lundi 1 avril 2013

Donato NDONGO-BIDYOGO/ Muere el nigeriano Chinua ACHEBE, padre de la literatura africana


Muere el nigeriano Chinua Achebe, padre de la literatura africana
Por Donato NDONGO-BIDYOGO 

El autor de 'Todo se desmorona' fue uno de los primeros escritores que hizo universal la literatura moderna de su continente.

Chinua Achebe, quizás el escritor más influyente de África, acaba de fallecer. Nació en Ogidi, sur de Nigeria, en 1930. Educado en el cristianismo, desde temprano sintió la necesidad conservar sus señas de identidad, permaneciendo fiel a su cultura ibo. Mientras estudiaba Historia y Teología en la Universidad de Ibadán, en su país -entonces colonia británica-, dejó de llamarse Albert para recuperar su nombre tradicional. En esa época, y en la misma prestigiosa institución, se forjó una formidable generación de escritores, vanguardia de las letras africanas en lengua inglesa: John Pepper-Clark, Cole Omotoso y el premio Nobel Wole Soyinka. Nombres como Amos Tutuola y Cyprian Ekwensi también destacan en una lista más amplia de quienes durante más de medio siglo han marcado las líneas básicas de la literatura moderna africana, creando una escuela que continúa en autores como Ben Okri o el inolvidable Ken Saro-Wiwa, paisano de Achebe, ahorcado en 1995 por la ominosa dictadura del general Sani Abacha.

Una de las características esenciales de estos creadores es la utilización de la lengua inglesa -impuesta por el colonialismo- para sus propios fines. Lo importante no es el perfeccionismo academicista, sino la transmisión de los valores; no rechazan escribir en la “lengua del enemigo”, sino que se valen de ella para comunicar y universalizar sus emociones, anhelos y frustraciones africanas. De ahí que no desdeñen construir su literatura en el inglés sencillo propio del común de su gente, en el idioma de los suburbios y de los estibadores de los puertos de Lagos o Port-Harcourt. Esa apuesta, además de remarcar su grandeza, permite soslayar polémicas un tanto artificiales que desde hace tiempo planean sobre las literaturas africanas: el papel de las llamadas “lenguas importadas” en la construcción de las culturas postcoloniales, o la presunta inutilidad de la literatura en sociedades mayoritariamente analfabetas.

Esa preocupación de Achebe por afirmar las señas de identidad no es sólo estética o estilística. Su primera novela, Things Fall Apart (Todo se desmorona), publicada en 1958, incide temáticamente en lo que se llama ahora “choque de culturas”. El autor propone reflexionar sobre el efecto de la penetración de la civilización europea sobre los africanos, las consecuencias para una sociedad de la imposición violenta y caótica de otra moral, de otras normas, de otros hábitos; porque, añadidos los componentes de explotación, rapiña y racismo, eso fue la colonización para los africanos. Los efectos son bien visibles hoy: un África insegura, carente de los asideros espirituales que permiten afrontar los retos de la existencia desde la seguridad interior de convicciones propias.

El éxito de esta novela, traducida a cincuenta lenguas, con más de diez millones de ejemplares vendidos, radica en la propuesta de Achebe. En aquel tiempo, era facilísimo caer en la tentación del revanchismo, del rechazo frontal y virulento de un colonialismo opresor que tocaba a su fin. No le hubiesen faltado ni razones ni seguidores. Sin embargo, la idea subyacente en Todo se desmorona es mucho más racional y humana: Puesto que los hechos históricos son los que son y no pueden ser cambiados, la respuesta no es la resignación, ni el lamento constante, ni la venganza, sino la búsqueda de fórmulas que permitan recobrar el aliento. Él descubrió medio siglo atrás lo que para otros es un hallazgo reciente: el necesario diálogo entre las culturas, el reconocimiento de la interacción permanente, la falacia de la superioridad de unas civilizaciones sobre otras.

Ocurre a menudo que una obra excepcional eclipsa el resto de la producción de un autor. Novelista, poeta y crítico literario, Achebe es conocido y reconocido por Todo se desmorona, pero escribió más de una veintena de libros, entre los que cabe citar también La flecha de Dios (1964), Un hombre del pueblo (1966), Chicas en guerra (1971) oNavidades en Biafra y otros poemas (1973). En ellos, vemos a un Achebe preocupado por los problemas de su país y de África, una persona que da testimonio de su tiempo y deja una huella profunda de su tránsito por la vida. Siempre humano y sobrio, no era un ser estridente. Nunca puso sus conocimientos ni su valía al servicio de la arbitrariedad. Pese a tentaciones y amenazas, no colaboró con ninguna de las dictaduras que ha padecido Nigeria desde su independencia. Rechazó honores y prebendas para mantenerse fiel a sí mismo. Por ello es un símbolo del papel del intelectual en nuestros países convulsos, un referente moral. Dejó reflejado este aspecto en su novela Hormigueros de la sabana (1987), retrato del fracaso de los intelectuales y de los políticos africanos. Su única incursión en la política fue su participación en el aparato cultural de la efímera República de Biafra durante la guerra civil de Nigeria (1967-1970), experiencia que narra en su último libro, There was a country: a personal history of Biafra (2012).

Para Nadine Gordimer, premio Nobel sudafricana, Chinua Achebe es el “padre” de la literatura africana moderna. Creemos que el título es merecido. En lo personal, y como ya he contado en alguna ocasión, le debo mi vocación literaria a Achebe desde que, en mi adolescencia, cayera en mis manos su primera novela. Fue fascinante descubrir que un negro, un negro africano, podía contar historias que yo mismo llevaba en mis genes. Achebe me dio los ánimos, la motivación, el tono. Y como se puede reconocer con facilidad su huella en escritores africanos de otros ámbitos linguísticos -por ejemplo en el congoleño Sony Labou-Tansi- debemos reconocer su influencia decisiva en nuestro oficio y su maestría en el servicio a la causa de la dignificación de nuestro continente.

Achebe no ha muerto en su país, sino en Estados Unidos, donde vivía desde que en 1990 un accidente de tráfico le postró en una silla de ruedas: la postrera metáfora del sino de millones de africanos que, por múltiples razones -todas relacionadas con el subdesarrollo de países sin embargo riquísimos- estamos obligados a padecer la expatriación.

* Donato NDongo es periodista y escritor ecuatoguineano.

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Chinua Achebe reivindica el diálogo para construir una cultura universal
Por Rosa MORA

El escritor nigeriano Chinua Achebe (Ogidi, 1930), que hoy recibirá en Francfort el prestigioso Premio de la Paz, hizo ayer, en conferencia de prensa, un llamamiento al diálogo 'entre religiones, entre jóvenes y mayores, entre sexos'. Porque, añadió, 'no se conseguirá una verdadera civilización universal sin diálogo y tenemos que aceptar además que ese diálogo requerirá mucho tiempo y que sufrirá retrocesos'. Para Achebe, es imprescindible que la civilización universal incluya a todas las culturas del mundo, 'no únicamente a la europea y la norteamericana'.

Achebe es el escritor número 54 que recibe el Premio de la Paz, convocado anualmente por la Asociación de Editores y Libreros alemanes y dotado con 15.000 euros. Según el jurado de esta asociación, se le ha concedido porque reconocen en él 'una de las voces más poderosas y sutiles de la literatura africana del siglo XX; es un profesor y un moralista inflexible, y, sobre todo, un inmenso narrador. Chinua Achebe es sin duda el fundador de la auténtica tradición de novela inglesa en África occidental. Su estilo está fuertemente influido por la literatura oral de su tierra'.

Achebe publicó su novela más importante, Todo se desmorona (traducida en España por Ediciones Del Bronce y Edicions 62) en 1958 cuando tenía 28 años. En ella relata de una manera magistral y a la vez sencilla el choque de culturas que se produjo cuando los primeros hombres blancos llegaron a una de las aldeas de la tribu de los ibos, a la que él pertenece, y empezó la catequización y la colonización. Narra asimismo el desmoronamiento de un hijo que se cuestiona la cultura de su tierra frente a las férreas convicciones de su padre, uno de los jefes de los ibos. De Todo se desmorona se han vendido seis millones de ejemplares en todo el mundo.

'Las relaciones entre África y Europa es el tema que está en el corazón de mi obra', afirmó ayer el escritor. 'Desde que yo empecé a escribir hasta ahora las cosas han mejorado mucho. Ahora es más fácil oír nuevas voces de África. Para mi generación, el momento de contar nuestra propia historia llegó en los años cincuenta'.

Achebe trabajó en la radiotelevisión nigeriana, en la que fue director del servicio extranjero en 1961. Dimitió cinco años más tarde después de una brutal matanza que sufrió su tribu. Fue embajador de Biafra en Europa y Estados Unidos durante la guerra de Biafra (1967-1970). Finalizado el conflicto, impartió clases en la Universidad Nsukka en Nigeria y fue consejero de la colección Escritores Africanos, de la editorial alemana Heinemann, y en 1971 creó la revista Okike, una plataforma, sobre todo para jóvenes escritores, de reflexión crítica sobre el papel de la literatura en la sociedad. Achebe reside en EE UU desde hace años, donde da clases de literatura africana. 'Es mi contribución a la cultura norteamericana y además me pagan por ello'. En 1990 sufrió un grave accidente de tráfico que le ha confinado en una silla de ruedas. En su día se especuló con la posibilidad de que hubiera sido un atentado. 'Quedé inconsciente y no sé lo que pasó. No tengo más información, por eso digo que fue un accidente'.
El escritor nigeriano afirmó que está muy preocupado por la implantación de la sharia en Nigeria. 'No tiene nada que ver con la religión, sino con la política. Algunos políticos están jugando con la religión y la están instrumentalizando. Es muy peligroso, porque quien juega con la religión juega con fuego'.

Preguntado sobre lo que le diría a George Bush si un día le invitara a almorzar, respondió: 'Le diría que se tomara con calma lo de Irak, que hay otras guerras más importantes: contra el hambre, contra la pobreza, contra el analfabetismo'.

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Chinua Achebe recibe el Premio de la Paz con un discurso crítico sobre Occidente
Por Javier MORENO 

La voz silenciada de África resuena con fuerza en Francfort a través del escritor nigeriano

La voz de África llenó ayer la Pauluskirche, la iglesia de Francfort en la que los editores alemanes entregan cada año su prestigioso Premio de la Paz con ocasión de la Feria del Libro. Una feria que cerró sus puertas en un clima generalizado de pesimismo, pese a que al final se recuperó la emoción por contratar algunos títulos, como la primera novela del periodista canadiense Gill Courtemanche, experto en África, que trata sobre Ruanda, y el libro de entrevistas con personalidades del Próximo y Lejano Oriente de Robert Fisk, periodista de The Independent.

Vestido de púrpura y beis, Chinua Achebe, el escritor nigeriano galardonado en esta ocasión con el prestigioso Premio de la Paz que conceden los editores y libreros alemanes, realizó en su discurso de aceptación del premio una apasionada defensa de todo un continente privado de voz durante muchos siglos, y criticó la mayor parte de la literatura sobre África escrita por europeos.

'El África sobre la que escribo no está habitada por gente sin voz', dijo Achebe. 'Crecí escuchando en mi comunidad un lenguaje que a veces era maravilloso, y siempre eficiente. Nunca escuché los gruñidos y los bramidos que se supone que los salvajes usan como lenguaje. Así que escribí lo que escuchaba'. Con sus libros, especialmente con Todo se desmorona, publicado a los 28 años, y posteriormente con sus ensayos, Achebe inventó la moderna narrativa africana y abrió los ojos a Occidente sobre el racismo y el desprecio implícito de sus novelas sobre África.

Achebe, a quien un accidente confinó en 1990 a una silla de ruedas, es el tercer africano que recibe el Premio de la Paz de los editores alemanes en sus 54 años de historia. Ha vendido seis millones de ejemplares de su novela Todo se desmorona y se ha convertido, a sus 72 años, en un moralista inflexible, 'y en un inmenso narrador', según el jurado que le concedió el premio.

Ayer, pese a la solemnidad de la ocasión y las palabras de agradecimiento, el escritor nigeriano no renunció a la crítica. 'Al ir creciendo, me di cuenta de que tenía que explicar a los salvajes que me encontraba en las novelas europeas sobre África, de autores como Ryder Haggard y Joseph Conrad. ¿Eran esos personajes extraños (feos, apenas reconocibles como seres humanos) representativos de la gente de mi aldea, de la gente que yo conocía? La respuesta tenía que ser no', explicó ante la audiencia.

La alusión a Conrad, en concreto a El corazón de las tinieblas,considerada un clásico en Occidente, no podía faltar. La publicación de un analisis detallado del racismo de este relato, en su libro de ensayosHome and exile (En casa y en el exilio), provocó una tormenta entre críticos y expertos que ayudó a situarle en el panorama literario internacional. Con la idea de ofrecer una mirada diferente sobre África, dijo ayer, 'inventé una ficción propia, con personajes como la gente que conocía, sin elevarlos ni rebajarlos'.

El escritor, que empezó a escribir en 1957, cuando África inició su descolonización, quiso ayer cerrar su discurso en Francfort con una bellísima metáfora sobre este proceso y sobre toda su literatura. 'En las últimas líneas de Todo se desmorona, el jefe del distrito, que es blanco, acaba de ver el cuerpo de Okonkwo colgando de un árbol, y piensa en el párrafo que le dedicará a este salvaje en el libro que planea escribir', dijo Achebe. 'No tiene ni idea de que África se ha adueñado del escenario y ha asumido el derecho de contar la historia de Okonkwo, y que al actuar así, ha relegado al propio jefe de distrito a un pie de página'. La sala estalló en aplausos.

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La gran esperanza negra
'Todo se desmorona', del nigeriano Chinua Achebe, antesala de la literatura no occidental que llega
Por Pau VIDAL 

El conflicto entre valores europeos y las formas de vida africanas centran la obra de Achebe

Cuando Pérez-Reverte edita 250.000 ejemplares de la última peripecia de su capitán Alatriste, todo se desmorona: no puede ser, la cifra está hinchada, el mercado no da para tanto, dicen. Sin embargo, cuando todo se desmorona, la novela bandera del nigeriano Chinua Achebe alcanza los seis millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, los sismógrafos literarios apenas registran sacudidas en España: una edición en 1986 (Anagrama, con el título Todo se derrumba) que pasa sin pena ni gloria. Once años después, Ediciones del Bronce, la única editorial con una colección dedicada a las literaturas no occidentales, la traduce de nuevo y la lanza como aperitivo de un inminente desembarco de autores de África, Asia y el Caribe.Chinua Achebe nació en Nigeria en 1930, aunque vive en Estados Unidos desde hace tiempo. Todo se desmorona, una crónica del conflictivo choque entre los valores gastados de la vieja Europa y las formas de vida africanas, fue precisamente su primera obra. La escribió en 1958, con 28 años, y desde entonces ha sido traducida a 30 idiomas. Sólo en Gran Bretaña lleva vendidos más de dos millones de ejemplares. Aunque quizá, más que las cifras, lo relevante del éxito de esta obra es el particular uso del inglés que utiliza Achebe, con profusión de repeticiones -propia de la tradición oral de la tribu Igbo- y frecuente presencia de términos y proverbios igbo. Porque ese es el gran caballo de batalla de los escritores no occidentales: en un territorio como África, donde el 50% de la población analfabeta y solamente el 5% lo que se publica es ficción, mantenerse fiel al kikuyu, al ndebele o al shona equivale a reducir prácticamente a cero los potenciales lectores. Así, salvo contadas excepciones, los autores no occidentales han adoptado los idiomas de sus antiguos colonizadores -mayoritariamente inglés y francés- como material de trabajo. Incluidos el nigeriano Wole Soyinka, la surafricana Nadine Gordimer, el antillano Derek Walcott y el egipcio Naguib Mahfouz, los cuatro premios Nobel del Tercer Mundo, a los que se podría añadir la afroamericana Toni Morrison.

Pero hay muchos más. Ahora mismo en lengua castellana están disponibles un par de centenares de traducciones, repartidos en media docena larga de editoriales, que incluyen a nombres conocidos como Tahar Ben Jelloun, Amy Tan, Yaser Kemal o Taslima Nasrin y a bastantes más que no suenan en absoluto. Pero todo hace pensar que esto no es más que el principio. Lumen está a punto de sacar La mensajera de cristal, de la vietnamita Pham Thi Hoai, y la colección Étnicos del Bronce va a publicar a lo largo del próximo año obras de la malasia Beth Yahp, del nigeriano Ben Okri (premiado con el prestigioso Booker británico), la somalí Nuruddin Farah, el zimbabués Tsitsi Dambgarembga, la india Gita Hariharan, la guadalupeña Giséle Pineau y el haitiano Edwige Danticat.

Anna Soler-Pont, directora de la colección Étnicos del Bronce, explica: "Se puede hablar de filón. La mayoría de ellos escriben para un público occidental, por lo que resultan sumamente accesibles, pero la novedad está en los argumentos, casi siempre relacionados con sus orígenes. El tema de las guerras de liberación de los respectivos países es muy recurrente, pero, claro está, visto desde los ojos del ocupado".

Los recientes premios Booker Prize, que han recaído en una autora india, y el de la Academia Francesa de 1996, para la camerunesa Calixthe Beyala, parecen confirmar la creciente integración de las voces exóticas en la cultura occidental, aunque hay quien prefiere considerarlo otro ejemplo del denominado mestizaje. Por lo pronto, parece claro que la balanza literaria, con los autores autóctonos en un platillo y las traducciones en el otro, se inclina -al menos cuantitativamente- cada vez más del segundo lado.

En opinión de Anna Soler Pont, a nadie se le va a ocurrir que esto sea un perjuicio para los autores del país. "Los mismos maestros de escuela", explica, "ven que se les llenan las clases de niños de distintos colores y, claro, no pueden estar siempre contando el cuento de la Caperucita Roja. Si tuviesen a mano libros de cuentos para ilustrar los mitos y las leyendas de África y de Asia les iría la mar de bien. Los propios padres quieren que sus hijos conozcan las tradiciones de los otros pueblos". Por si acaso, las editoriales Cruïlla (en catalán) y SM (en castellano) ya tienen a punto de publicación el éxito del curso pasado en Francia, La chanson de la vie, de la escritora de Costa de Marfil Véronique Tadjo.

Articulo: http://cultura.elpais.com  23/03/2013