mercredi 6 mars 2013

Víctor LENORE/ La batalla del buscador


ROLLING STONE
La batalla del buscador
Por Víctor LENORE

Google, que acapara hasta el 94% de cuota de mercado, recibe los ataques más duros de su historia. Otros gigantes de la red como Facebook o Amazon se enfrentan al creciente rechazo de los internautas críticos. Artículo de Víctor Lenore publicado en Rolling Stone.

Larry Page, director ejecutivo de Google, desveló este mes su visión de futuro a la sección de economía de CNN. La palabra “ambicioso” se queda muy corta. “Calculo que, ahora mismo, Google es el diez por ciento de lo que llegará a ser”, confesaba. ¿Es posible que la empresa más grande de la historia crezca un mil por cien? Nadie puede saberlo, pero está claro que Page maneja proyectos revolucionarios. La última vez que recibió la visita de Sir Martin Sorrell, director ejecutivo de una gran empresa de publicidad, mandó a recogerle un prototipo de Lexus SUV que le trasladó entre el denso tráfico de San Francisco con el asiento del chofer vacío. El volante se movía con un sofisticado sistema informático que Google quiere implantar en todo el mundo. “Esto es el futuro de la industria del automóvil”, anunció Page a su invitado. Por si fuera poco, Google acaba de inaugurar un departamento de Inteligencia artificial, dirigido por el escritor e inventor futurista Ray Kurzweil. “Mi objetivo es que las máquinas dejen de procesar textos y pasen a entenderlos”, confesó hace pocos días Kurzweil a la web Singularity Hub.

NEGOCIOS TIPO “CEPILLO DE DIENTES”

Google quiere concentrarse en lo que llama “negocios cepillo de dientes”, productos o servicios que la gente utiliza al menos dos veces al día. Sólo así es posible impulsar una empresa de 53.000 empleados que factura 28.000 millones de euros al año. El buscador de Internet todavía supone el 80% de sus ingresos, pero la marca está inmersa en un amplio proceso de expansión que en los últimos tiempos le ha llevado a comprar gigantes como Youtube y Motorola. Su mayor reto en 2013 es capear la decadencia de los ordenadores de sobremesa (un sector en declive) en favor de los dispositivos móviles (donde marcas como Apple y Samsung le llevan mucha ventaja). ¿Cuánto poder pueden acumular las grandes corporaciones tecnológicas? Los grandes dinosaurios empiezan a preocuparse.

El pasado diciembre un informe del Deustche Bank advertía al sector financiero que debía espabilar si quería conservar su posición frente al expansionismo de Apple, Google o Amazon. La empresa que dirige Page ha lanzado Google Wallet, una billetera digital para pagar a través del móvil. El pasado abril compraron la empresa TxVia, que gestiona cien millones de cuentas bancarias. Amazon cuenta con OneClick, un servicio similar, mientras que Apple estrenó el pasado junio Apple Passbook. En principio, la aplicación sólo sirve para guardar documentos, desde entradas de conciertos a tarjetas de embarque, pasando por carnés de fidelización.

En el mundo de los negocios no es un secreto que se trata de un primer paso para desarrollar un sistema de pagos offline, según explica un completo informe de Cinco Días. Un dato para situarnos: Apple tiene almacenadas en iTunes 200 millones de tarjetas de crédito, el doble de las que maneja el gigantesco Banco de Santander. ¿Empieza la era de los ciberbancos? 

IMPERIALISMO ESTRUCTURAL

Mientras Google busca redefinir la realidad, los problemas asoman la cabeza. Acaba de ser exculpado de violar leyes antitrust por una comisión de comercio del gobierno Obama. Queda pendiente una investigación similar de la Unión Europea, que mira al gigante informático con más recelo que los autoridades estadounidenses (allí es una empresa de la casa, que crea puestos de trabajo y ayuda a equilibrar la balanza de pagos). El año pasado se publicó la crítica más demoledora de los métodos del buscador. Se titula La Googlización de todo (y por qué debe preocuparnos) y está empezando a encontrar eco global. Lo firma el experto en medios de comunicación Siva Vaidhyanathan, profesor universitario que avisa de los peligros de los emporios de Internet. “Tenemos que revisar nuestra imagen de Google. No somos sus clientes, sino su producto. La fuerza de la empresa radica en vender nuestros datos a empresas de publicidad”, explica en Madrid a Rolling Stone.

Vaidhyanathan ha acuñado el término “imperialismo estructural”, que describe el poder que proporciona controlar ingentes cantidades de información a tráves de servicios como Google Street, Google Books y Gmail. “El imperalismo militar construía trenes y carreteras para dominar la India, mientras que el imperialismo cultural difunde sus mensajes a través de las películas de Hollywood. Hoy resulta más práctico acumular textos técnicos o información personal. Si cualquier gobierno manejase la cantidad de datos privados que tiene Google, estaríamos aterrados”, afirma con una sonrisa. El profesor matiza: “Estoy habando de una forma muy blanda de imperialismo, donde no se mata a nadie ni se construyen campos de concentración, pero hay que estar alerta porque el beneficio de una sola empresa se está imponiendo a las necesidades de la gente”, advierte. Añade que, al ser un poder más blando, estamos menos en guardia.

EL GRAN FRAUDE DE GOOGLE

Otra fuente de conflicto son los impuestos. “Cada país donde un emporio tecnológico tenga beneficios debería recibir su porcentaje de impuestos para pagar hospitales y colegios. Eso no se cumple porque las empresas tecnológicas tienen los mejores expertos en evasión fical. Todo es perfectamente legal, lo cual no quiere decir que sea legítimo”, precisa Vaidhyanathan. En estos momentos, Reino Unido, Francia y Gran Bretaña investigan a sociedades tecnológicas globales por prácticas tributarias al filo de la ley. Resulta especialmente cínico en el caso de Google, cuyo eslogan corporativo reza “Don’t be evil” (no seas malvado).

La cadena de noticias Bloomberg publicó el año pasado que el paraíso fiscal de Islas Bermudas permitió a Google esquivar el pago fiscal de unos 5.700 millones de dólares (unos 4.300 millones de euros) en beneficios. Facebook, Apple, Amazon, Samsung y Microsoft utilizan estrategias similares para evitar a Hacienda. “El pasado verano Francia creó la tasa Google, un tributo por el que el gobierno pretende que las multinacionales paguen impuestos locales por las operaciones que realizan en suelo francés. Francia quiere trasladar el debate a la Comisión Europea y extender esta solución al resto de socios”, explica Jesús Sérvulo González, periodista de El País.

MAL ROLLO EN SILICON VALLEY

Otra voz crítica destacada es Jaron Lanier, autor de Contra el rebaño digital. Su libro apunta a Silicon Valley, cuartel general de la industria tecnológica. Lanier pertence a la generación de programadores que configuraron Internet tal y como lo conocemos. Así retrata las motivaciones del sector: “Uno se encuentra con salas llenas de ingenieros que no se dedican a buscar curas contra el cáncer o fuentes de agua potable segura para el mundo subdesarrollado, sino que imaginan proyectos para enviar imágenes digitales de ositos de peluche o dragones medievales entre miembros adultos de redes sociales. La búsqueda de la sofisticación tecnológica parece haber degenerado en una casa de juegos donde la humanidad retrocede hasta el jardín de infancia”, afirma.

Ana Ormaetxea fue la autora del blog Una rubia en Silicon Valley. Allí compartía sus impresiones mientras estudiaba en la prestigiosa universidad de Stanford, centro de reclutamiento de los ejecutivos de la industria tecnológica: “En Silicon Valley todo está enfocado al trabajo. Profesionalizan su vida en exceso. Pocas cenas con amigos se hacen con normalidad, parece que haya que estar en guardia permanente. Es agotador pensar que todo el tiempo te juegas algo laboralmente”.

“Cuando hace un día de sol espectacular, el campus de Stanford sigue vacío, están todos estudiando o haciendo trabajos. No pierden el tiempo, ni salen demasiado de juerga. Desde niños tienen muy clara la competitividad y el individualismo”, recuerda Ormaetxea. Silicon Valley puede parecer el corazón creativo del capitalismo, pero quienes se han acercado tienden a recordarlo como una réplica de Wall Street donde está permitido ir a la oficina con piercing y pantalones vaqueros. Vaidhyanathan coincide en esta visión: “Los grandes ejecutivos tecnológicos son gente cosmopolita. Para vender productos en todo el mundo hay que conocer el mercado global.

El jefe típico defiende los derechos de los gays, cuestiona los valores religiosos y tiene gustos vanguardistas. En asuntos económicos, la cosa cambia: detestan los impuestos, los sindicatos y cualquier forma de control estatal. La gran mayoría se sitúan claramente a la derecha. Cuando usamos un iPhone, deberíamos tener presente que lo fabrican obreros chinos en turnos de 12 horas al día por un salario miserable. Deberíamos negarnos a aceptar estos abusos como algo inevitable”, apunta.

ESCLAVITUD MODERNA

Las grandes corporaciones tecnológicas han sido duramente criticadas por permitir condiciones laborales extremas, que en ocasiones rozan la esclavitud. Es el caso de la fábrica de Foxconn en Zhengzhou, la ciudad china volcada en la fabricación de componentes para gigantes tecnológicos como Apple. En los últimos años, medios como el New York Times han denunciado los contratos inhumanos, incluidos a menores, donde las trabajadoras se comprometen a no quedarse embarazadas y se incluye una cláusula por la que se renuncia a indemnización en caso de suicidio. A comienzos de 2012, la Fair Labor Association publicó un informe positivo donde se hablaba de mejoras apreciables. Apple sufragó los gastos de la investigación. El problema llegó hace unas semanas cuando el programa de la televisión Enviado especial, emitido por la cadena publica France 2, volvió a mostrar la cruda realidad.

¿Qué encontraron los reporteros franceses? Sigue habiendo turnos de hasta 13 horas, algunos obreros encadenan 90 días seguidos sin descanso y gran parte de los 217 euros que cobra al mes un operario se descuentan en concepto de alojamiento y comida (muchos duermen en barracones a medio terminar sin acceso a agua corriente). Tras un año entero de explotación, los más ahorradores consiguen reunir 250 euros. También se encontraron a estudiantes trabajando contra su voluntad: las autoridades educativas les amenazan con no entregarles el título si no aceptan “hacer prácticas” en el puesto.

Foxconn es el empleador privado más grande de China, con un millón cuatrocientos mil contratos en vigor. Apple respondió al reportaje con un comunicado insistiendo en que sus proveedores están obligados a ofrecer condiciones de trabajo seguras, dignas y respetuosas con los trabajadores. Pocos confían en el compromiso de la empresa de la manzana con los derechos laborales. La biografía más exitosa de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson, documenta la admiración del directivo por las leyes laborales chinas. También sus reiteradas negativas ante la petición de Obama de repatriar puestos de trabajo. Jobs le advirtió de que sería “presidente de un solo mandato”, si no reformaba el mercado laboral para competir con los países donde la fuerza de trabajo está menos protegida.

También hay explotación en Estados Unidos. En primavera de 2012, el diario Morning Call denunció las condiciones laborales en los almacenes de Amazon en Kentucky y Pensilvania. Los incidentes incluían desmayos por trabajar sin aire acondicionado, horas extras obligatorias y ritmos infernales de empaquetado. Antes que pagar por ventilación, Amazon prefería tener un equipo de enfermeros para atender a los trabajadores afectados. Un médico anónimo de urgencias hizo la primera denuncia: acababa de atender a una empleada de seguridad embarazada que sufrió un colapso debido al calor. Tras la investigación periodística, el portal de venta online anunció una partida de 39 millones de euros para adquirir aire acondicionado en los almacenes que lo necesitasen. Los trabajadores siguen alerta. “Los puestos cutres no mejoran de la noche a la mañana”, explicaba John Scearcy, un activista de Seattle.

¿PUEDE MORIR GOOGLE?

Conflictos aparte, Vaidhyanatan encuentra lógico que estemos tan rendidos a las grandes gigantes como Google. Después de todo, es la empresa más exitosa de la historia de la humanidad.

Sólo lleva quince años funcionando y ya cuesta imaginar la vida sin el buscador  “El capitalismo actual es muy volátil: destruye gigantes en pocos meses. Hay que tener presente el caso de Myspace, que parecía invencible y acabó arruinada.

Una mala fusión puede liquidar a dos empresas: mira lo que pasó a Time Warner y AOL. Si tenemos en la cabeza que Google acabará, seremos más propensos a confiar en instituciones públicas, que históricamente han demostrado ser más sólidas. Me refiero al Gobierno, las escuelas o la red de bibliotecas. Estoy seguro que la Universidad de Virginia, mi lugar de trabajo, estará funcionando dentro de un siglo, pero no pongo la mano en el fuego porque usemos la world wide web en 2018. La tecnología móvil puede dejarla obsoleta pasado mañana. Hay que poner el esfuerzo en la esfera pública porque es más fiable”, concluye.

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Mentiras sobre Twitter y la Primavera árabe

El pasado mes de diciembre se celebro en Madrid en Encuentro titulado Ciberrealismo: más allá de la euforia digital. Éstas son algunas conclusiones.


EvgEny Morozov: Autor del desengaño de Internet

“¿En que se basan los grandes medios para decir que las redes sociales ayudaron a los activistas de la Primavera Árabe? ¿Es que no las usan también los tiranos? Está documentado que Hosni Mubarak, expresidente de Egipto, tenía un sistema que le permitía espiar Skype. En Irán, el gobierno de Ahmadineyad promueve una especie de Wikipedia cazadisidentes donde los adeptos al régimen ponen en común sus sospechas sobre personas desafectas al régimen.
Es hora de ir aceptando que Google, Twitter y Facebook ayudan a que gobiernos autoritarios ejerzan mayor control. Las redes sociales no encienden por sí solas ninguna revolución. Los activistas árabes hicieron mucho trabajo cara a cara. En 2009 estuve en dos encuentros entre blogueros egipcios y tunecinos. Unas jornadas fueron financiadas por George Soros y las otras por el gobierno de EE UU. Es un secreto a voces que el director del FBI ha visitado Silicon Valley para pedir a los emporios de Internet que le den acceso a cualquier contenido de la red. Este tipo de cosas debería preocuparnos”.


Siva vaidhyanathan: Autor de la googlización de todo

“Lo que nos contaron los medios sobre Twitter y la Primavera Árabe es sencillamente falso. No se puede probar que las redes sociales hayan sido decisivas en Túnez o Egipto. El acceso a Internet allí es muy bajo. Para lo que han servido es para que en Occidente nos enteremos mejor de algunas cosas. En Egipto la manera habitual de comunicarse durante las revueltas eran los SMS enviados a través de teléfonos Nokia con viejas pantallas grises. Resultaba más efectivo: el gobierno puede apagar Twitter y la economía no sufre, pero renunciar a la red móvil implica congelar los negocios. Dar tanta importancia a Twitter eclipsa la noticia real: que millones de personas decidieron arriesgar sus vidas por la posibilidad de un mundo mejor. La embajada de EE UU en Madrid me invitó a una charla con estudiantes de mi país que viven aquí. Uno sostenía que el 15-M hubiera sido imposible sin las nuevas tecnologías. Hay que pensar históricamente. En 1988, sin Twitter, hubo un montón de revoluciones democráticas,desde la caída de los regímenes comunistas hasta el fin del Apartheid”.


Carolina del olmo, Directora de la revista: Minerva y organizadora del encuentro en el Círculo de Bellas Artes.

“Los ciberoptimistas creen que Internet y las redes sociales contienen algo así como la semilla de la revolución. Yo veo el activismo digital como una pobre imitación del tipo de implicación política que nuestras sociedades necesitan con urgencia. No estoy queriendo decir que la gente sea vaga y pusilánime y se lance al ciberactivismo porque es fácil y no entraña compromisos serios ni a largo plazo (que también, probablemente...), sino que tienden a engañarse sobre su utilidad. Nuestra sociedad carece de redes sociales densas, así que nos ilusionamos creyendo que las virtuales nos valdrán igual. Nos falta la base de fraternidad necesaria para la acción política (necesaria, por ejemplo, para que algo como Twitter se convierta en una herramienta política útil). Pensamos ingenuamente que a base de tuitear igual cambian las cosas. Si conseguimos sustituir el ciberoptimismo por un saludable ciberrealismo, nos encontraremos en mejores condiciones para juzgar la gravedad de los problemas a los que nos enfrentamos”

Articulo: http://www.elboomeran.com 05/03/2013