lundi 1 avril 2013

Gonzalo SALAZAR-SIMPSON/ De la piratería en el cine a la pobreza cultural


CLAVES DE LA RAZÓN PRÁCTICA
De la piratería en el cine a la pobreza cultural
Por Gonzalo SALAZAR-SIMPSON

Diálogo entre Gonzalo Salazar-Simpson, presidente de la Asociación Estatal de Cine (AEC) que agrupa a los principales productores cinematográficos, e Inma Garrido, periodista y directora adjunta de ‘Dominical', acerca de la descarga ilegal de películas y música en España. Artículo publicado en Claves de la Razón Práctica, en su número 227, dedicado a la propiedad intelectual y la libertad en internet. 

Gonzalo Salazar-Simpson afirma que si existieran webs de descargas legales alternativas, muchos consumidores pagarían por contenidos protegidos.

Gonzalo Salazar-Simpson es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) y presidente de la Asociación Estatal de Cine (AEC), que agrupa a los principales productores cinematográficos.

Creó su productora de cine y teatro, Lazona, junto a su hermano Ignacio, en 2003. Entre sus obras se encuentra No habrá paz para los malvados, película que recibió 6 galardones en la XXVI edición de los Premios Goya, entre otros el de mejor largometraje. La piratería cinematográfica es uno de los temas que más le preocupan del estado actual del sector audiovisual. “La entrada en vigor de la ley Sinde-Wert, en marzo de 2012, se ha mostrado ineficaz a la hora de actuar contra las grandes webs de descargas ilegales en Internet”, afirma.

En junio de 2012, Salazar-Simpson fue nombrado director de la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid (ECAM): “La Escuela tiene que convertirse en un espacio vivo, activo. Hay que educar a nuestros jóvenes contra la piratería”. Salazar-Simpson apuesta por el talento de una industria en profunda crisis acrecentada por las descargas ilegales en Internet, la subida del IVA del 8 al 21% y por los recortes de un 23% al Fondo Nacional de Cinematografía en 2013.

En España se piratea el 98% de la música y casi el 74% del cine que se consume, según el último observatorio sobre piratería. Hace unas semanas Christopher Dodd, presidente de la Motion Picture Asociation of America (MPAA), el gran defensor de los derechos de propiedad intelectual en el mundo, avisó de que España podría volver en un futuro próximo a la lista 301 de países piratas, listado en el que ya figuró de 2008 a 2011, con sus consecuentes sanciones legales comerciales impuestas desde EE UU.

Inma Garrido: ¿El progresivo avance de los últimos datos sobre los índices de piratería es alarmante?
Gonzalo Salazar-Simpson: Mucho. Hablamos de piratería como si fuera algo nuevo, pero convivimos con ella desde mediados de los noventa, más o menos. Arranca en el sector musical y nos avisa de lo que ocurrirá en los demás negocios culturales. En la música, como el volumen de información era menor, resultaba técnicamente mucho más fácil eliminar el soporte físico. A mediados de los noventa empiezan a atacar a los CD con la aparición del mp3. Cuando las discográficas empezaron a notarlo, sus ventas ya caían estrepitosamente y prácticamente desaparecieron. La ventaja del mundo musical respecto al audiovisual es que basan su modelo de negocio en tres patas: negocio editorial, el negocio en vivo de las giras y el negocio discográfico. Aunque este se hundió, se apoyaron en los otros dos. El daño no fue lo suficientemente relevante como para que pensásemos que la destrucción de la industria del cine vendría a continuación. En 15 años no hemos sido capaces de adelantarnos al problema. Me preocupa desde el punto de vista industrial, por la amenaza que supone a las industrias audiovisuales, literarias o musicales. Cualquier negocio que implique información es susceptible de desaparecer. Pero mucho más inquietante es que las descargas ilegales de contenidos protegidos por derechos de autor van a transformar la cultura en general.

I. G.: ¿La cultura está amenazada?
G. S.-S.: Sí, toda la cultura está amenazada. Desde el periodismo, el mundo editorial, el musical, y por supuesto el audiovisual. La amenaza es total. Me preocupa, sobre todo, desde un punto de vista cultural. Creo que al final llegaremos a la amateurización del proveedor de contenidos culturales, porque si sigue imperando la cultura del gratis total, los creadores, los autores, no podrán vivir de la creación. Los escritores escribirán porque no lo podrán evitar, pero no porque se puedan ganar la vida con ello. Por las mañanas tendrán que ejercer de contables, por ejemplo, y por las tardes escribir. Y esa situación derivará en dos posibilidades: o escribirá menos o escribirá peor. Es una consecuencia estrictamente cuantitativa. Si tenemos profesionales de la cultura que no pueden vivir de ello, se rebajará el nivel cultural de todos. Al final, el acceso a la cultura gratuita en Internet generará creaciones de baja calidad o una especie de Youtube como proveedor de contenidos generalizados.

I. G.: ¿Hablamos de un empobrecimiento cultural radical?
G. S.-S.: Sí, desde luego, y ello supondrá un empeoramiento de la sociedad, puesto que no seremos capaces de comunicarnos con matices ni con riqueza verbal. Al final, pensamos con palabras, y si no poseemos suficientes palabras, no seremos capaces de expresar con sutileza lo que queremos decir. Es un problema de comunicación y, por tanto, un problema social; si se amateuriza el
contenido cultural, el nivel medio baja, y si baja el nivel cultural medio, empobrecemos la manera de relacionarnos entre nosotros. Eso es lo que más me inquieta.

I. G.: ¿Por qué España es uno de los países en los que la piratería tiene índices más altos?
G. S.-S.: Creo que se debe, simplemente, a nuestra percepción de cómo somos y a la percepción que tenemos del delito. Somos, ética, moral y educativamente, descendientes del Lazarillo de Tormes. La idea de acceder a algo gratis, la tentación de ejercer de pillo, si podemos, la llevamos en los genes. El que compra un DVD es, a los ojos del que descarga gratis, un idiota, un pringado. Una tía mía me escribió un correo en el que me decía: “Mira qué página más buena”. La página se llamaba todogratis.com. Me metí en la página y estaba llena de publicidad. Le conteste “Qué fuerte, está llena de publicidad la primera página”, y ella me replicó: “No, no, es solo la primera página, no te preocupes, el contenido no tiene publicidad y es buenísimo”. La gente no solo no considera que esté haciendo algo malo, sino que además le parece divertido. Esta es la forma en la que Internet ha arrancado en nuestro país, y cambiar ahora las reglas de juego es difícil porque nadie parece dispuesto a aceptarlo. Tendríamos que comenzar por educar a los jóvenes y enseñarles al detalle qué es ilegal para que dentro de 25 años la piratería desapareciera.

I. G.: ¿Son también los anunciantes, las agencias de publicidad, las que están manteniendo estas webs de descargas ilegales?
G. S.-S.: No podemos aplicar el lema “Responsable la empresa anunciadora” o “Prohibido fijar carteles”. No se trata solo de ellos. Las sanciones son más necesarias que nunca. Haré una comparación mala si digo que los accidentes de tráfico disminuyeron en España cuando crearon el carnet por puntos, pero, en realidad, somos como somos y está claro que nos cuesta entender las cosas por las buenas: Al parecer, necesitamos una dosis de presión sancionadora. El sistema antipiratería que hemos montado recae en el intermediario, en la empresa creadora de la página web de descargas que puede tener su sede social en cualquier parte del mundo y la puede cambiar de lugar en cinco minutos. Sin embargo, además de ir contra el intermediario, que es quien se enriquece, habría que disuadir al consumidor, al usuario. Bastaría, a lo mejor, que cuando alguien se descargara un contenido ilegal le apareciera en la pantalla un mensaje: “Tiene usted un aviso de la Policía Nacional”, aunque después no hubiera consecuencias penales ni administrativas, pero, por lo menos estaría recibiendo el aviso de que lo que se está haciendo no es legal. Insisto, se trata de tomar conciencia. Por otra parte, tampoco es bueno para los que consumen contenidos ilegales, porque al final los jóvenes de ahora de entre 10 y 14 años que están consumiendo contenido pirata o contenido gratuito son los que van a empobrecer el nivel cultural que se encontrarán dentro de 20 años. Están construyendo un mundo peor. Tenemos que convencerles y hacerles entender que están empobreciendo el futuro. Habría que atacar en todos los frentes: a los anunciantes, a las empresas intermediarias y a los usuarios. En algunos países hay hasta tres avisos consecutivos: el primero es una simple llamada de atención; el segundo, una multa y, por último, el requisamiento del ordenador.

I. G.: La Comisión Europea está trabajando en un marco en el que se amplíen las ofertas de descargas legales a los consumidores. ¿Sería otro modo de hacer pagar a los consumidores y así mantener la creatividad?
G. S.-S.: Sí. Si existiera un servicio alternativo a un precio razonable y con la misma accesibilidad, muchos pagarían por contenidos protegidos. Es verdad que ahora mismo algunos de los piratas, gente muy interesada por la cultura, no encuentran sitios de descarga legal y consumen gratis. Así que, por supuesto que convendría proporcionar esa oferta para este tipo de consumidores. En nuestro país, se da una perversión muy común que es el pretexto típico de quien descarga: “Claro, como no sois capaces de darme un servicio como el que quiero consumir, me lo descargo”. El consumidor debe tener la autoridad y la potestad para decidir si consume o no consume una determinada cosa. A mí me parece muy bien que uno se diga: “Quiero el contenido el martes, a las ocho de la tarde, a un clic, en mi casa, y lo máximo que estoy dispuesto a pagar es un euro y medio. Si usted no me lo da, no lo consumo”. Pero no es así, la perversión por parte del consumidor es: “Si usted no me lo da, yo se lo quito”. Se produce un pequeño chantaje. Si fuésemos capaces de ofrecer legalmente una alternativa mejorarían las cosas, lo que pasa es que no se puede cambiar un sector como el cine a la misma velocidad que se ha implantado Internet, o a la velocidad con la que evoluciona Internet, es imposible.

I. G.: ¿Qué problemas tiene el cine para proporcionar ese servicio rápido en Internet?
G. S.-S.: El cine es caro y tenemos varias ventanas de explotación que comprometemos antes de comenzar un rodaje: la distribución, la exhibición, la televisión de pago, la televisión en abierto. Son los clientes los que hacen posible mi película como productor antes de rodarla. Ellos me financian la película porque luego van a explotarla. Si yo baso todo solo en la explotación en Internet no tengo película. Si pregunto a mis clientes por qué no estrenamos a la vez en salas de cine y en Internet, lógicamente me dicen que no, porque sus ventanas se están abaratando al haber visto mucha gente la película antes en la red, por lo que no acudirán a la sala de cine. No es tan sencillo, no depende solo de los productores dar una alternativa a Internet. Hay mucha gente implicada. Ahora mismo, las televisiones temen por su futuro, no saben si se van a convertirse en un canal de Internet, incluso si la oferta generalista y global de contenido audiovisual que producen va a ser viable o se van a convertir todas en televisión bajo demanda, a la carta.

I. G. : La cultura es el 4% del PIB. ¿Cuándo dinero se está perdiendo ahora mismo por las descargas ilegales?
G. S.-S.: No es posible decirlo, se han barajado muchas cifras distintas. En la industria cultural se calcula mal porque hace equiparable el número de descargas ilegales a la pérdida del volumen de negocio. Y esto no es así. Es una estimación. No todas las descargas gratuitas se podrían convertir en descargas de pago. Existen esas descargas porque son gratuitas, si fueran de pago tal vez el consumidor no se las bajaría. Es difícil calcular la cifra total. Insisto, todo lo que se descarga gratuito no se descargaría de pago, por tanto las cifras que nosotros barajamos no son exactas.

I. G: En la industria audiovisual en España, ¿se pierde más por la piratería, por la subida del IVA o por los recortes del fondo de cinematografía?
G. S.-S.: En realidad no importa lo que se pierde, sino qué es lo más grave, qué es lo que más nos desestabiliza; cada uno lo hace a su modo, pero lo que puede acabar definitivamente con el cine es la piratería a medio y largo plazo. Existen ya una serie de usuarios que se han acostumbrando a consumir a un clic de distancia, bajo demanda, en su casa y con una calidad bastante mala. Ya no es capaz de apreciar la diferencia de calidad entre ir a una sala de cine o verlo en casa. Solo le importa el argumento, los actores y poquito más. A esa persona acostumbrada al consumo individual de baja calidad en casa, por mucho que establezcamos un marco legal, va a ser complicado conseguir que vuelva a pagar en taquilla. Por eso la piratería es más peligrosa a medio plazo que todo lo demás, porque el IVA y el total de los fondos pueden variar. Ahora mismo, efectivamente, se ha recortado el fondo de la cinematografía, pero a lo mejor los tiempos mejoran y, dentro de cinco años, aumenta. Lo que hayamos perdido en piratería es irrecuperable. El IVA puede bajar y la gente volverá a ir al teatro o al cine. Insisto, a medio y largo plazo creo que la piratería es lo más grave, pero a corto plazo, lo más grave, lógicamente, son las otras dos medidas.

I. G.: ¿La subida del IVA ha afectado mucho a la taquilla?
G. S.-S.: El IVA está influyendo muchísimo, lo que ocurre es que en cine se han estrenado dos películas con mucho éxito el otoño pasado, Las aventuras de Tadeo Jones y Lo imposible. Sin querer han generado un espejismo, y parece que no ha pasado nada, pero el daño ha sido terrible. El consumo medio de las películas normales, no el de los éxitos, sí que ha bajado.

I. G.: ¿Cree que los gobiernos se han despreocupado de regular el tema de la piratería?
G. S.-S.: Ha sido peor que despreocuparse. Les ha entrado una especie de miedo. Se ha generado por parte de los políticos una relación extraña con un personaje llamado internauta que no sé quién es. Son unos pocos que hacen mucho ruido y han sido capaces de convencer a ciertos políticos. Ha existido una intencionada vocación de no resolver el problema por miedo a que tuviera efectos políticos, o consecuencias sobre los votos, cuando creo que no es así. Ha sido algo premeditado, digamos, parecido a lo que pasó con el canon digital. El canon digital tenía muy mala imagen, cuando nadie sabía muy bien lo que era. Allí estaba ya el internauta quejándose. Entonces este Gobierno decide hacer caso a ese futuro votante o a ese lobby, por llamarlo de alguna manera.

Eran los fabricantes de aparatos tecnológicos que estaban sujetos al canon, lógicamente. Hacen presión y efectivamente se elimina el canon digital y a las entidades de gestión se les da un dinero directamente de los Presupuestos Generales del Estado. ¿Y qué hemos conseguido? Los precios de los aparatos que estaban sujetos a canon no han bajado con su eliminación. Las entidades de gestión del canon lo están pasando muy mal y la Administración General del Estado les está concediendo dinero de los Presupuestos Generales, nuestro dinero. ¡Hemos enriquecido a los fabricantes de los aparatos que para mayor inri son extranjeros en su mayoría! Hemos hecho una planificación perfecta para que no sirva absolutamente para nada, salvo para que los fabricantes de esos aparatos vivan un poquito mejor, el consumidor pague lo mismo, las sociedades de gestión sufran y los contribuyentes paguemos la entidades de gestión. Y eso, ¿por qué? Simplemente por una decisión política que teóricamente están solicitando muchos, y digo teóricamente, porque no creo que sean tantos.

I. G.: ¿La ‘ley Sinde-Wert’ ha sido tímida, ineficaz o de difícil aplicación?
G. S.-S: Para empezar creo que está mal diseñada. Hay un concepto filosófico que es intimidatorio: ¿Presiono al usuario o solo a los intermediarios? La ley Sinde decidió que iba contra los intermediarios, contra las páginas webs de descargas ilegales. Desde ese instante ya resulta equivocada. El intermediario se adapta muy rápido y emigra. Lo explicaba antes. ¿Cómo voy a hacer cumplir una ley a un ente con sede en Australia? Es muy difícil, por no decir imposible. Ahí está el ejemplo Megaupload ¿Qué influencia tenemos sobre Kim Dotcom? Ninguna. [Ahora, un año después de salir de la cárcel, Dotcom ha creado Mega y España lidera el tráfico ilegal mundial a través de esta página]. La ley está mal en su planteamiento inicial. Debe sancionar tanto al intermediario como al usuario.

I. G.: ¿Tendría que existir un ordenamiento jurídico internacional para evitar casos como el de Megaupload?
G. S.-S.: Sí, claro, si tuviéramos una legislación internacional coherente, coordinada entre todos, sería un poco más sencillo, pero no lo sé. En España todo el mundo sigue consumiendo contenido ilegal, con lo cual hay lagunas de todo tipo.

I. G.: Otra ley que se está definiendo es la Ley General de la Comunicación Audiovisual.
G. S.-S.: La Ley General de Comunicación Audiovisual necesitaba una reglamentación posterior que nunca se hizo. Está redactada de una manera lo suficientemente ambigua como para generar problemas, y lo lleva haciendo desde su aprobación. Hay que reformarla. En lo que se está ahora es en cambiar toda la legislación industrial del cine. Hemos formado una comisión y se nos ha propuesto tener una legislación nueva el 1 de enero de 2014, con lo cual teóricamente se va cambiando, lo que no sé es en qué dirección se va a cambiar, porque en esa comisión hay muchísima gente sentada. A mi juicio, en lo que a cine se refiere, sería muy sencillo. Hay que cambiarla en la dirección de proteger la cinematografía como elemento cultural esencial de una nación para poder exportar y promocionar su cultura.

I. G.: ¿La cultura debe formar parte de la industria del mercado y alejarse del mecenazgo y las subvenciones?
G. S.-S.: Depende. En principio creo que no, porque la cultura en todos los países del mundo es apoyada, y apoyada por algo. La defensa de la cultura propia es siempre sana y necesaria, pero también creo que las subvenciones deben servir para impulsar la cultura, para hacerla lo suficientemente fuerte como para que no necesite de futuras subvenciones en uno, diez o quince años. Creo que la cultura debe subvencionarse hasta lograr que sea viable, y si no puede serlo, como por ejemplo el cine, debe seguir apoyándose.’

Inma garrido es periodista. Fue directora de la revista ‘cinemanía’. en la actualidad es directora adjunta de ‘dominical’. 

Articulo: http://www.elboomeran.com 12/03/2013

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