dimanche 21 avril 2013

Manuel HIDALGO/ Tengo una cita


Tengo una cita
Por Manuel HIDALGO

¿Qué hacer con el mundo?

Aplazado durante décadas, por fin Francis Ford Coppola pudo sacar adelante su proyecto de producir una adaptación cinematográfica de En la carretera, la novela de Jack Kerouac que, a fines de los años 50, fundó la realidad y el mito de la Generación Beat. El brasileño Walter Salles ha afrontado una misión casi imposible, y el resultado no es para tirar cohetes, pero tampoco está tan mal como dieron a entender las crónicas del Festival de Cannes del año pasado.

¿Quién no tiene una idea sobre el auténtico espíritu del texto y sobre cómo llevarlo a la pantalla? La película de Salles tiene fuste en algunos momentos, pero es desigual. En el fondo -en la forma, a decir verdad- mira de reojo a la taquilla, duda entre la áspera espontaneidad y la posibilidad de ofrecer un producto elaborado y asequible. Duda totalmente lógica tras una inversión tan alta. Quizás directores como Jim Jarmusch o Gus van Sant hubieran optado por una radicalidad más acorde con el relato. Pero, en fin, eso son especulaciones provenientes de los gustos personales.

Un Kerouac aspirante a escritor, que no había cumplido aún los 30 años, tomó notas de sus tres viajes de costa a costa por los Estados Unidos y México entre 1947 y 1950, y escribió en tres semanas, en 1951, su famoso "rollo mecanografiado". Pero, en 1957, lo que se publicó fue una versión reducida y censurada, en la que hasta los nombres de los verdaderos protagonistas estaban cambiados. Hubo que esperar 50 años para conocer el relato original y completo de las andanzas de Kerouac, Neal Cassady, Allen Ginsberg, William Burroughs y los otros, para hacerse cargo exacto del peregrinaje de esos jóvenes en coches, autobuses y auto-stop, bajo los efectos del alcohol y las drogas, al ritmo de una nueva hornada de músicos de jazz, entregados con versatilidad al sexo, buscando desde la incomodidad y el desplazamiento un sentido y una identidad casi con espíritu religioso, místico, mientras vivían al día y trataban de atisbar un futuro que jamás veían nítido.

Anagrama, con ocasión del estreno de la película de Salles, ha reeditado, cuatro años después, En la carretera -"el rollo mecanografiado original"-, y, aunque no parece probable que los jóvenes de hoy se vayan a echar en masa a los caminos, lo cierto es que el libro de Kerouac ofrece una sugerencia para una juventud que, en tiempos de crisis, vuelve a no encontrar su sitio y su quehacer.

Hay en el texto un breve pasaje, en apariencia banal, en el que Cassady le comenta a Kerouac que pronto tendrá problemas en las orejas, pues tiene cera en los oídos. Es una observación chusca, desde luego, a la que Jack responde elevando significativamente el punto de mira. Dice: "¿Y qué quieres que haga, eh? ¿He hecho yo el mundo, acaso? ¿He sido yo quien lo ha hecho, o imaginado siquiera?"

De las orejas al mundo, menudo salto. Pero la salida de Kerouac expresa su desazón y su angustia ante la imperfección y los defectos de una sociedad en cuyo proceso no ha tenido ni tiene arte ni parte. Es durante la juventud cuando queremos transformar el mundo o, también, cuando nos sentimos ajenos e indiferentes a él porque ni lo hemos hecho ni lo hemos imaginado. ¿Cambiar el mundo o sobrevivir deslizándonos entre sus pliegues?

Articulo: http://www.elcultural.es  16/04/2013