depositario de la afectividad,
Tú, responsable del verbo, noble, verdad y bueno,
Tolerancia, respeto, justicia y libertad?

Sí, quiero que se cumpla la voluntad y deseo
De ser dos siendo uno para Gené y Joan.
Mientras vayan tejiendo con hilos del amor
La trama de la vida, el amor y la muerte
Con un simple “sí, quiero”, de promesa nupcial,
El sueño en ese día está de buena suerte.

REGALO NUPCIAL
(Para Gené Gordó)
GENÉ-MUJER

Mientras teje la vida su milenaria trama de renuncia y deseos, tu corazón construye alrededor de un hombre su cerco seductor.
Mientras vuele una boca a posarse anhelante sobre tus tibios senos seguirás transformando, en medio de lo absurdo, una semilla en flor.
Espíritu sensible, como toda mujer excepcional, materia inteligente, querida amiga mía, buscando entre los sueños algo trascendental mientras camina el tiempo en pos de la utopía.
Después de haber buscado entre los colores las respuestas, después de haber buscado en las palabras la verdad, sólo con desearlo y unir la voluntad con el deseo en un “sí, quiero” retorna el equilibrio, el sueño con el hijo, la verdad, lo inmortal.

PARA LA AMIGA

Gené, la cantarina voz de un dulce ser que desea arrancar de la vida el dolor, la que persigue el sueño, como toda mujer, de poder transformar una semilla en flor.
Materia generosa recorriendo universos.
La que hace a su nombre honor excepcional, laque sólo desea unos sentidos versos como único presente de regalo nupcial.
La que se aventura como valiente marino por los mares oscuros de la superstición, acosando al temor y al profeta mezquino que pretende ocultar con velos la razón.

Hemos buscado juntos de los eternos el sentido, deduce que el concepto aterra al racional. Para siempre jamás simboliza el infierno; el dolor incurable es razón infernal.
De la que busca sentido al ser y ser eterno y en el bien morir un bien liberador llevaré, como un paisaje tierno, grabado en la memoria su amistoso calor.
Después que sea luz, pura materia, si se oyese a un átomo, con la onda muy seria, exclamar: ¿dónde te he visto antes de ahora?, O ¡parece que nos conocemos de toda la vida!, Habremos desvelado un enigma más. Que la materia tenía deseo y voluntad porque era inteligente, querida amiga.

 SIRENITA

Sirenita, no te calles,
Que me duele tu silencio.
Yo te arrullo y deposito
En tu cabellera un beso.
¡Con el pensamiento, claro!

Y un collar de caracolas
Alrededor de tu cuello,
Y un anillo de una perla
Para acariciar tus dedos.

Yo te haré del mar la diosa
Que encante a los marineros,
Náufragos a la deriva,
Sin barco, vela ni remos.

Tu canto será su rumbo,
Tus sueños serán sus sueños;
Es lo que buscamos siempre
Por la mar los marineros.

El canto de una sirena
Que nos cante allá muy lejos,
Más allá del horizonte
Donde pensamos, sirena,
Que se esconde nuestro cielo.

El más hermoso de todos,
El que sólo está en los sueños:
El ideal de lo hermoso,
De lo armónico y lo bueno.

Tu cantar es mi alegría
Y del universo entero.
Sirenita, si no cantas
Van a llorar los luceros.

Y ya no podré mirar
De tus ojos su reflejo;
El ideal de lo hermoso,
De lo armónico y lo bello.

Sirenita, si te callas,
¿cómo he de encontrar el rumbo
para llegar hasta el cielo,
si estoy solo, a la deriva, sin barco, vela ni remos?

 LA VIDA ES SUEÑO

No te acerques, mujer misteriosa, a conocerme, es más sueño la vida que concreción. Tu voz para mí es algo inalcanzable, la mujer, la esperanza, la que tiene en el alma todo poeta, la perfección.
Cuando te tenga cerca ya verás, sólo, vulgar materia. Sí, serás más humana, más verdad, serás al fin real, pero habrán terminado mis ensueños de poeta loco, pues sólo soy humano cuando estoy en mi mundo irreal.
Cuando estés a mi lado ya no serás mi musa; serás lo inalcanzable con tu mano tendida, esa mano que nunca yo lograré estrechar. Y tu brazo será el testigo que acusa a quien le corresponda, que no es así la vida, ¡qué va!, ¡qué va!

LA METAMORFOSIS

No puedo concederte lo que no es mío,
Ya que hoy es todo tuyo lo que mío fue ayer.
Recuerda que me dijiste que estabas sola y sentías frío.
Te has olvidado, acaso, que te dejé en para cubrirte aquella noche todo mi ser.

Hay en cada entrega una metamorfosis
Y lo que se entrega jamás se puede volver a poseer.
Cierto que a veces nos es devuelto el ser después de amado.
Pero, aunque parezca que es siempre el mismo,
Acaba siempre de renacer.

Como no quiero que me devuelvas ese ser mío al que has amado,
Hazme un favor, si puede ser.

Tú me dijiste que te gustaba sentirlo cerca.
Si no te importa, me gustaría que te lo quedases.
Siempre ha tenido como ideal acariciar
Eternamente el corazón de una mujer.

Querida Laura:
Como te dije hace un rato por teléfono, he recibido los libros que me habéis enviado junto con los Cohíbas y tu amable y tierna carta. Después de leer la carta y fumarme uno de los puros, con sabor y aroma de amigos-as, de sol del Caribe y de otras añoranzas que se despertaron, hojeé los libros. ¡Gracias! Cuando los haya leído enteros, te diré cuánto me encantó la magia que atisbo en ellos.
La frase que sigue es de tu carta: “he pensado en tu deseo de muerte y en lo llena que tu cabeza está de vida, y me vuelve la tristeza cuando siento esta contradicción tan fuerte”
Sí, hay vida en mi cabeza porque yo amo la vida, pero toda la vida, a todo ser vivo, sea racional o irracional, porque todo ser vivo es misteriosamente hermoso. Y como soy un ser racional y tengo una sensibilidad estética, no acepto la fealdad de contemplar un ser vivo –en este caso a mí mismo- en un estado tan miserable de impotencia; que sobrevivir así me causa vergüenza y, por lo tanto una gran humillación. De aquí nace el concepto racional de morir por defender nuestra dignidad. Repito que yo amo cualquier ser vivo, y no solamente a la mezquina, codiciosa y soberbia especie humana –que la amo también a pesar de todo-, pero me parece que hay algo aberrante en su razonar. Ese empeño en protegerse tanto a sí misma que llega a lo absurdo de querer proteger la vida de los demás individuos de su especie en contra de la voluntad racional de éstos. ¡Es una forma de esclavitud!
Porque hay vida en mi cabeza, pero una vida racional, creo y pienso que la libertad es lo único que le da sentido a la vida. La libertad es el anhelo más fuerte de todo ser que posee la capacidad de movimiento. Se puede renunciar a gran parte de ese movimiento y aún sentirse libre. Y habrá quien se resigne a sobrevivir sin ninguna libertad de movimiento. Yo no. Yo no acepto la vida sin la mínima libertad de movimiento que me dé mi cuerpo para sobrevivir por mí mismo. Sin esa mínima libertad no hay posibilidad de sentir felicidad o alegría.
Hay animales que sin libertad ni siquiera se reproducen. Otros se mueren de tristeza y de melancolía si los privan de su libertad. Yo soy también un animal, pero que tiene la capacidad de preguntarse cuál es el sentido de la vida, y siempre me sale la misma respuesta: el sentido de la vida es la libertad para ser libre de vivir, amar y morir, pero libre, libre, libre...
Pero mi libertad es la libertad de todo ser viviente, de la vida toda. No es solamente mi deseo egoísta y codicioso de quererme a mí mismo, o a mis familiares y amigos, sino a todos los seres humanos que han sido mis padres y madres, y a todos los seres humanos que son y serán nuestros hijos, y a todos los seres vivientes que son y serán nuestros hermanos. Vaya paradoja, ¿no?, a cuantos mataron hasta su extinción.
Dejando a un lado el origen y la génesis de esa especie, mi vida pertenece a esa especie, pero antes me pertenece a mí como individuo celular de ese grupo. El grupo dominante de esa especie puede engarme la libertad de mi muerte voluntaria, si con mi acto pongo en peligro a la especie misma, o a la vida y la libertad de algunos de sus individuos. Pero yo no atento contra ninguno de estos dos principios con la acción deponer término a mi vida. 
¿Entiendes por qué se me niega ese acto de libertad, de respeto y amor por mí mismo, que no es, al fin y al cabo, más que un gesto de amor y respeto a la misma vida? La respuesta es obvia: por mantener el principio de autoridad, no por amor y respeto ala vida, a la especie o al individuo.
De este modo nunca me han respetado. Mi raciocinio y mi conciencia pasarán de la vida a la muerte siendo esclavos de otras conciencias. Habré padecido la más atroz e inmoral de las esclavitudes sólo porque a mis amos les habrá convenido políticamente. En su momento abolieron la esclavitud de los cuerpos pero, al parecer, le tienen mucho más miedo a la libertad de la conciencia.
El concepto constitucional de la dignidad de la persona no puede quedarse a la altura de un simple derecho a que la persona no pueda ser torturada, humillada, por el poder y autoridad del Estado. Se tendría que entender que la persona tiene el derecho ano ser humillada por la tortura del sufrimiento inútil, irremediable y atroz.
Te decía al principio que se puede tener amor a la vida y desear, al mismo tiempo, la muerte cuando se hace por amor a la vida entera como un todo sensible. Por mi dignidad, creo que ya te lo he explicado. Para referirme a la vida sensible pondré por ejemplo la anécdota que tú conoces porque estabas presente cuando sucedió: la de aquella persona que me preguntaba por las causas y motivos para desear morirme. Yo le contaba la vertiente triste y patética de mi historia, como me la cuento y vivo cada día. Creía que aquella persona tenía la coraza y el casco técnico que ejerce el oficio de observar la historia de humanas ruinas, cuando me di cuenta de que se le rompía el alma, y que no le servían de nada la coraza y el casco, porque no los llevaba o porque no los tenía bien ajustados como las normas del oficio ordenan: que no me duela mucho el sufrimiento que yo no pueda remediar, y si me duele tanto que me hace llorar de impotencia y de rabia, la culpable injusticia o la necedad de los que no la remedian, entonces es mejor no mirar hacia esas ruinas.
Pero aquella escena, que tú y yo mirábamos, es o pertenece a lo que yo llamo la vida sensible, un todo afectivo, porque mi sufrimiento era su sufrimiento, y el sufrimiento de ella era el mío también. Éramos dos seres impotentes para ayudarnos mutuamente. Si me hubiera podido morir en aquel instante, o antes de ese instante, yo me hubiese marchado de la vida con una de las más tiernas, humanas y serenas miradas. Aquella persona se hubiera entristecido menos porque mi dolor -que también era un poco suyo- se terminaba. Yo me habría muerto sabiendo que mi dolor no le volvería a causar el mismo sufrimiento a otro ser sensible que me contemplase. Ya no estaría aquí para que pudiese verme como una piltrafa humana.
Te podrás preguntar que si digo que uno puede querer morirse por amor a los demás, ¿Por qué no querer sobrevivir por ellos también, si con tu muerte les causas un dolor? Y la respuesta es bastante obvia: ¿Cuál sería el sufrimiento más injusto?
Dices en tu carta que conoces a personas que en mi circunstancia quieren seguir viviendo a pesar de todo. Se dejan engañar o escuchan lo que quieren oír para espantar sus miedos, los que tienen capacidad de raciocinio. La mayoría ya tienen, ¿o tenemos?, Atrofiado el sentido de nuestra autoestima, el pudor, y la dignidad. La inmensa mayoría no quieren, ni les dejan, ver su propia realidad.
Decías también que habías conocido a una chica tetrapléjica que no aceptaba su situación y me hablabas de conflicto con su padre. Yo pienso que la solución es  bastante simple: a esa chica se le debería preguntar si quiere sobrevivir o no el infierno. Y la determinación sería, estrictamente, un acto de voluntad personal. Si yo fuera el padre de esa chica le preguntaría si quiere morir o vivir. Si su respuesta fuera la muerte, le daría un plazo de tres meses para que volviera a meditar su situación. La chica tendría que hacerse responsable de sus actos, y no descargar su odio contra los demás.
Yo también conozco a personas de esas que tú dices que aparentan ganas de vivir. ¡Hay mucho artificio y mucho fingimiento para ocultar el miedo y la angustia en casi todos nosotros! Cuando oigo hablar de alguno de los técnicos de esos centros hospitalarios, y decir que la mayoría de las personas que llegan a sus dominios con la muerte tirando de ellos ya no la piden porque se han entregado a sus amorosos cuidados. Habría que preguntarse si con hábitos culturales diferentes esas personas se comportarían psicológicamente del mismo modo.
Te preguntas si en una silla de ruedas mi vida –te dejo que la llames así- habría sido distinta. No, nunca la quise ni la querré. Aceptar la silla es aceptar esa miserable libertad. Es aceptar un poco, también, el poder caritativo del sistema y su capacidad de persuasión. Aceptar la silla –me refiero a un tetrapléjico- es aceptar la apariencia de persona cuando no se es más que una cabeza. ¡A mi no me basta solamente la cabeza, ni aunque pudiese desarrollar alguna actividad de carácter intelectual!
Te explicaré cuál era el verdadero significado de las imágenes de mi cuerpo desnudo en un reportaje de Telemadrid. Al verlas resultan chocantes, horribles y de mal gusto. Pero la condición era que comenzasen con el siguiente texto, o que no se emitiese el reportaje: “Querido teleespectador, éstas son las imágenes de un cuerpo atrofiado, insensible, muerto, al que está pegada mi cabeza sensible y racional. Si pensar es un diálogo entre mi raciocinio y mi circunstancia, ese diálogo me lleva a la conclusión deque la muerte es lo mejor para mí. Ya que no hay nada más cierto que tengo que morirme”.
Mientras uno pueda valerse por sí mismo, sea con silla de ruedas, muletas o bastones, siempre que esa persona se crea libre, su vida tendrá sentido. Y cuando ese sentido se acabe, y la razón humana lo entienda, entonces será el tiempo de morir. “Hay un tiempo para todo bajo el sol”.
Sí, he pensado muchas, muchas veces si ha valido la pena sobrevivir todos estos años. No, no valió para nada mi sufrimiento, ni tampoco el dolor que mi sufrimiento ha causado. Si hubiera tenido la libertad de morirme a tiempo, el dolor habría tenido la medida del amor humano. Habría dejado mi mirada en otra mirada, mi sonrisa en otra sonrisa, todo mi recuerdo de agradecimiento en quien me hubiese ayudado, por amor y respeto, a despojarme de mi cuerpo. Habría dejado, como deja el sol cuando se sumerge en el mar al anochecer, pintado en el cielo el más impresionante y hermoso cuadro: un gesto sereno como una caricia de despedida antes de irse a dormir. Como una pupila que, lentamente, va cerrando el párpado inmenso del cielo pintado de rojo, y a medida que asciende se va difuminando en oro, ocre y azul, hasta unirse en lo alto en el sueño oscuro de la noche, que lo empuja hacia abajo, muy poquito a poco, con tanta ternura que más bien parece que alguien invisible lo esté acunando para que se duerma.
Morirse es sólo eso. Echarse a dormir cuando uno está muy cansado, sereno y tranquilo, sin temor al sueño, sin tristeza ni rencor mezquino, dejando en el mundo un recuerdo bueno de nosotros mismo, en todo lo que hemos amado, como dejó el sol su más hermosa despedida grabada en mi recuerdo. Pero para eso hay que ser tan libres, tan libres, tan bueno, tan buenos, que tal vez sería desear que los humanos fue sen demasiado humanos.
Personalmente, pienso que para tolerar la eutanasia, o el derecho a morir por dignidad se necesita amar de verdad a las personas y a la visa, y tener un profundo sentido de la bondad.
Te aseguro que el día que recibí vuestros regalos estaba muy contento, pues uno –yo- no tiene tantas oportunidades de encontrarse con personas como tú, de esas que almiararlas a la cara vemos en ellas, a través de sus pupilas, algo más de lo que nos puedan decir sus palabras. Ese alguien que te dice con el alma que desea protegerte. Y tú le respondes con la tuya que ya lo sabes.
Y te gustaría decirle, para no mirar su tristeza, que basta sentirse querido para sobrevivir, que cuando te sientes tratado con amabilidad y ternura es motivo suficiente para pegarte a la vida como una lapa. Y me gustaría decirte –parodiando a Neruda- que la ternura cae al alma como al pasto el rocío, pero no puedes porque eso tampoco te basta.
Recibe un beso y un abrazo muy fuertes, muy fuertes.

 ¿POR QUÉ MORIR?

¿Por qué morir?
Porque el sueño se ha vuelto pesadilla.
Porque la humana razón es más hipocresía y menos verdad.
Y la libertad es sólo para los ingenuos una inalcanzable utopía.

Morir es un acto humano de libertad suprema.
Es ganarle a Dios la última partida.
Es un corte de mangas que democráticamente le hacemos al dolor por amor a la vida.

Es irnos en pos de un nuevo cielo donde, quizá, la gloria nos sonría, porque éste que nos cobija tiene eterna cara de perro rabioso que nos humilla, ladrido a ladrido, segundo asegundo, cada vez con más saña, dejándonos un poco más escarnecidos.

Morir es jugarnos a una sola carta toda nuestra vida.
Es apostarlo todo al deseo de encontrar un lucero que nos alumbre un nuevo camino.

Y si perdemos la apuesta, sólo perdemos y la desesperanza y el dolor infinito
Sólo perdemos el llanto que, lágrima tras lágrima, nos anega el alma.

Como el náufrago que, después de que el barco se haya hundido, solamente espera, con la resignación del vencido, agotar la fuerza de la última brazada para entregarse, como el rendido amante, a las tiernas caricias de su amada mar; a sus besos salados y arrullos de brisas.
Y si ganamos la apuesta de la muerte, si la esquiva suerte una vez nos mira, ganaremos el cielo, porque en el infierno ya hemos pasado toda nuestra vida.
¿Por qué morir?
Porque todo viaje tiene su hora de partida. Y todo el que va de viaje tiene el privilegio, y el derecho, de escoger el mejor día de salida.
¿Por qué morir?
Porque a veces el viaje sin retorno es el mejor amor y respeto hacia la vida.
Para que la vida tenga una muerte digna.

Querida Laura:
Me dices que te escriba y que te cuente pienso sobre dios, la vida, el amor y la muerte. También me preguntas en la última carta – o te preguntas- con la lógica curiosidad de la periodista, si lloro, si me desespero, o si deseo tanto la muerte que no hay nada que me haga cambiar de idea.
¿Y por qué te estoy escribiendo a ti, precisamente, cuando eres periodista, si me prometí a mí mismo no contarle jamás nada a nadie, como me propusieron miles de veces? ¿Por qué lo hago entonces?
El día que Gené Gordó me dijo que había una periodista que quería hacer un reportaje sobre la eutanasia, había dos cosas que me resultaron dignas de confianza: una era el nombre de la persona, Laura Palmés; la otra era que ella padecía esclerosis múltiple y que estaba de acuerdo en que la persona debe tener ese derecho. Después se va confirmando el primer impulso. Se van confirmando mis propias certezas de que hay seres humanos a los que vale la pena haber conocido, y haberles hecho una pequeña caricia como un guiño cómplice y solidario, por si les sirve de bálsamo humano para aliviar, aunque sólo sea por un instante, el dolor de vivir. No es por el tópico estúpido de ¡yo te comprendo! No. Es porque si algo he aprendido en estos veinticinco años es que sólo tengo un amor para dar, que es la ternura, aunque muchas personas confundan la amabilidad, la sonrisa amable y la paciencia estoica con la estupidez. De la vida pienso que comienza por el amor; y todo lo que se entiende por amores en la ley universal de la vida un placer: una llamada tuya por teléfono es una forma de amarme porque me agrada escuchar tu voz. Y si tú me dices que te agrada recibir alguna de mis cartas, ésa es una forma de amarte, pues a mí me satisface también saber que mis tonterías pueden hacerte alguna ilusión. La ilusión de un ensueño que dure un momento, no porque yo diga nada interesante, sino por el simple hecho de saber que hay alguien que idealiza nuestra imagen en sus pensamientos.
Después hay el placer de contemplar el mar, oler su perfume de algas y ensoñar con miles de otros placenteros recuerdos –los desagradables se dejan a un lado-, y olerle perfume del bosque y de la tierra, y escuchar los sonidos de la naturaleza toda. Todo eso es placer, como es un placer como es un placer recibir en la cara, un día de invierno, la cálida ternura de un rayo de sol como si fuera una caricia de la naturaleza –madre cósmica que nos parió-. Sin embargo, todo ese placer, para mí, no equilibra el peso entre el deseo de vivir y la necesidad de morir. No es amor suficiente el que me da la vida. ¿Sabes lo que mi madre le pedía a dios? Que la vida que ella había engendrado con su amor –yo- se la llevase ochos días antes que a ella, u ocho días después. Claro que mi madre se lo pedía a dios, y yo se lo pido a la ley, pero al parecer los dos están sordos, o, lo que es peor: los dos son la misma persona. Las madres siempre deberían hacer de dioses, porque siempre serían las más justas. Siempre obrarían con amor.
Hay gente –mucha, al parecer- que tiene un modo muy extraño de quererme (de amarme); y es que, unos por unas causas y otros por otras, quieren que siga un poco más para llegar al mismo sitio, pero, eso sí, a su manera.
El día que me tiré al mar- más bien me caí- estaba pensando, precisamente, en el otro amor: en uno que había durado justo veintidós días. Ella tenía dieciocho años y yo veinticuatro.
Hacía casi un año, en un pequeño puerto de Fortaleza (Brasil). Comparaba aquel amor de marinero, loco, libre, sin ningún prejuicio moral, con éste de ahora, honesto y atemorizado por perder el virgo, y pensaba en que tenía que cenar en compañía de su familia aquella noche. Si te digo la verdad, tenía dudas sobre si dejar plantada la formal cena de compromiso, esposa y cadenas, y largarme al Brasil sonde las putas no cobraban tarifa.
En el reportaje que me hiciste sobre la eutanasia (morir para vivir), cuando me preguntaste por la novia, lo primero que me vino a la memoria fue lo que te acabo de contar, por eso dudaba entre narrar la anécdota o dejarlo en lo esencial de la última mujer en la que había detenido mi barco, como si fuese el último puerto que tocase en busca de un amor de mujer. Tal vez eso que tanto idealizamos no sea más que una simple ley universal, la de la gravedad, que nos lleva siempre, inexorablemente, a girar alrededor de la figura de la mujer, y la mujer del hombre. Y cada especie gira alrededor de su propia ley, la del placer fatal de reproducirse.
Pienso que amor, vida y muerte, es todo lo mismo. Son las distintas leyes que rigen un todo. Cierto que nuestra especie tiene la capacidad de preguntarse de dónde ha salido y cómo, y hacia dónde va y para qué. Analizamos nuestros sentimientos y tratamos con desesperación de encontrarles sentido; pero en el fondo de todo siempre yace la ley cósmica del deseo del placer. ¿Qué es, si no, el mito de Dios? Además de una figura moral, un lugar, donde el dolor no existe, sólo el placer. El bienestar eterno.
Me preguntas si me desespero. No, sólo que ya no tengo nada que hacer aquí .Sólo recordando la vida no se puede vivir. Tiene que haber un equilibrio entre el cuerpo y la mente. Si uno de las dos fallas, falla el mismo proyecto que la vida ideó. ¿De qué sirve que se conserven en la memoria intactos todos los sentimientos, fantasías y pasiones intrínsecas a todo ser humano, si sólo sirven para atormentarme con deseos que jamás se podrán realizar? No es desesperación, es lógica racional. La idea de la muerte en estas circunstancias es más que un simple deseo de separarse de la vida. Es el deseo de terminar una existencia que no encaja dentro de las leyes de mi razón. No hay belleza posible, porque no queda esperanza. Y cuando a la vida no le queda belleza, nos ofrece la muerte, la poesía del sueño que busca la razón. No hay quedarle más vueltas. El ser humano no acepta su mortalidad porque la ley universal del miedo a la muerte no se lo permite. Una persona puede sobrevivir con la ayuda de sus semejantes. Puede y debe ser así, si él solicita su ayuda. Pero, cuando uno no puede sobrevivir por sus propios medios, y solicita ayuda de los demás, los demás deben prestarle esa ayuda que él solicita, no la que los demás quieran darle de acuerdo con sus prejuicios morales. Pienso que la existencia de Dios es una deducción lógica de la capacidad racional de la especie humana, pero es una deducción errónea. Es lógica en su tiempo, pero queda superada por el paso siguiente en el proceso evolutivo de la especie. Es e paso siguiente es la razón científica y el conocimiento de las leyes del equilibrio universal.
El individuo en sus primeros diálogos con la naturaleza y los fenómenos que lo impresionan y atemorizan llega a una conclusión –lógica para un ser místico y supersticioso -: que tiene que existir una ley, un principio, un ser creador de algo tan incomprensible para él como es la vida y el universo.
La confusión se crea cuando los brujos creen interpretar en sus delirios la voluntad del principio creador.
Cuando se debate el derecho de la persona a terminar su vida, siempre aparecen en la escena los médicos –menos en tu reportaje- y siempre repiten la misma irracionalidad: nosotros estamos para salvar vidas.
 Los médicos no salvan vidas. Reparan accidentes o curan enfermedades, y esperan, como lógica consecuencia, prolongar la vida un poco más de tiempo. Pero, cuando no se puede reparar el accidente o curar la enfermedad, su autoridad moral o sus juicios de valor sobre cómo y cuándo una persona puede terminar su vida, su influencia sobre las decisiones judiciales o sobre la conciencia de los legisladores no debería tener más peso que las mías –en este caso- o las de otro ciudadano cualquiera que reclame el derecho as u muerte.
La otra casta es la de los curas. Ellos dicen que son salvadores de almas.
Todas esas castas que detentan el poder de controlar a los más débiles – o menos brutales -, cuando se dieron cuenta que la astucia servía para montarse a lomos de otro bicho viviente, acabaron esclavizándonos a todos en nombre del progreso, del bien colectivo, de la patria o de Dios.
Yo soy un ser biológicamente vivo a partir de un punto concreto en que la ley universal del placer me puso en movimiento. A partir del amor de mis padres.
Nací el 5 de Enero de 1943. La vida, tal vez, no sea más que un cúmulo de casualidades. Según recuerdo, vagamente, creo que le había cogido gusto al estudio pero, cuando comenzaba a disfrutar con el placer de la comprensión lógica de las matemáticas y de la letra escrita, me lo cortaron en seco. Un día me acerqué a la mesa del maestro para hacerle una pregunta sobre una duda que tenía; él, sin más ni más, cogió una vara y me descargó un palo tan fuerte en la cabeza que me abrió una brecha cuya herida comenzó a sangrar abundantemente. Después el maestro volvió a su postura inicial con la cabeza entre las manos. Yo me retiré de la mesa, tapándome la herida hasta que dejó de sangrar. Allí acabó mi curiosidad. Nunca más intenté que me resolviera alguna duda aquel maestro. A los dieciocho años volví a interesarme por los quebrados –como se llamaban entonces- con la ayuda de un amigo, porque los necesitaba para el cálculo de ciertas funciones relacionadas con mi oficio de mecánico.
Recuerdo que, entre los ocho y diez años, mis padres me preguntaban si quería estudiar para cura, influenciados por los consejos de una tía mía muy beata. Yo me enfurruñaba ante la espantosa idea de verme vestido con aquellas sotanas, y mi única respuesta era: “eu non quiero ser cura” – yo no quiero ser cura-. También pensaba que si me metía no podría casarme. Ya conocía unos juegos con las niñas –alguna, claro-, juegos que sabíamos que estaban absolutamente prohibidos para aquellos bichos raros vestidos con sotana.
Cuando comencé a leer por mi cuenta, después del accidente, me convertí a la religión de los modernos profetas, los profetas de la razón científica. Y los maestros del racionalismo me sedujeron, me convencieron de que pensar es una forma de orar –deshumanizarme- más efectiva.
Lo asombroso para la razón humana es la belleza de la vida en sí misma. Eso es lo que nos impulsa a amarla. No por el poder que tenga el personaje, la fuerza o el principio creador. Con lo poco que conocemos del origen de la materia y de los secretos que quedan aún por desvelar sobre los procesos físico-químicos, como determinantes para la formación de seres vivos, a mi razón le parece más lógica, más creíble, la idea deque la materia lleve en sí misma la capacidad de poder evolucionar con inteligencia, por medio de estímulos fisicoquímicos, hasta llegar a hacerse racional. 
Mi creencia en la materia racional por el proceso evolutivo es tan sagrada como la de aquellos que creen que en su existencia debido a la caprichosa voluntad de un dios. Los creyentes en la palabra de los profetas antiguos dirán que mis razonamientos son una mezcla de mística alucinación y sofismas disparatados. ¡Cierto!, Pero mi locura es tan respetable como la suya.
Pero, ¿cómo me entiendo?
1º Todo ser humano debe ser considerado como un fin en sí mismo (Kant).
2º Lo sagrado no es la vida de ese ser humano, sino que lo sagrado es el derecho del ser humano a vivir o morir de acuerdo con sus principios, o conceptos éticos y morales de la dignidad y la libertad.
3º Obra de tal manera que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre y al mismo tiempo como principio de una legislación universal (Kant).
4º Prefiero padecer la injusticia antes que cometerla (Sócrates).
Mi incapacidad física me causa un sufrimiento del que no puedo librarme. Eso me causa una humillación que mi concepto de la dignidad no admite. ¿Quién me causa esta humillación? La vida, la circunstancia. No es dios, ni su voluntad porque yo no lacreo. Pero en un informe que pidió el Ministerio de Asuntos Sociales a no sé qué consejeros, o autoridades sobre el tema de la eutanasia, el portavoz de dicho consejo dice que no se puede saber cuándo un sufrimiento es o no insoportable. ¿Cómo pueden juzgar entonces? Pienso que todo fenómeno tiene una génesis muy simple: cuando el animal racional (Humano) descubrió la forma de dominar a todas las demás especies incluyó en ese dominio a sus propios hijos, los esclavizó. Fue expulsado a los que iban sobrando- el mito de Caín-. Hoy son tantos los hijos expulsados de todos sus paraísos...Tantos son los que sobran para mano de obra barata. Siervos que se han convertido en la plaga de la explosión demográfica, la superpoblación. Son los parias de todo el universo. Parece que no son hijos de nadie, ni siquiera de dios. Son los miserables que revindican la tierra de la que fueron expulsados por sus padres. Y las religiones los entretienen con la promesa de que aquel padre dominante y astuto explorador del miedo de sus hijos para domesticarlos a su voluntad
.¿Y de la religión? Era antaño lo que hoy son día los psicólogos del sistema estatal de salud: convencen a los hijos del poderoso sultán, patriarca o patrón para que se sometan a la autoridad suprema del señor.
¿Y de la confesión? Pues es el sistema policial y de espionaje más perfecto que ningún otro posterior: si se conoce el alma –los verdaderos sentimientos del individuo-se tiene la mejor forma de dominarlo.
En resumen, te preguntarás qué quiero decir con tanta palabrería. ¿Quiero decir que dios, Estado y religión son cosas absurdas? No. Lo que quiero decir es que los mitos y sus creadores persisten en mantenerse en el error demasiado tiempo. Quieren que no se pueda volver hacia atrás en la historia, pero persisten en imponer unas culturas sobre las otras con el sofisma de la civilización.
Si alguien me quiere, me ama y me respeta, que me preste la ayuda que yo le pida, que me ame con el respeto que yo le solicito. Si no es así, será aquello que yo amo y comprendo. Y lo mejor que todo ser humano –y no humano- comprende es el amor. Y el amor es dar como dan el sol, el agua, la mar y el aire. ¿Dios? ¿La naturaleza? No piden nada a cambio. Sólo el equilibrio. No hay error o crimen más atroz que negarle a una persona el derecho de poner fin a su vida para terminar un sufrimiento incurable. Esos mismos que prohíben contemplan indiferentes cómo mueren millones de seres humanos de hambree y miseria, o cómo le dan armas, cada uno al bando al que pertenece su religión, para que se masacren en guerras repugnantes en defensa de su dios, de su cultura, de su religión.
Cuando sus razonamientos no nos convencen, que prevalezca nuestra voluntad de abandonar la vida para curar nuestro sufrimiento. Ésa es la verdadera forma demostrarle amor y respeto a la vida y al ser humano. Sin pedir nada a cambio. Así nos aman el sol, la tierra, la mar, el agua y el aire. En nombre de su dios.

DEL MAL (Y DEL CRISTIANISMO)

Querida Dina...
Tú confías en dios. Yo en el pensamiento.
Lo paradójico es que Dina no se considera obsesionada ni fanática de nada. Dina no cree que la vida haya comenzado en el fondo del mar, que fue uno en el principio y se hizo diversidad. Dina prefiere la hipótesis de que proviene de una costilla de Adán. Todo sufrimiento irracional es una tiranía, así como toda tiranía causa un sufrimiento irracional e injusto. Jesús no vino a liberar al mundo del sufrimiento sino a decirles a los predicadores que liberen al mundo del sufrimiento que causan. ¡Cómo hace todo bien nacido hoy en día! Jesús es un idealista, pacifista y noble, pero la historia la cuentan los pícaros como a ellos les interesa. Jesús defiende la dignidad y la libertad del ser humano, pero su idealismo fue utilizado por quienes se aprovechan de toda idea, de todo conocimiento que pueda servirles para dominar. De la noble idea de Jesús, inventaron los picaros secta distinta, una religión más.
Jesús enseñó muchas cosas, entre ellas a superar el terror a la muerte y al dolor, a no dejarse dominar por las amenazas del poderoso. Esos dos temores, no racionalizados ni superados culturalmente, son el arma más eficaz que poseen los tiranos de todo tipo para esclavizar al ser humano con la amenaza de la tortura o la muerte si no se somete a su autoridad. Jesús murió por rebelarse contra la crueldad política y religiosa de su tiempo. Los pícaros aprovecharon su ley para eliminarlo y crear con la idea cristiana otra tiranía, otra esclavitud. Asesinan en su nombre a revolucionarios nobles, que se rebelan contra la injusticia y la corrupción de cualquier poder.
Cuando se mata a un Jesús de Nazaret cualquiera siempre se mata al hijo de dios, porque se mata la idea, la libertad de pensamiento. Siempre se mata al hijo de un dios, se mata al mismo dios, cuando se mata la conciencia ética de un ser humano que se rebela contra la injusticia y el sufrimiento que provoca cualquier tiranía. ¡Dios es mi conciencia! ¡Dios es la conciencia de cada ser humano justo, noble y bueno!

CREDO

Creo en el dios hombre todo poderoso...
El que no se humilla jamás al rezar.
Entregar el orgullo no es ser generoso,
Pues todo el que se humilla aprende a humillar.

Un hombre sin miedo, que no se arrodille,
Ése es el hombre en quien quiero creer,
Que no domine a nadie, ni nadie lo domine,
Que tan solo sea ser hombre lo que quiera ser.

Creo en ese dios, porque ese hombre
Por ser hombre será un dios mortal.
Y estará, por honor a su nombre de hombre,
Por encima del miedo, de la muerte y del mal.

Creo en el dios hombre tan orgulloso
Como el más poderoso dios inmortal,
El que les hable a los dioses, y a los poderosos,
Con dignidad de hombre, de igual a igual.

No pienses que me refiero a ti, hombre mezquino;
Tú que eres poderoso porque eres usurero,
Ladrón, mentiroso, despótico y brutal,
Tú que quieres convencerme de que tu autoridad
Es necesaria y justa
Porque te has convertido –por ser razonador-
En un astuto, hipócrita y pícaro inmoral.

Yo creo en el dios hombre todopoderoso
Que sea hombre, dios, planta y animal.
Esa es mi trinidad, mi verdadero credo:
Una mujer y un hombre, idea racional.

EL BUSCADOR
(SAMARITANA)

No me digas que no sé lo que busco, porque sí lo sé, mujer. Yo busco mi equilibrio, que no puede ser tu equilibrio.
No te engañes a ti misma. Tú sí estás perdida. Tú sí tienes miedo.
Por eso llamas a tu padre, para que te liebre del temor a todo lo desconocido, a todo lo oscuro (Tú buscas un dios protector).
Tú no quieres morirte, por eso quieres que alguien te asegure que ese deseo se puede cumplir. Si eres inmortal, sólo tu conciencia podrá garantizártelo.
Yo no quiero estar seguro de nada. Quiero la sorpresa, la aventura. Quiero hacer el camino sin que el itinerario esté marcado y previsto de antemano, No quiero ser rebaño. Soy marinero, y en la mar como en la vida, no están marcados los senderos.
Siempre nos podemos inventar otro cuento, otro génesis, otro dios.
Yo no busco a dios, amiga, no lo necesito. Sólo busco algo nuevo, algo mejor. Porque este paisaje no me gusta; es rutinario, triste y monótono. Aunque me asegures que es de tu dios, tampoco me gusta.
No me digas, pues, que lo busco. Eso es mentira. O, por lo menos, es un gran error. Yo te buscaba a ti desde el principio, desde el origen mismo, para encontrar en un abrazo el equilibrio nuestro: ser yo tu dios, tú ser el mío. Rezarnos y adorarnos mutuamente cuando tengamos miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo al amor:
¡Samaritana, yo te buscaba a ti, no a dios!

 CUENTO PARA UNA ADOLESCENTE

Querida maría Xosé:
En una de tus cartas decías que entendías bastante poco el barullo ideológico que observas entre la especie humana.
Quien no entiende – o no cree- en las leyes de la evolución nunca llegará a amar y comprender la vida, porque no se conocerá a sí mismo.
Según la ciencia, en un instante determinado de la historia del planeta Tierra, la unión de unos átomos compatibles entre sí dio origen al primer ser viviente. El acontecimiento sucedió en el fondo del mar.
Hoy se le llama boda o matrimonio a ese ritual. Basta que se dé la circunstancia precisa para que todo deseo y voluntad compatibles sean realizables. Como te pasará a ti cuando te enamores y te emparejes con un chico. Para que el enlace sea posible, tendrán que ser compatibles vuestros deseos y voluntades.
Se podría deducir entonces que esa compatibilidad atómica del principio es una forma de inteligencia que posee la materia, o al menos ciertos átomos. ¿Por qué somos entonces racionales?

HIPÓTESIS: Después del primer apareamiento material, los hijos de la vida se dispersaron en todas direcciones a través de los mares. Cada uno de ellos es – y seguimos siendo- como una cámara fotográfica en la que van quedando impresas todas las sensaciones percibidas a través de los sentidos. Este principio es una ley universal para todo ser viviente. Esa materia inteligente va elaborando información y creando sus órganos específicos.
Imagínate que discurriésemos un grupo de personas por un mismo camino durante un tiempo y, al final, se nos pidiese hacer una detallada historia de lo que habíamos visto y de qué modo los colores, sonidos y aromas se habían que dado grabados en nuestras respectivas memorias. Seguro que cada uno de nosotros daría una versión diferente de las demás. Todo ser viviente es un experto en economía vital. Cada uno se adaptó al medio según le convino, rechazando sistemáticamente el dolor desagradable. Buscando el máximo placer con el mínimo esfuerzo. Cada deseo creó su voluntad y cada voluntad proyectó sus órganos según sus deseos.
Un día estuve hablando con tu maestro Mario Clavel. Yo le explicaba que el pecado original consiste en la corrupción moral de la razón. Es decir, en el instante que el ser humano tomó conciencia de que era mortal y no quería ser devorado, torturado, dominado, esclavizado, al hacerles a los demás seres vivientes todo lo que él mismo rechaza, traicionó su propia conciencia. Cayó en el pecado de la incoherencia. Negó as us hermanos de evolución. Se apartó de ellos, ignorando el dolor de los otros.
Tu maestro me hizo – con la actitud soberbia de quien tiene la pregunta hecha, el prejuicio- la siguiente pregunta: “¿Cuál es, según tú, la solución?” “No hay otra que la de corregir ese error”, dije. Tu maestro sigue tratando de justificar el sufrimiento como un deber moral. Es buena persona tu maestro, sólo que está equivocado al pensar –o creer- que el dolor del mundo se arregla haciéndoles compañía a los sufridores.
Solamente con acompañarlo no se evita el dolor.
Si hemos evolucionado hasta llegar a ser racionales, sería absurdo que fuese con el fin de ser eternamente sufridores, mientras esperamos que un misterioso héroe venga a rescatarnos.
Somos racionales porque deseamos conocernos a nosotros mismos.
Mientras el ser humano no se libere del paternalismo, no podrá liberarse de la tiranía de ningún sufrimiento porque siempre renacerá un falso, feroz y paternal profeta .La profecía es válida mientras no se conozca un método más preciso para conocer las leyes que rigen el universo y la materia. ¡Tus maestros saben las respuestas, pero no telas quieren dar! Sólo cambiando una hipótesis salimos de un error y comprendemos muchas cosas.
Un cariñoso saludo.

 Querida Wilma:
He recibido la carta que me enviaste a través de El País.
Hermosa por su profundidad humana, aunque muy triste. Vaya paradoja, que alguien que desea la muerte pueda darle a otros motivos para vivir.
Empezaré con un pequeño poema que titulo “Mujer y Hombre”:
¡Hola, mujer!
¡Hola, hombre!
¿Qué haces ahí sentada?
Esperándote.
¿Para qué?
Para que siembres un hijo en mi vientre.
¿Y qué harás con él cuando nazca?
Me lo llevaré a recorrer la tierra para que se lave de todo prejuicio.
Que sea nada más ni menos que un hombre o una mujer:
Sin patria, sin raza, sin dios y sin fe.
¿Y después?
Si es una mujer se sentará a esperar a un hombre,
Y si es un hombre se sentará a esperar a una mujer.
Sin pedirse nada más que un hijo, para enseñárselo sobre la tierra
A ser libre y a querer.

Yo en tu lugar tendría todos los motivos para vivir. Pero, claro, yo no me hallo en tu circunstancia. Además, yo soy hombre y tú mujer. Yo sólo quiero ser libre para querer. No quiero tener nada mío que algún día pudiera lamentar haber perdido. No es lo mismo participar en hacer un hijo que parirlo.
Para mí todos los hijos del mundo son míos. Si no me aman, es porque me equivoqué al enseñarlos a querer. Tal vez la ingratitud sea debida al error de enseñar a los niños a que nos quieran y no a querer. Pero la solución no es lamentarse y echarse las culpas sino buscar las causas y corregir los errores.
Entiendo que tu vida –como la de todos- es la consecuencia de un cúmulo de errores y prejuicios que solamente podrás resolver cuando consigas librarte de ellos. Cuando los arrojes de tu alma como hacen los marinos en medio de la tormenta que, si es preciso, arrojan la carga que lastra su barco y los desequilibra, para salvarse del naufragio.
No importa quién sea el culpable de nuestras desdichas, nunca me sirve de nada lamentarse. Lo que fue ya no existe. Sólo nos queda el recurso de comenzar de nuevo. Y si es necesario, seguir el camino sin los hijos. Arroja su lastre, busca tu estabilidad. Tú ya has hecho por ellos lo suficiente. Búscate otros hijos, pero no para agarrarte a ellos sino para salvarlos del naufragio –para enseñarles a querer-. Por el hecho de ser mujer todos los hijos del mundo son tuyos. ¡No todos te pagarán con ingratitud! 
Me gustaría poder borrar todas las cicatrices que la estupidez humana deja en el alma de cualquier niño. Quisiera poder borrar de tu memoria la huella de aquel orfanato y las causas por las que fuiste a parar allí. Quisiera borrar la crueldad de aquellas maestras- monjas. Quisiera poder borrar todos tus fracasos y errores matrimoniales. Puede que todo eso sea lo que nos humaniza y nos capacita para comprenderlo y perdonarlo casi todo.
Sin embargo, cuando escucho a alguien decir que no tiene amor, cariño y comprensión, me avergüenzo de los maestros. ¡Todos somos maestros!
Claro que los adultos también necesitamos afectos que nos den motivos para vivir. Aunque yo creo que es mejor buscar a alguien que necesite apoyarse en nosotros. En la gratitud de los que se apoyan hay una recompensa mayor que la de apoyarse. ¿El que da siempre es el más fuerte!
Cuando verdaderamente lo necesitamos, siempre hay alguien en quien apoyarnos. Pero, si sobrevivir depende del esfuerzo de otros, la vida puede resultar humillante. Sólo un ser inmortal disfrutará viajando a costa del esfuerzo de otros.
Dices que dispones de todo lo principal. Si es así, olvídate de todas las ingratitudes. Habla con tus hijos. No sé que deberás contarles. No sé qué prejuicios llevan en sus almas. Ni quienes son los adultos responsables de sus resentimientos, pero opino que si se les oculta la verdad a los niños acabarán repitiendo –igual que tú- que no tuvieron amor, cariño y comprensión. Tú tendrás la certeza de que no fue la verdad. Tú sabrás que los quisiste con toda el alma de madre. El error está en que ellos nunca lo entendieron.
¡Qué importa quién es el culpable, tu motivo para vivir es que no repitan algún día lo mismo que tú estás haciendo hoy!
Qué puedes hacer.
La verdad siempre la encontraremos dentro de nosotros mismo. La verdad es laque nos hace libres.
Si no consigues recuperar esos afectos en cuya creación pusiste todos tus anhelos de mujer, libérate de ellos. No te quedes en el lamento estéril. Sí, es triste la ingratitud humana, pero, si te vence, habrás contribuido al triunfo de la crueldad en el mundo. Siéntate, Escribe tu historia. Tal vez te lleve el resto de tu vida contarla, pero algún día la leerán tus hijos, tus maridos, tus padres, tus maestras u otro ser humano cualquiera que te haya conocido. Ése habrá sido un buen motivo para vivir. Tu vida habrá servido para revelar tu verdadera historia. Cuenta tu historia y comprenderán los necios que solamente buscabas por ese laberinto infernal construido de intolerancia y prejuicios un poco de gratitud, comprensión y cariño, igual que todo ser humano. Dices que la vida ha sido injusta contigo. La vida nunca es injusta con el ser viviente porque su esencia es amoral. Las verdaderas causas de la injusticia radican en que la dicha de unos se construye con el sufrimiento de otros. Lo terrorífico es que los parásitos acaban convenciendo a las víctimas de que tienen el dolor que se merecen.
Aquel que, disfrutando de buena salud, se quede lamentando que no tiene motivos para vivir, está derrotado
.¿No ves tu contradicción, Wilma?
Si acusas a tus padres, parásitos, familiares a dios o a la vida de tu infelicidad y luego te suicidas renunciando a la vida, esos a los que acusas habrán sido tus verdugos. No te habrá derrotado la vida, te habrán destruido la mezquindad y la crueldad de los necios.

Podría haberte escrito una carta más tierna, que llevase un poco de bálsamo a tus heridas. Pero tú me pides que te dé motivos para vivir, y no un hombro sobre el que llorar. También te puedo dejar mi hombro y mi corazón de humano si lo necesitas, aunque para ese fin supongo que podrás encontrar alguno por ahí cerca. El mal poema del principio quiere expresar la idea de que si dejasen más libre al ser humano tendería a la bondad. Comprendería mejor el dolor. Recuerda a Sócrates: “ prefiero sufrir la injusticia antes que cometerla”.¡Qué poco caso le han hecho sus discípulos! Recibe un abrazo y beso muy fuertes.
  
LA PRIMA VERA

Esa palabra cursi con nombre de parienta. Esa vieja señora vestida de flores y remiendos verdes, un poco hortera. No entiendo por qué despiertan tanto entusiasmo, tantas pasiones, haciendo año tras año sus travesías sobre la tierra.
¿A qué se debe tanto agasajo, tanto entusiasmo y regocijo por su venida, cuando son sus visitas trucos de magia de una alcahueta vieja y astuta, creando un espejismo con la expansión del pulso de la vida?
Todo bicho se pone caliente y rojo con su llegada: un cachondeo
Toda bicha se siente de igual manera. ¡Y así la orgía ya está servida!
Toda hembra se queda de amor preñada cuando le pasan las calenturas. Y si hay fortuna, algunas de ellas darán gracias cuando se vean reproducidas –recién paridas-. En cambio, otras saldrán del trance, del espejismo, eternamente arrepentidas de haber gozado por unas horas para sufrir las consecuencias toda su vida. Por acceder a los manejos de la primita, cuánta hembra sale del espejismo más bien jodida.
¿Y los machitos? Después del cachondeo, a trabajar. Defendiendo su hembra, defendiendo su honra, su propiedad. Hasta el año que viene, y si es necesario hasta la eternidad. Cuando pasa el calor y la tierra se enfría.
Cuando ya se contrae el pulso de la vida. Se marcha la parienta que estuvo de visita, dejando tras de sí una enorme parida de placer y dolor, de llantos y de risas: el fruto de la vida.
Pero nunca escarmienta la ingenua vida. Siempre tropieza en la misma piedra .Pues volverán a quedarse bichas y bichos embobaditos cuando regrese el próximo año a hipnotizarlos y armar su orgía la prima hortera.
Y dirán todos y todas con alborozo desmesurado: ¡Uy, qué bonita, la primavera!

PREFIERO A LA OTRA

No me vendo, vida, por tan poco placer;
Es tan despreciable el amor que me das,
Tu mezquindad me ha vuelto orgulloso,
Prefiero dejarte, esperaba de ti más generosidad.

La muerte es mi amiga, la quiero y la respeto,
No importa que me la nombres de negro,
Espantosa y fría. Lo que queremos y deseamos
Siempre parece hermoso a nuestro mirar.

Si os comparo en hermosura,
Esa señora que tú me muestras tan horrorosa
Me gusta más.

Mezquina vida, no me convencen tus malas artes
Porque la llames fea, horrorosa, a tu rival.
Ella es la otra, la que yo quiero, la deseada.
Me voy con ella, quiero librarme de tus cadenas,
De tus mazmorras, de tus hedores.¡No te soporto, me hueles mal!

No me impresionan tus artimañas de embaucadora.
No soy un niño al que consigas
Con espantosos cuentos de miedo hacer temblar.
¿De qué te sirve que tus lacayos me tengan preso y encadenado?
¡No te deseo, ni volveré a desearte nunca jamás!
Amiga mía, tú que algún día tanto me amaste,
Y de belleza tanto me hablaste,
Déjame libre de tus cadenas
Y no permitas que tu venganza llegue al final.

 Querida Aurora:

¡Acabáramos! ¡Habérmelo dicho antes! No he respondido a tus amables misivas porque creía que andabas en buenas compañías: ser comedianta y universitaria parecíame garantía suficiente para ser un miembro de la especie humana al que se le puede considerar equilibrado. Pero hoy me he llevado un sobresalto al saber que te dejas a consejar por un psiquiatra.
¿Cómo es posible que andes en semejantes compañías? ¿No conoces el refrendé... “dime con quién andas...”? ¿Ya no distingues a los verdaderamente locos de los cuerdos? ¿Quiénes fueron primero los psiquiatras o los locos?
Me haces seis preguntas.
La primera es si miro el paisaje a través de mi ventana.
Sí, lo miro. Lo abrazo. Lo escucho, y oigo sus cantos, su música, sus silencios. Éramos –en mi niñez- inseparables compañeros de juegos todos los días haciéndome guiños a través de la ventana. Para persuadirme, me recuerda aquel roble centenario que, como un paciente abuelo, me dejaba subir por sus ramas hasta alcanzar la copa, y desde allí podía ver algo mágico para un niño: el mundo desde arriba. Yo le respondo que no puedo. Pero él insiste. Me nombra las fuentes, el río, las truchas y el perro Pistón, nuestro eterno compañero de juegos. Le pregunto por el roble. Se le nota muy triste. Me responde que lo asesinaron con una sierra mecánica. Decían sus verdugos que no era lucrativo porque crece muy despacio. Sí, contemplo el paisaje y me indigno contra todos sus violadores, pirómanos y demás asesinos que por él andan sueltos. Loamos. Lo contemplo y me siento su hermano. Hasta me imagino savia y alimento, materia descompuesta, ¿Me sigues, comedianta?
Segunda. ¿Ves la televisión?
La veo. La observo. La escucho, la contemplo. Es un inmenso telescopio, y microscopio al mismo tiempo. Me parece que puede penetrar la misma materia para observar la vida, los cuerpos y las almas, y el universo, el todo y la nada. Es un perfecto proyector de la mente humana. Pero, como siempre, los pícaros se han apoderado de ella y la han convertido en un espejo para reflejarse. Eso sí, sólo reflejan de sí mismos lo que les interesa para que el rebaño les aplauda.
Tercera. ¿Hablas con la gente que va a verte?
Les hablo. Los escucho. ¡No los abrazo porque no puedo! Los observo y los contemplo. Ya te dije que estoy loco, hasta los quiero y los amo a todos, más a los locos, claro porque son más frágiles y necesitan mayores cuidados.
Cuarta. ¿Escribes mucho?
Muy poco. Tengo mucho pudor. Es tan difícil decir algo original. Exacto, bello, verdadero y sensato. Sólo me dedico a hacerlo cuando encuentro alguien tan loco como yo porque sé que me entenderá mejor. En esta ocasión te he elegido a ti. Además, me duelen los dientes al hacerlo, y me aburro. Me obligo a escribir un poquito cada día, por si llego a saber por qué, como a ti, a veces también me dan ganas de llorar y otras de reír. De este modo evito encontrarme con las malas compañías de los psiquiatras.
Quinta. ¿Hablas con tu familia?
¿Es posible no hacerlo? Si quieres conocerte a ti mismo-a, tienes que mirarte en ese espejo. Los locos tenemos la manía de hablar con nosotros mismos. Además, dicen que la especia esta, a la que pertenecemos, forma una familia. Lo triste es que aquellos que más lo aseguran parece que son los que menos se lo creen, o más dudan de que así sea.
Sexta. ¿Cómo es la gente, el ser humano?
Son unos bichos entretenidos. Parece que tratan desesperadamente de devorarse a sí mismos. Se alimentan de dolor. Me parecen unos seres voraces que van comiendo el rabo de una madre que tiene la facultad de regenerarse, pero ellos van más deprisa y no le dan tiempo.
Es curioso verlos discutir si deben o no seguir comiendo. Pero también es triste contemplarlos, a unos presos y a otros sueltos, casi todos atemorizados. Llevan tantos tiempos esclavizados que ya perdieron su dignidad. Entregaron su conciencia a los héroes, a los dioses, a los pícaros. Se olvidaron que cada uno de ellos es un héroe, un dios, y un soberano. Cuando se les pregunta si quieren ser dueños de sí mismos, la mayoría dice que sí, pero lo dicen con temor, No se ponen en pie para reclamar ese derecho. Se quedan eternamente arrodillados. No se atreven a pensar, como les aconsejan los verdaderos maestros.
Me parece que se encerraron en sus cercados de inteligencia y astucia para protegerse de ser comidos y acabaron siendo prisioneros de sus propios miedos.
¿No entiendes nada de lo que te escribo? Pues no haberle preguntado a un loco tantas cosas sobre la condición humana.
Cuéntame, querida Aurora, cómo amas tú la vida, el amor y la muerte. Tú, queme haces preguntas propias de ese amigo tuyo psiquiatra que te dice que vas mejorando.
No digas nunca... ¡Sea lo que Dios quiera! Tú serás lo que quieras ser.
Pregúntale de qué, o de quién eres esclava. Cuando lo sepas, escapa del redil y no temas adentrarte por cualquier lugar desconocido. Si no le tienes miedo a nada ni a nadie, seguro que cuando tengas ganas de reír o llorar entenderás las causas.
Yo también te mando un fuerte abrazo, y muchos besos.

Amiga Joni:
He recibido tu libro autobiográfico y la carta con fecha 20-1-1995. Gracias por ambas cosas.
No sé cuál pueda ser la opinión que tú tienes sobre mi estado emocional, y de cuál es el grado de depresión o frustración de las que hablas, y supones que estoy soportando.
Me creo una persona bastante equilibrada: no me dejo llevar por la desesperación para no deprimirme. Tampoco deseo más de lo que poseo, ni le ruego a dios para no sentirme frustrado. ¡Los dioses nunca han podido –ni pueden- hacer nada por los seres humanos! Evitar el dolor del mundo es responsabilidad del hombre. Y como mi dolor va unido a mi circunstancia, reclamo para mí la parte de responsabilidad que me corresponde. En estos últimos tiempos me han propuesto diversas alternativas personas bienintencionadas, al parecer como tú, con el propósito de prestarme ayuda y consuelo para vivir. En el instante que tomo un camino que considero el más adecuado, aparecen todo tipo de seducciones, amenazas y descalificaciones para que desista de seguir por él.
Me siento tratado como el niño que llora y al que todos quieren distraer para calmarlo, y así, al entretenerse con cuentos y cosas pueda encontrarle sentido y valor alo poquito que me queda de vida y deje de molestar.
Sin embargo, yo no estoy llorando. Tampoco soy un niño seducidle.
A los que me ofrecen cosas, les doy sinceramente las gracias por el valor que las cosas tienen en sí, y por el trabajo que es necesario realizar para comprarlas. Sé que es una forma de amor solidario y humano.
A los que me proponen alternativas vitales o espirituales, también les muestro my gratitud, pero sepan que sus esfuerzos son estériles. No me interesa alternativa alguna excepto la de recuperar el movimiento y la sensibilidad de mi cuerpo. Ya no soy un niño, y no siento angustias ni miedos ante la oscuridad, la soledad o el silencio. Mi sufrimiento es la falta de libertad, y la libertad es el equilibrio psicológico de saber que podemos hacer todo lo que deseamos, y hacerlo por nosotros mismos.
Tú que sabes que quien pierde la sensibilidad y el movimiento de su cuerpo pierde toda esperanza de libertad, no se la puede recuperar tocando sonajeros, La libertad del movimiento es la ley a la que está sometida toda la materia universal, La libertad, junto con el amor, es la justicia de la vida.
Un cuerpo sin su mente regidora no puede sobrevivir. Y una mente sin un cuerpo que le obedezca, tampoco.
Un tetrapléjico es un cerebro sin cuerpo. Sólo si no crees en un equilibrio después de la vida, te resignas a ese infierno. ¿A qué se debe entonces tanta inquietud en los demás individuos porque una persona quiera terminar su tiempo de vida desde el momento en que pierde una de sus partes esenciales?
Por miedo a la muerte. Y por un falso concepto del derecho a la vida, considerada como un bien abstracto que las castas religiosas, políticas y jurídicas con toda su eficacia filosófica y represora controlan. 
¿Por qué hay personas que se resignan a sobrevivir cuando no pueden vivir por sí mismas? Comprendo a los que prefieren someterse a la voluntad del padre, o la picaresca del derecho: ¡cada cual se auto engaña como puede!
Comprendo a los que no quieren morirse y transforman el instinto de supervivencia en un culto a la negación de la mortalidad sublimando el sufrimiento. Lo que no comprendo ni disculpo es a los que quieren justificar que el ser humano lo es en función del interés colectivo o de ninguna otra ejemplaridad.
El temor sublimado como entretenimiento cultural, mágico, mitológico, trágico, se ha psicopatizado y convertido en un terror irracional fácilmente manipulable por cualquier tipo de poder.¿Por qué sentir temor a cambiar de la conciencia a la inconsciencia, cuando este paso no es más que un cambio de estado de la materia? Aún no se ha dado sentido a la muerte. Aún no se la ha humanizado y racionalizado.
¿Por qué sentimos entonces ese temor?
Porque lo desconocemos.
El derecho a la vida como un bien abstracto y además irrenunciable es una incoherencia, Joni.
La vida sólo es vida racional mientras sea placentero y voluntario el hecho de vivirla. No hay acto más cruel que el de prohibirle a una persona el derecho a liberarse de sus sufrimientos, aunque ello lleve consigo ayudarle a morir.
¿Qué clase de libertad es aquella en la que la persona no puede actuar de acuerdo con sus ideas, mientras éstas no afecten a nadie más que a sí mismo?
La falta de libertad y de movimiento es como estar muerto y ser consciente del hecho.
Si el ser humano vive racionalmente, también debe morir racionalmente.
El pensamiento sin cuerpo es el desequilibrio absoluto, es la negación de la voluntad. Las leyes de la vida no admiten el caos. La naturaleza no admite la separación entre lo físico y lo psíquico.
Por ley natural, yo debería haber muerto hace veinticinco años, cuando perdí el movimiento del cuerpo. Sin embargo la razón de la medicina, interpretando sus propios miedos y supersticiones, se empeña en llamar vida a una forma de supervivencia artificial e involuntaria. El derecho, entonces, no protege la vida sino la ética médica y las voluntades de todos aquellos interesados en que esa ley y esa norma represora se mantengan en vigor.
Si el individuo es utilizado por las religiones, el Estado o la familia en función del interés colectivo, cuando el interés individual necesite de la ayuda de esos grupos, en reciprocidad sería absurdo negársela con el pretexto de que no está legislado y tolerado por intereses del grupo o por mensajes bíblicos.
Si pedimos libertad para vivir, amar y morir, cuando somos adultos désenos libertad, no consejos, y cosas y cuentos, alternativas que sólo son imposiciones morales. No manipulemos el miedo para que los niños hagan lo que queremos los mayores.
He visto la película que te han hecho. Aparte de tu admirable habilidad para pintar con la boca, lo que destaca es el poder de persuasión proyectado desde la ciencia bíblica y la psicológica sobre el personaje. Yo no veo que tú halles en Cristo la fuerza que necesitas para sobrevivir, como afirmas. Lo que sí observo es que te impone esa forma de autoengaño por especialistas en manipulación psicológica. Está muy bien esa clase de ayuda, siempre que seas tú quien la pida porque deseas verdaderamente ser un tetrapléjica el resto de tu vida. Me gustaría saber si eso es así, pues en dicha película creo que deseabas encontrar algo mejor.
Si toda la autoridad y ciencia que poseen consiste en persuadir a personas como tú y yo a sobrevivir en el infierno hasta que se acostumbren a él, me parece una conducta propia de sádicos. Eso es pura manipulación psicológica del temor.
Respecto a la fuerza que dices hallar en Cristo para soportar la adversidad, es natural en un creyente. ¡Gracias por ofrecerte a compartir conmigo las claves de tu fuerza para sobrevivir, pero yo no las comparto! Sobrevivir en circunstancias donde hay que buscar fuerzas fuera de uno mismo es un síntoma de debilidad más que de fortaleza. La fortaleza o los recursos psicológicos siempre debemos hallarlos dentro de nosotros mismos.
Joni, los técnicos en psiquiatría, psicología, teología y otras “logias” mienten sobre muchas cosas, o al menos adoptan la actitud pedante y vanidosa de aparentar conocer más de lo que verdaderamente conocen.
Quiero que entiendas que no soy una persona depresiva, desesperada o frustrada. Pero tampoco quiero ponerme una barrera psicológica que me impida ver la realidad de mi circunstancia. Ya soy mayor, y sé juzgar cuál es el sentido y valor de la vida, y mi relación con un proceso evolutivo, cultural, sociológico y personal.
No podemos ser racionales para vivir, y transformarnos en irracionales cuando el dolor es insoportable – o inexplicable.
A veces las personas supuestamente maduras nos comportamos como niños, simplemente escuchamos aquello que queremos oír.
No nos engañemos, Joni: al principio todo tetrapléjico desea la muerte. Este deseo también se refleja en tu película.
¿Por qué se cambia de idea?
No se cambia de forma de sentir, lo que se modifica es la categoría del temor. En los primeros tiempos el temor al dolor ocupa el primer lugar. Después de que te acostumbras a él, el temor a la muerte pasa a ocupar el primer plano. El miedo a un lugar del que siempre nos han hablado como un mundo tenebroso y terrorífico al que no se puede acceder voluntariamente, so pena de sufrir eterno castigo, se impone a toda razón.
Yo considero que no es más digna de ejemplaridad tu aceptación de las dificultades que la voluntad mía de que nadie me imponga el deber de soportarlas. Cristo es la conciencia de la persona. Y en esa conciencia es donde debemos conseguir la fuerza para sobrevivir.
Humanizarnos es racionalizar nuestra propia existencia.
Aceptar nuestra propia vida depende exclusivamente de nosotros mismos.
Nuestros conceptos son opuestos. Tú buscas fuera de ti la fuerza para soportar el dolor. Yo hallo en mí la fuerza para liberarme de él, sólo pido que me dejen hacerlo ami manera.
Cuando la persona ocupa el lugar de dios, ella misma se considera capacitada para evitar el dolor obrando según su libre albedrío.
Yo te pregunto, ¿Quieres ser tetrapléjica?
Si dices que sí, ya tienes la alternativa que deseas, ya estás en el lugar que deseas estar.
Si la respuesta es negativa, ¿Puedes explicarme por qué te sientes obligada a serlo?
Sería absurdo que dijeses que es la voluntad de dios. Tendrías que aceptar que ese dios es cruel y despiadado contigo. Si hemos sido creados absolutamente libres, seremos libres de hacer todo aquello que queremos y en el momento preciso.
Puedes argumentar, como hacen tus maestros, que Dios no quiere tu sufrimiento pero lo permite. Sin embargo, este argumento es tan absurdo que sólo quien desea ser engañado lo acepta. Hay circunstancias en las que las personas sobreviven por sí misma, y además no es esa su voluntad, no es que dios permita el sufrimiento, lo que estará permitiendo será la libertad de ejercer la medicina y la de hacer apología del sufrimiento como ejemplaridad moral. Si dios permitiese el sufrimiento también permitiría que la persona ejerciera su libertad de renunciar a él.
Consolarse con que el sufrimiento es un instante en la escala cósmica y buscaren Cristo la fuerza que necesitas para soportarlo me parece el peor de los trastornos psicológicos.
En nombre de Cristo, se podría justificar con más coherencia la eutanasia voluntaria, como una forma de emular al mito, renunciando a la vida para evitar el dolor, que soportando el dolor para conservar una vida miserable.
La eterna lucha entre la razón y la creencia me parece la pelea entre dos mitos. Uno trata de retener el tiempo y el otro trata de seguirlo. El nuevo mito le muestra al viejo sus errores reflejados sobre el espejo de la humanidad. El mito viejo ve como se reflejan la miseria, el dolor, la tortura, la esclavitud, la masacre disfrazada de tradición y cultura, pero se niega a rectificarlos. El sufrimiento se ha convertido en su alimento se ha convertido en su alimento espiritual.
La Biblia es un código moral de su tiempo. En España, Joni, el código ético y moral que rige nuestra convivencia es una biblia actualizada que proclama libertad, justicia e igualdad entre todos los seres humano (Constitución española).
Yo no busco la fuerza para vivir fuera de mí mismo. Y para alcanzar la categoría de ser humano hay que aprender a leer en el único libro que no miente porque no se expresa con palabras. Hay que aprender a leer en los ojos y en los gestos de cualquier ser viviente. Todo aquel que no se vea reflejado a sí mismo en ellos es un analfabeto en ciencia de la vida.
Y todo aquel que niegue el derecho a no sufrir no está capacitado para dar consejos. Un sufrimiento siempre deber ser voluntario –me refiero a un sufrimiento incurable.
Querida Joni, después de la muerte siempre hay un lugar mejor para el que cree verdaderamente en él. Detrás del dolor incurable, siempre está el infierno.
Yo tengo dudas, pero no miedos. Por tanto, no sufro depresiones, frustraciones o desesperación como tú crees, o te han hecho creer aquellos que te han conseguido mis señas personales.
La muerte voluntaria es algo así como no saber nadar y tirarse a un río. El que cree que sabe nadar y no se ahoga, se salva.
Un abrazo y un beso.

¡POR EL CAMINO ERRADO!

Yo te doy todo aquello que más amo y necesito,
Mi sangre, mi hijo, mi mujer y mis átomos;
Es tan sólo una forma de decírtelo:
Porque nada poseo quiero darte a entender que deseo dártelo.

Yo me alegro si comes el pan que me da la vida
Y me alegro si yaces con la mujer que yo amo,
Y gozaré si gozas bebiéndote mi sangre.
Y cantaré si te dan energía mis átomos.

Yo te amaré del todo cuando pueda nombrar el humano deseo,
Yo gozo cuando gozas, y sufro cuando sufres,
Tu acto es mi deseo, mi deseo es tu acto.
Porque te amo del todo, si tú quieres me muero.
Porque te amo del todo, si tú quieres te mato.
Sin pecado, sin culpa, sin cargo de conciencia,
Basta que tú lo quieras para que sea bueno,
Basta que yo lo haga, porque tú lo deseas,
Para que sea humano.

Yo soy el superhombre, tan justo como un dios,
Y soy, porque quiero ser justo, igual que un dios malvado,
Yo busco mi equilibrio y en ti hallo mi centro,
Y me doy como el sol sin pedir nada a cambio.

Pero te mataré si maltratas a un niño,
Si desprecias a un viejo o asesinas a un pájaro;
Porque te veo triste, soy violento en exceso;
Porque nada deseo, soy en exceso manso;
Porque te amo del todo, te doy cuanto poseo
Por no sentid que soy ni bueno ni malvado.

Se ha oscurecido el cielo y comenzó a llover,
El trueno carraspea, se sonríe el relámpago,
Parece que responde la natura al unísono.
Porque te amo del todo, yo también te doy todo sin pedir nada a cambio.

Es mi sangre la lluvia, es mi energía el sol,
Y mi alegría toda el canto de los pájaros.
No sé de quién hablaba, porque iba hablando, solo,
Con la mirada absorta, el loco enamorado,
Dicen que la muerte, dicen que la vida,
Dicen que caminaba por el camino errado.

 Line Torres y Kees Vandenberg:
Mi querida loca con alma de gaviota. De la música y del aire suspendida, como una cometa gravitando en lo azul. Sepa que en este mundo hay otro loco que la adora. Y no por nada, sino porque el universo necesita de su armonía y su ternura, de su magia y su locura, para hacer que un flauta toque por teléfono eternamente una celestial y seductora zarabanda en su cumpleaños para el contento de otra locura.
Debería haber comenzado: Mis queridos locos, pero no rimaba tan bien la tontería.
Querida Line: gracias por compartir con este loco ermitaño –que se cree en sus delirios libertarios un errante marino- tú cumpleaños.
El aniversario es como un nuevo giro alrededor del tiempo y del espacio. Escomo el del corazón, un cósmico latido, aunque de ritmo un poco más largo.
¡Qué rudimentarios somos todavía! Pensamos en días, horas, años, siglos. De dónde venimos y hacia dónde caminamos, mientras vamos rogando padre nuestro sálvanos, líbranos del mal, cuando sólo somos vibraciones en un desplazamiento sonoro o luminoso. Un átomo vibra a no sé cuantos miles de impulsos por segundo. Un corazón una vez por segundo aproximadamente. Una vida tiene su tiempo, su ritmo entre el principio y el fin, dependiendo de la especie en la que se vaya rebotando o metamorfoseando la materia.
En tu carta anterior decías que sólo existe el futuro.
En el concepto de existir, creo que sólo existe la memoria-la verdad-. Y si existe la memoria, existe el pasado, presente y futuro, pues todo lo que está en nuestra memoria ya fue pasado, presente y futuro. La vida es como un eco que va rebotando siempre de un punto a otro punto. Recuerde la evolución.
¿Qué es eso?, se preguntará usted con los ojos abiertos de par en par ante la osadía de un tonto que pretende explicar tan serios asuntos. Supongo que se preguntará: ¿no se habrá creído mis tiernos y amables halagos cuando le digo que es sabio, grande y genio?
No se preocupe, ya estaba loco antes de encontrarme con su locura.
¡Ah, sí, lo evolutivo!¡Siempre me pierdo!
¿Le cuento un cuento?
Dicen que hace muchos años, se encontraron un memo y una mema. Como no tenían nada más que hacer se pusieron a jugar, y cada vez que se tocaban nacían un memo o una mema nueva. Todos eran idénticos a sus padres. Y como no necesitaban teta ni cuidados de ninguna clase, se iban marchando cada uno en una dirección distinta. Cada memo-a eran, y aún seguimos siendo, unas masas atómicas impresionables. Estos receptores de impresiones tienen todos una cosa en común; la vibración, la expansión y la contradicción, por eso nos dejan extasiados ciertas ondas vibratorias; como por ejemplo la zarabanda que tu amigo hizo sonar con su flauta a través de los átomos que rebotando llegaban a mi oído a través del teléfono y aquí se han quedado en mi memoria para la eternidad, Yo ya no puedo proyectar por rebote o vibración esa memoria físicamente, sólo psíquicamente.
¿Te imaginas adónde quiero ir a parar? 
Sigo: esas memas-os fueron creando el sistema de proyección. Perfeccionándose en cada movimiento para ir siempre más allá, cada vez más deprisa. Como estaban en el agua, necesitaban aletas. Cuando ese espacio se les quedó pequeño, si no inventaban algo más perfecto y sofisticado se detenía el sueño. No podrían ir más deprisa ni más lejos .
Un día uno de los memos sacó la cabeza fuera del agua y contempló otro espacio. Se puso a soñar con unas alas. Del deseo y la voluntad de elevarse le crecieron Pero tampoco le servían pata ir más lejos, más allá, fuera del mar atmosférico.
Y aquí nos encontramos los hijos de aquellos memos embarrancados.
¿Cuál es el nuevo deseo, la nueva necesidad?. Vencer el peso de la gravedad. Volar más deprisa y más lejos. Alcanzar la luz en la metamorfosis de la trasmutación.
¿Y luego?
La aceleración instantánea: el pensamiento, la idea, el deseo convertido en realidad. Ningún lugar estará verdaderamente lejos.
Ningún lugar está lejos. ¡Hermoso y sugerente el título del libro que me enviaste, gracias!
Cierto, todo está en la imaginación, en la memoria. Pero en ciertas circunstancias, este universo personal se nos queda tan pequeño que el deseo irrefrenable de liberarnos de él también nos indica el método.
El proceso evolutivo sigue su curso. Somos, la vida, energía en movimiento. Ondas que vamos rebotando. Por eso nos agrada tanto el calor, el color y el sonido, pero a la medida de ser muy rudimentario. Aún no es el tiempo y el espacio en sí mismo. No acepta su desintegración. Y sin embargo rechaza el dolor, el frío y el ruido. Pero no podrá liberarse del dolor y del sufrimiento si primero no se libera del temor. No nos decidimos por la liberación. Seguimos cumpliendo años, siglos, milenios, acumulando dolor con el único propósito de dominar lo más feroces a los mejores.
Gracias querida Line, por convencer a tu amigo para que me interpretase una zarabanda por teléfono. Pienso que la vida es una obra musical construida a partir dedos notas elementales: la primera es, sí, el placer. La segunda es el no al dolor. Lo demás son infinitas variaciones sobre el mismo tema. Quien diga que su variación es la verdadera, lo único que hace es interpretarse a sí mismo. La perfección del sonido hizo vibrar todos los átomos del cuerpo de este memo y lo transportaron con el pensamiento a su mismo origen para rememorar las infinitas metamorfosis que la materia ha debido realizar para transportarme hasta donde me hallo en este instante. Me gustaría dar un acelerón para cumplir mi sueño de liberar el lastre, pero está prohibido hacer experimentos.
¿Recuerdas aquel memo que por primera vez sacó la cabeza fuera del agua y se le encendió el sueño de volar? Seguro que algún otro memo que se creía muy sabio lo amonestaría con toda severidad: ¿estas loco? ¡Lo que piensas es imposible!
Siempre hay alguien que nos dice que lo que él no entiende es imposible.
Siempre hay alguien que piensa que todo es inalcanzable, que ningún lugar está cerca porque él no pueda tocarlo. Pero los que nos creemos simplemente ondas le luz que nos encendemos con la magia de los sueños sabemos que ningún lugar está lejos, ni siquiera la eternidad.
Aquellos que sólo esperan el milagro ya no creen en nada, están muertos. Un abrazo muy fuerte y un millón de besos.

 LAS HOJAS CAIDA

¡Silencio!, que llegó el otoño
y quiere tomarse un descanso la vida.

Ya se está quitando colores y afeites,
Adornos y trajes, con melancolía.
Se siente cansada de tanto ajetreo
Que llevó a cabo para celebrar
Tan fenomenal y hermosa orgía.

Cada quien amó según su manera,
Cada mariposa besó tantas flores como ella quería
Al compás de la danza que le iba tocando
Y la invisible y tierna levedad de la blanca brisa.

Parece que quieren al revolotear
Escribir poemas de calma y sonrisa,
Para que se vayan volando, volando,
Por la luz del sol, por el cielo arriba.

Y pasa el otoño por las hojas todas
De árboles y plantas ya casi dormidas,
Preguntando a todas, ya muy apagadas,
Por qué se pintaron con tal fantasía,
Con tanta belleza, con tanta armonía.

Le responden todas de una sola voz:
¡para seducirla, para seducirla!
Seducir...¿a quién?

Ya se terminó tanta algarabía.
Todo va perdiendo como en cualquier fiesta
Vigor, emoción, vital entusiasmo,
¡hay que reposar de tanta alegría!

La naturaleza se sigue quitando
Como una vedette la bisutería
Decrépitas hojas, que antes eran verdes, todo fantasía,
Y ahora están pálidas, amarillas, ocres, mustias, decaídas.

Y se van cayendo, se arrojan al aire como suicidas,
Y bailan, y vuelan, y giran y giran,
Apurando el tiempo del último baile 
Antes de quedarse por siempre dormidas.

Besando la tierra de donde salieron,
A la que retornan con la misión cumplida
De vestir al mundo con traje de gala
Para celebrar la primaveral y cíclica orgía.

Hoy ya son gironés, tristes serpentinas
Las hojas caídas que cubren la tierra.
Como cualquier plaza después de una fiesta,
Que se queda sola llena de papeles y otras inmundicias.
Triste melancólica que parece muerta, pero está dormida.

¡Silencio!, que llegó el otoño, y quiere tomarse un reposo la vida.
Cuando se despierte, ya será otro día.