dimanche 7 avril 2013

Camila ORTIZ MIRANDA/“Rayuela”, el libro que se niega a envejecer


50 AÑOS|Escritores y críticos opinan
“Rayuela”, el libro que se niega a envejecer
Por Camila ORTIZ MIRANDA

En junio de 1963 se publico por primera vez RAYUELA, del argentino Julio Cortázar, en medio de elogios y alcanzando rápidamente estatus de clásico. Consultamos escritores y críticos literarios para ver como llega a su 50° cumpleaños una de las novelas fundamentales del boom latinoamericano.

En cierto sentido, los libros son como el vino. Algunos envejecen bien, mientras que otros se avinagran con el paso del tiempo. Así, títulos ignorados en un principio pueden convertirse en obras imprescindibles, como también hay algunos que deslumbran solo para decepcionar una vez que son leídos con mayor distancia.

¿Es ése el caso de Rayuela? La novela mas famosa del escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) fue publicada por primera vez en junio de 1963. Clásico instantáneo, se convirtió rápidamente en objeto de elogios por su carácter vanguardista y formato experimental. Pero el entusiasmo inicial –y que, para ser justos, se mantuvo por varias décadas- parece haber decaído en la actualidad. A estas alturas es casi un cliché, pero una opinión que se repite entre los entendidos es que, finalmente, son los cuentos de Cortazar los que lo llevaran al olimpo de los grandes escritores del mundo, en desmedro de Rayuela, que no genera el mismo fervor en sus relecturas.

Quizás es que sus libros de cuentos (Bestiario, Alguien que anda por ahí o Las armas secretas, por mencionar algunos) alcanzan alturas insospechadas y, en comparación, Rayuela no puede más que palidecer. También es posible que la exaltación inicial haya tenido mucho que ver con el contexto en que fue publicada, uno que es imposible recrear hoy día. Tal vez, simplemente, se trate de una novela sobrevalorada. Pero lo cierto es que Rayuela sigue siendo la obra mas reconocida de Cortázar.

A 50 años de su publicación, les preguntamos a escritores y críticos: ¿Como llega Rayuela a este aniversario? ¿Encanta o decepciona? El resultado: un ejercicio de memoria en el que estas figuras de la literatura chilena recuerdan su primera aproximación a la obra y explican como ha evolucionado –o no- su percepción de la misma con el paso de los anos.

Un libro eternamente joven

No es casual que todos los consultados para este artículo hayan descubierto Rayuela durante la adolescencia o juventud. Algunos en medio del boom latinoamericano; otros, varias décadas mas tarde, pero, independientemente de la época, ninguno de ellos alcanzaba los treinta anos durante esa primera lectura.

Antonio Skármeta recuerda que cuando la leyó por primera vez –a mediados de los 60, mientras cursaba estudios de posgrado en la Universidad de Columbia, en Nueva York- se quedo con la impresión de que Julio Cortázar tenia que ser un escritor joven. Nunca se imagino que el argentino ya tenía más de cincuenta anos. Y es que para él, Rayuela era una obra “intensamente juvenil”.

“Leí la novela y me pareció tan deslumbrante que decidí escribir mi tesis sobre ella. En ese entonces yo era un joven escritor y estudiante universitario y me pareció que era una obra augural de como seria la literatura latinoamericana. Lo que voy a decir es bien exagerado, pero fue como que llegara Colon, al revés. Se establece una percepción mestiza… una creatividad latinoamericana que juega con los mismos elementos culturales de la tradición europea a su amaño”, señala.

El escritor Poli Délano era profesor universitario de literatura cuando se encontró con el libro, por esos mismos anos. “La aparición de Rayuela fue una fiebre. Yo fui uno de los grandes entusiastas de la novela y, mirando hacia atrás, pienso que lo que mas me gusto, más allá de que se tratara de una nueva propuesta narrativa y una búsqueda de un tipo diferente de lector, fueron las partes mas novelescas de la obra. Todas las vagancias de la Maga por Paris, la relación de Oliveira con ella, la muerte del bebé Rocamadour y el monologo posterior de la Maga, que es precioso, fueron cosas que se me grabaron”, destaca.

Pedro Gandolfo, critico literario, y quien también lo leyó en sus anos de juventud, destaca precisamente esa nueva propuesta narrativa como una de las cosas que lo cautivaron de la novela. “Yo leí Rayuela de adolescente, en la época misma del boom. Pienso que los 16 años puede haber sido una edad prematura para encontrarse con Rayuela. Era una obra muy distinta a lo que había leído antes de él, pero también ahora pienso, haciendo un juicio retrospectivo, que quizás llego en su momento. Recuerdo que me entretuvo su sorprendente escritura, semejante a un juego, esa libertad que no me había ofrecido otro libro para escoger distintos caminos de lectura” afirma Gandolfo.

Aun más joven era el escritor Jaime Collyer, para quien, sin embargo, el libro no tuvo el mismo impacto. “Lo leí a muy temprana edad, cuando tenia catorce o quince años. Cortázar y el boom eran un fenómeno emergente, y leí primero su novela iniciática, Los premios, y luego Rayuela. Los premios me pareció deslumbrante y eso influyo, paradójicamente, en que Rayuela me impresionara menos en esa primera lectura. En rigor, me pareció bastante mas dispersa en su trama, aun considerando que ésa era su cualidad intrínseca y mas deliberada, y no me pareció que el juego fragmentario que proponía se justificara del todo. Igual me resulto magistral y envolvente en su tono”.

El profesor y critico Mario Valdovinos reconoce que en un principio le costo entender la novela, pero que aun así quedo alucinado con el amor entre Oliveira y la Maga. “La leí, por primera vez, como estudiante de enseñanza media y la impresión fue de desconcierto absoluto. Se me escaparon casi todas las referencias culteranas, tangueras, literarias, pictóricas y jazzisticas. Me aburrí mucho –admite-, pero seguí tenazmente la modalidad que propone Cortázar, la del tablero de dirección. Me quedo, y de inmediato, la historia de Horacio y la Maga. Allí empezó mi búsquelo de ella, que aun no termina”, señala.

Para las generaciones más jóvenes, alejadas del contexto del boom latinoamericano, Rayuela fue de todas maneras una influencia considerable.

Andrea Maturana no hizo una tesis sobre el libro, como Skármeta, pero tiene hasta el día de hoy algunos de sus pasajes grabados en la memoria. “Tengo que haber tenido como 17 o 18 años cuando lo leí, y lo hice de todas las formas posibles. Creo que la primera vez de corrido y después en la forma sugerida por Cortázar. Fue un libro que amé, me rayo: lo encontré increíblemente poético, romántico, misterioso. De hecho, me aprendí capítulos enteros; todavía me sé algunos, que fueron para mí de culto por mucho tiempo, como el del beso, el de las palabras que no se entienden, la carta  de la Maga a Rocamadour. Es un libro muy memorable, muy especial en mi historia de la lectura. Me marco mucho”, señala la autora de El daño.

Algo parecido le ocurrió a la escritora y ensayista Andrea Jeftanovic (Escenario de guerra, Geografía de la Lengua), quien da sus razones de por qué Rayuela es un libro preferido por las generaciones más jóvenes. “Yo lo leí adolescente y me parece que es un libro indicadísimo para educarse sentimentalmente: tiene todo el romanticismo, la elegancia, el idealismo y sensualidad necesarios para una época de aprendizajes. Como a muchos jóvenes, su lectura me fascino: todavía conservo el ejemplar original y esta lleno de subrayados y banderitas”, explica.

¿Hora de madurar?

El problema con los libros juveniles –aunque Rayuela no sea uno en el sentido estricto de la palabra-  es que, a diferencia de sus lectores, no van cambiando con el paso del tiempo. Hay excepciones, por supuesto, pero como señala Skármeta, es difícil recrear un ambiente como el que se dio en los años 60, cuando apareció Rayuela. “Esas novelas que son tan intensas, tan vitales, están contagiadas del ansia del tiempo en que están escritas, y es indudable que eso daña un poco su presencia en lectores que tienen otras urgencias y otros ídolos. Con esto quiero hacer un elogio de la novela, que para mi, no, no se ha gastado nada. Fue tan grande, se implico con tanta pasión intelectual y emotiva en la vida de la época, que tendría que pagar el precio de haber hecho del instante un absoluto”, explica.

De los escritores y críticos entrevistados, no todos han vuelto a Rayuela mientras Andrea Maturana admite que le daría miedo “volver a leerla y que se me caiga”, otros, como Poli Délano y Pedro Gandolfo, simplemente no han encontrado el tiempo para hacerlo, pero no es algo que los asuste. “No tengo miedo a las relecturas y pienso que este no es el caso de tenerlo”, señala Gandolfo.

Entre los que si lo han releído también hay diferencias de opinión, pero la mayoría desestima la tesis de que Rayuela envejece mal. Collyer, por ejemplo, ha cambiado su opinión original, pero para bien. “Extrañamente, y a la inversa de lo que le sucedió  a mucha gente, mi percepción de la novela ha crecido con los años. Me parece cada vez más sintónica y afín con mi propia experiencia del mundo. Debe ser porque mi experiencia del mundo se ha vuelto cada vez mas confusa”, explica.

María José Viera-Gallo es mas critica con su inocencia juvenil que con el libro mismo. “Cuando he vuelto a leer algunas partes me río, con cariño, de lo embobados que yo y mi generación estábamos con Rayuela, lo que no es culpa de Cortazar. ¿Por qué creíamos que la historia del eterno estudiante en Paris era un modelo a seguir?”, se pregunta.

Mario Valdovinos, por otra parte, reconoce que la novela “ha envejecido”. Por “su machismo ultramontano, su ingenuidad, su a veces franca pedantería”. Pero advierte: “No obstante, no hay caso, es amor absoluto y eterno. Yo ahondé en mí ser melancólico con sus páginas. Conservo el ejemplar de esos años, roto y descalabrado, pero invicto en mi corazón”.

Algo similar es lo que le ocurre a Jeftanovic, quien confiesa que con las relecturas se ha encontrado con “secciones que me parecen algo cursis e ingenuas, pero es un libro que sigue teniendo tanta potencia que se le perdona todo. Quizás non envejece tan bien como los cuentos de Cortázar, que son perfectos, pero hay algo indudable, y es que en Rayuela esta desplegada la poética de la novela. Ya de adulta he comprendido mejor las discusiones filosóficas del Club de la Serpiente, encontrando algunas frases bastante snobs, pedantes, machistas. Se dice que es una “antinovela” o una novela modernista, puede ser, pero a pesar de eso, Rayuela siempre será una lectura entrañable, fresca, joven. Aunque pasen los anos, es un libro, valga la paradoja, eternamente joven”, concluye.

Articulo: http://impresa.elmercurio.com/ 31/03/2013

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