dimanche 7 avril 2013

Anne SEXTON, a vida o muerte


Anne Sexton, a vida o muerte

Se edita en España por primera vez su obra completa. Se trata de una de las poetas esenciales del siglo XX. Amiga de Sylvia Plath, se suicidó en 1974.

Con Anne Sexton siempre se empieza por el final. No es fácil librarse del ritual de muerte que la poeta interpretó el 4 de octubre de 1974, cuando se puso el abrigo de piel que había heredado de su madre, se bebió dos vodkas y con un tercero en la mano entró en el garaje de su casa, encendió el motor y la radio de su Cougar rojo y se quitó la vida. Poco importaba su enorme talento, su fama, su belleza, el éxito de su obra en el ámbito literario y académico. Tampoco sus dos hijas. Años antes le había reprochado a su amiga Sylvia Plath (ambas habían coincidido en un taller de poesía de Robert Lowell, donde los versos fluyeron tanto como los martinis) que le hubiese robado la gran idea. “¡Ladrona!”, escribió Sexton. “¿Cómo te has metido dentro, / te has metido abajo sola / en la muerte a la que deseé tanto y tanto tiempo?”.

Sin embargo, las casi 1.000 páginas que componen sus obras completas, que mañana llegan a las librerías españolas editadas en un solo volumen por Linteo Poesía, traducidas y estudiadas durante dos años por José Luis Reina Palazón en la colección de poesía dirigida por Antonio Colinas, empiezan por donde se debe, por el principio.

Anne Gray Harvey nació el 9 de noviembre de 1928 en el seno de una familia burguesa de Massachusetts. Hija de un exitoso fabricante de lanas, era la pequeña de tres hermanas. Siempre vivió en buenos barrios de Boston. Decidió dejar los estudios para casarse. Su primer contacto con la depresión fue en el posparto de su primera hija.

Y entre principio y fin un ciclón poético, sexual, doméstico, alcohólico, familiar, médico, químico… Sexton hija, Sexton madre, Sexton mujer. “La característica de su lírica es el uso del material autobiográfico y su precisa transformación en materia poética”, explica José Luis Reina Palazón. El traductor apunta cómo su poesía muestra desde muy pronto “un comportamiento contradictorio desarrollado desde la niñez”. Por un lado, es una mujer atractiva, alegre y fuerte. Por otro, una mujer convencida de que sufre “un dolor insoportable”, lo que la convierte irremediablemente en un ser marginal. Ahí entra la enfermedad mental y su tabla de salvación: la poesía.

Sexton fue una mujer reconocida y premiada en su tiempo, becada para escribir sus libros, profesora titular en la Universidad de Boston, ganadora del Pulitzer y luego jurado del prestigioso premio… Su poesía confesional la convirtió en una de las escritoras más famosas de su país. Para quien no la conozca son muy recomendables los vídeos en los que aparece en su casa en 1966. Cuando Sexton recita Menstruación a los 40 años tiemblan los relamidos jardines del sueño americano.

Delgada y alta como una modelo, teatral, con sus ojos azules y su pelo negro, su voz de fumadora se pega a la piel como el sudor en verano. Su amiga la escritora Maxine Kumin relata que al conocerla en un taller de poesía le llamaron la atención las pulseras, los tacones y el perfume francés. Su poesía se regodeaba en los tabúes del cuerpo femenino y ella, siempre intensa, no dejaba indiferente a nadie. “Quien acude al don de Anne Sexton no puede salvarse de su mensaje amenazador”, escribe Reina Palazón.

“Ese mensaje amenazador”, explica por teléfono el traductor, “es la duda entra la vida y la muerte que la acompañó durante toda su existencia. Esa dualidad se la expresó en una carta a Saul Bellow y él le respondió con una cita de Herzog: ‘Con un gran aliento, atrapado y mantenido en su pecho, combatió su tristeza por su solitaria vida. ¡No llores, idiota! Vive o muere, pero no envenenes todo…”. Cita que Sexton usaría para abrir su celebrado Vive o muere (1966), en el que ella se decide claramente por la vida. “Pero el desequilibrio psicológico, que arrancó en el primer posparto, creando en ella una horrible mala conciencia, la siguió acompañando. Ni siquiera su triunfo total, que llegó después de este libro, los cuatro honoris causa que recibió, o la capacidad de convocatoria de sus recitales, fueron suficientes”.

Anne Sexton escribió que los suicidas tienen un lenguaje especial: “Como carpinteros quieren saber qué herramientas. Nunca sin embargopor qué construir”. En Cartas para el Doctor Y, que dejó inédito hasta después de su muerte, invoca tozuda su única suerte: “Muerte, / necesito mi pequeña adicción a ti, / necesito esa vocecita que, / hasta cuando asciendo desde el mar, / toda una mujer, completa, / dice mátame, mátame”.

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OPINIÓN
Poesía completa feliz
Por Ben CLARK 

Uno de los deseos de la estadounidense era ser traducida “en todo el planeta” y ya está más cerca de cumplirse

La publicación en español de la Poesía completa de Anne Sexton, casi cuarenta años después de su suicidio, es un feliz acontecimiento. Uno de los deseos de la estadounidense era ser traducida “en todo el planeta” y ya está más cerca de cumplirse. Mientras trabajaba en la edición de sus Poemas de amor (Linteo, 2009) pude comprobar que, entre las muchas obsesiones de Sexton, destacaba su cumpleaños, día que odiaba y que fue testigo de numerosos intentos de suicidio y de un grave accidente doméstico —que ocurrió, por desgracia, la única vez que sí decidió festejarlo—. Quizá Sexton, tan aficionada a encontrar —más que a buscar— metáforas y juegos de palabras irónicos —leyendo a Rimbaud identifica la palabra francesa âne (asno) con Anne— aceptase este recorrido que propongo a continuación: entrever en los compases del Cumpleaños feliz, la vida y obra de una de las autoras fundamentales del siglo XX. Aunque lo más probable es que le horrorizara la idea. Cantemos, pues, junto a Sexton:

Comienzo anacrúsico: Al manicomio y casi de vuelta (1960).Cuando un profesor de música explica la anacrusa suele recurrir alCumpleaños feliz por ser la canción con comienzo anacrúsico más famosa. Implica el comienzo de una pieza (sílabas cum-ple) antes del primer compás. Es un tiempo incompleto fuera de la norma de los tiempos, un tiempo raro. Sexton no empieza, retoma. Las notas que faltan para completar el compás las guardó su madre que, tras leer uno de sus primeros poemas, acusa a la joven de plagio. Los compases serán, naturalmente, de tres tiempos (“Yo soy una tercera parte / de tus hijas”) que se corresponden, respectivamente, con los tres pilares de Sexton: familia, carrera y depresión. Identificación, ya, con la locura, “Así es como ellos tocan / las campanas en el manicomio / y esta es la señora-de-la-campana / que viene cada jueves por la mañana / para darnos clase de música” y primeros apuntes del confesionalismo que caracteriza su obra: “Yo, que elegí dos veces / matarme a mí misma”.

Primer compás: Todos mis seres queridos (1962). Su carrera arranca con un tiempo fuerte que parece ganarle el pulso a los episodios depresivos. Es ya Anne Sexton, la escritora que juega a serlo y que disfruta y sufre una intensa vida epistolar. “Leo un libro nuevo y arrastro los pies al pasar frente / a la entrada para enviar mi primera carta de fan al autor”.

Segundo compás: Vive o muere (1966) y Poemas de amor (1969).Fe-liz. La palabra queda fracturada entre un compás y el anterior. Pulitzer, reconocimientos y becas. El libro es un canto a la melancolía pero se resuelve con la esperanza: “Por eso digo Vive / y gira mi sombra tres veces en círculo”. De nuevo el tres. Poemas de amor coincide con el final del compás y con la repetición de la forma anacrúsica, ya integrada —atrapada— en una rutina. Recaída, alcoholismo y progresiva destrucción de su matrimonio: “Estoy viva en la noche. / Estoy muerta de mañana”.

Tercer compás: Transformaciones (1971). Tres notas negras que escalan hacia lo que será, de momento, la nota más aguda de la pieza —vendrán otras— constituyen el ecuador creativo de la autora y una relativa calma que precederá la tormenta para la paciente, madre y esposa: “Cenicienta y el príncipe / vivieron, dicen, felices para siempre, / (...) / nunca molestados por pañales o polvo”.

Cuarto compás: El libro de la locura (1972). De nuevo, felicidad partida y regreso de la forma anacrúsica y depresiva. Concluye la primera parte de la pieza, la pregunta. Se acerca el final: “Está nevando y la muerte me fastidia / tan tenaz como el insomnio”; “Pregúntate sobre esto /y verás cómo la muerte / me gotea en estos grises labios”.

Quinto compás: Los cuadernos de la muerte (1974). Las notas más agudas. La respuesta tiene la voz de la Sra. Perro / Dios: “He recorrido un largo camino para quitarme la ropa”; “Ms. Dog se encuentra en la orilla / y el mar sigue meciéndose / y ella quiere hablar con Dios”.

Sexto compás: El horrible remar hacia Dios (1975). To-dos. El ritmo se ralentiza, Sexton revisa los impulsos que alimentaron su primera poesía: “Yo estoy escribiendo / cada día el Dios / en el que crece mi máquina de escribir”. Luego el ritmo cabalga hacia el final: “Estoy amarrando mi barca de remos / al muelle de la isla llamada Dios”.

Séptimo y octavo compás: Calle de la Misericordia 45 (1976) se publica de forma póstuma. El último fe-liz se pierde en un compás de dos tiempos que se completa con la anacrusa del principio. La Anne-crusa que nos lleva a releer la historia de una poeta, “no sólo la historia de la sábana”.

Ben Clark es poeta y traductor.

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REPORTAJE:
Los versos de un cóctel suicida
Libros de Sylvia Plath y Anne Sexton permiten reconstruir su trágica relación
Por Javier RODRÍGUEZ MARCOS
16/01/2009

"Mis admiradores creen que me he curado; pero no, sólo me he hecho poeta". La que se tenía que curar era Anne Sexton, que en la Navidad de 1956 vio por televisión un programa sobre el soneto y pensó: "Podría hacer eso". Como recordaría al final de su vida, hasta los 28 años "tenía una especie de yo enterrado que desconocía si sabía hacer algo más que salsas y cambiar pañales. Era una víctima del sueño americano".

Para Sexton, nacida Anne Gray Harvey (1928-1974), aquel sueño era una pesadilla. Tercera hija de un viajante de lanas que la maltrataba, se retrató a sí misma como "la no deseada, el error / que Madre usó para evitar que Padre / se divorciara". Cansada de un marido que también le pegaba y madre de dos hijas a las que pegaba ella, Sexton, marcada por un trastorno bipolar, había intentado suicidarse meses antes de descubrir la poesía. Como parte del tratamiento, su psiquiatra la animó a escribir.

Compartieron taller literario y se suicidaron con once años de diferencia Plath, cuya poesía completa se acaba de traducir, fue un símbolo feminista se publica en España el poemario que le valió a Sexton el premio Pulitzer

"Sylvia aprendió de Anne, que era más auténtica", dijo Robert Lowell

Tres años más tarde de su "segundo nacimiento", Anne Sexton se matriculó en un curso de escritura que impartía en Boston el poeta Robert Lowell, que le enseñó, decía, no "qué poner en un poema sino qué dejar fuera". Allí coincidió con una brillante joven de 27 años que estaba a punto de publicar su primer libro y que trabajaba como secretaria en el Hospital General de Massachusets. Se llamaba Sylvia Plath.
A Sexton le duró toda la vida la fascinación por Plath, con la que se iba beber martinis al Ritz después de las clases. Cuando ésta se suicidó en 1963, Sexton escribió uno de sus poemas más famosos, La muerte de Sylvia, incluido en el libro Vive o muere, premio Pulitzer en 1967 y recién publicado en España por la editorial Vitruvio con traducción de Julio Mas Alcaraz. El libro, el primero de Sexton que se traduce completo al castellano, coincide en las librerías con la Poesía completa de Sylvia Plath (1932-1963), publicado por Bartleby en traducción de Xoan Abeleira a partir de la edición canónica del poeta Ted Hughes. En un par de meses el volumen ha agotado la primera edición, de 2.000 ejemplares, algo extraordinario tratándose de un libro de poesía de 700 páginas, un género en el que las tiradas se mueven entre los 500 y los 1.000 ejemplares.

Marido de Plath y censor de su obra en los años que siguieron a su muerte con el pretexto de proteger a sus dos hijos, Hughes llevó durante décadas el sambenito de haber provocado el suicidio de su esposa al dejarla por otra mujer. Muerta a los 32 años, Sylvia Plath se convirtió, con sus descarnados Diarios (Alianza), la novela autobiográfica La campana de cristal (Edhasa) y poemarios como El coloso y Ariel en una referencia en la literatura del siglo XX. Su peripecia vital y su lucha por encontrar un espacio propio como mujer, la convirtió además en un símbolo para el feminismo.

Matizado por libros como Cartas de cumpleaños (Lumen), del propio Ted Hughes, o Wooroloo (Debolsillo), escrito por Frieda, la hija mayor de ambos, el mito Plath llegó al cine con la película Sylvia, de Christine Jeffs, que en 2003 convirtió a Gwyneth Paltrow en la escritora y a Daniel Craig en su marido.

Fascinada por Sylvia Plath, Anne Sexton llegó a decirle a su médico: "Esa muerte era mía". Alcohólica, depresiva y embarcada en una montaña rusa de hospitales y amantes, ella misma terminaría quitándose la vida en 1974. Para entonces había revolucionado la poesía estadounidense con su tratamiento descarnado de cosas tan aparentemente poco líricas como la menstruación, el adulterio, el incesto o la masturbación.

Según Robert Lowell, maestro del confesionalismo, "Anne era más auténtica pero sabía menos. Sylvia aprendió de Anne". Para Viorica Patea, autora de Entre el mito y la realidad. Aproximación a la obra poética de Sylvia Plath (Universidad de Salamanca), "Sexton ansiaba el éxito, sobre todo el de Plath. Era muy teatrera. Anunciaba sus intentos de suicidio por telegrama. A Plath no le impresionó".

Para Patea, además, "la obra de Sexton es una biografía novelada, o poetizada. La de Plath, no. Si se leen sus poemas sin saber nada de su vida, se ve que han asimilado toda una tradición y que en ellos la muerte es un paso para la regeneración de un yo oprimido".

"Sylvia y yo hablábamos muchas veces y extensamente de nuestros intentos de suicidio, entrando en los detalles, con profundidad", escribió Sexton en una de sus cartas. ¿Es posible desligar la obra de un poeta de su biografía? Para muchos, ésta la reduce a una mera anécdota, por trágica que sea. Para José Luis Gallero, autor de una imprescindible Antología de poetas suicidas (Árdora) en la que Plath y Sexton comparten páginas con Mayakovski, Paul Celan y Cesare Pavese, es justo lo contrario: "Una muerte así aviva el deseo de saber los motivos que llevan a algunos poetas al abismo desde una obra de alto voltaje. Es una prueba de sinceridad". La propia Anne Sexton, con todo, avisó alguna vez sobre la literalidad de sus poemas: "Un escritor es alguien que con unos muebles hace un árbol. Todos los poetas mienten". Sólo algunos se matan.
Fragmento inicial de La muerte de Sylvia, de Anne Sexton. Traducción de Julio Mas Alcaraz

A Sylvia Plath
"Oh Sylvia, Sylvia, / con una caja muerta de cucharas y piedras, / con dos hijos, dos estrellas fugaces / errantes en el pequeño cuarto de juegos / con tu boca en la sábana, / en la viga del techo, en la necia oración, / ... / ¡Ladrona! / ¿Cómo te arrastraste dentro, / bajaste arrastrándote sola / al interior de la muerte que yo deseé tanto y durante tanto tiempo, / la muerte que las dos dijimos que estaba superada / la que llevábamos en nuestros pechos flacos, / de la que hablábamos tanto cada vez / que nos metíamos tres martinis de más en Boston, / la muerte que hablaba de psicoanálisis y remedios, / la muerte que hablaba como novias conspiradoras, / la muerte por la que bebíamos, / ¿las razones y luego el acto tranquilo? (...)"

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No se curó, solo se hizo escritora
Por Javier Rodríguez Marcos
04/05/2012

Lo importante de Anne Sexton no es que se tomara dos vodkas y, con un tercero en la mano, se pusiera el abrigo de piel de su madre, se encerrara en el garaje, encendiera la radio y pusiera en marcha el motor del coche.

Lo importante no es que sus poemas hablen de la menstruación y la masturbación, del odio a los hijos y del amor por ellos, de la cárcel que puede llegar a ser una casa (vale decir, hogar).

Ni que escribiera: “Muy serena en los cócteles, / mientras que en mi cabeza / estoy experimentando una operación a corazón abierto”.

Lo importante no es que el psiquiatra le recomendara que escribiera poemas y terminara ganando el premio Pulitzer. Y siendo jurado del premio Pulitzer.

Ni su fascinación por Sylvia Plath.

Ni que la aparición en España de la Poesía completa de Plath (Bartleby Ediciones. Traducción de Xoan Abeleira) coincidiera con la publicación de su libro del Pulitzer, Vive o muere (Ediciones Vitruvio. Traducción de Julio Mas Alcaraz).

Ni que las dos tomaran martinis en el Ritz de Boston.

Ni que José Luis Gallero incluyera a ambas en su antológica Antología de poetas suicidas (Árdora).

Lo importante de Anne Sexton no es que avisara: "Mis admiradores creen que me he curado; pero no, sólo me he hecho poeta".

Lo importante es que escribiera poemas como Coraje, incluido en la poesía completa de Anne Sexton que la editorial Linteo publicará próximamente en traducción de José Luis Reina Palazón. Lo cuenta él mismo en el último número (¡el 101-102!) de la impagable revista Turia, que en sus 500 páginas incluye siete poemas de Sexton muy bien presentados por su traductor.

Anne Sexton
CORAJE

Es en las pequeñas cosas donde lo vemos
El primer paso del niño,
tan imponente como un terremoto.
La primera vez que vas en bicicleta,  
tambaleándote por la acera.  
La primera paliza cuando tu corazón  
fue de viaje todo solo.
Cuando te llamaron llorón
o pobre o gordo o loco
y te hicieron un extraño,  
cuando bebiste su veneno  
y lo ocultaste.

Más tarde,  
cuando miraste a la muerte de bombas y balas  
no lo hiciste con una bandera
lo hiciste sólo con un sombrero, para
cubrir tu corazón.  
Tú no has acariciado la debilidad en ti  
a pesar de que estaba allí.  
Tu coraje fue un pequeño carbón  
que has seguido tragándote.  
Si te ha salvado tu compañero
y murió haciéndolo
entonces su coraje no fue coraje,  
fue amor; amor tan simple como jabón de afeitar.

Más tarde,
si tú has soportado una gran desesperación,
lo hiciste solo,
en tus venas corría el fuego,
quitándote la costra de tu corazón,
estrujándolo como un calcetín.
Después, hermano mío, has espolvoreado tu pena,
le has dado un masaje de espaldas,
la has tapado con una manta,
y cuando ha dormido un ratito
despertó a las alas de las rosas
y estaba transformada.

Después
cuando llegues a la vejez y a su conclusión natural
tu coraje se mostrará en pequeñeces,
cada primavera será una espada que tú afiles,
aquellos que tú ames vivirán en una fiebre de amor,
y tú regatearás con el calendario
y en el último momento
cuando la muerte abra la puerta trasera
te pondrás tus pantuflas de felpa
y te irás.

(Traducción de José Luis Reina Palazón)
  
Articulo: http://cultura.elpais.com 04/04/2013